Otro mes, otra conti de sirenas.
espero que les guste
y la proxima conti, como debe ser, estara en el proximo mes
disfrutenlo
bleach es de Tite Kubo.
Capitulo 13: Un paso en la amistad.
El corazón de Orihime latía nerviosamente, su cuerpo estaba aferrado a esa roca, aún sabiendo que dentro de unos segundos, Hichigo descubriría que era en realidad una sirena, una criatura con cola. La única opción que tenía era salir nadando, pero a velocidad de cañón aun con el riesgo de que él la viese y creyese que en verdad existían las sirenas.
Se sorprende al sentir como el agua tenía vida, burbujas la rodeaban a ella y a la roca, manteniéndola segura de la vista de Hichigo. Giro su rostro al sentir palmadas y vio a Rukia, quien le hacía señas de que se apurase.
Ambas se fueron nadando a máxima velocidad, por lo que Hichigo solo vio una cortina de burbujas.
-¡Eso estuvo cerca! – Exclamo Orihime al sacar su cabeza a la superficie.
-¿En qué pensabas? Debiste venirte al momento que subieron.
-Es que en verdad, Hichigo fue capturado por mantarrayas, tenía que ayudarlo.
-Pero debiste alejarte apenas se fueron a superficie – Le ataco, volviendo a tierra y Hinamori la ayudaba a secarse.
-Tienes razón – Admitió, derrotada, dejando que la arena sostuviese su cuerpo, estaba muy cansada. – ¿Qué habrá sido esas burbujas?
-Sentí por unos momentos como si el agua tuviese vida propia – Confesaba Rukia, viendo a sus amigas.
-Yo no estaba dentro, pero sentí lo mismo… o algo diferente – Murmuro Hinamori – Como si el agua tuviese un amigo y este le pidiera al agua que ayudase a Orihime… es algo difícil de explicar – Agrego al notar que sus amigas estaban más confundidas que ella misma.
De nuevo como humanas, decidieron volver a sus respectivos hogares. Orihime miro de nuevo su descubrimiento y lo guardo en su bolsillo al momento que se giraba para ver nuevamente la playa.
-Creo que estamos listas como para un viaje a Rukongai – Dijo al fin, llamando la atención de las muchachas – Deberíamos probar.
-Pero no podemos hacer eso sola, es un viaje largo, de diez horas mínimo en barco y aún cuando usemos la "velocidad de cañón" (así decidieron llamar aquella increíble velocidad que tenían para nadar), no podemos asegurar por cuanto duraremos.
-Si aceptan, podremos arrendar un pequeño barco, como el de Urahara-san. Yo lo montaría y una de ustedes nadaría, para que así sepamos cuanto se puede resistir.
-Sí, sería buena idea… podemos turnarnos. – Murmuro con una mano en su barbilla, analizando aquel plan.
-Si es verdad que la isla nos transformó, debemos saber como fue que paso – Ataco Orihime, logrando que despierte en sus amigas la seguridad de ir.
-Deberíamos ir el domingo – Dijo la pelinegra, viendo su celular.
-¿Entonces esta decidido? – Siguió Hinamori.
-¡Iremos a Rukongai este domingo! – Sentenció Orihime con una sonrisa y alzando su mano derecha al cielo y en forma de puños.
Ninguna se daba cuenta que sus pasos eran seguidos por dos misteriosos, que estaban ocultos entre las sombras. Siempre fue así, todos los días, ellos vigilaban cada paso de las chicas en la oscuridad, sin que ellas se den cuenta, se miraron por unos momentos.
-¿Qué hacemos?
-Tenemos que dejar que las aguas fluyan, nosotros no estamos para interrumpir sus preguntas, sino para protegerlas.
-¿Qué te paso en el brazo?
Era un nuevo día, como todas las mañanas, antes de clases, Orihime e Hichigo se reunían en el muelle para subir a su bote alquilado e ir al mar para seguir con su proyecto. Debía confesar que no esperaba ver al muchacho con una especie de cicatriz rojiza en su brazo derecho.
-Pues tuve que esquivar un ataque de una mantarraya, pero aún así, me quedo ese raspón. Me lo analizó mi viejo y ya lo trato, asegurando que no me pasaría nada.
-Tienes suerte que tu padre sea doctor. – Subiéndose al medio de transporte de agua. – Lo mejor es que no te esfuerces hoy.
-¿Estás loca? Estoy como nunca – Siguiéndola y la toma de la cintura para traerla hacía él – Así que no temas acercarte al fuego.
Orihime no podía evitar el acelerado latido de su corazón, no importa lo bien que se acostumbro a sus "ataques", no podía negar que era apuesto y ella era una mujer, por lo que era normal que se sonroje un poco por aquella cercanía, por tener su pecho desnudo pegado a su cuerpo y por tener su aliento cerca de su boca, dispuesto a darle un beso si se distrae un segundo más.
-Hichigo-kun – Susurro, aún con las mejillas sonrojadas, parecía que había caído ante su trampa, pero al último minuto, ella sonrió y apoyo su mano derecha en su cara para apartarlo – Hazme el favor de no molestarme hoy, que me lo debes.
-Aburrida – Se quejo frustrado consigo mismo, por haberse confiado y creído que al fin la tenía. En eso, recapacito mejor sus palabras – ¿Qué quieres decir con que te lo debo?
-Eso es secreto – Sonriéndole, ella se refería a cuando lo salvo de aquellos animales con agujas venenosas, pero claro, no se lo diría.
-Algunas veces, eres muy rara.
-Bueno – Ella comenzaría con un contraataque por ese comentario, se sentó en un banco y sonrió de forma burlona, no podía evitar ese lado cuando estaba con él – Si yo lo soy, tú lo eres más, ¿no te parece? Señor "Prende mi fuego, baby".
Ambos se rieron, sin poder contenerlo.
Hichigo encendió el motor, Orihime sólo miraba el agua, pensando en los planes que tenía el domingo y no había que olvidar que después de clases, era la competencia de surf. Se sonrojo un poco al imaginarse nuevamente a Ichigo en las olas, le daría todo su apoyo… ella y de seguro, todas sus fans. Lanzó un suspiro.
-¿Qué ocurre? – Hichigo la sacó de sus pensamientos, sentándose a su lado, en el suelo ya que no había más bancos.
-Nada – Le aseguraba moviendo sus manos en negación – Solo estaba pensando.
-Por esa cara, puedo apostar que pensabas en el idiota de mi hermano.
-No lo entiendo, ¿Por qué se tratan así? Son grandes hermanos mayores con Karin-chan y Yuzu-chan, pero entre ustedes, parecen como si desearan que el otro muera.
Hichigo entrecerró sus ojos y pasó una mano por sus cabellos, parecía que estaba viajando al pasado, en el momento que los gemelos Kurosaki se trataron con profundo odio. Sonrió levemente y con ironía cuando descubrió aquel momento y miró fijamente a la chica, como si se preguntara si era adecuado o aceptable que ella lo supiese.
-Es complicado, jamás lo entenderías.
-¿Puedo saber desde cuando?
-Eres insistentes. No se si decírtelo… es un tema complicado para ambos.
-¿En serio? No puedo imaginármelo.
-Te sorprenderías, es más, creo que cambiaría tu modo de pensar sobre Ichigo. – Aseguro mientras observaba el cielo, era algo relajante, pero también doloroso, porque volvías a los malos recuerdos, a los que te gustaría enterrar en lo profundo de su mente y corazón, pero no, ahí están, para atormentarte siempre.
Orihime no dijo más, sólo lo observaba, estaba curiosa por el significado de sus palabras, preguntándose que tan grave era, como para decirle eso. Podía jurar que había visto un poco de tristeza que la contagió también, y ni siquiera sabía del por qué estar triste, pero esa tristeza que observaba, era tan sincera y contagiosa.
-Perdón, creo que te hice recordar cosas feas.
-No tienes que preocuparte, porque esos recuerdos siempre están.
-Aún así…
-Dije que está bien, ya no insistas – La interrumpió de forma directa y seca, dejando ver un poco de grosería, pero simplemente quería olvidar… todos querían olvidar.
-Claro que no está bien – Orihime no se molesto, ni siquiera se sintió ofendida. Se atrevió a tomar una de sus manos – Guardarse las cosas solo consigues que tu corazón se sienta peor… te lo dice con experiencia personal – Le decía para luego sonreírle levemente, de forma cálida y aparto sus manos para dejarle libertad – No estás solo.
El albino Kurosaki se la quedo observando al momento que sintió un extraño latido en su corazón, era la primera vez que sentía algo así y se preocupo, se supone que era un mujeriego, que ninguna mujer ha logrado romper su caparazón de hielo, terminando siempre dolidas ante sus artimañas… y ahora llegaba ella, que estaba enamorada de su hermano, se resistía con lujo de sus ataques de conquista y ahora esto, rompió su barrera con unas palabras de apoyo y una sonrisa, consiguiendo que su corazón reaccionase de forma acelerada.
Posiblemente sea porque esas son las palabras que ha querido escuchar por muchos años, no de su familia, sino de alguien externo, de alguien que comprendiese como se sentía, y al parecer, era ella.
-Eres… rara.
-¿Y volvemos con eso? – Cruzándose de brazos, pero esta vez, con una sonrisa sincera en sus labios.
En ese mismo momento, mientras ellos hacían su trabajo, Hinamori se dirigía nada menos que al acuario. Recorría el lugar con una sonrisa por ver los peces y los hermosos delfines… ¡Incluso vio a los pingüinos!
Claro que ella tenía una razón para estar allí, puede que era peligroso lo que quería, pero esta podía ser su única oportunidad de conseguir lo que quería, lo que necesitaba, ya que se estaba quedando sin dinero en el banco… necesitaba un trabajo y el acuario era su única esperanza.
-Buenos días – Saludo a la secretaria – Vengo por la oferta de trabajo.
-Entiendo. Por favor, siéntese y espere a que la dueña venga de una reunión – Le pedía con una sonrisa al momento que recibía el currículo de Momo.
La estudiante se sentó cerca de la puerta, abrió su mochila y busco un libro para leer, después de todo, podría tomar mucho tiempo, y no se equivoco, estuvo esperando casi dos horas, pero ella era una persona paciente y no podía darse por vencida, su cuenta se lo pedía a gritos, "no falles", le decía y no quería irse a vivir con sus abuelos en un pequeño campo en China, no es que no le gustase el campo o sus abuelos, pero no quería irse, ni mucho menos ahora que era una sirena, tenía que saber lo que le estaba pasando.
La puerta por donde ella había entrado, se abrió nuevamente, había llegado la dueña de aquel acuario. A Hinamori le parecía familiar a aquella mujer, era de larga cabellera verde hasta la cintura, sus ojos de color del musgo, la analizaban con mucho interés, como preguntándose del por qué la visitaba una estudiante de secundaria. De nuevo se estaba preguntando en donde había visto a esa mujer mientras la peli-verde hablaba con su secretaria.
-¿Hinamori Momo-san? – Se sorprende al oír su nombre de los labios de esa mujer, era una voz muy dulce y un poco baja.
-¿S-Sí? – Poniéndose de pie de un brinco, casi parecía un robot.
-¿Vienes por un trabajo? – Le pregunto con una sonrisa. Veía como ella asentía con la cabeza, estaba muy nerviosa. – Por favor, pasa a mi oficina – Le invito al momento que abría la puerta de su lugar de trabajo.
Hinamori volvió a asentir y entro con la cabeza levemente gacha a causa de los nervios. Alzo su cabeza y se sorprendió un poco al ver lo hermoso y elegante que era su oficina. Las pareces no tenían un color en especial, le habían dibujado todo un paisaje playero, el mar, la arena, etc. Tenía unos muebles finos y una gran ventana que daba a la piscina donde hacían los espectáculos para los delfines. Ella se fue acercando al escritorio y se sorprende al ver una fotografía en la pared, detrás de la silla de la jefa y señora del lugar… ¡Era la misma fotografía que tenía Urahara! Aunque esa era más grande.
Ya lo podía recordar, ella era Nelliel, la amiga del biólogo Urahara Kisuke y de las dueñas de ese hotel donde se quedaron, Rangiku y Yoruichi. La miro, aún sin salir de su asombro, como se sentaba en su silla sin dejar de sonreír, parecía que le divertía la expresión de Hinamori.
-Hinamori-san… ¿Tengo algo en la cara? – Hinamori salió de su asombro al oír su pregunta, sintiéndose avergonzada y muy tonta. La miro nuevamente y en eso se dio cuenta que había algo diferente en la peli-verde de la foto y la que esta frente a ella. Esta Nelliel, de ahora, tenía una especie de cicatriz en su rostro, una rojiza y que iniciaba debajo de su ojera derecha, recorría su nariz y terminaba en su ojera izquierda… ¿Qué le habrá pasado? ¿Un tipo de accidente?
-¿Eh? ¡Lo siento! Es que yo a usted la había visto antes y bueno…
-¿Nos hemos visto? – Sorprendida, generalmente, ella era de buena memoria y le parecía extraño no recordar a esa chica.
-Bueno, no cara a cara, la verdad es que la vi en esa misma fotografía… que tenía Urahara-san.
-Oh, con que conoces a Kisuke – Entendiendo su comportamiento y volvió a sonreír – De seguro te asustaste mucho por su forma de ser.
-Bueno, no puedo negarlo – Confeso con las mejillas sonrojadas. – También he conocido a Rangiku-san y a Yoruichi-san, mi clase se quedo en su hospedaje.
-Pues si, Rangiku-chan me hablo de eso hace días – Preparando unas tazas de té, a Hinamori le parecía curioso que tomase precaución ante eso, incluso tenía unos guantes – Y dime Hinamori-san, ¿por qué quieres trabajar en mi acuario?
-Le hablare con sinceridad, tengo problemas financieros, se me acaba la herencia que me dejaron mis padres al morir y tengo dos opciones: Trabajo o me voy a China.
-Ya veo – Le dio una taza llena y le ofreció el azúcar para que se sirva a su pinta. Antes de ponerse ella misma azúcar, se frotó por unos momentos su brazo izquierdo, aquel gesto llamo la curiosidad de Momo – Y dime, ¿Te gusta los peces y los seres de mar?
-Me encantan – Respondió con una sonrisa sincera, a pesar de su trauma al mar, no podía negar el cariño que le tenía a esas criaturas.
-Sabes, el mar siempre ha sido hermoso, como también misterioso… y mágico.
No sabía porque, pero al momento que oyó la palabra "mágico", sintió como su corazón dio una vuelta completa y como si en esos momentos, estuviese ante ella en su forma de sirena. Sentía como si estuviese ante una adivina leyéndolo su futuro. De forma inconsciente, alzo su cabeza para ver esa fotografía y ahora que lo miraba bien, notó que los brazos de Rangiku tenían aquel tatuaje de sus sueños, el mismo que ahora estaba en su brazo izquierdo.
Nelliel sonrió al ver su reacción, llamando nuevamente su atención.
-Felicidades, estas contratada.
Hinamori abrió sus ojos al oír eso, ¿Estaba soñando? Se pellizco y se ahogo una queja de dolor, comprobando que en verdad era la realidad.
-Muchas gracias Nelliel-san.
-Y ahora que trabajas para mí, te diré Hina-chan, te queda muy lindo – Sonriendo.
-Sí, mis amigas me dicen lo mismo… en verdad se lo agradezco mucho – Poniéndose de pie para inclinarse, en agradecimiento por haberla aceptado.
-No hay de que. Comenzarás desde abajo, ayudando a los entrenadores de delfines, llevando el alimento. También repartirás publicidad por el lugar, ¿De acuerdo?
-¿Cuándo comienzo?
-Desde mañana. Trabajaras en las mañanas, cuatro veces en una semana, no quiero que tengas problemas por tu escuela.
-Por supuesto, la veré mañana.
Finalmente las escuelas de la ciudad encerraron a los estudiantes, pasando muchas horas de conocimientos, pero ahora era hora el almuerzo, así que tenía su momento de libertad y relajación. Ichigo y sus amigos se juntaron en la azotea, como siempre.
-¡¿En un acuario? – Exclamaron Rukia y Orihime sorprendidas.
-Felicidades Momo – Tatsuki la tomo de los hombros – Finalmente tienes un trabajo.
-Estabas muy preocupada por eso en estos días – Recordó Renji, hablaba mientras comía de su almuerzo. Rukia se molesto por su falta de modales, por eso le pego en el estómago, ocasionando que el pelirrojo se atorase.
-¿Crees que estarás bien con un trabajo? – Pregunto Toushirou, preocupado por su amiga, pero lo ocultaba perfectamente con una falsa indiferencia.
-No te preocupes Shirou-chan, estaré bien.
-Pues felicidades Hinamori-san – Felicito Mizuiro, con su vista clavada en su móvil, algo normal en él, pero sabían que su felicitación era sincera.
-Gracias, no tendré que preocuparme… por lo menos, por un tiempo.
-Inoue – La chica salió de su preocupación al oír la voz de Ichigo, veía como se ponía de pie, sin perder ese semblante de seriedad – ¿No te importa si hablamos unos momentos a solas? Quisiera que me respondas algo.
Las mejillas de Orihime subieron de color rápidamente al oír eso, pensar que estaría a solas con él, y esta vez, no estaría dormida, por suerte, sería solo unos minutos, pero rogaba que ese no fuese el tiempo suficiente para que su corazón estalle. Asintió con la cabeza, poniéndose de pie y siguiéndolo. Aumentaba los nervios con cada paso que daba. Finalmente estaban a solas y apartes de todos, Orihime llevo una mano a su pecho, tenía que calmar ese alocado corazón que tenía antes de que abra su pecho y salga corriendo, porque eso le esperaba si seguía aumentando la velocidad.
-¿Qué es lo que pasa Kurosaki-kun?
-Bueno… esto… verás, me preguntaba si es cierto que mi hermano no te ha hecho nada.
-¿Eh? No, no me ha hecho nada – Sonriendo para poder calmarlo – De vez en cuando me hace bromitas, pero le detengo de inmediato, así que no te preocupes…
-Está bien, me dejas un poco tranquilo. – Confeso nervioso. Sus palabras la hicieron sonrojar nuevamente.
-Por cierto, iré a la competencia para animarte – Le prometió con una sonrisa, tenía que aprovechar su oportunidad de estar solos, porque de seguro después seria acosado por las chicas, y si se atrevía a acercarse, tendría problemas y no quería tener todo el tiempo a Rukia y Tatsuki como sus guardaespaldas.
-Genial, gracias Inoue – Dijo con una leve sonrisa, que derritió a la chica, un duro golpe a su corazón, ahora si creía que se desmayaría o se moriría de la felicidad.
Era ahora o nunca, debía darle esa sugerencia.
-Kurosaki-kun – Llamando su atención nuevamente – Yo… estaba pensando sobre lo que dijo Rukia, sobre hablarnos por nuestros nombres.
-¿En verdad? Pero no debiste, ya sabes como es Rukia, lo hace para molestarnos.
-Bueno, si, pero… estaba pensando… ¿P-Puedo llamarte… por tu nombre?
Agacho su cabeza apenas vio la sorpresa en el semblante de Ichigo, se sintió tonta por unos momentos, por haber lanzado aquella pregunta, de seguro al muchacho le había parecido muy impertinente, estaba de más decir que fue una pésima idea. Estaba a punto de rectificarse cuando sintió su mano sobre su cabeza para que se viesen a los ojos, podía sentir aquella mano muy cálida, se sentía segura y querida, pero cuando él fue apartando su mano después de conseguir su objetivo, para la sirena fue una puñalada en el corazón, sentía la verdadera soledad al apartarse de ese calor.
-Con una condición – La chica lo miraba curiosa, preguntándose lo que le diría – Que tú me dejes llamarte por el tuyo… Orihime.
-¡Trato hecho Ichigo-kun! – Le dijo con una sonrisa.
Finalmente era la competencia de surf. El día era perfecto, el sol relucía a pesar de las pequeñas nubes blancas y la playa estaba siendo invadida por mucha gente con intenciones de animar o participar en aquella competencia. Ichigo y los otros, estaban encerando sus tablas, mientras las chicas sólo miraban y les daba su apoyo.
-Estoy feliz – Confeso Rukia con lágrimas en los ojos, abrazando a Ichigo y Orihime – ¡Finalmente se hablan por los nombres de pila! ¡Tardaron años abuelitos!
-Deja de molestar Rukia. – Fue el ataque de Ichigo, tratando de ocultar el sonrojo en sus mejillas.
-Así que vamos a cumplir una vieja tradición playera – Siguió la pelinegra, ignorando su comentario – Orihime, como su reina de la playa, debes besarlo, se supone que en la mejilla, pero mejor en la boca.
-¡Rukia! – Dijeron a la vez.
-No finjan estar molestos, al final me lo agradecerán.
-¿Por qué no comienzas tú Rukia-chan? – Fueron las palabras de Orihime, dispuesta a devolverle la cuchara.
-¿A qué te refieres?
-Pues ya que propones, deberías iniciar la tradición… besando a Renji-kun.
Ambos se sonrojaron ante las palabras de Orihime, quien no pudo evitar reír y Hinamori se unió en su risa contagiosa, disfrutando de las reacciones de su amiga.
-¡¿Quién quiere besar a este cara de mandril?
-¡Yo no quiero que me bese esta enana del mal!
-Mentirosos – Dijeron los cuatro a la vez.
-¡Atención participantes, la competencia esta a punto de comenzar!
Rukia suspiro aliviada al oír al presentador dar el aviso.
