Y aquí tienen la continuación de sirenas, al tener las ideas en mi cuaderno, pense "Este capi me va a salir muy largo" y no me equivoque... aqui tienen un capitulo de ONCE paginas! (Yo tampoco me lo crei XDD)
Bueno, ya que les espera una lectura muy larga, no nos entretengo mas, eso si, la próxima continuacion que subire, sera del fic Ritual, despues me pondre a escribir sobre otros dos fics que tengo esperando en la lista de espera XDDD
Agradezco a todos por su paciencia, leer y dejarme reviews, en verdad se los agradezco de corazon!
Bleach es propiedad de Tite Kubo.
Capitulo 30: Veneno que da hambre.
Abre sus ojos de golpe y notó que estaba de nuevo en el mar.
Oye su nombre y se gira para ver de nuevo a esa sirena que le sonreía ocultando sus ojos con ayuda de su cabello, pero que le resultaba muy familiar, estaba acercándose con intenciones de saber de una vez por todas su identidad y así dejar de soñar con esta tontería, pero una nueva voz capta su atención y ve a Hinamori sonriéndole dulcemente.
Confundido, miraba a ambas cada dos segundos preguntándose que estaba sucediendo.
-¿Estás muy mal por estarte escondiendo cosas? – Le pregunta la sirena con una sonrisa burlona. – Somos muy malas, Momo-chan.
-¿Hinamori? – El peliblanco la mira en busca de respuestas.
Pero lo único que consiguió fue que Momo le sonriera y que caminase hacía él a pasos calmados y seguros, cuando quedaron frente a frente, la chica le vuelve a regalar una sonrisa y se acerca peligrosamente hacía él, sus cuerpos se estaban rozando y de ahí el sonrojo del marino y las manos blancas y frágiles se apoyaron en los hombros para que le sea más fácil a sus labios acercarse a la oreja.
-Recuerda lo que paso… recuérdame y sabrás verdad.
Se levanta de su cama sobresaltado y ruborizado.
Estaba en verdad molesto y agotado con ese sueño, ¿Qué tenía que ver Hinamori y una sirena? Patrañas de su imaginación, todo a causa de aquel incidente, como juraba que su amiga de la infancia lo salvó, ahora la imaginaba con una cola.
-Lo más cercano que Momo está en el agua, es en la ducha. – Murmura recordando que ella tenía fobia a causa del accidente del crucero.
Decide dejar de pensar en eso, se supone que estaba también muy molesto con ella, por muy que le hayan dicho que todo fue por un extraño concurso de la compañía Kuchiki, él no se lo creía, ¿Qué la gente piensa que es un idiota? No lo subestimen por su estatura. Bueno, Hinamori también lo evitaba cada vez que se cruzaban y ni siquiera le hablaba, entendió que lo hacía para evitar su rabia o que él notara a través de una mirada el secreto detrás de sus ojos.
Estaba claro que ella ya no confiaba en él.
Una vez en su baño, se va quitando la ropa, el espejo revelaba a un hombre con un buen desarrollo físico, pero el peliblanco no prestaba atención a su fruto a causa de horas de entrenamiento, sólo tenía en mente darse una ducha rápida y bien fría. El agua mojaba su cuerpo sin dejar nada libre, ese momento de relajación lo obligaba a perderse en sus pensamientos nuevamente: en la sonrisa llena de burla de la sirena, en la sonrisa dulce de Hinamori y como ambas le pedían que recordara aquel día. Estaba claro que su cuerpo y una parte bien arrinconada de su mente le decía que algo pasó en aquel accidente porque era imposible que en un momento esté bajo ochenta metros y al otro sobre una piedra siendo salvado por rescatistas. Pero cada vez que intentaba recordar, pensaba en esa sonrisa burlona que le fastidiaba, definitivamente se va a conseguir una migraña.
Con sólo una toalla rodeando sus caderas, y cubriendo sus partes intimas, y unas pantuflas para cubrir sus pies de la fría madera, camina por su casa para preparase un café y notó que por la rejilla de su puerta principal, donde antes entraba y salía su perro que murió hace dos años, había una caja azul intenso como sus ojos y decorado con un lazo blanco. Curioso, se acerca y lo toma extrañado, notando que había un sobre unido a la caja gracias a cinta adhesiva, deja el paquete en la mesa y abre el sobre, no tarda en reconocer la letra de Momo, cursivo y elegante, escribiéndole en grande y como título "Sorry".
No se me ocurrió otra forma de disculparme sin la necesidad de hablarnos, ya que temo que descubras lo que no te puedo decir… lo siento tanto Toushirou, lo digo en serio, sabes que odio hacerte enojar o preocuparte. He decidido no acercarme más a ti mientras no te sea sincera porque no pienso hacerte más daño.
Hinamori Momo.
-Momo… - Arruga la tarjeta donde estaba escriba aquella disculpa con la quijada apretada. Se digna abrir la caja y ve que Momo le había preparado unos brownie, de seguro se paso la noche hacerlas. Resignado, toma uno y se lo come, masticando en silencio. – Delicioso tonta Momo. – Susurró.
Rukia se había despertado malhumorada, las mucamas tuvieron miedo de hacer su rutina con el peligro de que su ama se desahogara quitándoles su trabajo, pero no les dijo nada por haberla despertado temprano, por haber sacado de la pieza-ropero el uniforme, esperar a que ella se vista y se siente sobre el gran espejo que ocupaba todo lo alto de la pared, le peinaron y le colocaron su perfume favorito con el deseo de que se alegre un poco.
Pero no fue así.
La dejaron sola para que se coma su desayuno que estaba esperando en el escritorio, pero Rukia no se movió, seguía mirándose en ese espejo, el objeto le estaba mostrando a una chica de pelo negro y ojos violetas, alguien muy bella y querida en la sociedad (sin saber que la dulce Rukia de la sociedad en realidad tenía una actitud de demonio)… le estaba mostrando a una rastrera mentirosa.
Molesta, pega un grito y le pega al espejo con una almohada que tenía cerca, se lleva sus manos al cabello sin importarle desordenar el trabajo de sus empleadas y tira todas sus joyas que estaba en su velador exclusivo de joyas. Suspiro con fuerza y vuelve a verse al espejo para luego darle un puñetazo, no consiguió romperlo ya que fue fabricado anti ataques, pero si se consiguió que le doliera la mano.
Se vuelve a mirar, y si, seguía viendo a una mentirosa, rastrera y lastima amigos.
Estuvo evitando a Renji todo el tiempo y fue fácil porque el pelirrojo también la estaba ignorando, sólo está en plan "guardaespaldas", regalándole su silencio y eso la estaba cabreando, pero no podía decir nada, se lo tenía merecido, ya lo había lastimado suficiente. Suspiro, estaba agotada.
-Daría lo que fuera para que todo vuelva a ser como antes. – Susurró.
Se digno a comer al fin, aunque no disfrutaba para nada los manjares, tragaba con fuerza, casi sentía asco y ganas de vomitar, dejó más de la mitad segura que no era capaz de seguir comiendo, se arregla el cabello para tratar de parecer como si nada y busca su bolso justo en el momento que tocan a la puerta.
-Adelante. – Dando el permiso, miro con discreción, y en efecto, Renji entraba a su habitación con el ceño fruncido y con la vista a su alrededor. – Déjame buscar mi bolso y nos vamos.
No hubo respuesta y Rukia suspiro, era mejor dejar las cosas así por un tiempo. Renji notó el desastre que minutos antes ocasiono Rukia, estaba extrañado y mira a la chica por si se había lastimado, pero no, estaba ilesa. Sus miradas se cruzaron y él frunció más el ceño, señalando el desastre en busca de respuesta.
-No leo mentes. – Le reprocha la pelinegra con la esperanza de que él le hablase, aunque sea para una pregunta de regaño. Pero no pasó nada, él seguía en silencio y apuntando al desastre. – Tropecé y para no caerme, me sujete en el velador. – Mintió.
Con tal explicación, decide dar fin y abre la puerta para salir, Rukia suspiro y lo siguió, sabiendo que eso es lo que él quería.
-Que tengan un buen día en la escuela, Rukia-sama, Renji-sama. – Se despedía la servidumbre inclinándose con respeto.
Va a ser un día de mierda.
Pensó Rukia sin saber que tenía razón.
Las clases siguieron sin saber la tensión en el salón de clase, la maestra o los estudiantes no sabían la gran barrera que separaban a Rukia y Hinamori de Renji y Toushirou, que el motivo por el cual Orihime no fue a clases en los últimos días es porque seguía deprimida por su último encuentro con Ichigo, que July se sentía muy mal por recordar aquel día en que había visto a Orihime en los brazos de Hichigo llorando desconsolada y no sabía por qué sentía tantos celos si ella no siente nada hacia aquel playboy o que Charlotte estaba pensando en su conversación con Seika… después de que la chica le hubiera explotado miles de palabrotas que ni siquiera conocía.
Flash Back.
Sentada en la cafetería, roja de la vergüenza, oía los gritos de Seika, estaba avergonzada de ello porque toda la gente las mirada extrañados y sólo podía ocultarse más con su gorra y tomando de su té.
-En verdad que te has pasado Charlotte, nos tenías preocupados a todos.
-Ya lo sé, me fui sabiendo eso. – Le dice cansada de oírle decir eso ya por décima vez.
-¡Es que…!
-Le escribí una carta a mis padres. – Interrumpiéndola. – Y también le llame a Teppei, saben que estoy bien. – Sus manos temblaron levemente, por lo que el contenido de la taza se agitaba un poco.
-¿Y tú crees que con eso es suficiente? – A punto de volver a dar un show de gritos.
-Lo siento. – Fue todo lo que le pudo decir. – Pero no puedo volver siendo tan débil.
-¿Débil? Deja de decir tonterías, eres una de las chicas más fuertes que conozco y no me refiero a fuerza cuerpo a cuerpo o con manejo de armas. – Alzando una ceja.
-Tú más que nadie deberías comprender porque estoy muy débil. – Para asombro de Houjouin, Charlotte le mostró por unos segundos una mirada seria. – Veo a Teppei y me dan ganas de llorar, veo a Silvia y… tengo ganas de gritarle lo mucho que la odio. – Confesó, reflejando en su sonrisa que estaba en verdad agotada. – ¿Cómo puedo felicitarlos en su boda si ni siquiera puedo ser yo misma?
Seika agacho levemente su cabeza, entendía como se sentía la princesa, aunque odiara admitirlo, también le gustaba a ese idiota de Teppei, pero ella era de actitud más fuerte y había superado la verdad, de que Teppei jamás estaría con ella y no se refería sólo por su compromiso con Silvia, más bien porque veía que él estaba enamorado… y su corazón no estaba dirigido hacía ella, más bien en…
-Ojala fuera igual de fuerte que tú, Seika. – Su sonrisa estaba llena de amargura. – Pero no es posible, ¿Verdad? – Cerrando sus ojos.
-¿Quieres cumplir la promesa de las aguas termales?
Charlotte asintió levemente, aún con ese agotamiento sobre sus hombros.
-Yo… yo te prometo que volveré a Halzerink, pero primero tengo que sonreír para que Teppei no se preocupe y pueda casarse tranquilo. – Finalmente ve a su amiga a los ojos. – Por favor.
Seika se la quedo mirando y su respuesta fue un largo suspiro, luego vuelve a tener una expresión que delataba lo fastidiada que andaba.
-No veo por qué debo perder mi tiempo como consejera, haz lo que quieras. – Cruzándose de brazos y cerrando los ojos, tratando de mantener una actitud cool.
-Gracias. – Regalándole una sonrisa.
Fin Flash Back.
Charlotte había dibujado en su cuaderno garabatos y de vez en cuando escribía "Teppei". Al darse cuenta, suspiro pensando que será difícil su trabajo. Sonrió con nostalgia al imaginarlo con su encantadora sonrisa, alzando su dedo meñique y asegurándole que pase lo que pase, él estará allí para ella…
Como amaba a ese hombre.
Tatsuki miraba a Ichigo, él estaba mirando la ventana con el ceño fruncido, debió haberle pasado algo realmente malo, luego mira el asiento vacío de Orihime, recordando que ella le había dicho por teléfono que no se encontraba bien y preferiría dormir para sanarse. Ve a Hichigo en espera de una respuesta, pero el albino sólo se encoge de hombros y mira a su hermano, pensando que definitivamente su familia era idiota.
Flash Back.
Había decidido ir también, conociendo a su hermano, tendría poco tacto con Orihime… en verdad estaba actuando como un idiota cursi y todo por rodearse de ese grupo de chicas con cola, estaban arruinando su reputación. Aunque claro, no iba solo, July también estaba preocupada y ya que las otras estaban ocupadas con sus problemas, decidió ir con él alegando que lo hacía por su amiga y no para estar a solas con el canalla.
De golpe, el albino siente un peso en su pecho, agacha su cabeza y ve que era Orihime con la cabeza gacha y disculpándose torpemente y con la voz entrecortada, sin saber que eran sus amigos. Él le impidió huir tomándola de los hombros, verla tan vulnerable le dio una comezón en el interior, algo parecido al… ¿Dolor? ¿Conciencia? Qué asco, pero ella le había hecho recordar aquel día en que sus hermanitas lloraron ante la tumba de su madre.
-Orihime, somos nosotros. – Le susurro July al verla tratando de zafarse.
La pelinaranja alza su cabeza y lo primero que vio fue a Hichigo, sin contenerlo más, lo abraza por debajo de sus brazos y se largó a llorar, mojando su camisa de la escuela y luego su pecho. El albino se quedo estático sin saber qué hacer, mira a July en busca de una respuesta, pareciéndole extraño que la castaña refleje dolor en sus ojos (de seguro por ver a su amiga tan herida), pero ella no tardo en sonreír y le dijo que la abrazara. Inseguro, decide obedecer (el pobre no sabe ser bueno con personas que no sean sus hermanas) y le susurraba "no te molestes por tonterías, mi hermano es idiota" mientras July se acerca y le acaricia a Orihime su cabello con una mano.
Fin Flash Back.
July suspiro al volver a recordar eso, en verdad no se entendía, su amiga estaba mal y ella sólo pensó en ese momento de apartarla de Hichigo y decirle unas cosas… ¿Desde cuándo es tan vengativa y posesiva?
Algo cayó sobre su mesa, curiosa, ve una nota que tenía escrito "Veremos a Orihime después de clases" firmado por un dibujo chibi de la cabeza de Rukia.
Sonrió levemente, no era mala idea.
Con la copia que le entregó Orihime, Charlotte abre la puerta y entra con el resto de las sirenas por detrás, la llamo un par de veces mientras se quitaban los zapatos, pero no recibieron ningún tipo de respuesta, las chicas pensaron que a lo mejor se había quedado dormida, pero Rukia se imagino lo peor, jurando a gritos que la loca se estaba cortando las venas por depresión de amor, así que corrió primero al baño pensando que ahí se estaba cometiendo el crimen, pero el cuarto estaba impecable.
-No seas una exagerada, Rukia-chan. – Le alega Hinamori caminando hacía la habitación que compartían las "primas", descubriendo que Orihime estaba en su futón, de lado por lo que les daba la espalda, miraba un pez dorado en su pecera y sus orejas eran cubiertas por audífonos. – No nos escuchaba porque oía música.
July se acercó cautelosa desde atrás y la sobresalta al quitarle los audífonos, descubriendo que estaba escuchando baladas de corazones rotos… estaba peor de lo que pensaron.
-¿En qué momento llegaron? – Asombrada.
-Hace un par de minutos, pero no nos oíste por la música. – Le explica la princesa sentándose frente a ella, notando que tenía sus ojos rojos y muy hinchados, su piel estaba más blanca de lo normal y su rostro estaba húmedo a causa de las lágrimas. – Pobrecita. – Abrazándola.
-No tienes que estar llorando por ese idiota. – Le regaña Rukia uniéndose al abrazo. – Ya sabes que Ichigo se deja llevar por la rabia y dice cosas sin pensar, ya verás que se le pasará.
-No es tan fácil, Rukia-chan. – Orihime inhalaba a cada segundo para contener las lágrimas, sabía que era inútil, pero su instinto seguía persistiendo. – Me dijo que me odiaba… y no quería saber nada más de mí. – Cierra sus ojos y se asusta al recordar esa expresión llena de rabia y decepción. – Y tiene motivos, he sido muy mala… por ocultarle el secreto, me he ganado su odio.
-¿Te dijo que te odiaba? – Momo se sorprendió, Ichigo no era esa clase de persona, debió haber sido un golpe bien duro para Orihime.
-¡Ah no! – Rukia se pone de pie, fuego de rabia salía por sus ojos y se remangaba las mangas. – Ahora va a ver ese idiota, espera a que le ponga las manos encima.
-¡Rukia, no cometas una locura! Entiendo que estés enojada por la ley del hielo de Renji, pero te pasas. – Le regaña July.
-Está bien, Rukia-chan. – Orihime se esforzó por sonreírme y la toma de las manos. – No es necesario, él tiene motivos para enojarse conmigo, he sido muy mala con él.
Y se hizo silencio, Hinamori y Rukia podían entenderla, estaban pasando por lo mismo a causa de ese secreto que les causaba mucha rabia en esta situación, que hasta tuvieron que hacer sacrificios, Hinamori tuvo que terminar momentáneamente (o para siempre) su amistad con Toushirou, Rukia tuvo que sufrir la ley del hielo de Renji y su mirada indiferente y Orihime tuvo que obtener el odio de Ichigo. July y Charlotte las miraron por un momento, ellas ya eran unas amateur, a diferencia de sus amigas que eran novatas del club, era normal que sufrieran tanto, ya llegará el tiempo en que se acostumbren al dolor.
-Oigan. – July quiso tomar la palabra, con una sonrisa. – ¿Por qué no vamos a nadar?
-¡Es una gran idea! – Charlotte se pone de pie y junta sus manos, apoyándola en mejorar el ambiente depresivo. – Ya verán que nadar un rato nos hará muy bien.
Lograron que las chicas aceptaran la proposición, así que esperaron a que Orihime se vistiera y salieron del departamento para tomar una locomoción que las lleve a la playa. Una vez allá, se aseguraron de que no hubiera nadie cerca que le parezca extraño que cinco mujeres se meta con ropa al agua.
Ahora eran sirenas nadando bajo el mar, Charlotte y July tuvieron mucha razón, nadar era una buena medicina para Rukia, Hinamori y Orihime, ya no sentían tanto dolor, estaban muy relajadas, parecía que el agua se había todas sus penas. Comprobaron que la canción que presentó July en el acuario era muy cierta, el mundo marino era mágico.
Orihime había decidido ir más abajo con la esperanza de encontrar un fósil marino o algo increíble porque a pesar de la situación, quería en verdad darle algo a Ichigo en su cumpleaños. Sus ojos reflejaron maravilla al ver nada menos que un par de babosas marinas, una parecía un gusano bien gordito de un verde bien claro e intenso, con finas líneas blancas y el otro parecía un coral con tantos "picos" y pintado de varios puntos de colores oscuros: café, negro, etc.
No podía creer su suerte de haber encontrado algo tan raro y hermoso (aun cuando son carnívoros), tenía muchas ganas de llevarse uno, pero no se encontraba capacitada para cuidar un espécimen raro, era mejor seguir con su pez dorado. Apoyada en una roca, se los queda mirando un largo rato, pensando en los hermosos colores que tenían, iba a irse cuando notó que el gusanito estaba sobre algo muy curioso que llamo su atención, así que con cuidado lo agarra y se lo trae sin ocasionar que la criatura le ataque, una vez hecho, se aparta un poco y se queda mirando su descubrimiento con asombro y maravillada.
¡Era nada menos que un fósil de amonites!
Se lo queda mirando aun sin salir de su asombro… ¡El regalo perfecto!
En otra parte del océano, Momo miraba a su alrededor con una sonrisa verdadera después de varios días, incluso se emocionó al ver una manada de tortugas y los siguió, moviendo su mano en saludo y una tortuga había respondido dando un giro, ocasionando una risita por parte de la sirena.
Pensó en comprarse una cámara que sirva bajo el agua, pero… son muy caras… lo mejor es esperar a que cumpla la mayoría de edad y pueda recibir sin problema la fortuna de sus padres.
Se detiene al descubrir pasto marino, brillando de color verde y se va acercando para sentir la textura, sonríe al ver unos pececitos pequeños salir asustados por su intromisión, notó que en un conjunto de pastos más largos, había algo rojo, azul y verde, curiosa, se acerca e intenta tomarlo, ganándose un corte en su dedo, burbujas sale de su boca y nariz mientras se quejaba y miraba su dedo índice de la mano derecha con una línea de inicio a fin y saliendo mucha sangre, se lo lleva a la boca y con su mano libre pudo tomar con más cuidado lo que parecía ser un coral de todos los colores antes mencionados.
Se lo quedo mirando y pensó que sería un bonito regalo para animar a Orihime.
Volviendo al departamento, Orihime colocó el presente de Momo en la pecera en dónde estaba su pez con unas pinzas, estaba muy contenta y agradecida por el coral, sonriéndole a su pez de nombre Chigo.
-Chigo se ve muy contento, en verdad me ha gustado el coral Hina-chan.
-Bien, valió la pena el corte. – Viendo su dedo después de llevarlo a su boca por enésima vez.
-¿Te duele mucho? – Charlotte se acerca preocupada. – Deberías ver a un doctor.
-No es nada, es sólo un simple corte. – Sonriéndole.
-Sí que has encontrado cosas, July. – Rukia miraba maravillada los descubrimientos de su amiga.
-Sí, pero no le ganan al amonites que encontró Orihime… aunque encontré un pedazo hace unos años. Lillinete-chan me lo rompió. – Depresiva al recordar.
-Piensas dárselo a Ichigo, ¿No es así? – La pelinegra ve a Orihime de brazos cruzados y alzando sus pequeñas y bonitas cejas.
-Así es, espero que le guste. – Sonriendo mientras veía su hallazgo. – Voy a limpiarlo y después mandaré a que lo enmarquen para que este más seguro y tenga dónde dejarlo.
-No se merece nada de ti después de lo que te hizo.
-No es su culpa, Rukia-chan y lo sabes. – Rukia soltó un gruñido porque su amiga tenía mucha razón. – Los que nos está pasando no es culpa de ninguno de ellos, sino de nosotras mismas.
Un sonido las pone en alerta y descubren a Hinamori viendo un tarro, con el dibujo de un pez, con mucha fascinación, parecía una niña. Al sentirse observaba, Momo se sonroja y deja el tarro donde estaba.
-¿E-Esa es la comida de Chigo?
-Así es, pero le doy muy poco ya que contiene muchas calorías y es malo para su salud.
-¿Qué no hacen comida baja en calorías? – Preguntó Rukia.
Todas se rieron ante la pregunta, menos Hinamori que en un descuido, pesca de nuevo el tarro para sacarle la tapa y come un puñado.
Al día siguiente, los estudiantes volvieron a su habitual rutina para ir a la escuela, incluso Orihime, quien estaba acompañada por Charlotte, se encontraba más animada y esperaba tener la fuerza suficiente para pasar el día en el mismo salón con Ichigo… un desafío.
En la entrada, las esperaban los demás… menos Momo.
-¿No ha llegado? – Charlotte miraba por todos lados.
-No y ya va a tocar la campana. – Se queja Rukia de brazos cruzados.
-No sigamos esperando y entremos. – Se queja Hichigo comenzando a caminar.
Estaba incómodo y fastidiado con sólo ver a Orihime, hace días había actuado antes como un idiota ena-… no, se negaba a decir esa palabra, no estaba en su diccionario, sólo se dejo llevar por el cansancio de haber estado afectado por pasar mucho tiempo con mujeres sentimentales, necesitaba volver a regodearse de femé fatales que él sabía dominar, de desafíos, retos y muchas cosas más. Necesitaba volver a ser el de antes y rápido.
-Espera Hichigo. – Orihime se acercó a paso rápido y lo toma del brazo.
-¿Qué ocurre? – alzando una ceja, ¿Qué no veía que se quería apartar?
-Gracias por lo del otro día. – Sonriendo. – Me has ayudado mucho.
-No tienes que agradecerme por cosas sin importancia. – Continuando con su caminata.
-Definitivamente lo estás cambiando, Orihime. – Comentó Rukia con una sonrisa de burla, disfrutaba ver a los hermanos Kurosaki incómodos, enojados y en problemas.
Sólo Charlotte se dio cuenta de cómo July agachó su cabeza ante tales palabras, la sirena de cabello castaño había sentido un dolor en su pecho, era peor que aquella vez en que fue envenenada por un pez piedra y estuvo al borde de la muerte… ¿Por qué le dolía tanto? Definitivamente Hichigo era el culpable de que esté enferma.
-Se nos hace tarde. – Charlotte trata de cambiar el tema de conversación.
Hinamori no se presentó en la escuela, preocupando al grupo, pero de seguro Toushirou lo estuvo más, aunque lo ocultaba muy bien, se supone que estaba molesto y se habían tomado un "break" de amistad para evitar el seguirse lastimando.
Aun cuando estaba preocupada por su amiga, Orihime no pudo evitar ver de vez en cuando a Ichigo por cortos segundos, sintiéndose muy mal por verlo con el ceño más fruncido de lo normal, de seguro estaba molesto de verla… o estar en la misma habitación. Se atrevió a verlo de nuevo y su corazón da un brinco al ser descubierta, incluso sus mejillas se tiñeron de rojo y lo único que pudo hacer fue mirar al frente y encogerse, estaba tan avergonzada.
Cuando fue la hora del almuerzo, decidió que ya no podía seguir más con esa tortura, así que se pone de pie y decide caminar por la escuela ante la mirada llena de preocupación de Tatsuki. Estaba muy cansada de evitarlo o de fingir que nada había pasado, había lastimado a Ichigo, y mucho, sabía que se merecía todo el odio del muchacho, pero su corazón no podía soportarlo… como quisiera tener otra oportunidad.
-Espero que no rompa mi regalo. – Susurra llevando una mano a su frente.
-Inoue-san. – La muchacha voltea y ve a unas chicas de su mismo grado, pero de otro salón, se acercaban con sonrisas encantadoras en sus labios.
-¿Ocurre algo malo?
-Inoue-san, queríamos pedirte unas opiniones sobre nuestro nado… ya que fuiste la capitana del club.
La sirena se pone nerviosa, era mala idea estar cerca de la piscina.
-N-No lo sé… en estos momentos yo…
-Por favor. – Suplicaron juntando sus manos con expresiones de dolor. – Estaremos en la piscina techada… en verdad queremos tu ayuda.
Si estaban en la piscina techada, podría sentarse en las gradas que estaban bastante apartados y no habría problemas… además, le era difícil decir no si la miraban de esa forma.
-Está bien, les ayudaré. – Sonriendo.
Contentas, las chicas gritaron dándole las gracias y la guiaron casi a la rastra, sin parar de contar lo agradecidas que estaban. Llegaron y a Orihime le pareció extraño que estuviera vacio, ¿Acaso esas chicas eran las únicas que practicarían? No… deben estar los refuerzos… todo el equipo de natación entrenando. ¿Qué clase de capitán la reemplaza?
Voltea y se sorprende al ver que esas chicas tan alegres ahora la miraban con burla y no estaban solas, también habían otras chicas que salieron de quién sabe dónde… ¿Otro ataque de las fans de Ichigo? ¿Qué había hecho ahora? Sólo atinó en retroceder pasos asustada mientras la que parecía ser la líder, se acercaba más.
-Nos enteramos de que has estado saliendo con Kurosaki-san… incluso tuvieron una cita. – Se cruza de brazos. – Quedamos en que dejarías en paz a Kurosaki-san.
-Y yo pensé que ahora andabas detrás de Hichigo. – Bien, Rukia le estaba influenciando bastante, pero estaba agotada (y asustada) sobre esto.
-Eres una maldita zorra. – Propinándole una bofetada. – ¿Cómo osas llamarlo por su nombre? Y no sólo a él, se que eres muy entrometida con los dos.
¿Ella entrometida? ¿Y qué era esa loca entonces?
Sus ojos se abren al dejar de sentir el piso, gira su cabeza y se horroriza al ver que tenía la piscina detrás, un paso y su secreto correrá peligro. Vuelve a ver a sus agresoras y ve que otra chica sostenía una cámara… ¿Acaso…?
-Creo que tendremos que castigarte. – La líder le acaricia las mejillas con suavidad. – Te lanzaremos y te tomaremos fotos… toda la escuela se burlará de ti.
Sí… harán lo que pensaba.
Corre a su derecha con intenciones de huir, pero otras chicas la acorralan, ya no tenía escape y siente un agarre fuerte en su brazo izquierdo por cortesía de la líder y se lo aprieta con mucha fuerza, incluso le había enterrado las uñas, disfrutando la expresión de la sirena casi con morbosidad.
-Ahora la princesita va a darse un baño.
Dicho y hecho, la tira hacía la piscina.
Todo se movía a cámara lenta, todo estaba acabado, el secreto será descubierto y divulgado, luego la meterán a experimentos. Miraba como se iba acercando cada vez más al agua ante las miradas llenas de diversión por parte de las chicas y sólo pudo cerrar sus ojos, esperando el fin.
De golpe, fue rodeada por algo firme y después siente muchos giros, terminando en el suelo seco… se había salvado por los pelos. Asombrada, abre sus ojos, estaba boca abajo, usa sus brazos como apoyo y se coloca de rodillas, le pareció extraño que las locas estén asustadas, ¿Acaso se mojo un poco y ahora era sirena? Se mira… no, seguía teniendo sus piernas, ¿Entonces…?
-K-Kurosaki-san. – Murmura la líder con terror.
Asombrada, Orihime mueve su cabeza y ahí estaba su héroe, Kurosaki Ichigo se estaba poniendo de pie y tenía una mirada asesina que asustaba más a sus admiradoras, se pone las manos en los bolsillos y se digno a ver a las chicas con seriedad.
-Largo de una vez. – Ordeno y las asustó mucho más. – Las mato si la vuelven a molestar.
No fue necesario que repitiera la orden, todas las chicas salieron corriendo ante la mirada atónica de la sirena, ella miraba la puerta y luego a Ichigo, preguntándose cómo había llegado hasta aquí, se había aparecido como en las películas, justo a tiempo para salvar a la doncella en apuros… a la doncella mentirosa.
-Gracias. – Agachando la cabeza.
-Deberías ser más cuidadosa… Inoue.
Orihime abre sus ojos en shock, él la había llamado de nuevo por su apellido y eso la entristeció… ya no le tenía confianza, se muerde el labio, definitivamente él la odiaba. Respiró hondo varias veces para que no se le quiebre el tono de voz al hablar.
-Lamento haberte causado problemas… Kurosaki-kun.
En silencio, él camina hacia la puerta para irse, ni siquiera sabía el por qué estaba allí, una extraña fuerza le estaba gritando que fuera a ese lugar y que Orihime corría peligro, se había negado a obedecer, pero al final, los sentimientos ganó a la razón y partió, descubriendo que eran ciertas sus corazonadas y no perdió ningún segundo para salvarla, algo decía que ella no podía mojarse delante de esas zorras y no sólo por las fotos futuras que ellas habrían sacado para humillarla.
Orihime vuelve a morderse el labio mientras lo miraba con dolor, estaba conteniendo las ganas de gritarle "soy una sirena" para quitarse el peso de encima y no seguir peleada con Ichigo… tenía que hacerlo, ya no podía seguir con aquella farsa.
-Espera por favor, I-Kurosaki-kun. – Le suplica alzando su brazo derecho y dando pasos.
Se siente aliviada al ver que le había hecho caso, pero él seguía mirándola con un profundo odio. Respiró hondo, tenía que acabar con esto.
-La verdad es que yo tengo que decirte algo. – Tragó saliva y mira el suelo. – Kurosaki-kun, yo… yo soy…
Y se abre la puerta, interrumpiéndola.
-Inoue-san. – El intruso fue nada menos que Uryuu, contemplando la escena con una mirada inexpresiva. – Yamoto-sensei desea hablar contigo.
-C-Claro Ishida-kun, gracias… iré en cuando acabe de hab-…
-Él quiere verte enseguida. – Interrumpiéndola. – Vamos, yo te guio hacía él.
Al final, tuvo que aceptar irse con él volviendo a disculparse con Ichigo, se sentía terrible, parece que no fue buena idea volver a la escuela. Aún quedaba media hora de almuerzo, hablaría con el profesor, buscara sus cosas y se regresará a casa.
-¿Sabes de qué quiere hablar conmigo el sensei, Ishida-kun?
-Lo que dije fue mentira. – Confeso sin una pizca de culpabilidad.
-¿Qué? – Asombrada. – Entonces… ¿Por qué…?
-Para evitar que hicieras una tontería. – Viéndola con una fría expresión. – No puedes contarle a cualquiera el secreto… ya es suficiente que el gemelo lo sepa.
-¡Él no es cualquiera! – Y se fue corriendo al salón.
No fue la única con la idea de irse de la escuela, las otras sirenas quisieron irse por estar preocupadas por Hinamori y porque ya no aguantaban la presión e Hichigo simplemente porque estaba aburrido, Inoue se disculpo con Tatsuki y partió con el grupo.
Al llegar a la casa de Hinamori, no la encontraron en ninguna parte, creyeron que había salido y en ese momento oyen un estruendo pequeño que provenía del baño, Hichigo tomo la labor de abrir la puerta y todos quedaron sorprendidos, el suelo estaba lleno de latas de sardinas abiertas y las cerradas estaban sobre una mesita, formando una montaña y Hinamori estaba en su estado de sirena en la tina llena de agua, comiendo las sardinas de las latas directamente y con una rapidez como si no hubiera mañana.
-¿Hina-chan? – Susurró Orihime incrédula de lo que tenía ante sus ojos.
-¿Sardina? – Les ofrece con una amplia sonrisa de felicidad y ofreciéndoles la lata que tenía abierta.
-Eh…
-No gracias. – Agradece Charlotte con una gotita en su frente.
-Bueno… más para mí. – Y se lo come todo de un viaje, casi atragantándose. Lanza la lata al suelo y se sumerge bajo la tina.
-Siempre supe que ustedes terminarían como unas locas con ansias de pescado. – Admitió Hichigo cruzándose de brazos y con una sonrisa de burla.
-Muérete. – Rukia lo ve de forma asesina.
-¿Estás bien, Hinamori-chan? – July ladea la cabeza con una mirada sospechosa.
-Estoy de maravilla. – Pescando otra lata para comer.
Preocupados, decidieron volverla a su estado humana, Hichigo la tomó por debajo de los brazos y hace fuerza para sacarla, Momo se quejaba y gritaba que no quería salir, que quería pescado, de vez en cuando movía su cuerpo tanto, especialmente la cola, que termina mojando el piso, las latas y a Hichigo. Rukia usa sus poderes para secarlos, y aunque casi quema la camisa del albino, logró que su amiga vuelva a ser humana y que el muchacho dejase de estar goteando.
Dejaron a Hinamori en una esquina con sus latas de sardinas y miraban confundidos su comportamiento, la chica sólo sonreía y comía, parecía un foso sin fondo.
-Lo veo y no lo creo. – Rukia tenía una de sus cejas alzadas. – Y eso que ella siempre dice que si come bastante comida marina, le da dolores de estómago.
-Está muy extraña… algo debió pasarle cuando nadamos. – Murmuró Charlotte cruzándose de brazos.
-Tengo que irme a alimentar a Chigo. – Orihime se pone de pie y busca su bolso. – Se le acerca su hora de comer.
-Voy contigo. – La princesa se pone de pie también. – Voy a tener que cambiarme de ropa. – Al encargarse de limpiar el desastre del baño, su uniforme se había ensuciado.
-Nosotros nos haremos cargo de la come peces. – Asegura Rukia con una sonrisa confiada.
-Eso suena a multitud. – Se quejo Hichigo en un gruñido.
-Cállate y haz algo útil señor "Voy a experimentar a ver si el Ámbar Gris funciona".
Las chicas se fueron, corriendo para llegar pronto a hacer sus cosas y volver cuando antes.
-Tengo sed. – Dice de pronto la amante del pez, se pone de pie y va hacía el lavaplatos.
Tomo el vaso y lo lleno de agua hacía el tope, pero en vez de tomarlo como una persona civilizada, se lo tira de todo en la cara, las chicas gritan su nombre e Hichigo la atrapo justo antes de que la sirena caiga al suelo. La miraban con caras de pocos amigos, pero Momo los ignoraba, sonreía inocentemente como liberándose de una travesura.
-Mucho mejor. – Satisfecha, viendo su cola y escamas.
Un móvil comienza a sonar, el de Hichigo, era su padre y exigía su presencia inmediata porque algo había ocurrido en la casa, el albino le juro que se quedaría sin dientes si lo urgente era algo estúpido.
-Volveré en cuando pueda. – Y se marcho.
-¿Qué tan difícil es cuidarla? – Preguntó Rukia con sarcasmo.
-¡Quédate quieta! – July trataba de secar a Momo con una secadora de cabello, pero la de ojos avellanos movía sus brazos y le prohibía acercar el aparato.
-¡Tengo sed! – Se quejaba sin parar y haciendo un mohín.
-¡Bien, te daré agua, pero compórtate! – Le ordena la bajita pelinegra.
Llenó el mismo vaso y se lo entregó a Hinamori después de que volviera a su forma humana y de ordenarle que lo tome como la gente civilizada, pero no se esperaron su sonrisa traviesa o que les lanzará a ambas el agua, logrando que Rukia y July caigan al suelo en su estado sirena. Se burla de ambas señalándolas y riendo a carcajadas.
-Tengo hambre. – Y se va de la casa ignorando las amenazas de Rukia.
Cuando Orihime y Charlotte llegaron al departamento, fueron recibidas por Chigo, quien prácticamente… ¡Salió volando de la pecera! Cayó a la alfombra en forma de flor y se sacudía por estar fuera del agua.
-¡Chigo! – Alarmada, Orihime pesca la red de peces y con ayuda de un libro, logró meterlo a dentro, corre a la pecera y lo vuelve a colocar adentro.
-Debe tener hambre. – Viendo la comida para peces que estaba frente por donde Chigo cayó.
Orihime abre la lata y tira a la pecera un puñado de la comida, para el asombro de ambas, el pez estaba comiendo muy, pero muy rápido, comiendo todo en segundos.
-¡Chigo, pero que glotón! – Le regaña dejando la comida en su lugar.
De respuesta, Chigo de nuevo sale volando y tuvieron que volver a ponerlo en la pecera, pero está vez, Charlotte pone encima una especie de tapa de cristal para impedirle al pez continuar con sus "locuras extremas" y va al dormitorio a darse un cambio rápido.
-Está peluca me esta fastidiando.
-Tenemos que impedir que la gente te reconozca. – La pelinaranja miraba preocupada a su pez, preguntándose lo que le estaba pasando.
Charlotte se demoró sólo unos cinco minutos, se puso sólo un vestido y botas, se había colocado también un jockey para ocultarse más y pesca un abrigo para salir afuera.
-¿No crees que está actuando como Hinamori?
-¿Cómo Hina-chan?
Y princesa y mendiga abren sus ojos por la sorpresa.
-¡El coral! – Viendo el colorido presente de Hinamori.
