Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de knicnort3, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Link de la historia original: www fanfiction net /s/ 8641927 /1/ Against-the-Odds


Capítulo 7: Niños

—Oye, ven afuera, tengo algo para ti —dijo Edward con emoción un sábado por la tarde. Él había estado trabajando esa mañana, así que no lo esperaba hasta la cena, pero estaba feliz de que estuviera en casa. De hecho, parecía siempre estar feliz cuando él estaba en casa. Las cosas eran mejor con Edward alrededor.

—¿Por qué, qué está pasando? —pregunté con curiosidad.

—Vamos; solo ponte los zapatos —dijo con impaciencia—. ¡Apúrate! —Estaba actuando como un niño pequeño en la mañana de Navidad, y no podía evitar estar emocionada por su emoción.

—Está bien —le dije mientras me apresuraba a ponerme los zapatos. Ni siquiera tuve tiempo de atarme los cordones antes de que él me arrastrara afuera.

—¿Qué piensas? —preguntó mientras señalaba al nuevo cacharro viejo en el camino de entrada.

—¿Construiste un segundo auto? —supuse—. ¿O cambiaste el otro por este?

—No, compré esta el mes pasado y he estado trabajando en ella en mi tiempo libre. No estaba seguro si estaría lista a tiempo, pero la terminé hace tres días. No podía esperar para mostrarte, casi te la di antes.

—¿Eh? —pregunté, confundida y un poco perturbada—. ¿Casi me la diste antes? —Tenía que haberlo escuchado mal, ¿verdad?

—Sí. ¡Feliz cumpleaños número dieciséis! —dijo con entusiasmo.

—Hoy no es mi cumpleaños —respondí mecánicamente.

—¿Pensé que tu cumpleaños era el 13 de septiembre? —preguntó lentamente.

—Lo es, pero eso es dentro de un par de días…

—Bella, hoy es 13 —dijo, tomándome por sorpresa. ¿Realmente había perdido la noción del tiempo? Seguro tendía a hacer eso bastante seguido sin muchas personas alrededor para recordarme, ¿pero cómo podía ser mi cumpleaños sin que siquiera me diera cuenta? Me saqué el celular del bolsillo y miré la fecha. Por supuesto, era 13 de septiembre… y tenía tres llamadas perdidas.

Decidí revisar mis mensajes más tarde, porque en ese momento tenía un pedazo de metal bastante grande de color anaranjado rojizo esperando en el camino de entrada, y necesitaba agradecerle a Edward.

—Guau… esto es realmente… demasiado —dije lentamente, sin saber qué más decir.

—Está bien, sé que no es la cosa de mejor aspecto, pero tiene un motor potente y podrías chocarla a toda velocidad contra un árbol y apenas se abollaría. Esta cosa es un tanque.

—Bueno, gracias. Es muy… especial.

Sonrió ampliamente.

—Vamos a dar una vuelta.

—Uh… no tengo licencia —señalé.

—No, lo sé, pero te llevaré a la Dirección del Registro Automotor para que puedas hacer la prueba.

—Gracias, pero no tengo idea de cómo conducir, así que no hay forma de que pueda aprobar.

—¿No sabes cómo conducir? —preguntó sorprendido—. ¿No tienes tu permiso?

—Sí, pasé la prueba escrita pero en realidad nunca conduje. Mis padres han estado ocupados con Em, así que nunca hubo tiempo para practicar.

—Hmm —contempló por un minuto—. Bueno, tengo tiempo, así que te tendré que enseñar yo. No puedes tener dieciséis años y no tener idea de cómo conducir; es como un pecado o algo así. Súbete.

—Realmente no creo que sea una buena idea —protesté—. No estoy bromeando cuando digo que tengo reflejos horribles.

—Te conozco desde que eras pequeña, créeme, sé lo malos que son tus reflejos. Encontraremos un estacionamiento para practicar antes de salir a la calle. Vamos, súbete.

Resoplé, pero no se me ocurrió una excusa lo suficientemente buena para librarme de esto, así que de mala gana me subí al lado del pasajero.

Edward nos llevó a un estacionamiento abandonado, y después se bajó y me hizo deslizar al asiento del conductor.

—De acuerdo, ¿lista? —preguntó.

—No, para nada —dije, absolutamente aterrada.

—No es tan difícil como parece. Ahora, enciende el motor, y coloca tu pie en el freno.

Asentí.

—Está bien, ¿cuál es el freno? —le pregunté.

Me miró sorprendido y un poco asustado.

—Guau, tenemos mucho más trabajo por hacer del que pensaba —se dijo a sí mismo.

—Edward, solo te estoy molestando —dije con una risa—. Pero deberías haber visto tu cara.

—Ja, ja —dijo con sarcasmo—. Está bien, pon tu pie en el freno —repitió—. Y luego ponla en reversa… Ahora, mira alrededor para asegurarte que está despejado, y levanta lentamente el pie del freno.

—¿Así? —pregunté. Hice lo que me indicó, y lentamente comenzamos a retroceder.

—Genial —dijo alentadoramente—. Ahora presiona el freno de nuevo y luego pon el auto en marcha.

—Está bien.

Ahora solo conduce de un lado a otro por estos pasillos. Trata de no pisar las líneas pintadas.

Hice lo que me dijo, y me sorprendió lo simple que era, pero aún más que la conducción en sí, me sorprendió gratamente por lo suave que era mi nueva camioneta. Prácticamente se conducía sola. Claro que era ruidosa y temblaba un poco, y tenía que presionar con fuerza el acelerador para que avanzara, pero podía sentirme rápidamente enamorándome de ella.

—Ves, eres natural —me dijo Edward después de que mi lección terminara por el día.

—Sí, bueno, ya veremos cómo me va en las carreteras reales —dije sarcásticamente—. Y ni siquiera mencionaré el hecho de que el invierno está llegando. Conducir sobre hielo definitivamente no va a ser fácil para mí.

—No te preocupes por eso, le agarrarás la mano y todo estará bien, ya verás.

—Tu confianza en mí es realmente molesta —murmuré mientras los dos bajábamos de la camioneta.

—Ah, ¿qué hablamos cuando se refiere a confianza en uno mismo? —preguntó suavemente mientras colocaba su brazo sobre mi hombro mientras me llevaba dentro de la casa.

—¿Que no tiene sentido tener alguna? —bromeé.

Se rio una vez, y luego suspiró.

—Oh, Bella, ¿qué vamos a hacer contigo?

—Creo que deberías dejarme en la perrera y olvidarme.

—No podría hacer eso. Se te pegarían las pulgas y tu papá se enojaría seriamente conmigo.

Ambos nos reímos, pero como Edward mencionó a papá, recordé que tenía mensajes perdidos en el teléfono. Llamé a mi correo de voz y no me sorprendió escuchar la voz de Charlie en la línea.

Bella, hola, soy papá. Lamento mucho… mucho no estar allí hoy para celebrar tu cumpleaños. No puedo creer que lo haya pasado por alto. Pero prometo que te compensaré. Cualquier cosa que quieras… Llámame.

Colgué el teléfono.

No estaba enojada con Charlie por elegir esa semana para ir a ver a Emmett de nuevo y no darse cuenta que era mi cumpleaños; diablos, incluso yo olvidé que era mi cumpleaños, así que nunca esperaría que él lo recordara cuando estaba tratando de estar allí para Emmett. Tenía una vida de cumpleaños por delante, y quién sabía cuánto tiempo le quedaba a Emmett.

No me molesté en revisar mis otros mensajes, sabía que probablemente eran de mi madre y mi abuela, y realmente no tenía ganas de escuchar más deseos y arrepentimientos por sus ausencias. Celebrar mi cumpleaños no tenía sentido con Emmett luchando todos los días solo para sobrevivir al siguiente.

Pero parecía que Edward no compartía esa creencia.

—¡Feliz cumpleaños! —dijo después de la cena esa noche. Salió de la cocina con un gran pastel y una vela encendida del número 16 en la parte superior. Y luego comenzó a cantar...

—Uh.

Era terriblemente incómodo y vergonzoso, pero sorprendentemente, en realidad él podía cantar afinadamente, incluso si tenía mal la mitad de las palabras. ¿Quién no sabe la letra de la canción de Feliz Cumpleaños?

—Bueno, apaga la vela —insistió.

Puse los ojos en blanco, pero cuando estaba a punto de soplar, él alejó el pastel.

—No pediste un deseo —me reprendió.

—¿Hablas en serio? —le pregunté con incredulidad—. Los deseos de cumpleaños son como Santa Claus y el Hada de los dientes. Son para niños pequeños que no saben nada.

—Guau, eres muy joven para ser tan cínica.

—Oh, vamos, ¿realmente no crees en ese tipo de cosas? —pregunté.

—Está bien, renuncié a Santa Claus y todo eso, pero los deseos de cumpleaños son reales.

—¿Y cuántos de tus deseos de cumpleaños alguna vez se han hecho realidad? —lo desafié.

Pensó en ello.

—Bueno, ninguno, pero eso es solo porque nunca tuve uno.

—¿Nunca deseaste nada?

—En realidad nunca tuve un pastel de cumpleaños y velas.

Oh.

Me mordí el labio inferior.

—Bueno, en tu próximo cumpleaños me aseguraré de conseguirte un pastel y velas —le dije.

—¿Cantarás? —preguntó con una gran sonrisa.

—Nunca canto —le dije—. Pero… por ti lo haré.

Su sonrisa se amplió más de lo que nunca antes había visto.

—No puedo esperar.

—Oh, lamentarás eso, créeme —dije con una risa.

—¿Qué tan mala podrías ser? —preguntó divertido.

—Ya lo verás.

—Está bien, ahora pide un deseo y apaga esta vela antes de que se derrita sobre el glaseado —instruyó.

Cerré los ojos, y solo para seguirle la corriente, pedí un deseo silencioso de que Emmett se mejorara y que mi familia un día estuviera completa de nuevo. Pedí el deseo, y traté de creer que se volvería realidad, pero definitivamente tenía mis dudas.

—¡Hurra! —me alentó a modo de broma—. Y ni siquiera escupiste sobre él.

Me reí.

—No que pudieras ver.

Su cara pareció un poco perturbada por un momento, pero luego se encogió de hombros y sonrió de nuevo.

—Vamos a comer un poco. Lo hice yo mismo —dijo con orgullo.

—Oh… genial —respondí con una mezcla de aprecio y horror—. ¿Cuándo tuviste tiempo para hornear?

—Bella, estoy jodiendo contigo.

—Oh —dije con una risa—. Gracias a Dios.

—Oye, estoy ofendido por eso. El pollo que hice no estaba tan mal.

—No, me encantó comer pollo crudo y tener una intoxicación por comida después —bromeé.

—Está bien, ¿pero qué tan difícil podría ser hacer un pastel?

—Te sorprenderías.

El pastel que Edward compró en la tienda estaba bastante bueno, y luego pasamos el resto de la noche riendo y recordando nuestras diferentes celebraciones de cumpleaños del pasado. Hablamos de mi cumpleaños número once y cómo me quejé y le grité a todos. Renée había dejado escapar que acababa de tener mi primer periodo, y Emmett y Edward se burlaron de mí todo el día. Fue horrible en ese momento, pero rememorándolo, fue un poco divertido. También hablamos del cumpleaños número diecisiete de Emmett, donde ellos pasaron dos días seguidos llamando a un programa de radio local hasta que ganaron un crucero para mis padres, así estarían lejos para su fiesta. Invitaron a toda la escuela y tomaron un montón de alcohol, pero de alguna forma lograron tener todo limpio antes de que mis padres regresaran tres días después; yo pasé ese fin de semana en la casa de Rose.

—¿Por qué ya no la ves? —preguntó Edward inesperadamente—. A Rose. Ella era como tu mejor amiga, ¿verdad?

Me encogí de hombros.

—Nos hemos distanciado... ¿Por qué? —pregunté sospechosamente. Rose se había vuelto loca por los chicos y tenía la apariencia y el cuerpo para respaldarlo, así que tal vez él estaba preguntando porque deseaba que viniera más así podía salir con ella—. Solo tiene dieciséis, ¿sabes? Es ilegal que tengas relaciones con ella.

Arrugó la cara.

—Ugh, no me hagas vomitar. ¿Por qué demonios iría tras ella? —preguntó con disgusto.

—No lo sé, ella es hermosa y sexy; a muchos chicos les gusta.

Negó con la cabeza.

—Ella es una niña —dijo con incredulidad.

—No se ve como una niña. No la has visto en un tiempo, pero ella definitivamente está... —hice un movimiento hacia mi pecho para indicar sus grandes tetas—... bien desarrollada.

Se rio.

—Bueno, bien por ella. Estoy seguro de que hará realidad los sueños húmedos de un pequeño chico de dieciséis años.

—Ha salido con chicos de tu edad —refuté.

Arrugó la cara.

—¿De verdad? Eso es… perturbador. Deberías decirle a tu papá y hacer arrestar a eso pervertidos.

Puse los ojos en blanco.

—No eres mucho más grande que nosotras. Tres años no son nada, mis padres se llevan cuatro años de diferencia.

—Sí, tres años para los adultos no es nada, tres años para los adolescentes es mucho. Además, es ilegal. Esos tipos deberían estar en la cárcel.

—¿No hay una edad de consentimiento, o algo así?

—No lo sé. Todo lo que sé es que conocía a este tipo que tenía veinte años y se acostaba con una chica de diecisiete años, y obtuvo tres años de cárcel por ello.

—Oh… Sí, tal vez no deberías ir tras Rose —dije con un risa.

—No iría tras Rose incluso si fuera legal.

—¿Por qué no?

—No es mi tipo.

—Pensé que tu tipo era cualquiera con senos.

Negó con la cabeza.

—Soy más un chico de traseros.

—La mayoría piensa que ella también tiene un gran trasero —argumenté. Por qué demonios estaba tratando de convencerlo de que se sintiera atraído por Rose, no tenía ni idea.

Negó con la cabeza de nuevo.

—Nop, ella simplemente no me atrae. Tal vez es porque la conozco desde que era una niña; no lo sé.

—Ella todavía es una niña, según tú.

—Exactamente —acordó—. Así que vamos a dejar este tema bastante incómodo, ¿podemos?

Gracias a Dios.

—Sí, lo dejemos.

—Bueno, niña, espero que tuvieras un cumpleaños lo suficientemente bueno.

—Oh, ¿así que ahora yo soy una niña? —dije con una risa.

—Síp. Tú y todas tus pequeñas amigas de dieciséis años.

—Sí, tengo tantas de esas —dije burlonamente.

—Deberías. Eres una chica muy divertida para pasar el rato.

—Claro —dije con sarcasmo.

—Oye —me regañó.

Levanté las manos defensivamente.

—Dejar de menospreciarme, lo recuerdo.

—Bien. Y no quiero volver a escuchar esa mierda de ti.

—Está bien, está bien —respondí mientras ponía los ojos en blanco—. Y que conste que —añadí seriamente— este fue un gran cumpleaños, gracias.

Sonrió cálidamente.

—Voy a hacerte cumplir tu promesa de conseguirme un pastel en mi cumpleaños.

Me reí.

—Lo tendrás.

Cuando papá llegó a casa el siguiente fin de semana, se disculpó profusamente por perderse mi cumpleaños, pero le aseguré que ya no era una niñita y que realmente no me importaba, y honestamente no lo hacía; de hecho, en realidad tuve uno de los mejores cumpleaños que había tenido en años, gracias a Edward.

La semana siguiente, después de practicar varias veces en calles reales con Edward, Charlie firmó el formulario para mi prueba de conducción y pasé, por consiguiente me convertí en una conductora legal. Edward me compró otro pastel para celebrar. Pero como ahora tenía licencia y una camioneta propia, Edward ya no tenía que llevarme a la escuela, y estaría mintiendo si dijera que no extrañaba un poco ese tiempo con él. Él ya no tenía que usar su hora de almuerzo para recogerme, así que eso era bueno, pero no lo veía hasta que salía del trabajo en la tarde, lo que suponía, de cierto modo, era cómo la mayoría de las familias funcionaban, suponía que solo necesitaba acostumbrarme.

Para Acción de Gracias, Charlie compró pasajes para que Edward y yo voláramos a Phoenix con él, por lo que estábamos muy agradecidos, pero no estaba segura de por qué él eligió esa fecha para que fuéramos en vez de Navidad. Sin embargo, cuando llegamos allí, lo entendí.

—¡Hola, guau, esto es una sorpresa! —dijo Emmett con emoción cuando llegamos. Él se veía increíble. Había recuperado algo de su peso y tenía color en las mejillas de nuevo. Al parecer, un nuevo medicamento estaba ayudando a aliviar los síntomas y había desacelerado el avance de la enfermedad... pero todavía estaba progresando.

—Entonces, ¿qué está pasando realmente? —Aparté a Charlie al costado y le pregunté. Edward y Emmett se estaban poniendo al día, así que pensé que era el momento perfecto para interrogar a papá. Rara vez lo veía, así que probablemente esta era la única oportunidad que tendría, de todos modos.

—Bueno, quería que vinieran a visitar a Em mientras se sentía bien. Ya sabes, ya que él ha estado tan enfermo todas las otras veces que han venido.

—No te estoy preguntando por qué nos trajiste aquí ahora, te estoy preguntando qué está pasando realmente con Emmett. ¿Se está mejorando, o esto es como la calma antes de la tormenta?

Charlie resopló.

—Tu madre no quiere que te diga esto, pero Emmett ha decidido dejar toda la quimio y la radiación.

—¿Qué? —casi grité—. ¿Se está rindiendo?

—Aún está en el registro nacional para un donante, pero encontrar alguien con su origen étnico es... difícil... Creo que él está cansado de sentirse horrible todo el tiempo, y esa cosa definitivamente lo hacía sentir peor.

De repente me sentía entumecida. Lentamente había comenzado a darme cuenta de que podría no curarse, pero que él se rindiera así era desgarrador. Si no encontraba una forma de enterrar mis emociones, colapsaría y lloraría en ese momento mismo momento, y no quería hacer eso enfrente de Emmett. Todos teníamos que ser fuertes por él.

—Sin la quimio y las otras cosas… y si no encuentran un donante… ¿cuánto tiempo le queda? —le pregunté a Charlie con cuidado.

Tomó una respiración profunda.

—No lo sé. Bebé, trata de no preocuparte por eso, ¿de acuerdo?, él no quiere que lo hagas. Todavía tengo fe en que se encontrará un donante a tiempo, y tú también deberías.

En ese momento vi al doctor de Emmett pasar por su habitación, así que decidí ir a preguntarle a él, ya que papá estaba fingiendo no saber. Estaba cansada de ser dejada al margen, así que era mejor ir directamente a la fuente.

—Disculpe, doctor Cullen —dije cortésmente.

Se detuvo y se giró hacia mí.

—Ah, joven señorita Swan, ¿cómo puedo ayudarla?

—Esperaba que tuviera un minuto para responder algunas de mis preguntas… ¿sobre mi hermano?

—Por supuesto, pregúntame cualquier cosa.

Asentí y luego me aclaré la garganta.

—Si Emmett no consigue un donante y no vuelve a radiación, ¿cuánto tiempo le queda?

El doctor Cullen lo pensó por un momento, pero sabía que no estaba pensando en la pregunta en sí, solo en si debía o no responderla.

—Por favor, doctor, solo necesito saber.

—¿Qué te dijeron tus padres? —preguntó suavemente.

—No mucho —admití.

—Tal vez no quieren que sepas.

—No, por favor, puedo manejarlo. Creo que ellos solo asumen que soy demasiado joven para entenderlo, pero realmente ya no soy una niña. ¿Por favor?

Suspiró.

—Realmente no hay forma de estar seguro de cuánto tiempo vivirá alguien en esta situación. Podrían ser meses, podrían ser años.

—¿Su mejor suposición? —presioné.

—Si se mantiene fuerte, puede vivir otros tres años.

—¿Como máximo?

Asintió.

—Y eso es mucho tiempo. Realmente es muy afortunado de tener el tipo de leucemia que tiene. Es más raro que otros y más difícil de curar, pero progresa más lento.

—¿Cuáles son las posibilidades de encontrar un donante? —pregunté, sin querer escuchar cómo mi hermano moribundo era "afortunado".

Suspiró de nuevo.

—Con su origen... no son las combinaciones más comunes. Un donante no tiene que tener exactamente el mismo origen étnico, pero definitivamente necesitan estar más cerca que los que están actualmente registrados.

—Entonces, probablemente yo era su mejor apuesta —dije sin esperanza.

—Un hermano siempre es la mejor opción.

—¿Por qué no pude haber sido compatible? —me pregunté con culpa.

—Tenías una posibilidad en cuatro —respondió el doctor Cullen—. Tú eres portadora de los cuatro tipos diferentes, pero en tu caso, el dominante era el incorrecto.

Entonces se me ocurrió una idea, y antes de tener la oportunidad de realmente pensarlo, estaba expresándolo.

—Si soy portadora de los cuatro... ¿eso significa que podría pasar el correcto a mi hijo y sería compatible con Emmett?

Ni siquiera estaba segura de por qué estaba haciendo esa pregunta cuando no tenía hijos, pero algo me obligó a preguntar de todas formas.

—¿Estás embarazada? —preguntó el doctor con una mezcla de preocupación y esperanza.

—No —dije rápidamente—. Pero… ¿y si lo estuviera? Quiero decir, ¿qué pasa si fuera más grande y tuviera algunos hijos, podría alguno ser compatible con Emmett?

—¿Metafóricamente? —preguntó con cuidado. Asentí, así que él continuó—. Bueno, metafóricamente hablando, si tuvieras un hijo potencialmente podría ser compatible, pero las probabilidades son muy bajas. Tú no eres compatible, y es cierto que podrías pasarle el gen compatible a tu hijo, pero también debes tener en cuenta el ADN y el origen étnico del padre del niño. Si su origen étnico fuera similar, tendrías más de una posibilidad. Pero, señorita Swan, incluso si todo estuviera alineado perfectamente, tu probabilidad de ser compatible era solo de veinticinco por ciento, así que si tuvieras un hijo, solo tendría una cuarta parte de eso. Estamos hablando de probabilidades muy malas aquí. Tendrías más oportunidades de ganar la lotería.

—Lo sé —dije, sintiéndome sin esperanza de nuevo—. Pero las personas ganan la lotería —le dije.

Él sonrió sin entusiasmo.

—Tienes razón, algunas personas ganan. ¿Y quieres saber un secreto? —Se inclinó como si fuera realmente importante y no quisiera que nadie lo escuchara—. Yo creo en los milagros. Se supone que no debo hacerlo porque soy un hombre de ciencia, pero he visto cosas que no se pueden explicar, y tengo fe en que todo es posible.

Sonreí.

—Yo también.

—Le encontraremos un donante a Emmett, tenemos que mantener la esperanza.

—Definitivamente —acordé—. Gracias, doctor Cullen.

—De nada. ¿Hay algo más que pueda hacer por ti?

Negué con la cabeza.

Cuando me di la vuelta para regresar a la habitación de Emmett, me sorprendió ver a Edward parado allí, apoyado en una pared y escuchando nuestra conversación.

—Sabes, es grosero escuchar a escondidas —bromeé.

—No lo estaba, solo estaba dándole a Em algo de privacidad mientras la enfermera lo revisa —dijo defensivamente.

Me acerqué y me apoyé en la pared junto a él. Mi mente todavía estaba tratando de procesar todo lo que dijo el doctor, y por alguna razón, no podía superar nada de eso.

—Oye, ¿cuánto es veinticinco dividido en cuatro? —pregunté distraídamente. Podría haberlo resuelto fácilmente, pero mi cerebro no estaba en modo matemático en este momento.

—Seis punto veinticinco… ¿Por qué? —preguntó sospechosamente.

Me encogí de hombros.

—Solo me preguntaba.

Se giró hacia mí y luego me agarró de los hombros así estaba frente a él.

—Bella, él va a encontrar un donante a tiempo —dijo con seguridad.

No le devolví la mirada, simplemente no podía en ese momento; no respondí en absoluto, y afortunadamente él tampoco me obligó a hacerlo. Me soltó, y luego volvió a apoyar la espalda en la pared.

Pensé en mi conversación con el doctor por el resto de la semana, y luego pensé aún más en el vuelo a casa. Simplemente seguía repitiéndose en mi mente una y otra vez, y no podía concentrarme en nada más.

Las probabilidades no eran buenas… pero eran mejores que nada. Mi madre físicamente no podía tener un bebé para salvar a Emmett… pero tal vez yo podía.

Me salté la escuela ese lunes y pasé todo el día investigando en internet. Busqué todo sobre donantes y personas que tenían bebés para salvar a sus familiares. Era un tema controvertido, pero que tenía una tasa de éxito creciente. No pude encontrar nada de personas que tenían bebés para ayudar a sus hermanos, por lo general eran padres tratando de ayudar a sus hijos, pero eso no significaba que no se pudiera hacer.

Seis por ciento era mejor que nada.

—¿Qué estás haciendo? —me preguntó Edward inesperadamente, haciéndome saltar.

—Mierda, me asustaste —le dije, y rápidamente salí del sitio web que estaba leyendo.

—Lo siento —respondió—. ¿Pero por qué no estás en la escuela?

—¿Por qué no estás en el trabajo? —refuté.

—Un tipo me pidió si podíamos intercambiar los días libres esta semana. Además, yo puedo faltar al trabajo, tú no puedes faltar a la escuela.

—Tú y Emmett solían faltar todo el tiempo, y ambos se graduaron —argumenté.

—Está bien, lo que sea —dijo Edward despreocupadamente—. Solo no lo conviertas en un hábito. Tú eres mejor que nosotros.

Edward agarró una soda y se sentó en el sofá a ver televisión, así que usé su distracción a mi favor y continué mi búsqueda.

Seis por ciento era mejor que nada…

Y entonces algo me hizo mirar a Edward, y todo de repente se volvió claro. "Ten fe, todo pasa por una razón". Eso es lo que todos decían, y por primera vez, estaba comenzando a creerlo.

—¿Oye, Edward? —pregunté con vacilación.

—¿Sí?

—¿Cuál es tu origen étnico?

—Uh… inglés, creo. ¿Por qué?

—¿Pensé que dijiste antes que eras alemán?

—Oh, sí, creo que mi abuela dijo que mis antepasados eran originarios de Alemania antes de mudarse a Inglaterra y finalmente a Estados Unidos, o algo así.

—¿Y qué hay del lado de tu mamá? —cuestioné.

—Uh, creo que ella era como… italiana, o algo así.

—Entonces, ¿eres mayormente alemán e italiano? —pregunté, volviéndome más y más esperanzada por segundo.

—Creo que sí… ¿Por qué? ¿Qué está pasando?

Ignoré su pregunta porque necesitaba pensar. Emmett y yo éramos italianos, franceses, españoles y alemanes, así que si nos mezclábamos con el alemán e italiano de Edward, seguiríamos con nuestro origen étnico. Era demasiado perfecto para ser real, pero no iba a cuestionarlo más. Si Emmett iba a tener alguna posibilidad, tendríamos que actuar rápidamente.

Seis por ciento definitivamente era mejor que nada, y nada era todo lo que Emmett tenía en este momento. Estaba claro en mi mente lo que tenía que hacer, el problema iba a ser dejarlo claro en la mente de Edward…

—¿Oye, Edward? —pregunté con nerviosismo. Me paré y caminé hasta donde él estaba en la sala, y me senté a su lado en el sofá. Todo mi cuerpo estaba aterrado por lo que estaba a punto de pedirle, pero no podía echarme atrás. Iba a funcionar, podía sentirlo.

—¿Sí? —preguntó preocupado. Él podía ver que estaba temblando, y obviamente estaba comenzando a preocuparse—. ¿Qué está pasando?

—¿Recuerdas cuando me dijiste que estabas aquí si alguna vez necesitaba algo?

—Sí —dijo con ferocidad, como si se estuviera preparando para protegerme de algo.

—Bueno, necesito tu ayuda...


¡Hola!

Disculpen la demora. ¿Me cuentan qué les pareció el capítulo?

Gracias por sus reviews en el capítulo anterior: Marie Sellory, piligm, Vanina Iliana, Tata XOXO, Maryluna, Techu, Melany, Tecupi, Jade HSos, Lady Grigori, patymdn, saraipineda44, lunaweasleycullen14, Cary, kaja0507, Kriss21, tulgarita, cavendano13, alejandra1987, Noelia, Yoliki, Paola Lightwood, Alizce, terewee, Lily, Mel. ACS, jupy, krisr0405, somas, freedom2604, Adriana Molina, Mafe2404, y los Guest.

¡Hasta el próximo capítulo!