Bueno, despues de un largo tiempo, aqui tienen continuacion de sirenas
planeaba subir tres contis en un dia, pero mi inspi esta todo el rato pensando solo en escribir mis proyectos nuevos que no me dejaba avanzar con los fics (aunque como lado bueno, lo aprovecha, asi los tengo bastante adelantados) y cuando le daba por escribir la conti, la tenia pegada al word sin distraccciones, aunque le duraba poco xDDD
Asique bueno, no se podra hacer eso de subir muchas contis... pero bueno, trabaje en esta para hacerla larga, me salio 9pags... tan cerca del maldito 10 xDD
bueno, no los entretengo mas y lean!
Bleach es de Tite Kubo, los personajes invitados son de Princess Lover que no me pertenece, lo unico mio es la trama y July
Capitulo 33: Noche Arruinada.
Como de costumbre, Karakura abría un nuevo día con un intenso sol y blancas nubes como decoración.
¿Y qué mejor forma de pasar tan lindo día, una tarde de domingo, que comprando?
Nuestras sirenas se encontraban en el centro comercial de Karakura comprando como otro remedio casero de relajación por una semana llena de estrés.
Rukia les había comunicado a sus amigas que pensaba irse en el siguiente semestre y ellas lo tomaron con sonrisas y abrazos, recordándole que siempre la apoyarían sin importar la decisión que tomen y que se mantendrían en contacto… o darse una reunión bajo el agua.
Sentadas en una banca con sus compras rodeándolas, comían un helado expresando lo agotadas que estaban… pero la cima de Rukia les ganaba a todas sin discusión, había más de treinta bolsas, cajas de zapatos y hasta una bolsa de una joyería carísima.
-Como tienes limusina. – Se quejó July llevando una mano por detrás de su cuello.
-Dejen de quejarse, que las llevaré a sus casas. – Respondió tomando de su helado indiferente a las burlas de "chica materialista".
-La ropa de las tiendas es tan bonita. – Exclamó Charlotte, una princesa acostumbrada a que le hagan los vestidos de la realeza o ir a tiendas súper caras.
-Yo no sé que hacer. – Murmuró Hinamori llevando su cabeza hacía tras para ver el techo. – Ahora no sólo Shirou-chan me reclama por lo de Keigo… me lanzó un comentario indirecto sobre mi "acercamiento" hacía Hichigo…. – Suspiro cansada. – Pensé que eso ya estaba solucionado.
-Son hombres, es su trabajo no flaquear su orgullo. – Le explicó Rukia inexpresiva como siempre.
-¿Y estar con otras chicas también es su medio? – Preguntó Orihime de golpe.
-Puede ser… ¿Por qué la pregunta?
-Porque estoy viendo a Renji en esa cafetería con una chica. – Señalando.
Dirigieron su mirada hacía donde indicaba el dedo, descubriendo que Orihime decía la verdad, a lo lejos veían a Renji sentado en una pequeña silla circular, comiendo un pedazo de pastel y tomando de un vaso grande llena de refresco… acompañado por una chica de corta cabellera verde claro que reprochaba como una niña, pero el pelirrojo sólo se reía animado y le revolvía los cabellos de la misma forma en que lo hacía con Rukia.
De pronto, las sirenas sintieron calor y al descubrir que la causa era Rukia, se apartaron asustadas, viendo como fuego cubría a la chica (irónico si ella controlaba lo frío) y miraba la escena de forma asesina. Llena de celos, iba a encararlo y darle unos buenos golpes que jamás olvidaría, se iba a encargar de ello, pero sus amigas no la dejaron, la agarraron de los brazos y la hicieron girar para que ya no viese nada.
-¡Déjenme! ¡Le voy a enseñar a ese mandril quien manda!
-¿Y de qué serviría? Él no te habla. – Le recordó Hinamori.
-Que el idiota me imponga la ley del hielo o que le esconda que tengo cola, no significa que se va a ver a otras mujeres… ¡Se lo tengo prohibido!
-Vaya que es posesiva. – Susurró Charlotte asombrada.
-Debiste haberla visto el año pasado en el viaje escolar. – Dijo Orihime suspirando resignada ante la actitud de la pequeña Kuchiki. – Se le acercó una extranjera y Rukia no dudo en lanzarla de la azotea… en el tercer piso.
-Fue una suerte que no haya muerto. – Recordó Hinamori.
-Yo no me creí para nada eso de qué le estaba consultando la hora. – Se defendió.
Entre tanto, Ishida y Grimmjow estaban fuera de la ciudad ya casi medio mes, de ahí su ausencia de los últimos problemas. Después de dos trenes, varias horas de caminata y noches en hoteles para nada cómodos, finalmente llegaron a un pueblo alejado de otros pueblos o ciudades de Japón, era como una zona que no existía en los mapas.
-No hay nadie de Aqua en este pueblo. – Murmuró Grimmjow al salir de una casa que tenía la puerta abierta, estaba vacía.
-Tal parece que salieron por la energía que rodea el pueblo. – Dijo Ishida, subiéndose los lentes mientras observaba su alrededor.
-Viene de allá. – Indicó su compañero.
-Ya lo sé.
Llegaron al centro del pueblo, una plaza en que tenía dos grandes estatuas de las esposas de Poseidón y las madres de las sirenas: Raina y Shayla, luz y oscuridad, mujeres del mismo hombre, hermanas con diferentes pensamientos. La estatua de Raina estaba esculpida en un color crema, tenía sus manos a nivel de su pecho como si rezara, usaba un vestido larga hasta los tobillos y una tiara en la frente. Shaiya estaba esculpida en color negro, usaba un traje demasiado revelador, lo suficiente para proteger sus partes intimas, sus brazos estaban extendidos como si te ofreciera la vida eterna y también usaba una tiara en la frente.
Ambos se inclinaron en señal de respeto.
Ishida ve las estatuas una vez que estuvo de nuevo en pie.
-Alguien esta usando un hechizo para rastrear sirenas usando las estatuas de las diosas como antena.
-Conozco esta presencia. – Admitió Grimmjow para luego encarar a Ishida. – Y tú también.
Uryuu reflejó molestia por unos segundos por pensar en el responsable.
-Szayel-niisan.
-Hay que detener esto, si esto sigue así…
-Pero no podemos destruir las estatuas de las diosas, es una ofensa a los dioses.
-Primero que nada, Ishida, estamos bajo el servicio de la Diosa Raina, no de esa bruja anti-humanos… y de seguro Raina-sama encuentra más importante la seguridad de las sirenas que una tonta estatua sin valor. – Dijo muy seguro y con arrogancia. – Además, si provocó la ira de los dioses a mí… será divertido. – Admitió sacando su espada de la nada.
-Por lo que veo, sigues de rebelde y busca problemas… Grimmjow.
Aquella voz nueva alertó a los de Aqua, apoyado con la ayuda de la estatua de Raina estaba nada menos que Szayel, vestido de jeans azules, con una bata blanca y larga hasta las rodillas que llevaba desabrochada (sus manos estaban refugiadas en los bolsillos), revelando una camisa negra bien planchada y abrochada. Sus ojos eran protegidos por sus características gafas.
-Has crecido mucho Uryuu-chan. – Saludó a su hermano menor con una sonrisa de burla, disfrutando el fastidio del peliazul. – ¿Aun sigues mojando la cama?
-Sabía que mojabas la cama. – Celebró Grimmjow, burlándose también de su compañero.
-¡Cierra tu boca! – Amenazó Ishida y luego ve a su hermano con intenciones asesinas. – ¡¿Ni siquiera en el bando contrario te puedes dejar de fastidiar?
-¿De qué sirve ser tu hermano mayor si no te avergüenzo frente a la gente? – Se excusó cruzándose de brazos. – Además, no he mentido, ¿Debo recordarte que hasta los diez años la mojabas? Especialmente cuando tenías pesadillas.
La vena de Ishida crecía más y más, maldiciendo un millón de veces a su hermano en un pensamiento, a diferencia de Szayel, él seguía tranquilo en su posición y muy divertido por la reacción de su hermano menor, incluso… se vio nostalgia en sus ojos.
-Lo siento Uryuu-chan… nunca fui un buen hermano.
El mencionado se sorprendió, no se esperaba ese tipo de sinceridad en aquella situación.
-Desafortunadamente para ustedes… no puedo permitir que arruinen mis planes… incluso tengo que soportar a ese idiota. – Se quejó refiriéndose a Mayuri. – Así qué…
Los muchachos se prepararon para lo que vendría, pero no se esperaron que él diese un chasquido que causara el despertar de las sombras que rodearon a los chicos, ellos trataron de romperlo, pero no podían, se parecía a la magia negra, pero no lo era… ¿Qué estaba experimentando el científico loco?
-Adiós. – Se despidió Szayel y las sombras desaparecen, llevándose a los chicos.
Ahora que estaba solo, no había dicho nada, se quedó en silencio por un largo tiempo… hasta que decidió romperlo en una risa, no una de científico victorioso, sino a la de un hermano que disfrutaba el haberle mostrado a su hermano pequeño que de nuevo había ganado el juego.
-Uryuu-chan, aun te falta mucho por aprender… no puedo dejarte solo al parecer. – Agregó, volviéndose serio de repente mientras su mano derecha acariciaba un collar de oro oculto entre sus ropas, nadie podía verlo. – Yuzuhira…
De brazos cruzados miraba su obra de arte manteniéndose al aire gracias a un maniquí. Giraba su cabeza a la derecha, luego a la izquierda, tenía que asegurarse de que no hubiese ningún imperfecto.
-Ah, por estar pensando en ella, no puedo concentrarme. – Se quejó llevando una mano a su frente como si sufriera un dolor de cabeza.
-¿En qué estás pensando?
Seika gritó por la voz inesperada, se giró para descubrir a Teppei con una sonrisa pasible como saludo, y acompañado de su prometida Silvia y su sirvienta Yuu. Como reacción, la diseñadora lo golpeó en la cabeza.
-¡Así aprenderás a no aparecerte sin avisar primero, estúpido heredero Arima!
-Auch… lo siento Seika.
-Aun no respondes la pregunta. – Le recordó Silvia de forma inquisidora.
-No es asunto suyo, cosas del trabajo. – Restándole importancia. – ¿Y qué hacen en Japón? ¿No qué querían casarse en Halzerink? – Siendo su turno de ver a la rubia con seriedad, como culpándola de un pecado grave.
Silvia miró hacia otro lado sabiendo el motivo de aquel comportamiento.
-He recibido una noticia de qué al parecer Charlotte anda por aquí y he venido a buscarla… pero tal parece que era una falsa alarma. – Pasando una mano detrás de la cabeza.
Ante tal respuesta, Seika volvió a golpearlo en la cabeza.
-¡Eres un idiota! – Se quejó apoyando las manos en las caderas. – ¡¿Recién estás buscándola? ¡Debería darte vergüenza! ¿Qué has estado haciendo todo este tiempo?
-Teppei-sama estaba encargándose de su boda. – Explicó Yuu en justificación de su amo. – Pero me dejó a cargo de la investigación y recolectar toda la información posible.
-Pensar que aun falta para terminar la escuela y ya quieren casarse.
-Sé que es raro… pero es cosa de mi abuelo y del padre de Silvia. – Rascando su nuca nervioso.
-Y pareces estar MUY dedicado. – Atacó con sarcasmo.
-Bueno, no hay mucho que puedo hacer a estas alturas.
-Y luego te preguntas del por qué se fue. – Suspirando cansada. – ¿Y bien? Si Charlotte no está aquí, ¿Por qué sigues aquí y no te vuelves a Halzerink?
-Quise conocer la ciudad… y el acuario, se ve increíble en los folletos. – Enseñándoselos. – Es uno de los lugares populares de Karakura.
-¿Quieres venir? – Le ofreció Silvia.
-Ya he ido como diez veces, además, aun tengo diseños que acabar. – Rechazó Seika con otro suspiro.
-¿Llamo a la limusina, Teppei-sama? – Ofreció Yuu sacando el celular.
-No es necesario, prefiero ir caminando. – Se despidió de la diseñadora y se marcho con Yuu atrás.
-Estoy comenzando a pensar que eres una mala persona, Silvia.
-¿Por qué lo dices, Seika? – Cruzándose de brazos.
-Porque pediste casarte en la iglesia de la familia real de Halzerink… ¿Acaso quieres encararle a Charlotte que Teppei será tuyo de esa forma tan grotesca? Y se supone que eres su mejor amiga. – Notó la mirada de arrepentimiento y negación. – Claro, que eso es lo que pensaría cualquiera, pero en cambio… tú lo haces por otro motivo.
En el acuario, July daría otra presentación en el café que ya estaba abierto para el público. No estaba sola, Charlotte le hacía compañía, sentada en una mesa en primera fila, comiendo una hamburguesa grande y papas fritas, acompañado de un gran vaso de una malteada de frutilla.
July usaba medias negras hasta las rodillas, sandalias de color café madera, una mini falda morada con flecos y holgada, y un suéter rosa de lana delgada, con las mangas hasta los codos e iniciaba por debajo de los hombros.
Charlotte vestía unos mini short de tela negra, zapatos con plataforma de color blanco, una pollera de mangas cortas, de líneas negras y blancas, y le llegaba bastante arriba del ombligo, mostrando su bien formado abdomen plano y ombligo atractivo.
Cuándo faltó poco para el estelar, llegaron el resto de las sirenas acompañadas de Hichigo, con una cara de pocos amigos, ya que aun le seguías fastidiando lo de esos hombres de negro. Se sentaron con Charlotte y pidieron su orden.
Rukia vestía unos short amarillos con suspensores del mismo color, medias hasta las rodillas de líneas negras y blancas, una musculosa verde claro con tiras gruesas en los hombros, encima un suéter rojo que le rebasaba sus pechos, iniciaba por debajo de los hombros y de mangas largas, una boina blanca y botas cortas, con pequeño tacón y de color café claro.
Orihime llevaba unas botas blancas, planas y hasta las rodillas, una falda rosa intenso, holgada, con dobles y un lazo en el lado derecho, no usaba nada que impidiera ver sus piernas, y una blusa verde oscuro con pequeños adornos rodeando los cinco pequeños botones que estaban por la zona de arriba, discreto escote en U y de mangas largas. De su hombro derecho colgaba un bolso de color verde claro.
Hinamori usaba unos zapatos de charol de color rojos, calza verde oscuro que le llegaba hasta los tobillos, una jardinera falda, rebasando su trasero y de color azul oscuro, con una rosa hecha de tela roja en el lado izquierdo y un suéter hasta los codos, verde claro, tela delgada y con cuello de tortuga. Su cabello estaba recogido en un alto tomate.
Hichigo vestía unos pantalones verde claro, una camisa de mangas cortas de color negro, con zapatillas del mismo color, un jóquey del mismo tono de sus pantalones, un rosario de pulsera azul oscuro en su muñeca izquierda y en la derecha un reloj militar cuya correa era de color café claro.
-Este lugar ha quedado genial. – Exclamó Orihime emocionada.
-Nelliel-san tiene un buen gusto. – Dijo Hinamori con admiración hacía su jefa.
-Hey enana, ¿Qué es lo que ocurre? – Preguntó Hichigo al verla tan malhumorada inesperadamente.
De respuesta, Rukia señalo una dirección en que apuntaba a la misma chica que andaba con Renji en la cafetería… ¿Qué acaso debía estar en todas partes?
-Ah, ¿Es la qué me hablaron la otra vez? – Vio como las sirenas asintieron. – Pues es muy bonita, más femenina y con más pechos… no me sorprende que Renji la prefiera sobre ti, enana. – Comentó en burla, con la mirada en la pequeña Kuchiki.
-Eres un maldito mujeriego. – Se quejó cruzándose de brazos, sus celos estaban aumentando porque él tenía razón, ella era una enana de poco atractivo femenino y con actitud de marimacho y esa… esa zorra tenía lo que a ella le faltaba.
-Mejor trata de tomar tu bebida y cálmate. – Le recomendó Charlotte, pasando una mano a su cabeza para rascarse disimuladamente por la picazón de la peluca.
-Y disfruta de la canción de July. – Continuo Orihime con una gran sonrisa.
-Hola, muchas gracias por venir el día de hoy. – Habló la mencionada a través del micrófono como si la hubieran invocado, toda la audiencia aplaudió como buena señal. – Espero que les guste esta canción, se llama Blue Bird.
Y la música comenzó a sonar.
Cuando las grises nubes se marchen y el cielo deje de gritar
me despertaré con tu voz de mi largo sueño.
En verdad July parecía una sirena, su voz atraía a las personas tal como comentaban en los libros, la diferencia es que ella no los iba a llevar a una muerte.
Miraste con calma las alas de mi espalda,
esperando que la estación
terminara.
Ahora fue el turno de Hichigo en cabrearse un poco… ¿Cómo no estarlo? Si al darse la vuelta, lo que había visto fue a Teppei entrar al lugar, buscando un lugar y acompañado de su sirvienta de tetas grandes (lo único bueno que tenía porque la había encontrado tonta y sumisa) y una rubia que tampoco estaba mal (o sea, también tenía tetas grandes).
-¿Es esa rubia la prometida del que te gusta? – Viendo a Charlotte.
"Vayamos juntos a través del cielo azul
despreciando la arena blanca de la playa".
"No hay necesidad de tener una conversación seria"
"No necesito nada excepto tu sonrisa"
Eso me dijiste sonriendo.
Los ojos de Charlotte se abrieron al descubrir a sus amigos, sí, sabía que acabaron en el mismo pueblo por buscarla… ¡Pero no se esperaba terminar en el mismo lugar! No tan pronto. Nerviosa, vuelve a mirar al frente de forma automática, pero no pasaron muchos segundos cuando quiso volver a mirar, pero de forma disimulada.
Yuu estaba en silencio como siempre, tranquila y de pie como su deber de sirvienta personal y Teppei y Silvia hablaban animadamente mientras tomaban unas bebidas.
Las palabras no eran necesarias,
mi lugar estuvo siempre aquí.
Murmuré "el sol está muy brillante"
y escondí las lágrimas disimuladamente.
Su corazón se encogió y su estómago revolvía los jugos gástricos, sintiendo un terrible dolor, todo por ver al chico que le gusta y a su mejor amiga tan unidos… sabía que estaban preocupados por ella, pero ese paisaje… esa unión que llevarían a cabo por la eternidad de sus vidas juntos… le enfermaba.
Ahora le picaban los ojos… dios, quería llorar.
-No soporto estar en el mismo lugar que él, así que estaré afuera. – Hichigo se puso de pie y salió por la puerta.
Ojala fuera fácil para ella.
Las demás sirenas estaban preocupadas por Charlotte, incluso July, a pesar que estaba cantando en el escenario y con su vista clavada en el albino hasta que este desapareció.
"Vayamos juntos a través del cielo azul
a cualquier parte en donde,
si recibes una herida, te daré mi ala."
Eso dijiste y lloraste un poco.
Ella quería estar al lado de Teppei…
No… debía cumplir su juramento de aguas termales…
Silvia había ganado y a ella sólo le tocaba sonreír…
Debía irse de ahí.
Se puso de pie sin pensarlo dos veces, pero tan inesperado que no se dio cuenta que estaba caminando una mesera con una orden, Orihime había gritado, pero igual era tarde.
La voz de July se interrumpió, unos segundos después, la música.
Por suerte, la orden no tenía nada de bebidas, así que no hubo riesgo de transformación.
Eso sí, no se supo como, pero si ocasionó que la peluca se cayera, revelando que se escondía una larga cabellera rosada.
Los presentes quedaron atónicos ante tal descubrimiento, especialmente porque conocían a la chica, no paraba de estar en las noticias y también se hablaba de ella por la radio.
-¡Es la princesa desaparecida! – Gritó una al fin.
Eso fue el detonante para que Hinamori reaccionara y antes de que uno atacara como reportero a celebridad, uso sus poderes para que causara una explosión en algunas bebidas para distraer a la gente y Charlotte aprovechó la oportunidad para escapar.
-¡Charlotte! – Su cuerpo reaccionó en una vibración pequeña, pero grave al oír el grito de Teppei. Aun así no se detuvo y corrió como nunca antes, queriéndose perder en el lugar.
Detrás de ella a un par de metros, estaban sus amigas (menos July que quedo atrapada entre la multitud que se apretaba) que ahora se meterían en problemas por su culpa, así que les prohibió seguirlas, pero Rukia le dijo que ya estaban en líos, así que uno más no haría la diferencia.
Notaron que había un carrito de golf que de seguro usaban los guardias de seguridad para recorrer el lugar por las noches, no lo dudaron y se subieron, como Rukia era la única con licencia, fue la piloto, apretando el acelerador a fondo, por lo que sus amigas gritaron y se aferraron de donde podían para no caer.
-¡Rukia, anda con más cuidado! – Le advirtió Orihime con los ojos cerrados.
-¡No puedo, puede que den alerta a los guardias y tenemos que perdernos antes de que nos busquen! – Gritó haciendo giros tipo formula uno para esquivar los obstáculos.
-¡¿A dónde piensas llevarnos? – Quiso saber Hinamori.
-¡Al agua! – Respondió con sus ojos en el camino.
-¡¿Qué estás loca? – Le gritó tanto ella como Orihime.
-¡Es un buen plan! – Apoyó Charlotte para la emoción de Rukia y perplejidad de las otras. – ¡Si nos tiramos, iremos al mar y terminaremos en Rukongai! ¡Estaremos a salvo y nadie nos encontrará! – Explicó.
-¡Sólo espero que este revuelto no afecte a mi ingreso a Tanabata!
-¿July? – Hichigo volvió al recinto cuando se extraño por tantos ruidos.
-¡Hichigo! – La chica corrió hacía él y lo tomo de los brazos, el albino notó preocupación en sus ojos.
July le contó lo que había pasado.
-Eso es grave, no tardará en salir por todos lados y es posible que las chicas queden como posibles sospechosas.
-¿Qué podemos hacer?
-Por ahora, esperemos un mensaje o algo, no sabemos dónde habrán acabado ahora.
-Iré por mis cosas.
Al darse la media vuelta, se sorprendió al ver a Teppei acercarse a ellos, de inmediato, Hichigo se puso delante de ella, sorprendiéndola… la estaba protegiendo.
-¿Qué te quedaste con algo de mi casa por accidente? – Sonriendo con arrogancia.
-¡Charlotte estaba ahí! – Le gritó en respuesta.
-¿La princesa pechugona? ¿De verdad? No lo sé, yo me fui apenas te vi. – Se encoge de hombros. – No se si lo notaste, pero me caíste fatal.
-Estaba sentada en tu mesa.
-¿De verdad? No lo recuerdo. Sólo me senté ahí porque conocía a una de las chicas, es todo. – Cruzándose de brazos. – Si me permites, debo llevar a mi amiga a su casa. – Señalando con el pulgar a July. – ¿O quieres que ande a estás horas sola sólo porque tú no sabes cuidar tus cosas?
-Charlotte no es una cosa.
-¿Estás seguro que no es eso para ti? – Volviendo a burlarse de él con una sonrisa. – Porque necesariamente no me refiero a las mujeres como "cosa" como si fuera algo feo.
Las sirenas habían llegado a la cueva de Rukongai y se refugiaron con Rangiku en la cabaña para pasar la noche (Yoruichi seguía fuera por trabajo). No habían oído nada alarmante en las noticias de la televisión, o de la radio, o de internet hasta la media noche, hora en que se fueron a dormir (después de dejarle un mensaje a Hichigo y a July).
A la mañana siguiente, las noticias llegaron como explosivos, pero para el alivio de Charlotte, sus amigas no quedaron como "sospechosas" de posible secuestro, así que estaban libres… eso, si, ahora habría más seguridad en Karakura, así que decidió no volver en unos días.
Las chicas pensaron igual en quedarse… menos Orihime, tenía que volver a su casa por el bienestar de Chigo, no podía dejarlo solo.
Así que ahí estaba, llegando a la playa nadando con ayuda de su cola, quedándose en la parte más alejada y oculta para que no haya peligro en ser descubierta mientras se secaba.
De nuevo siendo una adolescente normal, camina gustosa por la playa, quería dar una vuelta antes de volver y así, también se ira acercando al paradero ya que estaba bastante lejos… pero no se espero con una jugada del destino.
Ichigo estaba caminando hacía el mar con su tabla de surf y usando su short negro con bordes verdes oscuros… se olvido que a esas horas de la mañana, él sale a surfear. Estaba nerviosa y asustada, después de todo, Ichigo seguía enojado con ella… quería que la tierra se la tragase… pero como no puede ser así, busco la forma de irse sin ser vista.
Y la mala suerte empeora cuando él notó su presencia, congelando su cuerpo con sólo una mirada… ¿Y ahora?
Nerviosa, sólo atino en sonreír con incomodidad y lo saludó, sintiéndose una tonta por su torpeza, más cuando él siguió con ese ceño fruncido de enojo.
-L-Lo… sien-…
-¿Qué haces aquí? – su pregunta la calló, sorprendiéndola. – Es muy temprano.
-Yo… no pude dormir… así que decidí dar una vuelta. – mintió, no podía decirle que venía llegando de una isla a horas de Karakura nadando.
-Ya veo. – Y le dio la espalda, alejándose de ella sin un interés por su seguridad.
Orihime sintió el mismo dolor que Charlotte: corazón encogido y dolor de estómago a causa de que se estaba revolviendo los jugos gástricos. Tenía un nudo en la garganta y quería llorar, pero algo diferente también le ocurría, sentía… sentía… estaba sintiendo la rabia.
Necesitaba encararlo de una vez.
-¡Ichigo, detente ahora mismo!
Ambos se asombraron, él de haber sido encarado con ese tono y ella… ¡De haber gritado! Nunca antes en su vida se comportaba de esa forma frente a Kurosaki… hasta volvió a hablarle por el nombre. La rodeó la vergüenza, miedo y arrepentimiento, le surgió la idea de irse corriendo, pero su otro yo le decía que si ya había comenzado, debía terminar o esto jamás acabará.
-En verdad lamento lo que me pasó y si te lo dijera, no me lo creerías… no, la verdad es que no puedo decírtelo… ¡Pero no es justo que me trates de esa forma tan fría!
-¡¿Qué no es justo? – E indica la nada misma, tratando de razonar sus pensamientos y no decirle algo grosero. – ¡Tú estabas… tú estabas…!
-¡Y tú me dijiste que me entenderías, me prometiste que me esperarías! – Ahora si estaba llorando, pero no era sólo de dolor, también era de rabia. – ¡Admito que tengo la culpa, pero quiero que entiendas una cosa: Si crees que no puedo vivir sin ti, estás equivocado, si puedo vivir sin ti… pero no quiero! – Reveló, sorprendiendo a Ichigo. Llevó ambas manos a su pecho. – Y a causa de mi decisión, me duele tu indiferencia y tu odio… me destrozas el corazón.
Confesaba entre hipos, las lágrimas seguían cayendo. Ichigo escuchaba en silencio, una parte de él se estaba ablandando con tal imagen, olvidando todo su enojo, sintiéndose mal, culpable y arrepentido por tratar tan cruelmente a un ser frágil, bello y puro como Orihime, si hasta tenía suerte que ella reflejase siquiera su mirada en él… en un idiota punk con problemas de temperamento.
Él también estaba sintiendo el mismo dolor que ella estaba explicando en esos momentos… pero no sólo en esa situación, siempre lo tuvo, le carcomía por dentro desde el segundo que le había gritado que la odiaba, su corazón estaba sufriendo de qué el cuerpo haya decidido que el cerebro debía mandar porque no quería sufrir…
Se había dejado llevar por los celos.
-Me duele con sólo una mirada fría… porque te amo. – Finalizó Orihime, limpiándose las lágrimas con la manga derecha.
Y de respuesta, Ichigo tiro su tabla de surf y la abrazó. La había abrazado no sólo para consolarla, también para curarse a él mismo, se estaba muriendo con sólo ver el daño que le había provocado, la aferraba a su cuerpo con toda la fuerza posible y sin lastimarla, oyendo como ella lo llamaba entre sollozos, rogándole que no la abandonara, no hacerle más daño. Orihime había destruido su barrera una vez más, reflejando a un hombre arrepentido y agonizante con sólo saber que la había lastimado.
-Orihime…. – Y de nuevo la llamaba por su nombre, curando un poco a Orihime. Enredó una mano en el cabello de ella. – Orihime… Orihime. – La llamaba una y otra vez, curando el corazón herido de los dos.
Algo tenía la playa… o mas bien, el mar, que los ayudaba ya por segunda vez.
Ichigo besó su frente largo y pausado, la vuelve a proteger en sus brazos y mira la arena totalmente arrepentido.
-Lo siento.
-Tal vez no puedo decirte lo que ocurre, pero quiero que entiendas esto. – Le dijo, ya no estaba llorando y sus hipos iban desapareciendo. – Te amo, Ichigo-kun… sólo a ti.
