Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de knicnort3, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Link de la historia original: www fanfiction net /s/ 8641927 /1/ Against-the-Odds


Capítulo 12: Tensa

Edward y yo pasamos el resto del fin de semana tratando de volver a nuestra versión de normalidad. Él hacía bromas, y yo me reía y ponía los ojos en blanco. Pasamos tiempo juntos y hablamos sobre nuestro día, como también de las experiencias que nos perdimos de contarnos durante el último mes desde que perdimos esa conexión. La mayor parte del tiempo él estaba cerca de su antigua personalidad encantadora, así que ambos elegimos ignorar los momentos de lejanía introspectiva que periódicamente se deslizaba en sus ojos. No éramos completamente los mismos, pero estábamos mucho más cerca de lo que nunca pensé que estaríamos de nuevo; tenía a Edward de regreso, y tomaría tanto de él como estuviera dispuesto a dar.

—¿A dónde vas? —me preguntó ese lunes por la mañana mientras me dirigía hacia la puerta.

—A la escuela —dije lentamente con una sonrisa, preguntándome por qué se estaba haciendo el tonto.

—Hoy no, es víspera de Navidad —dijo en el mismo tono que yo estaba usando, supongo que yo era la única siendo tonta.

—¿En serio? —pregunté con incredulidad. ¿Cómo demonios no me había dado cuenta que eran las vacaciones? Tuve el periodo para Acción de Gracias, así que por supuesto que estaría con él para Navidad, lo que apestaba, especialmente considerando el mes horrible que tuvimos entremedio. Realmente esperaba que el mes siguiente fuera mejor; independientemente si tratábamos de concebir de nuevo o no, en realidad no podía empeorar, ¿verdad?

—Ve a ponerte algo abrigado y unas zapatillas, tenemos algo que hacer —me instruyó con una sonrisa ladina.

—¿Qué? —pregunté con cautela. Cualquier tipo de actividad que requiriera ropa abrigada y zapatillas no era lo mío.

—Ya lo verás. Ahora ve a cambiarte.

—Está bien —dije con un suspiro. Me apresuré y me cambié, y luego de mala gana seguí a Edward a su camioneta—. Realmente espero que no vayamos a hacer algún tipo extraño de senderismo —me quejé—. Hace mucho frío aquí y no soy fanático de estar en la nieve.

Se rio.

—Oh, Bella, ten un poco de sentido de la aventura.

—Oh, me gusta la aventura, pero generalmente es en forma de palabras escritas en papel.

—Está bien, no más quejas —dijo en broma con un tono serio—. Esta es la época para ser alegre y feliz... o alguna mierda así.

Me reí.

—Uh-huh, claro.

Mientras conducíamos fuera del pueblo, comencé a notar carteles con decoraciones navideñas y lentamente me di cuenta a dónde nos dirigíamos.

—Um, soy alérgica al pino —le dije.

Sin decir una palabra, se detuvo al costado de la carretera, y luego se giró y me miró con incredulidad.

—¿Qué?, estoy hablando en serio —dije, pero no podía mantener una cara seria por el puchero infantil que se estaba apoderando de sus rasgos.

—¿Cómo puedes ser alérgica al pino? Vivimos en un bosque —dijo mientras señalaba a los árboles que rodeaban la carretera.

—Puedo soportar estar afuera, pero si traemos uno a la casa, no podré respirar.

Negó con la cabeza y luego pareció estar tratando de idear otro plan. Después de considerarlo por un momento, pareció idear algo. Dio vuelta la camioneta y condujo de regreso hacia el pueblo.

—Los árboles falsos son caros y horribles, por favor no consigamos uno —le dije, asumiendo que se dirigía a una tienda para comprar uno.

—Jesús, Bella, tu familia siempre solía poner un árbol de Navidad cada año, así que ¿qué pasa con la actitud de engaño ahora?

—El que usábamos era falso… Siempre lo odié y le dije a mi mamá que debería llevárselo cuando se fue —expliqué.

—Oh… bueno, suerte para ti, no tengo la intención de comprar un costoso árbol falso.

—¿Entonces a dónde vamos?

—Como obviamente no te interesa un árbol de Navidad de ninguna variedad, vamos a hacerlo a mi manera.

—¿Y qué manera es esa? —pregunté divertida.

—Ya lo verás —dijo con una sonrisa.

Mi confusión solo aumentó cuando condujo hacia el parque de caravanas donde él solía vivir, y luego se detuvo en la caravana de su papá.

—Espera aquí —me dijo.

—Edward, espera —traté de decir, pero él ya estaba fuera de la camioneta y corriendo por los escalones hacia la puerta.

Odiaba la idea de que él entrara ahí. Era su casa, pero por lo que Emmett había descripto, no era un buen lugar, y no quería a Edward cerca de su horrible padre. Él era mayor y mucho más grande que yo, pero en ese momento tenía un deseo abrumador de protegerlo… así que salí de la camioneta. No sabía qué iba a hacer, pero necesitaba asegurarme de que él estaba bien.

Subí lentamente los escalones, y luego me detuve momentáneamente antes de golpear suavemente la puerta.

—¿Quién es? —gritó alguien desde adentro.

—Um… Bella, estoy aquí con Edward —dije nerviosamente.

Sin respuesta.

Me paré allí confundida por lo que pareció una eternidad antes de que la puerta finalmente se abriera con un chirrido, y una anciana rellena se asomara.

—¿Estás embarazada? —me preguntó inesperadamente. El olor a tabaco, marihuana y algo podrido salió de la caravana en oleadas, y no pude evitar dar un paso atrás para escapar del horrible hedor.

—¿Disculpe? —pregunté mientras trataba de ver más allá de la nube de humo que la rodeaba.

—¿Por qué demonios estarías aquí? —preguntó antes de toser y luchar para aclararse la garganta—. No tenemos ni lugar ni dinero para una puta y su hijo que puede o no ser de mi nieto. Ya fue bastante malo cuando la puta de su madre lo dejó aquí —se quejó.

—Nana, te dije que solo iba a pasar por un minuto —dijo Edward viniendo desde atrás de ella.

—¿Por qué demonios traes chicas aquí? —chilló mientras le pegaba en la nuca.

—Yo… —Él me miró y luego bajó la vista—. Ella es solo una amiga, nana, nos vamos.

—Será mejor que te vayas rápido. Tu papá estará en casa pronto y tendrás mucho que pagar si te ve aquí.

—Lo sé —contestó él en voz baja. Desapareció por un momento y luego resurgió con lo que parecía un gnomo de jardín bajo un brazo y un flamenco rosado de plástico debajo del otro—. Adiós, nana —le dijo a ella, de repente sonando como un niño pequeño—. Feliz Navidad.

—Eh —lo despidió con la mano antes de prácticamente cerrarnos la puerta en la cara.

Edward no se detuvo a explicar nada; bajó corriendo los escalones y arrojó el flamenco y el gnomo en la parte trasera de la camioneta. Por supuesto que lo seguí, y luego ambos nos subimos y él nos llevó fuera del parque.

Cuando casi estábamos de regreso en casa, finalmente decidí preguntar.

—Entonces… ¿qué fue todo eso?

—Deberías haberte quedado en la camioneta —dijo distraídamente.

—Lo siento —susurré—. Solo estaba… preocupada por ti.

Se giró para mirarme con una expresión divertida en su cara.

—¿Estabas preocupada por ? ¿Por qué?

Me encogí de hombros.

—Emmett siempre… dijo que no te llevabas bien con tu padre y quería asegurarme de que estabas bien.

—Nah, sabía que él estaría trabajando en este momento. Nunca te llevaría allí si pensara que estaría en casa.

—Pensé que no trabajaba.

—Trabaja de vez en cuando, dependiendo de cuán bajos se vuelvan sus fondos para cerveza.

—Oh —dije, sin saber qué más responder—. Entonces, ¿qué pasa con el gnomo y el flamenco? —le pregunté después de un incómodo momento de silencio.

—Bueno —comenzó después de estacionar la camioneta. Ambos nos bajamos y observé mientras él sacaba las estatuas de la parte trasera de la camioneta—. Cuando era un niño, mi papá nunca tenía dinero para decoraciones navideñas, así que durante un momento de arrepentimiento poco característico, él agarró estos del patio de un vecino y dijo que este era Santa Claus —explicó mientras sostenía al gnomo— y un árbol de Navidad —dijo mientras señalaba al flamenco.

—Uh…

—Sí, lo admito, el hecho de que los robara realmente no concordaba con el espíritu navideño, pero oye, para un niño de siete años que nunca tuvo otras decoraciones, eran las cosas más geniales del planeta. Los he puesto todos los años desde entonces.

Le sonreí, tratando de no dejar que mi dolor por su horrible infancia se mostrara.

—Bueno, vamos a ponerlos, entonces.

Me devolvió la sonrisa y ambos entramos a la casa. Puso el gnomo de jardín junto a la chimenea y luego colocó el flamenco en la mesita auxiliar enfrente de la ventana de la sala. Después sacó del bolsillo de su abrigo lo que parecía una estrella cortada de una vieja lata de cerveza y una pequeña linterna.

—Mi abuela me hizo esto —explicó mientras sujetaba la estrella a la cabeza del flamenco.

—Entonces… ¿para qué es la linterna? —pregunté.

De alguna forma la ató dentro de la lata y la encendió para que la estrella pareciera que estaba brillando.

—Oh, guau —dije, sinceramente impresionada por ello.

—Ahora, lo decoramos —dijo con entusiasmo.

—¿Qué, cómo? —pregunté confundida.

Él corrió hacia la cocina y regresó con un rollo de cinta y un bolígrafo. Al principio no lo entendí, pero cuando pegó el bolígrafo al flamenco comencé a entender.

—Vamos, busca cosas para pegarle —instruyó.

Solo lo miré por un momento, y tuve que luchar contra un inesperado ataque de lágrimas.

Pero luego él se volvió tímido.

—Me acabo de dar cuenta de lo increíblemente estúpido que es esto —dijo avergonzado.

—No, no lo es —le dije rápidamente antes de buscar alrededor de la habitación algo más que pudiéramos pegar a la estatua.

Desde cubiertos hasta sujetapapeles, envoltorios de comida y cepillos de dientes, mientras más ridículos los artículos que encontrábamos para añadir a nuestro "árbol", más nos reíamos de ello. Luego tuve la idea de cortar la banda roja de una bolsa de basura y envolverla alrededor de toda la cosa como una guirnalda. Edward parecía realmente impresionado por eso. Cuando tuvimos todo cubierto, dimos un paso atrás para admirar nuestro trabajo.

Me mordí el labio inferior.

—Se ve increíble —dije sinceramente.

—Definitivamente es como mejor se ha visto —acordó Edward—. Pero tu aliento en serio va a apestar con tu cepillo colgando allí de esa manera.

Me reí.

—Sí, creo que mejor voy a comprarme uno nuevo.

—O puedes usar el mío —dijo casualmente.

Mi estómago dio un vuelco inesperado, y luego me giré a mirarlo con las cejas levantadas.

—¿Qué? Bella, estoy bromeando —dijo con una risa.

—Oh, lo sé —dije rápidamente—. Pero… no es como si tu saliva pudiera molestarme a esta altura.

—¿Por qué no? ¿Recuerdas esa vez cuando te volviste loca porque accidentalmente bebiste de la taza que yo estaba usando? —preguntó con una risa—. Hombre, uno pensaría que tenía una horrible enfermedad contagiosa o algo así.

También me reí.

—La saliva no es nada comparada con tu otro fluido corporal con el que he estado en contacto —bromeé, pero inmediatamente me arrepentí. No podía creer lo tonta que era. Mi cara se inundó de calor, y me quedé absolutamente petrificada porque acababa de arruinar todo el progreso que habíamos hecho en nuestra relación. ¿Cómo podía ser tan estúpida?

Soltó una larga y lenta respiración.

—Sí, bueno, no he dejado orina en el inodoro en mucho tiempo, así que tal vez deberías superarlo.

Estaba sorprendida. Estaba segura de que él sabía exactamente lo que realmente quería decir con fluido corporal, pero en lugar de dejar que eso arruinara el momento, eligió hacer otra broma. Estaba agradecida.

Me aferré a él y presioné mi mejilla en su pecho. No podía evitarlo; quería estar cerca de él por lo agradecida que estaba de tenerlo de regreso en mi vida.

Él envolvió sus brazos a mi alrededor y me abrazó con fuerza en un reconocimiento tácito del gesto.

En ese momento, algo cambió en nuestra relación una vez más. Era solo un pequeño paso, pero definitivamente era en una dirección que no esperaba. Era un nuevo nivel de confort en el contacto físico; me le había acercado y él lo había recibido e incluso regresado el afecto espontáneamente. Era como ser algo más de lo que éramos, sin reconocerlo o poder ponerle una etiqueta. No sabía lo que significaba, pero tampoco iba a cuestionarlo. Se sentía bien, y eso era todo lo que realmente me importaba.

—Voy a correr a la tienda a comprar las cosas para la cena —le dije a Edward más tarde ese día.

—Está bien, iré contigo —dijo rápidamente. Edward odiaba ir al supermercado, así que me sorprendió que quisiera ir, pero entonces me pregunté si quizás solo quería estar cerca de mí como yo lo hacía con él. El pensamiento me hizo sonrojar.

—No puedes ir —me obligué a decir—. Mi papá llamó hace un rato para decir que un paquete va a llegar esta tarde y alguien tiene que estar aquí para recibirlo —mentí. A decir verdad, solo quería ir a comprarle algo para Navidad, y él no podía estar ahí para eso.

—Está nevando —dijo con una sonrisa—. Odias conducir en la nieve. ¿Qué tal si yo voy?, y tú puedes quedarte y esperar al repartidor.

Negué con la cabeza.

—También necesito comprar un cepillo de dientes nuevo. Además, no sabré qué voy a cocinar hasta que esté en la tienda. Estaré bien —le dije y no le di oportunidad de discutir. Desde que estábamos en esa nueva fase de nuestra confusa relación, no se sentía extraño acercarme a él y abrazarlo de despedida, y se sentía verdaderamente increíble que me devolviera el abrazo—. Regresaré pronto —le dije con una sonrisa de despedida mientras agarraba las llaves de mi camioneta y salía.

No tenía idea de qué comprarle. Quería usar mi propio dinero… que no era mucho, así que tenía que considerar mucho lo que compraría. Y luego se me ocurrió la cosa perfecta.

Hice que envolvieran su regalo, y luego pasé por el supermercado y compré asado para la cena de esa noche.

—Entonces, ¿qué compraste? —me preguntó Edward cuando llegué a casa. Puse la bolsa con las compras en la encimera, y tuve que sonreírme cuando él prácticamente me sujetó allí para mirar sobre mi hombro en la bolsa. Se sentía tan bien al tenerlo presionado fuertemente detrás de mí, que me encontré inclinándome hacia atrás para estar aún más cerca. Podía sentir su aliento en mi cuello, y eso envió los escalofríos más increíbles por mi columna.

Me estremecí.

—¿Tienes frío? —me preguntó con una risa. Todavía tenía puesto el abrigo, pero él me frotó los brazos de todos modos.

—Estoy mucho más caliente ahora —respondí.

—Bien —dijo antes de alejarse de mí—. Entonces, ¿qué terminaste comprando para la cena? —preguntó de nuevo mientras se ocupaba poniendo vasos usados en el lavavajillas.

—Um… asado —dije, teniendo dificultades para pensar con claridad.

—Eso suena bien.

Cuando terminé de cocinar, nos sentamos uno al lado del otro en la mesa del comedor, en lugar de uno frente al otro como de costumbre. Nuestras rodillas se tocaron todo el tiempo, y seguimos frotando nuestros hombros y codeándonos durante la comida.

Después de comer, dejamos el desorden para más tarde y decidimos dirigirnos directo a la sala para ver "Una historia de Navidad" en la televisión. Era algo así como una tradición en la casa Swan, una en la que Edward había participado con nosotros desde que podía recordar. Apagamos las luces y nos sentamos uno junto al otro en el sofá. Comenzamos sentados a unos centímetros de distancia, pero para la segunda tanda publicitaria estaba apoyada en él, y para la tercera me había movido para que mis piernas estuvieran sobre su regazo. Su mano estaba apoyada en la parte superior de mi muslo, y pasé el resto de la película deseando que él moviera su mano más arriba.

Había tratado de no pensar en la forma en que él me había tocado en mi cama unas semanas antes; lo había mantenido lo más enterrado posible mientras tratábamos de reconstruir nuestra amistad, pero estar tan cerca de él volvió a despertar esos deseos y tenía a mi cuerpo ansiando su toque una vez más.

Pero su mano nunca subió más, y él nunca reconoció la vibrante carga eléctrica que zumbaba a nuestro alrededor. Quizás todo estaba solo en mi cabeza.

Dios, lo quería dentro de mí otra vez.

Y luego él reía de algo en la televisión y atraía mi atención de regreso a su rostro. Su rostro perfecto que realmente no había notado antes. Es decir, nunca pensé que él era feo, pero el hecho de que fuera realmente hermoso era un shock. ¿Cómo podría haberlo pasado por alto? Su nariz recta y el ángulo de su mandíbula, incluso sus pómulos afilados parecían estar esculpidos artísticamente a la perfección. Sus ojos, generalmente verdes, pero con esa luz brillaban en el más hermoso azul marino que alguna vez había visto en un ser humano.

Se rio de nuevo, y mis ojos fueron directo a sus labios. Hubo una repentina sensación de punzada que atacó la boca de mi estómago mientras me preguntaba cómo se sentirían sus labios perfectamente formados en mi piel. Mientras más pensaba en ello, más se profundizaba la sensación hasta que provocaba que mi pecho se contrajera y un dolor de deseo pulsara entre mis caderas.

Me retorcí en mi asiento. No pude evitarlo, la sensación era demasiado fuerte, pero desafortunadamente él lo notó y pareció ponerse incómodo.

Se aclaró la garganta.

—Se está haciendo tarde; creo que me voy a ir a la cama.

—Está bien —dije en voz baja mientras sacaba mis piernas de él así podía levantarse. Mientras se iba hacia la habitación de Emmett, me pregunté qué haría si lo seguía y simplemente me metía en la cama con él. Me retorcí de nuevo por el pensamiento.

Pero me quedé donde estaba. Él dejó claro que no quería ese tipo de relación conmigo, así que no estaba dispuesta a alejarlo por imponerme en él de nuevo... al menos no por un par de semanas, hasta que volviera a ovular. Todavía no estaba segura de cómo iba a abordar esa conversación, pero mi cuerpo se tensó con ansiosa anticipación.

Pasé la siguiente hora tratando de controlarme. Nunca antes me sentí así, estaba tan... tensa mientras trataba de mantener a raya los pensamientos de los labios de Edward... y su mandíbula... y sus dedos... y... Estaba volviéndome absolutamente loca y no podía obligarme a pensar en algo más.

—Cachorros —me dije mientras cambiaba a Animal Planet. Era un programa de policías de animales y había repugnantes criaderos de perros con cachorros demacrados. Era absolutamente desgarrador y yo ni siquiera era una amante de los animales... pero entonces uno de los policías dijo algo que me recordó a Edward y volví a soñar despierta con sus labios... y su mandíbula... y sus dedos... y la sensación de su torso tonificado presionado contra mi espalda... y...

Cambié el canal. Todo lo que trataba de ver alejaba mi mente de Edward por unos minutos, pero luego algo me lo recordaba y regresaba a anhelarlo.

Realmente necesitaba hacer algo, pero no estaba exactamente segura de qué. Tenía el presentimiento de que iba a estar despierta toda la noche con esos pensamientos y sentimientos, así que necesitaba encontrar una forma de detenerlos. La única cosa en que podía pensar… la única cura para una noche llena de dolorosos deseos no correspondidos… era la temida masturbación. A pesar de que Edward me aseguró que era normal, todavía me desagradaba, pero estaba desesperada.

Fui a la ducha de mi baño y entré tentativamente. Había escuchado antes que una ducha era un buen lugar para tal cosa, especialmente durante el periodo, pero aun así era extraño. El agua caliente se sentía increíble, pero cuando bajé una mano para tocarme, me sentí ridícula. No era sexy, y no se sentía bien. Traté de imitar los movimientos de Edward e hice mi mejor esfuerzo para imaginarme su mano allí en lugar de la mía, pero realmente no ayudó. Independientemente de lo tensa que estaba antes, esa sensación se había disipado rápidamente, así que terminé la ducha y salí sintiéndome absolutamente patética.

Al día siguiente me levanté temprano para preparar el desayuno, y me sorprendió que papá aún no hubiera llamado para decir feliz Navidad. Él siempre era el primero en levantarse y llamar a nuestros parientes a primera hora de la mañana antes de que todos se fueran a sus respectivos servicios religiosos por las fiestas. Pero suponía que era de esperar no tener noticias de él, estaba segura de que él estaba pasando tiempo con Emmett y llamaría cuando tuviera un momento libre.

—Buenos días —dijo Edward de forma adormilada mientras entraba a la cocina para preparar un poco de café—. Feliz Navidad.

Sonreí.

—Feliz Navidad para ti también. —Quería abrazarlo, pero suponía que ese movimiento terminaría poniéndome tensa, y no quería pasar el resto del día así.

Después de comer los panqueques que estaba haciendo, Edward decidió que era hora de darme un regalo.

—Espera, yo primero —dije con entusiasmo. Corrí a mi habitación para traer su regalo, y luego volví deprisa y se lo entregué.

—Uh... guau, no esperaba que me compraras nada —dijo con incomodidad.

—¿Por qué no? —pregunté con una sonrisa—. Ábrelo.

—Bueno, es solo que... realmente no te compré nada.

—Oh, bueno, eso está bien —le dije sinceramente—. Me construiste una camioneta. Creo que es un regalo más que suficiente para mi cumpleaños y Navidad combinados.

—Tengo un regalo para ti, pero... es un poco tonto.

—Realmente no me importa —le aseguré—. Tampoco te compré nada grande. Ábrelo.

Resopló y lentamente rasgó el papel, y luego abrió la cajita que estaba adentro.

—Guau, ¿me estás jodiendo? —preguntó con entusiasmo.

—Pensé que te gustaría —le dije con una sonrisa mientras lo observaba examinarla.

—Espera —dijo con desconfianza—. ¿Es la de Emmett?

—No —dije con una risa—. La compré para ti.

—Siempre he querido una de estas.

—Lo sé, por eso la compré —le dije. Era una navaja suiza, del tipo con pinzas, y una brújula, e incluso una lupa. Recordaba cuando Emmett recibió un para su cumpleaños unos años antes, y era obvio que Edward pensaba que era la cosa más genial del mundo. Cuando la vi en la tienda, supe que sería perfecta.

La miró por unos minutos, pero luego pareció un poco deprimido.

—¿Qué pasa? —le pregunté preocupada.

—Realmente no quiero darte tu regalo ahora. Es muy, muy estúpido comparado con esto.

—Oh, detente —le dije con una risita—. No tenías que comprarme nada, pero sea lo que sea, estoy segura de que es genial.

Él suspiró.

—Bien, pero no sientas que tienes que quedártelo —dijo antes de sacar su regalo para mí de debajo de la mesita auxiliar—. Hablando en serio, no te hagas ilusiones.

Puse los ojos en blanco hacia él antes de quitarle el regalo del tamaño de una pelota de básquet y apretarlo.

—Es suave.

Presionó los labios y asintió.

Lentamente lo abrí, y estaba absolutamente estupefacta por lo que era. No sabía qué más hacer además de solo mirarla conmocionada.

—¿Esto es...? —conseguí decir.

Edward asintió.

—Sí. Cuando tu madre te obligó a deshacerte de ella, me la llevé a casa —explicó.

—¿Por qué? —pregunté confundida. Me había dado mi vieja oveja de peluche. Había amado esa cosa más que nada cuando era pequeña, pero cuando cumplí ocho años, mi madre decidió que era demasiado grande para los animales de peluche y me la quitó. Lloré durante días y días, pero ella no me dejó recuperarla. Nunca más amé un objeto inanimado, y me negué a poner valor en tales cosas desde entonces.

—Bueno, mi papá tenía una mujer y su hija viviendo con nosotros en esa época. Ella tenía como cuatro años, o algo así, y tenía incluso menos juguetes que yo, así que pensé que como tu mamá iba a tirarla, bien podría dársela. A ella realmente le gustaba, pero cuando se mudaron la dejó atrás. Realmente no sé por qué la conservé todos estos años, pero pensé que la podrías querer de regreso.

Cuando no respondí de inmediato porque estaba abrumada con las emociones, Edward se avergonzó.

»Como dije, es bastante estúpido. No sé qué estaba pensando; probablemente debería haberla tirado hace años.

—Estoy tan contenta de que no lo hicieras —dije mientras las lágrimas se derramaban por mis mejillas. Posiblemente él no podía saber lo mucho que había significado esa oveja para mí, y extrañamente estaba más que agradecida de recuperarla. Abracé la oveja e inhalé profundamente para ver si todavía tenía ese antiguo olor reconfortante que solía tener. Pero por supuesto no lo tenía, había pertenecido a otra niña desde entonces, así que no había forma de que pudiera conservar ese olor... Olía aún mejor. Por alguna razón, olía a Edward—. Gracias —le dije emocionalmente antes de envolver mis brazos alrededor de su cuello y abrazarlo con fuerza.

Después de un minuto, me alejé lo suficiente para ver su cara, pero mantuve mis brazos firmemente alrededor de él. Estaba mirándome tan atentamente y no pude evitar desear que hubiera algún muérdago en alguna parte de la casa. Quería besarlo, pero más importante, quería que él deseara devolverme el beso. Se sentía tan natural estar en sus brazos así, tan... correcto; sería tan fácil inclinarme y presionar mis labios en los suyos. Me hacía anhelarlo incluso más que antes.

Cuando lo sentí aflojar su agarre en mí, decidí dejarlo ir porque por encima de todo lo demás, no podía arriesgarme a perderlo de nuevo.

Pero luego perdí contacto con la realidad, y mi cerebro dejó de hablarle al resto de mi cuerpo. Lo siguiente que supe fue que estaba agarrándolo de nuevo y atrayéndolo al beso más surrealista que pudiera imaginar.

Nunca antes había besado a nadie, pero no podía creer que algo pudiera sentirse mejor que esto. Él no se apartó; de hecho, se aferró a mí y suavemente comenzó a mover sus labios con los míos. Era dulce y tierno, y aún más apasionado que cualquiera de las veces que tuvimos sexo antes. ¿Cómo podía algo tan simple como un beso sentirse más íntimo que el sexo?

Mis labios se abrieron, pero antes de que nuestro beso pudiera profundizarse, hubo un ruido repentino detrás de nosotros, y él me apartó.

—¡Feliz Navidad! —escuché a alguien gritar mientras entraba por la puerta.

Me tomó un momento recobrar el sentido común y darme cuenta de qué demonios estaba pasando, y cuando lo hice, en realidad estaba encantada por la agridulce interrupción.

—¡Papá! —dije sorprendida de verlo, pero luego una sorpresa aún mayor entró detrás de él—. ¡Emmett!


¡Hola!

¿No les da penita Edward?, tuvo una infancia muy fea. ¡Y se besaron! ¿Me cuentan qué les pareció el capítulo?

Gracias por sus reviews en el capítulo anterior: alejandra1987, somas, Liz Vidal, Techu, piligm, Lady Grigori, Lizdayanna, Yoliki, Kriss21, kaja0507, Mel. ACS, MariePrewettMellark, Melany, Cary, terewee, tulgarita, Jade HSos, patymdn, Vanina Iliana, debynoe12, Adriu, Tecupi, cavendano13, Tata XOXO, Lily, saraipineda44, Maryluna, Noelia, Paola Lightwood, freedom2604, liduvina, caresgar26, OnlyRobPatti, Adriana Molina, jupy, y los Guest.

¡Hasta el próximo capítulo!