Capítulo XII
Final
A dos días del final de la batalla, las repercusiones continúan más vívidas que nunca, y aunque Mami ha regresado a casa con vida, está lejos de sentir que ha salido victoriosa. El desarrollo de los acontecimientos se volvió tan impredecible que la sensación de incomodidad se sobrepone a la de alivio y no hace más que acrecentar cuando en los noticieros no se habla de otra cosa que de secuestros múltiples, recopilando historias, sumando fotografías. Ninguno de esos casos podrá ser resuelto ahora y se frota el brazo de forma inconsciente al pensar en su propia fracción de responsabilidad. ¿Cuál era el objetivo de la búsqueda, en primer lugar? ¿A cuántas personas pudo salvar? Mami no está segura de que el viaje haya valido la pena.
La verdad que Suzuko Hikawa compartió con las mahou shoujo caló hondo en sus corazones. Después de que ella desapareciera sin dejar rastros, la tarea desmoralizó sus espíritus todavía más. No todas se quedaron para enfrentar a las brujas restantes y las que sí lo hicieron no se sintieron demasiado orgullosas. Kaori fue una de ellas; estuvo igual de anonadada y decepcionada que las demás al enterarse, pero afirmó que ya había huido de su destino lo suficiente. La despedida no fue tan esperanzadora como la de la ocasión anterior. Cada una retomó su camino en silencio. Mami rezaba por que ninguna de ellas sucumbiera a la desesperación ahora que la verdad se difundiría y optara por un rumbo similar al que había llevado a Suzuko Hikawa a tales extremos.
Todavía piensa en eso cuando su televisor se apaga sin previo aviso, sumergiendo la habitación en un silencio repentino e incómodo. Kyoko está de pie en el umbral de la sala, observándola con resignación y comprensión. Ambas llevan múltiples lesiones todavía, Mami incluso ha debido entablillar su brazo, pero las dos están recuperándose favorablemente a pesar de las dificultades.
-No te hagas esto, Mami.
Es lo único que la pelirroja alcanza a decirle antes de que ambas oigan movimiento en la habitación contigua y tan solo algunos segundos más tarde Nagisa aparezca en la sala titubeante, expresión suficiente para que Mami adivine lo que está a punto de informar.
-Kyubey ya está aquí.
La criatura que ha ingresado al departamento por la ventana del cuarto de Mami, se aproxima tan solo unos pasos en cuanto las tres chicas vienen a su encuentro. Kyoko es la primera en ubicarse sobre la cama, cruzando los brazos. Mami y Nagisa toman su ubicación también. Considerando los últimos acontecimientos, la poca estima que la pelirroja profesa hacia Kyubey ha disminuido todavía más. Kyubey siempre termina siendo el principal responsable de sus problemas y Kyoko no ha hecho más que corroborar esa teoría una y otra vez. Le molesta de sobremanera su capacidad para pretender que nada sucedió, como si fuera completamente ajeno a las culpas. Sin embargo, aunque no le gusta admitirlo, es consciente de que es el único en condiciones de resolver sus dudas.
-Supongo que tenemos que hablar, ¿no? –suspira Kyoko, evitando mirar a Mami. -¿Qué fue lo que pasó allí?
Kyubey conoce a la perfección la razón de que su presencia haya sido solicitada, por eso no vacila en contestar:
-Fuiste muy afortunada. Si tu magia no hubiese regresado en ese momento, con seguridad habrías muerto allí.
A esas alturas Kyoko entiende perfectamente que la rubia está al tanto de su secreto. La pérdida de su magia fue, entre otros factores, la causa de su separación. Mami, sin embargo, había descubierto la verdad incluso antes de que Kyoko se alejara de ella, por eso prefiere quedarse al margen de la conversación, esperando explicaciones que ella también necesita escuchar.
-Me refiero a por qué sucedió. Creí que no era posible. ¿Cómo es que recuperé mi poder?
-Esperaba que tú pudieras responder eso. –comenta Kyubey. –Perdiste tu magia cuando negaste el deseo que te la concedió. Si fuiste capaz de recuperarla es porque de algún modo pudiste conectarte con tu deseo otra vez. Pediste tu deseo pensando en proteger a tu familia ¿no?
Un silencio breve procedió a esas declaraciones.
-Pero eso no es…
De pronto la realización se hizo evidente en el semblante hasta ahora confuso de Kyoko, al tiempo en que sus mejillas adquieren ligeramente el color de su cabello. La frase queda colgando en el aire y parece que ninguna otra saldrá de su boca en reemplazo.
-Fue por nosotras. –murmura Nagisa. Su rostro se ilumina con repentina emoción y sus ojos viajan expectantes desde Kyoko a Mami y viceversa. –Deseaste protegernos a Mami-san y a mí, ¿no?
Mami no comprende las palabras que Nagisa, tan acertadamente, ha lanzado, pero al reubicar su atención en Kyoko nota cómo se intensifica su sonrojo al enfrentar la verdad.
-Eso significa que tú… -comienza Mami.
-¡Nos consideras tu familia! –finaliza Nagisa, arrojándose a la cama para refugiarse entre los brazos de una avergonzada Kyoko, que se queja entre balbuceos de las afectuosas atenciones de la niña.
-Eso tiene mucho sentido. –agrega Kyubey.
Mami, incapaz de hacer otra cosa más que observar el intercambio frente a ella, todavía se cuestiona si eso es posible. La idea de que Kyoko la considere como alguien importante en su vida le provoca una involuntaria sensación de calidez en el pecho que acelera los latidos de su corazón. Si fuese real, entonces, ¿podría ella permitirse pensar en una reconciliación definitiva con la pelirroja? Después de todo lo que han compartido, ¿podría decirle lo mucho que significa también para ella?
Desafortunadamente, la renovada esperanza de Mami tambalea estrepitosamente mientras, enmudecida, observa a Kyoko preparar su equipaje, lista para marcharse y para dejarla atrás. Inquieta a su alrededor se encuentra Nagisa, cuestionando sin miramientos los propósitos de Kyoko apenas anunció que partiría.
Hasta que Kyoko apareció en su camino una tarde, proponiéndole formar una alianza y comenzar un viaje incierto, Mami no había caído verdaderamente en cuenta de lo desdichada que se había vuelto su vida, ni del vacío inmenso que habitaba en su interior. Mucho menos notó que ese mismo sentimiento había desaparecido en el transcurso, sino hasta ahora que el riesgo de que volviera estaba presente. Mami comprende en ese momento que no hubo solamente pérdida y dolor en el viaje. Que no se trata únicamente de las dificultades que enfrentaron, ni del número de personas que no pudieron salvar. Se trata de las que sí pudieron ser salvadas; y ella está dentro de ese grupo. Por esa razón no está dispuesta a permitir que las cosas terminen igual que la última vez. No va a quedarse simplemente observando sin hacer nada, consintiendo que sus inseguridades intervengan nuevamente en sus sentimientos. Mami va a permitirse ser un poco egoísta esta vez.
-Kyoko. -La pelirroja da un respingo al escuchar su primer nombre, sin ningún tipo de honoríficos, saliendo libremente de la boca de Mami en una segunda ocasión. Sus ojos reflejan duda, pero los de Mami están más firmes que nunca. -No quiero que te vayas. Perdóname por no decírtelo antes. Pero durante todo el tiempo que estuvimos separadas me di cuenta de lo mucho que te…
-Yo también. –interrumpe Kyoko, sabiendo que si escucha el final de esa oración ya no será capaz de irse. –Yo también, Mami, no imaginas cuánto. Por eso nunca pude irme completamente de aquí.
-¿Qué?
-Durante todo ese tiempo estuve observándote. –confiesa, cabizbaja. –Asegurándome de que estuvieras bien. Kyubey tenía razón: no era esa bruja lo que me preocupaba, sino tú. Estaba preocupada por ti. Por eso vine corriendo en cuanto entendí lo que planeabas hacer.
Mami siente cómo las lágrimas se aglomeran en sus ojos.
-Si estuviste aquí todo este tiempo, entonces, ¿por qué te vas ahora?
-Porque el no haberme alejado definitivamente de ti no cambia el hecho de que te lastimé.
-Pero yo ya te he perdonado por eso.
-Lo sé. Eres demasiado amable. Es por eso que no puedo quedarme aquí con ustedes, no me sentiría bien, todavía no merezco esta vida. Lo he pensado y he decidido que realmente voy a ganarme ese perdón.
Mami mira el fondo de sus ojos y comprende que es inútil replicar; Kyoko está decidida y no queda más que respetar su decisión. La pelirroja le esboza una sonrisa tímida y una igual surge en los labios de Mami. Nagisa lo entiende también, aunque no en su totalidad, pues todavía ignora gran parte de la historia que hay detrás de esa conversación; Mami, entre risas, ha dicho que tendrán mucho tiempo juntas de ahora en adelante para responder todas esas inquietudes. El resto de la despedida es breve porque Kyoko ha prometido visitarlas con frecuencia y estar allí cada vez que lo necesiten.
Mami le empaca un refrigerio sencillo y acompaña a Kyoko hasta la puerta.
-¿Estás segura de esto? –inquiere una vez en el corredor.
-Sí. –contesta Kyoko. –Disculpa todas las molestias que…
La pelirroja apenas tiene tiempo registrar la dulzura de los labios de Mami sobre los suyos, unidos en un inesperado beso cálido que la rubia termina con la misma rapidez con la que lo inició. El gesto es suficiente para robarle el aliento a Kyoko y que el rostro de ambas se torne completamente rojo.
-Más te vale regresar.
Y cuando Kyoko recuerda cómo es que se habla, repone:
-Sin duda lo haré.
Los colores púrpuras y anaranjados anuncian la llegada del atardecer en la ciudad y enmarcan la partida de Kyoko. Mientras en otro lugar, muchos kilómetros más lejos, una barrera de bruja se alza imponente bajo ese mismo cielo.
¡Llegamos al final de esta historia!
Solamente me queda agradecer a todos aquellos que se dieron el tiempo de leerla, comentarla y seguirla hasta el final; espero haya sido de su agrado.
Nos leemos en una próxima oportunidad. ¡Saludos! :)
