Capítulo XI
El eco de su voz resuena. Sus ojos están brillando de nuevo. Kyoko está con vida, está sonriéndole, y es la única certeza que necesita el corazón de Mami para volver a latir con esperanza. Lo siguiente que percibe es un destello de energía, brillante y poderoso, pero también cálido y reconfortante. La bruma se disipa alrededor de ellas cuando cuatro formas, copias exactas de la pelirroja, aparecen ubicadas cerca de la original.
Mami reconoce esa técnica, aunque no puede creer que la esté viendo de nuevo. La magia de Kyoko ha regresado; de alguna forma ha sido capaz de invocar cuatro copias de sí misma. Nota que incluso la grieta en su gema del alma ha sido restaurada también. Mami no llega a comprender del todo lo que ha ocurrido, pero lo único indiscutible es que todavía no han perdido la batalla.
La verdadera Kyoko la sostiene, ayudándola a ponerse de pie.
-¿Puedes seguir luchando?
Mami asiente torpemente ante su mirada, sin embargo, las heridas de su cuerpo reflejan lo contrario. Hay un ataque muy cerca de ellas. Dos de las copias de la pelirroja ya se han enfrascado en la lucha. Un par de brujas menores intentan acercarse a toda costa.
-No durarán demasiado. –le informa Kyoko, aludiendo a sus copias; y empuña su lanza con firmeza. –Voy a tener que pedirte un último esfuerzo, Mami.
No hay nada más que pueda explicar. La primera estrategia no solo fue ineficaz, casi termina con la vida de Kyoko. Pero hay mucho más en juego. Mami tiene que dejar las dudas atrás, aunque el miedo provocado por los recientes acontecimientos todavía la esté estremeciendo. (¿Será diferente esta vez, verdad?) Es lo que desearía preguntar, pero confía en Kyoko y está dispuesta a seguirla hasta el final; por eso sujeta su mano, su apoyo está implícito en el gesto.
-Cuando quieras, Sakura-san.
Cuatro formas de Kyoko atraviesan varios metros del campo de batalla, donde Kaori y otras dos mahou shoujo intentar hacerle frente a la bruja colosal sin mucho éxito. Las brujas que ha invocado en la barrera se han convertido en un obstáculo efectivo y una desventaja muy poderosa. Muchas mahou shoujo ya han sucumbido a la transformación inducida por la bruja, incrementando el número de antagonistas. Aproximarse a la bruja es muy difícil; asestarle un ataque significativo lo es aún más.
Aun con la balanza inclinada a su favor, el aura proyectada por la bruja se vuelve considerablemente más agresiva en cuanto Kyoko entra en su campo visual. Es evidente que no le agrada verla otra vez en combate, mucho menos multiplicada. Kyoko y sus copias se arrojan en contra con decisión. Sin embargo, algunas brujas menores la interceptan de inmediato, frustrando el asalto. Esquivar los feroces embates de la bruja mientras se encarga de las otras es más complejo de lo imaginado.
Un quejido agudo hace ruido en sus oídos. Puede reconocer la voz que ha gritado. Kaori no ha sido capaz de evitar los múltiples ataques. Kyoko ruega internamente que no haya muerto, porque no puede verla. Tampoco logra divisar a las otras dos que luchaban junto a ella. El escenario completo es un caos. Los sentidos de cada Kyoko están demasiado ocupados. Peleando de esa manera no puede crear una obertura.
Se produce una explosión de aire muy poderosa justo en frente de su nariz. Una de las brujas que Kyoko tenía encima hace un instante ha salido volando producto del ataque. Por poco le atrapa a ella también. Entre la bruma y la turbación, la pelirroja vislumbra a la autora. Marcada por un montón de suciedad, raspones y cortes, Nagisa se ha aproximado a la posición de Kyoko. Y está allí, saltando hábilmente de un lado a otro, con Kyubey prendido en su hombro, mientras se encarga de soplar múltiples burbujas explosivas contra los enemigos más cercanos.
-¡Qué esperas Kyoko-san! –le grita, sacándola de su pasmo.
Nagisa ha creado un margen de contrataque. Breve, pero suficiente. Las cuatro formas de Kyoko se impulsan entre ellas y despliegan su lanza con fiereza para enredar las extremidades inferiores de la bruja colosal, quien no tarda ni un poco en hacer desaparecer a dos con apenas un golpe. Es Nagisa quien impide que elimine a las restantes al interponer gigantescas burbujas entre los ataques y las copias.
Varias mahou shoujo se han acercado a luchar a su alrededor, conteniendo a las brujas menores, logrando crear distancia. Kyoko aprovecha los instantes de ventaja para jalar con fuerzas las cadenas enredadas en la bruja, logrando desestabilizarla lo suficiente como para hacerla incapaz de atacar durante los cruciales próximos segundos.
-¡Ahora, Mami!
La verdadera Kyoko aparece algunos metros más adelante. Mami está equilibrándose de pie sobre su lanza, misma que la pelirroja utiliza para alzarla, arrojándola hacia arriba con velocidad para que obtenga la altura necesaria. Los segundos retumban implacables. Mami está conteniendo el aliento, encerrando el aire en sus pulmones. Ha decidido obviar el dolor de sus heridas y concentrar toda la magia restante en un solo ataque. Debe utilizar solamente su mano activa para transformar los listones amarillos en un gigantesco cañón. No habrá más oportunidades de acertar. Sin escuchar nada más que el latido firme de su corazón, deja escapar el aire a través de sus labios.
La bruja se desprende del amarre y destruye a las copias de Kyoko sin titubear. Pero es tarde. Mami ha pronunciado cada sílaba de su ataque final, el que ha impactado de lleno en su cuerpo. La bruja cae hacia atrás y se estrella contra el suelo de su propia barrera, provocando un estruendo. Una cortina de polvo se alza a su alrededor, nublando la visión de todos los presentes.
Kyoko atrapa a Mami en sus brazos, evitando que impacte en el suelo también. La advertencia de Mami se manifiesta clara en sus ojos. Esto aún no ha terminado. Kyoko se apresura a entrelazar los dedos y conjurar una red de cadenas rojas para atrapar al cuerpo humano que ocupa ahora el lugar de la imponente bruja, impidiendo darle tiempo suficiente para que se transforme otra vez.
Las brujas menores dejan de atacar, pero la barrera no desaparece.
Mami se acerca con cautela, rengueando, sosteniendo su brazo herido, solo para comprobar que aunque exhausta y atrapada, su mirada todavía es increíblemente sombría y hostil. Su piel es pálida, sus cabellos largos y azabaches, incluso brillantes. Una mahou shoujo de vestiduras púrpuras y opacas. La misma que Kyoko había descubierto con anterioridad.
-No luces tan fuerte ahora, ¿eh?
Pero por toda respuesta ante la provocación de Kyoko, la expresión de la muchacha cede y se relaja, pronunciando una estridente y delirante carcajada, que se siente surreal considerando el escenario en el que están inmersas.
Las mahou shoujo que aún son capaces de ponerse en pie están ayudando a las heridas. Kaori Kurahashi está allí también, lastimada, pero no de gravedad. Todas se reúnen alrededor, guardando una distancia prudente. Nadie está seguro de lo que ocurre. Ninguna parece comprender el motivo de esa risa tan fuera de lugar.
-Mami Tomoe. –dice la muchacha, de pronto, cortando de forma brusca su repentino buen humor. -¿Has derrotado a tu enemigo?
Mami guarda silencio ante la extraña pregunta, pero Kyoko chasquea los dientes con molestia. Nagisa se acerca dudosa y se engancha a la cintura de Mami con sus pequeños brazos, cansados de combatir.
-Suzuko Hikawa. –indica Kyubey, descendiendo del hombro de Nagisa. –Es una mahou shoujo veterana, al igual que tú, Mami. Perdí su rastro hace unos meses. Creí que había muerto dentro de alguna barrera. Su magia corresponde a una de transformación; debe haber desarrollado todo el potencial de sus habilidades.
-Hikawa-san. –interrumpió Mami esta vez. –Espero que estés consiente del enorme daño que has causado. Muchas vidas se han perdido por tu culpa. Viéndote a la cara, me cuesta creer que tú, una mahou shoujo, haya sido capaz de algo así. ¿Cuál es tu objetivo?
Suzuko Hikawa le clavó la mirada. Y como si la rubia hubiese dicho alguna broma, volvió a reír abiertamente.
-Una mahou shoujo experimentada y ejemplar; los buenos valores personificados. –se mordió ligeramente la lengua para no reír otra vez. – ¡Cuánta hipocresía! Tú ya sabes la verdad. Lo sabes desde hace tiempo. ¿Acaso lo sabe esa niña en tus brazos?
-¿De qué hablas? –cuestiona Mami, reafirmando su agarre en Nagisa por inercia.
Suzuko suspira audiblemente y observa con expresión melancólica el cielo del mundo real, extendiéndose estrellado sobre sus cabezas. La noche ha caído completamente sobre la ciudad.
-Dile a todas estas chicas la verdad. Cuéntales el propósito real de que hayamos sido dotadas con magia.
Su voz es profunda y sorprendentemente tranquila, pero consigue que Mami y Kyoko se tensen ante aquella súbita declaración. Mami mira a Kyubey de soslayo, pero antes de que pueda siquiera agregar una palabra, Suzuko continúa:
-El contrato con Kyubey está escrito entre líneas. Todas las mahou shoujo están condenadas a terminar sus vidas convertidas en brujas.
Un silencio sepulcral antecede a la bruma de murmullos e incrédulas exclamaciones que se apodera de la conversación. Todas las chicas se muestran vacilantes, mirándose unas a otras. Nagisa levanta la cabeza para mirar a Mami, y a Mami le parece que la niña ha empalidecido un par de tonos más.
-¡Explica lo que acabas de decir! –exige Kaori.
-No hay nada que explicar. –responde ella. –Kyoko Sakura y Mami Tomoe conocen bien los detalles. Saben que lo que he dicho es cierto. Muchas más lo saben también, pero no han hecho nada para evitarlo.
Toda la atención viaja desde Suzuko Hikawa hasta las mencionadas, pero ninguna se atreve a negarlo. Mami se muerde el labio inferior; un sentimiento de culpabilidad se extiende en su interior.
-No puede ser. –murmura Kaori, leyendo la perplejidad en los rostros de sus compañeras.
-Mi objetivo es salvar a las mahou shoujo de ese destino. Quería ser el fuego que aniquila el propósito del único enemigo que existe.
-¿Cómo puedes salvarlas si eres tú misma la que está convirtiéndolas? –reclama Kyoko, encontrando su voz.
Suzuko Hikawa rueda los ojos.
-Yo las he transformado antes de que caigan en desesperación, he evitado que se produzca la entropía que Kyubey tanto anhela.
-Esa no es la manera correcta. –interviene Mami. –No estás solucionando nada, solamente crees que sí. Te estás engañando a ti misma.
-¿Soy yo la que se engaña?
-Si no se ha producido entropía, significa que las transformaciones no son permanentes. –interrumpe Kyubey.
-¿Puedes regresar a la normalidad a las chicas que transformaste? –cuestiona Kyoko.
-Claro que sí. –admite ella. –Pero no lo haré. Si deshago todo lo que he logrado estaré negando mi mera existencia. Si he malogrado en parte el objetivo de Kyubey, entonces todo habrá valido la pena.
-Te obligaremos a hacerlo. –repone Kyoko.
-Estoy segura de que sí. –concuerda ella, con calculada calma. -Por esa razón es que mi misión ha de terminar aquí y ahora.
Sin previo aviso, una pulsación anormal de energía se extiende a través de la gema del alma de Suzuko Hikawa, suficiente para romper las cadenas de Kyoko como si se tratasen de hilos de seda. Suzuko se ha liberado. Se transformará en cualquier momento. Todas son obligadas a retroceder ante esa repentina oleada de poder. Las brujas menores vuelven a moverse, reaccionando inmediatamente a la magia.
Mami y Kyoko no están en condiciones de reanudar el combate, sin embargo, no tienen que hacerlo: la gema de Suzuko, incrustada en su clavícula, se triza. Mami comprende enseguida lo que está a punto de ocurrir, pero no logra intervenir a tiempo.
-¡Espera, no lo hagas!
-Ya está hecho.
Murmura Suzuko Hikawa, justo antes de que su gema se quiebre por completo y su propio poder mágico haga mella en su cuerpo, consumiéndola hasta desaparecer. El acto estremece a Mami; y a todas las demás. La conmoción es enorme, demasiado para procesar. La gran barrera desaparece sin dejar rastros. Pero las brujas alrededor, aquellas mismas que otrora fueron sus amigas y sus compañeras, han perdido ahora, irrevocablemente, todo rasgo de humanidad.
Tarde, pero aquí está el capítulo número 11, faltando tan solo uno más para el fin de esta historia.
Gracias a todos por esperar, nos leemos en el próximo.
Saludos.
