Notas de Autora.

Hola a todos! Sí, sí, lo sé... una barbaridad de tiempo desde la última actualización, en mi defensa pudo alegar que no me abandonó la inspiración ni nada parecido, solo fue la universidad, tan amorosa que es la institución, entre trabajos para entregar y los exámenes no tuve mucho tiempo para escribir, hasta estudiar en mis viajes de aquí a allá tuve que llegar por lo tanto... nou tiempo = nou fic :C PERO YA ESTÁ! AQUÍ LO TRAJE! EL CASI DESENLACE No más espera, el siguiente aún no está empezado lamento decepcionarnos pero a penas pueda lo voy a comenzar y les traeré el final. ¡Mientras tanto espero que disfruten este capítulo!

*La canción original tiene una duración de 3 mins recomiendo que escuchen esa.

Cuenta regresiva: 1 capítulo restante y contando...


—Hemos llegado muy lejos para volver a atrás— dijo mirándose en el gran espejo que tenía en el pequeño cuarto de la antigua mansión. — ¿Verdad Haru?

—Estaré a su lado hasta el final señorita Lei— contestó el León blanco avanzando junto a su maestra. —Pase lo que pase.

—La barrera de Tomoeda fue destruida con éxito y en cuanto la termine de cubrir con energía sobrenatural podrán salir todos, tenemos un ejército más que suficiente, el clan Li no será rival para nosotros... Es cuestión de tiempo para que la onda alcance Hong Kong.

—Tiene razón— la miró. — ¿No está feliz?— ella continuó observando a su reflejo llorar sin expresión alguna.

—No en verdad— volteó a ver a su ánima. —Pero lo seré cuando finalmente mate a Sakura Kinomoto... Por arrebatarme todo lo que siempre he querido.

Salieron a los pasillos para bajar a la planta baja, allí las ánimas aguardaban a que la orden de abandonar el sitio se les fuera dada, sabía que querían ser libres pero yendo al exterior no sucedería, sus mentes eran absolutamente controladas por su maestro, solo serían tocadas por la energía sobrenatural y podrían andar con libertad sin límite de tiempo, pero sus mentes no les pertenecerían nunca.

Por fortuna Haru era diferente, él era un amigo no solo un servidor. Abrazó su lomo para sentirse refugiada, había perdido el amor de Shaoran para siempre, ¿Qué sentido tenía todo eso?

Ella te ha robado lo que a ti te correspondía— oyó como una voz en su mente. Al instante se cubrió los oídos y se retorció del dolor. Respiró profundo para reponerse y se puso derecha. Sí, ella lo había perdido todo por su culpa, ese era motivo suficiente para odiarla, para vengarse.

Echó una mirada a Haru para que se dispusiera a hacer lo que le había pedido, el león se marchó a toda velocidad. Lei miró el cielo gris, esa ciudad escondía una energía mágica gigantesca, la tomarían y la usarían para obtener el poder que necesitaban.

...

Sakura corría por las calles a todo lo que le daban las piernas, el templo Tsukimine no estaba muy lejos pero por alguna razón sentía como si se tratara de kilómetros. Según sus guardianes le habían informado Kasai había marchado solo cuando sintieron una batalla desplegarse.

Era cierto, el enemigo había destruido la barrera protectora de Tomoeda. La situación era crítica.

Cuando llegó a la entrada un centenar de ánimas de negro la esperaban, al parecer sabían que se dirigía hacia allí o algo similar puesto que habían formado una barricada alrededor de la entrada y le sería difícil atravesarla. Arriba sintió la presencia de Touma batallar y vio a Kasai salir despedido por los aires hasta chocar contra el enorme cerezo. Se sorprendió tanto al verlo allí, peleaba con todas sus fuerzas para proteger el templo, era evidente que le importaba.

Sabiendo perfectamente que debía ayudar tomó el pequeño objeto que colgaba de su cuello y lo colocó frente a ella.

—Llave que guardas todo mi poder—una onda dorada comenzó a rodearla. —Muestra tu verdadera forma ante Sakura, quien ha hecho un pacto contigo... ¡Libérate!

El báculo comenzó a crecer de tal manera que superó su propia estatura. Las ánimas presentes fijaban la vista en ella pero no atacaban, tal vez no buscaban pelear solo impedirle llegar, sin embargo no podía permitirlo, llegaría arriba a como de lugar.

—Lo siento, no quiero destruirlos— dijo. — ¡Salto!— invocó. Dos pares de alas aparecieron a cada lado de sus tobillos. Brincó hasta la punta del Toori en la entrada y desde allí los observó, comenzaban a movilizarse hacia dentro del templo, la seguirían, sabía que en cuanto hiciera algún movimiento para acercarse inmediatamente la atacarían. Se apresuró a subir y entonces una lluvia de lanzas le cayó encima, rasgaron parte de sus vestiduras, además de unos cortes superficiales no se hizo gran daño.

Apuntó su arco dorado justo a ellos y disparó, la flecha atravesó varias ánimas, purificándolas, pero cuando llegó arriba unas cuantas de ellas continuaban listas para la batalla. Kasai arrojaba esferas de llamas a cada adversario que se aproximaba a atacar, al parecer tenía un par de cortes en el cuerpo, muy probablemente causadas por esas afiladas lanzas que las ánimas de negro traían consigo.

— ¿Sakura? ¿Qué haces aquí?— oyó. Era Touma, a un costado, armado con su alabarda. Lo miró un rato en silencio, no sabía qué decirle, quería ayudar, a eso había ido allí, pero él... él continuaba sintiendo lo que sentía. Vio cómo se acercaba con paso lento hacia ella y se quedó inmóvil, a pesar de que no quería tenerlo cerca, no demasiado.

—Yo... la barrera...— contestó, aferró su báculo como si fuera a protegerla de él y bajó la mirada sabiendo que se había sonrojado, aún sentía vergüenza por lo sucedido aquel día.

—Oye Sakura...— lo vio abrir grandes los ojos y correr hacia ella con expresión preocupada. ¿Qué le pasaba? — ¡Cuidado!

Volteó de repente para encontrarse con un ánima que estaba a punto de asestarle un golpe al pecho con la lanza, creyó que sería su fin, solo por una distracción, pero no. Kasai había tomado el arma con sus manos, que sangraban, y agarrado a la criatura para arrojarla muy lejos. La vieron chocar contra otras de estas.

—Señorita Sakura— oyó decir a su amigo, miró sus manos y las tomó sintiéndose culpable, ese día las cosas no le estaban saliendo bien. Una fuerza la había volteado a ver hacia atrás, era Touma que la había tomado por los hombros, la miraba buscando alguna herida, desesperado.

— ¡Sakura! ¡No puedes distraerte en medio de una batalla! ¡Podrían haberte asesinado por todos los cielos!

—L-Lo siento...— él bajó la cabeza y resopló, como si no tuviera fuerzas.

—Cielos, qué susto me he dado...— elevó la vista y la clavó en sus ojos verdes.

—Ha sido muy imprudente de su parte— la regañó el ánima también. —Pero parece que no se ha hecho daño ¿Cierto?

—Estoy bien, gracias Kasai— aferró su báculo con fuerza. —Voy a reforzar la barrera, a eso vine— aclaró, a sabiendas que Touma la miraba fijamente, no se estaba perdiendo detalle alguno. —Necesito que me den tiempo, ¿Cómo... cómo está su excelencia?

—Bien, débil, pero no es tan grave, ganaremos tiempo Sakura, te lo encargo mucho— diciendo esto corrió a enfrentar a una horda de enemigos que se aproximaban. Kasai quiso hacer lo mismo pero ella lo detuvo, tomó sus manos y, luego de que brotara una luz dorada del agarre, las sintió mejor. Ya no estaban heridas.

—Es lo menos que puedo hacer.

—Gracias— la mirada de la criatura no la abandonaba. —Señorita Sakura...— la abrazó. La joven se quedó pasmada porque jamás lo había hecho antes, pero una sensación reconfortante la invadió, Kasai siempre tenía expresión fría, no hablaba más de lo necesario ni sonreía mucho, había creído realmente que no poseía emociones pero en ese instante comprendió que se había equivocado, él era muy cálido, se permitió cerrar los ojos para disfrutar de esa calidez. —Todo estará bien...

—Sí— sonrió, aunque no la viera. —Por supuesto.

Lo miró alejarse. Se colocó en el centro del templo y colocó los brazos hacia adelante, el símbolo de la estrella apareció debajo suyo expulsando ondas de luz de oro por todo el lugar, se expandían por el templo y comenzaban a generar una cúpula, la cual protegería el templo.

Todo saldría bien.

Protegería a Tomoeda.

La protegería de todo... si dejaba de doler su pecho.

...

—Algo pasa— enunció Kero mirando a su compañero guardián. Alrededor de ellos la barrera protectora que había colocado su dueña parecía titilar, como si estuviera desapareciendo, además percibían la presencia de Sakura a la lejanía, ya se había despertado y estaba peleando, debían ir a su lado pero algo se aproximaba.

Lo vieron correr hasta la residencia, su pelaje blanco se sacudía y sus afilados colmillos hablaban de su ferocidad. Yue apuntó con su arco de luz.

—Vete de aquí y no lucharemos contigo— le dijo.

—No podrán contra mí, mi maestro es más poderoso que el de ustedes guardianes.

— ¿Qué has dicho?— Kero dio un paso al frente.

—No se entrometan, no vengo por ustedes— Yue disparó una flecha pero fue fácilmente evadida.

El león saltó hacia el tejado y clavó sus enormes garras en la barrera protectora cuando esta lo rechazó, para no salir despedido. Kero aprovechó el momento para arrojarle su fuego, pero la criatura abrió sus fauces y pareció tragarse el ataque.

Un segundo después la flama estaba a punto de ser expulsada una vez más, Kero supo que se los devolvería y que no alcanzarían a huir. Aunque por supuesto que lo intentaron.

Los golpeó de todas maneras. Cayeron del tejado como pesos muertos. Las ropas de Yue ardían y las alas de Kero también, pero eso no era lo peor.

La barrera se había roto. ¿Qué quería la criatura de la casa? Ambos voltearon desde el suelo para ver como el león blanco destruía con sus zarpas la puerta de entrada. Yue se levantó tambaleante y le lanzó varios cristales azules que rasguñaron la piel del ánima y lo hicieron enfurecer. Se dio la vuelta y lanzó de su boca una espera blanquecina rodeada de una descarga oscura, Kero se colocó frente a su compañero y los protegió con sus alas.

Pero el golpe fue devastador.

Sus cuerpos se vieron rodeados de una descarga electrica muy potente, cayeron al suelo sin poder moverse, el guardián de sol lo intentó con todas sus fuerzas pero volvió a caer.

—Ni lo intenten, estarán inmóviles durante un buen tiempo— vieron como ingresaba en la residencia Li y se perdía en su interior.

— ¡Rayos!— gritó Kerberos frustrado. — ¿Qué buscas? ¡Allí no hay nada!

Un estruendo se oyó desde la casa. Vieron a Mei Ling salir corriendo de la residencia, traía su ropa rasgada y mirada asustada. Ninguno de los dos sabía que había quedado adentro debido a que Ryu no se la había llevado a la batalla.

Lucharon por levantarse desesperadamente, tenían que ayudarla, pero no servía de nada

El león salió una vez más y la siguió, el ataque mágico que le había lanzado no servía de nada, un campo protector la cuidaba de la magia. Sin embargo no del combate cuerpo a cuerpo.

Se le abalanzó a toda velocidad y con sus garras gigantescas la golpeó contra la pared de la casa, dejándola inconsciente.

— ¡Detente!— exclamó Yue peleando con su cuerpo sin energías, mientras veía como la criatura la levantaba y la acomodaba en su lomo con la boca.

—Es humana ¿¡Qué quieres con ella!?— dijo Kero.

—Yo nada... Será humana sí, pero es el punto débil de Ryu Ming.

Diciendo esto se marchó del lugar.

...

Había visto aparecer a esas dos últimas ánimas, no eran iguales a las demás por lo tanto la diferencia resaltaba fácilmente. En primer lugar todas iban armadas con lanzas afiladas, aquellas dos nuevas no, tenían espadas en sus respectivos cinturones. En segundo lugar sus rostros no estaban cubiertos como las del resto, no traían una mascarilla negra, solo una cinta blanca alrededor de los ojos, permitiéndoles ver algunas de sus facciones; pero lo más importante de todo era que sus presencias eran mucho más poderosas que las del resto.

Sintió un escalofrío recorrerle la espalda, Sakura aún no acababa con su conjuro, atrás toda ella estaba rodeada por magia dorada y parecía como si su piel fuera de oro, tenía los ojos cerrados y estaba en trance. Debían cubrirla o la lastimarían pero Kasai se encontraba totalmente rodeado y de hecho estaban dándole una paliza, eran muchísimas, no le hubiese extrañado que él terminara igual. No se equivocó puesto que terminó igual, encerrado entre un sinfín de ánimas que le habían atrapado brazos y piernas.

Sin embargo las dos ánimas distintas no hacían nada de eso, no se metían con ellos, una avanzó directamente hacia la chica y la tomó por la ropa para levantarla. Parecía inconsciente, como si su magia la hubiese absorbido de tal manera que no podía abrir los ojos, la criatura había colocado su mano a la altura del pecho de la joven, sin tocarla, pero una onda de magia oscura se arremolinaba alrededor de su mano y hacía brillar algo en la chica. Touma se sacudió con todas sus fuerzas para liberarse de sus captores aunque fue inútil.

— ¡Sakura! ¡Sakura!— gritó, tomando el brazo de uno de los enemigos y arrojándolo lejos, otro tomó su lugar para evitar que escapara. — ¡Reacciona! ¡Sakura!

— ¡Señorita Sakura!— oyó decir a Kasai.

—Rayos...— arremetió contra unas cuantas sacudiendo su alabarda. El filo que las alcanzaba las purificaba al instante. — ¡No la toques!

Aprovechó que estaba más liberado para saltar y escapar, corrió hacia aquel sujeto armado con la espada e intentó golpearlo con la alabarda pero no le dio, la otra ánima le dio una patada antes de que él pudiera tocar a su compañero. Aterrizó unos cuantos metros más atrás, alejado de su amiga. Vio como el cofre que se le había asignado salía del interior de su cuerpo. ¡Eso querían! ¡El cofre! Se levantó de un salto e intentó arremeter contra el enemigo una vez más.

Se percató a duras penas del movimiento del ánima. Había pasado como un rayo de luz a su lado y todo se había tornado difuso, alcanzó a ver el filo del arma que empuñaba, destelló incluso con la mala iluminación de ese día gris. Sintió cómo se escurría algo espeso y cálido a través de su camisa, dolía bastante pero no podía dejar de ver a Sakura, la criatura le estaba robando su cofre, tenía que hacer algo.

Las fuerzas le fallaron y cayó de rodillas al suelo, un charco de sangre debajo de él comenzaba a crecer. Quiso cerrar los ojos, para descansar, de pronto se sentía exhausto.

—D-Demonios...— maldijo, recostado en el suelo solo miraba cómo le arrebataban a Sakura su cofre mientras ella no era consciente de ello. Sin embargo no era lo que más se lamentaba.

"¿No la veré una última vez?" pensaba. No, no quería que así fuera, obtuvo fuerzas de donde no tenía y se incorporó a penas, arrodillado en el suelo le arrojó cinco pergaminos sagrados a la criatura, exorcisándola.

Kasai lo levantó del suelo y lo cargó en su espalda para trasladarlo de lugar, más y más ánimas seguían apareciendo y estar tirado en medio del templo no era buena idea, sobre todo tan mal herido. Sintió que se rebullía un poco y que intentaba bajarse pero no se lo permitió.

—Sakura necesita...

—La señorita Sakura continua con su conjuro— interrumpió el ánima de ojos grises. —Te aseguro que está bien, no te preocupes y descansa.

Lo dejó con prisa sobre las escaleras del templo y corrió a donde estaba la chica, la magia dorada la había envuelto por completo y comenzaba a expandirse por el suelo del templo, como una ola que purificaría todo a su paso.

Pero algo no iba bien. Lo supo por la expresión adolorida de su rostro, no se suponía que debía de dolerle. Fue a su lado y la sacudió, esperando que reaccionara, pero no lo hacía. Palmeó suavemente su rostro, tampoco sirvió.

Una descarga dorada la cubrió y la oyó gritar, ese sonido le recorrió el cuerpo de pies a cabeza y se preguntó si a ella le estaba doliendo tanto como a él. No comprendía bien qué era eso que le presionaba el pecho cuando tenía cerca a la joven, aún era muy nuevo en eso de ser una criatura sin maestro y tener pensamientos libres y propios, no acababa de acostumbrarse, menos aún a verla sufrir.

Luchó con todas sus fuerzas por arrebatarle el báculo que tenía en manos, lo aferraba con fuerza pero lo consiguió. Una vez que él lo tuvo la muchacha regresó a la normalidad, toda esa magia se esfumó. La atrapó antes de que cayera al suelo, apretaba su ropa, estaba consciente.

—Agh...— balbuceó Sakura.

—Señorita Sakura, por favor hábleme...

—K-Kasai...— la acomodó entre sus brazos para revisarla, tenía marcas oscuras en el rostro que casi habían alcanzado sus ojos, deslizó suavemente por su hombro la ropa de sacerdotisa que traía puesta y logró ver que la oscuridad se había expandido por sus brazos y pecho. — ¿Qué fue... lo que pasó?

—No está lo suficientemente pura aún para usar sus poderes espirituales en un nivel tan grande— contestó el ánima.

—Oh no...— la vio bajar la vista, decepcionada. —Debo hacer algo... ahora...

— ¡Abuelo no!— oyeron. Al voltear se encontraron con que el monje Tsukimine estaba de pie en la entrada al templo y recitaba un conjuro sosteniendo cinco pergaminos en cada mano, debajo de él un emblema con una luna creciente había aparecido y refulgía tanto que cegaba. Sin embargo por el ceño fruncido del anciano era evidente que estaba esforzándose mucho.

Del emblema brotaron cientos de esferas plateadas que se dispersaron por todo el lugar, cada vez que colisionaban con un ánima esta desaparecía exorcizada y las esferas se dividían en más. Era un conjuro increíble en verdad, era como si el poder de aquel hombre fuera infinito. Sakura se había quedado boquiabierta.

La única criatura que había sobrevivido era la que iba armada con una espada, era tan veloz que había evadido a las esferas de luz, por lo tanto seguía allí de pie.

La joven de ojos verdes se puso de pie dispuesta a luchar antes de que más ánimas aparecieran, iban por todo así que ella haría lo mismo. Kasai iba a protestar pero al ver los ojos de la chica permaneció en silencio, estaban encendidos, llenos de determinación por proteger a Tomoeda, aunque hubiera pronunciado lo que quiso decir supo que no le habría hecho caso. La vio mirar a un costado, Touma también se había incorporado, se aferraba las costillas derechas, justo en el sitio donde una mancha de sangre se expandía. Parecía ser que se estuvieran comunicando solo con miradas puesto que luego de unos segundos ambos asintieron.

Los dos se aproximaron con cautela al ánima enemiga que quedaba, al ver que retrocedía para medirlos atacaron tan rápido como les fue posible, Touma había convertido en una katana corta su alabarla y dio una estocada que hizo que el ánima saltara para evadirla.

— ¡Flecha!— invocó la joven, haciendo que su báculo se tornara en un arco con forma de alas muy hermoso. Acumuló un poco de energía espiritual en la flecha que lanzaría y soltó. Sabía que la criatura la evadiría pero Touma se adelantó a sus pasos y apareció a sus espaldas para acabarlo con una patada. Si bien el golpe dio en el blanco el ánima aterrizó sobre sus talones en el suelo y les dio la espalda como si nada, para sorpresa de ambos.

Cruzaron miradas interrogantes y volvieron a atacar a toda velocidad, no podían bajar la guardia, algo estaba buscando. Touma intentó atacarlo con la katana pero volvió a evadir la estocada, era muy rápido en verdad. La muchacha presente intentó disparar con su arco alado una vez más, cinco, seis, siete flechas, todas esquivadas, cuando empezaba a agotarse notó que le costaba respirar pero no se dio por vencida. Vio que Touma dio un salto lo suficientemente alto como para aterrizar sobre la criatura, probablemente con la idea de inmovilizarlo.

Todo fue tan rápido como un destello de luz.

Más tarde se darían cuenta de que no había sido culpa de ambos pero en ese momento, en ese horrible instante todo se había tornado confuso en sus mentes y lo único que eran capaces de ver sin remedio, sin más que resignación, cómo las cosas sucedían como si estuviesen en cámara lenta, era... era como ver descarrilar un tren en frente de uno.

Touma logró aterrizar sobre el ánima con éxito pero no dejaba de ver hacia el templo, pasmado, incrédulo. Sakura igual. La espada que unos momentos atrás portaba la criatura ahora yacía incrustada en el abdomen del monje Daisuke Tsukimine, quien se desangraba en brazos de Kasai.

— ¡Abuelo!— ambos corrieron a su lado, no sin que él antes destruyera al ánima con la alabarda que traía en manos y luego soltarla al alejarse. Todo aquello no tenía sentido, no podía ser real.

El anciano gesticulaba con las manos, como para restarle importancia pero se lo notaba débil, la herida sangraba mucho, no había manera de que sobreviviera a eso. Su nieto había colocado su cabeza en su regazo y apretaba los puños a ambos lados de su cuerpo, resistiendo las ganas de llorar. Sakura solo podía mirarlo con los ojos inundados de lágrimas, tanto que no podía ver nada pero sí escuchaba.

—Ya basta, dejen eso— decía Daisuke. —Estoy muy viejo ya, algún día pasaría esto de todas formas así que no se preocupen por mi, solo escúchenme por favor...— miró a su nieto. —Touma, no quiero que te culpes por esto ¿Sí? Te has convertido en un adulto del que me enorgullezco mucho, enserio, por favor cuida mucho de tu amiga de ahora en adelante, ayúdala a comprender este mundo nuevo que la rodea...

—Esto es tan injusto— se quejó Touma. Apretaba los puños para contener las lágrimas. Kasai lo acomodó de tal manera en que quedó recostado, las ropas de todos estaban manchadas de sangre con excepción de Sakura. Juzgó correcto permanecer en silencio, respetando la solemnidad del momento, se quedaría junto a la joven en caso de que lo necesitara. La veía mirar al anciano con los ojos inundados, sintió su angustia como si fuera propia.

—No es culpa de nadie, y mucho menos de ustedes dos— aseguró Daisuke, luego volteó a ver a la muchacha que lo contemplaba a través de una pantalla de lágrimas. —Sakura, no llores...

—No quiero... no quiero...— balbuceaba ella aferrándose las rodillas. Su pecho subía y bajaba debido a los espasmos del llanto.

—Vamos, recomponte, te estoy dejando el trabajo de mi vida entera, no querrás que me vaya así de preocupado ¿Verdad?— la chica se llevó las manos a los ojos, como una niña pequeña. —Sakura, ha llegado el momento.

—No estoy lista Su Excelencia.

—Lo estas, te lo puedo asegurar, el resto lo aprenderás con el tiempo... estás hecha para este trabajo, no temas, creo ciegamente en ti— la tomó del antebrazo para poder mirarla a los ojos, ella le sonrió debajo de un río de lágrimas que no dejaban de brotar, estaba asustada y en ese mismo instante estaba perdiendo a su maestro. —Serás una gran sacerdotisa, estoy convencido.

—No lo decepcionaré Su Excelencia Tsukimine, lo prometo.

—Acércate un poco— ella lo hizo, arrimó su rostro al hombre y este la besó en la frente, una marca dorada brillaba suavemente justo donde se habían posado sus labios. —Ahora tú eres la responsable, sé sabia...

—Para mí... usted siempre será Su Excelencia— durante una milésima de segundo el hombre se sorprendió, luego sonrió y miró hacia el cielo que poco a poco se tornaba oscuro.

—Me honras, muchas gracias...— cerró los ojos.

Y nunca más los volvió a abrir.

Touma se dejó caer sobre el pecho de su abuelo para llorar. Sakura hizo otro tanto pero en su lugar, sin dejar de mirar sus manos apretadas en puños. Nunca podía hacer nada en los momentos más serios. "Cuando Ryu perdió el control fue lo mismo..." pensó, frustrada.

No supo cuánto tiempo pasó, no parecía que estuvieran en la realidad, el ambiente se había tornado oscuro y el monje Tsukimine estaba muerto, ¿Por qué no podía ser fácilmente una horrible pesadilla y ya? La joven miró a su amigo que estaba inerte, lo habían herido mucho, si no hacían algo moriría desangrado, avanzó a gatas hacia él y lo sacudió, aún con los ojos cargados de lágrimas.

—Touma...— lo sacudió. —Touma reacciona por favor... por favor...— miró a Kasai, él lucía bastante mal también, tenía heridas por todo el cuerpo como si un torbellino le hubiese pasado por el cuerpo. Recibió una mirada vacía pero con un dejo de tristeza, sus fuerzas estaban agotadas, igual que las de ella.

Sintió una presencia a sus espaldas, nuevas ánimas comenzarían a generarse, estaba segura. ¿Qué iba a hacer? No tenía fuerzas para seguir peleando, sus poderes espirituales se veían interrumpidos por la oscuridad que la había corrompido y no podía utilizar las cartas, dos o tres a lo sumo, consumían muchísima magia que en ese momento no podía permitirse usar, por supuesto que demasiadas opciones no tenía, debía arriesgarse o dejar que la asesinaran. Tomó el mazo de su ropa de sacerdotisa y las apretó con fuerza contra su pecho. A pesar de todo el tiempo que llevaba entrenando aún se le dificultaba utilizar el poder de las cartas, no estaba segura de la razón, se había vuelto muy fuerte espiritualmente sin embargo aún se agotaba al utilizar la misma magia a la cual de niña había sido tan natural recurrir.

Bajó la mirada, cansada de las batallas. ¿Qué sentido tenían? Nada ganaban con pelear de esa manera. "Tengo miedo... Shaoran, ayúdame... ¿Por qué dije que estaría bien por mi cuenta? Nada está bien, el monje Tsukimine ha muerto y, si no hago algo pronto, Touma también... ni Kasai ni yo podemos pelear Shaoran... ¿Moriremos?" pensó sintiendo fuertemente su ausencia.

...

El joven líder del clan Li volteó a ver hacia atrás. Tenía una sensación muy extraña con respecto a ese sitio. Sí, se veía lúgubre y sí, todo había oscurecido como si las nubes negras del cielo no permitieran el paso de los rayos del sol, pero no era eso. Algo más sucedía, le había parecido oír la voz de Sakura, como si lo llamara. ¿Estaría bien? Se arrepentía de haberla dejado ir sola aunque, si reflexionaba, era lo mejor, querían reforzar la barrera y detener a Lei tambien, no podian estar todos en un mismo sitio al mismo tiempo y Sakura era la única del equipo con poderes espirituales, los demás eran más útiles en las afueras.

—Oye, ya deja de ver hacia atrás— comentó Ryu risueño. —No va a aparecer ahí ¿Sabes?

—Cállate— se defendió el castaño levemente sonrojado. —No es eso.

— ¿Y qué es?— la sonrisa de Eriol evidenciaba que se sumaba a la burla.

—Me ha parecido que me llamaba... No es la primera vez que me sucede.

—Estas obsesionado con Sakura, pobrecita— el guardaespaldas miró hacia adelante, atento a pesar de todo.

—En realidad— enunció el inglés. —Es posible.

— ¿Enserio?

—Sí, ambos tienen niveles mágicos altos y sus almas estan... Conectadas en cierto punto digamos, tiene sentido que en determinadas ocasiones, de riesgo como esta, suceda eso que dices.

—Es posible... que Sakura me necesite entonces...— ambos lo miraron. "Shaoran... Shaoran..." volvió a oír, volteó una vez más.

—Ella es fuerte, te aseguro que encontrará la manera de solucionar lo que sea que haya pasado en el templo Tsukimine— le dijo su asistente y amigo. Asintió como respuesta pero continuó intentando ver hacia el templo durante todo el camino.

Las afueras de Tomoeda se habían deteriorado poco a poco con el paso de los años y de la vejez del monje Tsukimine, la barrera que cubría la ciudad era más débil en sus extremos por lo tanto aquel lugar no estaba protegido del efecto de los espectros. Allí no crecía el césped y muy pocas personas vivían en las casas, muchas de ellas estaban en ruinas incluso.

Cuando llegaron se encontraron con un ejército de ánimas fuera de aquella mansión y con Lei en medio de ellos, no se había vuelto a cubrir el rostro, no tendría ningún sentido haberlo hecho de todas maneras, ya todos sabían con quién estaba peleando. Cruzó su mirada café con la ambarina del hombre al que siempre había considerado el amor de su vida, sentía que estaban hechos el uno para el otro. Cuando los habían comprometido se había sentido muy desdichada pero con el tiempo había cambiado, dos años de conocerlo bien la hizo replantearse el pedido que le había dicho de anular su futuro matrimonio cuando fuera elegido líder del clan.

—Lei, si puedo evitar pelear contigo entonces lo haré.

—No creo que eso sea posible Shaoran... a menos que renuncies a tener a Kinomoto— contestó ella.

—...

—Yo puedo— la oyeron. —Yo puedo hacerte muy feliz, si me dejaras... ¡Shaoran estoy enamorada de ti! Por favor.

—Lei, lo siento pero no puedo corresponder a tus sentimientos...

— ¿Qué tiene ella que yo no?

—No interesa eso...

— ¡Claro que sí!— lo interrumpió. —Algo en ella es especial ¿cierto?— lo miró con rencor y su tono de voz se había vuelto despectivo. —Ella es una señorita muy especial ¿No? Ella es la gran Sakura Kinomoto, lo único que puede hacer es pavonearse enfrente tuyo, ta ha embrujado, eso es ella... ¡Una maldita bruja!

—Será mejor que te retractes— el castaño la apuntó con su espada. —No quiero hacerte daño pero estás poniendo a prueba mi paciencia Lei.

—Oh ¿Enserio?— si bien lo estaba desafiando un temblor en la voz denotaba su miedo. —Ja, sí por supuesto...— Lei vio que Ryu colocaba su mano en la empuñadura de su katana y sonrió triunfante, era hora de hacer que permanecieran quietos. —Haru, ven aquí.

Vieron al león blanco avanzar entre las ánimas de negro y cuando llegó junto a la joven se quedaron pasmados. Traía algo, o mejor dicho a alguien, entre sus fauces. Sujetaba a una muchacha de cabello negro por la ropa y luego la dejó caer, sonó contra el suelo como un peso muerto y luego la criatura apoyó su gigantesca pata sobre ella.

—Mei Ling...— balbuceó el guardaespaldas de la impresión.

— ¿Cuándo?— interrogó Shaoran.

—Ahora ustedes son los que me obedecen a mi, a menos que la quieran ver muerta.

—Qué sucio...

—Todo se vale en la guerra y en el amor Shaoran, tal vez debí haber traído a tu linda Kinomoto... La habría asesinado con gusto— se puso de cuclillas y acarició en cabello de Mei Ling. —No frente a ti claro, no quiero que seas infeliz, yo quiero verte feliz todo el tiempo... Pero conmigo, solo conmigo, podemos evitarnos todo este asunto con una sola palabra tuya.

—Lei, ¿Por qué no hablamos con tranquilidad?— el castaño miró de soslayo a su guardaespaldas, estaba furioso, fruncía el ceño a más no poder y apretaba los puños. Cuando vio un destello en sus ojos se dio cuenta que no era bueno seguir el juego de la joven china, sería un homicidio en masa.

—Tócala y te juro...— murmuró Ming.

—Que ¿qué?— el vistazo despectivo de Lei decía mucho. —No tengo nada en contra de ti, pero debes permanecer en tu sitio, sino ella se muere.

Los tres jóvenes permanecieron en sus lugares, inmóviles, mientras observaban cómo las ánimas se aproximaban a ellos marchando al unísono, la evidente falta de pensamientos en ellos era evidente. Sin embargo, y por fortuna, notaron algo más, la prima de Shaoran había abierto los ojos lentamente y notado que tenía a la criatura encima, los tres muchachos esperaban que no hiciera ningún movimiento brusco aguantando la respiración. Ella pareció entenderlo, con toda la suavidad de la que era capaz movió su mano y tomó un poco de la tierra que allí había.

—Te vas a arrepentir mucho de esto Lei, recapacita— sugirió el líder del clan Li.

—Qué curioso, hace no mucho te pedí a ti que lo hicieras, no me escuchaste tampoco...

De pronto Mei Ling arrojó la tierra a los ojos del león que la atrapaba y, aprovechando que gruñía e intentaba limpiarse, corrió hacia Ryu tan rápido como se lo permitieron las piernas y él hizo lo mismo, la envolvió en sus brazos a penas tuvo la oportunidad y hundió el rostro en su cabello, sumamente aliviado.

Eriol bloqueó un ataque del ánima que iba dirigido hacia ellos con su báculo. Ryu se apresuró a colocarle su colgante en el cuello para que estuviera a salvo, eso al menos evitaría que el enemigo la dañara, por la manera en que lo miraba se la notaba asustada, probablemente porque no sabía en dónde se encontraba o cómo hacer para ayudar. Le acarició la cabeza con una sonrisa tranquilizadora que tuvo la virtud de enloquecer su corazón.

—No te preocupes Pantis... todo saldrá bien— lo oyó decir, miró como se marchaba preocupada, ¿Estaba bien que peleara tan pronto? Se había recuperado hacía muy poco tiempo. Sintió que se le inundaban los ojos de lágrimas, no quería perderlo.

— ¡No te atrevas a morir!— lo vio darse la vuelta y mirarla seductor.

—Claro que no, no te escaparás de mí— ella asintió sin dejar escapar ni una sola lágrima. No lloraría, creía en él.

—Bueno, en vista de que nos quedamos sin rehén tendremos que usar la fuerza— dijo Lei indiferente. Un brillo rojo sangre apareció en sus manos, lucía como un remolino de energía que no paraba de agitarse, no se veía bien. Shaoran se había pasmado, no podía creer lo que estaba viendo, por fortuna cuando ella le arrojó una bola de energía la esquivó pero le provocó un arañazo en la piel que poco a poco comenzó a ennegrecerla.

—Lei... tú no tienes magia... ¿Qué sucedió?

— ¿Sorprendido? ¡Ahora yo también puedo Shaoran! ¡Si no serás mío no lo serás de nadie!— las ánimas oscuras comenzaron a atacar. Eriol notó algo color rojo brillar con intensidad en el pecho de la muchacha justo cuando comenzó a luchar contra el castaño otra vez.

— ¡Es una raíz de odio!— le avisó al joven, quien, sorprendido miró fijamente a la muchacha castaña.

— ¡Lei! ¿Quién fue?— ella se encogió de hombros.

—No sé de qué me estás hablando...

Vio cómo Shaoran corría hacia ella para atraparla. En un segundo Haru apareció enfrente y arrojó una bola de oscuridad desde su boca, Shaoran se defendió con su espada e iluminándola con un brillo verde que salía de sus dedos lanzó una estocada que cortó el aire con un zumbido y destruyó el suelo que los rodeaba.

"Shaoran... Shaoran... no sé qué hacer..."

— ¡Sakura!— murmuró y volteó hacia atrás. Por supuesto que allí no había nadie.

Ryu pasó a su lado corriendo a toda velocidad y atacó al león con su katana pero este atrapó el arma con los colmillos. El muchacho lo apartó unos metros de una patada.

—Yo no soy tan noble como Shaoran— sus ojos refulgentes los atravesaban. —Yo los liquidaré por haberse metido con Mei Ling.

Nuevamente cruzó la distancia que lo separaba del ánima y dio una estocada hacia adelante, al ver que volvía a ser esquivado iluminó su mano con un brillo azul y golpeó el suelo. Cuando la criatura aterrizó su magia atrapó sus patas, inmovilizándolo.

— ¡Dos pueden jugar ese juego!— exclamó Lei y procedió a hacer lo mismo, sus manos brillantes de rojo cubrieron la tierra y, como cadenas, atraparon a los tres muchachos, que pronto se vieron rodeados de ánimas. —Lo siento, pero hasta aquí llegaron.

—No tan rápido— Eriol golpeó el suelo con su báculo y toda la magia desapareció. Era su versión de borrar, al poco tiempo quedaron libres.

Lei avanzó decidida a atacar al castaño, para ser una humana su velocidad era increíble, como una proveniente del clan que se dedicaba a incrementar sus habilidades físicas había hecho un buen trabajo, Shaoran por poco no alcanzaba a ver su empuñado kunai. Sin mencionar que el efecto de la raíz incrementaba todas sus capacidades físicas y le otorgaba algunas otras mágicas, no lograría esquivarla.

Su guardaespaldas detuvo el impacto quedando el filo del arma incrustado en su hombro, la sangre había manchado la mano de la joven quien, sorprendida, se había quedado estática. Ryu aprovechó la confusión, iluminó su mano y atravesó el estómago de la joven, con tanto ímpetu que su brazo salió por otro lado del cuerpo de Lei quien soltó un grito de dolor. En su mano tenía la esfera rojiza que había extraído, con solo cerrar el puño estalló en miles de destellos rojizos.

— ¡Ryu!— gritó Mei Ling al ver la sangre.

—S-Shaoran...— Ryu la bajó con cuidado antes de ser empujado por el león blanco que con sus zarpas había herido su frente. Quedó tendido en el suelo.

Recomiendo escuchar: "Sadness and sorrow" OST de Naruto.*

El líder del clan Li se aproximó a ella, cabizbajo, su piel se tornaba arenosa y poco a poco se desprendía de su cuerpo y se la llevaba la brisa fresca del otoño. Se miraron el uno al otro, con cordialidad y amabilidad justo como en los viejos tiempos, ella le sonrió con cansancio, apagada.

— ¿Recuerdas... cuando estuvimos comprometidos?— la oyó decir en voz baja.

—Sí...

—Éramos buenos amigos ¿Cierto?— sus ojos perdieron su brillo durante un segundo. —Muy buenos, ya habías recuperado tu sonrisa un poco... amaba tu sonrisa, amable y cálida... siempre me hiciste sentir llena de calor, esa es la verdad... tal vez por eso fue que me enamoré de ti— lágrimas inundaron sus ojos. —Pero... a pesar de que te tenía no eras mío... nunca lo fuiste, pero quise creer que sí...

—Lei... ya no hables...— el castaño apretó los puños y la mandíbula. — ¿Quién te hizo esto?

—No, escúchame, por favor— elevó su mano para intentar tocar su mejilla pero no lo alcanzó. —Incluso ahora... no lo logro...— volvió a sonreír sin contener el llanto. — ¿Podrías tomar mi mano?

Shaoran lo hizo, después de todo habían sido amigos, y ella formaba parte de su clan, de su familia... la aferró y notó lo fría que estaba. Estaba al tanto de que no sobreviviría, su alma unida a la raíz se habían fusionado.

—Siempre te veía avanzar justo delante de mí y pensaba lo maravilloso que sería tomar tu mano y caminar juntos, pero nunca lo hice, permanecí detrás de ti porque sabía, en el fondo lo sabía... que tú no me querías de la forma en que yo a ti...— cerró los ojos y le enseñó una gran sonrisa. —Ahora al menos puedo sentir lo que es...

—No te soltaré Lei.

—Lo sé— lo miró, el ceño relajado y sonrisa pasiva. —Eres la persona más gentil que he conocido en mi vida... y por eso sé que me perdonarás a pesar de que no te lo he pedido, y tampoco lo haré, porque... ¿sabes? Si alguien te hiciera a ti lo que yo le he hecho a la persona que más amas no lo perdonaría, nunca jamás, pero tú no me guardarás rencor, eso lo sé.

La vio mirar hacia el cielo gris, por un momento creyó que no diría nada más, pero nuevamente tomó la palabra. Lei siempre tenía muchas cosas para contar.

—Ahora... yo iré delante de ti ¿Sí? Y tú me verás partir...— la mano que entrelazaba la del joven cayó a un costado del cuerpo de ella. —Quiero que seas feliz pero... antes diré una última cosa...— lo miró a los ojos, seria, llena de alguna emoción que solo ella podía conocer en profundidad, se llevó la mano a su pecho. —Aunque no me creas quiero que sepas que mis sentimientos siempre fueron puros... no los culpes por lo que yo hice, yo los manché de odio y venganza... yo y solo yo, así que no cuestiones jamás lo que he sentido por ti, antes de todo esto eran puros y genuinos... te amo Shaoran... no lo... dudes...

Se esfumaba lentamente, su ánima león ya había desparecido en un millón de destellos, descansaría en paz por fortuna, se lo merecía.

Fin de la canción.

Lei miró hacia un costado. Apartada, entre unos arbustos, una muchacha de cabello negro la miraba con ojos pasmados y llorosos, no apartó la mirada, continuaron hablándose mediante sus ojos. Sonrió levemente y la vio salir corriendo, ya nada se podía hacer.

Cerró los ojos y se dejó llevar por el viento.

Chizuru corrió y corrió sin poder dejar de llorar, algo en ella gritaba, lanzaba alaridos de hecho. No era capaz de concentrarse bien, cientos de recuerdos se apoderaban de su mente, sin entender por completo qué querían decirles, reventaría si continuaban llegando más y más. "¡Apola! ¡Apola!" decía la voz de su mente. continuó abriéndose paso entre las plantas, no miraba hacia ningún sitio en particular.

"Tal y como se ha escrito... se ha hecho..." oyó, era la voz de sus sueños. Miró hacia atrás un segundo... pero bastó para perder el equilibrio.

Cayó por una colina, cortándose con las ramas que arañaban su piel. Solo lo supo, en ese momento lo supo todo, cada misterio que rondaba su vida y su mala suerte, llegó a su mente igual que todos los demás recuerdos del pasado, como una imagen que se colaba en sus pensamientos. Cuando se percató era tarde, caía y caía, ya no se deslizaba por la colina, abajo la aguardaba un barranco.

No, ya nada se podía hacer... ya nada... había pagado, con eso cumplía su parte.

Shaoran no lloraría, no lo haría a pesar de que sentía una profunda pena por la muerte de Lei. Continuaba preguntándose por qué las cosas habían salido así, no lo merecía, nadie merecía morir de aquella manera, en contra de su voluntad, no quedaba nada de ella de modo que debía pensar en cómo llevar a cabo su funeral, probablemente juntar sus ropas fuera lo mejor. Las recogió del suelo y miró a sus compañeros, con excepción de Ryu estaban bien.

Las ánimas comenzaron a moverse hacia ellos y atacaron, sorprendieron a Eriol por la espalda y a él le hicieron un corte en la pierna. No tenía fuerzas para pelear, no quería, en ese momento quería hundirse en la melancolía solo eso. Lo golpearon otras veces más hasta que oyó la voz de Sakura, sacándolo de la oscuridad. "Shaoran... Shaoran" decía, lo llamaba, lo necesitaba, su vida podía estar en peligro.

A pesar de la distancia algo los conectaba, siempre sería así, siempre estarían unidos.

Sakura lo comprendió, como un susurro en su oído oyó "todo estará bien, siempre estaré ahí para ti" y era cierto, ¿Desde cuando tenía miedo? Debía ser valiente, la necesitaban. Se puso de pie sintiendo cómo la energía que antes pertenecía a su mentor le recorría el cuerpo volviéndola más fuerte.

Se colocó en medio del templo, allí estaría bien. Cerró los ojos y pensó en él, en cada una de sus sonrisas, cada beso, cada abrazo y contención, ¿Quién más que él había estado alguna vez tan cerca de su corazón? Muchas personas le importaban pero el sentimiento que le despertaba Shaoran siempre había sido distinto, siempre.

Para siempre recordó. Sería su esposa sí.

Tomó el maso de las cartas, la contaminación no le permitiría usar sus poderes espirituales, además estaba agotada, pero las cartas eran poderosas. Una de ellas en específico la conectaba a Shaoran. Si combinaba sus poderes espirituales con los de la carta sería perfecto.

Esperanza.

La esperanza es lo último que se pierde porque es lo único que puede enfrentar al miedo, la voluntad de creer por sobre todo que existe una salida. Pero sin amor, no hay esperanza.

—Por favor carta, Shaoran y yo queremos proteger esta ciudad... así que une sus fuerzas con las mías— la elevó al igual que su báculo. — ¡Llena de amor nuestra ciudad! ¡Esperanza!

Una luz dorada la cubrió. Y a Shaoran también, quien sorprendido vio como una onda de magia poderosa avanzaba por todos lados y regresaba todo a la normalidad. Pudo sentirla, la sentía como si estuviera abrazándolo y llenándolo de calidez, esa calidez tan particular de ella.

Cada ánima desapareció exorcizada, descansarían en paz gracias a la calidez de Sakura. Todos bajaron las armas, nada quedaba por hacer ya, incluso las heridas de Ryu desaparecieron.

La joven en el templo sintió cómo su magia abandonaba su cuerpo y con ella la dejaban las fuerzas. La oscuridad de su cuerpo desapareció finalmente pero tuvo que dejarse caer, estaba cansada, mucho más que cansada. Dormiría un poco, se lo merecía, cuando abriera los ojos nuevamente se encontraría con los ambarinos de su novio llenos de amor, que la recibirían felices de verla. "Quiero verte... quiero verte y estar en tus brazos" pensó, no faltaba mucho.

Cuando despertara, lo vería por fin.