¡Hola Ryu-chan!— sonreía. —Buenos días...

El joven que llegaba corriendo se tomó unos momentos para recuperar el aliento antes de contestar. Cuando estuvo mejor se paró derecho y la miró expectante, ella continuaba sonriéndole como si fuera la mejor noticia del día y no pudo evitar ruborizarse un poco, intentó disimularlo como si hubiese sido ocasionado por el trote hacia allí.

Buenos días Temari, ¿Cómo te encuentras hoy?

Muy bien a decir verdad, lo de ayer solo fue un susto...

Menos mal... me había preocupado...

¿Qué vamos a hacer hoy?— ella se le acercó con su lindo kimono rosado y su corazón comenzó a latir desbocado.

Aún no se acostumbraba a las sensaciones que le producía Temari, todo era demasiado nuevo y percatarse de sus sentimientos recientemente no ayudaba a asimilarlo con más rapidez, solo lo ponía más nervioso. ¿Pero como no hacerlo? Era hermosa. Su cabello negro largo lucía sedoso, se notaba que la habían creado pensando en cada detalle. Se preguntó si su maestro la veía como a una hija o a una amante, no parecía que la hubiesen ideado con un sentimiento fraternal, pero le molestaba pensar que hubiesen tenido intensiones oscuras hacia ella.

Si no te molesta... me gustaría que continuáramos con la conversación que tuvimos ayer...— contestó Ryu dubitativo. Ella se puso a la defensiva en un instante, lo supo por la expresión que tenía en el rostro.

Mmm... bueno... está bien...

No te gusta mucho hablar del señor Ichiro ¿No Temari?

Pues... es que siento que lo traiciono, suena a que todo era malo cuando estábamos juntos— la frase no le había gustado a Ryu, sus sentimientos... ¿Acaso no eran correspondidos?

Él te liberó ¿O no? Ya no eres su ánima, eres libre... puedes hacer lo que tú quieras sin pensar en él ¿Qué dices?— le tendió la mano para que la tomara, ella lo hizo. —Vamos, cuéntame.

Él me creó a imagen de una persona...— la noticia no le sentó bien a Ryu, de hecho se quedó estático. ¿Temari no era un ánima hecha al azar? Tenía entendido que era muy difícil lograr crear un ánima que se mostrara con una forma específica, por no decir imposible.

Déjame adivinar, esa persona... Había muerto.

Sí...— ¿Por qué las personas no podían dejar ir a sus seres queridos? Comprendía que era algo muy doloroso de llevar pero no era motivo para traer un ser al mundo que nada tenía que ver con eso.

Continúa.

Y bueno, en un principio me dijo que yo sería un reemplazo perfecto para aquella mujer, me dio su mismo nombre y me enseñó a vivir como una humana, me explicaba cómo había sido la antigua Temari... El problema era mi falta de...

Un cuerpo...

Sí, él iba a darme uno... Pero, no salió bien... Quiero decir, ¿Por qué pensé lo contrario? Yo no era ella... Pero el señor Ichiro se veía tan feliz cada vez que la nombraba que yo...

Entiendo, es muy normal que hayas pensado así— le explicó el muchacho. —Entre maestro y ánima hay una conexión muy importante... Ahora ya no debes sentirte así ¿Cierto?

No, ahora es distinto... Él solo es... Mi creador...— Ryu apretó un poco más su mano. —Gracias por escucharme Ryu-chan.

Oye, "Ryu-chan" suena muy infantil, no soy tan pequeño... Tengo casi dieciséis años Temari, soy más alto que tú.

No podría llamarte de otra forma, me gusta así— ella se rio, probablemente no supiera que hacía que el chico tuviera una opresión en el pecho haciendo eso.

Cielos... No tienes remedio.

Mmm... No, ya lo sé— la vio suspirar.

Temari... ¿Aún deseas un cuerpo?

Ryu abrió los ojos algo adolorido algo sorprendido. Estaba en su cama, en casa, no era pleno verano, no se encontraba en el parque y ella... Se había ido. Se obligó a respirar profundamente para poder dejar el pasado atrás, pero era difícil, no era capaz de hacerla a un lado para vivir el presente. Su presente que se encontraba muy posiblemente despierta ya.

Se dio una ducha rápida, se vistió y salió de la habitación. Estaba muerto de hambre por lo tanto optó por tomar un desayuno en grande, se preguntó si Mei Ling desayunaría con él o si iría temprano a trabajar con Daidouji a la tienda, al parecer su empleo como asistente le gustaba mucho y, días atrás, le había confesado que le gustaría abrir una tienda propia. "Ella quiere llevar una vida humana corriente" pensaba, sin embargo no era capaz de dejarla ir.

Se la encontró en la sala desayunando con Shaoran, Eriol y sus dos guardianes. La casa se había vuelto bastante ruidosa desde que tenían invitados pero no le molestaba, a veces el silencio permite ciertos pensamientos molestos... o sueños del pasado.

—Buenos dias Ryu— saludó su jefe y amigo.

—Buenos días— saludaron los demás.

—Buenos días— contestó el guardaespaldas y se sentó junto a la chica de cabello negro. No se miraron. Ya habían pasado varios días desde su desafuero amoroso y no habían hablado demasiado del tema. Ryu tenía unos deseos constantes de besarla pero no quería presionarla tampoco, no sabía cómo se tomaba el hecho de que él correspondiera a sus sentimientos.

Y además estaba él.

Ya lo había percibido, en su fuero interno sabía que había comenzado a movilizarse y en varias ocasiones había deseado acorralar a Mei Ling para hacer vaya a saber qué. No lo permitiría.

—R-Ryu... ¿Me pasas la salsa de chocolate?— la oyó, lo miraba con sus ojos brillantes de expectación, le pasó el objeto algo descolocado. No podría resistir demasiado.

—Ten— demoró un poco la mano sobre la de ella, se sentía bastante tonto, pero no le importaba. Luego miró al frente y se concentró en su desayuno, o al menos lo intentó, porque tenerla a su lado no ayudaba.

—Hoy vamos a realizar la segunda prueba— anunció Shaoran, captando su atención. —Sakura llegará en una hora y comenzaremos, Ryu necesito que cuides de la casa hasta entonces, podrían atacar mientras dormimos...

—Claro jefe— contestó. —Pero antes quiero hablar contigo de algo importante.

Se pusieron de pie y fueron hasta el estudio privado de Shaoran. Una vez adentro cerraron la puerta y se acomodaron uno frente al otro en el escritorio.

—Bueno... Dime.

—No me andaré con rodeos, ya debes saber lo que estaba sucediendo entre Mei Ling y yo.

—Sospechaba que algo pasaba sí.

—Quiero estar con ella, me ha aceptado— ante la seriedad del oyente añadió: —Sé que mis antecedentes no son los mejores pero no quiero herirla en verdad, solo... No puedo tenerla lejos...

— ¿Y qué hay de él?

—Lo mantendré a raya tanto como pueda, tengo presente lo que me dijiste la última vez... Si me descontrolo...

—Yo me encargo— finalizó el líder del clan Li. Ryu lo miró serio y asintió, se puso de pie para marcharse. —Ryu... no lastimes a Mei Ling...

—No lo haré— diciendo eso, salió.


Sakura se encontraba en su casa terminando de vestirse para ir a la residencia de su novio, ese día iban a volver a entrar al sueño y debía estar preparada para lo que sea que encontrara allí, la última ocasión había sido toda una sorpresa encontrarse con su madre y había sido doloroso, pero por fortuna había superado la prueba. Tenía que esperar cualquier cosa en la próxima.

—Sakurita, ¿Vas a estar bien?— preguntó Kero evidentemente preocupado. —Tu magia incrementó mucho pero... me preocupa lo que encuentres allí...

—Sakura-sama la oscuridad sigue ahí— añadió Kasai en su forma de gato.

—Sí, lo sé... pero esto es algo que tengo que hacer... nos lo ha pedido Eriol.

—Ese Eriol... ¡Siempre con problemas!— se quejó el guardián. —Te acompañaremos, hemos llamado a Yue también.

—P-Pero ¿Por qué? No quería molestarlo...

— ¡Nada de eso! Somos tus guardianes, tenemos que estar contigo ahora que tenemos las fuerzas para protegerte, ya ha sido demasiada inactividad ¿Bien?

—D-De acuerdo...— Sakura suspiró, pero sonrió luego al ver como Kero conversaba con Kasai sobre métodos para protegerla, los tres la apoyaban al cien por ciento.

Una vez que el taciturno guardián de la luna hubo llegado la joven de ojos verdes se subió al lomo de Kero para marchar rumbo a la residencia Li. El viento estaba más frío que de costumbre y se sintió como si la observaran. El enemigo los tenía en constante vigilancia, eso lo daba por hecho.

—Descuida, si se acercan te cuidaremos las espaldas— oyó decir a Yue, y lo miró.

—Muchas gracias.

— ¿Cómo va la purificación?

—Bien, la oscuridad se redujo, pero aún queda un poco, es agotador ciertamente.

—No te sobreesfuerces.

—N-no lo haré.

Una vez que llegaron ingresaron a la casa. Permanecieron todos en la sala de estar hasta que Shaoran bajó las escaleras y estuvieron preparados para recostarse a dormir, el sueño comenzaría y podrían iniciar la segunda prueba. Querían finalizar con aquello lo antes posible.

Los guardianes, Kasai, Ryu y Mei Ling permanecerían atentos a cualquier ataque enemigo mientras ellos no pudieran pelear.

Aclaradas todas las cuestiones volvieron a realizar el hechizo correspondiente para que se durmieran y Ryu les depositó los cofres sobre ellos.

Para los tres la realidad desapareció en un santiamén.

Se encontraban de pie en un lugar oscuro, aguardando, pero nada les dio la bienvenida ni tampoco instrucciones a seguir, solo fueron separados por los enormes muros una vez más y comenzaron a correr hacia adelante, el tiempo era fundamental, fuera de allí podían atacar en cualquier momento, así que se dieron prisa.

Shaoran corrió hasta poder asegurarse que su novia no se encontraba al otro lado de los muros, una vez seguro continuó avanzando hacia adelante. Corrió hasta chocar con una pared, por alguna razón el laberinto de la última vez no estaba, encontró un pozo, muy oscuro y del cual brotaba un frío espectral. Sin embargo no lo pensó dos veces y se adentró.

Fue deslizándose muy rápido por un túnel que, a medida que lo atravesaba, brillaba como si estuviera hecho de esmeraldas. El frío aumentaba y se concentró para no tiritar. Se dejó conducir por curvas y giros infinitos.

Entonces dejó de deslizarse y salió despedido fuera del túnel. Aterrizó de cuclillas a unos metros de donde había salido. Empuñó su espada solo por si acaso y comenzó a caminar hacia adelante, el lugar estaba oscuro y lo único iluminado era el camino por el que avanzaba, era blanco y resplandeciente. A lo lejos pudo distinguir algo pero no alcanzaba a ver demasiado por lo tanto corrió hasta allí.

Al llegar soltó el arma de la impresión, el ruido metálico resonó por todo el lugar.

Sakura... por favor no...— oyó decir a un muchachito castaño que apretaba los puños. Frente a él una jovencita de cabello corto lo miraba con semblante triste.

No podemos vernos...

Intentaré venir más seguido ¡De verdad! Por favor, no puede terminar así...

Creo que... esto no puede continuar así Shaoran... tienes que estar en China y yo aquí, mi papá necesita que lo ayude debido a que tiene mucho trabajo y tu familia te necesita, será mejor terminar con todo esto...

Shaoran sintió que al ver aquella escena una vez más le dolía el corazón, sabía perfectamente que no había sido Sakura en ese entonces ¿Por qué continuaba sufriendo por ello? Estaban juntos, le pediría que fuese su esposa, ¿Entonces por qué? "Por lo que sufrimos después de ello" pensó, era correcto. El dolor posterior a la ruptura había sido muy real, ninguno de los dos podría olvidarlo nunca.

¡Saldremos adelante como hasta ahora! Sé que podemos, Sakura... ¡Me esforzaré!

Seamos realistas... una relación a distancia como la que tenemos no funciona...

¿Eso... es lo que quieres...?

—No— contestó el Shaoran adulto acercándose lentamente. —Eso no es lo que quiere... te irás, y ella se pondrá mal...— chocó contra una pared invisible, solo se le permitía observar. —Es una trampa, te irás y la perderás... sin razón...

Apoyó la frente en la barrera que le impedía seguir adelante, sintiendo el corazón pesado. Cuando volvió a mirar al frente la escena había cambiado, se encontraba observando a una chica que miraba por una ventana, dándole la espalda, estaba en cama, lucía un camisón blanco y el cabello largo como una cascada. El mismo que recordaba que hacía unos momentos había estado a su lado y cuya dueña le sonreía con una calidez inverosímil. De repente la vio voltear y pareció mirarlo, pero quedó pasmado de la impresión.

Sus ojos verdes parecían haber perdido toda su luz. Y no solo eso, no sonreía ni un poco, solo parecía mirar hacia alguna parte como aguardando.

Entonces alguien entró donde ella estaba, un muchacho, tenía el cabello negro y avanzaba hacia donde estaba recostada. Vio como se sentaba sobre su cama y le acariciaba el cabello mientras ella sonreía. Era Yoshida. Yoshida Touma de adolescente.

Hola Sakura, ya vine— la jovencita asintió contenta y apoyó sus manos en el rostro de él. Shaoran se sintió como si le clavaran un puñal en el pecho. — ¿Tomaste tus medicinas?— asintió otra vez.

—No Sakura... Por favor, no me digas que esto...

Vamos, di algo, tienes que practicar ¿Recuerdas?

Y-ya... las... tomé...

Buena chica—le acarició el cabello.—Creo que descansaste bien anoche ¿Cierto?

S-Sí... Bien...— otro cariño más, Shaoran apretaba los puños con tanta fuerza que parecía que fuera a lastimarse las manos.

—No la toques— murmuró a punto de estallar.

Me alegra verte mejor... cuando salgas de aquí terminaremos la preparatoria, con Tomoyo también, y podremos ir a pasear, a comer, al karaoke... juntos...— Touma le acarició la mejilla a la chica de ojos verdes, en los de él se reflejaba el amor que le profesaba. —Y serás feliz... inmensamente feliz, lo prometo...— Sakura lo abrazó contenta, fue la gota que rebalsó el vaso.

—No contigo...— Shaoran se puso de pie y fue hacia donde estaba su espada, como autómata, parecía perdido. Era obvio que no toleraba ni un poco ver a aquellos dos tan unidos. Apuntó con el arma hacia la pared que le impedía cruzar y corrió para destruirla. — ¡No contigo! ¡Conmigo!

Solo consiguió a duras penas quebrar un poco de lo que parecía ser el cristal que conformaba la barrera, como un espejo. No se detuvo y volvió a arremeter contra esta una vez más, con cada golpe nuevo parecía quebrarse más.

Los tobillos del joven líder del clan Li comenzaban a hundirse en el suelo, había comenzado a tragárselo.

Entonces cesó para respirar, un golpe más y la barrera estaría completamente rota, entraría allí y apartaría a Yoshida de Sakura. Esa era la idea.

Sin embargo se percató de que estaba hundiéndose, al notarlo abrió grande los ojos y comenzó a luchar para que eso no sucediera.

— ¿Qué pasa?— forcejeó. — ¿Qué es esto? ¡Libérame ahora!

Touma-kun...

— ¡Basta!— el castaño se cubrió sus oídos. — ¡No más! ¡Haz que pare!

Te dejas consumir muy fácilmente...— oyó decir a alguien y volteó, pero no había nadie.

— ¿Quién...?— oyó decir lo mismo a la misma voz. — ¡Quien seas! ¡Así no fueron las cosas! Fue un trampa así que... ¡Deja de mostrarme esto! ¡Sakura es feliz conmigo ahora! ¡Nadie nos quitará eso!

Como si hubiese accionado un interruptor todo a su alrededor se volvió blanco en un abrir y cerrar de ojos. Nada había a su alrededor, ya no lo sujetaban, era libre. De pronto sintió mucho sueño, cerró los ojos y se dejó llevar.

Segunda prueba superada.


El enemigo estaba cerca. Sabían cuando estaban indefensos.

Ryu se encontraba en la planta alta, en el despacho de Shaoran, tenía que encontrar algo que llevaba mucho tiempo guardado. Registró el primer cajón del escritorio de su amigo y encontró una pequeña llave dorada, con ella en mano se acercó a un armario que allí había. Escuro, de dos puertas. Respiró profundo y lo abrió.

Adentro habían puesto unas cajas apiladas que parecían contener libros, a un costado estaba lo que buscaba: una katana con funda blanca. Solo la había usado una vez y desde ese entonces había quedado a cargo de Shaoran la decisión de cuando la volvería a tomar. Pero no había tiempo para formalidades, la iba a necesitar, estaba seguro.

La tomó y al instante sintió una punzada de emoción. Él estaba pacientemente atento.

—Hoy no— dijo a la nada y desenfundó la espada, la hoja relucía. —Yo tomo el control esta vez.

— ¿Estás bien?— preguntó Mei Ling entrando al lugar, no lo sorprendió su presencia. La miró por el encima del hombro, tenía puesto su collar con la chapa que decía "Ryu" en caracteres chinos, él se lo había dado unos momentos antes, tenía un campo que se generaba al estar cerca del peligro. —Estabas extraño hace un momento.

—Sí, disculpa... Ya estoy bien.

"Mientes" le dijo una voz interna pero la ignoró.

Ella lo miraba preocupada. Lo quería, lo cuidaba, era increíble, Mei Ling siempre había sido la persona que ocuparía el lugar que él pensaba le pertenecía a Temari. No le había hablado de ella aún y le preocupaba el efecto que tendría en ellos esa conversación.

— ¿Estás seguro?— él asintió, dio un paso hacia a ella y luego titubeó, fue la joven quien se acercó para abrazarlo. Feliz de tenerlo a su lado. —Eres un tonto, sabes que si me necesitas...

—Sí, lo sé, pero no quiero tentar a la suerte...— suspiró resignado, su mano se deslizó por el cabello de ella hasta su cintura. Perdería los estribos. —Vayamos abajo, debemos cuidar que nada les pase a Shaoran y los demás.

—De acuerdo.

Descendieron. En cierto momento ella se percató de que su acompañante no la seguía, se había quedado estático a unos pasos atrás, como si hubiese escuchado algo. Se permitió bajar la guardia un momento para contemplarlo, aún le resultaba increíble el hecho de que se le hubiese confesado (a pesar de que no había dicho nada explícito) y que estuvieran juntos, quería conversar con él para aclarar lo que aquello significaba, pero hasta el momento le había demostrado un amor sincero, ciertamente la sorprendía, el hecho de que pudiese llegar a ser fiel a una sola persona.

Estudió su perfil. Su piel lucía impecable y tersa como la de una joven doncella, muy similar a la de la señora Hikari, le brindaba un aspecto delicado al muchacho a pesar de que esa no era la palabra que mejor lo describía. Sus ojos azules como dos zafiros estaban atentos a su alrededor, observaban el entorno como si fueran capaces de atravesar incluso las paredes, sabía de buena fuente que tenía una habilidad especial en sus ojos, pero jamás había preguntado por ella, le temía un poco incluso. ¿Podrían haber adivinado ese par de brillantes lo que pensaba? ¿O lo que sentía por él? Su posición alerta le gustaba, inclinaba a penas su torso hacia un costado, sosteniendo una de las katanas que colgaban en su cadera izquierda. Recordó que era zurdo.

—Pantis... ¿Qué tanto me ves?— la sorprendió de repente, ni siquiera la había mirado, pero se había dado cuenta. Se ruborizó. —Por favor... no es momento.

—Lo siento— lo vio sonreír halagado sin voltear aún, su concentración parecía no desvanecerse con nada.

—No tienes porqué— se le acercó para abrazarla. "Solo unos segundos" se dijo. Pero se detuvo en seco, sintiendo una punzada atravesarle todo el cuerpo, dolorosa e indomable. Intentó permanecer en su sitio pero una fuerza interna quería continuar avanzando, se agachó y utilizó una de sus armas para sostenerse. —M-Maldición...

— ¿Ryu? ¿Qué pasa?— inquirió la chica, cuando atinó a acercarse él levantó una de sus manos indicando que no lo hiciera. — ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?

—No... te acerques...— respiraba agitado, la sensación que lo invadía era horrible, parecía como si quisieran quitarlo de su propio cuerpo. "No ahora, basta".

Mei Ling dio un paso al frente y se inclinó para ver su rostro. Se sobresaltó al ver lo brillantes que estaban sus ojos, la miraban como si estuviesen hambrientos y ella fuera la presa más cercana, se sintió desfallecer, él jamás la observaría de esa manera, debía ser... él.

— ¿R-Ryu...?

— ¿Para qué lo quieres a él?— lo oyó contestar, la voz cargada de lascivia. —Yo soy el que te desea aquí...

— ¿De... de qué hablas?

—Oh, ¿No te lo ha dicho?— intentó ponerse de pie pero gruñó al notar que su cuerpo volvía al suelo, hasta dejarlo de rodillas. —Comprendo, no quiere que lo sepas.

— ¿Saber qué?

—Que cuando te ve a ti, en realidad ve a aquella chiquilla latosa— la palidez de Mei Ling era palpable.

—Chiquilla... ¿Qué chiquilla?— fingía ignorancia, lo sabía pero no quería creerlo.

—Aquella que conoció hace seis años...

— ¿Te... Temari?

—Sí, exacto— la sonrisa del joven aumentó, y extendió la mano para que ella la tome. —Yo te prefiero a ti pequeña Mei Ling.

— ¿Tú?— ella trastabilló y se acuchilló un escalón más abajo, sosteniéndose de la barandilla y cubriéndose la boca para no llorar. —Tú no eres Ryu.

—Claro que sí, yo soy el verdadero aquí, no ese mequetrefe que me ha contaminado... Yo soy Ryu, yo y solo yo— ella negaba con la cabeza, conteniendo las lágrimas.

—No, claro que no...— no se dio cuenta que su acompañante había conseguido ponerse de pie y se le acercaba.

La quería tocar, tocar como probablemente ninguno antes lo había hecho...

— ¡No le pondrás un dedo encima!— vociferó el guardaespaldas recobrando el control. Se agarraba su propia mano, lucía agotado. Mei Ling levantó la vista con las lágrimas abarrotándole el rostro, había vuelto. —No lo harás...

— ¿R-Ryu?— la miró y sonrió con cansancio.

—Sí, tranquila... Estoy de vuelta.

Él avanzó hacia donde ella se encontraba y la ayudó a levantarse, o más bien pareció que la había puesto de pie de un tirón, puesto que luego la abrazó fervientemente, como si tuviera miedo de que desapareciera. Le gustaba su calidez y la suavidad de su cabello, lo reconfortaba.

— ¿Estás bien?— la oyó, solo asintió como respuesta. —Me asusté... él... él dijo...

—Lo sé, lo siento, pero ya estoy de vuelta, no dijo la verdad— ella le devolvió el abrazo intentando tragarse el llanto. —No te alejes de mí...

Mei Ling sentía que le pesaba el corazón, no por lo que acababa de decir sino porque no le creía, tenía el presentimiento de que por algo élhabía dicho algo así, además no era coincidencia que el mismo nombre que una vez había escuchado nombrar a Ryu en sueños fuera el que la criatura había reconocido.

—Vamos— dijo soltándolo. Bajó un par de escalones y volteó a ver al guardaespaldas. Observó con indiferencia como sus ropas comenzaban a quemarse en un millar de chispas rojizas, su camisa azul y sus jeans desaparecieron para dejar lugar a unas vestimentas tradicionales chinas de una mezcla de color púrpura y marrón, muy oscuras. Su cabello también había cambiado, lucía un poco más largo y se le había alborotado más de lo usual, las puntas lucían blancas y, junto con sus ojos brillantes, le daban la apariencia sobrenatural de la cual parecía provenir.

—Sí, vamos...

Descendieron. Kerberos, Yue y Kasai se encontraban junto a los que dormían en la sala. Ellos dos se ocuparon de vigilar las entradas.

Ryu se sentó junto a la puerta principal y resopló. No le había quedado más alternativa que utilizar esa forma, era más eficiente para usar magia, pero tenía un inconveniente, su otro yo quería salir constantemente y los esfuerzos que hacía para que eso no ocurriera eran titánicos.

Aquellos dolorosos latidos internos no cesaban.


Cuando salió despedida del túnel no se imaginó que encontraría lo que allí había: Agua. El agua le llegaba hasta el estómago, nunca antes había sido tan profunda, no le tenía miedo, se había acostumbrado a verla en sus sueños pero no sabía que estos se podían mezclan con el que compartía con sus dos acompañantes.

¡Tengo jabón aún Apola!— dijo una jovencita con cabello negro espumoso. —Tengo que enjuagarlo.

¡Vamos Vinna! ¡De prisa! Tenemos que regresar antes de que anochezca...

Eso intento— la más joven comenzó a sumergirse en el agua en el que se bañaban y salió respirando con fuerza. — ¿Tienes que rezar hoy?

No, tengo que reforzar la barrera.

La más adulta se secaba en la orilla, su cuerpo velado únicamente por su largo cabello castaño que le cubría las partes que no debía mostrar, Sakura se sonrojó pensando que tal vez no debería mirarlas. Eran amigas y no debían desear espectadores. Sin embargo, ella sabía que no podían verla y, si eso se mostraba frente a ella, debía de ser importante verlo.

Eso significa que no podremos jugar hoy...

No...— sonaba triste. —Mañana sí, lo prometo.

El agua alrededor de Sakura se convirtió en fuego y pensó que se quemaría, pero no era así. Las llamas no le tocaban la piel, como si no fueran reales. Avanzó hacia adelante con cautela y se encontró con la niña llamada Vinna en el suelo, parecía inconsciente. Algo había pasado, algo muy malo.

¡Bruja!—gritó una persona, una mujer.

¡Muerte a la bruja!— exclamó un hombre. Sakura solo continuó avanzando.

¡No! ¡Por favor!— el que clamaba ahora era aquel al que habían llamado León. — ¡Déjenla ir! ¡Déjenla ahora!

¡Vinna! ¡Vinna! ¡No!— esa era Apola.

¡Mujer sucia y traidora!— se escuchó el ruido de una bofetada.

La joven de ojos verdes corrió hacia los sonidos. Llegó a lo que parecía ser una plaza antigua, lo que atrás de ella se incendiaba era una gran construcción de madera, un templo muy antiguo, ardía como si el fuego hubiese comenzado hacía mucho tiempo. Miró hacia adelante, Apola había sido amarrada de manos y un hombre tiraba de una cuerda para arrastrarla, otros cinco sostenían al hombre que luchaba por escapar, muy probablemente para ayudar a la joven de cabello castaño.

Entonces se dio cuenta. Vinna había muerto dentro del incendio.

Se cubrió la boca con una mano debido a la impresión. ¿Qué había pasado?

¡Vamos! ¡Muévete! ¡Serás quemada!

¡No!— Apola comenzó a resplandecer de dorado y Sakura sintió en su propia piel como ardía su magia. Estaba furiosa. Dos gigantescas alas negras aparecieron en su espalda y se extendieron hacia el cielo como si quisieran volar, de hecho así fue, las ataduras de Apola se volvieron cenizas y emprendió el vuelo para sorpresa de todos los presentes. La vieron alejarse dejando a su paso solo una tormenta de polvo.

¡Se escapa!

Era verdad, huía, llorando y aferrando su vientre. León había quedado atrás. Sakura vio como lo asesinaban y gritó. Ya no quería continuar viendo hacia allí, si no terminaba pronto enloquecería.

La escena desapareció y quedó otra muy triste. Ella siendo abandonada por Shaoran cuando era adolescente, se acercó tranquilamente y al darse contra una barrera invisible puso sus manos en esta y miró hacia adelante, seria.

—Esto no es real— dijo. La habitación se tornó blanca.

Y ella se quedó dormida.


Eriol sospechaba que en esa ocasión no sería tan fácil superar la prueba que se le iba a imponer, tenía ese presentimiento. Avanzó hacia adelante prestando atención a sus alrededores, no había mucha luz por lo tanto ver era difícil pero no imposible, agudizando un poco los sentidos podía percibir el entorno, la magia deslizándose de un lado a otro a través del lugar y a través de él, le recorría el cuerpo. "¿Será que el mago Clow tuvo que ver en esto de los cofres?" pensó, a sabiendas que nada de lo que sucedía era una coincidencia.

¿Por qué justamente ellos tres que se conocieron durante la infancia eran los tres usuarios de los cofres? Clow había entramado todo para que no fuera posible comprender sus planes ¿Por qué siempre era así con él? A pesar de haberse marchado tanto tiempo atrás él seguía allí, ¿Se supone que debía ocupar su lugar y comenzar a dejar por todas partes acertijos indescifrables para que caigan en las pobres manos de un desafortunado? No, claro que no. La habilidad de Clow de ver lo que sucederá en el futuro no la había adquirido, ni tampoco su inmenso poder, por lo tanto no había forma de que él pudiera intervenir de algún modo, por más que quisiera ayudar no tendría los recursos para hacerlo.

—Veamos... ¿Con qué me voy a encontrar hoy?— murmuró y se detuvo. Al frente un muchacho de quince o dieciséis años aproximadamente se encontraba sentado en el suelo, con la vista al frente y abrazando sus rodillas. Junto a él dos guardianes alados lo observaban. Eriol descubrió en un momento nada más lo que estaba por presenciar y quiso huir pero sus piernas quedaron inmovilizadas. En aquel sitio fuera de la realidad sus mentes quedaban totalmente expuestas a que las leyeran, no les sería posible ocultar recuerdos o cualquier clase de información. Allí los enfrentarían a todo aquello que quisieron enterrar en algún momento.

Desaparecí para ella, lo siento— silencio. —Pero... No podía hacer otra cosa, pude ayudar a cambiar las cartas y con la carta sellada pero... Hasta ahí llega mi poder, se extingue, por lo que no me quedará mucho tiempo más...

Eriol— decía Ruby Moon. —No te des por vencido...

Sí, verá que todo sale bien Eriol...

Ustedes sí que me acompañan—sonrió con tristeza.—Por desgracia no puedo quedarme con ustedes...

¡Eriol!

No, escucha Ruby—la guardiana quiso protestar pero su amo levantó una mano y calló. —Tienes que entenderlo, me he agotado, hice lo que debía hacer, hice lo que se me pidió, mi magia disminuye... sabes muy bien qué es lo que sucederá cuando se agote totalmente...

Podemos buscar la forma de que no suceda...— sugirió Spinel tomando su forma verdadera. El lince negro se mostró esplendoroso en su figura y se aproximó un poco más a su amo. —Puede absorbernos...

Saben que no haré eso...— un dolor agudo lo interrumpió y se inclinó hacia adelante para buscar aire pero este estaba cargado de la pesadez de su magia que se consumía.

Eriol adulto pudo ver como enormes ondas de energía azulada se arremolinaban alrededor del muchacho para ahogarlo, en sus últimos momentos de agonía los guardianes que tenía a cada lado se convirtieron en parte de esas ondas y comenzaron a fusionarse con su creador.

— ¡Detenlo! ¡Los perderás!— gritó, y al instante sintió como si el suelo que pisaba comenzaba a devorarlo. Miró hacia abajo, confundido. ¿Dónde estaba? —Los perderás... después no contarás con el poder para liberarlos otra vez...

¡Ruby! ¡Spinel!

—Te tomará tanto tiempo recuperarlos... entranarás duro...— escuchaba el clamor de su contraparte adolescente y recordó lo doloroso que había sido. —Pero irá bien... continuarás con vida... te esforzarás...

El lugar se tornó blanco poco a poco. Las ataduras de sus tobillos ya no lo sujetaban más. Cerró los ojos sintiendo paz, dedicó un último pensamiento a sus queridos guardianes y amigos antes de quedarse completamente dormido.

Segunda prueba superada.


Hikari Ming sentía en lo profundo de su ser la inestabilidad de la magia de su hijo, le provocaba una presión en el pecho que no llegaba a ser dolor, pero molestaba lo suficiente como para no dejarla pensar en nada más. Ryu era su único hijo, de todas formas no podría hacer otra cosa que velar por su seguridad.

—Hijo mío... ¿Cuándo será el día que la olvides?— avanzaba por las calles con paso decidido, su cabello negro lo llevaba suelto puesto que no había tenido tiempo de recogerlo. Por las presencias que sentía sabía bien que más adelante se estaba llevando a cabo una batalla. Corrió, la desesperación le impedía ir más lento.

Llegó a la residencia Li, en la calle se desataba el caos para ella, el infierno mismo. Se quedó estática al observar como una criatura muy alta, medía como dos metros, levantaba a su hijo por la túnica oscura que lucía con aquella apariencia que, incluso a ella, le resultaba desconocida; y lo miraba con un odio inmensurable. Era un ánima, estaba segura, esa melena y cola de león negra le indicaba que no había manera de que fuera humano, a pesar de que todo lo demás en su fisonomía lo pareciera.

Bajó la vista apretando los labios para reprimir un grito, mejor aprovechar que no la habían visto. Alrededor de ella, en el suelo se tornó azulado y su figura refulgía. Tal vez su magia fuera suficiente para exorcizarlo. Del suelo se desprendieron algunas bolas de magia azul, que tomaron la forma de largas agujas. Levantó un brazo y apuntó hacia la criatura. Con un movimiento de su mano como orden salieron despedidos y se clavaron en el costado del espectro, una ola de luz azulada comenzó a cubrir su piel y aulló de frustración soltando a su hijo que cayó de bruces con un sonoro golpe. Hikari se dedicó a evadir los ataques del ánima una vez que vio que Mei Ling corría a asistir a su hijo.

—Ryu... ¿Ryu? Di algo...— decía la joven. Lo vio abrir los ojos, estaban muy azules, la asustaron pero se mantuvo en su sitio. — ¿Te encuentras bien? Déjame ver esa herida...

—No... te acerques...

— ¡Vamos tonto! ¡No es momento!— intentó levantarlo pero la apartó tomándola de la muñeca y alejándola de él. — ¡Hey!— lo vio ponerse de pie y mirarla. Entonces se dio cuenta.

Ese no era Ryu.

—Sé que me quieres cerca querida Mei Ling pero en ese momento tengo algo más que hacer...— volteó a ver hacia la criatura que los había atacado. —Enseguida vuelvo contigo.

— ¡No!— lo tomó del brazo y tironeó para que no pudiera continuar avanzando. —No lo hagas... Ryu...

—Oh querida Mei Ling— la tomó por la barbilla y le sonrió macabramente. —Tú no me dirás lo que tengo que hacer.

Comenzaron a aparecer un centenar de ánimas como si brotaran del aire mismo, parecían intentar que el guardaespaldas no llegase a la criatura con forma de león, quien estaba allí para vengar a su hermano. La joven allí presente lo sabía, no podía evitar acordarse de la vez en que había visto aquella forma de Ryu, sabía que no estaba por completo en sus cabales aquella vez tampoco, sin embargo el hecho de que había visto esos ínfimos destellos rojos sobrevolarla mientras se grababa en su mente la imagen del león negro siendo estrangulado por la serpiente gigante le recordaba que nada detendría al joven de hacer lo que le plazca. Cayó de rodillas al suelo y se limitó a observar como él atravesaba con sus espadas a esas ánimas, gracias a Sakura sabía que no descansarían en paz.

—Soy el único con el derecho legítimo de matar a esa mujer— oyó decir a él. Ese no era Ryu. Volteó hacia un costado y se percató de que la señora Hikari estaba siendo estrangulada contra una pared por la bestia de pelaje blanco, mientras le ordenaba que no interfiriera.

— ¡Libera a mi hijo ahora!— Mei Ling vio furia en sus hermosos ojos azules, habían cobrado un matiz helado que la dejaba boquiabierta. Ryu tenía sus ojos.

Se puso de pie al ver que acabó con todos y cada uno de los espectros de trajes negros y corrió. Justo cuando lo vio elevar su brazo para asestar un golpe certero. Se aferró a este y provocó que la katana cayera al suelo, Ryu volteó a verla enfadado, pero ella no lo miraba, solo cerraba los ojos con fuerza mientras hacía peso hacia abajo para que no pudiera moverse.

Todo fue rápido.

Él solo giró un poco su torso y lanzó una estocada al azar con su otra espada.

Mei Ling sintió como sus lágrimas rodaban por sus mejillas. Le dolía verlo con esa expresión colmada de ira y luego de confusión. Sabía que él seguía allí, solo debía hacer que reaccione.

Su vestido chino de color verde estaba manchándose a la altura de su pecho, brotaba sangre de la herida que había dejado el arma a su paso. Cayó hacia atrás debido al golpe.

—Mei Ling...— susurró Ryu, como un balbuceo.

Ella volvió a cerrar los ojos inundados, estaba triste. ¿Qué pasaría si no volvía a verlo?


Notas de Autora

Hola a todos! Siento que me demoré una eternidad en subir este cap, la verdad es que me costó, no andaba muy inspirada... se me hizo difícil pero ya está! Aquí se los traje! ME ENCANTÓ leer todos los comentarios que me dejaron en el capítulo anterior, dado que me preocupaba un poquito fue un alivio ver que todavía les gusta, si hay algo que no por favor no duden en decirme! Si no afecta el curso de la historia siempre se puede hacer algo jajaja Bueno aquí les traigo un pedacito del infierno personal de nuestro querido Ryu :C como verán las cosas están turbias y... para volver a mis viejos vicios... dejo todo en suspenso... Ya era hora de que volviera (? Jajaja Bueno, como siempre muchas gracias si estás leyendo esto! Si quieres dejarme tu visto bueno, sugerencia, opinión, palazo, etc, etc. No dudes en dejar un comentario para hacermelo saber, nos leemos! :D