Capítulo X
Dentro del campo de batalla, el tiempo avanza demasiado rápido. Con el cuerpo tenso y el pulso arrítmico, Mami debe obligarse a sí misma, en reiteradas ocasiones, a seguir la estrategia de combate tal como Kyoko la hubo planeado, porque está sintiendo el fuerte impulso de arrojar por la borda todo eso que acordaron.
Pero Kyoko parece presentir sus intenciones. Le dirige una mirada seria y determinada, como queriendo gritarle que confíe en ella y que le favorezca con un poco más de tiempo. Y no es que Mami no confíe en Kyoko. Pero puede percibir su agotamiento, su respiración irregular, el rengueo en sus movimientos y las múltiples contusiones marcadas en su piel. Kyoko está malherida y Mami no está segura de poder simplemente quedarse a observar.
Entonces debe recordar lo que hubo prometido esta mañana. Recordar que Kyoko insistió en ser el cebo. En ir y convertirse en la ofensiva principal, mientras Nagisa y ella luchaban desde un segundo plano. Sus razones fueron simples. Dijo que no sería capaz de enfrentar a Mami si llegaba a convertirse en una bruja, porque de seguro se convertiría en una muy poderosa. Aseguró que dado el caso sería mucho más fácil derrotarla a ella. Que Mami tendría la determinación de hacerlo. (¡Qué absurdo!) Había replicado Mami, pero una sonrisa contundente y sincera de la pelirroja la había silenciado al final.
Sin embargo, contrario a lo previsto por Kyoko, la bruja no ha adoptado su forma humana ni una sola vez desde que fueron atrapadas dentro de su laberinto, desde que la inevitable lucha inició.
El combate, por lo demás, ha resultado muy diferente del anterior. Mucho menos predecible. La bruja ni siquiera se molestaba en atacar directamente la primera vez. Pero ahora no tiene intenciones de jugar. No parece tener otro propósito más que asesinarlas. Haber sido descubierta, probablemente, no formaba parte de sus planes.
Están llegando a un límite peligroso. La energía se agota. Las tres han utilizado mucha magia. En poco tiempo, la ventaja numérica ya no será suficiente. Mami comienza a barajar las opciones…
-¡Mami-san! –Grita Nagisa de pronto.
Una ráfaga de viento las manda a volar. La bruja ha pasado sobre la ofensiva de Kyoko y se aproxima a Mami, interceptando de lleno la formación de su cañón de cintas. Un dolor intenso oprime su cuerpo completo; le roba el aliento. La bruja la ha golpeado directamente con el puño de su armadura, incrustándola en la pared. Mami apenas tiene tiempo de registrar que sigue con vida cuando nota que la bruja está a punto de propinarle un segundo golpe. Uno mortal; ella piensa. Sus oídos retumban y sus ojos se cierran con fuerza.
Kyoko grita unas palabras que ella no logra entender. La pelirroja se ha arrojado sobre la bruja, pero no consigue clavar su lanza. El sonido inconfundible del despliegue del arma hace eco en el lugar. Kyoko se balancea alrededor del enemigo. Pero la bruja atrapa el arma, arrebatándosela. La pelirroja es arrojada violentamente al suelo, a unos cuántos pasos enfrente de Mami, quien entre la bruma la observa levantarse, justo antes de que su cuerpo sea atravesado.
La consciencia total regresa a Mami como una bofetada.
Kyoko está allí de pie, pero sus rodillas no pueden soportarlo y ceden, estrellándose contra el suelo. Conteniendo el aliento, Kyoko sostiene el mango de su lanza con ambas manos; el filo ha perforado parte de su estómago. La sangre empapa su ropa y escurre a su alrededor. Pero su mirada es todavía hostil y encara a la bruja, apretando los dientes en un esfuerzo por soportar el ardiente dolor.
Mami alcanza su posición con dificultad. Su propia respiración quema como el fuego. Considera que varios de sus huesos se rompieron con el golpe, pero no le importa. Se inclina al lado de Kyoko y los ojos de ella se suavizan al verla. Unas traicioneras lágrimas escapan de los de Mami, y antes de que pueda hacer o decir cualquier cosa, Kyoko se desincrusta el arma con manos temblorosas y resoplidos dolorosos. Hay una fisura en su gema del alma.
-Sakura-san.
Su voz es un susurro cortado en medio de la estupefacción.
-Perdón, Mami.
Es lo único que Kyoko logra articular. Sus ojos rojos se ensombrecen y se cierran. Su transformación se desvanece al instante. Mami logra sostener su cuerpo inerte, estrechándolo en un abrazo, para evitar que se desplome completamente contra el suelo. No hay tiempo para nada más. La bruja se alza sobre ellas, imponente y severa. Levanta el brazo derecho. No hay nada que le impida aplastarlas. Se acerca el golpe final. El choque produce una onda de energía en torno.
Siete sables, dispuestos en forma de escudo, interceptan el ataque. Kaori Kurahashi es quien conjura la repentina defensa y con ambos brazos extendidos, empuja los sables hacia adelante, consiguiendo que la bruja retroceda algunos pasos.
Mami la mira pasmada, sin entender todavía lo que ocurre. Kyubey surge desde la oscuridad también y se materializa a su lado. Uno de los sables está regresando a la mano de su dueña y Kaori lo atrapa en el aire antes de dirigirle una mirada apesadumbrada a Mami y a la pelirroja entre sus brazos.
-Siento la tardanza, Tomoe-san. Traemos ayuda.
Varios metros tras la bruja, Nagisa se incorpora justo a tiempo para distinguir múltiples figuras surgiendo entre la oscuridad de la periferia. Un numeroso grupo de mahou shoujo. Todas ellas empuñando armas, dispuestas a enfrentarse a un enemigo en común. Le cuesta creerlo. Se trata de un milagro. Su semblante se llena con la esperanza de ese pensamiento. Busca a sus compañeras con la mirada, pero cuando al fin las encuentra, su renovado optimismo tambalea abruptamente.
Cuando la niña entra en su campo de visión, Mami siente un apretado nudo en la garganta, ahogando sus sofocantes ganas de llorar. Al menos ella todavía está a salvo.
-Supongo que ya lo sabes, Mami; la bruja es una mahou shoujo. Kaori y yo hemos estado buscando refuerzos. –explica Kyubey.
-Y no somos los únicos. –replica Kaori, señalando hacia el exterior.
El sentimiento de alivio solo dura un instante; demasiado breve. Al menos una docena de brujas, de diferentes formas y tamaños, han ingresado a la barrera.
-Puede controlarlas. –comenta Kyubey. -Ella las ha llamado.
La plática no puede continuar. El combate ha sido reanudado, ahora en múltiples bandos. La escena no tarda en repletarse de polvo y humo; de ruidos ensordecedores. Mami mira incrédula hacia todos lados, el pánico se apodera un poco de su espíritu. Se ha convertido en una batalla sin precedentes.
-¡Rápido, Kyubey, ve con Nagisa-chan! –pide Mami a gritos. -¡No la dejes sola!
La criatura observa a Mami por un momento antes de asentir y correr entre la algarabía. La respiración de Mami se vuelve más pesada con cada segundo que pasa. Siente arder la cabeza. Tal vez perderá el conocimiento pronto. Por eso se ocupa de arrastrar el cuerpo de Kyoko a un punto menos expuesto. Aunque sabe que no hay un solo rincón seguro ahí dentro. Desde donde está debe usar su magia. Usar su rifle de cintas para alejar a las brujas que pretenden acercarse a ella. No quiere rendirse, pero es difícil continuar.
La visión comienza a nublársele. Un disparo. Un chasquido. Una explosión. Hay muchos ruidos diferentes, pero parecen lejanos ahora para los oídos de Mami. Más disparos; otros chasquidos y una explosión. Necesita un respiro. El tiempo se ralentiza para sus sentidos. Y entonces solo está ella; y Kyoko, inmóvil en su regazo. Mami mueve su mano izquierda; la derecha se le ha entumecido desde el codo hasta los dedos. Alcanza el cabello pelirrojo de su compañera, ese que tanto le gusta, y lo acaricia, con una mezcla de tristeza y afecto. Conteniendo un sollozo, deja caer su frente sobre la de ella.
-No te vayas, Kyoko. Te lo suplico; no te vayas.
Un disparo. Un chasquido. Una explosión. Todo da vueltas, pero el tiempo regresa a la normalidad.
-¿Sabes?
Mami abre de nuevo los ojos.
-Es la primera vez que me llamas por mi nombre.
¡Buenas tardes a todos!
Pensaba que éste sería el último capítulo, pero finalmente no fue así. Jaja!
Gracias por leer y comentar. Hasta el próximo!
