Feliz año nuevo! espero que lo hayan pasado genial...y no tan borrachos que terminen debajo de un puente sin saber como llegaron ahi (Si, hablo por ti jose XDDD)
Para comenzar enero, aqui tienen la primera conti del 2011 xDD
bye!
Bleach es de Tite Kubo
Capitulo 24: Desaparecida.
La lluvia era algo buena para el mundo, para evitar sequias y otras cosas.
Pero era el centro del aburrimiento y del peligro para las sirenas.
Nelliel lanzó un hondo suspiro llena de aburrimiento, pensaba irse temprano, y ahora, por culpa de la lluvia tendría que quedarse en su oficina. No tenía papeles que ordenar, así que decidió quedarse con la vista en su computador y navegar en varias páginas, pero no había nada interesante y sólo atino en soltar un "maldita lluvia que me deja encerrada".
Tal vez si leía un poco…
Se puso de pie con el pensamiento de instalar un televisor en su oficina para el próximo encarcelamiento y salió del cuarto con destino a una pequeña biblioteca que tenía el establecimiento, no sin antes pedirle a su secretaria que fuese al casino y le comprase un café y un emparedado y que se lo dejase en la oficina. Podría hacerlo ella, pero para ello, tendría que salir e ir al otro edificio y eso sólo implicaría mojarse.
Llego a la biblioteca y estuvo buscando algo con que entretenerse, pero casi todo lo había leído ya. Siguió con la búsqueda y finalmente encontró algo con que pasar el rato. Se acercó a la bibliotecaria para avisarle y esperaba a que ella la anotase en la computadora y se marchó.
Un escalofrió invadió su espina dorsal, ahora estaba teniendo miedo de volver a su oficina, que debería arriesgarse y pasar todo el resto del día con Maya en la gran piscina. Lanzó un suspiro, esto era ridículo, estaba en sus terrenos y no era para nada débil, ¿De qué debía tener miedo?
Recuerda la noticia en My Space y sacude la cabeza.
-¿Por qué? – Susurro pasando una mano por su frente y sonrió con ironía al darse cuenta que no podía olvidarlo. – Voy a pensar seriamente que las sirenas tenemos problemas de amor muy graves.
Le llamo la atención que su secretaria no había vuelto, de seguro debe estar lleno o algo así. Se sintió un poco culpable de haberla enviado bajo la lluvia, se tendría que disculpar con algo grande. Con tal decisión, abrió la puerta de su oficina dispuesta a sentarse y pasar el día leyendo…
O tal vez no.
Cerró la puerta y su cuerpo se gira, sorprendiéndose al ver que no estaba deshabilitado y el libro se le cae de las manos.
-¿Nnoitra?
El criminal liberado, el conocedor del secreto, el ex novio de Nelliel, estaba en su oficina. No había cambiado, seguía alto, de una cabellera muy lacia, negra y larga. Con unos oscuros ojos negros que demostraban toda la frialdad del mundo como un animal salvaje a punto de devorar a su pequeña e indefensa presa. Su piel seguía blanca y protegida por unos jeans azul oscuro y una camisa de largas mangas que estaban dobladas y de color blanco.
Por reacción, atino en correr hacía el escritorio y pescar el teléfono, pero el muchacho fue más rápido y tomo su mano con fuerza, impidiéndole alzarlo con el auricular. Nelliel iba a tomar otra táctica, pero él siempre se le adelantaba… lo que hacían los años. Se sonroja al darse cuenta que estaba acorralada en la pared, con aquel hombre delante y muy cerca.
-En el momento que supe de tu liberación, debí haber puesto más seguridad en mi Acuario y oficina. – Hablo la muchacha con frialdad, no iba a perder ante aquel hombre que revolucionaba su corazón a pesar de los años y de su traición.
-Cómo si esos patanes débiles pudieran conmigo. – Decía con arrogancia.
-Para ser un ex Aqua, actúas como un patán, ¿Dónde esta lo que te enseñaron?
-¿Esa es la forma en que recibes a tus viejos conocidos?
-Así recibo a los traidores que me causaron gran daño. – Atacó sin perder la calma y apoyando su mano derecha en el pecho de su depredador. – ¿Por qué viniste? ¿A burlarte? ¿A amenazarme a revelar el secreto?
Nnoitra se la quedo mirando mientras oía esas preguntas, sus ojos estaban clavados en aquel rostro que reflejaba dulzura y rudeza a la vez, cosa que al principio siempre le enfermaba y odiaba, pero sin darse cuenta, él había terminado gustándole aquella inocencia, aquella fuerza y mucho más. Su ojo descubierto se clavaron luego en aquella cicatriz que descansaba sobre su nariz y bajo los ojos, sintió una punzada en el pecho, ¿Era dolor y culpa por haber sido el culpable de ello?
El corazón de Nelliel se detuvo al ver esa expresión en su único ojo, ella lo conocía bien, o eso creía, esa expresión la mostraba muy pocas veces y era cuando algo realmente le afectaba. Dirigió su vista al parche, ella no sabía el por qué lo usaba, comenzó a usarlo después de su ruptura, después de huir y tomar caminos diferentes, cuando el cayó a prisión, el anuncio inundo la televisión y los diarios, en ese momento ella noto lo del parche y siempre se preguntó del por qué. Inconscientemente su mano ya se dirigía a la zona de peligro, un vago pretexto para volver a tocar su piel, volver a sentir aquella descarga de emoción por hacer lo prohibido y por la felicidad que sentía con sólo verlo. Su mano tocó primero la mejilla, reviviendo sus memorias del cuerpo, aquel roce de piel no había cambiado, él seguía con la misma textura, cerró sus ojos y de un momento a otro, lo sorprendió al arrancarle su parche.
La sirena de cabellera verde abrió sus ojos horrorizada al ver que el ojo izquierdo estaba en verdad dañado, todo el contorno estaba cicatrizado. El parpado estaba entre tonos rojos y morados, parecía como si hubiera sido quemado y le cubría el ojo, por lo que no se podía ver como estaba. Llevó su mano libre a los labios y sin dejar de ver, preguntándose lo que le había pasado, pero antes de formular una palabra, Nnoitra le había rebatado el parche sin ningún tipo de delicadeza y se aparta dándole la espalda, volviendo a colocárselo.
-Nunca… ¡Nunca vuelvas a hacerlo! – Le ordeno a gritos con un tono de amenaza mientras la señalaba, parecía que en cualquier momento se abalanzaría encima y la golpearía.
-Siempre me he preguntado del por qué lo llevabas. – Confesaba sin inmutarse ante el tono de su voz. Parecía que ambos regresaban a sus años oscuros de noviazgo, él le hablaba así, tenían una disputa, Nelliel se enojaba y no le hablaba en varias semanas hasta que él mismo se disculpaba… a su modo. – ¿Qué fue lo que te paso?
-¡Eso no es asunto tuyo! – Le respondió con crueldad y de nuevo con un tono autoritario.
-¿Por qué siempre tienes que cargarlo solo? – Le pregunta al momento que se cruza de brazos. – ¿Por qué no te me quieres abrir por completo y siempre soy yo quien lo hago? – Agacho levemente su cabeza para poder ver el suelo. – Estoy cansada de eso… y aún así, fui una masoquista que seguía a tu lado porque creía que nadie te conocía mejor que yo… vaya error. – Agrega con la quijada apretada.
Y el silencio rondaba por la habitación, por lo que se podía oír como la lluvia seguía golpeando con violencia, pero menos que al principio, tal vez en una media hora o menos, la lluvia pararía y las sirenas podrían ser libres nuevamente. También se podía oír el segundero del reloj, ambos creían que ese pequeño palito estaba retrocediendo en vez de avanzar, llegando hasta el tiempo en que ellos salían, recreando esas escenas de discusión, esperando cuando terminaría y uno cruzaría la puerta para volver a estar separados por varios días. Su relación si había sido complicada, como dijo Nelliel, casi masoquista, pero la pasión y el "amor" era enorme en esos años… ¿Y ahora?
-Por favor…. – Nelliel decidió hablar y romper ese silencioso dolor. – Vete. Si vienes a fastidiarme, humillarme o tratarme como lo haces ahora… vete.
La puerta se abrió y entraron dos personas.
-Lo siento tanto Nelliel-san, pero me he pillado a… ¡ah! – Lanza un grito de horror al ver al criminal.
-Oh, pero si es Nnoitra… ¡Tanto tiempo hombre! ¿Cómo es la prisión? Oí que te mandaron al Nido de los Gusanos. – Era nada menos que el "famoso" biólogo, Urahara Kisuke con su característico humor y despreocupación de siempre.
-Kisuke. – Nnoitra menciono el nombre con repulsión y con su único ojo veía como él caminaba hacía Nelliel y se ponía frente a ella como un escudo, odiaba a ese hombre tan bipolar, actuando siempre como un niñato estúpido y llorón, pero en realidad, por dentro, era un enfermizo científico, peligroso y raro que te miraba con una seriedad y diabólica sonrisa que helaría la sangre de cualquiera. No era malo, sólo escondía la mitad de su verdadero ser por miedo a no ser aceptado, a diferencia de él, que no temía demostrar como era y tal vez eso lo atrajo a la peli-verde, porque a pesar de todo, ella seguía sonriéndole y haciéndole pequeñas bromas para hacerlo fastidiar. – Un tiempo.
-Sí… ¿cuánto habrá pasado? – Le regalo una sonrisa, de esas que odiaba Nnoitra porque a pesar que era una sonrisa relajada y despreocupada, por dentro había una sutil amenaza. – Espero que no estés "jugando" con Nell-chan cosas que no me gusta.
Nnoitra metió sus manos en el bolsillo, levantando sus cejas y viéndolo con profundo odio. Soltó un par de palabrotas y obedeciendo la voluntad de Nelliel, decidió marcharse, la secretaria se aparto asustada al verlo acercarse hacía ella y la puerta.
-Nnoi-chan. – Se detuvo con una vena en la frente al ser llamado por ese estúpido apodo que le invento la peli-verde y se gira para observarla, ella seguía con la vista en el piso y como la damisela que era protegida por el caballero loco Kisuke. – Me alegra que estés libre de prisión. – Confesó.
-Como sea. – Gruño indiferente y se marcho.
-Necesito ese café. – Nelliel alzo al fin su cabeza revelando que sus ojos estaban húmedos por una mezcla de dolor y felicidad.
-¡Ah, sí! – La secretaría se acercó a su jefa y le entregó lo que ella le había pedido.
-Y gracias por ayudar Kisuke. – Viendo a su amigo con una sonrisa.
Kisuke no respondió, en vez de eso, apoyo su mano sobre la cabeza de la muchacha y le frota los cabellos con una sonrisa que tranquilizaba el corazón herido de Nelliel.
-Para eso estamos.
El ambiente olía a muerte… más que eso, a la maldad, al oscuro deseo humano de querer averiguar hasta el último rincón del mundo para explotarlo al planeta, no por dinero ni fama, si no por el puro placer de experimentar su descubrimiento hasta que este ya no pueda más y se convierta en un ser inservible.
Un hombre caminaba por aquel cuarto lleno de oscuridad como uno más, con una sonrisa de científico loco y lleno de confianza, sus gafas protegían sus ojos que miraban con mucho interés y ansiedad los datos de su computadora. Estaba muy interesado a la pantalla que no le prestaba atención a la puerta que rechinaba en señal de que alguien más se hacía presente.
-Te he dicho que no muestres tanta emoción, eso te hace un blanco fácil… estúpido alumno. – Le reprochaba con un tono de odio que su estudiante ignoro.
-Siempre tan amable sensei… no hay nada de malo en emocionarse por conseguir finalmente un espécimen de prueba al que podamos "cuidar" personalmente. – Se digna a verlo con aquella expresión de superioridad que lo caracterizaba. – Además, debería darme las gracias, si no fuese por mí, usted seguiría tratado de loco y jamás encontraría a un espécimen.
-¿Quién iba a pensar que tenía a una tan cerca? – Gira su rostro hacía la derecha para ver un gran tubo de cristal, lo suficientemente alto y ancho para que entre una persona, estaba completamente lleno de agua y se podía ver que alguien dormía allí dentro. – Que malagradecida.
-La rebeldía de la adolescencia. – Fue la burla de su alumno. Lleva sus dedos a sus gafas para subírselas y los cristales emprendieron un destello.
-Es increíble que alguien como tú, considerando lo que eres en realidad, estés llegando a este punto.
-Ellos me desenterraron… ya no son parte de mí, ni tampoco sigue siendo mi responsabilidad el cuidarlas.
-¿Y qué me dices de tu hermano?
Notó como su "alumno" arqueo una ceja en señal de molestia, tal vez porque había dudado un segundo como todo ser humano y eso era algo que él, como científico, no aceptaba.
-¿Qué hermano?
-Eres terrible… Szayel. – Una sonrisa diabólica se dibuja en sus labios enormes.
-Es raro que me lo diga alguien de su calaña… Mayuri-san.
Ambos vuelven a mirar ese tubo de cristal, sonriendo ante la vista, contemplando a su sirena capturada.
-No te preocupes mi amada hija. – Kurotsuchi Mayuri se acerca a una fotografía que estaba pegada en una de las computadoras. – No estarás sola por mucho tiempo.
-¿Esa no es la fotografía de las nuevas? – Preguntó Szayel alzando una ceja.
-Entre más nuevas, más fáciles son de atrapar. – Le explicaba como lo más natural del mundo al momento que colgaba nuevamente la foto.
Como si la sangre ya fuese lo único que los mantenía unidos, Ishida reacciona al sentir un extraño presentimiento, dejo su lectura a un lado y con una expresión de seriedad, contempla la ventana. Se quedo así un tiempo indefinido, lanzó un suspiro de agotamiento y cierra el libro, por culpa de aquel sentir ya no tenía ganas de seguir leyendo… y eso que estaba tan emocionante ese libro de química cuántica.
-Estúpido hermano mío. – Susurro molesto pasando una mano por la frente.
-¿Has sentido la presencia de tu hermano?
Ishida arqueo las cejas en señal de molestia y frustración por oír la voz de Grimmjow… ¿Qué parte de "no entres a mi habitación" no entendía?
-Quizás. – Fue todo lo que dijo con ese tono que delataba lo molesto que estaba.
-Ya supéralo, es un traidor… y un bicho raro.
-¿Y tú eres normal? – Ataco el peli-azul subiéndose las gafas y odiándose a si mismo por estar defendiendo indirectamente a su hermano.
-¿He dicho que lo sea? – Gruño escondiendo sus manos en los bolsillos e Ishida sonrió satisfecho de lograr su objetivo.
Ishida se coloca de pie y camina hacía la ventana, contemplando la lluvia con preocupación y rogando que las sirenas que habitan Karakura estén seguras o tendrían mucho trabajo para borrar las memorias… bueno, no habían recibido ninguna noticia de la diosa Raina, así que debía tomar eso como algo positivo.
Pero aún había algo que lo preocupaba.
-No he sentido la señal de Nemu-san, ni como humano, ni como sirena.
-Ya ha sido una semana. – Gruño Grimmjow viendo hacía otro lado. – Tú la viste por última vez, ¿no?
-Dijo que estaba preocupada por su padre, que tenía miedo de lo que estaba planeando y necesitaba saber lo que ocurría.
-¿Crees que su padre…?
-Es imposible… pero de una cosa estamos seguros, a la Diosa Raina no le gustara el hecho de que una de sus hijas este en peligro.
Orihime se sonrojo como nunca antes y hasta humo salía de sus orejas.
¿Por qué Ichigo creía que salía con su hermano? ¿Por qué él creía que le gustaba cualquiera y no podía ver que ella estaba enamorada de ÉL?
-N-N-… ¡NO! – Grita con todas sus fuerzas y haciendo puños con sus manos. Su grito dejo paralizado al surfista.
-Eh… ¿Cómo?
-Yo… quiero decir… no me gusta tu hermano. Hichigo es buen amigo, sólo eso.
-¿No te gusta? – Preguntó nuevamente sintiendo como un gran peso se caía por los hombros y su estómago se ponía más liviano.
-No… ¿Por qué pensaste eso? – Ahora era su turno de preguntar y a pesar que lo dijo con mucha inocencia, no pensaba quedarse sin respuestas.
Ahora Ichigo se puso nervioso, ¿Cómo explicarlo sin ponerse como un celoso o un idiota? No quería que ella pensara así de él, eso en verdad lo preocupaba, pero estaba seguro que ella no estaría tranquila. Paso una mano detrás de su cabeza y con las mejillas sonrojadas, trataba de pensar en algo, cualquier cosa, pero que lo sacase de esto.
-¿Te gusto? – La nerviosa voz de Orihime lo saco de sus pensamiento, se gira y ve que la chica estaba sonrojadas, sus ojos mostraban confusión y miedo de quedar mal por haberse atrevido hacer esa pregunta que podría dejarla en ridículo.
Ichigo trago saliva, se le dificultaba responder a esa pregunta en palabras, por eso sólo pudo responder acercándose a la chica, colocándola nerviosa al principio. El cuerpo de Orihime se relajo al perderse nuevamente en esos ojos marrones que tanto le fascinaba y su mano izquierda se atrevió a tocarlo de la mejilla como una forma de impedirle esta vez que escape. Tan cerca estaban y ella sólo rogaba que nada lo estropease, ni siquiera…
El viento se volvió más fuerte al punto de manipular la lluvia, Orihime grito y se aferró a Ichigo mientras la lluvia los mojaba a ambos.
-¿Estás bien Orihime? – Preguntó el muchacho mientras analizaba su cuerpo en busca de una herida.
Orihime no respondió, estaba en blanco y preocupada, estaba mojada y si no se iba rápido, él descubriría que es una sirena.
-Lo siento Ichigo-kun, tengo que irme. – Se disculpaba al mismo tiempo que se ponía de pie y partió corriendo. – ¡GRACIAS POR LA CITA! – Le grita a todo pulmón por si no podía oír a causa de la fuerte lluvia y del tenebroso viento.
Ichigo se quedo confundido unos momentos, pero no tardo en arquear las cejas primero estaban a punto de besarse, y después de estar mojada un poco, sale corriendo. Eso no iba a tolerarlo, no después de haber quedado por unos segundos como un tonto y por haber oído de sus labios que no había nada entre ella y su estúpido gemelo. Se pone de pie y sale detrás de ella, pero el clima le impedía ver con claridad su ubicación.
Su sexto sentido le dijo que caminase con dirección a las aguas de la playa y no dudo en obedecer, nunca dudaba de esa habilidad que poseía. Al ir llegando, vio como una oscura silueta femenina corría por el mar de forma apresurada y no tardo en sumergirse para esconderse. Le llamo la atención, podía apostar que era Orihime y le pareció estúpido y suicida de su parte el meterse al mar con ese clima, no es que estuviesen bajo una tormenta como en Rukongai, pero no dejaba de ser peligroso a pesar de ser una campeona de natación.
Estaba a unos pasos de meterse cuando sus pies se detuvieron solos y al mismo tiempo, su mente fue invadida por recuerdos del pasado, llevo sus manos a la cabeza por el dolor que le paso a visitar y en su mente podía oír una voz que gritaba "¡NIÑOS!" llena de preocupación. Sacudió su cabeza, no era momento de pensar en esas cosas y corrió con destino a las aguas con decisión, el mar no le arrebatará a ningún otro ser humano.
Orihime nadaba en las aguas con tristeza en sus ojos, nuevamente estuvieron a punto de besarse y el agua le arruino el momento. Lanzó un suspiro de resignación, parecía que el destino jamás le daría ese sueño… ¿Acaso era una indirecta de que él no era el hombre destinado para ella? Pero lo amaba mucho.
Se fue adentrando a lo más profundo.
Soy una cobarde, yo… necesito estar sola.
Charlotte corría apresurada por la escuela e ignorando la mirada de la gente. Se le notaba preocupada y alterada. Abrió la puerta de golpe, asustando a sus compañeros y al ver a los gemelos, se acercó a ellos y encaro al peli-naranja.
-¡¿Qué paso entre tú y Orihime ayer? – Exclamo olvidándose que había gente a su alrededor.
-¿Charlotte? – Rukia se acercó confundida y tomo a su amiga del brazo, pero la princesa se soltó y tomo al muchacho del cuello.
-¿Qué le hiciste en su cita? – Volvió a preguntar, tenía sus ojos serios y parecía que quería golpearlo.
-Para tu información, ella misma se fue, así que no le he hecho nada. – Molesto ante la actitud de la sirena y por haber recordado que ayer estuvo hasta la noche buscándola, pero no la había pillado y decidió volver a su casa, siendo recibido por escándalos de su familia por haber vuelto empapado.
Charlotte abrió sus ojos y lo soltó, volviendo a mostrar preocupación, incluso llevo una mano a su frente, enredando sus dedos en las hebras de su cabellera.
-¿Qué es lo que ocurre Charlotte? – Hinamori la toma de los hombros una vez que la muchacha cayó sentada en una silla cercana.
-Estuve esperando a Orihime hasta la media noche y decidí dormir pensando que llegaría luego, pero esta mañana cuando desperté… nada. Su futón jamás fue preparado, no había rastro de que estuvo en la cocina y su uniforme estaba colgado.
-¿Qué estas diciendo? – Preguntó Renji alarmado al momento que Ichigo se ponía de pie.
-Orihime ha desaparecido. – Y lleva sus manos a su rostro.
