Capítulo VI
La pequeña niña pálida, de larga cabellera blanca, no representa más de diez años de edad y es la mahou shoujo más joven que Mami ha conocido. Permanece inconsciente en la habitación de alquiler pese a que las chicas han curado sus heridas graves y purificado su gema del alma. Mami está sentada junto a ella, mientras Kyoko, más muda que las mismas paredes, se mantiene de pie en un rincón de la habitación.
Un ruido en la ventana alerta a las chicas, pero es Kyubey el que se asoma y abre paso a través del cristal entreabierto. No es capaz de anunciarse correctamente porque Kyoko lo agarra del cuello antes de que pueda pisar el suelo de la habitación.
-Llegas justo a tiempo para que te mate, bastardo.
Kyubey agita las patas posteriores en un intento por zafarse, pero Kyoko invoca su lanza en la mano libre, dispuesta a atravesarle la cabeza con ella. Mami comprende el motivo por el cual su compañera está tan furiosa y aunque comparte sus sentimientos, sabe que deshacerse de Kyubey no cambiará el hecho de que una niña tan pequeña haya arruinado su futuro al convertirse en una mahou shoujo.
-¿A qué has venido, Kyubey? –inquiere Mami.
Kyoko chasquea la lengua con molestia cuando comprende que debe liberarlo para que pueda responder. Al estrellarse en el suelo, Kyubey simplemente se sacude para incorporarse y saltar a la cama.
-Nagisa me llamó; al parecer necesita de mi ayuda. No creí que estaría con ustedes.
-Pues si hubieses llegado antes, habrías tenido tiempo de matar a la bruja que estuvo a punto de devorarla.
-Desconozco el motivo por el cual estás molesta, Kyoko. Lo normal es que se meta en problemas; después de todo es una novata. No tiene grandes aptitudes, pero con el incremento de brujas recién nacidas y la falta de mahou shoujo para enfrentarlas, eso no importa demasiado.
Mami intenta obviar las aseveraciones que ha hecho acerca de la niña antes de enfocarse en el último dato y preguntar al respecto.
-Ya deben de saber que los rumores son ciertos. -contesta Kyubey. -La causante del embrollo es una bruja. No tengo certeza, pero todo parece indicar que, a diferencia de las conversiones naturales, las transformaciones que ella induce en las mahou shoujo no producen entropía.
La niña se incorpora sobre la cama tan repentinamente que Mami y Kyoko se sobresaltan. Ha despertado y sus ojos abiertos denotan una heterocromía parcial; no parece estar viendo a nadie en particular cuando comienza un monólogo de desvaríos indescifrable que suspende la discusión temporalmente. Mami logra capturar su atención y finalmente se queda quieta. Solo entonces se da cuenta que no sabe dónde ni con quién está; examina uno a uno a los presentes, aunque, por supuesto, solo puede reconocer a Kyubey. Tras explicarle a grandes rasgos lo que ha sucedido, Nagisa no parece menos confundida.
Kyoko, que continúa enfadada, se opone rotundamente a compartir con Kyubey lo que han averiguado, y aunque Mami nunca ha confiado plenamente en él, sabe que puede ser un buen aliado cuando existe un enemigo en común; asimismo, considera prudente dejar testimonio de la investigación en caso de que ellas fallen en el intento. Antes de irse, Kyubey promete seguir averiguando y volver con ellas en cuanto obtenga nueva información que agregar. La noche ha entrado completamente y Nagisa, luego de haber platicado por horas lo emocionada que está al haber sido rescatada por dos mahou shoujo como ella, se ha dormido profundamente sobre la cama sin ninguna intención de querer moverse. Kyoko y Mami deciden dejarle descansar y no tardan en sucumbir también ante el cansancio.
Cuando Kyoko despierta el sol está iluminando toda la habitación, por lo que deduce es cerca del medio día. Tiene la visión sesgada por la somnolencia, pero eso no le impide darse cuenta de que no hay nadie alrededor. No hay señales de Mami o de la pequeña. La confusión le provoca levantarse de inmediato y está a punto de salir a buscarlas cuando escucha tenues risas provenientes del pasillo. La puerta se abre y es Mami quién entra; la niña está agarrando su mano y ambas cargan algunos paquetes.
-Oh, Sakura-san; buenos días.
-¿Dónde te habías metido?
-Nagisa-chan y yo fuimos a comprar algunas cosas para desayunar. Dormías tan profundamente que no quisimos despertarte.
Kyoko frunce un poco el entrecejo, extrañada por la familiaridad que ha surgido entre su compañera y la niña. Ambas se disponen de inmediato a desempacar sus compras sobre la mesita para empezar a preparar algunos bocadillos.
-¿Te gusta el queso, Kyoko-san? -pregunta la niña en cuanto Kyoko se ha acercado lo suficiente. –A mí me gusta mucho. Mami-san ha comprado de tres clases diferentes para ponerle al pan. ¡También compró pastel de queso! Nunca lo he probado, pero estoy segura de que sabe delicioso, ¿no?
-Seguro… -Kyoko mira a Mami, pero no parece que ella comprenda su desconcierto, así que pregunta directamente. -No has vuelto a tu casa desde ayer, ¿no estarán preocupados tus padres?
Cuando la sonrisa en el rostro de Nagisa desaparece, Kyoko intuye que algo anda mal.
-No hay nadie esperándome en casa. –responde quedamente.
-Sakura-san. –Mami interviene. –No hablemos de eso ahora, ¿sí?, el pan está caliente y va a enfriarse si no lo comemos pronto.
Nagisa recobra su buen ánimo cuando Mami le da instrucciones de repartir las provisiones y Kyoko no vuelve a pronunciar otra palabra durante el desayuno. Ha descifrado algo preocupante en el tono que Mami ha usado y, de pronto, tiene un mal presentimiento al respecto.
-¿Acaso te has vuelto loca?
Dos días completos han pasado desde su encuentro con Nagisa. Dos días en que la niña ha permanecido con ellas y dos días en que la búsqueda de la bruja ha quedado suspendida. Precisamente por eso, Kyoko y Mami creen conveniente discutir acerca de su futuro. Mami ha estado sopesando la posibilidad de llevar a Nagisa con ellas desde que descubrió que la pequeña había quedado huérfana poco tiempo antes de convertirse en una mahou shoujo; pero no puede evitar sentir que su resolución flaquea ante la reacción de Kyoko, pese a que suponía de antemano que la pelirroja estaría en desacuerdo.
-Todo ha sido muy repentino, lo sé. –explica. -Pero me cuesta mucho pensar en dejarla sola; Nagisa-chan no tiene a quién recurrir.
-Todos tenemos problemas, Mami; esa no es razón suficiente para traerla. Te aseguro que estará mejor por su cuenta que con nosotras.
-¿Cómo podría una niña tan pequeña estar bien sola?
-Es una mahou shoujo.
-Eso empeora el caso. Tiene una carga demasiado pesada sobre sus hombros.
-Debió haberlo pensado antes de dejarse embaucar por Kyubey.
-Sakura-san, por favor…
-Escucha, Mami; esa parlanchina es una novata. Si la llevamos no solamente nos retrasaría, también correría peligro.
-Como están las cosas ahora, corre peligro aún si no la llevamos. –insiste Mami. -Podría entrenarla. Nos las arreglaríamos de algún modo. Solo te pido que comprendas la situación.
-¡Tú eres la que no comprende la situación! –replica. –Recuerda el motivo por el que hemos venido aquí en primer lugar.
-Sé muy bien cuál es la prioridad, pero no es casualidad que la hayamos encontrado; estoy segura de eso.
Kyoko no comprende en absoluto los sentimientos de Mami. Su compañera ha comenzado a parlotear un sinfín de excusas, pero ella ya no quiere escuchar y se refriega el cabello con frustración. Mami ha dicho que lo discutirían juntas, sin embargo, a Kyoko le parece que más bien Mami ya ha decidido por sí misma lo que hará.
-¿Sabes qué? –interrumpe. –Olvídalo. Debí suponer que algo así pasaría. Si estás tan empeñada en jugar a la familia, entonces olvídate de la misión y regresa a tu casa.
-¿Qué? –Mami cuestiona, incrédula.
-Lo que oyes. Si insistes con esta absurda idea será mejor que acabemos con esta alianza. Puedo continuar sola, no me importa. Me encargaré de la bruja yo misma.
Mami la observa con angustia. Por ningún motivo desea terminar la alianza que ha formado con Kyoko sin siquiera haber cumplido el objetivo que la originó. La pelirroja ha expresado su advertencia de manera rotunda y, lo que es peor, no parece tener intenciones de seguir discutiendo. Mami se da cuenta, entonces, que no quiere separarse de ella y que aunque oculto, el anhelo de reconstruir lazos con Kyoko ha echado raíces en su corazón sin que ella lo pretendiese de ese modo. Se reprende por esperar algo así. Sus esperanzas son vanas. Nada ha cambiado. Kyoko y ella simplemente no pueden entenderse mutuamente.
-Eres una cobarde.
Kyoko, que ya había dado medio vuelta en pos de finalizar la charla, se detiene solo para asegurarse que esas palabras llenas de resentimiento efectivamente han salido de la boca de Mami.
-Crees que marchándote solucionas todo y estás muy equivocada. –continúa. -Siempre huyes. No enfrentas los problemas, ni siquiera lo intentas. ¿Cómo puedo llamarle a eso sino cobardía?
Mami se arrepiente de inmediato de lo dicho al advertir la inseguridad en la expresión de los ojos de Kyoko.
-¿Es eso lo que piensas de mí?
Mami quiere decirle que no, pero su cerebro no es capaz de enviar la orden al resto de su cuerpo y se queda estática mientras Kyoko recupera su semblante hostil y se aleja sin más. Se aleja otra vez y ella no hace nada para detenerla. Mami no puede seguir conteniendo las lágrimas al pensar que tal vez ella es la más cobarde de las dos.
Capítulo seis publicado. ¿Qué les pareció? ¿imaginaban que se trataría de Nagisa-chan?
Espero sus comentarios y como siempre, muchas gracias a todos quienes siguen esta historia.
Que pasen buena semana, ¡saludos!
