Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de knicnort3, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Link de la historia original: www fanfiction net /s/ 8641927 /1/ Against-the-Odds


Capítulo 3: Divirtiéndose

—Así que, estaba pesando en llevarte a cenar esta noche —dije Emmett inesperadamente antes de la escuela una mañana—. Solo nosotros dos.

Ladeé la cabeza confundida.

—¿Por qué? ¿Qué pasa con mamá y papá?

—Bueno, ambos están trabajando y pensé que sería divertido para nosotros.

—Uh... está bien —dije de mala gana. La verdad era que realmente no quería ir, no porque no me agradara él como solía hacerlo, sino simplemente porque todavía no éramos cercanos y no tenía idea de qué hablaríamos. Emmett y yo nunca hicimos nada los dos solos, y desde que él se enfermó, me estaba esforzando mucho para ser amable, pero sin discutir no había mucho para decir, y sabía que nos exponíamos a un momento incómodo.

Pasé la mayor parte del día esperando una razón para rechazar mi inesperada cita para cenar con mi hermano, pero mientras la tarde llegaba a su fin, sabía que no había salida de esto.

—¿A dónde vamos? —pregunté esa noche mientras nos llevaba en la dirección opuesta a la cafetería.

—¡Chuck E Cheese! —dijo con una sonrisa emocionada.

Arrugué la cara.

—¿Estás bromeando?

—No, ¿por qué bromearía sobre eso?

—Um, tal vez porque ya no somos niños.

—Oh, vamos, será divertido... ¿Por los viejos tiempos? —pidió, esperando que no me negara y arruinara el plan que tenía para la noche.

Me encogí de hombros.

—Está bien, supongo que realmente no me importa.

Me sentía absolutamente ridícula mientras me paraba ahí y esperaba a que Emmett nos pidiera una pizza y comprara algunas fichas para los juegos. Teníamos que ser las únicas personas ahí sin niños con nosotros, y no pude evitar preguntarme qué estaba pensando Emmett para llevarnos allí.

—¿A qué quieres jugar primero? —me preguntó Emmett mientras buscábamos una mesa—. Compré veinte dólares en fichas. —Dejamos nuestros abrigos para guardar la mesa, y nos metimos entre todos los niños a las filas de maquinitas de videojuego—. Apuesto a que ganaré más tickets que tú.

—Siempre lo hiciste —dije, con un poco de amargura. Él era mejor que yo en todo, lo que definitivamente incluía videojuegos de todo tipo.

—Si en realidad trataras de divertirte, tal vez ganarías algo —me alentó.

—No se trata de divertirse, es solo que eres muy competitivo con todo, no tengo ninguna oportunidad.

—Nah, voy a ir a jugar a ese juego de zombis de allí, que solo te da algunos tickets por victoria; ¿por qué no vas a jugar a Ski Ball?, de esa manera puedes tener una ventaja inicial.

Puse los ojos en blanco.

—Bien. Te encontraré en la mesa después de que terminemos.

Aunque detestaba el lugar, al menos no estábamos sentados en un estirado restaurante tratando de pensar en cosas para decirnos.

Después de tres juegos de Ski Ball, llevé los tickets ganados a nuestra mesa y me alegré cuando llegó la pizza. No me había dado cuenta de lo hambrienta que estaba hasta ese momento.

—¿Cuántos ganaste? —preguntó Emmett emocionado como un niño pequeño.

—Uh... —Los conté rápidamente—. Quince.

—Guau, buen trabajo. Yo conseguí treinta y dos.

—¿Qué? Pensaba que habías dicho que ese juego no daba muchos.

—Sí, bueno, solo soy muy bueno en él. Edward y yo jugamos dos veces a la semana.

—¿De verdad? —pregunté sorprendida.

—Sí, bueno, no venimos aquí, pero él tiene la versión de PlayStation en su casa.

—Creía que ustedes nunca pasaban el rato en su casa —dije.

—Lo hacemos para jugar PlayStation —respondió casualmente.

—Entonces, ¿qué te hizo querer venir aquí esta noche? —pregunté, tratando de evitar ese incómodo silencio que había estado temiendo todo el día mientras comíamos nuestra pizza... bueno, yo comía pizza, él ya apenas comía algo, así que solo pellizcaba su porción.

—Pensé que sería divertido. Solíamos venir aquí todo el tiempo cuando éramos niños —respondió.

—Eso es lo que hacen los niños... y luego crecen y dejan de venir.

—Sí, bueno, a veces necesitas recordar que todavía eres un niño, y es importante divertirse —dijo, tomándome por sorpresa.

Y luego me enojé un poco.

—¿Estuvieron tú y papá chismeando sobre que no tengo una vida? —pregunté, recordando la conversación que tuve con mi padre unos meses antes—. Porque no necesito que tú ni nadie más piense que tienen que obligarme a tener su versión de diversión.

—No. No me importa lo que hagas en tu tiempo libre —respondió sinceramente—. Solo me di cuenta de que realmente no te conozco muy bien, y quería pasar algo de tiempo contigo.

—¿Por qué? —pregunté mientras tragaba con dificultad ya que mi estómago se había cerrado con un nudo gigante. Siempre había creído que mi hermano y yo tendríamos una mejor relación cuando fuéramos mayores con familias propias, pero quizás nunca tendríamos esa oportunidad y Emmett sabía más de lo que estaba diciendo—. La medicación no está funcionando, ¿verdad?

Suspiró.

—Creo que vamos a tener que pasar al plan B —admitió.

—¿Cuál es el plan B?

—Quimioterapia —dijo en voz baja.

—¿Qué tan efectiva es?

Tomó una respiración profunda.

—No quiero preocuparte, pero... esto va a ser duro para mí y quería pasar tiempo contigo antes de que me ponga muy enfermo para ir a cualquier lado.

—¿Qué pasa si no funciona?

—Lo hará —dijo de manera poco convincente.

—¿Qué pasa si no lo hace?

—Entonces pasamos al plan C.

—¿Cuál es?

Tomó otra respiración profunda.

—Un paso a la vez, hermanita. Hablaremos de lo que sigue después si es necesario. En este momento, en todo lo que quiero pensar es en hockey de mesa. ¿Jugarás conmigo?

Resoplé.

—Claro.

Me había olvidado de lo divertido que era el hockey de mesa. Emmett, como se esperaba, era mejor que yo, pero de los cinco partidos que jugamos, gané dos... aunque él puede haber sido bueno conmigo en esos. Nos reímos y nos gritamos cuando el otro anotaba, y me encontré realmente deseando que pudiéramos quedarnos más tiempo cuando se nos acabaron las fichas.

—Gracias por traerme, eso fue divertido —dije cuando nos subimos al auto para conducir a casa.

—Bueno, gracias por venir, deberíamos hacerlo de nuevo.

—Sí —dije con entusiasmo.

Nos dirigimos a casa, pero luego Emmett giró hacia el lado opuesto del pueblo.

—Solo voy a dejar el resto de la pizza muy rápido —explicó cuando vio mi expresión confundida.

—¿Dejarla dónde? —pregunté sin tener idea.

—En la casa de Edward.

—¿Por qué? ¿Él es realmente incapaz de conseguir su propia cena?

Emmett suspiró.

—Realmente deberías estar agradecida por las cosas que tienes, Bella —respondió con solemnidad. Iba a interrogarlo más, pero entonces él entró en el que tenía que ser el peor parque de caravanas en la zona.

—¿Edward vive aquí? —pregunté horrorizada. El lugar era conocido por ser el suburbio del pueblo; laboratorios de drogas y prostíbulos, tiroteos y sede de pandilleros. Lo bajo de lo bajo vivía en ese parque de caravanas, y nunca imaginé que conocería a alguien de allí.

—Sí, bueno, su viejo no ha trabajado en décadas y ellos viven de la jubilación de su abuela. Esto es todo lo que pueden pagar.

Me hundí más en mi asiento mientras conducíamos por las calles. Las personas pasando el rato afuera eran aterradoras y nos fulminaban con la mirada mientras pasábamos. Definitivamente era un lugar terrible.

Nos detuvimos enfrente de una pequeña caravana amarrilla con plantas artificiales en el porche y varias estatuas de flamencos rosa puestas en el pequeño patio. Casi quería reírme de la forma en que esto era exactamente el tipo de lugar estereotipado como "basura blanca", pero lo pensé mejor.

—Espera aquí —instruyó Emmett mientras agarraba la caja de pizza y salía del auto. Bloqueé la puerta detrás de él.

Observé mientras él golpeaba y esperaba a que Edward saliera... pero no era Edward. El hombre mayor en la puerta estaba usando una camiseta blanca sin mangas y jeans rasgados, y tenía lo que parecía un porro en sus dedos. No podía escuchar lo que Emmett le estaba diciendo, pero ninguno de los dos parecía muy feliz. El hombre se negó a tomar la pizza y comenzó a gritarle a Emmett, así que él se dio la vuelta y regresó al auto.

—¿Qué está pasando? —pregunté desconcertada.

Emmett suspiró enojado.

—Ese bastardo es un imbécil. No puedo esperar hasta que Edward tenga dieciocho y nunca tenga que regresar.

—¿Ese era su padre?

—Sí, y el idiota está borracho como de costumbre. No va a dejar que Edward salga.

—¿Por qué? —pregunté confundida.

—Porque es un idiota. No quiere que Edward se convierta en algo mejor de lo que él es, así que se emborracha y es cruel. Sé que no tienen nada de comida en la casa, pero él prefiere que todos se mueran de hambre antes que aceptar nuestras sobras.

—¿Es por eso que Edward generalmente come en nuestra casa? —pregunté, de repente sintiéndome mal por siempre decirle que se fuera a casa.

—Si tu casa fuera así, ¿no te gustaría pasar el menor tiempo posible allí?

—Supongo que sí —admití en voz baja.

Emmett puso el auto en reversa, pero justo cuando comenzó a retroceder, un niño corrió detrás de nosotros obligándolo a golpear los frenos.

—¡Tú, jodido idiota, mira por dónde vas antes de que salgas herido! —nos gritó el niño. No parecía tener más de diez años, lo que causó que mi boca se abriera en shock por su vulgaridad. Después el niño pateó la parte trasera del auto antes de continuar su camino.

Emmett negó con la cabeza.

—¿Ves eso, Bella? Ese niño va a crecer para ser como todas las otras personas de aquí... Irrespetuoso y grosero. Los niños aprenden de sus padres, y después se convierten en adultos horribles y tienen hijos propios. Es un círculo vicioso. La mayoría de estas personas nunca saldrá de él.

No sabía cómo responder a eso, y no tenía idea de por qué me lo dijo. ¿Estaba tratando de enseñarme sobre empatía? Simplemente no lo entendía, y tampoco quería hacerlo. No necesitaba que Emmett me enseñara sobre nada; él era mi hermano, no mi padre. Solo quería alejarme de ese espantoso parque de caravanas y nunca tener que regresar.

Emmett no me habló mucho más sobre su enfermedad o tratamiento, y cuando le preguntaba al respecto, solo se encogía de hombros y decía que le estaba yendo bien. Pero entonces era imposible no notar lo enfermo que se veía. Parecía que su peso simplemente se había derretido, y pasaba mucho tiempo vomitando en el baño. Pero aun así no se quedaba en casa y se preocupaba por ello. Seguía con su vida social tanto como podía, y un par de semanas después llegué a casa de la escuela a una curiosa escena. Emmett y Edward estaban en el baño del pasillo, riendo como un par de colegialas.

—Uh, ¿qué están haciendo, chicos? —pregunté mientras me asomaba por la puerta medio abierta.

—Oh, Bella, llegas justo a tiempo —dijo Edward con una risa—. Emmett es el siguiente.

—¿El siguiente para qué? —pregunté confundida, pero entonces lo vi. Edward estaba sosteniendo una afeitadora eléctrica en sus manos y ya había afeitado la mitad de su propia cabeza—. Oh Dios mío, ¿qué estás haciendo? —pregunté sorprendida.

—Nos estamos deshaciendo de todo nuestro cabello... porque hace mucho calor afuera —bromeó Edward. Definitivamente no hacía calor en esa época del año, de hecho, la nieve en el suelo afuera hacía que sus cortes de cabello fueran mucho más absurdos.

—La quimio está comenzando a hacer que se me caiga el cabello, pero soy demasiado cobarde para cortarlo todo, así que Edward decidió cortar el suyo —explicó Emmett.

—¿Por qué cortarías tu cabello, también estás enfermo? —le pregunté a Edward en broma—. ¿O solo cansado de lavarlo?

—Ninguno de los dos —respondió Edward casualmente mientras llevaba la afeitadora de nuevo a su cabeza para terminar el trabajo—. Solo le estoy demostrando a Emmett que no es tan malo.

Cuando Edward terminó de afeitarse la cabeza, sacó una cuchilla recta y se afeitó el cabello completamente hasta que no quedó nada... Bueno, casi nada.

—¿Cómo se ve? —preguntó Edward con una sonrisa cursi.

Me reí de él.

—Te ves como Don Limpio*... pero te faltaron algunos lugares.

—¿De verdad, dónde? —preguntó mientras se miraba de nuevo en el espejo.

—Aquí, aquí, y aquí —dije mientras tocaba cada uno de sus lugares con cabello.

—Mierda —dijo mientras lo frotaba con la mano.

—¿Por qué no lo ayudas? —le dije a Emmett con una risa.

—No quiero ser parte de esto —dijo Emmett en broma.

—No creas que te vas a librar de esto ahora —le advirtió Edward.

Emmett se quejó.

—Soy muy lindo para ser calvo.

Edward luchó para llegar a los lugares que olvidó, así que como Emmett se negó a ayudarlo, decidí hacerlo.

—Aquí —le dije mientras le quitaba la rasuradora—. Siéntate así puedo alcanzar.

Edward se sentó con vacilación en el inodoro y se congeló mientras yo llevaba la cuchilla a su cuero cabelludo.

—Emmett, hay algo seriamente mal con esta situación —dijo mientras no movía nada excepto sus labios—. Si ella me mata, será tu culpa. —Él honestamente parecía y sonaba aterrorizado.

—Relájate, no voy a cortarte —dije molesta.

—Solo mantén esa cosa lejos de mi cuello. No tienes la mejor coordinación.

Puse los ojos en blanco a pesar del hecho de que tenía razón.

Puse mi mano izquierda sobre su cabeza para estabilizarme, y la sensación de su piel bajo mi palma era tan extraña que me hizo pausar. Obviamente estaba suave por estar recién afeitada, pero había algo más, una sensación interna que no podía describir. Descarté el pensamiento y volví a llevar la cuchilla a su piel para terminar el trabajo.

Después de quitar exitosamente los tres parches de cabello que él había olvidado, di un paso atrás para admirar mi trabajo.

—Todo listo.

Edward se volvió a mirar en el espejo.

—¿Estoy sangrando en alguna parte? —preguntó mientras se examinaba la cabeza.

—Nop, ella realmente hizo un buen trabajo —dijo Emmett, impresionado.

Le sonreí sádicamente a mi hermano.

—Tu turno.

—No, todavía no he aceptado la necesidad de esto.

—¿De verdad vas a dejar que tu mejor amigo se afeite la cabeza por nada? —le pregunté con incredulidad.

—Él ya lo hizo. Y no tengo control sobre lo que hace, de todos modos.

—Deja de ser un mariquita y aféitate la cabeza —incitó Edward—. Todo se va a caer de todos modos, es mejor tomar control de la situación.

—Sí, pero no quiero parecer un idiota como tú —bromeó Em.

—Yo tengo una linda cabeza en forma ovalada; tú, por otro lado, tienes una cabeza que parece una bola de boliche.

—Que es exactamente la razón por la que no quiero afeitarme —dijo Em rápidamente.

—Oh, vamos, solo estoy bromeando. Solo hazlo y termina de una vez.

—Sí, Em, solo nos burlaremos un poco de ti —dije tan seriamente como podía—. Además, Edward puede tener una cabeza con linda forma, pero tú tienes mejores rasgos para portar el look.

—Que te jodan —respondió Edward, pretendiendo estar ofendido.

—Oye, no digas la palabras "que te jodan" dirigidas hacia mi hermanita —le advirtió Emmett.

—Oh, vamos, hermano, acabo de comer —se quejó Edward.

Realmente no entendía de lo que estaban hablando, pero tampoco me importaba.

—Solo ven aquí y déjame cortar tu maldito cabello —le dije a mi hermano irritada.

Cuando Emmett siguió sin moverse, Edward lo agarró en una llave de cabeza y lo arrastró al inodoro para que pudiera sentarse mientras yo lo afeitaba. Emmett normalmente era mucho más fuerte que Edward, pero con su enfermedad, Edward no parecía tener problemas para dominarlo; por supuesto, Em no puso mucha resistencia, él sabía que esto tenía que hacerse.

Emmett se quejó un poco más, pero de lo contrario me dejó hacerlo. Como Edward predijo, su cabeza parecía una bola de boliche, pero honestamente pensaba que el look quedaba mejor en él que en Edward; sus rasgos suaves y redondeados complementaban la nueva cabeza sin cabello mejor que los angulosos de Edward. Edward sin cabello era como ver a un extraño sin una oreja; simplemente no estaba bien, como si le faltara una parte importante de su cara.

Mi hermano y su mejor amigo se rieron y se burlaron del otro, y me encontré riendo con ellos. A pesar de lo ridículos que se veían, era divertido verlos hacer algo tan drástico juntos. Forks no era como el resto del país, la gente no se afeitaba la cabeza así por diversión, y sabía que iba a ser una gran cosa cuando la gente los viera en la escuela al día siguiente. Pero ellos no estaban preocupados por eso en este momento. Solo estaban bromeando y disfrutando de su tiempo juntos... Tiempo que podría acabarse en el futuro cercano, y sus cabezas calvas solo eran un doloroso recordatorio de ese hecho.


*Don Limpio o Charles es el nombre de la marca y la mascota de una línea de productos para la limpieza de las superficies domésticas, de propiedad de Procter & Gamble.


¡Hola!

Parece que el tratamiento de Emmett no está funcionando, pero van a seguir intentándolo. Ya sabemos por qué Edward pasa tanto tiempo en la casa de los Swan. ¿No les parece linda la amistad de Emmett y Edward? ¿Qué les pareció el capítulo?

Gracias por sus reviews en el capítulo anterior: patymdn, freedom2604, Adriana Molina, kaja0507, cavendano13, jupy, somas, tulgarita, Maryluna, Marie Sellory (algo así), Lizdayanna, cary, Techu, krisr0405, Liz Vidal, Melany, Tata XOXO, Kriss21, Lady Grigori, saraipineda44, Tecupi, alejandra1987, calvialexa, Chayley Costa, Jade HSos, debynoe12, y los Guest.

¡Hasta el próximo capítulo!