—Es todo mi culpa...— decía mientras se refugiaba en los brazos de su esposo.

Shen la abrazaba como si no hubiese un mañana, temía no ser capaz de confortarla, la adoraba pero sabía que el vacío que estaba sintiendo no llenaría tan fácilmente. Al menos no por él, necesitaba a su hijo. Ambos lo extrañaban, su ausencia era patente puesto que ella no podía sentir nada, sus rastros vitales habían desaparecido por el sello.

—Claro que no, Hikari... Verás que todo irá bien...

—Es mi culpa que él esté así... Yo... Debí tomar precauciones ese día...

—Tú hiciste que permaneciera con nosotros y ha crecido maravillosamente... Esto solo es pasajero, escúchame— la obligó a mirarlo con suavidad. —Has sido una madre increíble...

—Oh querido, temo por él...— las lágrimas en su rostro hermoso lo lastimaban.

—Es más fuerte de lo que crees.

—Lo sé, pero...— bajó la vista. —Ella debilita a nuestro Ryu...

El hombre suspiró. Esa cuestión era una gran contra para su muchacho. Recordaba los días en que verlo llegar a casa con la mirada iluminada de felicidad era el éxtasis para ellos. Por aquellos días no podía dejar de hablar de lo maravillosa que era aquella chica, lo veían salir y regresar con una sonrisa cada día. Su magia nunca había sido tan estable.

Hasta que se enteraron que no era humana.

Al principio todo fue bien pero con el tiempo el chico se veía cada vez más preocupado y no les contaba nada nuevo. A veces salía tarde por las noches y regresaba a la madrugada.

Entonces un día Hikari regresó con Ryu en un estado terrible, herido e inconsciente. El día en que él había despertado. Desde entonces nunca había vuelto a ser el mismo.

—No puedo asegurarte que la olvidará amor mío— dijo el hombre dejando de recordar. — ¿Pero sabes? Confío plenamente en nuestro hijo.

—Sí, yo también...— se separó de su abrazo. — ¿Podrías llevarme a las oficinas Li? Debo ir a ver a Mei Ling...

—Por supuesto.

Durante el trayecto no hablaron. La mujer miraba por la ventanilla hacia afuera, se la veía ciertamente decaída, la conexión entre ella y Ryu no era solo de madre e hijo, sino también de maestro a súbdito. La relación que tenían podían perjudicarlos emocionalmente sino llevaban una buena conexión. Debido al sello en el muchacho era como si ésta se hubiera roto.

La dejó en la entrada del edificio con la promesa de que la pasaría a buscar más tarde. Lo saludó hasta que lo perdió de vista y luego ingresó.

Avanzó por los pasillos hasta la habitación de la jovencita, adentro su primo estaba sentado observándola. Lucía agotado y extrañamente entristecido, las cosas habían resultado terribles, era comprensible que no pudiera con las cargas.

—Buenas tardes Shaoran— lo saludó con una reverencia. — ¿Cómo te encuentras?

—Buenas tardes señora Ming, me encuentro bien, le agradezco su visita.

—No es nada por favor— miró a la joven en la cama. —Esta chica salvó a mi hijo...

—Mei Ling en verdad quiere mucho a Ryu, después de todo es nuestro amigo de la infancia— la mujer negó con la cabeza.

—No... el amor que ella le tiene es de una mujer a un hombre... estoy tan feliz de que alguien... lo mire como nosotros lo vemos, como un igual, no habría otra forma de que sienta algo por él sino...— se aproximó hasta la cama y ocupó una silla junto al lecho, siempre mirándola con ternura y sonriendo. —Hemos esperado tanto por este día... mi hijo también la ama...

— ¿Qué pasó con el asunto de Temari?— se atrevió a preguntar el joven líder del Clan Li.

—Es delicado... que ame a otra persona no significa que la haya olvidado... es por eso que está tan inestable, imagino que cuando Ryu comenzó a comprender sus sentimientos su mente se volvió un caos, lo que le dio la facilidad a él para tomar el control.

Shaoran se quedó en silencio. No podía terminar de perdonar a su amigo por lo que le había hecho a Sakura, tampoco podía perdonarse puesto que no había cumplido con su promesa pero ¿asesinar a su amigo? No, no era capaz. Había tratado de detenerlo por la fuerza, era lo máximo que podía hacer. Sakura no había podido hacer demasiado en las condiciones en las que estaba en ese instante.

Sakura...

¿Cómo estaría? Hacía dos días que no la veía, ni siquiera se hablaban. Le estaba haciendo mucho daño pensarla en los brazos de Yoshida, mientras la consolaba por la discusión que habían tenido. Era normal que se enfurezca ¿No es cierto? Cuando había llegado al templo y visto a su novia acorralada por ese tipo la sangre le había comenzado a hervir en las venas, hasta donde él podía ver la estaba besando.

Lo que luego pasó no lo había podido controlar. La ira lo dominaba e incluso le había hecho daño a ella, a su Sakura, la persona que más amaba en la tierra... La echaba tanto de menos, quería correr a donde ella estaba, abrazarla fuerte y decirle que nada más que ellos dos importaba, que podían superar lo que sea si estaban juntos, pero no hacía nada de eso. Tenía miedo de perderla, tenía miedo de volverla a escuchar defender a Yoshida y que su reacción no fuera buena una vez más. Cuando de él se trataba la furia fluía en él como un manantial.

Una luz lo alejó de sus pensamientos y descubrió a la señora Ming usando magia en su prima. Sabía que la mujer poseía poderes espirituales, débiles, aunque también sabía que en algún momento habían sido muy poderosos. Lentamente fue curando la herida de la jovencita que pareció relajar su expresión.

—Señora Ming, muchas gracias...

—Por nada, estaba en deuda con ella de todas formas, queria ser yo la que ayudara a ella esta vez— le acarició el cabello negro mientras la miraba. —Muchas gracias Mei Ling... por salvar a mi hijo con tanta valentía... Bueno, debo irme ya, conviene que descanse hasta recuperarse por completo, a pesar de que está cerrándose su herida es mejor que no se sobreesfuerce.

Shaoran se despidió de la mujer y abandonó la habitación, tenía mucho trabajo que hacer pero antes de comenzar se encargaría de enviar a su halcón Yang a que vigilara la casa de su novia, quería saber si se encontraba bien.


—Hola Ryu-chan...

No podía creer que estaba allí enfrente suyo pero la tenía justo ahí, a unos pocos pasos hacia adelante, no era mucho, podía alcanzarla en cualquier momento y abrazarla con fuerza, sin embargo sus pies no se movían. ¿Acaso soñaba?

No, no era un sueño. Él solía soñar con el pasado y en ese instante era el Ryu adulto el que estaba allí y al que ella había saludado con su sonrisa cálida. Su cabello negro ondeaba y por alguna razón le recordaba a otro similar, largo y suave como la seda. ¿A su madre tal vez? No estaba seguro en ese momento.

Había abierto los ojos en ese lugar desconocido y oscuro, el cielo era extraño, ondas de colores apagados se arremolinaban y fundían entre ellos. Estaba en lo que parecía ser una playa, el mar negro y la arena oscura se sentían muy reales bajo sus pies. ¿Cuánto tiempo habría estado soñando? Se alegraba de haber despertado de la pesadilla, aquella en donde esa dulce chica no existía y el dolor de su corazón era insoportable. ¿Se quedaría allí con él si se lo pedía?

—Hola Temari...— la saludó y se acercó con una sonrisa. Sí, estaría con ella por siempre. — ¿Cómo estás?

—Ahora estoy muy bien, te extrañé mucho Ryu-chan...

—Y yo a ti— la abrazó, estaba cálida, cerró los ojos para disfrutarlo. —Te he echado tanto de menos... no sabes cuánto...

—Ahora estamos juntos.

—Sí, no volverán a separarnos.

—Vamos Ryu-chan, tenemos que apresurarnos— se liberó de su abrazo y corrió, haciendo señas para que la siguiera.

— ¡Espérame Temari! ¡No te alejes así!

— ¡Vamos, vamos! ¡Corre!

— ¡Temari!— corrió hacia ella pero parecía que sus pasos se alentaban cada vez más, se desesperó, nuevamente se estaba alejando de él. La vio desaparecer y sus lágrimas comenzaron a caer. — ¡Temari vuelve!

Corrió, corrió y siguió corriendo. La playa era infinita y lúgubre. Se dejó caer en la arena y se quedó sentado mirando el agua salpicar. Oyó que alguien se sentaba a su lado suavemente, era ella, lo sabía por su kimono rosa.

—Es extraño ¿No?

—Un poco... ¿Por qué desapareces? Me hace sentir extraño.

—Bueno... no tengo un cuerpo Ryu-chan... la última vez que te vi...

—No recuerdo mucho de ese día— le contestó él. —Siento como si algo muy malo hubiese pasado.

—Oh, no, no fue tan malo...— ella le sonrió. Sus ojos dorados no brillaban mucho, los recordaba carmesí. —Bueno, la verdad es que me sentí triste de separarme de ti... pero... algo se sintió muy lindo ese día...

—No comprendo, algo estoy olvidando Temari... No me dejes olvidarme de ti...— ella miró hacia el suelo, sus pies descalzos jugaban con la arena.

—Está bien Ryu-chan...


Touma se acercó lentamente hasta el templo. La veía allí entrenando y deseaba acercarse para aclarar las cosas, no contestaba sus llamadas ni tampoco los mensajes que le enviaba, se arrepentía de haberla lastimado y quería disculparse.

La vio mirarlo. Sus ojos verdes estaban cansados. Había estado llorando mucho. Quiso acercarse pero cuando dio un paso hacia adelante la vio reaccionar diciendo algo y un segundo después su guardián apareció ante ella para llevarla a alguna parte.

Huía de él puesto que la incomodaba muchísimo verlo, no podía dejar de pensar en el día en que él le había expuesto sus sentimientos de la manera más horrible que pudiera haber y además de eso enfrente de Shaoran. No conseguía eliminar de su mente la expresión de profundo dolor que había puesto él cuando le pidió que no continuara lastimando a su amigo. "Tal vez debí guardar silencio..." se reprochaba. Ansiaba regresar a sus brazos y que la reconfortara, que le dijera que todo entre ellos estaba bien, se miraran a los ojos y volvieran a recuperar la confianza de siempre.

Pero nada de eso sucedía. Había intentado reunir el valor para llamarlo pero le temía a su rechazo, tenía miedo de que dijera que debían hablar seriamente y pusiera fin a su relación. Justo como en el pasado. No, en el pasado no había sido él. La historia no volvería a repetirse ¿Cierto?

Se aferró al pelaje de su fiel guardián y se inclinó hacia adelante, tanto que su frente tocó el lomo de la criatura. Quería refrenar los deseos de llorar, se recordaba todo el tiempo que debía ser fuerte.

—Sakura, ¿Estás bien?— oyó decir a Kerberos.

—Sí, descuida.

—Verás que las cosas se solucionarán, no pierdas las esperanzas— sonrió contra el pelaje dorado de su amigo y se incorporó.

—Gracias Kero...

De repente algo le llamó la atención y volteó hacia atrás atónita. Cerró los ojos con fuerza al ver que en el tejado de una casa estaba su enemigo encapuchado junto con dos ánimas artificiales y le habían arrojado un ataque de oscuridad, fue un acto reflejo, pero su magia la protegió rodeándola de energía dorada. Sin embargo la forma en la que se evaporó en los aires, como si no tuviera fuerza, le indicó que lo mejor sería huir.

Kero intentó perderlos en su vuelo pero no fue lo suficientemente rápido, una esfera de energía oscura impactó contra el cuerpo de Sakura y la arrojó fuera de su montura.

— ¡Sakura!— exclamó el guardián yendo en picada a salvar a su dueña.

No pudo ser, dos ánimas la atraparon inconsciente y desaparecieron con ella.

Pero masculló un insulto y marchó rumbo a la residencia Li, allí encontraría ayuda suficiente para que fueran a rescatar a su dueña. Esperaba que lo hicieran a tiempo.


— ¡Vinna! ¡León!— lloriqueaba la mujer en el suelo. Sakura sentía su dolor a su lado, mirándola como la simple espectadora que era, pero la verdad era que le hubiese gustado decirle algunas palabras de consuelo.

Contempló sus alas negras y supo que algo andaba mal con ellas, aunque no consiguió descifrar bien qué.

Despierta ya...

Se dio vuelta para mirar atrás pero allí no había nadie, de todas formas no quería marcharse, quería ver como seguía la historia de aquella mujer. Algo le decía que era muy importante.

De una bofetada la trajeron a la realidad. Literalmente.

Abrió los ojos agotada y malhumorada, parecía ser que estaba en el suelo arrodillada. Intentó moverse pero sus manos tenían grilletes con cadenas unidos a la pared. Se preguntó si acaso moriría allí, en ese lugar oscuro.

—Reacciona de una buena vez...

— ¿Shaoran?— balbuceó, buscándolo. Deseaba verlo.

—Vamos, vamos— la sacudió alguien y quiso enfocar la vista.

El encapuchado estaba justo frente a ella. Lo miró con hartazgo a pesar de tener miedo, estaba sola e indefensa contra él.

— ¿Qué... quieres de mí?— consiguió preguntar. Tenía la boca seca.

—Te conocerá mi jefe... Así que por favor sé educada Kinomoto— la tomó por la barbilla, no podía apartar el rostro. — ¿Cansada? Pronto no sentirás nada... Te sacaremos hasta la última gota de magia, nada quedará de ti...

—Déjenme ir, no les he hecho nada...

—Tú me robaste todo— la acusó el desconocido una vez más. La aferró por la ropa y la acercó a su rostro.

Su piel era blanca y lucía muy sedosa, su mentón delicado estaba tenso y sus labios rojos apretados. La odiaba pero ella no entendía la razón.

—Bueno, bueno— dijo un tercero. —Tal parece que finalmente dimos contigo...

—Sí, señor— contestó el encapuchado. —La traje tal y como me lo pidió.

—Bien hecho— dijo la segunda persona. Sakura vio que también iba cubierto, se preguntó cuántos de ellos habría y si con las fuerzas que le quedaban sería capaz de enfrentarlos. Las cosas se veían mal.

El nuevo desconocido, el jefe, estiró su brazo para tocar su cabello pero una onda de energía dorada lo apartó. Al parecer su magia comenzaba a fortalecerse y la mantendría al salvo por el momento.

—No me tocarás— masculló Sakura, sabía que estaba siendo insolente pero no les permitiría matarla, lucharía.

—Al parecer no está tan debilitada como asegurabas— volteó a mirar a su subalterno. —Pensé que estaba más corrompida que esto...

—Bueno, no completamente, pero se la puede corromper más.

—De acuerdo, hazlo, quiero su magia lo antes posible...— Sakura se puso de pie e hizo ruido con las cadenas.

—Déjenme ir, no les he hecho nada...— ambos lo miraron, solo el jefe contestó.

—No, tú no, pero tu novio sí...— diciendo eso la dejaron sola en esa celda, se dejó caer al suelo vencida. Tenía que buscar la forma de salir de allí.


— ¿Cómo dices?— preguntó Eriol pasmado cuando Kerberos llegó a la casa diciendo que su dueña había sido capturada por el enemigo.

—Lo que oíste, se la llevaron, la golpearon con energía maligna y se desmayó en un segundo— la criatura gruñó. — ¡Rayos! ¡No alcancé a rescatarla en ese mismo momento! Nos tomaron por sorpresa.

—Calma, hay que buscar toda la ayuda posible, estoy solo aquí, vayamos a las oficinas Li, Shaoran tiene que saber esto.

El guardián tuvo que volver a su forma falsa para atravesar la ciudad junto con el inglés, se desesperaba con la lentitud con la que todo se llevaba a cabo allí. Al llegar tuvieron que esperar a que una recepcionista se comunicara con el jefe, luego de no dar con él se puso de pie y se marchó. Luego de lo que pareció una eternidad regresó informando que Shaoran Li se encontraba en el sector de la clínica y que les concedería el paso. Siempre dirigiéndose a Eriol claro, el peluche había permanecido inmóvil en los brazos del joven.

Descendieron en un ascensor y atravesaron los pasillos. Les tomó un tiempo encontrarlo, en su despacho no estaba, pero sí en la habitación donde su prima Mei Ling estaba recuperándose.

La chica se incorporó en su cama al ver sus semblantes preocupados, y el castaño se puso de pie, la presencia de Kerberos allí no le gustaba nada.

—Han capturado a Sakura— lo vieron palidecer y trastabillar hasta sentarse una vez más. Se cubrió el rostro con las manos.

—No... Por favor no...

—Tenemos que averiguar donde la tienen para ir a rescatarla...— propuso Eriol intentando hacer que el muchacho reaccionara.

— ¿Dónde...? ¿Dónde podrían esconderse?

—Cálmate mocoso y piensa— el guardián estaba molesto, el pánico en ese momento no ayudaba para nada. —Tienen un ejército de ánimas artificiales... No pueden encontrarse en cualquier parte.

—Es cierto, tiene que ser un lugar apartado, puesto que las ánimas artificiales deben mantenerse lejos del exterior, de Tomoeda— se acercó al líder del clan Li. —Tiene sentido, la barrera que protege la ciudad comienza en el templo Tsukimine, no pueden tocarla sin una brecha temporal... hay que buscar una...

— ¡Es verdad!— se puso de pie con rapidez, luego miró a su prima. —Mei Ling... ¿Quieres ir a casa? Ya estás bien... a no ser que no te sientas con fuerzas...

— ¡Claro que quiero ir a casa! Los esperaré allí... así que regresen con bien.

Pisar el acelerador no era difícil, la adrenalina ayudaba muchísimo a olvidarse de las leyes de tránsito. Llegaron a la residencia Li, dejaron a su prima a cargo de Hikari Ming y marcharon rumbo a las afueras de la ciudad. No había tiempo que perder.

Cuando comenzaron a divisar las afueras detuvieron un poco la velocidad, estaban en el sector más alejado del templo Tsukimine. El lugar se notaba más oscuro en verdad, y las presencias eran diferentes. Sabía muy bien que el anciano monje hacía todo lo posible por mantener la barrera protectora fuerte, pero con los años su poder disminuía y no toda la ciudad quedaba protegida de los espectros.

Tomoeda se encontraba en un punto en el cual muchas energías mágicas colisionaban entre sí, lo que provocaba que fuera un nido para los fantasmas y demonios, sin el templo era muy probable que se volviera una "ciudad maldita" y las personas se vieran obligadas a abandonar sus hogares. El caos que produciría algo así obligaba al monje de turno a mantener la barrera.

En aquel sector rodeado de nubes oscuras y con algunas casas abandonadas al parecer podían encontrar espectros con gran poder, aquellos que pudieron cruzar la barrera de todas maneras dado que allí estaba debilitada.

Detuvieron el automóvil al divisar una construcción, como una antigua mansión que estaba un tanto derruida, pero una presencia extraña provenía de allí. Se apearon y caminaron hasta allí, la entrada no estaba cerrada y la sensación incrementaba. Algo raro se escondía en aquel sitio. El lugar estaba sumamente oscuro, unas escaleras centrales polvorientas conducían a un segundo piso pero hacia allí no se presentía nada, la presencia estaba abajo. Avanzaron iluminados por el báculo de Eriol que resplandecía con su magia. Kero había tomado su verdadera forma.

Se adentraron en el lugar con los sentidos alerta. A ambos lados de las escaleras había un par de puertas, imaginaron que dirigían a dos habitaciones diferentes.

Shaoran les dijo que fueran por la de la izquierda y él se adentró por la de la derecha. Acordaron que gritarían si encontraban algo.

Cuando entró en el lugar se encontró con una especie de cocina antigua llena de polvo. La madera a sus pies crujía y hablaba de que abajo estaba hueco. Inspeccionó el sitio en busca de una puerta o unas escaleras pero no había nada.

Hasta que dio con la alfombra del suelo, estaba sucia y la luz mala del lugar le indicaba que tenía algunos motivos elegantes pero que casi no se apreciaban. La levantó cubriéndose la nariz, una polvareda se levantó sobre él pero pudo ver la puerta de madera que conducía a una escalera vertical hacia abajo. Allí debía haber algo. "Espera por mí Sakura."

— ¡Lo encontré! ¡Aquí!— llamó mientras abría la puerta y comenzaba a descender. Con calma pero al mismo tiempo estaba acelerado, se instaba a mantener la mente fría para no cometer errores que pudieran acabar con su vida, o con la de ella... rogaba a cuanta divinidad se le ocurriera que estuviera a salvo, si la hallaba herida o algo peor... se volvería loco de angustia.

Recordaba la última vez que la había visto con demasiada tristeza para su gusto y, si bien aún continuaba herido, no permitiría que esa fuera la última ocasión. Porque nada había cambiado, la amaba como a nada y quería una vida a su lado. La sacaría de aquel lugar horrible, hablarían y arreglarían las cosas.

El guardián y Eriol lo alcanzaron y descendieron junto con él. Sintieron que atravesaban una especie de barrera, definitivamente era la brecha temporal, si sus poderes hubiesen estado debilitados no habrían podido atravesarla. Abajo estaba más oscuro si era posible, volvieron a iluminar con magia y se encontraron con un largo sótano lleno de celdas. Se acercaron a una de ellas para mirar de cerca, la oscuridad reinante era abismal.

Lo que vieron allí los dejó pasmado.

Dos, no, incluso más que dos docenas de ánimas estaban encerradas allí, todos de pie e inmóviles, parecía un pequeño ejército de ellas y si llegaban a ser liberadas estarían en graves problemas. El inglés inspeccionó las demás celdas y se encontró con lo mismo, el lugar estaba lleno. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué tanto ensañamiento en crearlas? Les daban lástima, los traían al mundo con el único fin de luchar, ni siquiera les permitían tener mente propia. ¿Qué mente perversa las estaría controlando?

—Cielos... qué alarmante...— murmuró Eriol mientras avanzaban hacia adelante, el lugar parecía no tener fin. Sin mencionar que las ánimas parecían ser infinitas. —Les han dado cuerpos a todas... ¿De dónde los habrán sacado?

—Imagino que tiene que ver con las desapariciones que han sucedido en varios países de oriente, algo me dice que lo que pasó con Tian Fu también tiene que ver con eso— contestó el castaño serio.

—Qué escalofriante... estar sellado de por sí es malo, no imagino estar atrapado en un cuerpo extraño y que no obedece lo que le pides...— comentó Kero perturbado.

Avanzaron un poco más. Una sombra en el final de la habitación se movía como si estuviera cambiando de forma. Se pusieron alertas. Cuando acercaron la luz hacia los ruidos divisaron a una alta criatura con pelaje negro. Parecía un humano hasta que vieron su cola de León y esa melena oscura que le caía hasta los hombros. También poseía garras largas.

—No les permitiré avanzar— lo oyeron. El castaño dio un paso hacia adelante, notablemente enojado.

—Tú no me vas a impedir acercarme— lo apuntó con el arma. —Apártate o te destruiré.

—Shaoran— Eriol tanteó su hombro. —Vete, nosotros nos ocupamos.

—Se han metido con mi dueña— dijo Kero llenando su boca de fuego, lo lanzó para apartar a la criatura. Shaoran aprovechó el momento para levantar la compuerta del suelo y descender un poco más.

Eriol movió su báculo y atrapó al ánima en un millar de ramas y hojas. No era tan poderoso como Clow, pero había heredado muchos de sus poderes, por lo tanto la misma magia de las cartas. Esa versión de Bosque era más débil por supuesto, pero igual de efectiva para inmovilizar oponentes.

—Ahora— dijo y lo miró fijamente. —Queremos respuestas— Kero le saltó encima y lo amenazó con morderle la yugular si no hablaba.

— ¡Ja!— rió el ánima león. —Como si funcionara, adelante, mátenme, de todas maneras jamás lograrán que traicione a mi maestro.

—No tenemos tiempo para juegos— aclaró el inglés. —Nuestro compañero puede llegar a matar a tu maestro en este instante.

—No será capaz, sabemos perfectamente con quien estamos tratando.

—Oh, no lo creo, se han metido con lo único que le interesa en esta vida...— los ojos azules del joven lo atravesaban como dagas. —Dudo mucho de que le perdone la vida si le hicieron algo.

De hecho Shaoran intentaba controlar la ira que sentía. Había descendido un piso más y todo estaba más oscuro allí si acaso era posible eso, juzgó prudente avanzar con cuidado a oscuras. Oía unos murmullos la final del pasillo, no estaba solo.

De repente se iluminó todo a su alrededor, la persona encapuchada lo miraba sentada en el suelo, amenazaba el cuello de su novia con un kunai, parecía tener mucha confianza en sí mismo. Sintió que le faltaba el aire pero controló sus emociones, ella sentiría su ira y dolor, debía mantenerlos lejos de su mente.

—Vaya, vaya... No esperaba que nos encuentres Shaoran...— oyó decir al enemigo. —Quiero decir, no tenía planeado devolvértela.

—Déjala en paz, aquí me tienes, solo no la lastimes— lo vio ponerse de pie como sorprendido.

— ¿Harías cualquier cosa con tal de evitar que yo la lastime?— el joven dudó un segundo y luego asintió. Sakura comenzaba a recobrar la consciencia al haberse apartado el desconocido.

— ¿La dejarías?— dio un paso hacia adelante. — ¿Volverías a ser el de antes?

— ¿Por qué te interesa? ¿Qué quieres?

—Te quiero a ti— se acercaba a él lentamente.

—Shaoran...— susurró Sakura débil.

— ¡No interfieras!— gritó el enemigo lanzando un kunai hacia la chica. Rozó su mejilla pero no la hirió.

— ¡No!— dijo el castaño. —Si la lastimas te mataré.

—Sé que tu no me lastimarías... — le tomó el rostro para apreciarlo mejor. —Eres tan perfecto...

Sakura se puso de pie con dificultad, la escena que se llevaba a cabo frente a sus ojos era inverosímil. ¿Aquella persona sentía algo por su novio? Se le revolvió el estómago de solo pensarlo.

—Deja ir a Sakura y me quedo aquí contigo.

—Oh Shaoran...— el encapuchado apoyó su frente en el pecho de él. —Claro que sí...

—Bien, la liberaré entonces— su voz denotaba cautela, aquel sujeto estaba demente, no arriesgaría la vida de la mujer que amaba por sus locuras.

El extraño lo sujetó por la ropa para evitar que fuera hacia ella, se sintió desfallecer cuando se lo impidió, quería abrazarla y asegurarle que todo saldría bien.

Lo vio acercarse a su novia y tirar de sus cabellos para hablarle cerca del rostro. Dio un paso adelante pero el encapuchado lo miró.

—No Shaoran... Sé que eres bueno y gentil pero mientras ella exista no podremos ser felices.

—Déjala ahora...

—No querido— la aferró por el cuello. —Di que me amas y se terminó todo esto— al verlo dudar apretó un poco más a la joven de ojos verdes. — ¡Di que me amas o la mato aquí mismo!

Sakura tomó fuerzas de donde no tenía y dio una estocada al aire para apartarlo, había tomado el kunai que antes le había arrojado el sujeto. Este dio un salto para alejarse del golpe.

Shaoran aprovechó el momento para correr hacia su novia y liberarla, el enemigo le arrojó algunas shuriken para impedírselo pero la espada del joven le sirvió como escudo para apartarlos. Llegó hasta Sakura y rompió sus cadenas ante el pasmo del encapuchado, la abrazó con fervor y la examinó para comprobar que no estuviese herida. Sus hermosos ojos lucían cansados pero felices de verlo. Quiso decirle tantas cosas pero en ese momento no podían hablar.

— ¡No! ¡Suéltala ahora!— exclamó el extraño cubriéndose el rostro con las manos. —No te atrevas... no te atrevas a tocarla frente a mí, no la abraces justo frente a mí... Esa bruja te ha hechizado...

—Lo siento, pero no tengo interés en permanecer contigo— la apuntó con el arma. —Te arrepentirás de haber puesto tus manos en ella...

—No... Tú nunca me lastimarías... lo sé— parecía que lloraba.

—No tienes idea de lo que soy capaz de hacer por Sakura.

—Pero...— una flecha dorada atravesó su capucha, destrozándola y haciendo que caiga hacia atrás. Sus cabellos castaños se alborotaron un poco pero no dejaron de lucir sedosos y brillantes. Sakura lo había hecho, después de todo, si esa persona hablaba así significaba que era alguien que ellos conocían, pero no se esperaba lo que vio.

Ambos permanecieron atónitos. Más bien los tres. La persona que allí estaba se tomó la mejilla para comprobar lo que ya sabía: su rostro era totalmente visible. La odiaba, la odiaba muchísimo, le había robado su amor, le había robado la oportunidad de estar junto a él y, en ese momento, le robaba el poco afecto que seguro sentía por ella. Shaoran la detestaría.

—L-Lei...— lo oyó balbucear, no se atrevió a mirarlo a los ojos. Solo huyó por las escaleras tan rápido como pudo, incluso sabiendo que nadie la seguía.


Se preguntaba si tardarían mucho en llegar, ya era tarde. Miró el reloj a su lado sin poder quedarse quieta, eran las 2:00am. Aún no sabían nada de ellos. Ya había tomado dos tazas de té y la señora Hikari le traía una tercera, se la veía muy calmada a pesar de todos los problemas.

—Muchas gracias— dijo Mei Ling cuando tuvo la taza frente a ella. —Puede ir a descansar si quiere señora, no es necesario que me cuide.

—Yo quiero hacerlo— le contestó sentándose a su lado. —Te debo la vida de mi hijo... o bueno, su cordura al menos... lo recuperé gracias a ti.

—Por favor no me debe nada, yo solo quería...

—Lo sé— la sonrisa de la mujer la confortó. —Me alegra mucho que quieras a Ryu tal y como es.

—Yo...— la joven se ruborizó, apretaba su falda. —De verdad que sí, quisiera... quisiera poder hacer más...

—Pero haces demasiado, créeme— Mei Ling se inclinó hacia adelante cubriéndose el rostro. No quería llorar pero un vacío interno la ahogaba desde que se había enterado de que el guardaespaldas estaba inconsciente.

—Él... no sé qué hacer, quisiera saber a qué se refería él cuando habló de Temari... no sé quién es ella pero le tengo tanta envidia... con solo nombrarla logré que tuviera una reacción...— sintió que Hikari colocaba una mano sobre la de ella y la miró con lágrimas en los ojos, sorprendida. Le estaba sonriendo en verdad feliz.

— ¿Por qué no subes?— propuso. —Ve con él, toma su mano, estoy segura de que te necesita.

—Pero... ¿No lo molestará?

—Para nada, es algo que solo tú puedes hacer, así que por favor, te lo encargo mucho— la chica asintió y se dirigió al piso superior. Se moría por verlo.

Al estar frente a la puerta temió por lo que vería, imaginó que lo encontraría despierto pero ¿Tendría pesadillas? Descansaría pacíficamente, apenas había despertado le había preguntado a su primo por él, le había dicho que el sello solo lo encerraría en su mente, como si estuviera soñando. ¿Estaría con ella? ¿La pensaría seguido? Le temía un poco a las respuestas.

Tanteó el picaporte y abrió. Estaba recostado boca arriba y cubierto con el edredón. Algo en él estaba mal, lo notó pálido pero no era eso, algo en la habitación se sentía raro. Lo que ella no podía ver era que unas ondas oscuras se arremolinaban alrededor de Ryu, lo mantenían sumido en sus recuerdos. No poseía magia por ende no lo podía ver.

Se acercó para verlo mejor, se arrodilló junto a su cama y le acarició la mejilla. Lucía tranquilo, pero quería ver sus ojos y decirle lo mucho que lo amaba, también quería escucharlo de él. No supo la razón, pero le dio mucho sueño, se apoyó en su pecho y cerró los ojos.

No tardó en dormirse.

Abajo Hikari recibía al dueño de casa, a su novia, a Eriol y a Kerberos. Habían llegado algo cansados y les sirvió té. El inglés se excusó y subió directamente a su habitación para descansar, usar sus poderes demandaba gran cantidad de energía. Solo quería dormir.

La pareja se sentó en un sofá uno al lado del otro, no hablaron mucho, tampoco consideraban que fuera el momento pero al menos estaban juntos. El guardián se acomodó sobre la alfombra y bostezó, también estaba algo cansado.

—Me gustaría hablarles de algo...— dijo Hikari. —En este momento Mei Ling está con mi hijo, hablo de su mente.

— ¿Cómo?— inquirió Shaoran serio.

—Le pedí que fuera a verlo, su magia debe de haberla absorbido ya... y debe estar con él, allí lo verá todo y, tal vez, Ryu podrá salir...— ante el silencio de los presentes añadió: —Quiero contarles a ustedes también, hay cosas que no sabes Shaoran, todo lo que pasó con él... porque... porque tengo que pedirles un favor...

Sakura y Shaoran se miraron inquietos pero asintieron, esperando oír aquello.

La historia de Ryu.


Notas de Autora.

Hola a todos! Qué rápido se me pasó esta semana! Por partes me trabé y por partes no podía dejar de teclear jajaja por fortuna no demoré demasiado y aquí les traigo recién salidito del horno el nuevo capítulo que espero les guste! Algo de emoción, romance y misterio! Toda una novela (?) Jaja Ok! Debo agradecer a mi comentarista Merly que leerla siempre me da muchos ánimos para seguir escribiendo, espero me acompañes hasta la finalización y que sigas comentando gracias gracias gracias! Y gracias a ti si estás leyendo esto, te invito a que comentes para hacerme saber si te gustó la historia o si te quedó alguna duda rondando... no seas tímido, no pido mucho (?) Sin más, los dejo con la historia, que lo disfruten, nos leemos!

Cuenta regresiva: 4 capítulos y contando...