Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de knicnort3, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

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Capítulo 16: Dieciséis

—Bella —murmuró Edward mientras besaba mis dos ojos cerrados—. Vamos, nena, es hora de prepararse para la escuela.

Me di la vuelta y gemí de forma adormilada.

—Vamos, mamá, cinco minutos más.

Edward resopló.

—Estoy bastante seguro de que tu madre nunca antes ha tratado de despertarte, y estoy absolutamente seguro de que ella no te hizo esto —dijo en voz baja antes de envolver los brazos alrededor de mi torso, y luego estirarse para pellizcarme los pezones.

—¡Auch! —chillé mientras saltaba—. Eso es abuso infantil —bromeé.

Se rio.

—Bueno, era eso o tirarte un montón de agua helada en la cara.

Me froté los pezones para tratar de calmarlos.

—Una simple alarma o un suave codazo habrían bastado.

—De hecho, la alarma me despertó, y luego te codeé… como diez veces.

—Oh… Bueno, no deberías haberme mantenido despierta hasta tan tarde anoche —argumenté en broma.

Levantó las cejas.

—Vaya, sabes, tienes toda la razón. Esta noche me aseguraré de que te acuestes a una hora razonable… y probablemente deberías dormir sola, así tienes la mejor oportunidad y una buena noche de descanso.

—¿Qué? No, estoy muy descansada —dije rápidamente—. No puedo dormir nada sin ti, así que si te mantienes alejado en la noche será contraproducente.

—Será mejor que aprendas a dormir sin mí —murmuró casi incoherentemente.

—¿Qué? —pregunté, realmente esperando haberlo escuchado mal—. ¿Por qué?

Suspiró.

—No importa. Levántate y métete a la ducha.

Quería presionar el tema, pero él prácticamente salió corriendo de la habitación y en realidad era más tarde de lo que pensaba, así que resoplé y me apresuré a la ducha. Cuando terminé, me vestí rápidamente y luego me peiné antes de bajar las escaleras hacia el olor de algo cocinándose en la cocina.

Era aterrador.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté preocupada por la seguridad de la casa.

Se rio.

—Preparando el desayuno.

—¿Pensé que acordamos nunca dejarte cocinar de nuevo?

—Creo que puedo manejar los huevos —respondió—. ¿Ves?, todo terminado.

Me sorprendió gratamente el hecho de que los huevos eran amarillos en lugar de marrón oscuro como esperaba, y en realidad olían bastante bien.

—¿Vas a trabajar hoy? —pregunté mientras lo observaba servir los huevos en un par de platos.

—Síp, ya no tengo días de vacaciones… o licencia por enfermedad. Realmente espero que no me dé gripe o algo así.

Envolví mis brazos alrededor de él desde atrás.

—También espero que no te dé gripe o algo así... solo porque no quiero que te enfermes —le dije antes de besar su mejilla y luego llevar uno de los platos a la mesa.

Edward se unió a mí en la mesa y comimos juntos... bueno, yo comí, él básicamente aspiró la comida como una aspiradora.

—¿También estás llegando tarde? —le pregunté con una sonrisa.

—Tal vez —dijo obstinadamente.

—Entonces, ¿mi camioneta está funcionando normalmente, o me llevarás a la escuela hoy? —pregunté, recordando la forma en que le había metido mano a mi camioneta antes.

—Todo está perfecto... te lo garantizo.

—Si lo garantizas, ¿eso significa que puedo llevarla al taller gratis si se rompe?

Se rio.

—Definitivamente. Siempre trabajaré gratis en tu camioneta… Bueno, puedes pagarme con favores sexuales.

—Mmm. —Me incliné sobre la mesa para besarlo, lo que él regresó de inmediato—. Te amo.

—También te amo.

No podíamos retrasarnos más tiempo, así que finalmente nos separamos por el día. Pero después de estar lejos de él por el tiempo que me tomó conducir hasta la escuela, me di cuenta de lo insoportable que era en realidad. Lo extrañaba como el infierno; era un dolor físico real en mi pecho.

Cuando estacioné mi camioneta en el estacionamiento de la escuela y comencé a caminar hacia el campus, no pude evitar el quejido bajo que escapó de mis labios. Aparte de extrañar a Edward, la escuela era el último lugar en el que quería estar. Todos a mi alrededor estaban preocupados por quién estaba saliendo con quién, qué perra miraba a qué imbécil, y qué grupo estaba hablando mierda sobre qué otro grupo sin razón aparente. Las mayores preocupaciones para los adolescentes de dieciséis años eran aprobar los finales de ese semestre, y encontrar una cita para el próximo gran baile.

Nada de eso me interesaba.

Todo se sentía tan... insignificantemente sin sentido, y casi por debajo de mí, no lo decía en una forma condescendiente, solo sentía que estaba en un lugar diferente en mi vida, como si debería estar en casa construyendo mi futuro, no atrapada en la monotonía de la escuela secundaria. De hecho, realmente quería ir a buscar trabajo a algún lugar y comenzar a ahorrar dinero así Edward y yo podíamos tener una casa propia, pero en su lugar estaba estancada y atrapada en la multitud de drama adolescente y otras mierdas inmaduras. Honestamente, deseaba poder adelantar los próximos dos años y llegar al lugar donde realmente podía comenzar a vivir.

—¡Bella! —escuché a alguien gritar, sacándome de mi confusión interna.

—Hola, Rose —la saludé con una sonrisa sincera. Odiaba todo acerca de ese horrible lugar, pero realmente era bueno ver a mi mejor amiga—. ¿Cómo estuvo tu Navidad?

—Oh Dios, por favor dime que no estás consumiendo drogas —pidió inesperadamente.

—¿Eh?

Estrechó los ojos en mi dirección con desconfianza.

—No puedo recordar la última vez que pareciste tan... alegre.

¿Alegre? Que extraño que le pareciera feliz cuando me sentía tan miserable.

—Solo te pregunté cómo estuvo tu Navidad —le dije con incredulidad—. ¿Qué está mal con eso?

—Nada… Simplemente no es como tú.

Me encogí de hombros con desdén.

—Bueno, yo tuve una gran Navidad, gracias por preguntar.

Tomó una brusca inhalación de aire.

—¡Has estado cogiendo con Edward! —susurró-gritó.

—Cállate —la regañé mientras miraba alrededor completamente paranoica de que alguien la hubiera escuchado. Afortunadamente, nadie lo había hecho.

—Ni siquiera tienes que admitirlo, ya lo sé —dijo con seguridad, ignorando mi paranoia.

—Qué… no tengo idea de qué estás hablando —le dije con los brazos cruzados delante de mí.

Me agarró del brazo y me llevó alrededor de la esquina a un área más solitaria.

—Tú y Edward están cogiendo, ¿verdad?

Puse los ojos en blanco.

—Ya te dije eso.

—Ya sabes lo que quiero decir… Están teniendo sexo… como, más que solo por el donante.

Le di mi mejor intento de una cara seria, pero lo perdí y terminé sonriendo.

—¡Lo están! —siseó—. No puedo creerlo, ¿cuándo pasó? La última vez que hablamos, tú eras todo negocios al respecto... quiero decir, era obvio para mí que querías más, pero tenías un caso grave de negación sucediendo.

—No era obvio —discutí.

—Oh, sí, lo era. Solo espero que seas mejor ocultándolo cerca de tu papá y hermano, porque de lo contrario, estarás en serios problemas —advirtió.

Resoplé.

—Lo sé. Rose, ¿qué voy a hacer? Se supone que van a regresar pronto, y no tengo idea cómo diablos voy a manejar nada de eso.

La idea de mi increíble hogar con Edward llegando a su fin era aterradora, y solo un recordatorio doloroso más de que estaba atrapada en la tierra del infierno adolescente y no tenía control sobre mi propia vida. No era justo. No había vivido como una niña con un padre involucrado en mucho tiempo, y honestamente no sabía cómo regresar a eso, pero lo más importante, no sabía cómo iba a volver a fingir que Edward no era la persona más importante en el mundo para mí.

—Todo saldrá bien —dijo Rose ofreciendo apoyo mientras me frotaba el hombro—. Ahora, quiero saber más sobre ti y Edward.

—¿Qué quieres saber? —le pregunté con un suspiro.

—¿Son como... una pareja ahora?

Podía sentir que me sonrojaba mientras trataba de ocultar la increíble energía que atravesó mi cuerpo ante la sola mención de él.

—No sé exactamente cuál es nuestra definición —respondí con sinceridad—. Quiero decir, no puedo hablar de él con nadie más que tú, así que realmente no puedo llamarlo mi novio, y aprendimos anoche que salir juntos es casi imposible, así que ni siquiera estamos realmente saliendo.

—Entonces solo son amigos que cogen… ¿Amigos monógamos que cogen, espero?

Asentí.

—Hablamos de eso. Él dijo que no quiere a nadie más. —¿Estaba sonriendo de nuevo? Era una idiota.

—Guau, Bella, no puedo creerlo. Te ves tan feliz —chilló.

—Lo soy… Él es increíble.

—Oh, quiero enamorarme así —dijo con nostalgia—. Realmente espero que todo te funcione.

—Gracias, Rose —le dije sinceramente—. Significa mucho para mí que me apoyes tanto.

—Bueno, me alegro de que hayamos vuelto a ser tan cercanas como solíamos ser.

—Yo también.

—Oh, y quiero ser la madrina de tu bebé —dijo casualmente.

Resoplé.

—Rose, te lo dije, lo voy a dar en adopción. Además, todavía no estoy embarazada, así que no tiene sentido hablar de eso.

—Con la forma en que lo han estado haciendo como conejos, es solo cuestión de tiempo —dijo con seguridad.

—Supongo… quiero decir, a menos que haya un problema… Oh, Dios mío, Rose, ¿qué pasa si hay un problema y no puedo tener hijos… o Edward no puede, y…?

—Bella, cálmate. No hay razón para pensar así, y preocuparte por algo que no puedes evitar no tiene sentido. Si resulta que no quedas embarazada, al menos sabrás que hiciste todo lo que pudiste. No es como si puedas ir por tratamientos de fertilidad.

Lo consideré por un minuto.

—¡Tienes dieciséis años! —prácticamente me gritó—. Ningún doctor en el planeta trabajaría contigo para embarazarte.

—Lo sé, tienes razón —dije con un suspiro—. Edward dijo que teníamos que simplemente vivir un día a la vez, y tengo que seguir recordándomelo.

Ella asintió.

—Bueno, estoy de acuerdo. Ahora, ¿cuándo regresan a casa tu papa y tu hermano?

Suspiré.

—En un mes… pero entonces Emmett va a estar en Seattle por un par de semanas más o menos, así puede familiarizarse con el hospital allí.

—Está bien, tu papá volverá a trabajar a tiempo completo, así que todavía tendrás algo de privacidad.

Asentí.

—Solo tenemos que resolverlo todo.

—Exactamente, y lo harás.

La confianza de Rose me hizo sentir un poco mejor, pero estaba segura de que me esperaba una larga batalla por delante, una que no terminaría realmente hasta que Emmett se curara y yo pudiera vivir legalmente mi vida como el adulto que sentía que era.

Cuando mi clase final terminó, prácticamente corrí hacia mi camioneta; había sido un día insoportablemente largo, y no podía alejarme de ese campus lo suficientemente rápido. Planeaba pasar por el supermercado para recoger algo para la cena, pero sin siquiera darme cuenta, me encontré deteniéndome en el estacionamiento del taller donde trabajaba Edward. Afortunadamente, no parecía ocupado, así que tenía una buena razón para esperar que tuviéramos un par de minutos de tiempo a solas antes de dirigirme a casa.

Solo había estado allí un par de veces antes, pero generalmente había alguien trabajando en la oficina, así que me sorprendió verla vacía, excepto por una anciana en el área de espera de la recepción leyendo una revista.

Ella me miró.

—Lo siento, cariño, el mecánico está solo hoy, así que está ahí afuera con mi auto.

Le sonreí amablemente.

—Está bien, puedo esperar.

Me senté en una de las sillas y agarré una revista, pero no pudo captar mi atención.

—Creo que voy a ir a ver cuánto tiempo más tardará —dije casualmente así la mujer no pensaba que estaba chiflada por ir al área de trabajo del taller.

—Puede ser un rato. Mi auto está bastante mal —respondió la mujer mientras yo atravesaba la puerta.

El taller era ruidoso y absolutamente helado, pero en el momento en que noté un par de piernas sobresaliendo de debajo de un auto, inmediatamente me sentí más caliente. Podrían haber diez tipos trabajando ese día y aún sabría que era Edward, sus largas piernas torcidas eran inconfundibles.

Me puse de rodillas y miré debajo del auto.

—¿Puedo ayudar? —le pregunté.

—Hola —dijo, emocionado de verme. Salió de debajo del auto y saltó a una posición de pie antes de atraerme hacia él para un abrazo cariñoso—. Esto es una sorpresa. No esperaba verte hasta esta noche.

—Lo sé, no podía esperar tanto.

—Bueno, estoy seguro de que me alegro de que estés aquí —dijo con una sonrisa antes de inclinarse para besarme, pero me aparté y miré hacia la gran puerta del taller que estaba abierta a la calle. Él debió haber entendido mi vacilación porque corrió hacia la puerta y la cerró antes de volver rápidamente y besarme apasionadamente.

—Mmm —gemí por la increíble forma en que sabían sus labios. Él olía a aceite de motor, pero nunca podría superar lo increíblemente sexy que se veía con su overol de trabajo—. ¿Crees que puedes tomar un breve descanso para un rapidito? —le pregunté.

Me besó de nuevo, pero luego se apartó.

—Desearía... Bueno, no, no lo deseo; no soy fan de los rapiditos. Lo que deseo es poder cerrar el taller temprano y llevarte a casa.

—¿Entonces por qué no lo haces? —le pregunté con esperanza.

—No puedo. Tengo que terminar el auto de la señora Kebi, y tengo dos citas más después de eso.

Resoplé.

—Está bien, bueno, supongo que me iré entonces. Necesito recoger algo para la cena y luego hacer mi tarea mientras se cocina.

Me sonrió.

—Suena bien.

Regresamos a la oficina y me sorprendió ver a un par de personas más esperando por servicio.

—Mierda, odio los clientes sin cita —escuché a Edward murmurar. Caminó detrás del mostrador y llamó al siguiente cliente. Tenía la intención de irme, pero en realidad me perdí en la forma en que Edward estaba hablando con todos. Era muy profesional y hablaba con inteligencia, sin inmutarse por nada que cualquiera le lanzara.

Luego la anciana regresó al mostrador.

—Eddie, realmente no puedo quedarme más tiempo. Necesito darle a Amun su medicación.

—Lo siento mucho, señora Kebi, todavía no está terminado. Déjeme hacer unas llamadas para ver si alguien puede pasar y llevarla a casa. Yo le entregaré personalmente el auto en su casa cuando esté terminado.

—Oh, eso sería maravilloso —dijo con una gran sonrisa desdentada.

—¿Sabes qué?, yo puedo llevarla a casa —le ofrecí.

—¿En serio? ¿No te importa? —preguntó Edward—. De hecho, ella solo vive a un par de cuadras de ti.

—Por supuesto que no me importa.

—Gracias —dijo con una sonrisa.

—Oh, ahora no lo sé —dijo la señora Kebi incómoda—. Amun dijo que nunca me suba al auto con extraños.

—Ella no es una extraña —le aseguró Edward—. Esta es Bella, la hija del jefe Swan.

—¿El jefe indio? —preguntó confundida.

—No, el jefe de policía —dijo Edward lentamente.

—Oh, está bien. Él es un buen hombre. Un buen hombre. —Me miró otra vez—. ¿Tienes la edad suficiente para conducir, cariño?

Forcé una sonrisa a pesar de que realmente quería fruncir el ceño ante su comentario.

—Tengo mi licencia —le dije.

—Está bien, cariño.

Después de que Edward me dio indicaciones para llegar a su casa, la acompañé al estacionamiento, pero entonces ella se molestó por la condición de mi camioneta.

—¿Estás segura de que esta cosa lo logrará? —preguntó preocupada.

—Por supuesto, Edward la construyó —le dije.

—Oh, ¿él lo hizo? Bueno, estoy segura de que es genial entonces —dijo inesperadamente—. Quiero a ese Edward. Es un joven tan maravillosamente talentoso. Siempre se asegura de que mi auto funcione y se esfuerza extra para arreglarlo cuando no lo hace.

—Él es bastante increíble —acordé.

Las siguientes semanas se hicieron eternas. La escuela y el trabajo ocupaban la mayor parte de nuestro tiempo, y cuando nuestras responsabilidades terminaban por el día, estábamos tan cansados que incluso nos fuimos a la cama sin tener sexo un par de veces. Vivíamos para los fines de semana, cuando podíamos pasar todo el día en la cama, recuperando el tiempo que perdíamos separados, pero los lunes siempre llegaban demasiado pronto.

Pero suponía que así era la vida. Sin embargo, una cosa era segura, mientras menos tiempo podíamos pasar juntos, más lo deseaba. Pensaba que se volvería más fácil, pero nunca parecía pasar.

A veces, cuando no tenía mucha tarea, visitaba a Edward en el trabajo y pasaba el tiempo con él en el taller mientras arreglaba los autos. Era difícil estar tan cerca de él y no tocarlo, pero estar allí en su presencia era mejor que no estar con él en absoluto.

Fue durante una de esas visitas que Edward recibió cierto cliente que realmente me hizo enojar.

—¡Oh Dios mío, Edward! Escuché que trabajabas aquí —se escuchó una voz desde afuera de la gran puerta del taller. Era un día lento, así que Edward se había estado tomando su tiempo en un nuevo problema con el viejo auto de la señora Kebi, y yo había estado pasando el tiempo y trabajando distraídamente en mi tarea de matemática cuando nos interrumpieron tan groseramente.

Edward miró a la rubia molestamente atractiva, y me asombró lo gratamente sorprendido que estaba de verla.

—Tanya Denali, ¿cómo estás?

—Bueno, necesito algo de trabajo en mi Mustang, y una vez que escuché que trabajabas aquí, supe que no había un mejor lugar para traerlo.

—Mételo, vamos a echarle un vistazo —le instruyó.

—Está bien, gracias —dijo ella con una sonrisa antes de desaparecer para recuperar su auto.

Edward se apresuró a limpiar el desastre que había hecho con el auto de la señora Kebi, y justo cuando terminó, un brillante auto rojo retumbó en el taller.

—¿Cómo diablos conseguiste un Mach 1 del 69? —preguntó Edward con entusiasmo cuando la rubia salió del auto. Él abrió el capó y de inmediato comenzó a examinar el motor.

—Era de mi abuelo y me lo dejó cuando se murió —explicó ella.

—Ah, hombre, es hermoso —dijo él distraídamente.

Y luego la chica hizo algo completamente desconcertante... comenzó a entrar en detalles sobre el auto. Era como si estuviera hablando en otro idioma, uno que Edward hablaba con fluidez y en el que estaba completamente absorto. Cómo diablos una mujer podía saber tanto sobre autos, no tenía idea.

Ella era hermosa, tenía un cuerpo increíble y estaba bien versada en algo en lo que Edward era extremadamente apasionado. Era absolutamente su pareja en todos los sentidos, y odiaba sus jodidas entrañas.

Los dos charlaron como viejos amigos por lo que parecieron horas, ignorando por completo mi presencia en la habitación. Traté de concentrarme en lo que estaba haciendo, pero una vez más sentí que mi edad se interponía mientras me sentaba allí y hacía la tarea mientras la hermosa Barbie coqueteaba abiertamente con el hombre que yo solo deseaba poder reclamar públicamente.

Edward finalmente descubrió cuál era el problema con el auto, y luego le dio una estimación de lo que costaría arreglarlo.

—Está bien, bueno, genial. ¿Cuándo crees que llegará la pieza? —le preguntó.

—Uh... puedo ordenarla hoy y pedir la entrega inmediata —respondió él.

—Perfecto. ¿Entonces supongo que puedo dejarlo aquí y recogerlo en un par de días?

—Sí, suena bien. ¿Necesitas que te lleven a casa? —le preguntó, y automáticamente me hundí en mi silla esperando que no me pidiera que la llevara... Por otro lado, suponía que llevarla yo sería mejor que dejarlos solos.

—Está bien; mi amiga me siguió hasta aquí y está esperando afuera —respondió ella.

—Está bien, genial —dijo él.

—Oye, estaba pensando, si no estás viendo a nadie, ¿tal vez podríamos salir alguna vez? —le preguntó descaradamente.

Edward miró instintivamente hacia mí por primera vez desde que ella entró al garaje, y ella captó su mirada y siguió su línea de visión.

—Oh, hola —dijo ella cuando me notó allí.

—Hola —dije inexpresivamente.

—Guau, te ves muy familiar —me dijo mientras trataba de descubrir quién era.

—Bella Swan —le dije.

—Oh, la hermanita de Emmett, cierto —dijo con una sonrisa, exponiendo sus perfectos dientes sobre blanqueados—. Guau, la última vez que te vi, tenías coletas. —Se giró hacia Edward—. La gran fiesta de cumpleaños número dieciséis de Emmett, ¿verdad?

—Uh, probablemente —dijo Edward con desdén.

—Dudo que tuviera coletas —dije, teniendo dificultades para ocultar mi tono amargo.

—No, creo que las tenías. ¿No era la época cuando tú y tu amiguita jugaban a disfrazarse y experimentaban con el maquillaje? Ustedes eran tan lindas.

—No tengo idea —mentí. La verdad era que ella en realidad tenía razón, sabía exactamente de lo que estaba hablando. Mis padres obligaron a Em a que nos dejara a mí y a Rose estar en su fiesta, así que nos emocionamos y nos hicimos "cambios de imagen" mutuamente. Pensábamos que nos veíamos increíbles en ese momento, pero recordándolo, estoy segura de que estábamos absolutamente ridículas y estaba avergonzada por la idea.

—Oh... bueno, es bueno verte de nuevo —dijo en un tono genuinamente amistoso—. ¿Cuántos años tienes ahora, de todos modos? ¿Catorce, más o menos?

Miré a Edward pero él se había ocupado nuevamente con el auto y ya no estaba prestando atención a nuestra conversación.

—Tengo dieciséis años —dije con amargura, aunque incluso yo admitiría que dieciséis no sonaban mucho mayor que catorce, lo que solo me molestó mucho más.

—Oh, qué dulce —respondió—. Extraño tener dieciséis años, todo era mucho más fácil en aquel entonces. Disfrútalo —dijo con una sonrisa antes de volverse hacia Edward—. Entonces, ¿qué piensas?

—¿Sobre qué? —le preguntó él distraídamente mientras comenzaba a juguetear con algo en el motor.

—Sobre salir en algún momento —dijo mientras pestañeaba en su dirección.

—Uh, lo aprecio, pero voy a tener que pasar —dijo amablemente.

—Oh, ¿estás viendo a alguien?

Él me miró de nuevo, pero ella no pareció darse cuenta esa vez.

—No, solo estoy muy ocupado en este momento.

—No estoy pidiendo una relación —dijo ella con una risa sin humor.

Negó con la cabeza.

—Lo siento, pero no estoy interesado. Pero te veré dentro de unos días cuando recojas tu auto.

Ella sonrió débilmente.

—Está bien, sí. Nos vemos entonces —dijo antes de irse por donde había venido.

Edward continuó revisando su auto como si no hubiera pasado nada, pero yo lo miré con incredulidad por unos minutos antes de perder mi batalla interna para quedarme callada.

—¿Ex novia? —le pregunté, tratando de sonar casual y no como la loca celosa que me sentía.

—¿Quién, Tanya? Ojalá —dijo él, sonando completamente serio.

—¿Disculpa? —pregunté sorprendida.

—¿Qué? No —dijo rápidamente—. Ella estaba un año por delante de Em y yo en la escuela. Todos los chicos querían salir con ella, pero siempre tuvo un novio estable.

—Bueno, supongo que ya no lo tiene —dije con amargura—. Tal vez finalmente puedas tener tu oportunidad.

Se encogió de hombros.

—Sí, supongo que podría, quiero decir, ella definitivamente estaba interesada —dijo casualmente, sorprendiéndome muchísimo.

Traté de contenerlas, pero mientras más enojada trataba de estar, más duro tenía que luchar para reprimir mis risitas. ¿Por qué demonios algo de esto era gracioso?

—¿Crees que a ella le importaría si además me estuvieras cogiendo? —le pregunté.

—Ella podría... pero pensé que habíamos acordado mantener ese pequeño detalle entre nosotros —me recordó mientras dejaba caer lo que estaba toqueteando. Luego se acercó a mí y me sujetó contra el mostrador donde estaba haciendo la tarea—. Podemos simplemente agregarla a la lista de personas que necesitan permanecer ignorantes de esto —dijo mientras me levantaba hasta sentarme sobre el mostrador donde envolví mis piernas alrededor de su cintura.

—Se está volviendo una lista bastante larga —le dije.

—Eso es verdad —acordó antes de inclinarse y besarme el cuello—. Entonces... ¿quién está en la lista de personas que pueden saber? —preguntó distraídamente mientras me besaba el pecho.

—Rose —dije, teniendo dificultades para recordar de lo que estábamos hablando.

—Mmmhumm —murmuró—. Entonces eso nos deja a Rose, a ti y a mí en la lista de personas que saben... y a todos los demás en la lista de personas que no pueden saber... incluyendo a mi nueva novia, Tanya.

—Especialmente ella —le dije, sin aliento—. Pero prometiste que no cogerías con nadie más mientras estuvieras cogiendo conmigo —le recordé.

—Está bien, solo le diré que me estoy reservando para el matrimonio.

—Uh-huh —le respondí mientras él comenzaba a desprenderme la camisa para tener mejor acceso a mi pecho—. Pero tampoco quiero que beses a nadie más... o te toquetees... o pases tu tiempo libre lejos de mí saliendo en citas con ella.

—Siempre puedo esconderme de ella; decirle que me he mudado del pueblo y mantener una relación a larga distancia por Skype —continuó mientras comenzaba a masajear mis pechos.

—Eso tampoco funcionará porque no quiero que... hables con ella —le dije, sin tener sentido pero sin saber realmente por qué diablos seguíamos con la estúpida conversación.

De repente y completamente sin advertencia, se apartó.

—Sin embargo, salir con Tanya tiene su lado positivo —dijo mientras se alejaba rápidamente de mí hacia la gran puerta del taller y la cerraba.

—Oh, ¿y qué es eso? —pregunté divertida.

Él regresó a mí y me agarró la mano antes de alejarme del mostrador y llevarme hacia el brillante auto clásico.

—Bueno, tengo acceso a este orgasmo sobre ruedas aquí —respondió con una sonrisa traviesa.

—Uh-oh —dije juguetonamente.

Me dio la vuelta así mi espalda estaba hacia el auto y él estaba delante de mí.

—Gah, esa es una vista hermosa —murmuró para sí mismo.

Me reí.

—¿Yo o el auto?

—Ambos… Juntos.

Sus labios atacaron los míos mientras procedía a completar su trabajo de quitarme la camisa. Me empujó hacia atrás así caía sobre el capó del auto, pero luego se asustó un poco.

—Oh, mierda, ¿tienes botones en la parte trasera de tus jeans? —preguntó mientras frotaba su mano sobre mi trasero.

—No, no lo creo —le dije.

Asintió.

—Será mejor que los saquemos solo para estar seguros. No quiero rayar la pintura.

Me reí de nuevo.

—Oh, está bien.

Me quitó los pantalones y aunque no había ninguna posibilidad de tener botones en mis bragas, también me las sacó.

—Sabes, me encanta como siempre estoy desnuda mientras tú estás completamente vestido —dije sarcásticamente.

Me levantó sobre el capó del auto y presionó su erección cubierta por el overol en mi entrepierna.

—No quiero estar desnudo, hace mucho frío aquí.

—Vaya, gracias —dije con falsa amargura.

Se rio y luego comenzó a sacarse el overol, seguido por la ropa que tenía debajo también.

—Siempre he querido hacer esto —dijo mientras se subía sobre mí, haciéndome recostar en el capó.

—¿Siempre quisiste tener sexo en el capó de un auto?

—No… bueno, sí, pero quiero decir en este específicamente. Siempre he querido tener sexo contigo en un Mustang Mach 1 del 69.

—¿Siempre? —dije con una risa—. ¿Incluso cuando tenía coletas? —pregunté, imitando el comentario anterior de la rubia sobre mí.

—Oh, bueno, sí, especialmente entonces.

—Eres un pervertido —bromeé.

—No me atraen todas las niñitas, solo tú —aclaró—. De hecho, ¿por qué no haces toda la cosa de las coletas para mí en este momento?

—No hay manera en el infierno —respondí casualmente.

—¿No? ¿Demasiado?

Arrugué la cara y asentí.

—Solo un poco.

—Supongo que solo tendremos que apegarnos a todo el tema de Sexo en el Mach 1.

—Buena idea —acordé.

Envolví mis piernas alrededor de su cintura y él se posicionó en mi entrada. Embistió lentamente, saboreando la sensación, y cuando estuvo completamente dentro de mí, hizo una pausa.

—Este es el mejor momento de mi vida —dijo distraídamente.

—Oh, cállate —dije con una risa.

Se retiró de mí y luego embistió de nuevo.

—No, espera, este es el mejor momento de mi vida —se corrigió.

Se repitió dos veces más antes de que tuviera suficiente.

—¡Está bien, deja de hablar ahora! —casi le grité. Se rio una vez, pero por lo demás hizo lo que le dije.

Después de que ambos llegamos al clímax, me bajé del auto y me vestí, pero él eligió posponer vestirse hasta después de examinar rápidamente el auto por algún daño que le pudiéramos haber causado en el acto. Simplemente puse los ojos en blanco.

—Mira, vas a tener que renunciar al auto —bromeé, aunque tenía que admitir que verlo pasar las manos sobre el capó mientras estaba desnudo, era definitivamente sexy. Estaba segura de que incluso Tanya estaría de acuerdo con eso.

—¿Esa eres tú haciéndome elegir entre ustedes dos? —bromeó Edward de regreso.

—Sí. Soy yo, o el auto. Elige.

—¿Puedo tener unos días para pensarlo?

Le tiré mi sudadera.


¡Hola!❤

Disculpen la demora. ¿Me cuentan qué les pareció el capítulo?

Gracias por sus reviews en el capítulo anterior😍: cavendano13, Techu, alejandra1987, Maryluna, cary, Yoliki, Adriana Molina, MariePrewettMellark, Marie Sellory, tulgarita, debynoe12, somas, solecitopucheta, Liz Vidal, saraipineda44, Pili, patymdn, Lady Grigori, Ele, Tecupi, Mel. ACS, Vanina Iliana, Lizdayanna, Lily, soledadcullen, Jade HSos, carol, Paola Lightwood, Tata XOXO, Isabelfromnowon, freedom2604, Kriss21, crysty Katy, lunaweasleycullen14, bbluelilas, kaja0507, Noelia, jupy, y los Guest.

¡Hasta el próximo capítulo!