Sakura se levantó de donde reposaba sintiendo el cuerpo pesado. Por unos momentos se sintió perdida y no recordaba bien lo que había sucedido. Luego lo hizo. Recordó que habían quedado en realizar la segunda prueba, ella había despertado primero, sin embargo le llamó la atención tanto ruido fuera de la casa, ¿Qué estaría pasando? Se incorporó con un poco de dificultad y llamó la atención de sus guardianes, que parecían haber estado mirando hacia afuera atentos y alerta. Se le acercaron muy sorprendidos de verla sentada.

— ¡Sakura!— exclamó Kero. — ¿Estás bien?

—Sí, ¿Por qué lo preguntas?

—Se ha levantado como si nada Sakura-sama...— comentó Kasai en su forma de ánima.

—Oh bueno, no como si nada, me costó un poco.

—Me sorprende que te puedas mover— añadió Yue, serio como siempre. —Pero también es cierto que te has vuelto fuerte.

—Ah, quizá se deba a eso— los dos restantes asintieron. — ¿Qué sucede afuera?

—Nos atacan las ánimas— contestó Kasai.

—Deben saber cuando estamos haciendo la prueba...

—Es increíble, la cantidad de ánimas que han creado... No importa cuantas destruyamos, vuelven a aparecer...

— ¿Donde están Ryu y Mei Ling?— preguntó la joven, inquieta de pronto.

—Afuera— respondió Yue.

— ¿Solos?

—Más o menos— murmuró Kero. —Algo le pasa al chico...

Sakura se acercó hacia la ventana y descubrió a su amiga tirada en el suelo mientras el guardaespaldas luchaba contra la señora Ming. ¿Qué estaba sucediendo? Él lucía distinto, como un ser sobrenatural. Sintió una opresión en el pecho producto de la energía negativa proveniente del joven. Algo malo pasaba.

Se alejó un poco de la ventana y respiró profundo, no quería que empeorara su estado. Advirtió que Shaoran y Eriol se revolvían en sus lugares y que lentamente abrieron los ojos. Se acercó hacia su novio para luego acuclillarse a su lado.

—Hola... ¿Cómo te sientes?— le preguntó.

—Cansado en verdad, pero bien— la miró con ojos brillantes. — ¿Cómo es que estás de pie?

— ¿Eh?

—No puedo mover ni un dedo, ¿Cómo haces para estar de pie?— intentó incorporarse pero no lo consiguió. —Sakura...

—Estoy bien, siento un cansancio muy leve...

— ¿Solo te levantaste y ya?

—Sí, no me contó demasiado, ¿Necesitas ayuda?— se acercó y su novio inspiró el aroma a durazno que la rodeaba.

—E-Espera...— al tenerla tan cerca sintió que sus fuerzas se desvanecían un poco más. Al menos hasta que oyó ruidos que provenían del exterior. — ¿Qué sucede afuera?

—No estoy muy segura... algo que pasa a Ryu, pero no puedo acercarme demasiado, libera muchas energías oscuras...— ella miró hacia la salida preocupada. —Mei Ling parecía inconsciente...

— ¿Cómo has dicho?— volvió a pelear por levantarse. — ¡Maldición! Aún no pasa el efecto.

—Yo iré, resistiré todo lo que pueda— la vio ponerse de pie y se desesperó, si el guardaespaldas se había descontrolado era probable que Sakura no pudiera hacer demasiado, pero su magia espiritual era la única que podría detenerlo sin lastimarlo.

—Espera— le tomó la mano para detenerla. —Quédate, quédate conmigo.

—Pero Shaoran... Mei Ling...

—Ryu no está en sus condiciones, puede hacerte daño.

— ¿Cómo?

—Sakura si Ryu te lastima te juro que no podré perdonarlo...

—No entiendo nada, ¿Qué dices? ¿Ryu lastimarme?

—En estos momentos, él no está consciente de lo que hace... matará todo lo que se le cruce...— ella se soltó de un tirón, sin mirarlo.

—Entonces, no puedo creer que me pidas que me quede aquí a salvo, mientras Mei Ling y la señora Hikari lo enfrentan, iré aun si te enojas conmigo, me necesitan— diciendo esto se alejó con sus guardianes por detrás, solo le pidió a Kasai que permaneciera allí para cuidar de que no les sucediera nada a ellos mientras se recuperaban.

Shaoran se sintió egoísta pero ¿Que acaso ella no comprendía que si la perdía su mundo se vendría abajo?


— ¡Libera a mi hijo ahora! ¡Ahora!— amenazó Hikari al ánima que se encontraba frente a ella, porque eso era, tan solo un ánima despreciable y capaz de hacerle a daño a cualquiera, solo por gusto, nada más lejos de lo que en verdad era su hijo. Le hubiese gustado que las cosas salieran de otra forma, haber impedido que aquello sucediera sin embargo, no contaba con las fuerzas, en los últimos años le había costado horrores mantener el consumo de magia que el chico demandaba, por lo tanto no podía ordenarle como su maestra que se detuviera.

— ¿O qué?— se reveló él sonriendo. — ¿Romperás el contrato? ¿Me exorcizarás? Por favor, sé que no quieres perder al engendro de tu hijo... Si yo me voy, él se viene conmigo...

—Te lo ordeno...

— ¿Ah sí? Pues yo no lo siento así, qué lástima— se le acercó a la mujer que parecía querer atacarlo, pero temblaba, estaba claro que no se atrevía a dañarlo. Se la notaba débil, después de su batalla con aquel león blanco que él quería asesinar y de que este huyera no le quedaron demasiadas fuerzas.

—Sabes que si me matas... desaparecerás...— la oyó balbucear. Le daba gracia verla tan sumisa, de hecho le gustaba. La tomó por el mentón y pareció que bastaba ese toque tan suave para hacer que cayera al suelo, tenía la moral destruida además de estar cansada. —Qué hermoso rostro tienes... es una lástima que te odie tanto como para no querer tocarte...— la tomó por la ropa y la arrojó lejos contra una pared. Hikari soltó un quejido debido al golpe y se dejó caer al suelo llorando.

El joven dio la vuelta en dirección a Mei Ling que continuaba en el suelo, probablemente aturdida por la herida que había recibido, ella también era culpable del revoltijo que tenía en la mente por lo tanto debía matarla, era imperioso acabar con las distracciones para acceder a la libertad. Pero antes podía divertirse un poco con la joven, después de todo le parecía muy hermosa.

—R-Ryu...— solo era un balbuceo, pero lo llamaba a pesar del dolor y de la decepción que seguro sentía después de ser atacada. —Regresa conmigo...

—Claro que sí querida...— la levantó suavemente y le apartó el cabello negro del rostro. —Haré que tus últimos momentos sean los más mágicos que has vivido...

—No...— ella lo miró con ojos fieros. —No te hablaba a ti— la mirada de él cambió, se tornó fría y despectiva.

—Qué lastima... pero yo sí te hablaba a ti...

—Ryu...— murmuró Hikari desde la lejanía, furiosa. La rabia era buena en ese momento, le daba fuerzas. — ¡Quieto!

Como si una cadena lo sujetase se quedó inmóvil e incapaz de mover, solo observaba con fijeza y odio a la mujer de ojos azules que se aproximaba con pasos exhaustos. El rostro se le desencajó al percatarse de que estaba furiosa y que él no podía apartarse o moverse. Se esforzó por tomar a la chica como rehén pero fue en vano.

—C-Condenada mujer...

—Eres un insolente— la voz de Hikari se había vuelto autoritaria, del amor de madre no había rastro. — ¿Te piensas que eres libre? ¡Tú me perteneces!

—De... monios...— se notaba a la legua que el ánima luchaba por recuperar la voluntad. Su cuerpo doblegado por ella lo traicionaba.

No duró demasiado tiempo. Las gotas de sudor que resbalaban por el delicado cuello de la señora Ming daban a entender que no soportarían durante mucho tiempo. El poder de la palabra en un maestro requería como mínimo una gran cantidad de poder, del cual una parte era destinado a mantener constantemente el lazo al mundo de los vivos, cosa que mantenía al guardaespaldas allí con ellos. Debido a que la mujer no contaba con demasiada magia su poder de la palabra no duraría mucho más.

—Libera a mi hijo... vuelve dónde estabas— Ryu sonrió triunfante al darse cuenta de que su cuerpo no la obedecía y que poco a poco le cedía el control.

—Lo siento madre querida— se puso de pie. —Hoy yo soy el que manda...— la tomó por las ropas y la empujó tan lejos que ella cayó de bruces.

Una vez que vio que quedaba inconsciente se dio vuelta para continuar con lo que antes hacía, la joven china intentaba incorporarse a sabiendas de que se desangraba. Dio un paso hacia ella sintiendo como el deseo le recorría el cuerpo, sin embargo antes de que pudiera poner su mano sobre el brazo de ella una flecha dorada le pasó a centímetros del rostro y se quedó petrificado al sentir su poder sagrado. Era inmenso.

—Ryu, por favor detente— dijo una muchacha. Estaba a unos pasos de la entrada de la residencia Li. Su cabello largo ondeaba con la brisa fresca y sus ojos eran del verde jade más puro que había visto.

—Vaya... Cuántas mujeres hermosas hay por aquí, creo que me gustará esta ciudad...

— ¿Quién eres?— preguntó Sakura.

—Soy Ryu...

— ¿Quién eres en verdad?

—Oh ¿Mi verdadero nombre?— se rió un poco. —Hace mucho tiempo que nadie me llama por él... De todas formas no tiene sentido decírtelo, puesto que te mataré luego de divertirme un rato contigo...— otra flecha sobrevoló el aire pero esta vez lo hirió en la mejilla, ardía como nada. —No tolero que las mujeres no sepan cuál es su lugar...

—Libera a Ryu.

— ¿Y qué harás si no lo hago? Si me exorcizas él se viene conmigo— la vio titubear unos momentos, pero luego se acercó tranquilamente. Detrás de ella dos criaturas aladas avanzaban atentos. No sería sencillo enfrentarlos.

—Libéralo ahora, no te va a gustar lo que te haré si no obedeces— sus criaturas se colocaron a cada lado de su cuerpo.

Él sonrió. No le importaba pelear un poco más, el mocoso se había rendido al parecer, su cuerpo finalmente quedaba a su cargo y podía utilizar su magia.

Estiró un brazo hacia el costado y cerró los ojos para invocar a su compañera fiel, la que le había otorgado el poder de hacer sus deseos realidad. Poco a poco fue apareciendo una serpiente gigante envolviéndolo y el torso femenino que poseía miraba hacia sus enemigos.

—Naku... Tanto tiempo sin verte, querida quiero muertas a estas personas...— la serpiente saltó hacia los tres que tenía enfrente decidida a devorar a alguno.

Yue dio un paso hacia adelante y la detuvo creando una barrera. La criatura intentó atravesarla con sus garras y las clavó sobre el escudo para romperlo. Intentó incrustar sus colmillos pero Sakura colocó un pergamino y la expulsó con una descarga. Lucía seria y serena en ese momento y sus guardianes se sorprendían de verla tan compuesta en medio de una batalla, de niña solía ser mucho más asustadiza.

—Ryu, por favor no quiero hacerte daño— suplicó la joven maestra de las cartas.

Él corrió a una velocidad inverosímil para atacar. Kerberos le lanzó fuego para intentar apartarlo pero iba directo a la chica, dio un salto y clavo una de sus katanas en el nuevo campo creado, a pesar de la descarga perseveró y lo destruyó. Yue y Kero se ocuparían de la serpiente y la joven del guardaespaldas.

Sakura sentía en su cuerpo las vibraciones de la magia de él, eran fuertes pero sabía que podía contrarrestarlas, lo único que no debía hacer era bajar la guardia, sabía que era rápido y subestimar esa habilidad sería un grave error.

La atacó, su espada colisionó con el báculo de la estrella que había invocado con rapidez, en un abrir y cerrar de ojos lo había tenido enfrente, no debía descuidarse. Saltó hacia atrás para retroceder un poco y apuntó con el arco. La flecha dorada se generó con el recorrer de sus manos, mientras tensaba el arco.

—No deberías usar tu magia espiritual Sakurita— la aconsejó el chico de ojos azules. Brillaban intensamente, parecían atravesarla. —La oscuridad te recorre...

Ella disparó de todas formas, le rozó el costado del brazo y la cortada que dejó a su paso la flecha ardía como rayos.

Percibió la presión en el pecho que le advertía que no continuara.

— ¡Espada!— invocó. Y su báculo cambió de forma.

—Oh, ¿También eres espadachina?— se rió. —No puedes superar mis habilidades— avanzó a una velocidad increíble y golpeó el arma de la chica. Sakura solo hizo un movimiento hacia arriba y espada atravesó la katana.

Ryu, enfurecido al ver como una de sus espadas quedaba reducida a la mitad, le dio una bofetada de revés y la tiró al suelo. La tomó por la ropa listo para asestarle el golpe final cuando algo lo detuvo.

Era un leve zumbido, alguien se aproximaba a gran velocidad.

—Ryu... Ya fue suficiente...— oyó decir a Shaoran, lo tenía a centímetros de su rostro y sus ojos ambarinos se veían como los de un demonio. Claro que eso era solo lo segundo más aterrador, en primer lugar estaba que el filo de su espada tocaba su cuello, lista para degollarlo. Al voltear a mirar hacia la dirección de la casa divisó a Eriol de pie, se veía algo pálido pero empuñaba su arma, un largo báculo con el emblema de lo que parecía ser el sol y la luna. El emblema de Clow Reed ¿Cómo no reconocerlo? Sus ojos le dijeron que no podía luchar, no tenía las fuerzas, solo estaba allí para hacer que se rindiera. Los números no lo asustaban.

El guardaespaldas miró a su jefe y le sonrió, aún luchando consigo mismo por continuar allí. Sin embargo no estaba tan debilitado como seguramente lo parecía, tenía eso a su favor. Ellos creían que lo podían vencer.

—Hola Shaoran, querido amigo— el fastidio del castaño aumentó. —Debo agradecerte por haberme ayudado a quedarme sellado...

—Tú acabas de golpear a mi novia— presionó un poco el arma contra su cuello. — ¡Debería asesinarte!

— ¿Y qué esperas?— le sonrió y se apartó de un salto. —No tienes las agallas, ¿Sabes qué? Los mataré a ustedes y gozaré en grande con las mujeres luego, por fin soy libre y tú no me impedirás nada.

Se defendió del ataque haciendo que impactara en su katana rota, la usaría de escudo. Empuñó la segunda y amagó con golpearlo, la batalla no duraría mucho.

Shaoran reaccionó al ataque y lo bloqueó, forcejeó unos momentos y lo empujó, si bien no se encontraba totalmente repuesto (aún estaba pálido) podía lidiar muy bien con el desenfrenado Ryu. Lo había hecho en el pasado y podía volver a hacerlo.

Una flecha dorada se incrustó en la pierna del pelinegro y le provocó soltar un quejido de dolor. La energía que liberaba se sentía cálida y agradable. Volteo a ver a Sakura que se encontraba arrodillada con el arco en manos, no veía sus ojos pero su mejilla estaba inflamada a causa del golpe que había recibido. Corrió hacia ella al verla desvanecerse, justo a tiempo para evitar que se lastimara.

—Sakura, Sakura...— murmuró. Ella lo miró cansada.

—Estoy bien, no bajes la guardia.

— ¡Naku ven!— oyeron y observaron en dirección al guardaespaldas. La serpiente había evadido a los guardianes y apresurado la marcha para acercarse a su dueño. — ¡Conviértelos en piedra!

Sakura se movió rápido con espada en manos y asestó un golpe en el torso de la criatura. Shaoran la tomó en brazos y se alejó unos metros para evitar que aquellas garras la dañaran. Lo había sorprendido la determinación de la joven.

—Me tienen harto— pronunció Ryu. La serpiente regresó y se fundió con su dueño, al instante lo vieron fruncir el ceño, la criatura herida lo debilitaba.

—R-Ryu...— escucharon. —Piensa en Temari...

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El guardaespaldas comenzó a desquiciarse, estaba harto de ese nombre y del efecto que tenía en su cuerpo. Volteó a ver a Mei Ling con mirada asesina.

— ¡Calla chiquilla!— le gritó.

—Ella... Era importante para ti ¿¡No es verdad!?— la joven apretaba los puños. Él se acercaba a ella con paso veloz. —Estoy segura de que te conoció de otra forma... ¡No te dejes consumir!

La aferró por el cuello en su desesperación porque cerrara la boca. Perdía el control, necesitaba que Naku se repusiera rápido para tomar de su fuerza. Hizo el ademán de llamarla pero no podía mover el brazo, su cuerpo ya no le respondía bien.

Soltó a la joven que lo miró suplicante. Lo aferró por la ropa mientras él parecía retorcerse debido al esfuerzo que hacía por luchar por su cuerpo. Era evidente que ambos querían estar al mando.

La joven se puso de pie para volver a tocarlo, él la aferró por los hombros y clavó los dedos en su piel, la lastimaba pero no le interesaba.

—Ryu... Te amo— lo besó, e instantáneamente él se quedó inmóvil y sorprendido. Quiso apartarla pero no pudo, una fuerza lo alejaba de la hermosa consciencia.

Permanecieron en ese sitio durante un rato. Ryu había cerrado los ojos y aflojado el agarre.

Estaba tranquilo y lleno de recuerdos. ¿Cómo había sido capaz de lastimarla? Sintió que sus párpados se calentaban, el llanto le había estrangulado la garganta y no podía hablar. ¿Qué diría de todas formas? Ni siquiera la podía mirar.

—M-Mei... Ling...— balbuceó, muy afectado, su cabello ocultaba sus ojos pero podía ver a la perfección la herida en el escote de ella.

—Volviste...— susurró ella antes de desmayarse en sus brazos, la sujetó sin decir una palabra. Tampoco podía decir nada.

Le pareció oír pasos que se acercaban con rapidez, tal vez sus amigos para asistirlos, no estaba del todo seguro.

Se quedó quieto allí con ella en brazos. Mientras se repetía mentalmente que era un asesino.

Fin de la canción.


Sakura se concentró en sus manos para poder recurrir a la magia sanadora. Tomoyo sostenía a Mei Ling que continuaba inconsciente mientras ella lo hacía. Sus manos sostenían una esfera de luz dorada y de ésta pequeñas mariposas del mismo color brotaban y flotaban hasta posarse en la herida de la muchacha china. Era un conjuro efectivo para sanar heridas como aquella.

Ryu estaba de pie en la sala aún conmocionado por lo ocurrido, no contestaba las preguntas y solo parecía mirarlas hacer lo suyo sin moverse. No estaban seguras si era consciente de lo que ocurría, no alcanzaban a ver sus ojos, los ocultaba tras su fleco alborotado.

—No entiendo nada...— murmuró la de ojos verdes fastidiada, estaba muy cansada. — ¿Qué fue lo que pasó? Pensé que era el enemigo el que atacaba...

—Te lo explicaré a su tiempo Sakura... Por favor... Mei Ling...— le contestó su novio. Ella no lo miró.

—Sí, está bien.

— ¿Sanará enseguida?— preguntó Tomoyo.

—Solo puedo cerrar la herida en este momento, no me encuentro bien para sanarla lo lamento...— Kero, Yue y Kasai se acercaron a ella y se quedaron cerca atentos a cualquier cosa.

Shaoran la miró preocupado, no sabía qué hacer, las cosas estaban complicadas entre ellos. Luego del planteo que le había hecho su novia acerca de que le hubiese pedido que se quedara adentro para estar protegida se había avergonzado de sí mismo. Se había sentido egoísta y luego más cuando se percató que su prima había sido herida. Ryu lo había hecho en verdad y luego no fue capaz de acabarlo, era su mejor amigo después de todo.

Tal vez era verdad que era egoísta.

—Tiene que purificarse Sakura-sama... No está bien... La oscuridad...— enunció Kasai inquieto, entonces acordaron que lo mejor sería llevarla al templo Tsukimine cuanto antes para que realizara la práctica diaria. El castaño quiso acompañarla pero debía quedarse a controlar la situación por el momento, Hikari Ming descansaba sobre un sofá, debía aguardar a que despertara para que se ocupada de Ryu, era la única con el poder de domarlo en medio de tanta inestabilidad. Lo cierto era que moría por ir junto con su novia en caso que de algo malo pasara sin embargo debería resistir, luego la alcanzaría para que pudieran hablar bien, no quería dejar las cosas como estaban.

Siguió a los guardianes hasta la salida y pensó en mil maneras de hacer que hablaran en ese mismo instante pero se obligó a guardar la compostura, quería que estuvieran a solas para no incomodarla. La ayudó a subir al lomo de Kerberos, le gustó que no eligiera al ánima para transportarse.

— ¿Estarás bien?— le preguntó sin soltar su mano completamente. La miraba con cautela, ella parecía afectada.

—Sí... no te preocupes Shaoran.

—Iré luego a verte, cuando se calmen un poco aquí las cosas.

—De acuerdo.

La vio partir con el corazón latiéndole fuerte en el pecho, tenía un mal presentimiento y estaba muy preocupado. Esperaba que pudiera dirigirse al templo rápido y sin más demoras.

Entró en la residencia y miró a Eriol, merecía respuestas pero le había prometido a Ryu que respetaría su decisión de mantenerlo en secreto, el hecho de que avergonzara tanto de lo que era resultaba un impedimento para aquellas situaciones, creía firmemente que la sinceridad era la solución a casi todos los malentendidos.

—Bueno, bueno, no pediré explicaciones...— comentó el inglés un poco risueño y cansado. —Pero... tienes que reconocer que tu guardaespaldas es en verdad una caja de sorpresas...— Shaoran sonrió a penas.

—Sí, tienes razón, lamento las molestias— miró en dirección a Ryu que continuaba de pie mirando hacia el sofá donde Mei Ling reposaba, no estaba seguro de llevarla a las oficinas Li, la atenderían muy bien sin dudas pero dudaba de la discreción de sus empleados, la noticia llegaría a los oídos de su madre y su tía, no deseaba preocuparlas.

Clavó sus ojos en el guardaespaldas que parecía no querer reaccionar.

—Ryu— silencio. — ¡Ryu! Reacciona.

Nada pasó, él continuó en su sitio sin emitir sonido.

—Parece que no quiere...— enunció Eriol.

—Ryu, no puedes quedarte así siempre.

—No te escucha—oyeron y se dieron vuelta, la señora Ming se levantaba de su asiento con dificultad, la ayudaron a incorporarse esperando más información. —Ahora está atrapado en un limbo y le tomará bastante tiempo reaccionar... ya le ha pasado antes, volvió en sí de un tirón y ahora solo se quedará abstraído hasta que pueda salir de su mente...

— ¿Cómo lo traemos de vuelta?

—Solo lo hará... pero debo sellarlo, en ese estado solo perderá el control una y otra vez... él sigue ahí...— había desprecio en la voz de la mujer. El castaño se preguntó cuándo sería el día en que la vida de Ryu se torne tranquila pero desconocía totalmente la respuesta, y si eso era posible. La vieron ponerse de pie con el semblante entristecido, avanzó hasta el muchacho que no se inmutó cuando la tuvo enfrente. —Ryu hijo... lo siento mucho, tengo que sellarte ¿Sí? Pero verás que todo irá bien y te sentirás mejor luego de descansar un poco...— las lágrimas corrían por su rostro pero sus ojos estaban determinados en lo que haría, segura de que era lo mejor.

Un símbolo ovalado apareció bajo sus pies y refulgió con una luz turquesa, el lugar completo adoptó ese color. La mujer acarició el rostro de su hijo y se puso de puntillas para besarlo en la frente, un símbolo apareció en él y se quedó dormido. Los dos hombres lo llevaron a su habitación donde permanecería dormido una temporada, para tristeza de todos.

Shaoran cerró la puerta tras de sí pensando si volvería a ver a su amigo.


Se ajustó el cinturón de su atuendo y salió el templo. No había nadie allí, había encontrado una nota en la entrada que avisaba que en unos minutos regresarían, que el monje Tsukimine había sufrido una descompensación. Lo había sospechado ciertamente, el hecho de que la barrera protectora de la ciudad se hubiera debilitado solo significaba que algo le pasaba al anciano. Se sentía mucho mejor luego de haberse purificado, sentía que las energías se le habían renovado y se notaba, con solo tocar el tatami del templo la barrera se había fortalecido en un instante. Probablemente las cosas con Ryu se habían desarrollado así debido a la falta de protección sobre Tomoeda.

Se sentó en la entrada respirando de la brisa que traía el atardecer, la paz de allí era muy agradable, tanto que sus guardianes se habían quedado dormidos adentro, se habían esforzado mucho en la batalla de ese día y se merecían un apacible descanso. En el templo dormirían profundamente.

Le gustaba eso de los poderes espirituales, representaban el descanso de la magia y era por ese motivo que traían paz al alma.

—Me pregunto... si Ryu podrá descansar ahora...— murmuró a nadie en particular. —Tal vez... fui dura hoy con él... me enojé al ver a Mei Ling...— se apretó las manos nerviosa, esperaba a que su novio llegara puesto que habían quedado en verse allí, quería que le explicara lo sucedido.

Escuchó unos pasos que subían las escaleras del templo y se puso de pie con el corazón latiendo fuerte. Las ansias eran grandes. Se decepcionó al ver que se trataba de Touma, quien al verla sonrió grandemente y se acercó a paso veloz. Desde que se había contaminado no lo veía muy seguido, pero también juzgaba que era lo mejor para los dos. Aguardó a tenerlo enfrente para mirarlo a los ojos, se sentía mal cuando lo hacía, algo en los de él le decía que no era prudente.

—Hola Sakura, ¿Cómo estás?— lo oyó y le sonrió tímida.

—Bien, vine a purificarme.

—Reforzaste la barrera por lo que veo...

—Sí— silencio incómodo. —Vi tu nota, ¿Cómo se encuentra Tsukimine-dono?

—Está mejor, pero lo llevé a mi casa así mi madre le hará compañía mientras se recupera, ya es muy anciano, no queremos que esté solo aquí en el templo... estoy algo ocupado con la universidad, ya sabes.

—Sí puedo imaginarlo, no te preocupes, debo venir todos los días de todas formas, si quieres puedo reforzarla yo.

— ¿No es mucho pedir?— él le sonrió enternecido por su bondad. —Quiero decir, aún no te has repuesto totalmente...

—Descuida, puedo hacerlo.

—Está bien, cuento contigo...— ella asintió y miró el cerezo que se encontraba a un costado. Él la imitó y respiró profundo. —Sigue florecido incluso en esta época del año...

—Sí... eso es bueno...

—Se debe a ti, tú has revitalizado este templo Sakura y debo agradecerte por eso— volteó a verla. —Sin ti probablemente hoy habría sido un día lleno de desgracias para la ciudad...

—No hago mucho, es más vengo aquí solo por mi...

—Claro que no— extendió la mano para acariciar su cabello, la chica reaccionó tensando su cuerpo. —Eres la persona más desinteresada que conozco... es algo natural en ti... algo que adoro...

—Touma...

—Solo un momento, por favor, finjamos que la realidad no es la realidad— dio un paso más para acortar la distancia entre ellos, al menos la geográfica porque podía ver que el hilo rojo que los unía se había vuelto más largo. —Tú lo sabes Sakura ¿Cierto? Porqué me fui.

—Y-yo...

—Creí que podía, que podía ser tu amigo...

—Claro que podemos— la voz nerviosa se le notaba pero intentaba calmar al chico, sentía sus emociones revueltas y si se tornaban oscuras comenzaría a sentirse mal otra vez. —Tú eres mi mejor amigo Touma.

—Ya no salimos como antes... casi no te veo...

—Bueno, es que estamos ocupados como dijiste...

—Pero no lo soporto— la seriedad del muchacho era patente, ella comenzó a retroceder poco a poco. —No quiero forzarte mis sentimientos... es que... se torna imposible si no te veo... y...

—N-No es necesario que lo digas.

—Claro que sí— la miró a los ojos y avanzó hacia ella. —Sakura, ten piedad de mí... sé que puedo hacerte feliz.

—Y lo haces, sabes que te quiero mucho.

—No, no lo suficiente...— le tomó la mano y ella se paralizó, no esperaba esa situación tan de repente y no sabía bien qué hacer, no quería lastimarlo. —Yo estoy enamorado de ti, y quiero que me dejes estar contigo...

—Touma... estoy contigo...

—No— negó con la cabeza y le aferró las muñecas, no podía alejarse más de él puesto que la pared del templo se lo impedía, comenzó a sentirse pesada y un dolor le recorría el cuerpo. Touma estaba molesto. —Quiero estar contigo de la misma forma en que estás con ese sujeto... Sakura, él no estuvo ahí cuando lo necesitaste, yo sí... ¿Cómo crees que puede amarte más que yo? ¿Quien más merecedor que yo para acompañarte y hacerte feliz? Sakura, pondría el mundo a tus pies si me dejaras, créeme, no hay nada que no haría por ti...

—Touma por favor...

—Escúchame, te lo pido...

—Lo sé, sé todo eso que has dicho— susurró Sakura débilmente. —Has estado conmigo cuando más te necesité... tú me salvaste la vida...

—Sí Sakura— intentó acercarse más pero ella parecía estar débil, la aferró con fuerza para que no cayera. —Y lo volvería a hacer mil veces...

—Sí, te debo la vida— sus ojos verdes brillaban de tristeza. —Será una deuda que jamás podré pagarte, lo sé muy bien, tú fuiste quien me salvó la vida Touma pero ¿Sabes...?— silencio. —Solo junto a él me siento en verdad viva...

La expresión sorprendida y dolida de él la hizo arrepentirse de lo que había dicho, pero solo por un instante, era la verdad, confesársela haría que todo cayera en su lugar. Sin embargo no la liberó ni se alejó, le buscó el rostro y se acercó un poco más a ella, comenzaba a invadir su espacio personal peligrosamente. Su mirada negra había cobrado un matiz más oscuro si era posible y miraba sus labios. Sintió que la tomaba del mentón.

—Si... si te besara ahora... me odiarías ¿Cierto?— acercó su boca a la de ella que no podía mover ni un músculo por más que se esforzaba. Cuando creyó que posaría sus labios en los suyos cerró los ojos con fuerza como si así no fuera a suceder.

Pero en verdad no ocurrió. Abrió los ojos y él le había dado algo de espacio, pero no la soltaba.

—T-Touma yo...

—Lo siento, no quiero que me odies así que...

De pronto vio que el chico salía despedido hacia atrás y ella cayó al suelo sentada, no podía mantener su cuerpo de pie. Alguien estaba furioso.

Comprendió que era su novio en cuanto lo vio allí. Touma estaba en el suelo y él le daba un puñetazo. No podía creer lo que veía, y menos aún el odio que estaba sintiendo.

— ¡Tú maldito!— gritó. — ¡Te atreviste a tocarla! ¡Te mataré! ¡Lo haré!

—Shaoran...— murmuró ella al tiempo que le veía la intención de volver a golpear a su amigo. — ¡Basta!— lo vio darse vuelta con violencia.

— ¡Te tenía acorralada! ¡Se aprovechaba de ti!— avanzó hasta ella y la tomó por los hombros. — ¿Y aún así lo defiendes? ¿Acaso... acaso te besó?— su voz entristecida destilaba también algo de ira.

—Claro que no...

—Pero quiso hacerlo... ¡Sakura...!— aplicó un poco de presión pero no le hizo daño, le dio la espalda y atinó con acercarse al chico en el suelo una vez más. —Le enseñare a no meterse con mi novia... Se lo he advertido...

— ¡No!— ella aferró su brazo pero no tenía fuerzas para tirar de este. — ¡No lo golpees!

— ¡Quiso tocarte!— la furia de su novio estaba atravesando sus entrañas, el dolor era insoportable. Las piernas le fallaron y cayó de rodillas al suelo. En menos de un suspiro lo tuvo junto a ella preocupado. —S-Sakura...

—Por favor... basta... no lo lastimes más...— se sentía culpable, no solo le había roto el corazón sino que su novio hacía otro tanto con sus huesos, no le parecía que su amigo se mereciera eso.

—P-Pero... ¿¡Por qué lo defiendes!?— la volvió a tomar por los brazos y su mirada confundida daba a entender que él no veía las razones de la chica. —Tú... eres mi novia...— lo vio ponerse de pie y mirarla dolido, y eso la afectó muchísimo. Se quedó pasmada mirando como él la observaba de esa manera antes de comenzar a alejarse, estiró su brazo sin poder decir una palabra. ¿Acaso él no comprendía que lo era todo para ella? ¿Estaba dudando de sus sentimientos? No, no era posible. ¡Tenía que creerle!

Cayó de bruces sintiendo que el peso de su cuerpo era más de lo que podía cargar. Estaba quedándose dormida pero antes percibió el calor de los brazos de alguien que la levantaba del suelo, más tarde se percató de que se encontraba en el lomo de Kero una vez más y que probablemente se dirigían a casa.

Touma se levantó del suelo varios minutos después de la golpiza. Le dolía la mandíbula y la cabeza, se dijo a sí mismo que no podía enojarse ya que él se había sobrepasado con la joven de ojos verdes. "Si yo fuese su novio... reaccionaría igual" pensó. Pero no lo era, solo era un tercero que estaba sufriendo el desgarrador desamor.

—Yo le salvé la vida...— murmuró sintiendo que iba a llorar. —Pero no la hago sentir viva... que ironía...

—Yoshida Touma— dijeron a sus espaldas y volteó. Era una persona encapuchada, aquella con la que se enfrentaba su amiga. —Que gusto verte.

— ¿Qué vienes a hacer a este templo?— preguntó de mala manera. —No tienes oportunidad de vencerme aquí.

—No vine a pelear, vine a hacerte una propuesta.

— ¿De qué hablas?— lo vio tenderle la mano, en ella traía una esfera de luz roja muy potente.

—Una raíz de odio...

— ¿Quieres odiarla por no amarte?— se le acercó y se dio cuenta de que no podía dejar de ver su rostro encapuchado, no se le veía pero algo le impedía dejar de mirar, como si sus ojos ocultos lo atravesaran. Respiraba agitado. —Si lo deseas... puedo ofrecerte un regalo...

—Y-yo...

—Los detestas, y tienes todo el derecho del mundo... ¿Cómo no querer que se separen?

—No— contestó él serio. —Yo no puedo odiarla... porque la amo... ahora vete antes de que me hagas enojar, no es mi problema lo que hagas con tu vida pero...— clavó sus ojos negros en el desconocido. —Si lastimas a Sakura, iré por ti y te mataré lentamente.

No estaba convencido de lo que decía, pero se dijo que era lo mejor cuando vio a la persona marcharse. Se quedó de pie allí solo, casi era de noche. Pensó que a esa hora Sakura debía de estar en su casa descansando.

Le había hecho daño por culpa de sus sentimientos, por primera vez en su vida se arrepentía del amor que le profesaba.


Notas de Autora.

Hola a todos! Les traigo la actualización que, en lo que a mí respecta, era muy esperada! :D! Desde que comencé la 2da parte tenía este cap en mente y por fin pude publicarlo jajaja admito que soy una autora bastante villana... pero a algo en mí le gusta provocar caos (soy mala.. MALA!) Jajaja bueno, basta de incoherencias, centrémosnos... primero que nada, gracias por los comentarios del cap 16, ayudan mucho en verdad a la voluntad para seguir escribiendo y no se preocupen que no voy a dejar la historia, mientras quede uno que lea para mí será suficiente n.n y bueno! como en "Is our destiny" aquí comienza nuestra cuenta regresiva hacia el final... por lo tanto... CHAN CHAN CHAN! JAJA Como siempre muchas gracias si estás leyendo esto! y si quieres dejarme tu opinión acerca de las confabulaciones de la historia o los shippeos! :O Serán bienvenidos tus comentarios... y si no te gustó también! Siempre se aprende algo... Nos leemos!

5 capítulos restantes y contando...