Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de knicnort3, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
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Capítulo 17: Aferrándose
—¿A dónde vamos? —pregunté con una sonrisa mientras Edward nos llevaba a un lugar desconocido.
Me ofreció una sonrisa que era lo suficientemente brillante como para iluminar el mundo entero.
—Te lo dije, es una sorpresa.
Aunque odiaba las sorpresas, me encantaba la forma en que Edward se ponía todo emocionado como un niño pequeño cuando tenía una para mí… y me encantaba la forma en que mantenía su mano en la parte superior de mi muslo mientras conducía aún más. Pero cuando nuestro pequeño viaje sobrepasó la marca de las tres horas, comencé a ponerme ansiosa.
—Al menos dime cuánto tiempo más —me quejé como un niño pequeño.
—Otra hora… tal vez más —dijo con una sonrisa traviesa.
—Pero ya se está haciendo tarde. ¿Tendremos tiempo de hacer lo que sea antes de que tengamos que volver a casa?
—No te voy a decir nada —dijo, molestamente adorable.
Resoplé, pero luego se me ocurrió un plan juguetón. Coloqué mi mano sobre la suya en mi regazo, y luego lentamente comencé a empujarlas hacia mi entrepierna. Él no lo notó al principio, pero cuando su mano rozó el dobladillo de mi falda raída a propósito, me miró y sonrió.
—No va a funcionar —dijo a sabiendas.
—¿Qué? —Actué inocente.
—No voy a retrasar nuestro viaje deteniendo el auto para tener sexo.
Fruncí el ceño.
—Esto está tomando demasiado tiempo y soy impaciente.
—No eres impaciente, solo eres insaciable —dijo casualmente.
—Es cierto —acordé—. Pero es viernes a la tarde y quería celebrar el comienzo del fin de semana acostándome temprano, no haciendo un viaje insoportablemente largo.
—Mira, no tengo muchos fines de semanas largos libres, así que quería hacer algo divertido mientras todavía podamos. Piensa en esto como una escapada temprana por San Valentín.
—¿Fin de semana? —dije, inmediatamente animándome a un mejor humor—. ¿Quieres decir que nos vamos a quedar en algún lugar?
—Mierda… esa era parte de la sorpresa. —Hizo un puchero.
Me reí con entusiasmo, pero luego pensé en algo.
—Edward, no quiero que gastes tu dinero en cosas como esta.
—Bella, podríamos morir mañana, y entonces todos mis ahorros habrían sido para nada. ¿Recuerdas cuando decidimos vivir un día a la vez? Además, esto no va a costar mucho.
—Oh… ¿vamos a acampar en alguna parte? —le pregunté con cautela—. No empaqué nada de ropa.
—Yo empaqué para ti, y no, no vamos a acampar. Creo que te conozco un poco mejor para infligirte algo así.
—¿Empacaste para mí? Uh…
—Todo va a ser genial, ya lo verás.
—Todo siempre es genial contigo —le dije con sinceridad.
Una hora y media después, me sorprendí cuando llegamos a un hermoso y pequeño complejo turístico, y me horroricé cuando me di cuenta que era una estación de esquí.
—Uh… ¿pensé que habías dicho que esto no costó mucho? —le pregunté, sabiendo que cualquier cosa relacionada con esquiar era costosa.
—La habitación no me costó nada; la señora Kebi tiene un tiempo compartido aquí y me lo prestó por el fin de semana como agradecimiento por el tiempo extra que paso en sus autos.
—Eso fue muy… generoso de su parte —dije amablemente, tratando de enmascarar la ansiedad que sentía por la perspectiva de esquiar.
Estacionó el auto frente al lobby, y luego se inclinó y besó el costado de mi cabeza.
—Nena, relájate, no vamos a esquiar.
—¿No? —pregunté, inmediatamente mejorando mi humor.
—No, por supuesto que no; tienes dos pies izquierdos y nunca te pondría en riesgo haciendo algo así —dijo con una sonrisa torcida. Una parte de mí quería estar ofendida por su torpe comentario, pero la verdad era que tenía razón y era demasiado adorable para estar enojada.
—Bueno, ¿qué vamos a hacer aquí entonces? —pregunté con curiosidad.
—La señora Kebi dijo que tienen un spa y un montón de lindas tienditas por aquí. Hay un cine, restaurantes e incluso un salón de boliche. Podemos hacer lo que queramos y no tenemos que preocuparnos de que las personas nos vean juntos.
Sonreí ampliamente.
—O podríamos simplemente quedarnos en nuestra habitación todo el fin de semana.
Me devolvió la sonrisa y luego se inclinó para besarme tiernamente en los labios.
—De ninguna manera —dijo inesperadamente—. Podemos tener sexo toda la noche y dormir la mitad del día, pero definitivamente vamos a salir. Podríamos habernos quedado en casa y no salido de la cama, así que vamos a aprovechar la ventaja de estar tan lejos de cualquiera que nos conozca.
—Tienes razón… y no puedo esperar —le dije con sinceridad.
Salimos de la camioneta y él sacó una maleta grande de abajo de la cubierta de la cama, y luego entramos al lobby para registrarnos.
Nos llevaron a nuestra habitación, y me quedé absolutamente sin palabras ante la suite extremadamente grande que nos mostraron.
—¿Es realmente aquí donde nos vamos a quedar? —pregunté sorprendida.
—Está bastante bien, ¿eh?
—Es asombrosa.
Cuando nos quedamos solos, Edward puso la maleta junto a la puerta del baño y tuve que admitir que me encantaba la forma en que empacó las cosas de ambos en una sola, era muy doméstico. Sin embargo, estaba nerviosa por lo que me trajo; los chicos realmente no tenían ni idea de lo que una chica querría mientras estaba lejos de casa.
Entré en el dormitorio y me quedé mirando las hermosas comodidades por unos minutos antes de que Edward se acercara por detrás y envolviera sus brazos alrededor de mi cintura para abrazarme.
—¿Qué vamos a hacer con tanto espacio? —pregunté, refiriéndome a la cama king extra grande frente a nosotros. Estábamos obligados a dormir enredados juntos en mi cama en casa debido a lo grande que era Edward… no es que me estuviera quejando.
—Estoy seguro de que encontraremos una forma de usar el espacio —murmuró mientras besaba la piel en el costado de mi cuello.
—Definitivamente podemos usarlo —acordé distraídamente, dejando que la increíble sensación de sus labios me llevaran a una bruma de deseo.
Y usar el espacio es lo que hicimos… pero no solo ese espacio… todos los espacios de la suite. Desde la cama, al sofá, a la ducha, al jacuzzi... incluso el piso, aunque tuve que tratar de no pensar en lo asquerosos que podían ser los pisos en lugares como ese.
Dormimos hasta tarde la mañana siguiente, y cuando despertamos tuvimos sexo una vez más antes de decidir prepararnos para salir de la suite. Sin embargo, cuando miré dentro de la maleta, mis preocupaciones anteriores se justificaron.
—¡Edward! —dije frustrada mientras revisaba las cosas que me había traído y no podía encontrar ninguna ropa interior normal.
—¿Qué? —preguntó, pero sonrió rápidamente cuando vio el problema—. Esas son sexy —dijo como un típico chico mientras yo tiraba el tercer par de bragas de encaje negro a un lado. Sin embargo, lo que era peor, era el hecho de que yo no tenía ningunas bragas de encaje negro.
—¿De dónde vinieron estas?
—Eh, me gusta coleccionarlas de todas las chicas que me cojo —dijo casualmente. Lo fulminé con la mirada, así que se rio—. Las compré en la tienda el otro día. Pensé que se te verían sexy.
Me reí.
—Puedo imaginarte caminando por la sección de lencería femenina.
—Me encanta esa sección. Creo que me convertiré en un cliente regular.
—Edward, ¿qué pasa si alguien te vio allí? La gente va a empezar a hablar —le dije, completamente paranoica.
—Mucha gente me vio... Pero les dije que eran para mi madre —bromeó.
—Eres un idiota —le dije mientras le lanzaba un par y luego de mala gana me ponía uno de los otros pares.
…
Comenzamos caminando por la calle para mirar algunas vidrieras. Generalmente odiaba comprar, pero el hecho de que pudiéramos tomarnos de la mano con confianza hizo que valiera la pena. Nos detuvimos en una pequeña cafetería para almorzar y nos besamos por primera vez en público mientras esperábamos nuestra comida. Todo era mágico y por una vez, no me sentí como la estúpida de dieciséis años que generalmente me definía; solo era una mujer, perdidamente enamorada del hombre con el que estaba.
Unas horas más tarde, nos dirigimos de regreso al centro turístico y entrelacé mis dedos con los suyos tan pronto como salimos de la camioneta, pero por una razón que no entendí, él apartó su mano de la mía.
—Oye —protesté—. Pensé que el punto de estar aquí era hacer un poco de demostración pública de afecto lejos de la vista de todos los que nos conocen.
—Lo es, pero… —Dejó su oración incompleta porque una explicación ya no era necesaria.
—Oh, Dios mío, no es simplemente perfecto —dijo Rose mientras ella y su padre se acercaban a nosotros.
—Rose, ¿qué estás haciendo aquí? —le pregunté, sorprendida de verla tan lejos de casa.
—Tú me invitaste, por supuesto —dijo sugestivamente mientras señalaba a su papá—. Eres tan graciosa —añadió con una risa falsa.
—Oh… Uh… Hola, señor Hale —dije, sintiéndome comenzar a sonrojarme.
—Es bueno verte, Bella —respondió el papá de Rose, y luego se giró hacia Edward—. ¿Estás seguro de que puedes acompañarlas durante todo el fin de semana?
—Claro, no hay problema —respondió Edward sin inmutarse. Al parecer, él sabía que esto iba a pasar, aunque no podía imaginar por qué.
—Está bien, diviértanse. ¿Y vas a conducir a casa con ellos? —le preguntó el señor Hale a Rose.
—Síp, ese es el plan —respondió ella con una sonrisa.
El señor Hale besó a Rose en la coronilla, y luego estrechó la mano de Edward antes de girarse y subirse a lo que parecía un Mercedes con chofer.
Los tres observamos la dirección por la que se fue su auto por un momento antes de que me girara y mirara a Edward y Rose de forma interrogante.
—De acuerdo, ¿qué está pasando?
—Larga historia —dijo Edward con cansancio.
—Sí, es una especie de larga historia —acordó Rose—. ¡Pero esto seguro va a ser divertido! Estoy muy contenta de que también tengamos lunes y martes libres.
—¿Desde cuándo tenemos lunes y martes libres? —le pregunté confundida.
—Edward, realmente necesitas dejar de cogerla tanto, su cerebro ya no funciona muy bien —respondió Rose casualmente—. La escuela está cerrada por suspensión laboral, o alguna mierda así. Quién sabe para qué sirve, solo me alegra que no tengamos que ir.
—Um... está bien, ¿por qué no vamos adentro y hablamos sobre todo? —sugirió Edward. Agarró la maleta de Rose y nos llevó de regreso a nuestra suite.
—¡Guau, este lugar es increíble! —dijo ella con emoción cuando entramos. Miró hacia el dormitorio pero luego se apresuró al baño y cerró la puerta—. ¡Huele a sexo aquí! —gritó.
—¿Qué está pasando? —le pregunté a Edward, irritada por la interrupción de mi mejor amiga.
Resopló.
—En realidad quería decirte sobre ella ayer, pero... sí, lo olvidé por completo. Tal vez ella tiene razón sobre que tenemos demasiado sexo.
—Pfft, no hay tal cosa como demasiado —discrepé en broma—. ¿Y? —pregunté, incitándolo a explicar la presencia de ella en nuestro nido de amor.
Resopló y luego tomó mi mano antes de llevarme al sofá para sentarnos, bueno, él se sentó en el sofá, yo en su regazo.
—Cuando la señora Kebi me habló por primera vez sobre usar su tiempo compartido, ella mencionó el hecho de que escuchó que te había estado... cuidando. Así que me preguntó si quería que ella te cuidara mientras yo me iba —dijo con una risita.
Fruncí el ceño, así que continuó.
—De todos modos, le dije que te llevaría conmigo porque te gusta mucho esquiar. Pero luego ella mencionó la idea de pedirle a un amigo tuyo que también fuera, de esa forma tendrías alguien con quien salir mientras yo... salgo y hago cosas de adulto. —Comenzó a reír de nuevo, sabiendo muy bien que odiaba cuando la gente me llamaba niña, así que lo golpeé juguetonamente y esperé a que terminara la historia—. No sabía cómo responder, así que le dije que era una gran idea y que a tu amiga Rose probablemente le encantaría venir. No estaba planeando invitarla de verdad, pero de todas las cosas al azar, el señor Hale eligió ese momento para entrar a hacerle una revisión a su auto. La señora Kebi fue directamente hacia él y le preguntó si Rose podía ir. Estaba en una especie de encrucijada.
—Oye, estoy ofendida por esa declaración —dijo Rose mientras salía del baño.
—Lo siento —murmuró Edward—. Pero yo soy el que debería estar ofendido. No sé cómo mis vacaciones se convirtieron en un viaje de niñera —bromeó él.
—Solo agradece que hice que mi papá me trajera aquí hoy en lugar de venir con ustedes ayer —le dijo Rose—. No es como si no hubieran tenido algo de tiempo para ustedes.
El padre de Rose era un piloto de helicóptero que daba paseos turísticos por todo Washington, lo que también significaba que podía llevar por vía aérea a su familia a donde quisieran, incluso con poca antelación. Ella había tratado de llevarme a lugares con ellos en el pasado, pero siempre fui demasiado cobarde para aceptar. Y sí, estaba agradecida de que nos diera a Edward y a mí algo de tiempo para nosotros; realmente era una buena amiga.
—Bueno, gracias por venir y cubrirnos —le dije—. Estoy segura de que podrías pensar en mil formas diferentes en las que preferirías pasar tu fin de semana de cuatro días que aquí con nosotros.
—No seas ridícula. No puedo esperar para verlos cariñosos y mostrándose su amor en público por todo el pueblo, tortolitos —dijo ella con una risita.
Puse los ojos en blanco en su dirección. Ella había estado en nuestra casa un par de veces antes y había sido testigo de nuestro cariño, pero iba a ser extraño hacerlo en público con ella allí para verlo. Me sentía tan protectora con nuestro secreto que era difícil relajarse incluso con una amiga de confianza como Rose.
Cuando ella estuvo instalada con su maleta y el sofá cama, los tres salimos a buscar un lugar para cenar.
Estábamos sentados en un reservado, así que Edward y yo nos sentamos juntos, y Rose estaba frente a nosotros sonriendo como una gran idiota cada vez que me apoyaba en él o que él me besaba la sien.
—Ustedes son tan lindos —nos dijo… como quince veces.
Todos comentamos lo hambrientos que estábamos, pero cuando llegó la comida, extrañamente no tenía ganas de comer. El repentino cambio en mi apetito provocó la comprensión que marcaría el comienzo del mayor cambio que mi vida emprendería…
—¿Estás bien? —preguntó Edward preocupado.
—Sí... no lo sé, me siento un poco rara —le dije.
—¡Oh Dios mío, estás embarazada! —casi gritó Rose.
Edward instintivamente apretó su agarre en mi mano.
—No, probablemente es solo... por el viaje —dije rápidamente.
—¿Cuándo fue tu último periodo? —me preguntó ella, de repente poniéndose seria por primera vez desde que llegó.
—Uh... alrededor de Navidad —le dije, tratando de recordar el día exacto.
—Bueno, eso fue hace unas cinco semanas —dijo ella, tomándome por sorpresa. ¿De verdad habían pasado cinco semanas?
—Estoy retrasada —dije distraídamente con incredulidad.
Rose chilló emocionada, pero Edward y yo nos quedamos sentados como estatuas.
—No lo sabemos con seguridad —dije después de unos minutos.
—Está bien, voy a correr a esa farmacia de la esquina y comprar una prueba —dijo Rose apresuradamente—. Edward, llévala de regreso al hotel y ponla cómoda, los encontraré allí.
Ni siquiera esperó que le respondiéramos antes de salir del reservado y prácticamente salir corriendo del restaurante. Edward y yo nos sentamos allí en silencio por unos minutos más antes de que él suspirara y tirara de mi mano para que me levantara. Dejó un billete de cincuenta para pagar nuestra cuenta y luego salimos sin decirnos una palabra.
Era extraño; lo habíamos planeado, lo intentamos, lo esperábamos, y sin embargo, fue un shock total. En cierto modo, era casi surreal, y no estaba segura de cómo sentirme al respecto.
—Por favor di algo —dije cuando finalmente regresamos a la suite y él todavía no había hablado. El silencio estaba comenzando a volverme loca y una parte de mí solo necesitaba escuchar su voz para calmar mis nervios.
Él parpadeó y sacudió la cabeza lentamente.
—No sé qué decir. Quiero decir, no sé por qué estoy tan sorprendido. Este era el plan, ¿verdad? —respondió, haciendo eco de mis propios pensamientos.
Asentí.
—Pero ella podría estar equivocada. Tal vez… tal vez sea una falsa alarma.
—¿Qué te dice tu instinto? —me preguntó inesperadamente.
—¿Qué quieres decir?
—Desde el comienzo de esto, has tenido mucha... convicción. Es parte de la razón por la que accedí a esto en primer lugar. Así que, ¿qué te dice tu instinto ahora?
Me tomé un minuto para realmente pensarlo; para tratar de despejar mi mente y solo escuchar a mis instintos. Mi mano involuntariamente bajó a mi estómago, y lo supe. No había ninguna duda en mi mente.
—Estoy embarazada.
Edward asintió distraídamente. Se veía un poco pálido, como si fuera a enfermarse, pero antes de que tuviera la oportunidad de preguntarle al respecto, Rose entró corriendo a la habitación.
—Está bien, tengo todo lo que necesitas —dijo con entusiasmo, y luego procedió a vaciar el contenido de la bolsa que estaba cargando sobre la mesa de café.
—¡Oh Dios mío, Rose! —dije sorprendida. No solo compró una prueba de embarazo, sino que también compró vitaminas prenatales, galletas saladas, chupetines, y...—. ¿Brócoli congelado? —pregunté confundida.
—Leí que las mujeres embarazadas necesitan muchas verduras —explicó ella—. Los chupetines y las galletas se supone que ayudan con las náuseas matutinas.
—No tengo náuseas matutinas —le dije.
—Bueno, todavía no. Pero, en realidad, Bella, es bueno comprar estas cosas aquí porque puede generar preguntas si las compras en la tienda en casa.
—Es cierto. Quiero decir, siempre podría decir que estoy preparando una sopa de brócoli y queso, lo que también explicaría las galletas, pero comprar las vitaminas sería difícil —medio bromeé—. Gracias, Rose.
—¿Qué diferencia hace? —dijo Edward de repente—. De todos modos la gente lo descubrirá con el tiempo. No es como si pueda ocultarlo. —Su tono estaba tenso, como si estuviera a punto de colapsar o tener un ataque de nervios, lo que solo hizo que me preocupara aún más por él.
—Edward, va a estar bien —le dije en voz baja. Envolví mis brazos alrededor de su cuello y lo bajé a mi nivel para que su frente descansara sobre mi hombro. Él estaba comenzando a asustarse, y necesitaba que fuera fuerte en caso de que yo terminara asustándome... lo que definitivamente podía sentir viniendo—. Lo superaremos... juntos.
—Tu papá va a matarme —murmuró sin levantar la cabeza—. Yo debería matarme.
Quería estar molesta porque habíamos hablado sobre eso tantas veces antes, que era bastante tonto de su parte tener esa reacción y regresar a sentir culpa y autodesprecio, pero la verdad era que lo entendía. Hablar sobre eso y realmente vivirlo eran dos cosas completamente diferentes. Ya no era solo una idea… era real. Estaba embarazada y no había vuelta atrás.
—Nadie va a saber sobre esto… al menos no por un tiempo —murmuré, todavía frotando su nuca tiernamente—. Y mi papá no te va a matar. ¿Por qué lo haría cuando él nunca va a saber que formaste parte de esto?
Él hizo un ruido extraño que realmente no podía describir, antes de alejarse de mí.
—¿Cómo diablos se supone que me quede de brazos cruzados y no diga nada cuando todo salga a la luz?
—Porque eso es lo que necesito que hagas —le dije lentamente mientras pronunciaba cada palabra para que supiera lo importante que eran—. Edward, si alguien se entera de esto, podrías ser arrestado.
—No me importa eso.
—A mí me importa.
—Bella, prefiero pasar el resto de mi vida en la cárcel que dejarte pasar por esto sola.
—Pero si vas a la cárcel, entonces estaré sola. Si alguien sabe la verdad, te alejarán de mí… y te necesito —dije con tanta fuerza como podía, pero la voz me falló y se quebró al final.
—Voy a ir a la cafetería del hotel —dijo Rose en voz baja. Apenas lo noté.
En el momento en que ella salió de la suite, Edward me envolvió en sus brazos de nuevo y me abrazó como si el mundo estuviera a punto de terminar.
—Te amo mucho —susurró.
—Yo también te amo —dije, sonando amortiguada por la forma en que mi boca estaba presionada contra su hombro. Me aparté lo suficiente para mirarlo a los ojos—. Tienes que prometerme, Edward. Prométeme que no le dirás a nadie que eres el padre. Mientras lo mantengamos en secreto, podemos estar juntos.
—Cuando tu papá y tu hermano regresen, tendré que mudarme —dijo con cuidado—. Ya no podré fingir que me quedo en la habitación de Em, y tu papá no querrá que duerma en el sofá. He estado viviendo allí sin pagar alquiler por más de un año mientras tengo un trabajo estable. Él no se va a creer que no puedo pagar mi propio lugar.
—Pero... —Mi pecho se contrajo y podía sentir que me hundía lentamente en el pánico—. Pero todavía estarás cerca, ¿verdad? Quiero decir, para visitar a Emmett. Es decir todavía podremos encontrar formas para estar juntos, ¿verdad?
—Tu papá trabajará mucho. Si podemos encontrar una manera de evitar a Emmett... Se nos ocurrirá algo —dijo con confianza—. Conseguiré un departamento barato o algo así, tal vez podamos encontrar tiempo para encontrarnos allí. Pero cuando tu padre se entere del embarazo, apenas te dejará salir de la casa. Todo está a punto de ponerse muy difícil.
Asentí.
—Es por eso que voy a ocultar mi estómago el mayor tiempo posible. Pero sabíamos que esto iba a ser difícil. Hablamos sobre esto y lo haremos funcionar. De alguna forma lo haremos funcionar —le dije, aunque no estaba segura si estaba tratando de convencerlo a él o a mí. La verdad era que estaba absolutamente aterrorizada. No por el embarazo ni por la reacción de mi familia, tenía tanto miedo de perder a Edward que realmente comencé a temblar.
Él reconoció mi miedo y me abrazó con más fuerza.
—Prométemelo —dije de nuevo porque él todavía no había dicho las palabras—. No importa lo difícil que se ponga, no le dirás a nadie la verdad.
Lo miré de forma suplicante mientras esperaba escuchar lo que necesitaba que dijera.
Me miró profundamente a los ojos como si estuviera buscando algo, y luego respiró hondo y lo dejó salir lentamente hasta que sus pulmones parecían completamente desinflados.
—Lo prometo —dijo finalmente, no más alto que un susurro. Parecía y sonaba derrotado, como si acabara de librar una guerra tumultuosa que le drenó la luz. Eso me puso increíblemente triste—. Por qué no te haces la prueba... solo para estar seguros —sugirió, manteniendo el mismo tono exhausto.
Asentí y lentamente salí de su abrazo para hacer la prueba que Rose me había dejado. Las instrucciones decían que era mejor hacerla en la mañana, pero como había dos en una caja, supuse que no podía estar mal hacer una de inmediato.
Entré al baño e hice pis en el palito, y luego me senté en el borde de la bañera mientras observaba de forma aturdida la tenue línea rosa que se movía por la ventana dejando dos líneas rojas brillantes en su estela. Quería salir del baño y esperar los tres minutos con Edward, pero estaba congelada en el lugar. Incluso después de que la prueba confirmó mi embarazo dejando mi pequeño nivel de duda completamente vencido, simplemente no podía moverme.
No tenía idea de cuánto tiempo pasó, pero de repente hubo un sonido de golpeteo, sacándome de mi estupor.
—¿Bella? —preguntó Edward con ansiedad desde el otro lado de la puerta—. ¿Estás bien?
Me obligué a levantarme y abrir la puerta, aunque no estuviera cerrada con llave, y solo le asentí, incapaz de encontrar las palabras correctas. Le entregué el palito, que él miró, pero no estaba sorprendido en absoluto. Simplemente me envolvió en sus brazos de forma segura, y me levantó cuando colapsé en él.
Todo era tan abrumador que debí haberme mareado por el peso de todo, pero afortunadamente él estaba allí para atraparme. Recé con todo mi corazón para que siempre pudiéramos contar con el otro así.
Me llevó al dormitorio y cerró la puerta detrás de nosotros para que cuando Rose regresara, ni siquiera lo notáramos. Me puso suavemente en la cama y luego se recostó a mi lado, acurrucándome contra su cuerpo como si tratara de evitar que me rompiera. Traté de contenerlo, pero todo era demasiado y comencé a llorar.
No tenía idea de cuánto tiempo lloré, pero cuando finalmente me calmé, me di cuenta que él todavía me estaba abrazando con fuerza, pero también me estaba acariciando el cabello, la espalda, y cualquier otra cosa que pudiera alcanzar, simplemente buscando el lugar que sería más relajante. Pero incluso más que por sus caricias, mi corazón se hinchó al escucharlo tararear una especie de nana. Era absolutamente hermoso y una parte de mí deseaba poder escucharlo para siempre.
Me callé y me quedé quieta para escucharlo mejor, pero él debió pensar que me había quedado dormida porque dejó de tararear.
—¿Edward? —pregunté después de unos segundos de silencio.
—¿Sí? —respondió él suavemente.
—¿Me harás el amor? —Lo tenía rodeándome por completo, pero no era suficiente; también lo necesitaba dentro de mí.
Me besó la frente con dulzura antes de mover sus labios a la punta de mi nariz, luego a mis labios, luego a mi barbilla y finalmente a mi cuello. De alguna forma nuestra ropa terminó en el piso y él estaba justo donde lo necesitaba, en mis brazos y dentro de mi cuerpo, tan cerca que no era posible estar más cerca.
Se movió dentro y fuera de mí tan tiernamente, tan apasionadamente amoroso, que estaba consumida por la confusión. ¿Cómo podía lo que teníamos estar mal? A pesar de mi edad y de las otras razones insignificantes por las que no deberíamos estar juntos, ¿cómo podría alguien decirnos que no teníamos derecho a amarnos de esa forma? Simplemente no tenía sentido para mí, pero una vez más, él me daba la fuerza que necesitaba para recuperar mi confianza. Encontraríamos una forma para permanecer juntos. Nuestro amor era real y fuerte, y nos ayudaría a salir adelante.
Después de que terminamos, continuamos abrazándonos mientras nos quedábamos dormidos... bueno, ambos fingimos dormir. En un momento, abrí los ojos y miré su cara solo para verlo apretando los ojos con una expresión casi de dolor. Pero no era como si estuviera tratando de engañarme, de alguna forma sabía que él solo estaba solucionando todo en su mente, tratando de darle sentido a todo lo que estaba sintiendo, igual que yo.
Cerré los ojos de nuevo, y los mantuve cerrados incluso cuando lo sentí moverse a mi lado. Él se estaba levantando y aunque me moría por saber lo que estaba haciendo, algo me dijo que permaneciera como estaba. Tomó cada gramo de fuerza de voluntad que tenía para mantenerme quieta cuando sentí las mantas ser retiradas, seguido de su mano acariciando muy suavemente mi abdomen desnudo. Pero cuando sentí el cosquilleo de su cabello en mi piel cuando se inclinó para besarme el ombligo, perdí la batalla.
Llevé mi mano a su cabeza y pasé los dedos por su cabello mientras él apoyaba suavemente la cabeza contra mi estómago. Sabíamos que ambos estábamos despiertos, pero ninguno de los dos habló. Era un momento increíblemente surrealista, probablemente el más surrealista de todos los momentos surrealistas que había experimentado desde que estaba con él, y las palabras no eran necesarias para que nos entendiéramos.
Estábamos conectados, unidos de por vida, y nada ni nadie nunca podría hacer nada para cambiar eso...
¡Hola!
Gracias por leer y disculpen la demora. ¿Me cuentan qué les pareció el capítulo?
Gracias por sus reviews en el capítulo anterior: alejandra1987, Yoliki, patymdn, Lily, tulgarita, Adriana Molina, somas, saraipineda44, Pili, Adriu, Techu, Vanina Iliana, Tata XOXO, Lady Grigori, Melany, cavendano13, Mel. ACS, Liz Vidal, Marie Sellory, Tecupi, Maryluna, freedom2604, debynoe12, Adriana Molina, Lizdayanna, bbluelilas, Jade HSos, Paola Lightwood, MariePrewettMellark, marme, Kriss21, jupy, cary, y los Guest.
¡Hasta el próximo capítulo!
