Bien, como dije, subiria otra conti este 10 de Agosto por ser el cumpleaños de mi amiga Karo

happy B-Day Karo!

Bleach es de Tite Kubo.

Capitulo 15: Descubierta.

En el dojo Abarai, se podía ver al maestro de ese lugar, enseñando a sus estudiantes. Aquel maestro era también un buen esposo… y padre, el padre de Renji. Para saber como será Renji a los 40 años, sólo faltaba verlo a él, con el cabello unos centímetros más largo y recogido en una trenza, y a excepción de él, no tenía tatuajes. Vestía con el kimono blanco de las artes marciales y con una cinta negra rodeando su cintura.

Como una rutina habitual, primero hacía calentamientos con sus estudiantes, luego pasaban a las técnicas y finalmente, las clases terminaban con una pequeña pelea entre estudiantes, para poder demostrarle más fácilmente lo que hacían mal. Después de todo eso, los estudiantes se cambiaban, se inclinaban ante su sensei y se retiraban a sus respectivos hogares.

Pero aún no terminaban las lecciones del sensei, aún le quedaba un estudiante más, su hijo y heredero, Renji. Ambos entrenaban juntos normalmente unas cuatro horas más, parecía que a ese hombre no le preocupaba para nada el estado de Renji, ya que le seguía enseñando y derrotando en sus batallas de entrenamiento.

-Ya no puedo mas – Cubierto de sudor y tirado en el suelo de espaldas con los brazos extendidos, Renji respiraba de una forma muy acelerada, algunos mechones de su cabello estaban pegados a su rostro a causa del sudor.

-Esas no son las palabras que debe decir un guerrero en el campo de batalla… o el heredero cuando esta en calentamiento.

¿Calentamiento? ¿A eso le llama calentamiento? Mi familia definitivamente son unos locos obsesivos sobre esto.

-¿Eso es todo lo que das? ¿Y pretendes protegerme con ese nivel?

Renji gruño al oír esa endemoniada voz, giro su rostro a su derecha para observar la entrada y observo a Rukia con una sonrisa de burla y de brazos cruzados. Vestía un vestido blanco con las mangas rozándole los hombros y le llagaba a las rodillas, que combinaba con unas sandalias del mismo color.

-Oh, Rukia-sama, buenas tardes – Saludo el padre de Renji, inclinándose.

-Oh, el placer es todo mío señor Abarai – Pescando su vestido y hace una elegante reverencia con una sonrisa "angelical".

Aquí vamos de nuevo. Pensó Renji al ver la actuación de su amiga.

-¿A qué has venido diabla?

-¿Así me agradeces mi amabilidad de querer alegrarte el día con mi presencia?

-Oh, que mal agradecido soy… lo mejor es que te vayas, no merezco tu presencia.

-Si, es verdad, no la mereces – Renji la maldijo en su mente, ¿Cómo era posible que hubiese tanta maldad en ella? Es peor que Lucifer. Como pudo, se puso de pie y la miro con ojos bestiales – Vale, vale… me pillé a alguien en el camino y venía para acá, así que decidí acompañarlo.

-¿De que estas hablando? – Incorporándose. Confundido, oía las pisadas de alguien, acercándose cada vez más, hasta que finalmente se dejo ver, sorprendiendo al pelirrojo – ¿Kira?

-Tanto tiempo Renji – Saludo con una pequeña sonrisa. Izuru Kira era un adolescente de la misma edad que él y los demás, de corta cabellera rubia, ojos negros y piel extremadamente blanca, a simple vista, parecía ser una persona reservada y enferma en salud.

-¡Cabrón, ven aquí! – Le grito emocionado al momento que le daba un abrazo de camaradas, golpeándole la espalda con las palmas de sus manos. – Debiste llamar, pude haber ido por ti.

-No quería interrumpir tu entrenamiento, además… pensaba darte una sorpresa, pero Kuchiki-san lo ha arruinado – Pasando una mano detrás de su cabeza.

-Esa es su especialidad, arruinar a los demás.

-Que te he oído – Molesta, Rukia lo golpea en la cabeza con su mano en forma de puño.

-Vaya, ustedes dos no han cambiado en nada, especialmente tú Kuchiki-san.

Sin contar el hecho de que me sale una cola fueron los pensamientos de la morena mientras sonreía inocentemente, asintiendo con la cabella y riendo divertida ante sus palabras.

El señor Abarai le dio el privilegio a su hijo de irse para pasar el resto del día con su "elegida" y con su mejor amigo.

Después de una merecida ducha, Renji se colocó un kimono masculino y camino por los grandes jardines de su hogar con sus invitados.

-He oído que fueron de viaje a la famosa isla Rukongai – Comento Kira de golpe y Rukia se tenso por unos segundos.

-Sí… y esta enana del mal no paraba de meterse en problemas. Primero se le ocurrió la brillante idea de ir al mar sabiendo que se avecinaba una tormenta, y después, se perdió en la montaña de Rukongai.

-¿Se perdió en la montaña? – Con una expresión de confusión, vio a Rukia, quien lucía cada vez más nerviosa del tema – ¿Acaso te convertiste en una sirena?

-¡¿QUE? – Exclamo la muchacha, atragantándose con su propia saliva y dando un brinco hacía atrás, golpeando a Renji en la cara con su codo.

-¡Maldita, eso me dolió! – Le grito al momento que la enfrentaba.

-¡Fue un accidente! – Ambos se veían con caras de odio.

-Lamento haberte asustado Kuchiki-san – Fue la disculpa del rubio, avergonzado por causar la milésima… o millonésima pelea entre esos dos. – Era una insignificante broma. ¿Acaso no has oído esa leyenda de que si tienes suerte, la magia te transformara en sirena?

-La maestra nos hablo de eso – Hablo el pelirrojo, Rukia había suspirado aliviada, sólo se estaba refiriendo a esa leyenda… aunque ya dudaba de que lo era si ella era la prueba misma de que era verdad esas palabras. – Aunque sinceramente, no le di importancia, lo encontré ridículo.

Ojala pudiera decir lo mismo, pero ¡Hola! Soy una sirena en vivo y a todo color.

-Parece que sabes mucho de allá Kira. – Comento Rukia, fingiendo indiferencia.

-He vivido allí unos meses a causa del trabajo de mis padres. – Le explico con una sonrisa. Parecía que no le daba importancia al extraño comportamiento de la chica. – Cambiando de tema… ustedes dos, ¿siguen sin decir nada?

-¿A qué te refieres? – Preguntaron sin comprender.

-Si, es decir… ¿Aún siguen lanzándose maldiciones en vez de confesarse y salir…como una pareja?

Ambos quedaron rojos como las rosas que cuidaba la madre de Renji en su jardín por aquellas despreocupadas y directas palabras.

-¡NO DIGAS TONTERIAS!

-Lo tomare como un no.


Cambiando de rumbo, podemos ver a Orihime en la plaza, sentada en uno de los columpios. Veía fijamente a los niños jugando con sus padres, cerró sus parpados y al abrirlos nuevamente, ya no veía a esos niños, ahora se veía a ella, con la edad de 6 años, jugando en la arena, y en vez de esos padres desconocidos, estaba su hermano Sora, ayudándola sin vergüenza a ayudarla con su castillo mientras eran rodeados por sus padres, quienes elogiaban el talento de su princesa mientras el hombre sacaba una fotografía.

Los días felices que nunca volverán.

Volvió a cerrar sus ojos y lágrimas salieron de sus ojos. Se quedo así unos momentos, sin importarle el hecho de limpiarse las aguas saladas o de abrir sus ojos, quería la oscuridad por unos momentos, para poder contenerse y no terminar en un llanto que llame la atención de terceros.

Sintió una presencia frente a ella que la sorprendió, no necesitaba sus ojos abiertos para saber quien era.

-Ichigo-kun – Susurro al ver frente a ella, extendiéndole su mano derecha, sostenía algo.

-Tú lo necesitas más que yo – El mismo pañuelo que le había dado en el viaje, se lo estaba prestando nuevamente. Ella sonrió agradecida y lo tomo gustosa con sus dos manos. – ¿Mejor?

-Sí – Quitándose la última lágrima – Gracias Ichigo-kun, creo que lo único que hago es llorar – Murmuro avergonzada, ocultando un poco su apenado rostro con sus cabellos naranjas.

-Está bien llorar por los que se fueron… aunque yo no podía hacerlo… cuando mi madre se fue, lo único que hice fue apartarme de mi familia.

Orihime se sorprendió, no por el relato, sino por el simple hecho de que él le este hablando de su pasado tan confiadamente… ¿Creía en ella? ¿Confiaba en ella? Se sentía internamente feliz por eso, creía que eso los unía un poco más.

-Eso es muy triste… debiste sentirte muy dolido y solo… por no tener con quien desahogarte… O, la verdad es… ¿Qué creías que apartándote, no preocuparías a tu familia? – Se atrevió a preguntar, tratando de conocerlo más.

Ahora fue el turno de Ichigo de sorprenderse, no podía creer que esa pregunta salió de los labios de Orihime, era como si hubiese leído su mente, le había adivinado perfectamente sus motivos, él había tratado de ser fuerte, apartándose de los demás para que no viesen su miedo, su tristeza y así no preocuparlos, pero…

-Así es – Confeso, mirando el cielo fijamente, parecía que estaba regresando al pasado, a aquellos días, a lo que había aprendido. – Pero me he dado cuenta, que mi actitud solo ocasiona que los que me rodean se pongan más tristes y preocupados por mí.

-Se a lo que te refieres… yo me negaba aún el haber perdido a mis padres en ese accidente… estar sola con mi hermano, sin poder ver la sonrisa de mi madre cada mañana cuando entraba a la cocina… o aquellos días en que mi padre me sentaba en sus piernas y me contaba cuentos… esos días jamás volverán – Como él, ella también dirigió su mirada al cielo – Pero aún tenemos los recuerdos… y eso es el tesoro más valioso – Sonriendo.

-Y sus corazones – Orihime giro su rostro para ver al muchacho, confundida por sus palabras. Ichigo seguía viendo el paisaje del cielo, recordando a una persona en especial que le dio esas valiosas palabras. – Alguien me lo dijo, el corazón esta en nuestras manos y es algo que va naciendo al ir conociendo a personas que se harán importantes para nosotros. Cuando nos vamos, el corazón se queda aquí, pero no en nuestros cuerpos, sino en la gente que queremos… por eso, es una suerte que tus seres queridos hubiesen estado contigo en sus últimos minutos, porque así, te dieron sus corazones antes de partir… por eso, nunca hay que morir solos.

La chica le sonrió, esas palabras eran tan sabias como hermosas, y que las pronunciara Ichigo bajo el atardecer… lo hacía ver tan atractivo. Rápidamente giro su cabeza al darse cuenta que aquellos pensamientos la hicieron sonrojar.

- Orihime – Ichigo decidió ponerse de pie y la vio fijamente. – No olvides que no estás sola nunca más, nos tienes a todos. – Le aseguro, ofreciéndole su mano. – Te dejare en tu casa.

La sirena se lo quedo mirando por unos momentos, sintiendo un cálido sentimiento en su corazón al oír esas palabras… era verdad, no estaba sola, ahora tenía a todos sus amigos, con ella… y a él, la persona que amaba era uno de sus amigos, alguien en quien podía confiar y acudir… tal vez no era correspondida, pero… por lo menos, tenía su amistad. Sonrió alegremente y agradecida mientras tomaba esa mano, como un apoyo que la salvo de caer en la oscuridad, y se pone de pie, sin soltar esa mano por unos minutos.

-Muchas gracias Ichigo-kun.

-N-No… hay de que. – Paso una mano detrás de su cabeza, sonrojado por la vergüenza y viendo hacía otro lado.

Se soltaron de la mano porque ya estuvieron así mucho tiempo y era algo que los avergonzaba demasiado.

Caminaron hacía la residencia de Inoue. Al principio, estuvieron bajo absoluto silencio, aún un poco incomodados por aquel atrevimiento de tocarse, pero Orihime decidió romper el silencio, iniciando una conversación sobre duendecillos azules. Fue ridículo, lo sabía, pero por lo menos lo hizo reír y romper aquel incomodo momento, haciendo que el ambiente fuese más cálido y confiable, hablando de mas cosas y riéndose por anécdotas del otro… o por recordar escenas graciosas que les pasaron al salón.

-¡AH!

Un grito desgarrador, de miedo, los alarmo. Parecía ser una persona que estaba asustada, debe estar en peligro. Inmediatamente, Ichigo se dejo guiar por el ruido, con la chica siguiéndole por detrás, no quería dejarlo solo por ningún momento. Al llegar a la escena, vieron a un pobre estudiante, viendo aterrado como los pandilleros que querían robarle… eran derrotados por un solo hombre. Ichigo quedo paralizado por la sorpresa, e incluso por el miedo, se le dificultaba decir algo por la presencia de ese enorme hombre que tenía una mirada matona y una espada de madera sobre su hombro derecho.

-¿Eso es todo lo que dan? Banda de inútiles… ¡Y se atreven a molestar a los demás con lo patéticos y débiles que son! – Su grito causo que saliesen corriendo por el miedo. Aquel hombre era de piel bronceada, tenía unas cicatrices en su rostro, como también en su pecho, se notaba porque su camisa estaba abierta. Tenía un extraño peinado, como estilo punk y en cada punta, se veía que colgaba nada menos que cascabeles. Uno de sus ojos estaba cubierto por un parche negro, por el otro, se podía ver que era pequeño y de color negro. Se veía que era una persona peligrosa.

-Ichigo-kun, ¿lo conoces? – Pregunto Orihime al notar que por lo asustado, sospechaba que lo conocía.

-T-t… ¡¿Tío Kenpachi?

Orihime abrió su boca de la sorpresa y vio a aquel hombre, incrédula… ¡¿Era su tío?

-¿Eh? – El del nombre Kenpachi, giro su rostro despreocupado, viendo a Ichigo. – Ah, pero si eres tú, mi inútil sobrino.

-¡Ichi! – De la nada, una pequeña niña de cabello rosa, mismo color que el sonrojo en sus pequeñas mejillas, y de ojos color marrones, salió de la espalda de Kenpachi, colgándose en su hombro. – ¡Hola primo! ¿Quién es esa chica?

-Vaya, jamás me espere que un inepto tenga a una novia. – Fue el ataque de su tío.

-¡No es mi novia! – Grito de inmediato y avergonzado, sin notar que Orihime estaba roja como un tomate por aquellas palabras. – Y ya deja de decirme inútil, tengo suficiente con mi viejo.

-Para mí, serás un inútil hasta que logres derrotarme – Le apunta con su espada de madera, casi tocaba la nariz de un aterrado Ichigo, sólo él lograba ponerlo así. – Peleemos hasta morir, si logras derrotarme, finalmente serás libre de tus ataduras.

-¿Ataduras? – Susurro la sirena confundida, curiosa por saber a lo que se referían. Pero antes de poder pensar en posibles ideas, Ichigo la tomo de forma inesperada de la muñeca derecha, llevándosela en lo que parecía ser, una carrera. – ¡¿Ichigo-kun?

-¡Créeme, esto es necesario! – Le aseguraba, corriendo con todas sus fuerzas, parecía un niño asustado por ver un fantasma. – ¡Nos vemos en casa!

-¡Ichi esta escapando Ken-chan! – Le decía una emocionada Yachiru, señalando con su pequeño dedo a su primo y a la chica. – ¿No vas a seguirlo?

-¿Para que? Cuando llegue a casa, tendrá una merecida bienvenida. – Le aseguro al momento que se dibujaba una amplia sonrisa maquiavélica, imaginándose lo que le haría a su sobrino. – Por ahora, nos conformaremos con Isshin e Hichigo.

-¡Sí! – Emocionada.


-Eso estuvo cerca – Ichigo se detuvo, soltando la muñeca de la sirena y se apoyo en la pared de una tienda para poder recuperar su aire.

-Tu tío… parece una persona interesante – Le dijo con una mano en su pecho, también tenía que recuperarse de aquella carrera.

-Es el demonio personificado… y Yachiru… - Un escalofrió invadió su ser con sólo imaginarlo, esa pequeña era peor. – es mejor que no lo sepas.

Orihime iba a preguntar del por qué pensaba así de una pequeña niña que lucía adorable e inofensiva, pero al ver su mirada, decidió callar, él los conocía mejor, después de todo, eran familia.

No se demoraron mucho para llegar al departamento. Subían las escaleras en silencio, pero era un silencio agradable, se notaba por la sonrisa de la sirena. Se detuvieron una vez frente a la puerta, como le hubiese gustado estar más tiempo con él, pero como todo cuento, tiene que haber un final.

-Gracias por acompañarme Ichigo-kun, fue un momento agradable. – Le aseguro con una sonrisa.

-No hay de que… y lamento ese encuentro con mi tío, debió darte miedo.

-Oh, no te preocupes, no me asusto para nada. – Le aseguraba moviendo sus manos.

-Nos vemos mañana.

-Nos ve-… - Se interrumpe por haber tropezado torpemente. Pero Ichigo logro abrazarla antes de caer.

-Vaya, te tropiezas hasta con piso liso.

-Lo siento. – Alzando su cabeza para verlo.

Ambos se sorprenden al darse cuenta que sus rostros estaban muy cerca. El corazón de la sirena latía sin control, por tener su cuerpo pegado al de él, por tener su embriagante respiración tan cerca, chocando su cara que sólo conseguía que sus piernas temblaran, caería al suelo sino fuese porque él la sostenía. Estaba perdiendo la cordura, ya no tenía control de su cuerpo, ninguno de los dos, sólo se miraban a los ojos, dispuestos a romper lo que era correcto, en hacer cosas que luego se arrepentirían.

-I-Ichigo-kun… - Susurro con una voz temblorosa, atragantada, quedándose sin aire.

-N-No digas nada. – La calló, atreviéndose a acercarse más, dejándose llevar por la pasión que ocultaba dentro de su cuerpo. Sus manos tocaron esas blancas y suaves mejillas que siempre había querido tocar, estaba perdiendo el control, pero no le importaba ahora.

Orihime entendió de inmediato lo que pretendía hacer y no se negó, ni siquiera se asusto, simplemente cerró sus ojos. Jamás creyó que esto pasaría, pero en verdad iba a ocurrir, en verdad Ichigo iba a besarla. Podía sentirlo, como se iba acercando, el aire de su respiración golpeaba más fuerte sus sentidos, estaban a escasos milímetros, tan cerca…

SPLASH.

El hijo del vecino les salpico agua accidentalmente, trayéndolos a la realidad y preocupando a Orihime.

-Lo siento mucho Inoue-san, mi pistola de agua esta fallando y decidí probarla, pero no sabía que estabas afuera con tu novio.

Tenía que hacer algo, el tiempo corría.

-Lo siento Ichigo-kun, y gracias por dejarme. – Se despidió roja y asustada. Rápidamente abrió la puerta y entró, para luego cerrarla de un portazo antes de darle la oportunidad a Ichigo de decir o hacer algo. Cuando reacciona, ve la puerta cerrada y oye su grito, para luego oír como algo pesado caía al suelo.

-Se habrá tropezado. – Se dijo a si mismo, viendo sus ropas mojadas. Lanzó un suspiro con las mejillas rojas, pensar que estuvo a punto de besarla…

Dentro del departamento, Orihime se había caído, pero no por un tropezón, sino por culpa de su cola. Con fuerza, se giro para apoyarse de espaldas e intento sentarse, viendo con odio a su cola.

-Muchas gracias… ¿Tienes idea de lo mucho que espere para esto?


Era un nuevo día.

-Hey, ¿Y esa cara? – Pregunto Hichigo mientras la observaba subirse al barco.

-No preguntes. – Le pidió, dejando su bolso en el suelo y se sienta. – No dormí muy bien anoche.

-Tienes la misma cara que puso mi hermano ayer cuando volvió a casa. – Se percato que sus palabras ocasionaron que Orihime se sonrojase por volver a los recuerdos… estaba comenzando a odiar a los hijos de sus vecinos. – ¿Paso algo?

-Nada, vamos por los peces. – Cambiando tema inmediatamente.

El barco dio marcha, yendo a lo más profundo del mar. Orihime lanzó un largo suspiro, no había parado de pensar por aquel suceso, pensar que sino se hubiese mojado, habría besado a Ichigo, algo que TODAS las chicas de la escuela deseaban. Ahora, ¿Qué le iba a explicar por su repentino deseo por encerrarse? ¿Y si llega a pensar que no le gustaba? Se muere ahí mismo… ¿Por qué tiene que ser tan difícil ser adolescente? Bueno, en realidad… una sirena adolescente.

-Mira esto – Hichigo la saco de sus pensamientos. Ella giro su rostro y observo lo que parecía ser una pequeña cámara acuática. – Con esto, tendremos unas imágenes geniales. Haremos capturas y las fotos las usaremos para el proyecto.

-Que gran idea. – Le felicito con una sonrisa. Tomo aquel objeto con sus dos manos, observando cada detalle. – No hay duda que te has pasado de lo brillante.

-Puedes felicitarme con un beso.

-Ya te pusiste arrogante, aléjate. – Empujándolo levemente con una sonrisa en sus labios.

-Ya estas mejor con ayuda de mi arrogancia. – Fue su comentario, dejándola confundida. – Es hora de meterse.

Hichigo no pensaba ponerse un traje de buzo, rodeo su cintura con un cinturón a prueba de agua, donde instalo la pequeña cámara. Se sentó a orillas del barco y se puso unas aletas de color azul oscuro y una máscara que le cubría tanto los ojos como la nariz que venía con un tubo respirador que contenía un pequeño tuvo con oxígeno, ideal para poder estar bajo el agua.

-¿Crees que es correcto estar en esta zona? – Pregunto Orihime con inseguridad y temor. – Es zona de tiburones.

-No tienes que preocuparte Queen, no hay muchos a esta hora.

Orihime se despidió moviendo su mano de forma insegura, observando nerviosa como él se introducía al mar de espaldas… tenía una gran preocupación, podía estar en peligro… y él no le importaba para nada, al parecer…

Lanzo un suspiro.

Es oficial.

Ninguno de los hombres Kurosaki conoce la palabra peligro.

Camino hacía la pequeña mesa del cuarto de control, donde se depositaba una pequeña laptop blanca. Destapo la tapa y vio que la pantalla no sólo estaba encendida, también le estaba enseñando como era el mundo marino, estaba viendo lo mismo que veía Hichigo.

-Tengo que relajarme, de seguro él estará bien. De seguro no aparecerá ningún tiburón, porque ya es suficiente conmigo. – Se decía al momento que acariciaba la zona en donde fue atacada en el viaje escolar.

Su vista seguía clavada a esa pantalla, viendo cada detalle. Con el pasar de los minutos, su preocupación iba desapareciendo, ahora reflejaba una sonrisa tranquilizadora, observando los peces, de seguro tendrán unas imágenes grandiosas.

-¿Eh? – De forma repentina, la cámara se movía violentamente, no le daba oportunidad de ver bien. – ¿Hichigo?

Se lleva ambas manos a la boca al observar como un tiburón se acercaba al aparato, más bien, a la carne de Hichigo. Emitió un grito al momento que esa criatura desaparecía de la vista, de seguro, su compañero de clases logró esquivarlo a tiempo, descendiendo a la profundidad. Rápidamente corrió hacía afuera del barco con la laptop en sus manos, viendo por todo lados, rogando que él saliera. Volvió a mirar el objeto, horrorizándose al ver como ahora eran TRES tiburones.

-¿Qué hago? Si me meto… me vera. – Se muerde el labio.

No tenía otra alternativa.

Dejo la laptop en el suelo y no tardo en correr hacía estribor para apoyar primero un pie en el barandal y de un impulso con los brazos estirados frente a su cabeza, se lanzo al mar. En el momento que se sumergió, ya no era una humana, ahora era una sirena.

A gran velocidad nadaba hacía las profundidades, viendo por todos lados en donde podría estar Hichigo. Lo encontró usando el mini estanque de oxígeno como arma para apartar a los tiburones con las burbujas que salían. Una vez cerca, alzo su mano derecha hacía la escena y el agua no tardo en tomar vida propia, creando unas especies de serpientes acuáticas que atacaron a las bestias mientras una giraba alrededor del muchacho con intenciones de protegerlo.

Hichigo miraba todo sorprendido, pero esa sorpresa no era nada, comparado con lo que sentía en el momento que sus ojos le revelaron a Orihime nadando hacía él con una plateada cola. No pudo evitar abrir su boca, grave error, ya que el agua entro y se quedo sin oxígeno. Por suerte, Orihime lo tomo del brazo derecho y lo ayudo a subir a la superficie.

-¿Estás bien? – Le pregunto una vez que salieron. – Te dije que había que estar con cuidado, ¿Qué pasa si hubieses muerto?

-¿Te parece que es momento para hablar de eso? ¡Eres un pez!

-Me convertí en una sirena, no en un pez. – Le rectifico con un tono de voz que mostraba lo ofendida que estaba.

-¿Cuál es la diferencia? Ambos tienen cola, escamas y respiran bajo el agua.

-Que ironía. – Se murmuro, recordando que Rukia había dicho lo mismo cuando descubrieron que se transformaban en seres acuáticos.

Ambos volvieron al barco, Orihime se había secado, por lo que consiguió volver a ser humana. Sentada en el suelo y de piernas doblabas, miraban como Hichigo se secaba el cabello, ya tenía su pecho seco y lo cubrió con una pollera.

-¿No fuiste lastimado?

-No, tuve suerte de reaccionar a tiempo. – Dejo su labor, su cabello seguía húmedo, pero ya no caían tantas gotas. Miro fijamente a Orihime, incomodándola. – ¿Te das cuenta que podría amenazarte? Podría obligarte a salir conmigo o revelaría tu secreto.

Debía confesar, que eso la asusto y la preocupo, ser descubierta como un fenómeno, como un conejillo de laboratorio… pero eso paso de inmediato, lo miro fijamente y se atrevió a sonreír.

-No lo harías. – Aseguro sin borrar su sonrisa. – No eres un perverso, jamás delatarías a la persona que te salvo dos veces la vida… tampoco eres tan cruel como para amenazar a la gente, te conozco bien.

-Oh, adiós a mi plan de manipularte. – Dijo con sarcasmo, pero luego recordó sus palabras. – ¿Dos veces?

-Las mantarrayas.

-Oh, con que fuiste tú… gracias… por eso y por lo de ahora… no te preocupes, guardare tu secreto – Le prometió.

-Gracias. – Agradeció con alivio, aunque duraría poco porque Rukia la matará cuando se entere de esto.

-Esto significa que me hace más cercano a ti... porque de seguro, Ichigo no lo sabe, ¿no? – Sonrió victorioso al verla tensarse por unos momentos. – Esto será divertido, verlo celoso y con ganas de matarme.

-¿Celoso? – Sin comprender.

-Eres muy lenta. Pero bueno, ya que esa zona es peligrosa para mí… tendrás que meterte tú y conseguir buen material para nuestro proyecto.

-Explotador. – Se quejo con burla, levantándose del suelo.

-Oye, yo hice la gran parte, ahora es tu turno de sumergirte, sirenita.