Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de knicnort3, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Link de la historia original: www fanfiction net /s/ 8641927 /1/ Against-the-Odds


Capítulo 19: Fascinado

Sentarme en la sala de espera de una obstetra, con una recepcionista de aspecto molesto fulminándome con la mirada porque fue obligada a venir en domingo, era completamente aterrador. Lo único que evitaba que lo perdiera por completo era el hecho de que Edward estaba sentado a mi lado, sosteniendo mi mano firmemente en la suya. No había forma en el infierno de que él pudiera acompañarme si estuviéramos en Forks, así que de nuevo, estaba agradecida.

—¿Estás segura de que podemos confiar en esta chica? —me susurró Edward con ansiedad.

—Confiamos en el doctor Cullen, ¿verdad?

Se encogió de hombros.

—Quiero decir, él ha mantenido vivo a Emmett hasta ahora, así que... —Dejó su oración incompleta, pero luego siguió en otra dirección—. Pero es un poco raro que él se vaya a mudar aquí, ¿no? Es decir, ¿qué clase de mierda extraña es que tan pronto como Emmett traslada su cuidado a Washington este doctor lo sigue?

—Es solo una coincidencia —le dije con desdén—. Los doctores se trasladan todo el tiempo. Tal vez siempre fue el plan del doctor Cullen trasladarse a Washington y es por eso que Emmett fue enviado con él en primer lugar. Es uno de los mejores oncólogos del país, estoy segura de que tenía elección en cuanto a dónde transferirse.

—Aun así es... aleatorio —añadió con escepticismo.

Solo puse los ojos en blancos.

Realmente no estaba del humor adecuado para seguir con la mierda de la teoría de conspiración con él en ese momento. Sin embargo, no pude evitar sonreír con cariño ante el viejo recuerdo de Edward y Emmett hablando de cómo el gobierno estaba tratando de controlar las mentes de las personas al colocar profesores falsos en las secundarias de toda la nación. Habían tratado de convencer a mi padre de que estaba mal hacerlos ir a la escuela cuando sus cerebros probablemente estaban siendo lavados y nunca serían capaces de pensar por sí mismos de nuevo. Pero la parte más graciosa de todo fue el hecho de que en realidad parecían creer la mierda que decían, y esa no fue la primera ni la última teoría de conspiración de la que trataron de convencer a las personas. Quizás de alguna extraña manera indirecta, sus creencias en lo increíble era la razón por la que tenía tanta fe en que mi bebé salvaría a Em. Sin embargo, a diferencia de sus teorías, yo estaba segura de que la mía realmente daría resultado.

—¿Por qué estás sonriendo? —me preguntó Edward con ansiedad, trayéndome al presente y de inmediato devolviéndome a mi humor de cagada de miedo.

—Por nada —susurré con ansiedad—. Solo... quédate conmigo, ¿de acuerdo?

Él asintió justo cuando la puerta de los consultorios traseros se abrió.

—¿Señorita Swan? —preguntó una mujer joven en una bata blanca con su mano extendida—. Perdón por la espera, soy la doctora McCarty, ¿cómo está?

Me puse de pie, llevando a Edward conmigo, y estreché su mano.

—Estoy nerviosa como el infierno, pero es un placer conocerla —le dije sinceramente.

Ella se rio una vez.

—Honestidad, eso me gusta. Me gustaría que todos mis pacientes se sintieran lo suficientemente libres para decirme exactamente cómo se sienten.

—El doctor Cullen dijo que podíamos confiar en usted —le dije, aunque no estaba exactamente segura de por qué lo mencioné.

Ella sonrió ante la mención del nombre de su prometido... bueno, sonrió brillantemente.

—Sí, por supuesto. Todo estará bien, señorita Swan.

—Por favor, llámeme Bella —insistí—. Este es mi... Edward —los presenté, todavía insegura de si debería llamarlo mi novio o no.

—Encantada de conocerte, Edward —dijo con una cálida sonrisa mientras estrechaba su mano—. He escuchado mucho sobre ustedes dos. ¿Por qué no volvemos y empezamos?

Me dio una bata para que me cambiara, y nos dejó solos por unos minutos mientras me desvestía. Edward se sentó en la silla de invitados, y luego miró alrededor de la habitación como un niñito aterrorizado a punto de recibir una inyección.

—¿Estás bien? —le pregunté.

Se estremeció.

—No he estado en un consultorio médicos en años… y este es muy extraño.

—Se ve como el del otro ginecólogo al que fui en Forks —dije distraídamente.

—¿Cuándo fuiste a uno? —preguntó sorprendido—. Pensaba que solo las mujeres embarazadas y las chicas mayores ven al doctor de la vagina.

—Bueno, fui a un ginecólogo. No estoy seguro de si dedicaba a la obstetricia o no.

—¿Él?

—Sí, él, el doctor de mi mamá; ella me hizo ir hace un par de años. Vio esa película "A los trece" y pensó que era importante que fuera antes de que me volviera loca. —Me reí una vez—. Sabes, una parte de mí no puede esperar hasta que ella se entere de esto.

—Es lindo escuchar que tu visita con ella salió tan bien —dijo con sarcasmo.

—Solo estoy contenta de estar de regreso, y aún más contenta de que ella viva fuera del estado —le dije con sinceridad.

—Está bien, ¿tienes alguna pregunta antes de que comencemos? —preguntó la doctora McCarty cuando entró en el consultorio.

—Um... —Tenía cientos de preguntas, pero en realidad estaba demasiado ansiosa para elaborar algo en específico en este momento. Sonreí nerviosamente y negué con la cabeza.

Entonces ella comenzó con sus propias preguntas. Quería conocer mi historial médico, la fecha de mi último periodo, mi posible consumo de drogas, el consumo de alcohol y si fumaba o no. Incluso quería saber cuántos refrescos bebía por día. Luego ella tuvo algunas preguntas para Edward. Básicamente le preguntó sobre su historial de encuentros sexuales y quería asegurarse de que siempre había usado preservativos antes de estar conmigo. Eran preguntas que nunca pensé en hacerle, pero me sentí increíblemente aliviada cuando él nos aseguró que yo era la única persona con la que había tenido sexo sin protección. En definitiva, la parte de preguntas de nuestra cita fue mucho más fácil de lo que esperaba.

—Está bien, Bella, vamos a tomarte la presión sanguínea y algunas medidas, y luego haremos un examen pélvico y una ecografía vaginal.

Asentí a pesar de que realmente no estaba escuchando. Estaba en una de esas brumas surrealistas, y nada de esto se sentía real. ¿Qué demonios estaba haciendo en el consultorio de una obstetra con Edward Masen? Mi estómago se revolvió y mi pecho se contrajo. Si hubiera sabido que esta era la dirección que tomaría mi vida, probablemente me hubiera arrastrado a un agujero y escondido del mundo años atrás, aunque, supongo que así es como era mi vida antes de enamorarme perdidamente del mejor amigo de mi hermano. Y aunque esto potencialmente podría causar la implosión de mi familia, estar con él definitivamente valía la pena. Fue un giro inesperado, y lo más increíble que se pudiera imaginar.

El examen fue una de las cosas más inquietantes que había soportado. Era fácilmente comparable a la primera vez que tuve sexo con Edward; ambas situaciones fueron estresantes y físicamente incómodas. Pero cuando ella metió la cosa del ultrasonido dentro de mí, toda la incomodidad física desapareció porque no podía pensar más allá de lo que estaba viendo en el pequeño monitor.

—¿Es ese? —le pregunté.

—Síp, ese es el latido del corazón de tu bebé.

El objeto de forma extraña en la pantalla no parecía realmente humano, pero el pequeño parpadeo en el centro golpeó mi corazón como una descarga eléctrica. Luego la mancha de aspecto extraño se volvió más clara cuando comenzó a mover sus diminutas extremidades y a bailar alrededor del espacio negro que la rodeaba. Era fascinante.

Miré a Edward y sentí mis ojos arder cuando vi lo embobado que estaba por nuestra pequeña mancha bailarina.

—De acuerdo, tienes justo ocho semanas, y todo se ve muy bien —dijo la doctora McCarty, atrayendo mi atención hacia ella. Tomó algunas medidas y escribió cosas en mi expediente, y luego me miró con una sonrisa—. Me gustaría volver a verte dentro de un mes, pero si es un viaje demasiado largo para ti, puedo recomendarte a alguien más local. ¿En Port Angeles o en un pueblo más cercano, tal vez?

Negué con la cabeza.

—Me gustaría volver aquí, si no le importa.

—Claro. Le diré a Gia que agende la cita para el próximo mes.

—Gracias —le dije sinceramente.

Me dio unos folletos sobre el embarazo adolescente y la planificación familiar, además de una botella de vitaminas prenatales gratis, insistiendo en que eran mejores que las que ya estaba tomando. Edward y yo le agradecimos, y luego seguimos nuestro camino.

De repente, todo era muy real. Era tan parte de mí como cualquier otra cosa en mi cuerpo, y se sentía tan natural, como si siempre hubiera estado destinado a estar allí. Cada respiración que tomé, cada paso que di, cada decisión que tomé, todo me llevó al camino hacia esa personita dentro de mí.

Nunca soñé con grandeza. Nunca esperé convertirme en algo grande, pero quizás estaba equivocada. Quizás traer esa persona a la vida era mi grandeza. Mi contribución al mundo; mi forma de hacerlo mejor. Todo el mundo tenía un propósito, y hasta ese momento, estaba convencida de que mi propósito era ser el entorno de las vidas de otras personas, el personaje de apoyo que en su mayoría se mezclaba con el paisaje, pero ahora conocía mi verdadero lugar.

—Voy a solucionarlo todo —me murmuró Edward inesperadamente. No estábamos no hablando, pero el viaje a casa había sido mayormente silencioso, entonces que él hablara fue un poco sorpresivo—. De alguna forma, voy a arreglarlo.

No tuvo que explicar más, lo entendía, sería imposible no hacerlo; la intensidad en su cara incluso habría hecho innecesarias esas palabras. La adopción ya no estaba en nuestro rango de posibilidades, y no era algo que necesitaba ser discutido. Seríamos una familia. Él encontraría una manera.

Pasamos la siguiente semana empapándonos lo más posible el uno del otro. Edward pasó cada segundo libre que teníamos maravillado encima de mi estómago aún plano, y yo pasé ese tiempo enamorándome aún más de él y de nuestro bebé. Fue mágico, y a pesar de los obstáculos que nos esperaban, esos días fueron de los más felices de mi vida.

...

Cuando Charlie y Emmett llegaron a casa el miércoles siguiente, supe que todo tenía que cambiar. El bebé ya no podía estar en primer plano en nuestras vidas, al menos no externamente, y cualquier evidencia de nuestra relación tenía que prácticamente desaparecer. Nos vimos obligados a cambiar a una forma de vida más inactiva; para nosotros, era un medio de supervivencia hasta que pudiéramos encontrar una forma de estar juntos permanentemente.

—¡Ah, hombre, fue increíble! —dijo Emmett con entusiasmo. Los cuatro estábamos sentados en la mesa de la cocina y Em nos estaba contando todo sobre su viaje. El aire fresco de Alaska debió haberle hecho bien porque, aunque todavía estaba bajo de peso y un poco pálido, se veía mejor de lo que lo había estado en mucho tiempo—. No puedes imaginar la increíble vista de los osos salvajes pescando con las águilas americanas sobrevolándolos. Fue lo más impresionante que he presenciado en mi vida.

Edward y yo nos miramos el uno al otro, y la expresión en su cara se hizo eco de mis pensamientos perfectamente. Las águilas y los osos nunca podrían realmente impresionarnos, no después de ver a nuestro bebé por primera vez; nada en el mundo podría compararse a eso.

—Entonces, ¿cómo han estado las cosas por aquí? —le preguntó Em a Edward—. La última vez que hablamos, todavía estabas trabajando en el viejo auto de la señora Kebi semana por medio.

Edward asintió.

—Sí, todavía estoy trabajando en él.

Em se rio.

—Maldición, si realmente fueras bueno arreglando autos, ¿no habrías terminado con esa cosa a esta altura?

—No es mi culpa que siga rompiéndose. El señor Kebi le pone gasolina de mierda y le gusta joder con el motor. El vejestorio no sabe nada de autos, pero su esposa no quiere desalentar su nuevo hobby tardío, así que ella me lo trae sin que él lo sepa y yo reparo la mierda que él hace.

Em se rio de nuevo.

—Bueno, ¿qué hay del Mach 1 de Tanya? —preguntó inesperadamente—. ¿Lo ha tenido que llevar de nuevo por algo? Mataría por verlo.

—Um... No, no la he visto desde que lo arreglé —dijo Edward, de repente poniéndose incómodo y asustándome un poco. No podía soportar a esa chica perfecta, y siempre que su nombre era mencionado tenía una pequeña punzada de duda atravesándome. Podría estar con Edward por cien años y todavía nunca entender cómo él podría preferirme sobre ella.

—Ah, mierda, no puedo creer que ella se hiciera las tetas y aun así no te la cogieras, incluso cuando ella estaba sobre ti.

—¡Vamos, Em, tu hermana está en la habitación! —lo regañó Charlie antes de levantarse y dejar la mesa.

Pero el daño ya estaba hecho; mi cara inmediatamente se había inundado de calor. No me sorprendió en lo más mínimo que Edward le hubiera hablado a Em sobre el Mustang, pero saber que Edward había chismeado sobre los pechos de la chica y que ella estaba "sobre" él era algo completamente diferente. ¿Por qué alardearía de algo así si no le interesara al menos un poco?

—Lo siento —me dijo Em, pero luego se inclinó hacia Edward y le susurró—: Hombre, ¿te imaginas cogerla sobre el capó de ese auto?

Edward se ahogó con su propia saliva, y luego comenzó a toser como si le hubieran dado un puñetazo en la garganta.

—Vaya, ¿estás bien, hermano? —le preguntó Em preocupado.

Edward asintió, pero luego siguió el ejemplo de mi padre y se levantó de la mesa.

—Debería irme —anunció él.

—¿A dónde? —le pregunté un poco demasiado ansiosa. Los pensamientos negativos de Tanya cayeron a la papelera porque nada era peor que Edward se fuera a algún lado. Por suerte, Em y Charlie no notaron mi pánico.

—Bueno... a casa —dijo él, tomándome por sorpresa—. Te dije que iba a conseguir un departamento ahora que tu papá y tu hermano están de vuelta.

—Bueno, dijiste que ibas a mudarte, pero no esperaba que lo hicieras tan pronto —le dije.

—Mañana me voy a Seattle por la semana —le dijo Em—. Podrías quedarte aquí hasta entonces, por lo menos.

Edward negó con la cabeza.

—Nah, ahora estoy pagando por el lugar, así que también podría usarlo.

—Genial. ¿Entonces dónde es? —preguntó Em con curiosidad.

—En el centro del pueblo.

—Guau, subiendo de nivel, ¿eh? —dijo Em impresionado—. ¿Esos lugares no son un poco lujosos para ti?

—No lo entiendo —los interrumpí—. ¿Cuándo pasó todo esto? Nunca me dijiste que en realidad ya tenías un lugar. —Primero fueron las conversaciones sobre la mega perra de Tanya, ¿y ahora él ya tenía su propio lugar? El día solo empeoraba cada vez más.

—Firmé el contrato de alquiler el viernes a la tarde —me dijo Edward—. Supongo que solo olvidé mencionarlo.

—¿Te olvidaste? —prácticamente grité—. ¿Cómo pudiste olvidar algo así?

—¿Por qué estás tan ofendida? —me preguntó Em confundido.

—¡No lo estoy! —dije defensivamente—. Pero hemos estado viviendo juntos por mucho tiempo, así que todo esto está... pasando muy rápido. —Mi voz se hizo más pequeña mientras hablaba, pero estaba demasiado preocupada como para que me importara lo que Charlie o Em pensarían al respecto.

—Bella, relájate —dijo Em suavemente, como si casi entendiera por qué estaba molesta—. No vas a estar sola; papá va a estar aquí todas las noches, y yo regresaré la próxima semana.

—No se trata de estar sola —murmuré.

—Hablando de estar solo —dijo Em, cambiando abruptamente de dirección y volviendo su atención a Edward—. ¿Tienes un compañero de piso o algo? Los departamentos en el centro son un poco caros.

—Esto es Forks, no Seattle —refutó Edward—. Puedo pagarlo.

—Sí, pero aun así. Tal vez podría conseguir un trabajo y ayudar. Siempre hablamos de conseguir un departamento juntos un día.

—Em, esa no es una buena idea —dijo Charlie rápidamente—. Estás enfermo. No puedes conseguir un trabajo.

—Puedo por un tiempo. Quiero decir, él no tendrá un compañero a largo plazo, pero...

Todos estuvimos en silencio por unos momentos, y luego Charlie suspiró.

—Simplemente no es una buena idea. Si pudiera permitirme pagar por la mitad del alquiler por ti, entonces tal vez... pero no puedo, y conseguir un trabajo está fuera de discusión.

—¿Entonces eso es todo? —preguntó Em frustrado—. Nunca voy a saber cómo es vivir lejos de casa.

Has estado viviendo lejos de casa —lo contradije, realmente esperando que no encontrara la forma de que papá aceptara. Ya era bastante malo que Edward se mudara, si Em se mudaba con él, entonces nunca los vería a ninguno de los dos, y pasar por el departamento de Edward para un poco de tiempo a solas sería completamente imposible.

—No es lo mismo —argumentó—. Estaba viviendo en un hospital, eso no cuenta. Es solo que... quiero tener la oportunidad de ver cómo se siente ser adulto... incluso si es solo por un corto tiempo.

—Bueno… —dijo Edward con un suspiro. Me miró fijamente y parecía casi resuelto, así que rápida pero discretamente negué con la cabeza. ¡No lo hagas, Edward! Cuando alejó la mirada de mí, supe que iba a hacer la oferta a pesar de mi sutil protesta—. ¿Por qué no vienes a quedarte conmigo de todos modos? No necesito ayuda con el alquiler.

¡Mierda!

—Aw, hombre, no puedo hacer eso —dijo Em con pesar.

—Por supuesto que puedes —insistió Edward—. He estado viviendo aquí sin pagar alquiler, así que, ¿cuál es la diferencia? Demonios, tu familia es responsable de mantenerme alimentado durante la mayor parte de mi infancia, es lo menos que puedo hacer.

Aunque estaba decepcionada, eso me hizo amar a Edward aún más. Él era un muy buen amigo y una persona increíble en todos los aspectos. Todavía me negaba a creer que Em podría morir cuando tenía su cura en camino, pero él lo creía, y si vivir con su mejor amigo le levantaría el ánimo, entonces me negaba a ser egoísta al respecto. Aunque necesitaba a Edward durante ese tiempo, supuse que Em lo necesitaba más.

—Simplemente no me siento bien al respecto —dijo Em en voz baja.

—Bueno, olvídate de ti por un minuto y piensa en mí entonces —le dijo Edward—. Yo quiero vivir contigo, ¿qué te parece?

Em sonrió.

—Sí, apuesto a que sí. Tengo que ser un mejor compañero de piso que la señorita Jane Austen por allí.

Edward me miró y me ofreció una sonrisa torcida de disculpa.

—Nah, con mi influencia positiva ella se ha graduado de esa mierda.

—¿A qué... Playboy? —bromeó Emmett.

—Naturalmente. Tiene algunos artículos geniales —respondió Edward casualmente.

—Será mejor que no hayas contaminado la mente de mi hermanita con esa mierda —le advirtió Em.

—Por el amor de Dios. Bella, dile a Emmett que tienes aspiraciones más altas que estar en Playboy —me dijo Edward con falsa seriedad.

—Um… sí… quiero ser una estrella porno —les dije robóticamente.

Emmett me miró en shock por un minuto, y luego comenzó a reírse.

—Mierda, sabía que dejarla aquí contigo era una mala idea —dijo a través de su risa. Cuando finalmente pudo volver a controlarse, se limpió la humedad de los ojos y luego dijo—: Hombre, el hecho de que Bella dijera la palabra "porno" me va a dar pesadillas.

—Sí, estoy de acuerdo —dijo Charlie, regresando a la habitación desde donde había ido—. Así que no hablemos más de porno, por favor... al menos no bajo mi techo.

—Bueno, supongo que ya no deberíamos estar bajo tu techo —dijo Em en voz baja antes de volverse hacia Edward—. ¿Estás seguro de esto, hermano?

—Ahora, espera. Finalmente estamos de regreso en casa juntos —argumentó Charlie.

—Papá, si nunca me hubiera enfermado, me habría mudado justo después de la graduación, de todos modos. Tengo veinte años y me estoy muriendo. No quiero morir sin tener la experiencia de tener veinte... o al menos lo más cerca posible.

Al final, Charlie no pudo inventar un argumento lo suficientemente bueno para que Em se quedara, así que hizo las maletas y planeó mudarse con Edward tan pronto como regresara de Seattle. Estaba feliz por él, pero también iba a hacer las cosas mucho más difíciles para Edward y para mí. Solo esperaba que este nuevo arreglo no provocara que Edward se incriminara accidentalmente; ¿qué pasaba si se le escapaba algo, alguna pista sobre nuestra relación? Con ellos viviendo juntos, él tendría que ser aún más cuidadoso y reservado de lo que ya era alrededor de Em. En realidad no era justo para nadie, simplemente no podía pensar en una mejor solución...


¡Hola!

Gracias por leer. Espero que este capítulo tranquilice a quienes pensaban que iban a dar al bebé en adopción, ya comprobamos que no lo van a hacer. ¡Pero Emmett va a arruinar sus planes! ¿Me cuentan qué les pareció?

Gracias por sus reviews en el capítulo anterior: Techu, Vanina Iliana, Tecupi, piligm, debynoe12, Tata XOXO, Maryluna, Yoliki, cavendano13, Liz Vidal, kaja0507, Kriss21, Edith Gonzlez, MariePrewettMellark, tulgarita, Lady Grigori, alejandra1987, Adriu, Lizdayanna, somas, Adriana Molina, cary, Jade HSos, patymdn, jupy, saraipineda44, Nati98, Cinti, Paola Lightwood, Mel. ACS (Sé que me amás, no quieras ocultarlo), Ele, freedom2604, Esal y los Guest.

¡Hasta el próximo capítulo!