Bueno, y aqui ando con itra continuacion de sirenas!

Gracias por los reviews y la paciencia.

Bleach es propiedad de Tite Kubo.

Capitulo 31: La realeza de la idiotez.

Imaginando formas de castigar a su padre si lo había llamado por tonterías, Hichigo estaba más cerca de llegar a su residencia.

Malhumorado, abre sin esperar al llegar y le pareció raro ver a los hombres con rostros serios… ¡incluso su padre! ¿Qué termino en un mundo paralelo? Se adentró más al comedor lanzando uno de sus sarcásticos saludos, pero quedaron a la mitad cuando vio que no estaban solos.

Había como cinco hombres que vestían al estilo MIB, incluso usaban las gafas a pesar de estar dentro de una residencia y a oscuras.

-Bien… ¿Qué hice ahora? Debí haber hecho algo muy malo y borracho porque no recuerdo nada. – Rascándose la nuca.

-Kurosaki Hichigo. – Uno de los tipos de negro había sacado de su saco una fotografía. – Sospechamos que usted sabe algo de la desaparición de la princesa de Halzerink.

-¿La princesa de dónde? – Desorientado… aunque estaba actuando y lo estaba haciendo muy bien mientras pensaba que esos tipos sí que trabajan rápido para buscar rastros de la realeza.

-De Halzerink, Hichigo. – Le regaño su tío Zangetsu mientras lo encaraba con la mirada. – ¿No has visto las noticias?

-Sabes que yo no veo las noticias, son depresivas y aburridas… tengo mejores cosas que hacer como ligarme a la Queen. – Bromeó con su sonrisa socarrona y penetrando con la mirada a su gemelo, quien se había molestado como nunca.

-Esta es una fotografía de la princesa Charlotte. – Mostrándole la foto en que salía la susodicha con un elegante y atrevido vestido de blanco, con su prominente pecho en que no dejaba nada a la imaginación y su listón rojo y tiara que la delataban como parte de la realeza.

-Guau, si que está bien buena. – Continuando con su actuación. – No, si así de buena, yo me la secuestraría.

-Se más serio Hichigo. – Le reprendió Isshin mostrando su seriedad y autoridad de padre, cosa que demostraba pocas veces.

-¿Qué? – Fingiendo estar ofendido. – Princesa o no, no negaré a una mujer buena cuando la veo. – Se justificó.

-Por favor. – Oyeron como la puerta de la cocina se abrió y salió un muchacho de corta cabellera negra con tonos azulados y ojos de un intenso y oscuro azul, vestía sólo unos jeans de color blanco, una camisa negra que estaba afuera del jeans y con dos botones de arriba desabrochados y unas zapatillas blancas. No estaba solo, detrás de él estaba una chica que vestía como una sirvienta. – Si sabes algo, dímelo.

-¿Y tú eres…? – Le preguntó con un tono de grosería, sin preocuparle que los tipos MIB y la sirvienta se horrorizaran.

-C-C-… ¿Cómo se atreve? – Soltó la sirvienta de corta cabellera azulada y ojos dorados, estaba indignada ante la ignorancia del albino. – Usted se encuentra ante Arima Teppei-sama, el sucesor de la más poderosa y rica compañía Arima de Japón.

-Tranquila Yuu, no me molesta. – Teppei le regala una sonrisa para tranquilizarla.

Con que este es el Teppei que menciono Charlotte… con razón le vi cara de idiota.

-¿Y tú crees que a mí me interesa conocer a la presumida gente rica? – Preguntó molesto y alzando una ceja, ya se estaba cabreando de tanta estupidez. – Mira que venir a mí casa como si fuese tuya y acusarme de algo que no cometí. – Mintió, aunque técnicamente era verdad, él no se secuestro a la princesa, ella se vino solita.

-Que gracioso, una vez yo pensé igual que tú. – Confesó Teppei sin dejar de sonreír, no parecía para nada ofendido. – ¿Estás seguro que no sabes nada?

-No sé nada… ¿Y por qué deben estarme acosando a mí?

-Porque esta fotografía muestra a Charlotte cerca de esta casa y tú estás también.

Ahora le mostraron al albino una fotografía que se veía una chica de larga cabellera rosada dando la espalda para ver la residencia Kurosaki que tenía la puerta abierta y justo estaba Hichigo listo para salir.

Mierda.

-¿Acaso la princesita es la única pelirrosa? – Acusando sin bajar la guardia. – No recuerdo que esa mujer sea la princesa, yo iba rápido, tenía una cita con una rubia que si que tenía unas curvas…

-No queremos saber sobre tu vida sexual. – Lo interrumpió Ichigo, dignándose a hablar después de un rato para interrumpir el futuro relato erótico.

Antes de que se desatara una discusión, el celular de Hichigo sonó, malhumorado de ser fastidiado a cada instante, revisa el aparato para descubrir que era Orihime, sin darle importancia al hecho de que estaba en una situación crítica, se aparta avisando que iba a contestar.

-¿Qué ocurre Orihime? – Aún cuando se apartó por discreción, lanzó la pregunta lo suficientemente alto para que Ichigo lo escuchase y el oírlo gruñir era prueba de que su plan tuvo éxito, de ahí su sonrisa.

-Hichigo, el coral que me regaló Hina-chan estaba envenenado.

-¿El coral estaba envenenado? – Asombrado, ahora estaba bajando la voz para que nadie escuchase. – Eso explica su hambre y su extraña actitud… eso significa que tu pez…

-Sí, Chigo también fue infectado. Ahora mismo estoy con Charlotte y vamos donde Kisuke-san para que lo analice.

-¿El biólogo marino? – Revelando que había leído cosas sobre él después de oírlo en los labios de aquellas sirenas adultas que conocieron en Rukongai.

-Llamamos a Nelliel-san y nos dijo que estaba allí, es el único de confianza que nos puede ayudar.

-El coral debe tener una especie de toxina… Chigo y Hinamori deben estar en una pro mutación de las escamas… se debe trabajar en el antídoto de inmediato.

-¿Qué pasa si se tarda?

-Mueren. – Oye como la sirena traga duro. – Orihime… deja tu celular en altavoz… aquí hay una persona que a Charlotte le podría interesar.

-¿De qué estás hablando?

-Sólo haz lo que te digo. – Le hace creer a sus espectadores que había colgado, pero seguía la señal activa. – Ha ocurrido una emergencia y tengo que irme.

-Hichigo. – De nuevo Zangetsu tomó la palabra, viéndolo con seriedad. – ¿Qué no ves que estás siendo culpado por la desaparición de la princesa Charlotte Halzerink?

Hichigo pudo apostar que al otro lado de la línea, la princesa se había tapado la boca para no soltar una exclamación.

-Algo que no me sorprendería. – Admitió Ichigo sin culpa de comentar que su hermano sea un posible criminal. – Pero, ¿No están exagerando? Él no iría tan lejos en corto periodo de tiempo… especialmente si es para secuestrar a una princesa.

-Es increíble cuando nos amamos HERMANITO. – Hichigo había continuado con el sarcasmo, ambos se lanzaban miradas de desafío y sonrisas de superioridad.

-¿Estás seguro que no sabes nada sobre Charlotte? – Ahora sí que la muchacha tuvo que esforzarse por no morir de un infarto ya que había reconocido la voz de Teppei.

-Mira. – Ahora sí que Hichigo había perdido la paciencia, pero trataría de no empeorar por respeto a sus hermanitas que estaban también presentes. – No sé qué pasó entre tu novia y tú, pero el que seas estúpido no significa que me eches la culpa de tus problemas y de cosas que no he hecho.

-¿Cómo osa insultar al heredero Arima? – Yuu de nuevo estaba indignada.

-Aunque fuera el rey de España, lo trataría como a la mierda. – Y se encoge de hombros. – Además, no me equivoco… puedo apostar que la culpa de lo que le pasó a la princesa rebuena es del idiota. – Viendo su móvil como si pudiera ver a Charlotte en la otra línea, con la cabeza gacha y reflejando tristeza en los ojos.

-¿Cómo es que estás seguro de que la culpa es mía?

-Porque soy un Kurosaki… y nosotros somos los reyes de la estupidez. – Y esta vez, cuelga su móvil con la vista ahora en su hermano.


Ahora sólo estaba el largo "pi" como prueba de que la comunicación acabo. Orihime de inmediato observó a Charlotte tratando de leerle la mente y saber que pensaba hacer, pero lo único que hizo la princesa fue correr hacía la dirección que tenían programadas: el acuario. Como pudo, Orihime la alcanza después de unos segundos fuera de lugar por su inesperado movimiento.

-¡¿Estás segura de esto Charlotte?

-No hay tiempo Orihime, ya lo oíste… la vida de Hinamori y Chigo están en peligro.

-Pero… si le hacen algo a Hichigo por nuestra culpa…

-La culpa sería toda mía Orihime, además, no tienes que preocuparte. – Regalándole una sonrisa. – Teppei jamás le haría daño, él es el tipo de persona que siempre pelea por la justicia… incluso fue capaz de detener una pelea entre familias que ha durado 50 años.

Orihime se sorprendió por sus palabras, pero más cuando ve como sus manos hacen presión, señal de que se estaba conteniendo el ir a la casa de los Kurosaki a salvar a Hichigo de un malentendido y abrazar a Teppei, llorar en sus brazos… pero no podía.

Finalmente llegaron al acuario, tuvieron que pedirle a un guardia que les indicara los laboratorios y cuando llegaron, vieron a Kisuke trabajando en algunos químicos mientras Hallibel, la tutora de July, anotada todo en un cuaderno. Al verlas, el "famoso" biólogo marino pone cara de niño feliz y da saltitos hacía ellas, muy emocionado.

-¡Que felicidad es ver a mujeres hermosas y jóvenes! – Exclama con las mejillas sonrojadas. – Son muy suaves y carnosas.

-Pervertido. – Fue el comentario de una seria Hallibel mientras las recién llegadas se sonrojaron a tope de la vergüenza. – ¿Qué es lo que pasa, Orihime, Charlotte?

-Hinamori y mi pez fueron infectados por un coral venenoso. – Le explica Orihime alarmada mientras le mostraba a Chigo, que estuvo todo este tiempo en sus manos dentro de una bolsa de plástico y trasparente con agua.

De inmediato, la alegre e infantil expresión de Urahara, cambia a uno de más seriedad y toma la bolsa entre sus manos para examinar el pez y notó que las escamas se estaban volviendo blancas, se lo mostró a Hallibel y ambos asintieron.

-¿Dónde está el coral?

-Yo lo tengo. – Charlotte abre su bolso de lana que compró ayer en un bazar y de ahí saco el coral multicolor encerrado también en una bolsa para impedir que salga otra perjudicada. Se lo entrega con cuidado.

Le habían explicado lo que había ocurrido y lo que dijo Hichigo recientemente por teléfono mientras Kisuke y Hallibel trabajaban en la cura (habían metido a Chigo con agua limpia en una pecera que contaba el laboratorio.

-Ese Hichigo no se ha equivocado, toda su hipótesis es cierta… pero no se preocupen, llegaron a tiempo para darles la cura.

-Guau, Hichigo es increíble. – Elogió Charlotte sin ocultar la emoción de la gran inteligencia del albino… y eso que en la escuela se la pasa más vagueando.

-Se nota que quiere ser biólogo marino o doctor a futuro. – Comentó Orihime.

-Bueno…. – Murmuró Urahara con un ojo en su microscopio. – Es hereditario su don de la ciencia… se espera mucho de esos gemelos por los orígenes de sus padres.

-¿De qué está hablando? – Preguntaron las adolescentes confundidas.

-Idiota. – Murmuró Hallibel, dejándole a entender que no le salvaría el trasero.

-Ya saben chicas. – Nervioso. – Como su padre es doctor y su madre también estudiaba el mundo marino… ¿Cómo no va a salir hijos con esos talentos?

-Ahh. – Expresaron las chicas, tragándose las palabras del biólogo, quien suspiro aliviado.

Alguien llamaba a Orihime desde su móvil y descubre que era Rukia, por lo que no duda en contestar pensando que tenía que ver con Hinamori… y no se equivocó, pero le hubiese gustado que no fuese algo negativo.

-¡¿CÓMO QUE LA PERDISTE?

-¿Perdieron a Hina-chan? – Charlotte se alarmó e intentaba escuchar también a Rukia por teléfono, pegándose a Orihime.

-Nos ha engañado. – Se justificó.

-¡Rukia-chan, el tiempo corre! Si no curamos pronto a Hina-chan, podría morir.

-¿Cómo que morir? – Horrorizada.

-El coral estaba envenenado.

-Oh, esto se vuelve cada vez más fastidioso. – Se quejó por meterse ya en muchos problemas por culpa de ser sirena. – Ahora July y yo iremos a buscarla.

-Que recorran en las pescaderías. – Le ordenó Charlotte en un susurro. – Yo buscare en el mar y en las cuevas.

Y la princesa se fue corriendo mientras Hallibel estaba llamando a Nelliel y le pide que vaya al mar también a ayudar a Charlotte para buscar a la fugitiva con riesgo de morir envenenada.

Orihime se sentó para apoyarse en la mesa de trabajo y ver preocupada a Chigo, posando su dedo índice sobre el cristal para llamar su atención y diciéndole con los ojos que todo saldrá bien.

-Quieres demasiado a Chigo, Orihime-chan.

-Sí. – Sonriendo levemente. – Porque fue un regalo.

Se estaba llevando a cabo una feria en el templo de la ciudad, la mayoría de la gente andaba en kimonos, paseando por el lugar, sacando fotos y participando en los juegos para ganar premios.

Entre ellos, estaba Orihime con un bonito kimono blanco con dibujos de diamantes hechos en líneas delgadas en azul oscuro para que se vea que las joyas eran blancas también. También estaba tratando de ganarse un premio: un pez. Pero era tan difícil, las redes pequeñas que le daban se rompían o el pez se le escapaba brincando, volviendo a caer a la piscina colorida del dueño.

Derramaba lágrimas como una niña, comentando lo difícil que era y que quería el pez más que nada en el mundo. Resignada, agacha su cabeza pensando que no tenía caso gastar su dinero en derrotas, así que pensaba irse…

Pero alguien se lo impidió tomándola de los hombros.

Se sobresalta y alza su cabeza (estaba de rodillas en el suelo) y sus mejillas se tiñeron de rojo al ver que la persona que se le había acercado era nada menos que Ichigo.

-Yosh Inoue.

-K-Ku-… ¡Kurosaki-kun! – Grita ignorando las miradas de la gente a su alrededor. – ¿Qué haces aquí? – Sorprendida.

-Mis hermanas y mi viejo me pidieron que los acompañará… bueno, mi viejo me obligó en un golpe. – Molestó por recordar mientras Orihime se reía despacio y en un tono bajo. – ¿Qué es lo que estás haciendo? – Curioso.

-Ah… bueno, yo…. – Apenada de lo que él podría pensar de ella, mira de nuevo sus rodillas como si fuera lo más interesante y con la cara roja.

Ichigo echó un mejor vistazo y notó la piscina con los peces nadando, esperando un nuevo hogar… de nuevo miro a Orihime.

-¿Quieres uno? – Alzando una ceja, manteniendo su curiosidad como si fuese un niño.

Y Orihime asintió con la cabeza, aún apenada.

-Pero es difícil… ya he fallado ocho veces.

-¿Ocho veces? Que mala eres Inoue. – Regalándole una pequeña sonrisa, pero suficiente para detener el inocente corazón de la chica por unos segundos largos. – Deme uno por favor. – Pagándole al vendedor por una red.

-¿Eh? N-No-No tienes que molestarte por mí, Kurosaki-kun.

-No te preocupes Inoue, lo hago porque quiero y punto. – Arrodillándose a su lado mientras Orihime volvía a sonrojarse por el comentario.

Y para la maravilla de la chica, Ichigo había conseguido el pez sin problemas, el vendedor se lo entregó dentro de una bolsa llena de agua y le felicitó por el premio. Ahora caminaban los dos mientras el pez ahora estaba en las manos de Orihime, quien seguía muy feliz por tener al fin su premio, pero más importante, se lo había dado Kurosaki, era un presente de su parte, lo había conseguido por ella y eso la alegraba.

-De nuevo gracias, Kurosaki-kun.

-No es nada. – Llevando una mano por su nuca, al parecer, estaba avergonzado de ser elogiado por aquella chica y que le regale esas hermosas sonrisas.

De nuevo su móvil sonó y esta vez era Hichigo.

No tardó en contestar.

-¿Cómo van las cosas? – Como fondo, se oía gritos de dolor y cosas que caen al suelo.

-Esto…. – Nerviosa de lo que estaba oyendo… de seguro se estaba peleando con otro grupo de vándalos. – Rukia-chan y July-chan han perdido a Momo, ha escapado.

-¿La dejaron huir? Se nota que no puedo dejarlas sola ni un segundo. – Se quejó.

-Ahora Charlotte fue a buscarla al mar. Rukia y July fueron a ver en pescaderías.

-Yo buscare también, tengo la sensación de saber donde esta… ¡¿Qué no se cansan? – Y se oye algo como una patada. – Iré al acuario, a la montaña rusa, para buscar.

-Pero… ¿En qué te estás metiendo?

-Son asuntos míos. – Y cuelga.

Orihime se queda mirando su celular molesta ante la actitud del albino, aunque también curiosa de sus palabras, ¿En verdad tiene una pista? Ese idiota sí que las conoce bien.

-Iré a reunirme con Hichigo para buscar a Hina-chan. – Le avisó a Kisuke y Hallibel mientras se pone de pie.

-Cuidaremos bien de Chigo. – Le aseguró Urahara con una amplia sonrisa infantil.

-Tengan cuidado. – Les advirtió Hallibel.

-Lo tendremos. – Y se fue.


Después de colgar, Hichigo se guarda el celular en su bolsillo y se limpia las manos mientras observaba a los guardias de negro derrotados en el suelo. Yuu estaba sorprendida de que un adolescente grosero hubiera derrotado a los guardaespaldas de Teppei con entrenamiento del FBI, Teppei había silbado emocionado, no parecía para nada alterado, Yuzu estaba alarmada de la actitud de su hermano ya que había desordenado la casa y rompió unas decoraciones, recién había terminado de limpiar, y el resto de los Kurosaki, incluyendo a Karin, estaban indiferentes.

-Muy bien, quiero que te quede claro una cosa. – Ahora señalaba a Teppei y su mirada reflejaba intensiones asesinas. – Si sigues fastidiando, te voy a despedazar.

Uno de esos hombres no le había gustado las amenazas o ser derrotado por un adolescente con hormonas revolucionada, pero antes de poder hacer algo, había recibido un golpe por parte de Ichigo, una patada directa en su cara que lo estrello en la pared, ocasionando que el cuadro de un bonito paisaje, viniese abajo y el cristal se hizo trizas.

-¿Y eso? – Hichigo alzo una ceja ante la amabilidad de su hermano.

-También me cansaron.

-¡Ese cuadro lo compramos apenas ayer! – Exclamó Yuzu. – ¡El comedor quedó destrozado, estuve limpiándolo por cuatro horas de arriba abajo!

-Lo siento Yuzu, lo limpiare. – Aseguró Ichigo apenado de dejar a su hermana en estado de alteración.

-Prometo limpiar al volver. – Dijo Hichigo. – Odio hacer el papel de "chico bueno" pero como TRES idiotas las devastaron. – Viendo a Ichigo con una sonrisa de burla por el hecho de quererlo cabrear. – No tengo más opción que ir a salvarles el trasero.

Y se fue aprovechando el silencio.


Charlotte y Nelliel habían buscado en todo el mar que estuviese en el sector de Karakura, incluso en Rukongai, buscaron en la cueva y en los pueblos, también fueron a ver en la cueva de diamantes, pero no había rastro. Seguían ahí para tomar un descanso pequeño ya que estaban agotadas.

La sirena peliverde le llamó la atención lo que colgaba del cuello de la pelirrosa.

-¿Esto? Lo hizo Hichigo.

-No, el otro collar.

-Ahh. ¿A qué es lindo? – Sonríe. – Lo encontré en el fondo del mar mientras nadaba… aunque no logro abrirlo.

-Una amiga tenía un collar parecido a este. – Atreviéndose a tocarlo.

-¿Quién? – Curiosa.

Nelliel no dijo nada, sólo hizo un pequeño truco y logró abrir la tapa, sonriendo con nostalgia a ver la fotografía que había adentro. Se la mostró a Charlotte.

-Es ella. – Sonriendo ante el asombro de la princesa.


Orihime e Hichigo se reunieron frente a la montaña rusa acuática, alejados del agua, miraban a su alrededor en busca de una señal. Recorrieron los alrededores y nada. Cuando todo iba a quedar perdido, una niña llamaba a su madre a gritos.

-¡He visto a una sirena, mamá!

-Aiko-chan, no debiste haberte metido a la sección del personal, ¿Qué pasa si te hubieras tropezado y caído?

-¡Pero mamá, vi a la sirena nadar con unos tiburones!

-De seguro era una chica disfrazada de sirena, aunque es riesgoso estar trabajando cerca de tiburones. – Y se la lleva.

Rápidamente los chicos corrieron y entraron a la sección del personal, encontrando a Hinamori muy contenta en su estado de sirena, sentada en la orilla y comiendo de la comida de los tiburones (peces pequeños y frescos), lanzándoles a ellos de vez en cuando. Notaron que sus escamas también tenían manchas blancas, sus uñas se habían pintado de verde oscuro y le había crecido, parecía unas garras de animal, le crecieron también escamas podridas en la piel, estaba muy pálida, incluso sus labios estaban por completo blancos y le habían crecido unas branquias en el cuello.

-¿Qué te paso, Hina-chan? – Orihime estaba horrorizada.

-¿Quieren peces? – Dejándoles ver que sus ojos ahora eran de un intenso verde claro.

-¡No! – Exclamó Hichigo apartándola de la comida y del agua a pesar de sus gritos.

Después de mucho esfuerzo, lograron transformarla en humana, pero ella seguía igual: con esas escamas en su piel, las garras en sus manos, las branquias en su cuello, el color de ojos, la palidez y labios blancos. Su cabello estaba muy, pero muy enredado y húmedo por las veces que se había mojado.

-Quiero ser sirena. – Haciendo puchero.

-Después, ahora vamos donde Urahara-san. – Le ordenó Orihime.

-¡No quiero, no quiero! – Moviendo sus brazos de arriba hacia abajo y viceversa.

-Habrá comida. – Prometió Hichigo.

-¡Vamos! – Exclamó Hinamori emocionada.