Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de knicnort3, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Link de la historia original: www fanfiction net /s/ 8641927 /1/ Against-the-Odds
Capítulo 18: Perceptiva
—¡Mira por donde mierda vas! —espetó Edward con ira. Estábamos caminando por la calle, tratando de disfrutar de lo que quedaba de nuestro fin de semana, cuando un hombre accidentalmente me chocó, enviando a Edward en un loco modo sobreprotector.
—Lo siento —se disculpó el hombre con nerviosismo. El pobre hombre probablemente pensó que Edward lo iba a golpear por lo enojado que estaba.
—Estoy bien. Fue un accidente, cálmate —le dije a Edward, pero me ignoró y siguió fulminando con la mirada al hombre hasta que lo pasamos y estaba fuera de nuestra línea de visión.
—Alguien está un poco nervioso —murmuró Rose en voz baja.
Decir que Edward estaba nervioso era un eufemismo. Nuestro futuro juntos estaba tan confuso que me sentía completamente impotente, y era obvio que él estaba sintiendo lo mismo. Los chicos no tomaban muy bien el sentirse impotente; los hacía sentir débiles, así que recurrían a la ira como una máscara. Había visto a mi padre y a mi hermano demostrar el mismo comportamiento en el pasado, así que reconocí los signos en Edward con facilidad. Solo me alegraba de que él no convirtiera esa ira en distancia como lo había hecho antes. De hecho, parecía que estaba haciendo exactamente lo contrario, me mantenía lo más cerca posible, físicamente de todos modos. Su agarre de hierro en mi mano mientras caminábamos era casi doloroso.
Ambos estábamos preocupados por lo que nos depararía el futuro, estuvimos despiertos la mitad de la noche antes de hablar sobre ello, pero yo era mejor pretendiendo vivir con la filosofía de "un día a la vez" que él. Él había querido ir a casa esa mañana, pero me negué a irme todavía...
—Fuiste tú quien dijo que no tendremos muchas oportunidades de estar juntos en público, y eso es aún más cierto ahora —le había dicho.
Así que Edward, Rose y yo pasamos el día caminando por la tienditas y haciendo turismo, solo intentando disfrutar de lo que quedaba de nuestras mini vacaciones. Si éramos honestos con nosotros mismos, sabríamos que no íbamos a tener otro, al menos no por mucho tiempo.
Hice un buen espectáculo de estar interesada en todo, pero mientras más intentaba no pensar en el ser humano creciendo en mi abdomen, más lo hacía. El bebé era una constante en mi mente, y durante los momentos de silencio que llenaban las grietas entre las conversaciones, me encontraba preguntándome lo diferente que todo iba a ser dentro de un año. ¿Sería una persona completamente diferente? ¿Mi yo de hoy reconocería a la persona en la que me convertiré? Estaba aterrorizada por el pensamiento.
Pero además de los pensamientos de mi vida cambiando, mi mente también se dirigía a quién se convertiría la persona dentro de mí. ¿Sería él o ella inteligente, cariñoso, hermoso como su padre? ¿Cuál sería su color favorito y qué tipo de comida le gustaría? Todas eran preguntas que no tenía forma de responder en este momento, pero aun así no podía dejar de preguntármelas en silencio.
Y entonces un pensamiento diferente entró en mi mente; una sombra, algo más oscuro que seguía a los pensamientos más agradables alrededor como una nube siniestra amenazando en la distancia. ¿Cómo alguna vez conseguiría las respuestas sobre mi bebé si no estaba cerca para ver lo que sucedía? Nunca conocería los gustos y las aversiones del bebé, y nunca lo vería crecer para parecerse a su padre, porque no estaría allí para nada. Si todo salía según lo planeado, el bebé salvaría a Emmett y luego se lo llevarían para que lo criara otra persona. El pensamiento me hizo sentir mal del estómago... literalmente.
—¡Oh, hombre! —gritó Rose cuando mi cara se puso verde antes de que vomitara por todo el costado de un edificio.
Los brazos de Edward me rodearon al instante, y me sostuvo como solo él podía mientras vaciaba el contenido de mi estómago en el piso. Tenía que ser una de las cosas más vergonzosas que me pasó. No solo estaba vomitando frente a Edward y Rose, sino que estaba haciéndolo en público, con turistas asqueados pasando por allí y mirando boquiabiertos como preocupados y disgustados metiches. Solo estaba agradecida de que no estuviéramos en Forks; nunca podría vivir algo así en un pueblo tan pequeño.
—Y comienzan las náuseas matutinas —dijo Rose con una mezcla de simpatía y emoción.
—Es la mitad de la tarde —refuté débilmente.
—Sabes, mi prima decía que la parte "matutina" de las náuseas matutinas no era realmente precisa. Ella estuvo enferma todo el día durante tres meses seguidos.
—Ugh —gemí.
Después de enfermarme por tercera vez ese día, Edward no pudo soportarlo más e insistió en que regresáramos a casa. Ya no tenía la energía para discutir con él por eso, así que finalmente acepté. Estaba decepcionada al principio, pero luego me di cuenta de que, de todos modos, ya no nos estábamos divirtiendo exactamente, así que realmente no tenía sentido estar allí.
El viaje de cuatro horas a casa fue bastante incómodo. Rose habló sin parar, Edward reflexionó en silencio sobre todo, y yo me encontré asustándome por cada pequeño bache en la carretera por el que la camioneta rebotaba. ¿Podía sentirlo el bebé? Tal vez estaba asustado. Lógicamente, sabía que actualmente el bebé no era más que un montón de células en división, pero aun así. Realmente necesitaba dejar de obsesionarme; solo deseaba saber cómo.
…
Durante las próximas semanas, el vómito solo empeoró. Simplemente parecía no disminuir, y con cada día que pasaba, Edward se ponía más ansioso e inquieto.
—Realmente necesitas ir al doctor —dijo mientras me sujetaba el cabello mientras terminaba de vomitar una tarde.
Me enjuagué la boca rápidamente con Listerine y luego me salpiqué agua en la cara antes de mirarlo.
—Estoy bien, esto es perfectamente normal. Lo busqué en internet —traté de asegurarle con una sonrisa débil. De hecho, me sentía bien después de que mi estómago se vaciaba. Era capaz de mantener pequeñas comidas a lo largo del día, pero ciertas cosas hacían que mi estómago protestara en violentas explosiones. Era bueno que tuviera internet para asegurarme que todo iba a estar bien, de lo contrario ya me habría vuelto completamente loca por la preocupación.
—De cualquier forma, necesitas atención prenatal —replicó.
—Nadie solía tener atención prenatal —le espeté indignada—. Y mira, la raza humana sobrevivió. —No quería ser tan grosera, pero de vez en cuando mis hormonas sacaban la mega perra en mí.
La cosa era que teníamos la misma conversación... todos los días, y comenzaba a ser agotador. Tomaba las vitaminas religiosamente y comía lo más saludable posible, pero todavía no quería ir al doctor. Era menor de edad, así que no estaba segura si la confidencialidad del paciente seguía vigente y no podía encontrar una respuesta directa en la web. Solo recodaba cómo el doctor llamó a los padres de Rose cuando ella trató de conseguir un método anticonceptivo, así que estaba asustada de que hicieran lo mismo conmigo. Sin embargo, independientemente de su habilidad para delatarme o no, los pueblos pequeños significaban consultorios médicos pequeños. Solo había dos obstetras en Forks, así que estaba segura de que me encontraría a alguien que conocía en la sala de espera, por no mencionar que las enfermeras eran en su mayoría recién graduadas de la secundaria de Forks y conocían a mi hermano. Todavía no estaba lista para que mi secreto saliera a la luz, así que iba a posponerlo el mayor tiempo posible.
—Bueno, la tasa de mortalidad por embarazo solía ser mucho más alta en ese entonces —siguió Edward, enojándose más y más mientras la discusión continuaba.
—Voy a estar bien —le dije frustrada—. Si algo sale mal, entonces iré al doctor.
—¡Sabes, estás actuando como una niña! —me gritó inesperadamente.
—¿Discúlpame? —Me enfurecí. Él sabía que odiaba que me llamaran niña más que nada, y estaba enojada.
—¡Es jodidamente irresponsable, Bella! Necesitas ver a un doctor, y no ir es peligroso, inmaduro y completamente egoísta de tu parte. —Estaba tan enojado que salió corriendo por la puerta trasera y despareció por el camino que conducía al bosque.
Una parte de mí quería seguirlo, pero yo también estaba enojada y era demasiado obstinada. Pero tener la siguiente hora sola para calmarme fue definitivamente algo bueno, porque se me ocurrió un plan... solo necesitaba disculparme primero.
—Edward, lo siento —dije sinceramente cuando regresó a la casa.
—No, yo lo siento —dijo antes de envolverse a mi alrededor y apoyar su cabeza contra mi pecho. Nunca dejaría de sorprenderme por la forma en que podía doblar su largo cuerpo para parecer casi más pequeño que yo cuando quería ser abrazado de esa forma—. Nunca debería haberte gritado y dicho toda esa mierda estúpida.
—Sé que estás preocupado. Además, estaba siendo una perra.
—Sí, pero estás hormonal, así que tienes un pase libre —dijo con una sonrisa en su voz.
También sonreí.
—Bueno, por suerte para los dos, creo que se me ocurrió una solución para nuestro problema médico.
—¿De verdad? —preguntó, levantando la cabeza—. ¿Qué?
—Solo escúchame, ¿de acuerdo? —dije lentamente, sabiendo muy bien que él tenía una tendencia a reaccionar de forma exagerada y no pensar las cosas antes de formarse una opinión—. Mi mamá me ha estado molestando para que la visite en Phoenix, así que pensé que podría ver a un doctor allí.
Me miró como si estuviera esperando la línea de remate o algo así. Cuando no añadí nada más, él parpadeó dos veces y luego suspiró.
—Bella, ¿cómo eso resolverá algo? ¿Qué diferencia hace dónde vayas al doctor?
—Porque nadie que conozco me verá allí, y es menos probable que contacten a mis padres. Además, me sacaré a mi mamá de encima por un tiempo, y creo que hay alguien allí que puede ayudarnos con más que encontrar un obstetra.
…
A Edward no le gustó la idea, especialmente la parte donde iba sola. Pero él no podía faltar más al trabajo y no había forma de que realmente le pudiera explicar su presencia conmigo a mi madre, de todos modos.
—Sabes, Emmett y Charlie estarán en casa pronto, ¿estás segura de que quieres irte en el que podría ser uno de nuestros últimos fines de semana juntos? —preguntó Edward mientras me dejaba en el aeropuerto. Obviamente él no estaba más allá de hacerme sentir culpable.
—Solo voy a estar fuera dos noches —le dije antes de inclinarme y darle un beso de despedida. Era difícil irse y, a pesar de lo que dije, dos noches eran un tiempo insoportablemente largo para estar lejos de él. Pero la visita a Phoenix era importante, así que salí de la camioneta a regañadientes y fui a buscar mi terminal.
Técnicamente, mi papá y mi hermano ya deberían estar en casa, pero tres días antes de su fecha de regreso, papá llamó y me dijo que se iban a tomar un poco de tiempo extra para viajar. Se dirigían al norte desde Phoenix y hasta Canadá antes de alquilar un pequeño avión hacia Alaska. Estaba agradecida por el tiempo extra a solas con Edward, especialmente durante mi fase de náuseas matutina cuando lo necesité mucho, pero estaba terriblemente molesta por su viaje. Ellos no lo admitirían, pero yo sabía que ir a Alaska era un sueño de Em, y estaban yendo como parte de su lista de cosas por hacer antes de morir.
Pero Emmett no iba a morir; yo tenía su cura justo dentro de mi vientre. Tal vez Edward tenía razón después de todo, tal vez yo era egoísta. En vez de decirles sobre el bebé y quizás darles un poco de esperanza por la cura, lo estaba manteniendo en secreto solo para pasar más tiempo con Edward. No era justo para nadie, pero aun así no podía obligarme a sincerarme antes de lo necesario.
El vuelo pareció mucho más largo de lo que era, y la turbulencia del aterrizaje me hizo tener náuseas. Por suerte, la aeromoza me dio una bolsa de papel marrón para respirar, aunque no estaba segura de cómo o por qué ayudaba. Pero nada me hizo sentir más enferma que cuando mi mamá me vio en la zona de reclamo de equipaje y chilló de alegría por mi llegada. Su mera presencia me hacía sentir enferma.
—Oh, Bella, no puedo creer que haya pasado tanto tiempo —dijo mientras dejaba besos por toda mi cara, como si realmente le importara una mierda—. Ahora, déjame verte —ordenó mientras me sostenía a un brazo de distancia. Sus rasgos cambiaron mientras me miraba de arriba abajo, luego dio un paso atrás y se mordió la uña del pulgar—. Guau, realmente estás más rellenita —comentó inesperadamente.
—Um… —De ninguna forma se me "notaba" y la ropa no me quedaba diferente, pero desafortunadamente mi madre era demasiado perceptiva cuando se trataba de lo superficial. Solo me preguntaba qué me delataba.
—No puedo creerlo, finalmente te estás convirtiendo en una mujer —gritó—. Muy pronto comenzarás a tener citas, y luego tendrás tu primer beso y tu primer desamor —dijo la última parte con un poco de melancolía—. Oh, Bella, recuérdame tener la charla contigo antes de que te vayas.
—Mamá, tuvimos la charla hace años —dije rápidamente. Si ella supiera cuánto más allá de mi primer beso ya estaba, probablemente tendría un infarto. Diablos, si supiera que iba a ser abuela en menos de un año, probablemente comenzaría a planear su propio funeral.
—Cariño, tuvimos esa conversación antes de que estuvieras interesada en los chicos.
—¿Qué te hace pensar que ahora estoy interesada? —le pregunté, un poco molesta por toda la conversación.
—Incluso si todavía no estás interesada, los chicos definitivamente se van a interesar en ti, así que es mejor estar lista.
Puse los ojos en blanco.
—¿Y cómo sabes eso?
—¿No te has visto últimamente? Mira esas caderas redondeadas e incluso tus pechos están cada vez más grandes.
Arrugué la cara por la confusión. ¿De qué demonios estaba hablando? No estaba más grande que antes, Edward seguramente habría comentado si mis pechos hubieran crecido, pero subí más el cierre de mi sudadera, por si acaso.
—Oh, no es nada para fruncir el ceño —dijo Renée mientras acunaba mi barbilla en su mano y movía mi cara—. Convertirse en una joven mujer es algo maravilloso. Antes de que te des cuenta, serás vieja como yo y recordarás este tiempo con cariño. —La miré con incredulidad, así que ella se rio—. Guau, ¿acabo de sonar como una tarjeta de Hallmark, o qué?
Me reí a mi pesar.
—Sí, un poco.
Puso su brazo sobre mis hombros.
—Bueno, vamos a casa antes de que me ponga aún más cursi.
—Um, hablando de eso... ¿dónde vives ahora? —pregunté con cautela, esperando no tener que dormir en el sofá de alguien.
—Tengo un departamento. Tiene dos habitaciones, así que tendrás tu propio cuarto mientras estés aquí.
Gracias a Dios.
Y me sorprendió gratamente lo lindo que era su pequeño departamento, aunque me preguntaba cómo pagaba el lugar. Sabía que mi papá le pagaba una pensión conyugal, pero dudaba que fuera suficiente para pagar por un lugar así.
—Y aquí está tu habitación —dijo mientras me mostraba la habitación de invitados.
Estaba más que sorprendida.
—Guau, es tan… púrpura —dije lentamente mientras contemplaba todas las extrañas decoraciones.
—Sí, bueno, quería mostrarte las posibilidades.
—¿Qué posibilidades? —le pregunté vacilante.
—Las posibilidades que tendrías si te mudas aquí conmigo. Bella, solo piénsalo. Realmente nunca has tenido muchos amigos en Forks; este podría ser un nuevo comienzo para ti… bueno, para las dos.
—Mamá, mira, entiendo que ya extrañas a Emmett, pero…
—Oh, cariño, esto no tiene nada que ver con Emmett. Los niños pertenecen con sus padres, y él ya no es un niño.
—Yo estoy con mi padre en Forks —argumenté—. Papá está ahí.
—Charlie no ha estado allí para ti en mucho tiempo. Y una niña necesita a su madre.
—Él va a regresar —dije defensivamente—. Y esta niña —espeté mientras me señalaba—, ¡no ha tenido una madre en años! Tú no has estado por mucho más tiempo del que has estado viviendo aquí, y no puedes usar la enfermedad de Emmett como excusa porque sucedió antes de eso. ¡Ya no soy una niña pequeña, y no necesito vivir aquí contigo!
Una vez más, culpaba por mi falta de autocontrol y arrebato emocional a mis hormonas, pero estaba extrañamente bien con eso. La mujer tenía mucho descaro para tratar de que me mudara con ella después de la forma en que abandonó a nuestra familia. Estaba segura de que estaría igual de enojada aunque no estuviera hormonal.
—¿A dónde vas? —gritó detrás de mí cuando me precipité hacia la puerta principal.
—Voy a dar un paseo, ¡necesito un poco de aire fresco!
—Bella, no conoces los alrededores.
—No soy un niño —dije otra vez—. Estaré bien.
En realidad, la pequeña pelea fue algo bueno. Necesitaba una excusa para alejarme de ella por un rato, y mi legítima molestia era perfecta.
Saqué mi celular y googleé un mapa del área, junto con los números de las compañías de taxis. Un taxi se detuvo menos de diez minutos después y le pedí que me llevara directamente al centro de tratamiento del cáncer en el que Emmett se había quedado. Ensayé la conversación en mi cabeza una y otra vez, pero cuando llegué me sentía completamente sin preparación y sin tener idea de cómo iniciar la conversación.
—Estoy aquí para ver al doctor Cullen —le dije con voz temblorosa a la recepcionista. Estaba tan nerviosa que me preguntaba cómo demonios iba a hablar con él.
¿Y si no iba como esperaba, y si él me daba la espalda y contactaba a mis padres? Era una gran apuesta, pero una que honestamente sentía que tenía que tomar. Edward confiaba en mis instintos, necesitaba mejorar en no dudar de mí misma.
—Señorita Swan, esta es una agradable sorpresa —me saludó el doctor Cullen con una sonrisa—. Acabo de hablar con tu papá por teléfono; han llegado a Canadá.
Asentí con aprensión.
—Sí, hablé con él esta mañana.
—¿Está todo bien? —preguntó preocupado.
—Sí, pero necesito hablar con usted en privado, si es posible.
—Por supuesto —dijo amablemente. Realmente me gustaba el doctor Cullen, y por alguna razón, confiaba en él. Solo esperaba que mis instintos no escogieran ese momento para empezar a fallarme.
—Entonces, ¿qué puedo hacer por ti? —preguntó cuando llegamos a su consultorio. Cerró la puerta y luego se sentó detrás de su escritorio mientras yo tomaba asiento frente a él.
Tomé una respiración profunda.
—¿Recuerda esa conversación que tuvimos durante mi visita en Acción de Gracias?
Levantó una ceja en mi dirección.
—¿Sobre un donante para Emmett?
—Más específicamente fue sobre las posibilidades de tener un bebé que pudiera ser un donante para Emmett —dije lentamente.
—Sí, lo recuerdo —dijo con duda, preguntándose cuál era mi punto.
—Bueno... —Tomé otra respiración profunda—. Estoy embarazada ahora, así que quería asegurarme de que usted pudiera ayudarme con todas las cosas médicas del donante de inmediato —le dije apresurada.
—Espera, no tan rápido —dijo rápidamente antes de que yo tuviera la oportunidad de decir algo más—. ¿Qué te hace pensar que estás embarazada?
—Me hice una prueba, y fue positiva.
Asintió.
—¿Ya se lo has dicho a tus padres?
Negué con la cabeza.
—Está bien, tal vez eso debería ser lo primero que hagas, de esa manera pueden decidir juntos el curso de acción apropiado.
—No puedo decirles todavía. Necesito tiempo... por razones personales.
—¿Al menos has visto a un doctor?
—Lo estoy viendo a usted en este momento —le dije.
—Bella, lo siento, pero realmente no entiendo por qué viniste a verme por esto. Soy oncólogo; necesitas hablar con un obstetra... y probablemente con un consejero de planificación familiar.
—No puedo ir a un obstetra en este momento, especialmente no en Forks. Es... complicado.
—¿Pero puedes venir a mí? —preguntó confundido.
Me encogí de hombros.
—Pensé que podría ayudarme, y confío en usted. Quiero asegurarme de que el tejido del bebé sea analizado lo más pronto posible; a Emmett se le está acabando el tiempo.
—Como traté de decirte la última vez que hablamos, las posibilidades de que tu bebé sea compatible con Emmett son...
—Perdóneme —lo interrumpí—. Pero no me importan las posibilidades. Sé en mi corazón que esto va a funcionar.
—Estás hablando de esto como una cura médica, no como un embarazo adolescente no planeado —dijo con cautela.
Presioné mis labios y lo miré fijamente.
—Bella... —suspiró y sacudió la cabeza con pesar—. Cuando hablamos antes, era una conversación hipotética... Tal vez si fueras mayor.
—Lo sé —acordé—. ¿Pero qué diferencia hace mi edad cuando la vida de alguien está en peligro? Si tuviera la oportunidad de salvar a alguien que ama...
—Las posibilidades de ser compatible son tan bajas que...
—Incluso si fuera la más mínima posibilidad... ¿no la aprovecharía? —le pregunté intensamente.
Me miró de manera reflexiva por un momento.
—Tu papá se ha convertido en mi amigo personal, al igual que tu hermano. No puedo sentarme aquí y decirte que esto era lo correcto.
—Ya está hecho. Estoy embarazada, y a menos que haya algún tipo de problema, este bebé va a nacer. Todo lo que necesito es su ayuda para ver que tengas todas las oportunidades para salvar a Emmett.
—Pero eso no es todo lo que necesitas. Necesitas decirle a tu familia y conseguir atención prenatal. ¿Has considerado tu futuro en absoluto? ¿Qué planeas hacer con el niño una vez que nazca?
—Como dije, es complicado. Y todavía no estoy exactamente segura de lo que va a pasar después de que nazca. Supongo... supongo que solo necesitaba la opinión de alguien un poco más... fuera del problema —admití.
—¿Entonces hay otras personas que saben sobre esto? —preguntó.
—Solo mi mejor amiga... y el padre del bebé, por supuesto.
Asintió.
—¿Y cuál es la opinión del padre sobre todo? ¿Él sabía que estabas planeando quedarte embarazada a propósito?
—Bueno, él... —Cambié mi peso en mi asiento mientras trataba de averiguar cuánto debería decir—. Él sabía... pero no estaba exactamente feliz por eso.
—¿Pero él accedió a embarazarte a pesar de todo?
—Es complicado —le dije, una vez más—. Puede que... lo haya hecho sentirse culpable y presionado para que lo haga. Pero ahora está a bordo... más o menos.
El doctor Cullen comenzó distraídamente a ordenar su escritorio mientras pensaba en qué decirme.
—Entonces... ¿estamos hablando del señor Masen?
Uh… Pude sentir el calor inundando mi cara y hubo un fuerte sonido detrás de mis oídos. ¿Cómo demonios lo adivinó?
—Lo tomaré como un sí —dijo en respuesta a mi aturdido sonrojo—. ¿Y asumiré que la "complicación" es su edad?
—¿Cómo lo supo? —le pregunté, no más fuerte que un susurro.
—No fue difícil descifrarlo. Vi la forma en que te rondaba protectoramente la última vez que todos estuvieron aquí. También sé lo cercano que es con tu hermano; Emmett me dijo que él no tenía familia y como que adoptó la de ustedes. Asumí que él haría cualquier cosa por ustedes dos.
Bueno... mierda. Si el doctor Cullen pudo averiguarlo tan fácilmente, ¿cómo demonios se suponía que engañáramos a Emmett y Charlie? Estaba aterrorizada por el pensamiento.
—Él podría ir a la cárcel por esto, ¿verdad?
—Bueno, la edad de consentimiento es distinta en los diferentes estados, pero definitivamente es un riesgo. Te aconsejo que hables con tu padre sobre todo y esperes que él entienda. Pero, entiendo tus preocupaciones por hacerlo público, y por esa razón, estoy dispuesto a ayudarte.
—¿De verdad? —pregunté con esperanza.
—Por supuesto. —Comenzó a escribir algo en un pequeño pósit—. Esta es la información de una increíble obstetra en Seattle en la que puedes confiar. Ella ha tratado con asuntos delicados en el pasado.
—¿Y ella no le dirá a mis padres? —pregunté preocupada. Seattle debería estar lo suficientemente lejos para que nadie de casa me viera, pero también estaba preocupada por la confidencialidad.
—No, estarás protegida porque ella es tu doctora. No serías su primera paciente adolescente que tiene miedo de hablar con sus padres, pero ella seguirá alentándote a confiar en ellos.
—¿Y usted podrá trabajar con ella cuando se acerque el momento de... obtener el tejido del bebé para Emmett?
Él sonrió.
—Bueno, debería, ella es mi prometida.
—¿De verdad? —pregunté sorprendida.
—Es una maravillosa coincidencia que me mude a Washington en los próximos meses. Estoy feliz de continuar con el cuidado de Emmett en Seattle.
—Eso es increíble —dije con entusiasmo. Sabía lo mucho que a Emmett y Charlie les gustaba el doctor Cullen, y también iba a funcionar para mi beneficio... creía—. ¿Pero puedo contar con que no se lo diga a mi padre?
—Con el tiempo tendrá que saberlo, Bella, pero te daré tiempo para que se lo digas cuando pienses que es mejor.
Asentí.
—Gracias, doctor Cullen. Realmente aprecio su ayuda.
Él sonrió.
—Hablaremos más sobre esto después. Llama a Esme, ella cuidará discretamente de ti y de tu bebé hasta que estés lista para que todo salga a la luz.
—Y usted cuidará de Emmett hasta que el bebé esté listo para salir, ¿verdad?
—Haré lo mejor que pueda.
…
Dejé el centro de cáncer sintiéndome esperanzada y casi rejuvenecida de alguna manera, pero luego recordé que tenía que pasar otros dos días con mi madre. ¡UGH!
De mala gana regresé a su departamento, y me disculpé por mi abrupta partida. No estaba feliz por su tardío intento de maternidad, pero traté de no dejar que eso me afectara demasiado. Tenía cosas más importante de las que preocuparme que nuestra relación, o más bien, la falta de esta.
Conté las horas hasta que finalmente pude volver a casa, y cuando regresé a Washington me sentí instantáneamente mejor cuando vi a Edward esperándome ansiosamente justo afuera de la puerta de seguridad.
Corrí hacia sus brazos abiertos y lo abracé.
—Dios, te extrañé —dijo mientras me respiraba.
—Yo te extrañé más —le dije con fervor—. No sé cómo voy a manejarlo cuando ya no podamos estar juntos todo el tiempo —murmuré en su pecho.
Me abrazó con más fuerza y me besó el cabello.
—Lo resolveremos.
Agarró mi maleta y me llevó a la camioneta, pero antes de que él pudiera conducir a la autopista hacia casa, le dije que teníamos que hacer una parada en la ciudad.
Lo cronometré perfectamente: agendé mi primera cita con la doctora Esme McCarty dos horas después de que mi avión estaba programado para aterrizar. Con un retraso en el aeropuerto y el tiempo para atravesar la ciudad hacia su consultorio, llegaríamos justo a tiempo. Puede que fuera con poco tiempo, pero supuse que ya había esperado demasiado para ver a un doctor, y Seattle no estaba exactamente cerca de casa, así que podría ir mientras estábamos allí. Normalmente no atendía los fines de semana, pero ella había hablado con el doctor Cullen y me estaba haciendo un favor. Solo estaba agradecida de que Edward estuviera allí para mí; ir a una cita prenatal por primera vez definitivamente era estresante, y no estaba segura de poder hacerlo sin él.
¡Hola!❤🖐
Gracias por leer. ¿Me cuentan qué les pareció el capítulo?
Gracias por sus reviews en el capítulo anterior😍: patymdn, cary, Marie Sellory, Vanina Iliana, Adriana Molina, cavendano13, Tata XOXO, desiblack, solecitopucheta, Pili, Jade HSos, marme, jupy, tulgarita, kaja0507, Liz Vidal, Mel. ACS, Tecupi (Bella tiene 16 y Edward 19, en este capítulo se explica un poco más el miedo por la edad de él, pero la autora dijo que se tomó algunas libertades para el beneficio de la historia), Lady Grigori, Yoliki, Paola Lightwood, alejandra1987, saraipineda44, Kriss21, Adriu, Lizdayanna, Nati98, MonZe Pedroza, MariePrewettMellark, somas, freedom2604, y Maryluna.
¡Hasta el próximo capítulo! 😘
