Capítulo V
Mami se permite observar a Kyoko de reojo mientras ésta reorganiza su equipaje. Ha estado haciendo lo mismo reiteradamente desde que su viaje comenzó, pues lo cierto es que aún se siente extraña en su presencia. Mami no se considera una persona rencorosa, pero las memorias amargas del conflicto con Kyoko impiden que vuelva a entregar su confianza como si nada hubiese ocurrido. Pese a eso, guarda secretamente sus ansias de indagar qué ha sido de la pelirroja durante todo el tiempo en que no tuvieron ningún contacto. Se pregunta si Kyoko habría cuestionado su decisión de marcharse o si pensó en ella alguna vez después de alejarse; pero sonríe tristemente ante esas ideas absurdas. Ella misma nunca se atrevió a buscarla tampoco, pero no logró deshacerse del deseo de verla regresar. Ahora que está junto a ella le desconciertan sus intenciones, lo que piensa realmente y lo que planea hacer después de que todo acabe.
-La encontré. -Kyoko dice de pronto, interrumpiendo abruptamente la línea de pensamientos de Mami. -Crema cicatrizante. –señala ante la duda de su compañera. –Es la que tú… bueno; la herida no es profunda, no necesita magia.
El pequeño envase circular en la mano de Kyoko trae de vuelta a la mente de Mami el recuerdo de la vez en que se lo obsequió, procurando cambiar su costumbre de malgastar magia al curar heridas menores. Mami se asombra de que Kyoko lo conserve y reconoce su propia debilidad cuando, motivada por esa nostalgia, no puede evitar ofrecerle ayuda. Mami percibe la confusión en las facciones de Kyoko, pero no le da tiempo a ella de negarse, ni a sí misma de arrepentirse. Solo cuando se acerca lo suficiente es que, por primera vez desde su reencuentro, se da cuenta que Kyoko ha crecido más que ella en estatura. Su corazón, de pronto, palpita más rápido y no sabe a qué atribuirlo. Coge el ungüento y separa un poco en su dedo índice; el roce de la aplicación es suave porque sabe que la crema causa ardor. La postura de Kyoko se vuelve rígida y aparta la mirada, pero no es el dolor lo que la inquieta sino la cercanía de su compañera. Apenas tiene tiempo de registrar el agradable aroma a canela que Mami desprende antes de que ésta se aleje otra vez.
-Con eso basta. –anuncia Mami.
Kyoko deja escapar el aire que ha estado conteniendo sin darse cuenta y Mami se ríe por lo bajo.
-Apuesto a que Kurahashi-san no esperaría que reaccionaras así por un cicatrizante después de las heroicas palabras que le dijiste.
Las mejillas de Kyoko se encienden ante el comentario.
-No me ha dolido ni un poco. No seas tan ruin.
-Solo bromeo. –admite, sonriendo. -En realidad, debo reconocer que tienes todo el crédito de que las cosas con ella hayan resultado bien.
-Hice lo que tenía que hacer, nada más. –replica Kyoko.
Colocando el ungüento de nuevo entre sus pertenencias, finge no darle importancia, pero se contenta porque es la primera interacción positiva que tiene con Mami desde que el viaje inició. Kyoko aprovecha el ambiente ameno que se ha formado para compartir lo que ha estado pensando toda la mañana.
-Lo que dijo Kurahashi sobre la bruja no tiene sentido, ¿no crees? –comenta. -Nunca he visto características como esas.
-Es verdad. -señala Mami. -Lo que está sucediendo no es para nada normal; pero sea lo que sea, lo averiguaremos dentro de poco.
La ciudad donde Kaori Kurahashi encontró a la bruja no está lejos de su posición actual. Ambas deciden acudir con el objetivo de encontrar más pistas, pero al llegar lo único que descubren es que tanto la ciudad como sus alrededores carecen de protección; no hay ninguna mahou shoujo reclamando esos territorios. Las brujas han infestado la zona y, por consecuencia, se ha desatado la desolación entre los habitantes. Las tasas de suicidios, enfermedades y accidentes se han incrementado; la panorámica no es nada alentadora. Mami y Kyoko enfrentan a varias brujas en el camino, obteniendo a cambio las semillas de sufrimiento que necesitan para limpiar la polución acumulada en sus gemas, sin embargo, son conscientes de que no pueden darse el lujo de utilizar sus poderes intentando despejar por completo las ciudades. Considerando los hechos, Mami propone recorrer los poblados que presentan más concentración de brujas, pues cree en la posibilidad de que su inconfundible rastro las guíe hacia la que están buscando. Dos semanas se han cumplido desde que iniciaron la travesía y el fracaso momentáneo, sumado a la constante presión y los infortunios del viaje, las agota tanto física como emocionalmente. Mami y Kyoko han alquilado una habitación de hostal para descansar y reorganizarse.
-Esto no tiene caso. –se queja Kyoko, tendida de espaldas sobre la alfombra. –Con cada paso que avanzamos, esa maldita bruja se nos adelanta dos.
Mami la escucha desde el otro lado de la mesita, donde intenta despejar su angustia preparando algunos refrigerios simples para la merienda de esa noche.
-Lo peor del caso es que la infestación de brujas está expandiéndose demasiado rápido. –agrega Mami. -Si las mahou shoujo continúan negándose a luchar, el país entero se volverá un caos.
-Eso es lo que más me molesta. ¡Todas son unas perras cobardes!
Mami tiene intenciones de reprender a Kyoko por esa mala expresión, pero la pelirroja apenas ha dejado de protestar cuando percibe una reacción en su gema del alma que le provoca incorporarse de inmediato solo para corroborar que Mami la ha sentido también. Cerca del edificio donde se hospedan, una barrera de bruja se ha alzado y Kyoko y Mami llegan justo a tiempo para ver a la criatura que la conjura. Al contrario de lo que creyeron inicialmente, no se trata de la bruja colosal sino una más abstracta, de aspecto semejante al de una cucaracha. Una silueta se desploma frente a la bruja, pero Mami se encuentra a la distancia precisa para invocar tres apretados lazos que inmovilizan a la criatura y a sus familiares más cercanos antes de desplegar sus rifles y acabar con todos ellos. El sonido metálico de la semilla de sufrimiento golpeando el suelo se deja oír en cuanto la barrera comienza a desvanecerse. Kyoko ya se encuentra acuclillada junto al cuerpo que ha caído y, al aproximarse también, Mami empalidece de asombro. Antes de que la rubia pueda decir una palabra, Kyoko voltea hacia ella y anuncia:
-Está viva, pero no por mucho si se queda aquí.
Buenas!
Quinto capítulo y perdón por la tardanza; estoy en práctica profesional hasta fines de septiembre. :(
Gracias por leer y comentar.
