Yey! Finalmente les traigo la continuacion! Hubiera acabado antes, o sea, el mes anterior xDDD, pero no tenía muchos animos, me la pasaba leyendo y mi mente pensaba en otraaas cosas xDDD

Ah, creo que ya le falta poco a este fic por acabar, le doy de 4 a 6 capis más (el 6 es por siacaso me equivoco en los calculos xDDDD)

Aqui los celos de Rukia me han matado y Sean, veras al fin del por que Rukia se va a esconder de verguenza xDDD. También, le he dado hitsuhina, un paso graaaande que loa fans del pairing les va a gustaaar.

Para los que dejan review en Unmei (lo digo porque estoy segura que lo leen xDDD la gente que no... quien sabe? xDDDD), se me ha ocurrido un capi especial de Ikary a los 4 añitos... esperenlo con ansias!

Sin mas que decir, vamos a los creditos...

DISCLAIMER: Bleach ni sus personajes me pertenecen, sino a Tite Kubo, los personajes invitados tampoco me pertenecen, son del anime y video juego Princess Lover. Lo que es mio es la trama y July.

Capitulo 34: Volveré a casa.

El ruido de la puerta cerrarse fue lo único que se oyó en el departamento, luego el suspiro de Orihime, que estaba con la cabeza gacha y con su mano aún apoyada en el pomo. Manteniendo la misma posición, dejaba que el tiempo avanzase en silencio, tenía muchas emociones en su cabeza que no aguantarían por mucho tiempo salir.

-¡KYA! – Gritó al fin con los ojos brillosos y con las mejillas tan rojas que se las cubre con las manos. – Tan lindo, tan lindo, tan lindo…. ¡Tan lindo! – Gritaba dando saltos de emoción por todo su comedor, que terminó tropezando y cae al suelo, siendo sus pechos los que más sufrieron ya que amortiguaron la caída sin planearlo. – Dolió…

Yo también te amo.

Vuelve a quedar roja como tomate y todo dolor desaparece con sólo recordar las palabras que siempre anhelo oír de su Ichigo-kun… ¡suyo, suyo! Las fans locas del pelinaranja podían dispararle, darle cuchillazos o hasta tirarla de la azotea de la escuela, pero seguiría en pie sabiendo que el hombre que amaba le correspondía.

Ya se estaba imaginando en su estado de sirena y sentada en una roca mientras Ichigo, con ropas de príncipe, se pone de rodillas y la toma de las manos, jurándole amor eterno y que vivirían en donde fuera, ya sea en tierra o bajo el agua, pero estarían juntos siempre, aun si debía gastar millones en trajes de buzo, aunque el lado bueno es que se ahorrarían en agua.

Debe decirle a Ichigo la verdad, ahora que las cosas iban bien nuevamente, no podía permitir que se repita lo que pasó.

Oyó como tocaban a la puerta, al principio estaba temerosa de que sea alguien de Halzerink a llevársela por lo de anoche y torturarla para darles información de Charlotte. Temerosa, se fue acercando a la puerta para ver por el agujero, descubriendo para su alivio que sólo era Hichigo. Abrió la puerta de inmediato y el muchacho entró sin esperar ni un "hola" siquiera.

-Adelante. – Susurró Orihime con sarcasmo, cerrando la puerta después de suspirar.

-Ya se ha vuelto Charlotte la sensación del momento, nadie para de hablar sobre ello.

-Lo he escuchado en Rukongai… las chicas aun no quieren volver hasta mañana.

-Es lo mejor. – Susurró el albino mientras iba clavando su mirada dorada en la sirena, colocándola nerviosa. – ¿Tuviste una buena mañana?

-E-… ¡¿EH? ¿Q-Q-Qu-… qué te hace pensar en eso? – Mirando hacia otro lado.

-Porque por muy que te estás esforzando por ocultarlo, se nota que quieres liberar una tonta sonrisa de oreja a oreja. – Dijo mientras la apuntaba acusadoramente con el dedo. – Si te comportas así, de seguro es por mi estúpido hermano… ¿se le prendió el foco?

-N-… no es asunto tuyo. – Con la cara completamente roja, mantenía evasión a un contacto visual con el albino.

-Tomare eso como un sí. – Se pone de pie y tomó del frutero una manzana. – Tengo cosas que hacer… diles a las chicas que nos juntaremos en la cueva de diamantes después de almuerzo.

-¿En qué momento se decidió eso? – Alzando una ceja.

-Con July mientras la iba a dejar a su casa. – Respondió sin darle mucha importancia. Notó que Orihime se lo quedo mirando como si en estos momentos Hichigo estuviera siendo secuestrado por aliens y ella era vivo testigo. – ¿Qué? No podía dejarla caminar sola a altas horas de la noche.

-Tienes tu lado bueno después de todo. – Dijo con una sonrisa…

… que desapareció cuando se vio acorralada entre la pared y un guapísimo muchacho con malas intenciones, con su rostro bien cerca del de ella que podía sentir con claridad su respiración. Doki, Doki hacía su corazón a causa de esa sonrisa burlona que estaba muy cerquita de sus propios labios secos. Era una pecadora de mente sucia.

-¿Quieres ver mi "lado bueno", Hime-chan? – Canturreó como un niño ante un dulce… un dulce muy apetitoso. – Descuida, mi hermano no se va a enterar.

-¿En-… enterar d-de q-…qué?

De respuesta, la sonrisa "infantil" de Kurosaki malo aumentó murmurando lo inocente que era, baja la mirada para ver aquel tentativo cuello blanco y virgen (apostaba a que su estúpido hermano sólo la ha besado en la boca… ¡que desperdicio!), su boca estaba cada vez más cerca de besarlos y… soltó un soplido en su lugar, disfrutando como Orihime soltó un gritillo y se tapo el cuello, mirándolo perpleja y confusa.

-No creo que sea un buen momento, ya me divertiré en otra oportunidad. – Levantándose con las manos en los bolsillos, dejándola más confusa. – Dejemos esto como que estuve bromeando contigo, ¿vale?

-¿Eh? Más confundida todavía. – ¿Era todo una broma?

-Así es. –Alzo la mano y se marchó. – Joder, el estúpido King no sabe hacer bien su trabajo de hombre, si estuviera en su lugar, no regresaría a casa hasta navidad.


Con otro día por delante, la gente siguió con su vida, como Rukia que venía llegando de Rukongai, se despidió de Hinamori bajo el agua y tomó un pasaje que la llevaba cerca de la mansión Kuchiki. Ya como humana, caminaba como si nada, ella no tenía que darle explicaciones a nadie, sólo a su hermano y ya le había informado que iba a pasar días afuera con unas amigas (cosa que técnicamente, no mintió). Entró a la mansión ignorando los saludos de algunos empleados moviendo su mano de arriba abajo como restándole importancia. Iba a decir que quería que le llevaran algún dulce a su habitación cuando…

La vio.

La maldita zorra de cabello verde chillante y ojos marrones, que se había atrevido a salir con algo suyo, estaba bajando las escaleras de su casa como si nada y riendo como una estúpida niña, aferrándose… aferrándose… ¡del brazo de Renji! La descarada (que vestía una falda hasta las rodillas, zapatos de tacón alto y una elegante blusa rosa claro), notó su presencia y sonrió, aumentando la ira en la sirena.

-¿Ella es Kuchiki Rukia, Ren-kun?

-¿Eh? – Notando la presencia de la "enana del mal", pero no se vio afectado, seguía igual de inexpresivo. – Ah sí, es la odiosa de quien te hable.

-Mucho gusto. – Le hablaba de una forma muy alegre que enfermaba a la Kuchiki. – Mi nombre es Kuna Mashiro, Ren-kun me ha hablado mucho de ti.

-¿Y qué haces en mi casa? – Frunciendo el ceño, cosa que no paso desapercibido por Renji, ¿qué le ocurría a la enana ahora?

-Vine a buscar a Ren-kun para que salgamos. – Volviendo a abrazarlo por el cuello. – Espero que no te moleste, se que como tu guardaespaldas debe estar contigo a cada instante, pero…

-¡Ni siquiera lo pienses! – Estalló, sorprendiendo a Machiro. – ¡¿Te crees una Barbie de plástico con sólo entrar a mi casa como mosquita muerta y llevarte a mi guardaespaldas? – Tomándola del cuello de la blusa sin una pizca de delicadeza, estaba tan cabreada que no escuchaba a Renji o sus empleados, tampoco le importaba la confusión y asombro en la peliverde, sólo quería partirle la cara a esa Yegua. – ¡Que te quede claro una cosa, pies planos: Renji es MIO, mi guardaespaldas y no lo comparto! ¡Ni mucho menos con una zorra!

La cara de Renji estaba en completo shock y rojo como su cabello por la actitud posesiva de Rukia, incluso su corazón estaba palpitando como un demente y estaba tartamudeando ya que fue tanto su sorpresa que no podía pensar en palabras cuerdas, sólo seguía pensando en la amenaza de Rukia, posesiva como bono extra. Cuando ya estaba por decir algo más, Rukia lo cayó con otro grito:

-Así que tienes DOS jodidos segundo para salir de mi hogar, descarada, o te juro que vas a necesitar cirugía después de que te transforme la cara con mis puños.

-Pero… ¡¿De qué estás hablando? – Grito Machiro totalmente confundida y molesta de la actitud de Rukia.

-Ya pasaron los dos segundos, prepara tu rostro. – Alzando el puño derecho.

-¡Rukia! – Renji la detuvo tomándola de las muñecas por detrás, tratando de no ser lastimado por los forcejeos y patadas de la pelinegra.

-¡En serio, ¿qué hay de malo con pasar tiempo con mi primo?

Rukia detuvo su cuerpo instantáneamente, como un robot al oír la contraseña correcta de su amo. Vio a Machiro pestañeando sin parar una diez veces, luego ve a Renji, de vuelta en la chica, y así. Trataba de buscarles un parecido mientras seguía sin creerse lo que había oído. ¿De verdad… de verdad ella dijo…?

-¿Son… primos? – Ya libre del agarre de Renji, señalo al pelirrojo y luego a la peliverde, notando como asentían con la cabeza.

-Sí, somos primos. – Siguió Machiro aun con una expresión de "¿qué está pasando aquí?" – Su mamá es hermana de mi padre, así que si la genética no se equivoca, eso nos hace primos. – Cruzándose de brazos. – ¿Qué pensaste que éramos?

-Si, Rukia… ¿Qué pensaste que éramos? – Insistió Renji con una ceja alzada en forma de coqueteo, hasta sonreía con burla.

La pobre Kuchiki no tenía nada que decir, estaba roja de vergüenza por armar un escándalo de celos a la PRIMA de Renji… ¡trágame tierra! Lo más cercano a la dignidad que pudo hacer fue gritar "¡No me importa lo que hagan, váyanse y no regresen nunca!" y subió las escaleras corriendo, mirando al suelo y aun con la cara roja, pasando por alto las miradas de los primos y de la servidumbre que pasaba por su camino.

-Ren-kun, tú… ¿Decidiste proteger a esa chica rica grosera? – Viéndolo mientras lo señalaba. – Esta loca.

-Sí, pensé también que era una demente cuando la conocí. – Confesó con una mano detrás de la cabeza. – Pero… no me arrepiento de mi decisión. – Sonriendo ampliamente.

-Allá tú… olvido que en nuestra familia, tenemos gustos raros para buscar compañeros.

-Yo no dije eso. – Sonrojado.

-Pues pareces alguien enamorado. – Señala las escaleras. – Y por lo que hemos visto aquí, esa chica siente lo mismo por ti, así que… ¿Cuál es el problema?

-Yo soy su guardaespaldas… y no puedo salir con alguien que no confía en mí.

-Pero Ren-kun… tu decidiste protegerla no importar qué, ¿recuerdas? – Dándole un pellizco tan fuerte en el hombro que Renji se quejó de dolor. – Pues esto es parte del paquete, si puedes aceptarlo y esperar, pues ve arriba y declárate; si no puedes, pues deja todo y deja de lastimarte tú solo. – Le ordeno señalándolo y su primo no hizo más que verla con mala cara. – Ahora, vamos a salir.


Antes de ir a su casa, Hinamori había decidido ir al supermercado a comprar víveres. Ya que hacía un bonito día, Momo usaba un vestido blanco hasta las rodillas que le había prestado Rangiku en Rukongai, era como esponjoso y ajustado en el nivel de sus pechos y caía holgado como elegantes cortinas de seda, con finas tiras sobre sus hombros y zapatos de charol de color negro. Con tres bolsas de supermercados llenas, caminaba de vuelta a casa tarareando una canción mientras pensaba en el almuerzo que se prepararía, sin olvidar que luego debía ir a la cueva de los diamantes a juntarse con sus amigos.

Su caminata se detuvo al notar que iba pasando por una tienda de música. En silencio observa los hermosos instrumentos de la vitrina, había un violín, una flauta, una armónica, etc. Los veía con una sonrisa nostálgica mientras pensaba en sus padres, buenas personas con dones musicales, reconocidos en todo el mundo, maravillándolos con su música mientras la pequeña Hinamori deseaba ser igual de buena que ellos algún día. Cierra sus ojos, dejándose llevar por el pasado…

Una hermosa mujer de sonrisa encantadora y con su largo cabello negro hasta la cintura, tocaba una melodía harmoniosa en el piano, siendo acompañada por el violín de un hombre de cabellera corta y roja. Ambos tocaban viendo a su pequeña Momo sentada en el suelo, sin importarle ensuciar su vestido, maravillada por lo que oía con sus pequeños oídos.

-Momo-chan, ¿te gusta la música de papá y mamá? – Preguntó el hombre una vez la música acabo.

-¡Sí! – Aplaudiendo emocionada. – A Momo le gusta, Momo piensa que nadie es mejor que ustedes.

-Muchas gracias, Momo-chan. – Agradeció su madre aun con su dulce sonrisa, abrazando a su hija con amor.

-Momo será igual de buena que papá y mamá cuando grande. – Prometió viendo a sus progenitores.

-¿Nunca vas a parar de llorar?

Hinamori regreso al presente al oír una voz tras su espalda, analizándose en el cristal, vio que el misterioso tenía razón, dos ríos de lágrimas salían en cada ojo. Se giro para ver a la persona que se le acercó con confianza, deduciendo que tenía razón y que si era Toushirou, vistiendo unos pantalones azul bien oscuro, una pollera blanca de manchas largas y dentro del pantalón, botas cortas tipo militar y una chaqueta café (mismo color que los botines) hecho de un genero bien delgado, sin cierre ni botones y sin las mangas, le llegaba hasta las rodillas.

-¿Shiro-chan? – Dijo al fin, aun no se había tomado la molestia de limpiarse el rostro.

-No me llames de esa forma, Momo. – Ordeno mientras le quitaba las bolsas, se estaba ofreciendo en silencio a llevarlas.

-Pensé que aún seguías trabajando en la marina. – Murmuro mientras se buscaba un pañuelo en su pequeño bolso que colgaba el hombro de color amarillo patito.

-Estoy tomando un descanso. – Caminando hacia la izquierda, Momo no tarda en seguirlo. – Ya deberías superarlo, ¿no crees? Actúas como una niñita.

-¿Tú has superado la muerte de tus padres? – Estaba detrás de él porque, no tenía ánimos de un análisis visual para tratar de descifrar lo que le estaba ocultando.

-Por supuesto que sí, ya fue hace muchos años, Momo… ellos no quisieran esto.

-Estás mintiendo. – Dijo con mucha confianza. – Sólo éramos niños cuando murieron.

-A diferencia de ti, Momo… yo no ando traumado toda la vida y viviendo en el pasado, tengo que seguir adelante.

-Eso ha sido un comentario muy cruel.

-Tú querías sinceridad.

-Shirou-chan, tú sólo sigues enojado conmigo por no decirte nada, así que si me acompañas para refregármelo en mi cara e insistir en saber, puedes devolverme mis bolsas e irte.

Hitsugaya se detuvo y dio media vuelta para ver a Hinamori con una mirada determinada y suspiro, le basto dos pasos para estar lo suficientemente cerca de la chica, incluso Momo se había sonrojado al ver los labios del marino, recordando el sabor a canela y menta que emanaban… ¡Dios, no eran momentos para recordar el RSP!

-Momo… ¿Cómo es que superaste tu miedo a nadar?

-¿Eh? – Sorprendida.

-Ya he recordado… que tú me salvaste. – Las mejillas de Hinamori aumentaron el rubor, como también el pánico. – ¿Cómo es que una novata en nado llego tan lejos y pudo salvarme bajo ochenta metros?

Los labios de Hinamori se abrían y cerraban consecutivamente, nerviosa, aterrada, su mente no podía procesar un plan de escape, ¿qué se supone que debería hacer?

-N-No sé de qué estás hablando Shi-Shirou-chan. – Tratando de mantener una sonrisa tranquila cuando en realidad se carcomía de miedo. – De seguro tu mente juega malas jugadas después del incidente, como te esfuerzas tanto por recordar… es algo normal. Lo que tienes que hacer es dejar de hacer eso y…

Se calla y quedó estática al sentir por segunda vez los labios de Toushirou, sólo que esta vez, era él quien se aventuró. Roja como una rosa en primavera, lo contemplaba atónica una vez que el beso acabo, viendo a un serio y seguro Hitsugaya del cual no podía escapar.

-No estoy equivocado y lo sabes… eres una sirena.

Menos mal que Toushirou le sostenía las bolsas o estas se le habrían caído por el shock.


Charlotte estaba sola en la cueva de Rukongai, sentada entre las piedras mientras miraba el collar que encontró bajo el agua, lo abre para ver de nuevo el contenido, aun seguía sin creérselo. ¿Qué debía hacer? Estaba claro, debía entregárselo a su dueño, pero… ¿Cuál de los dos?

Se había quedado sola, no quería volver a Karakura después de ayer en la noche, por su culpa, posiblemente sus amigas están en problemas, así que lo mejor era permanecer oculta en la cueva o en las profundidades donde habitaban los tiburones y así jamás será encontrada. Suspiro, estaba actuando como una niña asustada y todo porque quería ser leal a su palabra.

Habían pasado el día en aguas termales, se habían divertido jugando, recorriendo el pueblo y bañarse en esas deliciosas aguas calientes que era todo un relajo muscular.

Ahora mismo Charlotte, Silvia, Seika y Yuu dormían juntas en una habitación, acurrucadas en sus futones y viendo el techo de madera, de pronto dejaron salir una conversación que terminó en una pregunta comprometedora a Yuu:

-Te gusta Teppei, ¿no es así? – Fue Seika quien la lanzó, dándole a la pobre sirvienta un ataque de nervios.

-Pues la verdad es que sí… pero soy su sirvienta personal, no habrá nada entre nosotros.

-Silvia, tú te casaras con Teppei, ¿no es así? – Comentó Charlotte mientras la mirada de forma neutral, no se podía saber lo que sentía.

-Eso es asunto de mi padre y de su abuelo, nosotros aun estamos viendo si va a funcionar.

-Pero te gusta. – Aseguró Seika, ocasionando que la rubia se ruborice.

-A mí también me gusta mucho Teppei desde el momento que tomo mi mano para salvarme. – Confesó Charlotte emocionada mientras recordaba aquel día.

-Deberíamos hacer un pacto. – Dijo Seika, llamando la atención de las demás. – No importa a quien elija Teppei, no nos odiaremos la una a la otra.

-Me parece bien. – Comentó la prometida.

-¿Cómo llamaremos al pacto? – Pregunto inocentemente la sirvienta.

-¡La promesa de las aguas termales! – Grito la princesa completamente feliz y señalando el cielo con el dedo índice.

-La promesa de las aguas termales. – Cerró sus ojos y del izquierdo salió una lágrima. – Tengo que cumplirlo, pero… no puedo huir por siempre, ¿no es así? – Le preguntó al agua con una sonrisa cálida y a la vez cansada y triste.


Como Charlotte seguía en la isla y no quería volver a Karakura aun por el revuelo, en la cueva de diamantes sólo faltaba Hinamori. Rukia leía el folleto de la escuela de Tanabata, tenía que despejar su mente de lo ridícula que había sido hace horas (estuvo evitando a Renji encerrada en su cuarto y cuando tuvo que salir, miraba a cada esquina antes de seguir). Hichigo estaba dentro de la cascada para analizar las marcas y los diamantes con el diario de su madre. Orihime y July sólo conversaban de algunas cosas privadas y alzaron la cabeza al oír un chapoteo y una respiración agitada.

-Hina-chan, ya llegaste. – Anunció Orihime con una gran sonrisa.

-¿Qué te hizo demorar tanto? – Se quejó la pequeña despegando la vista del folleto para verla, alzando una ceja en señal de molestia.

-Lo siento, tuve… un contratiempo. – Mirando hacia otro lado avergonzada, sentándose en el agujero de un impulso para poder volver a ser humana.

-¿Contratiempo? – Preguntaron Orihime y Rukia a la vez, ladeando la cabeza, extrañadas.

-Oigan, no fastidien. – Se quejó Hichigo, con el ceño fruncido que revelaba lo mucho que se parecía a Ichigo y con el diario de su madre alzado a nivel de su rostro gracias a una de sus manos. – Parecen unas viejas copuchentas.

-¡Hey! – Se quejó Rukia realmente ofendida. – Tú también eres un entrometido que se aparece en donde nadie lo llama.

-Corrección: yo tengo curiosidad en cosas REALMENTE importantes, no me interesa que Hinamori llegue tarde por andar besuqueándose con Hitsugaya u otro hombre.

La cara de la pobre Momo quedó roja como un tomate, incluso las orejas estaban ruborizadas. Miro hacia otro lado, recordando lo que pasó hace unas horas con el peliblanco y se quedó sin aire… estaba haciendo mucho calor dentro de la cueva.

-Oye, ¿tuve razón? – Preguntó el albino con una maliciosa sonrisa al descubrir el por qué de su sonrojo. – Me sorprendes, Hinamori, felicitaciones. Eres toda una mujer, ahora.

-¡¿Lo has hecho? – Exclamó Rukia ruborizada y viendo a su amiga incrédula.

-¡NO! – Gritó la víctima más roja si era posible, estaba sudando de vergüenza. – Yo no…

-Ya no la molesten. – July salió en su defensa, para el alivio de Momo. – Lo que sea que haya hecho, es asunto de ella, no nuestro.

-Oigan…. – Orihime habló de repente luego de estar muda a causa del shock, sus mejillas estaban un poco rojas. – ¿No les parece extraño que Grimmjow e Ishida lleven ya un tiempo desaparecidos?

-Ni tanto, ellos se la pasan de ida y vuelta. – Dijo Rukia encogiéndose de hombros, no estaba para nada preocupada.

-¿Pero dos semanas? – Insistió. – Eso no es normal, por lo menos deberíamos visitarlos para saber si están bien.

-No es una mala idea. – Murmuró Hichigo, ganándose miradas incrédulas por parte de las sirenas. – ¿Qué? Si tenemos la oportunidad de que no estén, podremos registrar su casa y saber más sobre Aqua y las sirenas.

-Ya me parecía raro que tus intenciones fuesen buenas. – Ironizó July cruzándose de brazos. Su corazón dio un brinco al verlo sonreír burlón.

-¿Quieres que te enseñe mis buenas intenciones?

July abrió su boca lista para decirle algo hiriente, pero su voz quedó perdida en la garganta, perdida ante esos ojos ámbares. Avergonzada de lo inútil que era, miró a otro lado con las mejillas rojas y haciendo lo más digno posible para no parecer idiota enamorada frente a los demás: Bufar. Hichigo soltó una risa pequeña en señal de que le pareció gracioso su comportamiento infantil.

-Bien, si vamos a ir, vayamos ahora que luego se nos hará tarde. – Sugirió Orihime nerviosa, tratando de calmar el incómodo ambiente.

-No me importaría llegar a casa tarde. – Susurró Hinamori pensando en Hitsugaya y lo mucho que iban a discutir.

-Ni a mí. – Rukia la apoyaba, aun no quería pillarse con Renji luego de lo que había pasado.


El hogar de Ishida y Grimmjow era una casa de dos pisos, mediana y nada de jardines o un portón. Estaba pintada de verde claro, con el techo y los marcos de las ventanas de color café. La puerta tenía su color natural de madera y bien barnizada, que parecía ser algo muy costoso. El buzón estaba pegado al lado, era cuadrado y con una puertecita para sacar el correo. Rukia echó un vistazo y tuvo que atrapar unas cuantas cartas ya que estaba lleno el buzón.

-Parece que no le prestan atención a las cuentas. – Dijo tratando de ordenar en sus manos el correo. – Deben estar muy bien escondidos.

-O algo debió de haberles pasado. – Sugirió Orihime, ayudándola con la labor.

-No contestan. – July ya estaba tocando como por tercera vez el timbre mientras Hichigo forcejeaba la puerta. – Actúas como un delincuente.

-Es mejor que estar aquí parados como idiotas. – Se justificó dando un golpe, la puerta era muy resistente.

-¿Eh? – Hinamori notó algo en los brazos de sus amigas y ve el suyo. También lo notó en Hichigo, pero prefirió no decir nada, de seguro era un tema personal y ella no era tan entrometida como Rukia. – Los tatuajes están brillando.

Y no sólo los tatuajes, el cerrojo también desprendió un resplandor como respuesta. Para sus asombros, oyeron como la puerta soltó un clic y se abrió, dándoles el permiso para entrar.

El primero en entrar fue Hichigo, con July pegado a uno de sus brazos. Las demás caminaban detrás de ellos, descubriendo una casa normal: cocina, dormitorios, baños, comedor, living con estantes llenos de libros y un patio trasero (para nada cuidado). Rukia comentó que era una decepción, que se esperaba algo no normal por ser el hogar de una secta misteriosa con poderes sobrenaturales.

-No seas prejuiciosa. – La retó Hinamori, estaba nerviosa por entrar en casa ajena sin permiso.

-Dudo que los dueños me escuchen si no están en ninguna parte.

-¿Qué ocurre? – Preguntó Orihime a Hichigo y July al verlos raros, mirando curiosos la mesa con cuatro sillas y que debajo había una alfombra peluda tipo hippie.

-¿No les parece raro que esto este desordenado? – Preguntó la sirena señalando la alfombra que no estaba al mismo nivel de la mesa, sino cruzado, como formando una equis.

-Son dos hombres solteros, July, no hay nada de qué sorprenderse. – Murmuró Rukia sin prestarle importancia y con la vista en un cuadro de un paisaje de campo.

-Pero toda la casa esta ordenada, si exceptuamos el basurero que tiene Grimmjow de habitación. ¿Por qué sólo esto está mal? – Preguntó Hichigo con la vista en la alfombra.

-Quizás estuvieron limpiando y por las prisas en salir, no lo hicieron colocaron bien. – Sugirió Hinamori acercándose hacía ellos. – A Shiro-chan le pasa lo mismo cuando tiene que ir a trabar y está retrasado.

-O tal vez hay algo ahí. – Dijo July tomando un extremo de la masa. – No perdemos nada con echar una mirada.

-¿Y si resulta que en vez de limpiar, ocultan el polvo bajo la alfombra? – Dijo Rukia con una expresión de asco en el rostro. – No pienso acercarme y ensuciarme.

-Niña mimada. – Se quejó el albino, tomando el otro extremo de la mesa.

Hichigo y July corrieron la mesa hacía el Este, luego apartaron las sillas para que no molestasen y enrollaron la alfombra, dejando a sus espectadores con la boca abierta.

-Una puerta oculta. – Exclamó Orihime con los ojos brillando de emoción, ¡tal vez encontrarían a un ser del espacio encerrado en una capsula y muchos experimentos secretos sobre su raza! ¿Estará también su nave espacial? ¡Qué emoción!

-No hay alienígenas abajo. – Le retó Rukia como si le hubiera leído la mente y quitándole la ilusión. Orihime se deprimió, pensando que su amiga era cruel.

-Por eso la alfombra de pelos, así no se nota el pequeño pomo. – Murmuro July, llevó un mechón de cabello rebelde detrás de la oreja.

Hichigo fue el responsable de abrirla hacia afuera, dejando que golpee el suelo. Estaba muy oscuro, así que sólo podían ver dos escalones, pero cuando él apoyó un pie en el primero, mágicamente las luces aparecieron, era como bajar a un sótano a través de un pasillo sin final. July fue la primera en seguirlo, luego entró Hinamori, Orihime y Rukia quedó al final. Al final de las escaleras les esperaba otra puerta que tenía grabado un dibujo que reconocieron de inmediato: el Terrino. El joven Kurosaki intenta abrir la puerta, pero fue inútil, estaba cerrada y no iba a ceder. Las sirenas intentaron abrirla mostrando sus tatuajes, pero tampoco hubo una solución.

-¿Qué estás haciendo? – Pregunto Hinamori con las mejillas rojas al ver a Hichigo desabrochándose la camisa.

-Voy a intentar algo. – Dijo mientras se quitaba la prenda y se la entregó a July por estar cerca. – Ténmela un momento. – Pidió sin darse cuenta que la elegida se había sonrojado. El albino lleva una mano a su bolsillo y saca un pañuelo que uso para frotarse el brazo izquierdo. Siguió así hasta que reveló un tatuaje sobre una ola alzada por los aires, a punto de hacer colisión, y encima, un tiburón formando una C, el mismo tatuaje de su hermano Ichigo y sus raras marcas de nacimientos. Estaban dibujadas de color amarillo. Ignorando las preguntas de las chicas, le enseñó al Terrino su tatuaje y en un par de segundos, la puerta se volvió a abrir sola. Satisfecho consigo mismo, tomó su camisa para volvérsela a poner.

-¿Qué significa tu tatuaje? – Preguntó July ansiosa por una respuesta.

-¿Cómo sabías que se abriría con el tuyo? – Preguntó Hinamori mientras ingresaban.

-No lo sé y… no lo sé. – Admitió llevando una mano detrás de la cabeza. – Fue confuso, podría jurar que el Terrino me decía "enséñame tu marca de nacimiento".

-¿Eres parte de Aqua? – Preguntó Orihime, luego abrió sus ojos al darse cuenta de algo. – ¿Ichigo también tiene el tatuaje? ¿Será de Aqua también?

-No lo sé, el diario de mi madre no me dice nada de este tatuaje. – Hichigo estaba cabreado de tantas preguntas. – Este tatuaje no es igual a los de Aqua o los que tienen las sirenas… no sé qué significa. Lo tengo desde que nací.

La habitación también estaba a oscuras, pero se iluminó una vez que todos ingresaron. En el centro de la habitación, sobre un pedestal hecho de blanco mármol, había dos estatuas, una era la diosa Raina y el otro era nada menos que Poseidón, el rey del mar. Ambos se estaban dando las espaldas. La diosa miraba el suelo con una sonrisa tan cálida como las de Orihime y sus manos estaban juntas como si rezara. El dios sostenía su tridente en la mano derecha y mirada al frente con dignidad. Las paredes estaban pintadas de paisajes marinos, eran tan reales que uno podía sentir que en verdad estaba bajo el agua.

-Guau. – Murmuró Hinamori con la vista en cada rincón, algo piso que ocasionó que el suelo brillase, alarmándola. – Esto es… ¿el mundo?

El mundo estaba dibujado en el suelo y desprendía un destello verde. Curiosa, July se puso de arrodilló ante Japón, y al tocarlo suavemente, los demás países desaparecieron y este tomo todo el espacio, revelando millones de luces en las ciudades de Japón. Les llamó la atención las cuatro luces en Karakura. Rukia tomo el deber de tocar la ciudad y las cuatro luces subieron unos tres metros y, como un holograma, mostraron cuatro retratos de mujeres con sus nombres debajo: Inoue Orihime, saliendo en la fotografía con una de sus radiantes sonrisas; Kuchiki Rukia, con sonrisa arrogante y de brazos cruzados; Hinamori Momo, con las manos tras la espalda y sonriendo levemente; y Chen July, una mano en la cadera y guiñando el ojo derecho. Las chicas e Hichigo quedaron sorprendidos.

-¿Qué acaso nos acosan? – Preguntó Rukia totalmente indignada.

-No. – Susurró July al ver fotografías holográficas de unas chicas que habitaban en Kyoto.

-Creo que esto indican el paradero de las sirenas. – Opinó Hichigo.

-Si alguien malo tomase esto bajo su poder… guau, tendría a todas las sirenas bajo sus pies. – Dijo Rukia para luego notar algo extraño. – Hey, hay dos que tienen las luces rojas y están en pleno océano.

-¿Kurotsuchi Nemu y Miyano Yuzuhira? – Dijo Hinamori. La primera tenía un semblante neutral, no se le podía leer ninguna expresión. La segunda sonreía y parecía que usaba una bata de laboratorio.

-¿Por qué están apartadas y sin brillo? – Se preguntó Orihime caminando hacía las estatuas.

-Parece que están perdidas. – Dijo Hichigo al descifrar la MINUSCULA palabra que apenas se veían y estaban escritas debajo de los nombres de las mujeres: Desaparecida, era lo que decía.

Orihime se detuvo al estar ya frente a las estatuas. Podía ver que Raina era en verdad hermosa, y eso que sólo era una estatua, ¿la verdadera será igual o mucho más bonita? Luego se fijo en la de Poseidón, a pesar de ser un objeto inanimado, podía sentir el respeto y la majestuosidad del dios, Orihime parecía estar hechizada ante su presencia. De la nada, el tridente desprendió un brillo azul aguamarina, alertando a todos los presente. Por arte de magia salió un libro grueso, con su contratapa hecho de curo café. Este cayó en las manos de Orihime, ella notó el título del libro después de estar ida por lo que acaba de pasar.

-¿Poseidón? – Leyó abriendo el libro, descubriendo que todas las páginas blancas estaban vacías.


El timbre había sonado en la residencia Kurosaki. Yuzu se encontraba cocinando la cena e Ichigo estaba con su padre, ayudándolo con una cajas pesadas, que era equipamiento para la clínica, así que Kurosaki Karin tuvo el deber de abrir la puerta, encontrándose a una preciosa mujer pelirroja.

-¿Tú no eres la prima de Orihime-chan? – Dijo mientras la señalaba.

-¡Hai! – Dijo Charlotte con una gran sonrisa. – Disculpa mi falta de modales a venir a esta hora. – Se inclina respetuosamente y muy rápido, ya que duro medio segundo. – Vine a hablar con tu hermano, con Ichigo-san… ¿está en casa?

-Claro, déjame buscarlo. – Ofreciéndole camino para que ingrese a la residencia.

-Gracias, Karin-chan. – Regalándole otra sonrisa mientras la veía partir.

Al rato había llegado Ichigo, estaba curioso y sorprendido de la presencia de la chica, ella le explicó que tenía que decirle algo importante y privado, así que el muchacho la guio a su habitación. Pidiendo disculpas por el desorden (algo raro el comentario si la habitación estaba impecable) y por no tener sitios donde sentarse, le ofreció asiento en su cama mientras él se sentaba en su silla.

-Es una habitación muy bonita, diferente a la de Hichigo. – Comentó la princesa incógnita después del chequeo. – Marca muy bien tu personalidad, Ichigo-san.

-¿Ya habías venido? – Asombrado, no recordaba su presencia en la casa.

-Sí, con Orihime y las demás… si no me equivoco, tú habías salido a pasear con el auto. – Meditó con la vista en el cielo. Sus gestos le hacían lucir como si en verdad fuese pariente de Orihime, ambas eran tan iguales, por lo que no era difícil a la gente creérselo. – ¡Oh! ¡Lo siento! Me estoy saliendo de tema. – Apenada, pasó una mano detrás de la cabeza, con el rubor en sus mejillas.

-No, tranquila… – Ichigo quedó anonadado ante su actitud, no por quedar embelesado ante su belleza o ternura, sino por su parecido con Orihime. – ¿De qué querías hablarme?

-Pues… se que tú cumpleaños y el de Hichigo es pronto. – Dijo, viendo como el pelinaranja asentía, dándole ánimos de continuar. – Pronto voy a regresar a mi casa, así que no estaré para esa fecha, lo siento. – Se disculpo con una penosa sonrisa.

-No… no hay problema. – Moviendo sus manos en negación. – Fue un placer haberte conocido Charlotte.

-A ti también y por favor… cuida bien de Orihime… pase lo que pase. – Dijo en una súplica, se veía en sus ojos morados, como también una advertencia silenciosa. Ichigo quedó intrigado y un poco temeroso. – Bueno… estoy aquí para entregarte algo. – Cambiando drásticamente de ánimo y tema. Metió la mano en su bolsillo derecho, sacando el collar que había encontrado bajo las aguas. – Es tu regalo de cumpleaños.

Ese collar… ese collar le era conocido, estaba seguro que lo había visto antes, pero… ¿dónde? Al tenerlo entre sus manos, aumento la nostalgia, en verdad ya lo conocía, pero él no era de buena memoria, así que su cerebro se hacía trizas tratando de recordar.

-¿Por qué me das esto a mí y no a mi hermano? – Volviendo a su ceño fruncido que tanto le gustaba a Orihime.

Charlotte sonrió y pidió tomar el collar de nuevo, Ichigo accedió y Charlotte abrió el collar, mostrándole a Ichigo lo que había dentro. Al verlo, el pelinaranja abrió los ojos y los recuerdos volvieron con más facilidad, una hermosa mujer de brillante sonrisa con su amado collar siempre colgando del cuello, ella decía que era su tesoro.

Era una fotografía. En ella estaba Kurosaki Masaki, sonreía como el chico recordaba y, de rodillas, abrazaba por el cuello a sus primogénitos y alegres Ichigo e Hichigo… si, el pequeño Hichigo también sonreír. Ichigo recordó ese día de la foto, la había tomado su padre y él se la regalo a su esposa en su aniversario de bodas junto con el collar único, que él mando a diseñar personalmente.

-Cuando lo vi, pensé que tenías que tenerlo tú… y no Hichigo. – Respondió al fin la sirena, pensando que si el albino ya tenía el diario de Masaki, era justo que el pelinaranja tuviese el collar, ¿no?

-Muchas gracias Charlotte. – Dijo con toda sinceridad y con la vista en el collar, recordando la tormenta que se había llevado la vida de su madre, y que cuando la encontraron, el collar no estaba con ella.