Bueno, otro mes, asi que dejo continuacion.

Gracias por la pasciencia de esperar mes tras mes XDD

otra cosa, creo que mis contis las subire lentas... mas de lo normal, el segundo semestre pasa rapido y comienzo practicas, asi que... bueno, ya saben XD eso si, los que ya tengo avanzado, los subire.

bueno, eso es todo, solo me queda decir que Bleac es de Tite Kubo.

Capitulo 16: Maya. Contrato. Terrino.

En esa misma mañana, mientras ocurrió aquel incidente, en el acuario se podía ver a Hinamori comenzando su primer día de trabajo.

Aparta de su uniforme de trabajo (short grises hasta las rodillas y una pollera azul oscuro con mangas cortas y el símbolo del acuario), usaba unos guantes de cocina que le llegaba a los codos y de color rosa pálido, un delantal como el de los pescadores hasta los tobillos y su cabello recogido y oculto en un jockey.

Todo para prevenir el agua.

-Hinamori-san – Una señora de edad, regordeta y de corta cabellera negra, se le acerco con unas carpetas en la mano. – ¿Estás lista para alimentar a los delfines?

-Claro, estoy preparada. – Le aseguro con una sonrisa llena de emoción. La mujer la observo de arriba abajo, sin comprender el por qué se cubría tanto. – ¿Ocurre algo?

-No, nada… andando Hinamori-san.

Momo respiro hondo para luego tomar dos baldes llenos de pequeños peces, la comida de los delfines. Siguió a la regordeta mujer hasta la salida, acercándose a una enorme piscina en donde los entrenadores de delfines, hacían su show con los animales para entretener a la gente con ingeniosos giros que era a causa de la coordinación entre humano y animal.

Hinamori se acerco a uno de los entrenadores y le entrego los baldes.

-Gracias Hinamori. – Le dijo con una sonrisa. Era moreno y de corta cabellera negra con tonos morados y lisa. Sus ojos eran negros. En su cuello, colgaba un silbato.

-No hay de que Hisagi-san.

-Toma. – Saco un pez del balde y se lo ofreció. – Como comité de bienvenida, te dejare que seas la primera en alimentarlo.

-Muchas gracias. – Exclamo agradecida al momento que tomaba el pez. Veía como un delfín se acercaba, ansiosa por comer, se le notaba por el sonido que emitía y como se movía.

-Ella es Maya, nuestra estrella del show.

-Es un placer Maya. – Le dedico una sonrisa y preparo su mano. – ¿Estás lista? – Observo como volvía a soltar un sonido y se apartaba unos centímetros. – Ahí va.

Lo lanza.

Maya retrocedía hasta que dio un brinco, pesco el pez en el aire y cayó a la piscina gigante. Por prevención, Momo retrocedió un paso y suspiro aliviada por estar seca. Su alivio cambio inmediatamente por una sonrisa de emoción por ver como Maya se regodeaba por aquella comida.

-Parece que le has agradado

-Eso es bueno. – Orgullosa de si misma, se despide del delfín moviendo su mano derecha y volvió al trabajo.

Después de que su jornada acabase, se preparaba para irse a la escuela. Con su uniforme puesto y su mochila colgando en su espalda, caminaba por el lugar, despidiéndose del personal. Cuando paso por la sección de los delfines, caminaba por una especie de plancha que lo dividía en dos sectores.

Se estaba poniendo una pulsera de oro, que era en recuerdo de sus padres, pero por un mal movimiento de su mano derecha, la joya se deslizaba rápidamente por su muñeca izquierda y antes de que Hinamori pudiese hacer algo, este ya había caído a las profundidades.

Se llevo una mano a la boca, ¿Y ahora?

Vio por todos lados, no había nadie.

No tenía otra solución a su problema.

Lanzo un suspiro, estaba nerviosa al principio, pero tenía que recuperar aquel valioso tesoro. Dejo su mochila en el suelo y se lazo al agua.

Sus piernas fueron reemplazadas por su cola de color café claro. Nadaba en lo más profundo, hasta tocar el suelo, buscando por todo lados su pulsera. Sonrió al verlo descansando, esperando a que ella lo fuera a buscar. Lo tomo con su mano derecha y mientras lo observaba, un delfín se le acerco.

Era Maya.

Ambos se vieron fijamente… Maya abrió su boca y Hinamori sonrió.

Jugar un poco no hace mal a nadie.

Nadaban en las profundidades, jugando. De vez en cuando, Hinamori se apoyaba en su aleta dorsal y dejaba que él nadase, especialmente en la superficie, si que nadaba rápido.

Después de unos minutos, Hinamori se reía al mismo momento que trataba de sentarse en la plancha a unos centímetros lejos de su mochila, no quería mojarla. Le sonreía al delfín, que no paraba hacer sonidos alegres o moviéndose de un lado a otro.

-Lo siento Maya. – Se disculpaba dejando su pulsera al lado de su mochila. – Tengo que ir a la escuela, tal vez otro día.

Estiro su mano derecha en forma de puño, usaría sus poderes para calentar el agua y volver a ser humana.

-¡Momo!

Casi se muere de un infarto al oír ese grito.

Alzo su cabeza asustada, viendo una silueta oscura que se acercaba al lugar

¡Era Toushirou!

En estado de pánico, reacciono sólo en lanzarse de nuevo al agua.

¡Estoy en problemas! ¡Estoy en problemas! ¡¿Qué puedo hacer?

Hitsugaya caminaba por el lugar, acercándose cada vez más al terrenos de los delfines, mirando hacía todos lados y llamando a su amiga a gritos. ¿Dónde podía estar? Se supone que su jornada término hace media hora. Había identificado una especie de punto café en la plancha, pero antes de poder identificarlo mejor, una mujer se pone frente a él.

-Hola pequeño, esta zona esta restringida sólo puede pasar el personal.

-¿Pequeño? – Una vena se le apareció en la frente y crecía a cada segundo. Respiro hondo, no iba a enojarse, ni mucho menos delante de esa mujer de cabello verde y cicatriz en la cara. – Estoy buscando a mi amiga Hinamori Momo.

En ese momento, Hinamori sacó un poco su cabeza, revelando sólo su frente y ojos, veía como su amigo era detenido por esa mujer.

Era su única oportunidad.

Se acerco a la plancha y tomo su pulsera, tenía una idea.

-Shh. – Le susurro a Maya para volver nuevamente a sumergirse.

-Oh, con que eres su amigo. – Sonríe cálidamente, parecía que ignoraba que él estaba molesto por haberle dicho pequeño. – Puedes decirme Nelliel, soy la dueña de este acuario. – Fue su presentación. – Ahora, debo pedirte que no entres allí.

-¡Shirou-chan! – Hinamori lo saludo al aparecerse. Caminaba por esa plancha y tomo su bolso. Después de dos minutos caminando, estaba frente a ambos. – ¿Por qué estas aquí? – Curiosa.

-Como es tu primera vez trabajando, quería ver que todo saliera bien… y quise acompañarte a la escuela. – Agrego rápidamente en el momento que miraba hacía otro lado para ocultar su vergüenza – Eres muy despistada y eso más el trabajo, de seguro te quedas tan agotada que ni recuerdes el camino a la escuela.

-¡Que cruel eres Shirou-chan! – Se quejo con las mejillas avergonzadas.

Escucharon una pequeña risita. Giraron sus rostros a la misma dirección para poder ver a Nelliel, con los ojos cerrados y su mano derecha en forma de puño para poder ocultar sus labios y poder disimular la risa que salía.

-Lo siento. – Abrió sus ojos y les regalo una pequeña sonrisa llena de ternura. – Puedo ver lo mucho que se quieren.

Los estudiantes quedaron un poco rojos por tales palabras Hinamori sólo atino a agachar su cabeza para poder disimularlo. En cambio, Hitsugaya, hizo un gesto de enfado y dio la media vuelta, dispuesto a irse.

-Apresúrate que no tengo todo el día Momo. – Se quejaba en gritos, sin detener sus pasos, que iban aumentando la velocidad.

-Disculpe la actitud de Shirou-chan, Nelliel-sama. – Haciendo una inclinación, aún roja por las palabras de la chica… y más ahora por el comportamiento de su amigo.

-¿Han…estado juntos por mucho tiempo?

-Somos amigos desde pequeños, nos hemos cuidado el uno al otro. – Le respondió con una sonrisa tímida, con el rubor en su cara.

A Hinamori le llamo la atención la triste sonrisa que dibujo los labios de su jefa por unos segundos, incluso sus ojos reflejaban dolor por los recuerdos.

-Eso es algo muy hermoso… que sean amigos por tanto tiempo, pero por favor, ten cuidado… o terminaras como yo, perdiendo a alguien importante.

-¿Nelliel-sama? – Estaba confundida, no comprendía el significado

-Será mejor que te apresures. – Su semblante cambio nuevamente, otra sonrisa se dibujaba en su cara. – No es bueno que hagas esperar a tu amigo por mucho tiempo.

-Hai, de nuevo, lo lamento… nos vemos Nelliel-sama.

Nelliel observaba con una sonrisa como ella se iba alejando para reunirse con su amigo. Lanzo un suspiro.

-Se salvo por los pelos. – Susurro con una sonrisa. Pero esa sonrisa desaparece de golpe y se toca su cicatriz.


-¿Se puede saber el por qué nos pediste juntarnos en la terraza?

Rukia y Momo veían a una nerviosa Orihime.

La peli-naranja no paraba de dar vueltas en círculos, estaba asustada por su propia vida, porque la muerte le esperaba en el momento que soltase su boca y le confiese a sus amigas que Hichigo la descubrió.

¡Y no había escrito su testamento aún!

-¿Todo esta bien Orihime-chan? – Pregunto Momo, con su cabeza siguiendo los movimientos de su amiga, sin marearse.

-¡Estas haciendo que pierda la paciencia! – Molesta, Rukia detuvo el andar de la sirena, tomándola de los hombros. – ¡¿Qué es lo que ocurre?

-Hichigo-kun sabe que somos sirenas.

Cerró sus ojos, esperando su muerte.

Rukia y Hinamori abrieron sus bocas y sus ojos.

-¡¿COMO ESTA ESO DE QUE SABE NUESTRO SECRETO?

Rukia Exploto.

Trago saliva.

-P-Puedo explicarlo.

Les fue contando lo sucedido, al principio, era de forma acelerada y muy asustada, pero poco a poco se iba calmando al ver como Rukia relajaba su furioso semblante.

-En pocas palabras, fue para protegerlo. – Medito sobre el discurso por unos momentos. Lanzo un suspiro. – No nos queda de otra. Eso si, voy a tener que asegurarme de que no diga nada, por lo que tendremos una charla con él en la hora del almuerzo.

-Él ya me prometió que guardaría el secreto.

-Orihime, eres muy inocente. Hichigo no sólo es promesa, hay que darle un contrato que diga que si rompe su promesa, le cortan el cuello.

-¿No crees que exageras Rukia-chan? – Pregunto Hinamori con una gota deslizándose por su frente.

-Con él NUNCA hay que exagerar. – Se froto la barbilla con una mano, parecía pensativa, muy curiosa. – Aunque algo no cuadra, en vez de decirte eso, esperaba más de él una amenaza o algo así.

-Dijo algo sobre dar celos. – Recordó Orihime, también en un estado de pensativa, aún no podía descifrar el significado de sus palabras.

-¿Celos? – Rukia alzo una ceja. – ¿A Ichigo?

-Bueno… Él lo menciono… y no entiendo el por qué.

-Si hay algo que tenemos Hichigo y yo en común es que pensamos que más lenta no puedes ser. – Ataco Rukia con la frustración en su cara. ¿Qué tenía que hacer para que ellos se confesasen de una vez? ¿Amenazarlos con una escopeta? ¿Decirle a Ichigo que tirara a Orihime a un volcán sino se confiesa?

-Mejor regresemos al salón, pronto iniciaran las clases. – Aconsejo Hinamori.

-Buena idea. – Orihime fue la primera en partir, con tal de salvarse de la ira de Rukia.

Cuando llegaron a su salón, vieron a Hichigo con su sonrisa arrogante, orgulloso de que las chicas lo rodeasen con corazones en sus ojos, lo observaban como si fuese una especie de dios guerrero. Orihime lanzó un suspiro, como él se sentaba detrás de ella, su asiento también estaba siendo invadido, así que no tenía más remedio que sentarse en la mesa de Rukia.

-Orihime. – La muchacha giro su cara para poder ver a Ichigo. Su corazón nuevamente estaba fuera de control al perderse en esos profundos ojos oscuros como el chocolate. Trago saliva, tenía que solucionar lo de ayer.

-B-Buenos días Ichigo-kun… ¿Cómo esta tu prima y tu tío?

-¡¿Qué? – Rukia, quien escuchaba su conversación con una oreja bien abierta, tratando de disimular que estaba haciendo otra cosa, perdió todo su trabajo de parecer indiferente al oír aquellas palabras y se metió en la conversación. – ¡¿Kenpachi-san y Yachiru están aquí?

-Oye Rukia, no te metas en conversaciones, que no te llamaron.

-¡¿Tu tío esta aquí? – Ahora fue Tatsuki quien se acerco al oír los gritos. – ¡¿Qué acaso hay reunión familiar en tu casa?

-Ni idea. – Se encogió de hombros, cabreado de que se metieran en su conversación privada sin decir nada, tomo la mano de Orihime y la guio para salir de allí, siendo observaba por sus amigos y por las envidiosas muchachas.

No hay que decir, que Orihime sintió una descarga recorrer todo su cuerpo apenas sintió el roce de la piel del chico, era tan cálido y suave, se sentía inmediatamente segura, sin importar la situación. No pudo evitar emitir una sonrisa al ver su amplia espalda, como un escudo listo para defenderla, siempre tenía una hermosa vista de su espalda, al principio, era lejana, ninguno de los dos se conocían aún, sólo se veían en su salón o en los pasillos, pero gracias a sus amigos, a las oportunidades, esa espalda se iba acercando cada vez más, ahora eran amigos muy íntimos, confiaban el uno al otro y sabía que Ichigo jamás la dejaría sola, siempre estaría a su lado para ayudarla.

Pero pensar que iban a hablar sobre lo que paso ayer… y pensar que cuando creyó que no podría ser peor, Hichigo tuvo que saber que ella era una sirena… lindo, MUY lindo.

-¿Ichigo-kun? – Necesitaba romper ese silencio, entre más pronto, mejor.

-Orihime, tenemos que hablar… s-sobre ayer.

-¿Ayer? B-Bueno… yo… c-claro…

-Esto… en verdad no se lo que me paso, en verdad lo siento.

Orihime agacho levemente su cabeza al oír esas palabras, en verdad que él no sentía nada por ella, sólo quería besarla por una necesidad de guiarse por las hormonas, como todo hombre. Hizo un esfuerzo por no llorar… era mejor así, su vida era realmente difícil como una sirena, para luego unirse problemas de noviazgo…

-No te preocupes, yo también no sabía lo que hacía… que la culpa quede mitad y mitad.

-Me parece bien. – Dijo con una sonrisa nerviosa, llena de vergüenza.

En estos momentos, Orihime quería tirarse al mar y ser una sirena por varias horas, para que nadie viese las ganas que tenía por llorar.


-¡Tú vienes con nosotras!

Al ser la hora del almuerzo, Rukia tomó al albino del cuello de la camisa y lo jala, apartándolo de su club de fans de una forma nada amable. Sin oír reclamos, se lo llevaba fuera de la sala, con Hinamori atrás, muy nerviosa y Orihime los seguía a paso lento, muy desanimada por su conversación hace horas con Ichigo.

-Hey Rukia, no puedo dejar a mis "amiguitas" solas, van a pensar que estoy ocupado o algo así.

-Pues en estos momentos estás ocupado con nosotras, tenemos cosas serias de que hablar. – Le acato con una autoridad de general.

-¿Esto tiene que ver con su mutación por el agua?

-No lo digas tan al natural y en voz alta, zopenco.

-No hay nadie que oyese, y si fuese así, creerá que estamos bromeando.

-No es algo que se toma a la ligera, por eso es que vamos a hablar.

Rukia arrastro a Hichigo, con sus amigas atrás hasta que llegaron al sector más apartado del jardín de la escuela. Se ocultaron en unos arbustos y la pelinegra lo soltó con brusquedad, por eso, él se tambaleo un poco.

-No me arruines el uniforme.

-Tu uniforme me tiene sin cuidado. – Se cruza de brazos molesta y lo analiza con la mirada. – Con que ya lo sabes.

-¿De qué son pe…? – Se interrumpe a si mismo al ver que la pelinegra iba a darle una patada en la cabeza, así que lo esquiva.

-Alguien te puede oír zopenco. – Le recordó con una vena en la frente. – Como sea, de seguro ya tienes una idea del por qué te traje.

-Yo no voy a decirle a nadie su secreto. Dejen de preocuparse por eso… me conoces bien Rukia. – Fue su defensa.

-Porque te conozco es que me preocupa. Deberás firmar un contrato en sangre de que juras que si revelas a alguien nuestro secreto, limpiaras mi mansión con tu lengua.

-R-… Rukia-chan. – Murmuraron Orihime y Hinamori con una gota deslizándose por su frente e invadidas por el miedo al ver la oscura aura que rodeaba a la sirena pelinegra.

-Todo esto es exagerado. – Se quejo el albino, pasando una mano en su cabellera. – Confía en mí, yo no diré nada… esta en la sangre de los Kurosaki, no romper sus promesas.

-Es verdad… Isshin-san terminaría haciendo un ritual o te enviaría a un convento si llegases a romper el lema número uno de los Kurosaki. – Murmuro con desagrado por sólo imaginarse a Isshin con trajes de sacerdote, moviendo su brazo de un lado hacía otro con una vara en sus manos y rogando a los dioses que no les lanzasen una maldición.

-Bueno… ¿Por qué no le pedimos ayuda a Hichigo-san? – Sugirió Hinamori con una leve sonrisa, parecía que tenía un plan.

-¿Eh? – Preguntaron los otros sin comprender.

-Él puede ir a Rukongai con nosotras, podría manejar el bote mientras nosotras nadamos.

-Eso no es mala idea, tener algo de ayuda en eso no nos hará daño. – Confesó Rukia frotándose la barbilla. – Así se nos será mucho más fácil.

-Pero no lo podemos obligar. – Les recordó Orihime. – Si él no quiere…

-Será un placer. – El albino la interrumpe, sorprendiéndola. – Además, yo también tengo unos asuntos que tratar.

-Entonces esta decidido, Hichigo se viene con nosotras. – Declaro Rukia alzando el puño derecho a los aires.

-¿A dónde?

Los cuatro miran hacía la puerta, las sirenas quedaron sorprendidas y sin capaces de decir algo cuando vieron que estaban Ichigo, Renji, Toushirou y Chad. Este último estaba tranquilo como siempre, a diferencia de los otros tres que estaban molestos, con sus ojos asesinos para ponerlos nerviosos y sólo lo conseguía con las chicas, no con Hichigo. Las mentes de ellas trataban de que una idea viniese a su cabeza, pero era tanto los nervios que no podían.

-Las chicas tenían la loca idea de ir a Las Noches, pero como no pueden solas, me pidieron que fuese su niñero ya que ustedes están ocupados con sus trabajos. – Fue lo que salieron de los labios de Hichigo. El plan perfecto, pensó Rukia, una gran idea.

-Eh… sí, fue idea mía. – Aseguro la pelinegra. – Quería comprar algo en particular y como siempre, me arrastro a las chicas.

-Soy tu guardaespaldas, yo iré. – Ataco Renji, alzando una ceja, molesto de que la enana fuese hacía el albino en vez que a él.

-Antes que guardaespaldas y heredero, eres un estudiante y debes cumplir sus obligaciones. – Fue el contraataque. – Es una orden.

-L-L-L… lo mejor será que vayamos rápido al casino a comprar algo o nos quedaremos sin comer. – Sugirió Momo perdiendo poco a poco los estribos por la fría mirada de Toushirou, tenía que salir rápido de allí. Pesco a sus amigas de las manos y las jala para llevarlas al casino. – ¡Vamos, vamos!

Nos metimos en un lio. Fueron los pensamientos de las sirenas.


Nuevo día.

En el muelle, ya se preparaban para partir a Rukongai.

Sólo había un problema…

Había tres sirenas depresivas.

-Tuve que apagar mi celular… en serio, Renji no paraba de llamarme. – Comentaba Rukia fatigada y molesta, sin parar de lanzar maldiciones.

-En el camino de vuelta a casa, Shirou-chan seguía insistiéndome de que le contara lo que ocurría. – Hinamori soltó un largo suspiro con cansancio y con tristeza en los ojos. – Sólo pude quedarme en silencio.

-¿Son las consecuencias de querer guardarlo en secreto? – Susurro Orihime con desanimo, recordando que tuvo que estar todo el día de ayer esquivando a Ichigo.

Se oye un ruido.

Hichigo se sube al bote y tiro su bolso al suelo, viéndolas con su característica seriedad.

-Oigan, estoy desperdiciando mi domingo por ustedes, deberían estar agradecidas y dejar esas caras largas. – Era su estilo de "animarlas", ellas lo notaron y sólo asintieron, agradeciendo en silencio su intención. Se adentraron a la cabina de control y el muchacho enciende el motor. – ¿Se tiraran una por una o todas a la vez?

-Todas a la vez. – Le respondió Rukia al momento que se quitaba las zapatillas.

-Asegúrense de estar cerca del barco.

Ve como las chicas corren hacía afuera, acercándose a babor y de un salto, se oye un SPLASH.

Las tres sirenas nadaban bajo el agua, intentando no alejarse demasiado del transporte marino. Se acercaron hacía unos corales que eran de color blanco y sonrió por aquella belleza al momento que Rukia sacó un pedazo que estaba tirado y abandonado.

No saben por cuánto tiempo estuvieron nadando, supusieron que unas tres o cuatros horas y tenían hambre, así que decidieron subir a superficie. De vuelta como humanas y sentadas en la cabina de control, comían unos almuerzos que se trajeron de sus hogares, Hichigo también comía con ellas, aunque con la vista siempre fija en la ruta.

Llegaron a la isla Rukongai finalmente.

El albino ayudo a todas a bajar del barco y recorrían el lugar. Era extraño estar nuevamente allí, especialmente porque no estaban con todo el salón, sino sólo ellas e Hichigo, es como si tuviesen más tiempo para contemplar lo que no pudieron ver… pero eso sería después, ahora debían primero buscar respuestas.

-Entonces dicen que se pillaron a una bestia que parecía ser una especie de mutación de lobo terrestre y lobo marino. Terminaron cayendo por unas rocas y estaban en una cueva que supuestamente no debía estar en los mapas… y como broche de oro, la fuente que esta dentro de la cueva, es lo que las convirtió en seres con cola.

-Estuve buscando por internet, pero no hay ninguna leyenda que hable sobre un ser así. – Comentaba Rukia con sus ojos fijos en las pequeñas tiendas de madera, llenas de recuerdos para vender.

-Deberíamos comenzar en buscar esa cueva. – Murmuro Hinamori con sus ojos distraídos en todos lados, eso consiguió que viese algo que llamo su atención. – Esa estatua… - Señalando.

Todos dirigieron sus vistas hacía donde Momo estaba observando y las otras sirenas se sorprenden al comprender lo que su amiga quería decir. Estaban mostrando una estatua mediana de madera y con la forma de una extraña criatura…

¡La misma que vieron en la montaña!

Corrieron hacía la tienda que tenía esa estatua sin pensarlo más. La observaban con más detalle, buscando una diferencia, pero no, era igual a la que vieron. El encargado las veía fijamente y luego sonrió con amabilidad.

-¿Desean comprar la estatua del protector de los secretos de las sirenas?

-¿El protector…? – Murmuro Orihime.

-¿…de los secretos…? – Siguió Rukia.

-¿…de las sirenas? – Finalizo Hinamori.

-¿Sabe algo de este ser señor? – Pregunto Orihime mientras lo señalaba.

-Sólo se sabe que su deber es cuidar los secretos de aquellos seres… y guiar a las sirenas a su "destino".

-¿Destino? – Preguntaron las sirenas a la vez.

-¿Esto es lo que ustedes vieron? – Pregunto Hichigo con las cejas alzadas, cualquiera pensaría que estaba molesto, pero no era así, estaba pensativo… tenía en su mirada la señal de que había visto a esa criatura.

-Lo llevamos. – Rukia sacó su billetera del bolsillo y le pago al hombre por la estatua.

Como era pesado, volvieron al barco para dejarlo allá adentro. Las chicas se lo quedaron mirando unos momentos, parecían perdidas ante esos ojos de madera, es como si estuviesen ante el verdadero y por una razón, ya no sentían miedo como antes, sino una especie de cariño y emoción, como cuando te regalan a tu primera mascota.

-Chicas. – Hichigo se sentó en una pequeña mesa que tenía la cabina de control. – Tengo algo que mostrarles.

Las chicas se acercaron curiosas, se sentaron en la mesa, esperando el momento en que él hablase. Hichigo lanzó un hondo suspiro y las vio fijamente, dispuesto a soltarlo de una vez.

-He visto a esa criatura. – Confeso de golpe al momento que revelaba un pequeño libro.

Estaba algo desgastado, la tapa parecía estar cubierta de pelaje naranja, tenía pegado un delgado lazo azul marino que tenía la función de separador. Lo abrió justo donde el separador estaba marcado y vieron que tenía unos dibujos y palabras elegantes y redondas, todo en varios colores, tratando de darle vida.

-Ese dibujo… es esa criatura, ese protector que menciono el señor. – Murmuro Momo.

-Yo conozco esa caligrafía. – Murmuro Rukia sin despegar la vista y llamando la atención de sus amigas. – Es la letra de Masaki-san.

-¿La mamá de Ichigo-kun? – Pregunto Orihime. Rukia asiente con la cabeza.

-¿Cómo es que Masaki-san sabe sobre esto? – Murmuro Hinamori. Tuvo una idea. – ¿Acaso paso por lo mismo que nosotras?

-No lo sé. – Murmuro Hichigo, con los ojos clavados en las letras. Lo había leído una y otra vez y aún no buscaba el "entre líneas", lo que su madre quería cumplir con el objetivo de escribir todo en ese libro… ¿Cómo es que su madre se involucro? ¿Acaso también fue una sirena? – Pero miren, esta todo sobre esa cosa… dice: El protector, o "Terrino", fue creado con la misión de asegurarse que terceros no descubriesen sus secretos o las "fuentes". Posiblemente las fuentes sean por ejemplo la que vieron en la cueva, las que las transformo.

-Entonces hay más que una fuente que trasforma sirenas. – Murmuro Orihime.

-Sí, pero no sirve para nada, ya que igual nos termino dejando allá. – Dijo Rukia con sarcasmo al momento que se cruzaba de brazos molesta.

-Aquí dice algo más… y es lo mismo que dijo aquel vendedor. El Terrino guiara a las sirenas que terminaron en tierra a su "destino" para volver a ser uno con el mar.

-Eso es extraño…

-Hey, si cambiamos "destino" con las fuentes…. – Murmuro Hinamori al llevar a una conclusión. – En otras palabras, él lleva a chicas a las fuentes para que se conviertan en sirenas.

-Pero no a chicas cualquieras. – Le recordó el albino.

-Espera. – Hablo Rukia de golpe y alzando sus manos. – Eso suena como si nosotras…

-¿Somos sirenas de nacimiento? – Finalizo Orihime incrédula.

-¡No puede ser! Ya es suficiente saber con que mis padres me recogieron de la calle para ahora saber que originalmente naci con cola. – Fue la queja de Rukia.

-Oh puede ser que una antepasada nuestra era sirena… que esta en nuestra sangre. – Sugirió Orihime, tratando de controlar el genio de su amiga. – Hay muchas posibilidades, Rukia-chan.

-Este libro es interesante Hichigo-san. – Murmuraba Hinamori mientras hojeaba las páginas. – ¿No hay posibilidad de que nos dejes sacarle unas copias?

-No lo creo, una vez lo hice.

-¿Qué paso?

-Nada. Eso paso, nada… no se veía la imagen, estaba completamente en blanco.

Orihime se puso de pie y camino hacía afuera, viendo la montaña de Rukongai. Sus movimientos eran vigilados por sus amigas e Hichigo.

-Aún tenemos más que saber… vamos a la montaña.