—No se lo he contado a nadie... Solo a Ryu— suspiró. —Espero no me juzguen duramente, lo único que les voy a pedir es que tengan en cuenta lo mucho que amo a mi hijo por quién es...
La pareja asintió atenta.
Mei Ling abrió los ojos en un lugar muy extraño. Parecía una playa, la arena bajo sus pies era oscura, también el mar. El cielo tenía varios colores, púrpura, marrón, gris, ocre y verde se arremolinaban sobre ella.
Caminó por el lugar hasta encontrarse con alguien. Era él, sentado y abrazado a sus rodillas, mirando hacia el agua como absorto. Corrió a él esperando que la mirara, pero no lo hizo.
—Hola Temari...— dijo. Ella no contestó. — ¿No me saludas?
— ¿A mí me hablas?
—Sí, a ti.
—Um... Hola.
— ¿Tímida?— al no tener respuesta palmeó el suelo a su lado. —Ven, siéntate Temari, quiero que platiquemos un momento.
Estaba confundido ¿Cierto? No entendía por qué la llamaba así, imaginó que en ese sitio apartado de la realidad no existía Mei Ling, solo Ryu y Temari, por lo tanto era probable que él no tuviera idea de quien era. Respiró profundo para alejar el llanto que se le anudó en la garganta y avanzó hacia él, se sentó a su lado con calma y miró justo a donde él lo hacía. Algunas imágenes se reflectaban como en una pantalla de cine, una muchacha de kimono rosa le hablaba sonriente a un jovencito. Ryu de adolescente.
—Quiero entender tantas cosas...— susurró.
—Te lo explicaré, lo no hice en su momento, pero ahora lo haré... te lo debo...— lo vio extender la mano al frente como queriendo atrapar los recuerdos que se veían allí. —Te confesé que soy un ánima pero ¿Sabes? No soy una corriente.
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—Deseábamos con todas nuestras fuerzas tener un hijo— explicó Hikari a los presentes. —Después de años de buscar... conseguí quedar embarazada, Shen y yo éramos tan felices... por fin podríamos tener la oportunidad de criar a un pequeño fruto del amor que nos tenemos... fue un embarazo complicado, en varias ocasiones pensamos que lo perdíamos, pero finalmente llegó el día de dar a luz...
Shen aguardaba en la sala. Dado el riesgo del embarazo habían llamado a los médicos y su hijo nacería en la casa, su esposa era feliz, quería tenerlo allí. Pero en verdad él se estaba desesperando, le habían dicho que no podría estar presente, que lo mejor sería que aguardara afuera. Se había sentado, puesto de pie y vuelto a sentar varias veces, no quería pensar en lo que su esposa debía de estar sufriendo en ese momento, y él no era de ninguna ayuda.
Les había costado mucho engendrar a ese bebé. Llevaban seis años de matrimonio y cuatro atrás habían comenzado a hablar de hijos, pero no fue posible. El día en que ella le confesó que había quedado embarazada le provocó el éxtasis más grande de todos, por fin podría hacerla feliz y tener un hijo que se lo hubiera dado ella. Todo era perfecto.
Las complicaciones posteriores no ahogaron sus esperanzas y finalmente había llegado el día. Ese día recibirían a Ryu, un niño, el hijo de ambos.
Después de lo que pareció ser una eternidad salieron los dosparteros. Se puso de pie por milésima vez para recibirlos esperando las noticias. Oyó lo que le decían como si fuera parte de un sueño narcótico y se quedó inmóvil. Los embarazos de riesgo tenían la particularidad de complicarse en el parto le explicaban, que no era culpa de nadie y que lo mejor sería que fuera a acompañar a su esposa que estaba muy angustiada.
Su hijo estaba muerto. Se había enredado con el cordón umbilical y ahogado.
Avanzó por el pasillo hasta la puerta de la habitación, ella estaba adentro. Se percató de que había llorado cuando parpadeó antes de entrar, quería aclarar su mente.
Abrió, pero adentro no había nadie. La cama revuelta le indicaba que antes sí, pero en ese momento estaba vacía. Corrió gritando su nombre por toda la casa. ¿Dónde estaba?
— ¡Hikari! ¡Hikari!— llamó con las lágrimas bañándole el rostro. — ¿Dónde estás?
Sintió su magia antes que otra cosa. Era fuerte. Corrió en esa dirección, conducía hasta el sótano.
— ¡Devuélvemelo!— gritaba ella. Divisó el brillo cegador debajo de la puerta. La onda de energía que emanó de allí le impedía acercarse lo suficiente para abrir la puerta. — ¡Es mi hijo!
— ¡Hikari abre! ¿¡Qué haces!?
Un llanto ensordeció todo, pareció que a su sonar todo regresó a la normalidad. Rompió dentro de él una vez, aquella voz infantil que clamaba por atención era enternecedora pero lo aterró también. Avanzó con paso lento y tanteó el picaporte. ¿Qué habría allí?
La encontró tirada en el suelo, sobre un símbolo que al parecer había dibujado. El llanto era más potente allí. Sujetaba algo que se revolvía en sus brazos, como queriendo ser libre. La tomó en brazos. El hijo de ambos estaba allí. Vivo.
—Lo siento...— la oyó decir, estaba llorando. —Pero... lo quiero... yo...
— ¿Cómo?
—Invoqué un ánima...
— ¿Qué?— miró al niño que continuaba llorando, comenzó a llorar también sin poder controlarlo, lo arrulló y lo besó en la frente humedecida, alrededor de su cuello se había generado el colgante con la chapa dorada que lo mantenía en ese mundo como una persona viva, podía leer el nombre que le había dado su esposa. Ryu. Se lo quitó enseguida y lo ató a su muñeca. —Oh Hikari...
—Es nuestro hijo...
Fin de la canción.
— ¿Artificial?— consiguió preguntar Shaoran atónito por la historia de la mujer. Eso era algo que él no sabía de su guardaespaldas. Sakura a su lado se cubría la boca y no podía parar de sollozar, la historia era triste sin duda.
—No, una ya existente... como sabrán, no se puede elegir a cuál invocar— el semblante de la señora Ming estaba ensombrecido. —Hice un contrato, a cambio de que le otorgara vida a mi hijo... él tendría un cuerpo, lo que no sabía era que esa ánima había pertenecido a un demonio... uno horrible... uno que había sido un humano alguna vez, un hombre despreciable sediento de lujuria que en búsqueda de poder le entregó su alma a un demonio con forma de serpiente, asesino de jóvenes doncellas...
—Por todos los cielos...— suspiró el castaño, aún estaba sorprendido.
—Lo supe al poco tiempo, la energía que en él habita no es normal después de todo, yo como su maestra la podía percibir— explicó. —Era muy pequeño para que él pudiera despertar, no le otorgaba las energías suficientes para ello... la persona que hoy todos conocemos como Ryu es esa personalidad que nosotros criamos como un niño normal, apartado de él,es por eso que se descontrola...
—Todo cobra sentido...— el joven rodeó a su novia con el brazo para calmarla un poco, la había conmocionado la historia. Le gustó que se aferrara a él, como si lo necesitara, se permitió disfrutar de su calor.
—No termina ahí la historia por supuesto— continuó la mujer.
— ¿Significa que...?— balbuceó Mei Ling ante lo que le había dicho el joven guardaespaldas. Se sentía perdida pero una calidez en su interior comenzaba a crecer.
—Exactamente, yo...
—Eres un humano— esa afirmación tan llena de alegría y de esperanza sorprendió tanto al joven que volteó a mirarla. Cuando cruzaron miradas permanecieron viéndose el uno al otro durante más tiempo del que les pareció.
—Tus ojos... son distintos a como los recuerdo— miró al frente para visualizar los recuerdos de la jovencita de kimono. —Esa Temari los tiene dorados...
—Los míos no son dorados Ryu...
—Y además ella nunca me ha llamado así... a pesar de que lo quise— volteó a ver a Mei Ling como confundido. —Tú eres la Temari que yo amo...— escuchar esas palabras fue como un puñal en el corazón, o estaba tan confundido que no las diferenciaba o esa confesión de amor en verdad era para ella. Le hubiese gustado saber pero no era el momento, se movió hasta poder quedar sentada a pocos centímetros de él y tomó su rostro para mirarlo, con lágrimas en los ojos.
—Eso no importa ahora Ryu... eres humano...
—No, no soy humano, soy un monstruo Temari.
—No, no lo eres— lo abrazó llena de felicidad. Él la rodeó también y la apretó contra sí, aliviado por el contacto cálido.
Ella era a la que estaba esperando, la otra Temari se había vuelto fría y no lo miraba con la calidez desmedida que le alcanzaba el corazón. La que lo abrazaba y lo trataba como a un igual era la que le importaba pero en algún lugar lejano en su mente no soportaba la idea de perder a la de ojos dorados. Dos Temari. ¿Dos? ¿Desde cuándo eran dos? Se sintió extraño, tanto que se separó del abrazo para mirarla bien.
La inspeccionó con cautela. Su piel blanca y cremosa, su cabello larguísimo de un negro brillante, sus ojos carmesíes... Allí radicaba el problema... nunca habían sido de ese color.
— ¿Mei Ling?— balbuceó.
— ¿Me reconoces?
—Sí— contestó él. — ¿Cómo es que estás aquí? ¿Eres un recuerdo?
—No, en verdad estoy aquí Ryu...— la volvió a abrazar, con un poco más de suavidad esta vez. Temblaba un poco, le temía a su juicio, le había hecho un daño terrible pero ella continuaba allí cuidando de él.
—No sé qué puedo decir para convencerte de que continuar a mi lado es la mejor opción...— susurró. Sintió que ella lo rodeaba con los brazos. —Debí haberte dicho de ella antes...
—Dime ahora— lo miró a los ojos sin soltarlo, estaban muy cerca. —Nómbrala Ryu, vamos, afróntalo...— él apartó la mirada y volteó a ver al frente una vez más.
—La conocí cuando tenía casi dieciséis años, era un chiquillo, habíamos venido a Japón por trabajo de mi padre, no recuerdo bien cuántos meses fue que nos quedamos en Tokyo— como si el sitio oyera comenzó a reflejar el día en que ambos se habían conocido, Mei Ling miró al frente para prestar atención a lo que se proyectaba mientras escuchaba a Ryu. Él la veía perfecta, a su parecer lucia radiante en las imágenes. —Me tenía loco en verdad, solo pensaba en ella... Nos volvimos muy amigos pero, a pesar de lo que yo sentía, ella me veía a mí como a un hermano pequeño que la divertía y la hacía sentir humana... es irónico que por ese entonces yo era el que se había convertido en un humano gracias a ella.
—Eres humano— afirmó Mei Ling seria. Ryu sonrió cerrando los ojos, qué bien se sentía estar con ella.
—A pesar de todo continué siendo su amigo, su maestro la había traído al mundo para reemplazar a una persona que había perdido, nunca me dijo quien pero al parecer no cumplió las expectativas del sujeto y la liberó. Un día me di cuenta de que Temari no mantenía su forma y que parecía desaparecer, me asusté mucho y cada vez que pasaba volvía muy tarde a casa porque la buscaba por toda la ciudad de Tokyo... Le propuse buscarle un cuerpo para que no desapareciera, era un ánima débil, sin magia o habilidad alguna, le costaba retener cierta información, necesitaba de un maestro... Se lo iba a pedir a mi padre cuando hubiésemos encontrado un cuerpo para ella, los del cementerio no estaban en buen estado, tendríamos que esperar a encontrar uno que estuviera recién fallecido... pero nunca pasó...— él pareció perderse en sus recuerdos una vez más, se había quedado pensativo y no la miraba, la chica le sacudió el hombro para hacer que continuara a su lado.
—Ryu, continúa.
—Nos desmotivamos mucho ciertamente, ella aún más, así que...— la expresión angustiada que puso el guardaespaldas evidenciaba que no le gustaría lo que iba a escuchar. —Así que yo... no tuve mejor idea que... que buscar la forma de animarla... a ella le gustaba saber del mundo de los humanos y la magia la atraía muchísimo, la divertía haciendo pequeños trucos para ella... solo para verla feliz...
Mei Ling miró al frente para ver lo que pasaba. La historia que le contaba le parecía sumamente triste. ¿En verdad había afrontado toda esa tristeza? En ese momento comprendía muchas cosas.
— ¡Temari!— la saludó cuando la vio de pie en el parque. — ¡Hola!
—Hola Ryu-chan— no le sonrió, eso le dolió pero sabía que estaba algo triste, por eso la animaría.
—He sabido de algo que te encantará Temari— le dijo emocionado, captó su atención. —Hoy ha venido a la ciudad un monje sumamente importante, Hajime Takeda es su nombre y dicen que es el más poderoso de Japón, que su magia es tan fuerte que ningún espectro ha sobrevivido a una batalla con él, ni siquiera el demonio más fuerte.
— ¿Espectro?— inquirió ella confusa, ladeó la cabeza como un cachorro, era muy tierno.
—Sí, espectro, un espíritu no purificado— le explicó apiadándose. —Los únicos seres sobrenaturales que no se consideran espectros son los familiares de los monjes o las sacerdotisas, aquellos que han recibido la purificación de sus maestros.
—Oh, ya veo...
—Y hoy estará su excelencia aquí cerca, hará un exorcismo, ¿Te gustaría ir a ver?— la vio sonreír y asentir. Contento sacó de su bolsillo un objeto que había tomado de la alcoba de sus padres sin que se dieran cuenta, sabía de su utilidad. Se lo enseñó.—Mira, este pendiente sirve para encerrar ánimas Temari.
— ¿Encerrar?— preguntó la chica preocupada.
—No, no como una prisión— se rió.—Es como un refugio, una pequeña casa— ella lo miró con detenimiento.
—Oh... tiene una bonita piedra verde...
—Sí— Ryu se lo colocó en la palma de la mano y lo tendió a ella.—Si vamos a ir a ver a Takeda—dono tienes que entrar aquí Temari, él te puede ver puesto que eres un ánima.
— ¿Y a ti no puede verte?— el muchacho le mostró el colgante que llevaba en el cuello, una chapa dorada decía su nombre en chino.
—Esto tiene una protección muy fuerte, nadie puede ver que soy un ánima Temari... yo estaré bien créeme— volvió aguardárselo. Luego la miró un poco ruborizado y sacó de su bolsillo otra cosa, lo había hecho para ella el día anterior, para infundirle confianza. —Ten— con las mejillas coloradas le entregó un colgante idéntico al suyo, decía "Temari" en caracteres japoneses. —Sé que no tiene los poderes del mío pero... tiene un poder muy especial...— ella lo miraba con total curiosidad. —Se dice que si lo recibes de una persona que quieres mucho entonces su poder te protegerá para siempre... así que no tienes porqué preocuparte—la muchacha asintió emocionada.
—De acuerdo— contestó ella, con una luz brillante el arete la absorbió. Él se lo colocó en la oreja para poder oírla si le hablaba y marchó rumbo al sitio donde estaría el monje. Caminó por las calles con prisa, el cielo se había nublado y parecía que fuera a llover.
Llegó a una casa antigua, su estilo tradicional era poco común en Tokyo así que Ryu se permitió apreciarla un momento antes de continuar. El muro de madera que rodeaba la construcción se mantenía en buen estado, era alto pero podía saltarlo fácilmente, claro que no lo iba a hacer, no quería que pensaran que era un delincuente que entraba al lugar. Optó por rodear la residencia, un árbol que crecía a su lado era lo suficientemente alto como para que pudiera ver la entrada, se trepó hasta una rama que se desviaba dentro de la propiedad, por fortuna las hojas lo cubrían bien.
El monje se encontraba hablando con una señora mayor que vestía un kimono, no oyó lo que decían pero por las expresiones de la mujer le estaba contando algo que la asustaba. Su excelencia tenía la cabeza afeitada y su atuendo era extraño, era una túnica pero creyó que lo vería en hakama por lo tanto se sorprendió un poco, tal vez su majestuosidad fuera increíble. Algo que le resultó curioso era que tenía los ojos vendados con un paño negro en todo momento. ¿Sería ciego? Dos hombres con coleta lo acompañaban, ellos sí vestían hakamas, probablemente eran aprendices. Los tres llevaban colgado un arco a la espalda, con la única diferencia que el del señor Takeda era magnífico, enorme, de color azul y los bordes curvos parecían de oro.
Vio que la mujer salía de la casa a paso rápido y que el monje colocaba tres pergaminos sagrados en la puerta del lugar. Acto seguido una criatura oscura apareció sobre la casa, era una figura amorfa que flameaba como si se deshiciera. Una boca horrible se abrió grande para soltar un quejido.
— ¿Estás viendo esto Temari?— preguntó.
—Sí...— su respuesta sonaba totalmente abstraída, lo complació enormemente.
Los acompañantes del monje apuntaron a la criatura y dispararon. Con un luz que brilló en el cielo lo vieron desaparecer en un millón de destellos. Había sido increíble.
—Wow— dijeron Ryu y Temari al unísono y se rieron después.
—Ha sido genial...
Un flechazo los silenció. Había rozado a Ryu y atravesado el arete, que se había roto en mil pedazos. El joven miró hacia abajo y descubrió al monje apuntando una segunda flecha hacia donde estaba. ¿Podía verlo a pesar de tener los ojos vendados?
— ¡Temari,Temari!— exclamó buscándola. Ella apareció a su lado y se permitió aliviarse. Bajó de un salto del árbol y le hizo una reverencia al hombre a modo de disculpa. Le preocupaba la seguridad de la joven ánima que lo acompañaba. —Lo siento mucho su excelencia, su nombre es muy reconocido solo estaba...
—Calla. No me alabes criatura del mal— lo oyó decir antes de disparar otra flecha. Ryu se arrojó a un costado para evitar el disparo, le había rozado la camiseta, permaneció en el suelo mirando al hombre, pasmado. ¿Era capaz de ver su naturaleza? No, era imposible, nadie podía verlo. "Ryu este colgante te protegerá de todo, esconderá tu energía sobrenatural y nadie podrá ver otra cosa que no sea un humano corriente."
—Solo un gran poder...— murmuró recordando la advertencia de su madre. ¿Qué iba a hacer? Él era muy débil para pelear con un hombre así. Tuvo miedo, moriría allí. No quería morir.
— ¿Cómo alguien te atreves a poseer un cuerpo humano criatura?— tensó el arco una vez más, decidido a eliminarlo. Ryu se arrastró hacia atrás sin dejar de mirar al hombre, sus ojos cubiertos lo veían, de eso estaba seguro, parecían atravesarlo, lo sentía en su ser. —Eres un monstruo...
— ¡No!— gritó Temari interponiéndose entre su amigo y el monje. El hombre apartó el arma pero su ceño no se suavizó. —Ryu-chan es bueno...
— ¿Tú qué puedes saber espectro? Él ha corrompido a un ser vivo.
— ¡No! ¡Ryu-chan es bueno! ¡Es el más bueno de todos! ¡El único que se ha quedado conmigo! Así que... por favor no diga que es un monstruo...— los asistentes del hombre sacaron un par de pergaminos sagrados y se los arrojaron. Una descarga la cubrió y cayó al suelo adolorida.
—Temari no...— balbuceó Ryu aterrado, no podía moverse bien pero se puso de pie sintiendo que las piernas le temblaban, estaba enfrentando algo que lo superaba.
—Te ha llegado la hora criatura— el arco del monje se tornó una alabarda afilada. Ryu corrió para evitar el golpe que se aproximaba, aprovechó que le monje le dio la espalda y fue contra sus dos acompañantes. Golpeó a uno con un puño iluminado de azul y luego al otro, se le daba bien la velocidad y eso le dio más confianza. Ambos cayeron inconscientes. Con la respiración agitada miró al monje, él no sería tan sencillo de derrotar, no creyó tener oportunidad. Debía buscar la forma de que pudieran huir con Temari.
—No, aún no— vio al hombre aproximarse con la alabarda en manos, se preparó para evadirlo pero antes de poder moverse lo vio sacar un pergamino y arrojárselo, cuando el papel lo tocó sus pies se volvieron de piedra. Era su fin, no podía moverse. Pudo ver con horror como la lanza se aproximaba.
Nunca logró tocarlo.
Una cascada de cabellos negros se había interpuesto entre ellos. El arma había quedado incrustada en su pecho, no había sangre, de hecho el hombre parecía sorprendido de que la hubiese atravesado como si fuera corpórea, tanto que había soltado la alabarda y retrocedido. Era un ánima artificial, un ser sin valor espiritual que no merecía el descanso eterno pero que por la obstinación humana estaba en el mundo y en ese momento... la había exorcizado.
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Ryu continuó en su lugar. Miraba lo que sucedía frente a él como si fuera en cámara lenta.Temarivolteó a mirarlo, le estaba sonriendo pero se dio cuenta de que sus ojos contenían lágrimas. Su figura se estaba deshaciendo, como un millón de brillos desaparecía de ese mundo.
—No... no...Temari...— murmuró, al borde del llanto.
—Ryu-chan... no estés triste...
—NoTemari... no me dejes...
—Ryu-chan... tú no eres como yo— el chico comenzó a llorar sin consuelo. —Tú eres distinto...
—No... no...— extendió el brazo como si pudiera alcanzarla, ella apoyó su mano en la de él y entrelazaron los dedos. Parecía flotar allí justo frente a él mientras le sonreía como nunca antes, en ese momento supo que jamás la olvidaría, que la recordaría para siempre y que lotorturaríasu recuerdo como una herida que no sanaría. No quería que se vaya. Algo en él gritaba. —Por favor... no me dejes...
—Escúchame por favor Ryu-chan...— se acercó ayudándose del agarre hasta poder tenerlo muy cerca, se acercó a su oído para susurrarle. — ¿Sabes? Siempre he pensado que la vida es maravillosa, tantas sensaciones y sentimientos nuevos... Tú me enseñaste la calidez que puede ofrecer un humano... Así que no seas tan duro contigo mismo...— su voz parecía debilitarse, su figura casi no se distinguía con la claridad del día. —Tú... no... eres... como yo...
Desapareció. Estalló en un millar de brillos rosados. Su alma descansaría en paz.
Fin de la canción.
Ryu, estático, continuó mirando el lugar sin comprender bien lo que sucedía. Algo muy dentro de él parecía explotar y querer destrozar todo lo que tuviera a su paso. Claro que no era consciente de eso, en su mente solo rememoraba los últimos segundos de la que había sido su mejor amiga. A sus pies el colgante que le había regalado había caído, sería una estaca clavada en su pecho por siempre.
—Temari...— susurró llorando. Cerró los ojos con fuerza y dejó salir la ira. — ¡TEMARI!
El guardaespaldas tomó a la joven de cabello negro y la abrazó una vez más, no solo porque necesitaba el contacto sino porque quería evitar que ella viera lo que sus recuerdos le mostrarían. No deseaba que viera esa parte de él por nada del mundo, después de todo ¿Qué pensaba ya de él? No se arriesgaría a mostrarle lo demás.
—No veas— le dijo. —No quiero que veas en lo que me convertí ese día...
— ¿Qué pasó después?— la oyó preguntar.
—Me descontrolé por primera vez en mi vida... tomé mi forma sobrenatural en contra de mi voluntad, estaba muy enojado sinceramente, nunca había sentido tanta rabia e impotencia antes Mei Ling— ella intentaba no llorar al oír la tristeza en su voz. —Él salió por primera vez, me empujó fuera de mi consciencia y... desató su ira con libertad— en los recuerdos se podía ver a un joven Ryu totalmente desquiciado armado con una espada de luz azul refulgente, luchaba contra los tres hombres sin piedad, más bien los masacraba, puesto que a la velocidad que atacaba no tenían oportunidad de defenderse. La sangre derramada volaba por los aires y manchaba su rostro furioso de ojos de hielo. —Los asesiné ese día... si mi madre no hubiese percibido lo que me pasaba yo... hubiese ido a la ciudad a continuar con lo que quise hacer...— se cubrió el rostro con una mano mientras que con la otra aferraba a la joven proveniente de china. —Estos ojos... esta habilidad de verlo todo... la obtuve del monje Hajime Takeda el día en que Temari dejó este mundo, cada vez que mata a alguien absorbe su poder...
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—Ahora entiendo todo— ella se liberó de su abrazo y le tomó el rostro, mientras lloraba le sonreía, se miraron, los ojos azules y helados con los carmesíes flamantes. —Ahora entiendo porqué siempre parecías estar triste todo el tiempo, a pesar de sonreírme y burlarte... siempre guardaste este dolor en tu corazón Ryu... ¿Pero sabes? Estoy completamente segura de que puedes ser una persona muy feliz— él comenzaba a negar con la cabeza. —No, basta ya de torturarte, mereces ser feliz, ¿Qué no lo ves?— le señaló los recuerdos que se exhibían en su mente sin dejar de mirarlo. —Temari no te guardaba ningún rencor.
—Tú no estabas ahí...
—No seas tonto— se acercó más a él y apoyó su frente en la suya. —Ryu... Temari te dijo que eras un humano...— la sorpresa en su rostro lo dijo todo. — ¿Cómo no te has dado cuenta? Ella acaba de decirlo justo allí...
—Tú no eres como yo Ryu—chan...— oyeron, eran las memorias una vez más.
— ¿Lo oyes?— él no contestó solo la miraba.
—... no eres como yo Ryu-chan...
—Ella te quería tal cuál eres... tal cuál te conoció— Mei Ling se frotó los ojos para evitar que viera su llanto y se puso de pie. —Tú le enseñaste a ser humana igual que tú... eso es a lo que se refería...
—Ryu-chan...
—Temari— murmuró él angustiado. —Yo...
—Ella te estaba agradeciendo— al cubrir su rostro no vio que él también se había incorporado y que se le acercaba. —Te estaba deseando lo mejor...
La abrazó. Fue de esos abrazos que provocan que los cabellos de la piel se ericen y que el pecho duela pero que al mismo tiempo sea una sensación hermosa, al menos así lo sintió Mei Ling que se quedó estática. Se dio cuenta de que era mucho más pequeña que él y que le gustaba sentirse resguardada de todo en sus brazos.
— ¿Puedo permitirme ser egoísta?
—Claro que sí... ya has sufrido demasiado tonto— sonrió sin dejar de llorar. —Sé egoísta.
En ese momento todo el lugar se volvió blanco, los colores desagradables desaparecían, la paz los inundaba y todo estaba bien. Estaban juntos, eso era lo que importaba. Ondas azules provenientes de la magia de Ryu los envolvieron y se sentían como si los incitara a estar juntos. Mei Ling lo miró a los ojos antes de recibir el beso que le daría.
Sí, permanecerían juntos porque se lo merecían.
Fin de la canción.
Sakura se miró una última vez en el espejo de la habitación de su amiga. La había dejado sola para que pudiera contemplarse, había hecho un increíble trabajo al maquillarla, no quería que se notaran las ojeras que oscurecían su rostro, tampoco el cansancio que sentía. Haberse expuesto a la rabia y los celos que sentía Lei el día anterior la había llenado de oscuridad y la purificación de ese día no había servido de nada. Se preguntó si acaso él lo notaría, cuando la había dejado con su amiga la noche pasada le había pedido que se encontraran en su casa por la noche al día siguiente, esa noche se verían una vez más para poder hablar, no habían tocado el tema de lo sucedido entre ambos con Touma. Todo se había dado muy de prisa y estaba nerviosa, temía acobardarse y no ir a donde él la aguardaba en ese momento.
Le había pedido que no la fuera a buscar, quería caminar hacia allí para tener tiempo de prepararse mentalmente y además el aire fresco la ayudaría a pensar con calma. Quería recuperar su confianza.
—Amo a Shaoran... sin importar lo que pase hoy... debo demostrarle que lo amo solo a él— le dijo a su reflejo.
La joven en el espejo le sonrió para darle fuerzas, se veía bonita en su vestido rosa, aquella hermosa tonalidad le recordaba a los pétalos de los cerezos. La tela suave caía sobre ella a partir del escote, en donde nacía la falda Tomoyo había colocado una cinta blanca a modo de cinturón llena de brillos. Para esa noche era perfecto.
Se colocó un delicado pañuelo grande en el cuello, de color malva, para cubrir su pecho de piel oscurecida. No estaba segura de qué harían esa noche pero por si acaso se cubriría.
Fue a la sala junto a Tomoyo que la miró sonriendo y le tomó una foto con su móvil. Le sonrió nerviosa y le dijo que probablemente volvería tarde. Se quedaba con ella más seguido de lo que debería, era incondicional su amistad y que estuviera a su lado cuando más la necesitaba la aliviaba mucho.
Caminó las calles que la separaban de la residencia de su novio. Sintiéndose cobarde, después de todo ¿Que si le decía que no podría volver a confiar en ella? Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos. Debía mantener la calma para poder explicarle lo que quería y que pudieran conversar tranquilos.
Llegó a la enorme casa. En la entrada se sintió desfallecer, la magnificencia del lugar solo la hacía sentirse peor. Shaoran era una persona importante en China, ella en Japón solo era una ciudadana normal. Respiró profundo y se dispuso a tocar.
Antes de tocar el timbre la puerta doble se abrió de par en par. Se sorprendió puesto que no había nadie allí pero al ver la magia revoloteando sobre el marco se percató de que había sido el castaño quien había puesto el encantamiento. Sonrió sin poder evitarlo y entró. La salida se cerró detrás de ella. Adentro todo estaba oscuro, avanzó un poco más adentro hasta que vio luz, provenía del jardín.
Cuando se acercó a las puertas traseras contempló el sitio extasiada. Los árboles a los costados del jardín estaban decoradas con luces blancas que iluminaban todo. En el centro estaba Shaoran, sobre una plataforma de madera enorme en el cual había una mesa con mantel blanco. Lucía maravilloso con el traje sin corbata, su cabello alborotado denotaba que se había frotado la cabeza como solía hacer, tal vez estaba nervioso como ella.
Recomiendo escuchar: "Koi ni ochite" OST de Hiiro no kakera.
Se acercó mirándolo fijamente.
Para él verla acercarse era como una ilusión, lucía hermosa pero no era solo por eso que su corazón latía enloquecido, siempre era así, cada vez que la veía llegar, no había manera de que fuera de otra forma. La adoraba, para siempre sería así. Cuando la tuvo enfrente se quedó mudo, mirando esos ojos verdes que lo hipnotizaban.
—Hola Shaoran...— la oyó, sonó como un murmullo suave que tuvo la virtud de hacerlo sonreír lleno de ternura.
—Hola Sakura— dijo saliendo del ensueño. — ¿Cómo estás?— se atrevió a colocar la mano en su brazo para acercarse un poco más.
—Bien.
— ¿Y por qué tienes puesto el pañuelo?— la mirada de ella lo dijo todo, se había pasmado, no quería enseñarle. — ¿Puedo ver?
—Y—Yo...— él tomó la tela y la deslizó por su piel hasta quitarla, Sakura se ruborizó completamente y cerró los ojos. El contacto la alteró.
—No me ocultes tus problemas Sakura...— miró su piel corrompida por la oscuridad y sintió que todo lo vivido el día anterior resurgía, la abrazó desesperado por sentirla cerca. "Pude perderla..." pensaba. —Lo siento tanto, por mi culpa... estuviste en peligro y... cielos, tuve tanto miedo...— la miró. —Lei... la voy a buscar Sakura, la detendré, lo prometo.
—No quiero que te arriesgues por mí— dijo ella de pronto determinada. —Yo puedo sola Shaoran.
— ¿Por qué? ¿Por qué no me dejas protegerte?
—Quiero ser buena para ti...
El castaño se sorprendió. No esperaba esa respuesta.
—Pero... ¿Qué dices? Eres perfecta para mí Sakura— le contestó, ferviente. La mirada de ella hablaba de algo que la estaba molestando.
—Tú eres una persona sumamente importante y yo... no soy nadie, quiero estar a la altura Shaoran...— él apoyó la frente en la de ella. —Te veo cuando trabajas y pienso: él es increíble, lo puede hacer todo y le sale bien cada cosa, en cambio yo... yo soy distraída y torpe, y suelo equivocarme muchas veces... a pesar de todo me quieres y permaneces junto a mí... no quiero ser una responsabilidad más, quiero ser un apoyo para ti y que no dudes en confiarme tus cosas, yo... quiero estar a la altura...
—Pero Sakura, no lo puedo entender, ¿Qué no lo ves?— la tomó por el rostro para que lo mirara. —Tú eres mucho mejor que yo, yo debería ser el que se esfuerce...
— ¿Eh?
—A cada lugar al que vas dejas deslumbrados a todos... y no hablo solo de tu belleza— la vio enrojecer un poco más y se regocijó, lucía encantadora. —Tú tienes la capacidad de hacer que toda persona que esté junto a ti sienta que puede lograr lo que sea, sabes muy bien cómo llenar de esperanzas a todo el mundo, no sé cómo lo haces pero a tu lado me siento más fuerte, pero al mismo tiempo... temo tanto perderte, en todos los sentidos, en este momento en el que mis enemigos quieren hacerte daño y...— suspiró. —Y también con lo de Yoshida.
La mirada frustrada de Sakura denotaba lo poco que quería hablar del tema pero debían hacerlo, debían afrontarlo.
—Touma no es malo— el ceño fruncido de él le indicó que no le había gustado aquello. —Shaoran, escúchame, Touma... él es mi mejor amigo...
—Sí, lo sé— volteó a mirar a un costado, fastidiado. —Pero no te ve así...
—Lo sé, lo sé muy bien... pero simplemente no puedo hacerlo a un lado y que deje de formar parte de mi vida, le tengo mucho aprecio, es la verdad, le debo la vida, es cierto que no correspondo a sus sentimientos sin embargo no puedo ser tan egoísta y decirle que no quiero verlo más... por mucho que a ti te moleste... se lo dije, le conté todo esto, que no puedo dejar de amarte, que jamás podré sentir por él lo que siento por ti, que eso tampoco hará que deje de quererlo, de estar en deuda... porque ¿Sabes qué?— ella le mostró una sonrisa triste. —Es gracias a él que yo ahora puedo estar aquí contigo... jamás podré pagarle lo que ha hecho por mí.
—Sí, lo sé Sakura— volvió a mirarla, más tranquilo al haber oído aquello. —Eso no quita que no me moleste, que no me vaya a molestar siempre, entiende... no son dudas, yo confío plenamente en ti, simplemente estos celos surgen, fue por eso que reaccioné así la última vez, lamento mucho haberte lastimado con lo que dije, en verdad lo siento y me arrepiento, es solo que... No me gusta la forma en que te mira, quiere apartarte de mí, y eso yo no lo tolero...— ella colocó su mano en la mejilla de él para hacer que la mirara.
—Nadie me apartará de ti, porque te amo para siempre Shaoran...— él se ruborizó un poco aun estando serio.
— ¿Para siempre?
—Sí...
— ¿Siempre, siempre?
—Sí Shaoran— ella se miró las manos un poco nerviosa, cada vez que se lo decía se sentía como la primera vez, aguardando una respuesta. —Para toda la vida.
Como si esa frase fuera un interruptor él la miró sorprendido. Luego sonrió sin poder contener la felicidad que nacía en su pecho, había obtenido la seguridad que necesitaba.
Para sorpresa de la joven se puso de rodillas. Sacó un anillo de su bolsillo y se lo enseñó, su mirada ambarina no se separaba de sus ojos verdes.
—Si prometes amarme para siempre entonces yo prometo lo mismo— Sakura se cubrió los labios, atónita. No creía lo que estaba viviendo. ¿Era real? —Sakura por favor... Sé mi esposa...
Era real. En ese momento supo que, a pesar de haber vivido cientos de momentos felices, nada se le comparaba con lo que experimentaba allí, junto a él, el hombre que amaba. Creyó que las fuerzas le faltarían, que no podría contestar pero algo en su pecho que subía y bajaba feliz le indicaba que lo conseguiría.
Las lágrimas de la joven comenzaron a brotar y se dejó caer de rodillas frente a él, que aguardaba la respuesta absolutamente nervioso.
—Sí... Sí Shaoran, para siempre— él le colocó el anillo con el corazón latiéndole furioso. —Pero... Justo así... Uno junto al otro...
Él asintió mirándola enamorado y tomó su rostro para besarla... Besarla por fin y volver a sentir la dicha recorrerle el cuerpo. Era totalmente dependiente de ella y le había permitido ser parte de su vida para toda la eternidad. Continuó besándola vaya a saber por cuánto tiempo, el tiempo parecía ser poca cosa en ese instante, justo en ese instante eran ellos dos y nadie más. "La amo y me ama, nada me interesa en este momento que sea mi adorada Sakura."
¿Qué más podría importar? En esa noche repleta de estrellas Sakura le había dicho que sí, sería su esposa, sería la mujer que a su lado, no por encima ni debajo, a su lado lo llenaría de felicidad y de esperanzas. ¿Cómo no permitirse soñar e imaginar? Sus emociones estaban completamente alborotadas y no le importaba ni un poco, ni siquiera el hecho de que no estaba respirando por no parar de besarla. Todo daba igual, tendrían mucho tiempo para preocuparse por cosas. En ese precioso segundo todo se reducía al futuro.
Sí, para siempre sonaba hermoso.
Para siempre sonaba a lo que siempre había deseado.
Sonaba a ellos dos vueltos uno solo.
Fin de la canción.
Notas de autora.
Hola a todos! Antes que nada quiero agradecerles a todos los que comentaron el capítulo pasado, me puso muy contenta saber que les gustó tanto! Fue un éxito (?) Jajaja bueno aquí les traigo la actualización que me quedó larguita y hermosa, hasta yo me volví loca mientras lo escribía :D Se supo todo damas y caballeros! La trágica historia de Ryu explicada por él y su madre, me dio penita ella que mala soy :C Altamente recomendado leer este cap con la música que puse, créanme le va a dar más emoción si es que no son muy sensibles, si son como yo... no les hará falta xD Y bueno, para variar les tengo que traer malas noticias (Bueno no taan malas) Algunos deben saber que soy estudiante, y bueno... llega ese terrible momento en el que las vacaciones llegan a su fin y las responsabilidades aumentan... ya comenzó la cursada universitaria aquí en Argentina así que debo admitir que no voy a tener tanto tiempo para escribir aunque les he mencionado antes (pero lo vuelvo a hacer) que en mi celular tengo la aplicación de Wattpad en donde suelo escribir mientras ando de aquí para allá, así que no es tan trágico todo, no se preocupen que hasta terminar no paro! Lento pero contento dicen! Jajaja Bueno, nada más que decir, muchas gracias si estás leyendo esto, si te gusta la historia y si piensas comentar todavía más! Te invito a que prosigas :D Saluditos!
Cuenta regresiva: 3 capítulos y contando...
