— ¿Puedes enseñarme?— susurró acercándose más a su novia. —Quiero ver eso.

Shaoran estaba sentando junto a Sakura en el asiento de atrás del automóvil, su guardaespaldas conducía y Tomoyo estaba sentada en el asiento del copiloto mirando hacia atrás, preocupada por su amiga. Aunque se veía mucho mejor que durante la tarde.

—Sakura muéstrale— sugirió, debido a que su amiga parecía reacia a hacerlo.

—Vamos... solo quiero ver que estés bien— la vieron abrir los ojos como cansada.

—Estoy bien, de verdad...— Sakura se incorporó en su sitio. —Solo fue un malestar, pude recuperarme.

— ¿Es cierto lo que me dijo Daidouji? ¿Que salió algo mal durante la práctica de patrulla?

—Sí... un espectro me atacó, tengo que someterme a sesiones de purificación un tiempo...— sintió que su novio la acomodaba para que se recostara en su pecho, oía su corazón latir y se sentía muy serena, llena de una paz interior enorme. —Descuida... estoy bien— lo tranquilizó ya que le pareció haberlo sentido temblar.

—Lo siento tanto... he perdido mi móvil, por eso estuve incomunicado Sakura... Lo siento tanto... pude perderte hoy y... ni siquiera...— ella le acarició una mejilla, sonriendo de felicidad.

—Ya pasó todo, soy más fuerte de lo que piensas.

—Lo sé... lo sé... pero... yo tendría que haber estado allí...— le desnudó a penas los hombros haciendo a un lado el vestido con suavidad, para no asustarla, el contacto era totalmente íntimo y, a pesar de llevar unos cuantos meses de noviazgo, ambos aún eran muy inexpertos en cuanto a... atracción física, aunque indudablemente esta estaba allí, lo supo cuando inspiró la fragancia a durazno que emanaba de Sakura, lo embriagaba, de eso no tenía dudas. Se encontró con unas manchas oscuras en su piel y notó que se ruborizaba, la estaba avergonzando. — ¿Fue el monje Tsukimine quien te ayudó?

—Touma lo hizo— la revelación le cayó al castaño como una roca en el estómago. —Él me rescató...

— ¿Qué hacía él ahí?— los celos iban en aumento. "No, no, no él... no le puede poner un dedo encima" pensó. Sakura lo tomaba de la mano intentando hacer que la mirara, pero no podía, no quería ver sus ojos verdes e imaginarla junto a Yoshida.

—Llegó justo a tiempo... podría haber sido peor Shaoran...

—No lo tolero... ¿Él... te revisó?— el silencio de Sakura lo decía todo, pero aún así insistió. —Dime.

—Lo hizo, él y el monje querían ver que tan grave era...

—Demonios— ella hizo que volteara a verla.

—Tranquilo— la oyó decir, calma. —Se pone peor si me rodean energías negativas.

—Entiendo— respiró profundo. —Me calmaré.

Lejos de prestar atención a la conversación Ryu se dedicaba a mirar a través del parabrisas si había algún rastro de Mei Ling. No podía dejar de pensar en lo sucedido, la había lastimado una vez más por culpa de su idiotez. Ciertamente que su otro yo quisiera asesinarla no ayudaba a mantenerse lejos. "Debo haberme vuelto loco ya."

Ya no podía seguir mintiéndose a sí mismo. Mei Ling no era una mujer más en su vida, pero aún así no tenía oportunidad con ella, él mismo no lo permitiría, prefería torturarse la vida entera antes que lastimarla.

Pero verla con otro ya era otra historia.

Aun recordaba la rabia que había sentido al momento de verla con ese tipo que se hacía el amistoso. Jamás le había pasado algo así, ni con Misao, aún estaba asimilando eso. Era probable que no pudiera refrenar nunca aquel egoísmo que nacía del deseo de no compartirla con nadie. Incluso aunque no fueran nada más que amigos.

Llegaron a la casa. Las luces estaban encendidas. Ella estaba adentro.

Saltó del auto y subió las escaleras al segundo piso en menos de un minuto. Tocó su puerta, no estaba seguro de qué decirle, ni siquiera de si le contestaría o no.

—Quiero estar sola...— oyó. Había estado llorando y mucho, su voz la delataba.

—No puedes irte así Pantis.

—Vete, déjame tranquila.

—Hablemos.

—No. Ni lo sueñes.

Ryu suspiró cansado, sabía que no conseguiría nada, pero quería escucharla y saber que estaba bien. Por el momento le daría su espacio.

.-.-.-.

—Muy bien— la cubrió con una manta. —Ahora relájate y descansa.

Sakura se encontraba en la sala junto a su novio que la había recostado en el sofá y le brindaba todas las atenciones posibles. Se sentía una princesa, estaba a gusto así debía reconocer. Lo miraba con una sonrisa pintada en el rostro y él intentaba disimular la suya. Eso la divertía.

—Muchas gracias— le dijo.

—Oh, no tienes por qué... Es lo que voy a hacer siempre, quiero cuidarte.

—Por eso es que te agradezco— lo sintió besarla en la frente y no pudo evitar ruborizarse.

—Quiero cuidarte porque te amo...— le dio otro beso. —Y eso no me lo tienes que agradecer...

—Shaoran... Yo igual— se incorporó y lo abrazó, era como ingresar en un refugio donde nada malo podía pasar. Él le acariciaba el cabello. —Quiero ser un apoyo para ti y no una carga más.

—Vamos, ya tuvimos esta conversación... Tú no eres una carga.

—Aún me siento la protegida aquí...

—Eso es porque no voy a dejar de protegerte, por más fuerte que seas— la apretó un poco más. —No me puedo permitir perderte... Ahora a descansar, hoy fue suficiente por un día.

—Gracias Shaoran— se recostó y dejó que la abrigara con la manta una vez más.

—Cielos... No dejas de hacerlo— se acomodó a su lado y la sintió acurrucarse a él, pensó que se encontraba en el paraíso. —Duerme cariño mío.

Sakura lo oyó, a pesar de que el sueño la vencía. Lo abrazó gustosa y se quedó dormida.

.-.-.-.

Ya había amanecido. La noche anterior había estado agitada al parecer. Spinel dormía acurrucado sobre su almohada y probablemente Ruby, o Nakuru, hacía lo mismo en la habitación continua que le habían dado. Eriol salió de la habitación con curiosidad de enterarse las noticias de la noche anterior y se encontró con algo que lo sorprendió... o más bien alguien.

Tomoyo Daidouji se encontraba allí de pie, vestida con un camisón lila que le cubría hasta las rodillas, llevaba un sacón de hilo rosa encima, ciertamente era una mañana fresca. Lo miraba como si estuviese aguardando algo, aunque no supo bien qué. Ella lo descolocaba puesto que no podía adivinar lo que pensaba, no era una mujer predecible.

—Buenos días joven Hiragisawa— la oyó. Su manera de hablar tampoco le decía nada.

Aún recordaba la noche en que se la había encontrado de casualidad en la puerta del edificio en el que vivía. Aquella mañana sucedía lo mismo. "Las coincidencias no existen, solo lo inevitable" recordó. Volvía a tener un mal presentimiento.

—Buenos días Daidouji, no sabía que habías pasado la noche aquí.

—Tuvimos un percance ayer... Es por eso que pasé la noche aquí.

—Comprendo, ¿Están todos bien?

—Sí, por fortuna todo salió bien... Li llegó a tiempo para ayudar a Sakura.

— ¿Se lo dijiste a ella?— soltó el inglés. La notó tensarse, algo que finalmente escapaba de sus defensas.

Tomoyo quiso hacerse la tonta pero no le funcionó, sabía bien que el joven frente a ella había notado que recordaba lo que conversaron hacía dos días. Aunque tampoco tenía miedo se sentía desorientada.

—No lo hice, creo que es mejor que usted lo haga...

— ¿Por qué lo dices?

—Yo no soy parte de ese mundo, y además no perjudicaría a Sakura de ninguna manera.

— ¿La verdad la perjudicaría?

—Sí, ella adora entrenar en el templo Tsukimine... Y también quiere mucho a Kasai ¿Cómo podría quitarle esa felicidad?

—Su vida puede verse en peligro...

—Lo comprendo— Tomoyo se veía levemente alterada. —Pero...

—Daidouji, ¿Tú crees que valga su vida tu silencio?— Eriol estaba serio, por alguna razón no le hacía gracia las reacciones de la muchacha que tenía enfrente. —No se tomará el concejo de la misma forma conmigo, lo puede recibir mejor de ti.

—Sakura es feliz ¿Por qué quiere quitarle eso joven Hiragisawa?

—Pienso que...— silencio. El hombre allí estaba frunciendo el ceño, y miraba en otra dirección como si hubiera oído algo.

— ¿Hira...?— Tomoyo fue interrumpida, él le había tapado la boca y arrinconado contra una pared en menos de un segundo y sin hacer ruido. Miraba hacia una habitación desocupada, que tenía la puerta entreabierta. Algo había allí.

Tomoyo pensó que hacía mucho tiempo no sentía esa adrenalina correr por sus venas. Desde las cartas Sakura que no vivía aventuras de ese tipo. Algo en ella parecía estar despertando.

—Shh...— indicó en un susurro el inglés. —No hagas ruido...

Observaron a duras penas hacia la habitación y se encontraron con una figura encapuchada, la misma que los había atacado la anterior vez. Eriol apretó a Tomoyo contra sí, ante cualquier movimiento extraño de la persona la apartaría.

Vieron como parecía buscar algo por toda la recámara, con desesperación, tenía prisa al parecer.

No pudieron apreciar mucho del desconocido, su capa lo cubría por completo, se veía de una estatura normal y parecía llevar sus manos enfundadas en guantes blancos. A Eriol le hubiese gustado poseer los ojos de Ryu, esos que podían ver casi todo y a los que muy pocas cosas escapaban.

Hizo un ruido en el pasillo y la figura reaccionó instantáneamente, salió por la ventana de un salto. Después de eso el muchacho inglés no tenía razones para sostener a Tomoyo por lo tanto la liberó. Ella no lo miró ni por un momento, solo se retiró del lugar.

Algo serio sucedía y debían averiguar qué antes de que fuera tarde.


— ¿Cómo dices?— preguntó Shaoran Li a Eriol cuando este le contó lo sucedido hacía unos momentos. —He puesto protecciones en toda la casa ¿Cómo es posible que la atravesara?— lo vieron ponerse de pie y vagar por todo el estudio.

Sakura estaba sentada en un sofá y lucía inquieta, el guardaespaldas se apoyaba contra una pared y el inglés permanecía de pie esperando una respuesta. Las cosas se ponían complicadas.

—Shaoran puede que nos ataquen...— dijo Ryu.

—Ya lo sé, déjame pensar...

—Quizá podríamos asegurar más la casa.

—Tal vez sea lo mejor sí.

—Hay que prepararse... Siguen afuera, puedo oírlos, lo mejor será permanecer aquí hasta que se vayan— luego de finalizar de decir eso oyeron un estruendo. —Están intentando entrar.

—Puedo poner una barrera— se ofreció la única mujer presente.

—No quiero que te arriesgues, aún necesitas descansar— contestó su novio.

—Pero Shaoran...

—No te arriesgues por favor— el castaño la miraba con fuego en los ojos, hablaba enserio.

—No me pasará nada, puedo utilizar mi magia normalmente— ella también se había puesto de pie y avanzaba hacia él. —Puedo hacerlo.

Shaoran sintió como sus defensas bajaban en cuanto ella le colocó una mano en la mejilla, mirándolo seria. Estaba radiante esa mañana y se moría por probar sus labios rosados. Cada día que pasaba toleraba menos la distancia entre ellos, quería que se quedara a vivir allí con él lo antes posible.

—Si te pierdo...— le dijo en un susurro casi inaudible, solo para ella. —Me volveré loco...

—Todo irá bien...

— ¿Y si... Te hacen daño? Si te tocan los mataré, no podré detenerme... Sakura... Por favor permanece adentro...

—No lo haré Shaoran... Te ayudaré en todo lo que pueda— lo vieron suspirar y acariciarle la cabeza a su novia resignado y ruborizado. Nadie ponía en duda que estaba loco por ella.

Pero no era el momento. Oyeron otro estruendo.

El guardaespaldas reaccionó a toda velocidad y corrió escaleras abajo, aunque no se dio cuenta sus acompañantes lo siguieron a la planta baja y vieron lo que allí ocurría.

Ryu tomaba un candelabro de una estantería que había en un rincón y cerraba los ojos. El objeto refulgió de azul y lo volvió a dejar allí, luego alrededor de todos apareció una enorme cúpula traslúcida.

—Una brecha...— murmuró Shaoran. Se acercó a su amigo. —Eres una caja de sorpresas...

—Hasta para mí mismo, solo lo intenté...

—Está bien, así es mejor.

Salieron al exterior, y se encontraron con aquella persona que se escondía tras su capa. Era extraño, por alguna razón no se dejaba ver.

— ¿Tú fuiste el responsable de la muerte de Tian?— preguntó Shaoran, ya cansado de todo aquello. —Tú le pusiste esa raíz de odio ¿Cierto?

— ¿Por qué lo dices?— su voz sonaba extraña, como si no fuera real.

—En vista de que nos atacas con ánimas artificiales... y sabiendo que uno no puede colocarse raíces a sí mismo... entonces deduzco que debes haber tenido que ver con ello...

—Yo solo puedo jactarme de saber que él estaba buscando a quién culpar— Shaoran atacó a toda velocidad en un ataque de furia y, a penas la persona acabó la frase, lo tenía enfrente. Una de las ánimas había bloqueado el ataque de su espada con una lanza, pero sus rostros estaban increíblemente cerca. Vieron que el encapuchado saltaba hacia atrás en una táctica desesperada por salvarse. Eso lo había sorprendido, su corazón latía feroz en su pecho. Esa era la fuerza que imponía el líder del clan Li. —No he venido a pelear contigo Shaoran Li, vengo por otra presa el día de hoy...— y miró a Sakura, que estaba seria en su sitio. Ya no se veía asustada como hacía unos meses atrás cuando ni siquiera podía invocar el poder de una carta Clow.

—Tócala y te mato...— la forma en que señalaba al enemigo con su espada probaba que no estaba jugando.

—Vaya... ¿Quién lo diría? El jefe tiene una debilidad... pues lo siento— lanzó unas cuantas shuriken hacia ellos pero no le dio a ninguno, solo se incrustaron en el suelo cerca de donde se encontraban. —No tengo asuntos que atender con ustedes hoy.

— ¿Mala puntería?— dijo Ryu burlón.

—No lo creo— contestó el extraño. Y volvió a saltar sobre ellos dando una voltereta en el aire, era alguien muy ágil. Aterrizó cerca de su ejército de ánimas.

Cuando Shaoran y su grupo intentaron atacar se percataron de que no podían moverse, algo estaba impidiéndoselo. Entonces notaron las armas en el suelo, estaban clavadas justamente en cada una de sus sombras, era una técnica antigua utilizada por los ninjas durante el siglo VI en Japón para dejar inmóviles a sus enemigos; conocía personas que entrenaban para aprender dichas técnicas, sin embargo el castaño no creía que se encontrarían con un enemigo así. Sospechó al instante, esa persona era de Hong Kong, estaba seguro.

Luego su mente fue ocupada por otra preocupación. Sakura era la única que no había sido inmovilizada, iban tras ella, y tendría que enfrentarse a todas las ánimas sola.

—Sakura... ¡Huye!— dijo con dificultad, era realmente difícil moverse.

—No te dejaré aquí— le contestó ella preocupada, y corrió a su lado, para intentar moverlo. Escuchaban las risas de fondo del encapuchado. — ¡Libéralos!

— ¿O qué?

—Libéralos ahora— Sakura invocó su báculo dispuesta a pelear. —Ahora.

—Sakura, son demasiados, por favor— le advirtió su novio. Se lo notaba desesperado. Ella lo miró sonriendo como si creyera que se trataba de poca cosa, estaba totalmente confiada. Luego la sintió acariciarle la mejilla, sus ojos llenos de amor eran solo para él, quiso besarla pero no pudo moverse. "Estoy loco por ella".

—Todo saldrá bien, no me daré por vencida— se enserió y volteó a ver a sus enemigos que aguardaban.

—Qué arrogante Kinomoto— oyó al encapuchado. — ¿Tanto te crees que piensas que puedes derrotarnos a todos?

—No les tengo miedo— la joven de ojos verdes se puso en guardia.

—Oh, ya veo— lo vio saltar y aparecer frente a ella. —Entonces tomaré tu vida sin reparos.

— ¡Espada!— invocó Sakura, justo a tiempo para detener un kunai que tenía en manos su oponente. —No tienes que hacer esto... Podemos resolverlo si hablamos, ¿Qué es lo que quieren?

—Tu vida...

— ¿Qué es lo que te he hecho?

— ¿Tú a mí? Me has robado todo... ¿Pero sabes? Debo mantenerte viva todavía, te robaremos tu magia... Y te mataré.

—Atrévete si puedes— amenazó el castaño intentando mover su cuerpo. —No te será tan sencillo... Sakura es incluso más fuerte que yo...

—Oh, lo dudo... Ella deja mucho que desear en combate— Sakura recordó un sueño que había tenido cuando aún se enfrentaban con Tian Fu, una persona encapuchada la había atacado.

—Eso ya lo veremos— aseguró Sakura y la apunto con espadaa modo de reto. Las ánimas la atacaron, varias al mismo tiempo, pero Sakura no se movió de su sitio, solo aguardó.

Los presentes se sentían como viendo todo en cámara lenta, un momento y Sakura se vio rodeada de ánimas que se le abalanzaban. Pero no llegaron a tocarla. Unas ondas doradas parecieron emanar de ella y al tocar a las criaturas estas se desintegraban.

Al percibir esto el encapuchado ordenó que se detuvieran, ya había perdido más de tres docenas de su ejército en vano. No la podían tocar, a pesar de haber sido corrompida continuaba siendo lo suficientemente pura como para purificarlos.

Optó por pelear sin ayuda.

Sakura lo notó y pensó que lo mejor sería apartarse un poco de los muchachos en vista de que no podían moverse, no quería que salieran heridos.

— ¡Salto!— dijo y accionó la carta. Brincó hasta el tejado para apartarse de ellos, seguida por el desconocido, hacía bastante tiempo que no utilizaba aquella carta y se sintió bien. Cayó sobre las tejas de la residencia Li y volteó a ver a su contrincante, si no dejaba ver su rostro entonces algo tenía para ocultar, lo menos que debía hacer era desenmascararlo.

—No te permitiré huir...

—No pensaba hacerlo, solo quiero respuestas.

—Y yo no pienso dártelas... quizá cuando te capture y te entregue a mi superior te contemos todo con el único fin de que sufras ¡Jajaja! Oh, debo tranquilizarme... no debo matarte después de todo— a pesar de que la voz del extraño parecía falsa dejaba ver perfectamente el odio que le tenía a la joven, quien no tenía ni idea de qué lo había generado.

Una lluvia de shuriken cayó sobre Sakura un momento antes de que pudiera contestar algo, no deseaba pelear, en verdad quería solucionar aquel problema sin necesidad de violencia pero el enemigo no pensaba igual. Activó una barrera que la protegió de las armas pero al instante percibió una punzada de dolor recorrerle el cuerpo. No podía usar sus poderes espirituales, contaba con las cartas y nada más, la oscuridad que había dejado aquel fantasma en ella la volvía incapacitada de rechazar cualquier energía maligna. Debía admitir que estaba bastante expuesta.

Entonces algo en ella reaccionó. Shaoran la miraba desde el suelo desesperado de la preocupación. No podía defraudarlo, debía cuidar de sí misma.

— ¡Bosque!— ramas de todas formas comenzaron a surgir de la carta y amenazaron con atrapar al enemigo, este había tomado una kunai para cortar todo lo que quisiera atraparla, pero no fue tan rápido y pronto se vio atrapado entre un montón de hojas. —Ahora sí que debes darme respuestas.

—Esto no va a detenerme tan fácilmente— una de las ánimas saltó por encima de su amo y quemó las ramas que lo sujetaban. Al tocar suelo cerca de la chica de ojos verdes se volvió un centenar de brillos que simbolizaban su purificación. Aquellas criaturas creadas de manera similar a un ánima no estaban completas, no tenían un alma libre y por lo tanto era mucho más sencillo enviarlos al otro mundo, puesto que no oponían resistencia.

El encapuchado atacó armado con una cuchilla corta y al instante Sakura activó a Espadapara contrarrestar el golpe, sintió en su brazo la fuerza que tenía el extraño, mucho más que la de ella. Pensó que no podría resistir pero disidió no rendirse, y rechazó el ataque.

Era increíble, lo había mandado a volar y cayó de espaldas contra el tejado. Pasado el instante de sorpresa acerca de su propia fuerza se puso en marcha para no dejar que vuelva a levantarse.

— ¡Hielo!— "Por favor, solo quiero inmovilizarlo". Como leyendo su pensamiento la carta solo congeló sus manos y sus pies, de manera que no pudo levantarse de donde estaba. Forcejeaba cuanto podía, probablemente porque Sakura se acercaba a paso tranquilo, atenta, y no quería que le viera el rostro. —Ahora quédate quieto, no quiero lastimarte...

— ¡No me toques!— gruñó el desconocido.

Sakura no se percató de que un ánima había saltado al tejado y que estaba a punto de arrojarle una lanza. Solo pudo oír el aire cortarse y atinó a voltearse.

Para Shaoran, que veía desde el suelo, todo volvió a pasar lento, como si estuviera viendo a su novia una última vez antes de que se desvaneciera entre sus brazos. Entró en pánico, tanto que permaneció mudo y mirando fijamente hacia arriba. En un momento la lanza estaba surcando los aires y luego una enorme llamarada devorándose todo a su paso.

—Sakura... ¡Sakura!— gritó, y forcejeó contra sí mismo para poder moverse. No veía nada.

Arriba todo estaba cubierto de fuego, el ánima había pasado a la otra vida y Sakura se encontraba en el suelo, estaba bien pero rodeada de fuego, tenía algunos rasguños. Sus largos cabellos habían quedado entre las llamas y comenzaban a incendiarse.

— ¡Sakura-sama!— gritó Kasai bajando del lomo de Kerberos. Habían llegado justo a tiempo.

—Sakura... ¿Estás bien?— dijo el guardián, se acercó y la movió con una pata. —Sakura, ¿Me escuchas? Oye, creo que está inconsciente... pero está bien, debe haberse agotado...— Kasai lo miró preocupado y a modo de reproche por su falta de tacto. — ¿Por qué me miras así? Sé cuando está bien... tranquilízate vamos— se asomó al borde del tejado. — ¡Hey Yue! Sakura está bien, ahora la bajaremos.

—Bien— contestó el guardián de la luna, se encontraba liberando al resto de los presentes de aquel conjuro que atrapaba sus sombras. —Sakura puede sacarlos de aquí si utiliza la carta Oscuridad.

— ¿Cómo está ella?— preguntó Shaoran inquieto.

—Bien, ha quedado inconsciente, pero debe ser por el esfuerzo... en cualquier momento despertará.

—Qué alivio...

Tuvieron suerte. No fue necesario aguardar a que Sakura despertara para liberarlos, el sol cubrió las sombras de ellos y pudieron moverse finalmente. El castaño corrió hacia su novia una vez que la habían bajado del techo. El enemigo se había marchado una vez que se liberó del hielo, gracias al calor del fuego de Kasai. Había escapado con todas las ánimas que le quedaban.

Shaoran tomó a Sakura de los brazos del ánima y la llevó adentro de la casa. Donde destruyeron el elemento y todo regresó a la normalidad.

Tomoyo y Mei Ling bajaron las escaleras a toda prisa y se los encontraron. Al verlos sanos y salvos se quedaron tranquilas, Sakura estaba abriendo los ojos también.

—Shaoran...

—Tranquila, todo está bien.

—Que alivio ver que estás bien— la chica suspiró. —Me preocupé...— él apoyó la frente en la de ella, más calmado. También se había asustado.

Mei Ling los miró sintiendo un poco de envidia, se tenían el uno al otro para cuidarse, en cambio la persona que ella quería solo esperaba que se mantuviera apartada de él. Como si la repudiara por algo.

Sonrió entristecida y avanzó hacia la puerta, ya había decidido que no formaba parte de ese mundo lleno de magia, si la atacaban se defendería, pero de no ser así no se involucraría más, no deseaba estorbarlos.

—Bueno, si todos están bien puedo irme tranquila, no me esperen para cenar, regreso más tarde— soltó camino a la salida. Entonces se marchó.

Ryu la miró salir serio. Sabía que no debía molestarla más pero no lo pudo evitar, le avisó a su jefe que saldría y la siguió.


— ¡Hola Mei Ling!— gritó un muchacho de cabello castaño claro mientras se le acercaba. —Estás muy linda, bueno... Eres muy linda.

—Gracias Eiji, ¿Cómo éstas?

—Más que bien, ¿Y tú?

—Bien— le dijo sonriendo, era un chico muy alegre. — ¿A donde iremos?

— ¿Qué te parece el parque de diversiones? Tengo boletos...

— ¡Claro! Suena divertido— se rieron y emprendieron la marcha hacia el lugar. Ninguno se percató de que un joven de ojos azules los seguía bastante fastidiado.

Se había propuesto no intervenir, solo cuidaría de la chica en caso de que algo malo pasara. No estaba allí para molestarla pero le resultaba intolerable. Durante todo el trayecto aquel sujeto la hacía reír, la tomaba de la cintura para mostrarle algo, le hacía cosquillas y rozaba su mano. Ella no parecía notarlo o se hacía la tonta para que continuara. Tragarse la rabia era difícil.

Lo siguió por mucho tiempo, ninguno notó su presencia. En varias ocaciones quiso interrumpir, pero el único método que encontraba para que no hierva su sangre era voltear el rostro y no observar lo que estaba pasando. "No puedo... porque duele..." pensaba, sin poder creerlo, Mei Ling también era capaz de herir su corazón.

Los vio subir a la montaña rusa y gritar como dos frenéticos, las risas de la chica le retumbaban en el oído y creyó que se volvería loco si continuaba así. Estaba enfermo de celos, lo no tenía porqué continuar negándolo. Sin embargo no comprendía bien el motivo por el cual era así, jamás había experimentado celos hacia alguna mujer, ¿Por qué de repente era así con Mei Ling? No estaba acostumbrado a la sensación, no sabía como llevarla.

— ¡Vamos Mei Ling!— le dijo Eiji y la tomó de la mano. —Entremos a la casa de los espejos.

—Espera, ¿Podemos beber algo antes? Estoy algo acalorada— Ryu notó desde la distancia las mejillas rojas de la chica y se inquietó.

—Claro, sí, vamos.

Se sentaron en una cafetería debajo de una sombrilla, se pidieron un par de bebidas y algo para comer. Ryu se percató de que estaba hambriento, había descuidado del hecho de que debía comer continuamente para no sentir hambre. Se obligó a aguantar, no quería quitarles la vista de encima.

Con el paso del tiempo se percató de que ese tipo no era malo. No parecía tener intenciones de dañarla ni ofenderla de algún modo, se sintió paranoico, por alguna razón le parecía que lo observaban constantemente. A regañadientes admitió que Eiji era un buen chico, pero no por eso lo quería junto a Mei Ling.

Para el atardecer se habían subido a un sinfín de juegos y parecían estar cansados. Ryu ya no se molestaba en esconderse demasiado, ni tampoco los vigilaba de tan cerca, solo esperaría a que el día acabara y ella quisiera volver a casa.

—Oye Mei Ling... ¿Estás bien? Te noto extraña hoy— ella lo miró, ciertamente no le había prestado mucha atención, su mente divagaba. — ¿Es por lo de anoche?

— ¿Eh?

—Quiero decir... estás pensando en el chico de ayer ¿No? Si es tu novio puedes decírmelo...

— ¡No, no! Te equivocas Eiji, él... es el guardaespaldas de mi primo— la chica parecía dudar, se miraba las manos. —Es un amigo de la infancia...

—Comprendo que te cuide tanto entonces...

—Es un idiota— Ryu sintió una punzada de dolor en el pecho, detestaba esas emociones. —Pero es bueno... yo solo...

—Sientes algo por él ¿Verdad?— la mirada ruborizada de ella lo dijo todo. —Jaja descuida, no estoy enojado, de hecho... si tú quisieras... no me importa ser la persona que te ayude a olvidarlo...

—Y-Yo...— él se acercó mirándola fijamente, se notaba en sus ojos que tenía deseos de besarla. Ryu tomó una pequeña piedra que encontró en el suelo y la arrojó para evitar que sucediera. Cayó justo en la cabeza del castaño. — ¿E-Estás bien?

—Ouch... sí, no te preocupes— él se rio. —Qué extraño, de dónde habrá venido...

—No lo sé, ¿Quieres que te revise?

—No te preocupes, oye... ¿Quieres que subamos a la rueda de la fortuna?— Mei Ling no era tonta, sabía lo que pasaría allí dentro, pero asintió de todas maneras, si tenía que obligarse a cambiar su corazón lo haría. —De acuerdo, iré a preguntar si podemos subir antes de que cierren— y se marchó corriendo.

Mei Ling lo miró con una sonrisa, si tan solo pudiera enamorarse de Eiji todo iría bien, era un gran chico y parecía que ella le gustaba bien, nada de juegos tontos como los que le ofrecía el guardaespaldas de pacotilla de su primo. Entonces, como un rayo, sintió que la levantaban del suelo y comenzaba a atravesar los aires. Sintió vértigo por lo tanto cerró los ojos con fuerza. Alguien la tenía en brazos.

Al mirar se encontró con los ojos azules de Ryu. Al instante sintió su corazón latir.

—R-Ryu...

—Oye Pantis de fresa, sabes lo que suele pasar cuando un chico y una chica se suben a la rueda de la fortuna ¿Cierto?— él no la miraba, estaba atento a los saltos que daba a través de los tejados para apartarla de aquel lugar.

— ¿¡Estabas siguiéndome!? ¿¡Estás loco!?

—Debo estarlo...

— ¡Bájame idiota!

—Deja de llamarme así...

— ¡No lo haré!— empezó a sacudirse para que la soltara. — ¡Bájame!

— ¡Quieta! No tientes a la suerte Mei Ling, no tienes una idea de lo enojado que estoy— ante esa frase que salió con voz gutural ella se amilanó un poco, sin embargo no dejó de insistir en que la bajara.

Él lo hizo, una vez que llegaron al parque del rey pingüino. La dejó en el suelo y la retuvo unos minutos por la cintura, para evitar que se cayera, la notaba un poco mareada. Su mirada azul caía sobre ella como fuego ardiente, no quería mirarlo porque sabía que sus fuerzas le fallarían. Bajó la mirada hasta el suelo para convencerse de que era lo mejor.

—Mei Ling...

—Cállate... lo arruinaste, yo estaba divirtiéndome...

—Él iba a...

— ¿¡Y qué!?— en un arranque de furia levantó la mano para abofetearlo, pero al mirarlo no pudo hacerlo, ella sabía que no podía hacerlo. —Tiene que ser así ¿No? Tú lo dijiste...

—No tiene que ser así...

—Pero claro... para ti es muy sencillo... solo tienes que ignorarme... ¿Sabes qué? Yo te ignoro ahora, Eiji es mucho mejor compañía que tú— ella hizo ademán de marcharse pero el guardaespaldas la tomó del brazo y la retuvo.

—No me compares con él... puedo ser mucho mejor Mei Ling.

— ¡Qué descarado! Eiji no me hace llorar... ¡Me hace reír!

Siguiendo un impulso que muy probablemente lo haría arrepentirse la aferró con fuerza y la atrajo hacia él. Se arrepentiría... muy posiblemente... pero después. En ese instante sentía que el corazón se le saldría del pecho si continuaba latiendo de esa manera. Aquella suavidad de su cabello le gustaba mucho, el de Temari era igual, pero Mei Ling era mucho más cálida, no lo abrazaba tampoco al igual que ella... pero era posible que se debiera a que la había disgustado.

Pensó que él jamás habría disgustado a Temari de la misma forma que había hecho con la prima de su mejor amigo, pensó que le resultaba difícil olvidarla pero que suponía que eso se debía a la culpa ¿Y si solo era culpa lo que sentía por aquel recuerdo? Se negaba a reconocer algo así, algo que lo torturaba de aquella forma no podía ser tan sencillo de resolver.

—No me digas que él te hace más feliz que yo...— le ordenó suavemente.

—C-Claro que sí... no será pronto pero si todo va bien... podré ser feliz junto a Eiji, sí, y será perfecto entonces...

—No me digas...

—Así será, si resulta podré vivir feliz con él... tú seguirás con tus chicas normalmente y yo me quedaré con Eiji, estaremos juntos, pasearemos...— las lágrimas de la joven amenazaban con salir. —Caminaremos tomados de las manos y me hará reír mucho...

—Pero no seré yo...— el silencio de la joven y la forma en que se tensaba le daba a entender que estaba aguantando el llanto. La liberó y la sostuvo por los hombros para mirarla. — ¿No dices nada? ¡Mírame!— ella negó con la cabeza. Ryu sentía que le hervía la sangre, era tarde para detenerse.

—No te necesito...

— ¡Mientes! ¡Tú me amas! ¡Nunca vas a poder amar a nadie más que a mí!

— ¿Y qué?— ella sollozaba. — ¿¡Y qué si es así!? ¡Tú no sientes lo mismo! ¡No pienso estar mendigando de tu amor solo para sentirme bien! ¿¡Y qué si nunca te olvido!? ¿¡Por eso debo estar detrás de ti toda la vida!? ¡Quiero ser feliz! ¡Seré feliz con Eiji o con cualquier otro mejor que tú! ¡Aprenderé a amarlo!

— ¡No podrás ser feliz sin mi!— la tomó nuevamente y apoyó sus labios en los de ella. Mei Ling permaneció inmóvil, sus lágrimas resbalaban por sus mejillas.

Atardecía, la brisa ya no era tan cálida como a la mañana, el otoño se acercaba a paso tranquilo.

Ryu la besaba con suavidad pero la retenía con fuerza, lo sintió temblar. Luego la abrazó. Ella no podía decir ni una palabra.

—No me digas que quieres amar a alguien más... no me digas que hay otro mejor...— la abrazaba con reverencia, todo parecía un sueño. —Dijiste que me querías... aquel día... tú me lo dijiste...

—Estabas besando a otra mujer...

—Sí, así es... estaba haciendo lo que acostumbraba a hacer...

— ¿Por qué me besaste ahora?— la voz de Mei Ling sonaba apagada, parecía como si todo aquello fuera algo cotidiano con lo que lidiar y estuviera cansada.

—Porque siento que si no lo hago... te voy a perder...— la apretó un poco más. Ella abrió los ojos un poco más si era posible y lo aferró por la ropa. —No soporto verte con otro... está bien, lo admito, tú ganas... me rindo ¿Bien? Pero quédate junto a mí... dejaré de ver otras mujeres, dejaré todo lo que tú quieras Mei Ling, pero no te alejes... no puedo soportarlo.

—Es... es la tercera vez que me besas Ryu... Estabas herido la primera vez que me besaste, y tu otra forma se abalanzó sobre mí tal y como dijiste que pasaría si me acercaba... desde ese día yo supe que te amaría toda la vida... solo lo supe, quise cuidar de ti... porque sé que no lo toleras, a tu yo de ese día... luego me dijiste que debía apartarme...

—Sería lo más prudente de tu parte, por más que yo no lo desee así...— se separaron. Él la miraba con aquellos ojos, la miraba como jamás había mirado a otra, Mei Ling lo sabía, ella comprendía lo difícil que era para Ryu comprender sus sentimientos. Sintió que le acariciaba el cabello. —Tendría que dejarte ir pero... soy tan egoísta...

—No tienes que dejarme ir a ninguna parte— ella lo abrazó nuevamente, rodeaba su torso a duras penas con sus delgados brazos. —Pensé... que me odiabas...

Él quiere matarte... si lo hiciera yo... yo no sé lo que...

—Debiste habérmelo dicho.

—Si lo hubiese hecho no te habrías apartado...— le colocó un mechón de cabello detrás de la oreja. —Mei Ling... yo... yo quisiera poder... pero no soy un humano...

—Eso no me importa, ya te lo dije— él cerró los ojos, asimilando la información, la tenía en sus brazos, la había besado, su corazón latía. Bueno, no debía continuar enumerando, ya solo quería disfrutar un momento de su calor, lo había extrañado.

Volvió a darle un beso, uno largo y más apasionado que el anterior. Se sentía bien, por el momento era feliz.


Sakura miró por la ventana de la sala de su novio para ver el atardecer. El césped suave del jardín se veía brillante con los últimos rayos del sol y quiso acariciarlo. Se levantó del sillón donde estaba sentada y salió. Se recostó afuera con un suspiro de alivio, la paz que allí reinaba le hacía muy bien. Durante el enfrentamiento con el encapuchado se había cansado, debido a que no podía utilizar sus poderes espirituales, recurrir a las cartas era muy distinto, la magia utilizada era muy distinta, y no la había incrementado mucho.

— ¿En qué piensas?— oyó. Al voltear se encontró con su novio, vestía de traje, ya había terminado su reunión. — ¿Puedo saber?

—En las cartas...

—Vaya— se acercó para sentarse a su lado. —Fue distinto ¿No?

—Me hizo sentir más fuerte, claro que me agoté pero... no fue tan drástico como antes, desperté rápido ¿No?

—Sí, bastante— la sonrisa de ella era contagiosa.

—Estás contento... puedo sentirlo, se siente bien...

—Estoy contento porque estás bien y porque estás conmigo aquí...

—Shaoran... He tenido sueños muy extraños...

—Cuéntame.

—Me muestran las vidas de dos niñas, bueno, solo una en realidad... Llamada Apola, veo a las dos porque son amigas, Apola es sacerdotisa en un pequeño pueblo, ¿Te suena de algo su nombre?

—Mmm... No— el castaño se recostó junto a ella. —Continúa.

—Algo o alguien intenta comunicarse con Apola, le quiere explicar que hay algo que tiene que hacer pero... Ella no quiere...

— ¿Tal vez sientas que hay que algo que no deseas?— ella negó con la cabeza.

—No... No creo que sea un mensaje... Más bien parecen... Recuerdos.

—Bueno, puedo averiguar algo sobre la tal Apola si quieres— comenzó a jugar con sus cabellos color miel, cariñoso, distrayendo así a su novia de sus pensamientos.

Entre besos y caricias anocheció.

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Notas de Autora

Hola, hola, hola! Cómo están? Bueno, a decir verdad la falta de reviews me tiene preocupada... espero que alguien siga ahí :C Quiero creer que se trata solo del mes de Diciembre en el cual estamos todos un poco ajetreados debido a las fiestas navideñas y la despedida del año 2016... hablando de eso... Les deseo a todos una feliz feliz feliz navidad atrasada (evidentemente) y un próspero año nuevo! :D Espero que me sigan acompañando con esta historia que de verdad amo y sepan que aprecio muchisisisimo que les guste, si es que queda alguien aquí :I Jajajaja bueno, espero lo disfruten! Como siempre muchas gracias si estás leyendo esto y si quieres dejarme tu visto bueno, sugerencia u opinión te invito a que comentes para hacermelo saber ;D Muy felices fiestas y nos leemos el año que viene!

...Si es que hay alguien... :'C