Capítulo VII
-¿Kyoko-san no vendrá con nosotras?
Nagisa ha estado dándole vueltas a la duda toda la noche antes de atreverse finalmente a preguntarla en voz alta. Estuvo genuinamente contenta cuando Mami le sugirió que permanecieran juntas, ofreciéndole su casa y su compañía; mucho más de lo que ella podría esperar de una extraña. Mami la ha tratado con una amabilidad increíble y ella misma se siente muy inclinada hacia la conexión natural que se ha formado entre las dos. Pero ha notado un cambio importante en el estado de ánimo de la chica mayor cuando hubo regresado al hospedaje sola; y aunque ella procura disimularlo, es claro para Nagisa que algo ha sucedido entre Mami y su compañera pelirroja.
-Nagisa no le agrada, ¿verdad? Por eso se ha ido.
Mami la mira con inquietud, sorprendida ante la repentina declaración.
-Te equivocas. –le corta de inmediato. -Por supuesto que no se trata de eso. Sakura-san, ella… ella se fue porque tiene asuntos urgentes que atender.
-Sé que está buscando a esa bruja, Mami-san; lo que no comprendo es por qué tú no vas con ella. –Nagisa insiste.
Mami se detiene, dejando escapar un suspiro cansado. No tiene caso seguir evadiendo las interrogantes de Nagisa. Se inclina hasta quedar a su altura y sujeta sus hombros para verla directamente.
-La situación es complicada, Nagisa-chan. La decisión de separarnos fue lo mejor. Mi deber ahora es protegerte y por eso tú y yo estamos regresando a casa.
-Si es lo mejor, entonces, ¿por qué luces tan triste desde que Kyoko-san se fue?
Nagisa es pequeña, pero no inmadura y hay muchos aciertos en sus palabras. Mami la mira por un momento más antes de abrazarla. Nagisa le corresponde con cariño; no necesita comprender la totalidad de los sentimientos de Mami para percibir su confusión y sus dudas. El momento, sin embargo, no se extiende demasiado porque una pulsación estremecedora se deja sentir en el ambiente. Ha sido exactamente igual a un temblor, pero Mami advierte que no es la tierra la que se ha movido.
Una barrera enorme de bruja se alza a su alrededor, encerrándolas, bloqueando paulatinamente la visión del mundo exterior. La sensación es tan abrumadora que les provoca quedarse estaqueadas en su lugar sin atreverse a mover un músculo. En sus atropellados pensamientos, Mami no logra recordar la última vez que la perspectiva de una bruja le ha erizado la piel y no entiende cómo es que ha acabado en presencia de la única que no deseaba encontrar en ese preciso momento.
Aun así, Mami se incorpora, liberando la magia de su gema justo un segundo antes de que ella y la bruja colosal finalmente estén frente a frente. Mami puede reconocer en su forma cada una de las características descritas por Kaori; pese a eso no puede evitar sentir que algo no anda bien.
Mami intenta controlar el caos de su mente. Sabe que debe actuar con precaución, de lo contrario las cosas podrían terminar mal. Conoce bien sus propios límites y aunque la bruja no parece estar a la ofensiva por el momento, reconoce que no puede confiarse mientras esté a cargo de Nagisa. Decide que en su posición actual la mejor alternativa es crear una brecha y huir antes de que se produzca un enfrentamiento real.
Con movimientos cortos y calculados, Mami hace retroceder a Nagisa unos cuantos pasos y se pone al frente.
-Quédate detrás de mí.
Y no ha terminado aún de decirlo cuando arroja al aire su boina, desplegando las armas que guarda en su interior. No espera a ver la reacción de la bruja para iniciar una estruendosa balacera que cubre la escena de espeso humo gris. Sujeta a Nagisa de la mano y emprende la retirada aprovechando la obertura.
O eso era lo que pretendía, pues apenas ha dado un paso atrás cuando la bruja, aparentemente intacta, disipa por completo la humareda con un veloz movimiento de su brazo en armadura.
Ninguno de sus disparos le ha acertado y Mami no puede creer que haya fallado todos. Algo definitivamente anda mal. Con su primera táctica inhabilitada, Mami no tiene más opción que volver a hacerle frente. Mientras elabora rápidamente un nuevo ataque, crea una barrera de listones para separar a Nagisa del campo de batalla.
-¡Mami-san!
-Huye en cuánto veas oportunidad. –Mami ordena, sin darle chance de rebatir.
Si luchar a la defensiva no surte efecto, habrá que pasar a la ofensiva, Mami se dice. Liberando nuevos y extensos lazos logra atrapar a la bruja sin mayor dificultad. Con el escenario despejado, Mami es muy consciente de que la criatura no se resiste al ataque, pero eso no impide que el resto de sus cintas den forma al cañón gigante con el que efectuará su ataque final.
A un segundo de pronunciar el nombre de su técnica, Mami se detiene abruptamente. En tan solo un segundo todo se nubla a su alrededor. Un segundo en el que no puede oír nada más que el apresurado palpitar de su corazón. Y entonces, ya no hay nada. Nada más que dolor…
La barrera de cintas de Mami se desvanece al tiempo en que ella se desploma de rodillas al suelo y Nagisa no necesita otra señal más que esa para transformarse. No sabe qué es lo que sucede, ni mucho menos lo que hará para detenerlo. Solo sabe que Mami está en el suelo y que ella debe atacar. Atacar como pueda. Con lo que pueda. Y es lo que hace. Pero sus ataques no funcionan. La bruja no se mueve y Mami comienza a gritar entre sollozos. Nagisa la llama, desesperada, frustrada al no saber qué hacer.
La bruja avanza un paso hacia ellas y acorta la distancia. Un paso definitivo. Un paso seguro a la muerte, piensa Nagisa. Pero es el único que da, porque desaparece entre una barrera de cadenas rojas. Una lanza ha quedado clavada en el suelo frente a donde estaba la enorme criatura hace apenas un momento y es lo último que Nagisa alcanza a vislumbrar antes de sentir que la envuelven unos brazos cálidos, alejándola del lugar, sacándola de esa pesadilla.
...
Su cabeza es una madeja de ideas chocando. El cansancio le hace mella en pulmones y piernas. Inhala profundo, con intenciones de normalizar su respiración después de la carrera que ha dado, pero no lo consigue porque además de cansada está asustada. Y cómo no estarlo si Mami yace en sus brazos, inconsciente.
-Kyoko-san.
La voz temblorosa de Nagisa le ayuda a enfocarse. Kyoko la mira. La pequeña está de rodillas frente a ella, más pálida que de costumbre, pero sin lesiones aparentes.
-¿Estás bien? –Kyoko le pregunta.
Pero Nagisa, por toda respuesta, se abalanza contra ella llorando, con una mezcla de alivio y de muchos otros sentimientos que no sabe cómo explicar en palabras.
¡Buenas tardes!
Séptimo capítulo. En lo personal, me gustó mucho escribirlo. ¿Qué les pareció?
Pretendo que esta historia se extienda solo un par de capítulos más así que nos acercaremos al final pronto.
Muchas gracias a todos por leer y comentar.
Hasta la próxima.
