Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de knicnort3, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Link de la historia original: www fanfiction net /s/ 8641927 /1/ Against-the-Odds


Capítulo 27: Obra maestra

Para septiembre tenía una gran colección de notas que guardaba en un joyero con cerradura bajo mi cama. Charlie nunca había sido alguien que husmeara antes de que me quedara embarazada; de hecho, él siempre estaba casi incómodo en mi habitación, por eso honestamente había pensado que mis vitaminas prenatales estaban seguras en mi cómoda. Sin embargo, mi joyero era más que seguro. Casi nunca salía de mi habitación y cuando lo hacía, Charlie no tenía ninguna razón para revisar mis cosas. Siempre estaba en casa. No tenía vida.

Cuando llegó mi cumpleaños número diecisiete, me sorprendió un pequeño regalo envuelto esperando en mi alféizar, y no pude evitar sonreír cuando abrí la ventana para retirarlo.

La nota adjunta era simple:

¡Casi allí!

Te amo

Feliz cumpleaños

Y él definitivamente tenía razón; casi estábamos allí, casi al final de mi embarazo, y casi en nuestra meta. Em todavía estaba lo suficientemente saludable para sobrevivir hasta el nacimiento, y entonces él se salvaría y Edward y yo podríamos llevar a nuestro bebé a algún lugar y nunca mirar atrás. Charlie y Em podrían amenazar con presentar cargos todo lo que quisieran, pero nunca nos encontrarían. Todavía no sabía cuál era el plan de Edward, pero sabía el mío, y Rose actualmente estaba trabajando en conseguirme una identificación y un pasaporte falsos. Nos dirigiríamos al norte hacia Canadá, y no había nada que nadie pudiera hacer para detenernos.

Me senté en mi cama para abrir el regalo de Edward, y me puse a llorar. Era una pulsera de dijes con un corazón de cristal y una pequeña oveja sosteniendo un ópalo, la piedra de nacimiento de octubre, por nuestro bebé. Era perfecta, y no planeaba quitármela a pesar de lo que pensaran mi papá y mi hermano al respecto.

—Feliz cumpleaños —me dijo Charlie con una sonrisa forzada cuando bajé a desayunar.

—Gracias —dije sin alterarme.

—Bueno, te conseguí algo —dijo incómodamente antes de entregarme un sobre.

Pensé en desairarlo y negarme a aceptar lo que tenía para mí, pero en cambio suspiré y tomé el sobre de mala gana. Lo abrí descuidadamente, y en realidad me sorprendió lo que era.

—Es un bono de ahorro —explicó Charlie—. No es mucho, pero pensé que crecería con el tiempo y entonces lo tendrías en el futuro si alguna vez lo necesitabas, o simplemente querías comprar algo.

Me mordí el labio inferior.

—Gracias, papá, pero realmente no creo que pueda usarlo —dije honestamente antes de devolvérselo y caminar hacia la despensa. No estaba segura de cómo funcionaban los bonos de ahorro, pero estaba bastante segura de que no era algo que pudiera usar estando en fuga.

—Bella, mira, no sé lo que planeas hacer, pero simplemente... no lo hagas —dijo Charlie, casi sonando desesperado.

—Ambos sabemos que no me estás dando muchas opciones —declaré antes de decidir que no tenía hambre después de todo.

La semana siguiente, Charlie se tomó el día libre del trabajo y nos llevó a Emmett y a mí a Seattle para nuestras citas separadas. Sin embargo, lo que Emmett no sabía era que nuestras citas en realidad eran menos separadas de lo que él esperaba.

—¿Por qué no me dejas en el centro? —preguntó Emmett confundido cuando Charlie se detuvo en el estacionamiento del consultorio de mi doctora.

—La de Bella es primero —le dijo Charlie.

—Pero generalmente me dejas a mí y luego la llevas a ella —protestó Emmett.

—Hoy no —gruñó Charlie.

Emmett no estaba feliz de ir al consultorio de mi obstetra, pero se dejó caer en una se las sillas de la sala de espera y comenzó a hojear una Sports Illustrated.

—Bella, señor Swan, estamos listos para ustedes —dijo la enfermera con una sonrisa.

—¿Por qué vas a entrar con ella? —le preguntó Emmett a Charlie, confundido.

—Tú también vienes —le dijo Charlie, causando que una expresión perturbada cruzara los rasgos de Em.

—¿Por qué?

—Es una reunión de planificación familiar... Solo levanta tu trasero y vamos.

Em puso los ojos en blanco, pero aparte de eso, obedeció. Nos llevaron al consultorio personal de la doctora McCarty y los tres nos sentamos en las sillas mientras esperábamos que ella entrara. Sin embargo, para el disgusto de Em, ella no vino sola.

—¿Qué demonios está pasando? —preguntó Em irritado cuando el doctor Cullen se sentó en la silla frente a él.

—Solo vamos a tener una reunión familiar —le dijo Charlie, parcialmente honesto. La verdad era que esta fue realmente la única cosa en la que Charlie y yo acordamos desde que se reveló la paternidad de mi bebé. Habíamos hablado de esto con anticipación, y decidimos que era el mejor curso de acción. Necesitábamos reunirnos y discutir las opciones de Em con respecto a que el bebé fuera un donante.

—Bueno, podemos hacerle pruebas al tejido del bebé poco después del nacimiento, pero lo que me gustaría hacer es prepararme para una donación de células madre —explicó el doctor Cullen—. Las células no tienen que ser exactamente compatibles para eso. Por supuesto, no es algo seguro y mientras más se relacionan mejor, pero creo que podríamos tener una oportunidad real aquí.

—Puedo extraer las células del cordón umbilical del bebé justo después de que nazca —nos dijo la doctora McCarty—. Y las células pueden tomarse de inmediato para ser preparadas para el trasplante.

—Bueno, todavía le haremos pruebas a los tejidos del bebé, solo en caso de que rechaces las células madre, pero soy muy optimista —añadió el doctor Cullen.

—¡Espera! —dijo Emmett enojado—. Ya les dije a todos, no quiero tener nada que ver con ese bebé.

—Oh, por el amor de Dios —dije exasperada—. ¡Deja de ser tan malditamente terco!

—No estoy siendo terco. Yo no te pedí que te quedaras embarazada para salvar mi vida, y me niego a tener alguna parte de eso.

—Em, el bebé va a venir, te guste o no —Charlie trató de razonar con él—. No tiene sentido no usar las células si pueden salvarte.

—No —dijo Em de nuevo antes de levantarse y salir de la habitación.

Solo puse los ojos en blanco y negué con la cabeza. Él realmente estaba siendo más que ridículo.

—Incluso si él no cambia de opinión inmediatamente, todavía podemos guardar las células —nos aseguró la doctora McCarty—. Las guardaremos para él, o también pueden ser útiles para el futuro de tu bebé. Se sabe que las células curan varias enfermedades diferentes.

Asentí.

—Está bien, hagámoslo.

—Hay una tarifa por almacenarlas que al doctor Cullen y a mí nos gustaría cubrir por ustedes —me informó ella.

—¿De verdad? Eso es muy generoso de su parte, gracias —les dije a los dos con gratitud.

—Es un placer —respondió el doctor Cullen.

—Pero todavía necesitamos que llenes algunos papeles para la extracción de las células, y luego presentaré todo con el banco —continuó la doctora McCarty.

—Claro —le dije con una sonrisa.

En realidad, había un montón de papeles que debían ser llenados. Algunos los tenía que firmar papá porque yo todavía era menor de edad, pero cuando llegamos a la página en la que daba permiso para el procedimiento, me sorprendió que el papel ya tuviera una firma.

La doctora McCarty vio mi pausa y explicó:

—Suponiendo que vas a poner el nombre de Edward en la partida de nacimiento del bebé, también necesitamos su firma.

—¿Cuándo diablos lo firmó Edward? —preguntó Charlie confundido.

—Él vino la semana pasada —nos dijo la doctora McCarty.

Entonces Charlie se giró a mirarme de forma interrogante.

—¿Pensé que se había ido del estado?

Me encogí de hombros.

—Supongo que no.

Luego miró a la pulsera en mi muñeca.

—¿Supongo que él te dio eso por tu cumpleaños?

—¿Por qué no vuelves a vivir en negación?, eras más feliz allí —le dije irritada. Y luego volví a mirar a los doctores—. ¿Hemos terminado aquí?

—Claro... La enfermera Jackie te llevará a tu examen —dijo la doctora McCarty—. Señor Swan, puede esperar en el vestíbulo.

Charlie nunca comentó nada más sobre mi pulsera, sin embargo, lo atrapé mirándola fijamente un par de veces. Pero realmente no me importaba; no había nada que él realmente pudiera hacer al respecto de todos modos.

Pasamos las siguientes dos semanas tratando de convencer a Emmett de que dejara de ser un imbécil, pero ya no estaba segura de si él siquiera escuchaba. Él era tan odioso con cualquier cosa que tuviera que ver con Edward, que no estaba dispuesto a permitirse la esperanza que nuestro bebé podría traer.

A una parte de mí ya ni siquiera le importaba. Si Emmett no quería ser salvado, entonces no podía obligarlo. Escuché a papá decirle que si él no aceptaba la donación, yo habría desperdiciado mi vida quedando embarazada por nada, pero ciertamente nunca me sentiría así. No me quedé embarazada por nada, y nunca me arrepentiría. Mi bebé no era solo una entidad de células y tejidos para ser usado por otros, era un regalo, algo creado por nuestro amor y ya era amado inmensamente por su padre y por mí. Él o ella definitivamente valían la pena, y con mucho gusto daría mi vida por eso.

Cuando mi caminar se convirtió en más un andar de pato, la doctora McCarty me dijo que estaba cerca y que el bebé ya estaba moviéndose a la posición adecuada para el nacimiento. Siguió diciendo que podría estar a solo días, y me sentí abrumadoramente nerviosa. No solo era la idea del doloroso parto, sino también de saber que nuestro futuro aún era tan incierto. Y aunque actualmente me disgustaban todos los miembros de mi familia, era difícil saber que realmente nunca los volvería a ver.

¿Pero qué pasaba si Edward y yo no podíamos encontrar una forma para estar juntos o si nos detenían de alguna manera? Incluso si nos escapábamos, ¿cómo podríamos mantenernos? ¿Qué pasaba si nada salía como lo esperaba y realmente todo fue por nada? Mi depresión me dio otro puñetazo, y esta vez fue uno fuerte.

—Bella, tienes que salir de la cama. La doctora McCarty dijo que deberías estar caminando —trató de convencerme Charlie, pero simplemente no tenía ganas.

Básicamente solo salía de la cama para ir al baño, y en algún momento incluso dejé de comer. Pero eso no duró mucho, porque a las tres de la mañana, el 2 de octubre, mi bebé me despertó y decidió que era hora.

Ni siquiera me molesté en decirle a Charlie o a Em; simplemente llamé a Rose y le pedí que viniera a buscarme. Me habría sentido mal por despertarla, pero ella me había prometido dormir con su celular todas las noches por mí, y me había asegurado que estaba más que feliz de hacerlo.

—¿Estás segura de que no quieres decirle a tu papá? —me preguntó cuando me subí a su auto.

—Estoy segura —respondí, justo cuando otra contracción atacaba mi sistema.

—¡Oooh! —dijo Rose con un poco de pánico después de ver mi expresión de dolor—. Respira... ¡Empuja! —No era hora de empujar nada, pero no iba a decirle eso a Rose. Ella solo estaba tratando de ayudar—. ¿Sientes la cabeza saliendo?

La contracción disminuyó, así que la miré y le di una sonrisa forzada.

—No, el bebé probablemente no saldrá hasta dentro de un rato.

—¡Gracias a Dios! Quiero decir, te quiero y traería al mundo a tu bebé si tuviera que hacerlo, pero realmente no quiero.

Me reí una vez.

—Confía en mí, yo tampoco quiero que lo hagas.

Llegamos a Forks General diez minutos después, y fui directo al ala de maternidad para registrarme. El plan era que una enfermera me revisara para ver si estaba en trabajo de parto activo, y luego le avisaríamos a la doctora McCarty y ella vendría desde Seattle. Me advirtieron que había una posibilidad de que ella no pudiera llegar a tiempo, ya que eran unas tres horas de distancia, pero no estaba preocupada. No estaba realmente segura de cómo me sentía, en realidad; mi depresión esporádica había hecho increíblemente difícil descifrar mis emociones.

Pero la peor parte de todo esto era el hecho de que Edward se lo iba a perder, y sabía lo mucho que él quería estar allí... Solo deseaba tener una forma de contactarlo. Incluso si él no podía presenciar el nacimiento, la idea de que nuestro bebé pasara unos días sin que Edward lo supiera era desgarradora. Eso era algo que nunca podríamos recuperar, y comencé a odiar a mi papá una vez más por quitarle eso.

Fui ingresada y conectada a una IV —Rose me dejó apretarle la mano cuando me pincharon— y luego comprobaron que estaba en trabajo de parto activo.

A las ocho de la mañana ya estaba agotada por las fuertes contracciones, y cuando me dijeron que ni siquiera estaba a mitad del camino, comencé a asustarme un poco.

—Ya no puedo hacerlo —lloré.

—Mierda, Bella, realmente creo que deberías dejarme llamar a tu papá. En realidad, me sorprende que nadie aquí lo llamara.

—Dijeron que no tenía que avisarle si no quería —gruñí a través de mi contracción.

Una hora más tarde, Charlie apareció de todas formas.

—Oh, Bella, gracias a Dios, pensé que te habías escapado —dijo con gran alivio en su rostro, pero cuando presenció mis contracciones por primera vez, ese alivió desapareció—. ¿Debería sentir tanto dolor? —le preguntó a una de las enfermeras.

—Todo está bien —trató de asegurarle la enfermera.

—Papá, no tienes que estar aquí —le dije.

—Tú estás aquí, así que por supuesto que estoy aquí. ¿Por qué no me llamaste?

Tal vez no lo dije bien.

—¡No te quiero aquí! —aclaré con vehemencia. Pero como era un caso perdido emocional, luego comencé a sollozar.

Él se acercó a mí, me abrazó la cabeza y me besó el cabello con ternura mientras yo lloraba.

—Mira, sé que me odias en este momento, pero... tú eres mi niña... todo lo que he hecho ha sido porque pensé que era lo correcto —dijo suavemente.

—Solo déjame sola —gimoteé.

Me volvió a besar en la cabeza y luego retrocedió.

—Lo siento —murmuró antes de darse la vuelta y salir de la habitación.

La enfermera regresó y me ofreció una epidural, lo que acepté con mucho gusto. Quería pasar el mayor tiempo posible sin una porque todos decían que era mejor para el bebé de esa forma, pero ya no podía soportarlo más. Sin embargo, antes de que el anestesiólogo tuviera tiempo de llegar allí, la doctora McCarty entró y me revisó.

—Oh, no tenemos tiempo para una epidural, estás completamente dilatada —me dijo, aterrorizándome muchísimo.

—No, se supone que primero esté anestesiada —dije en pánico. Incluso si pudiera soportar el agonizante trabajo de parto, no tenía idea de cómo iba a ser capaz de pujar a través del desgarramiento y rasgamiento, y todas las otras cosas horribles que sucedieron en ese video perturbador que nos hicieron ver en educación sexual.

—Lo siento, no tenemos tiempo —dijo ella con simpatía—. Además, una epidural puede dificultar el pujar. Queremos sacar este bebé lo más pronto posible, ¿verdad? —preguntó con demasiada energía.

—No, quiero hacerlo sin dolor —lloré. Si hubiera estado en un mejor estado mental, probablemente habría estado avergonzada por mi ridículo espectáculo, pero en ese momento no podía hacer que me importara.

—Lo superarás, cariño. Ahora, en tu próxima contracción, voy a necesitar que comiences a pujar.

Un equipo de enfermeras entró y comenzó a moverse, preparándose para la llegada del bebé, pero todo empezó a ponerse borroso. Apenas podía escuchar a la doctora McCarty diciéndome que "empujara", pero simplemente no podía encontrar la fuerza. ¿Cómo llegué allí? ¿Qué demonios estaba haciendo en esa situación? Mi mente ni siquiera podía recordar las razones de eso, y una gran parte de mí deseaba poder simplemente desaparecer y dejar de existir por completo.

Y entonces... como siempre que lo necesité en el pasado... él estaba allí.

—¡Edward! —grité cuando entró en la habitación.

Su preocupada sonrisa abrumada iluminó todo mi universo, y me trajo de regreso al presente donde pertenecía.

—Estás aquí —lloré con incredulidad.

—Estoy aquí. Nena, eres increíble, ¿lo sabes? —dijo apurado mientras agarraba mi mano y acariciaba mi cara.

—Dejaré que él lo maneje desde aquí —escuché a Rose decir en voz baja antes de retirarse rápidamente de la habitación.

—No creí que llegarías a verlo —le dije a Edward emotivamente.

Mi cara estaba cubierta de lágrimas y sudor, pero a él no parecía importarle. Me llenó de besos de todos modos, y me dijo lo mucho que me amaba una y otra vez.

—Bella, realmente necesito que pujes ahora —me dijo la doctora McCarty suavemente. Era claro que ella había tratado de darnos un momento para nuestra reunión, pero era hora de volver a los negocios.

Con Edward a mi lado, me sentí fuerte de nuevo, pero más importante, tenía una nueva determinación. No estaba segura de cómo Edward supo que estaba allí o cómo pasó a mi papá para entrar a la habitación, pero quería que él viera el nacimiento de nuestro bebé tanto, que iba a hacer todo lo posible para que eso sucediera antes de que fuera alejado de mí otra vez.

Varios empujes y una posible quebradura en la mano de Edward más tarde, la doctora McCarty anunció que estaba coronando.

—¡Santa mierda! —gritó Edward con una mezcla de emoción y conmoción. Aflojé mi agarré en él momentáneamente para que pudiera ver la cabeza del bebé emergiendo, pero lo necesitaba desesperadamente, así que regresó conmigo cuando salió el resto de la cabeza.

—Está bien, vamos a sacar estos hombros y entonces tendremos un bebé —me dijo la doctora McCarty—. Un gran empuje más, Bella.

Edward se movió un poco así podía ver al bebé mientras continuaba con mi mano firmemente en la suya, y yo simplemente mantuve los ojos fijos en su hermoso rostro sorprendido mientras pujaba una última vez.

Tal vez mi adrenalina se disparó porque realmente no podía sentir mucho físicamente, pero cuando la expresión de Edward se convirtió en una de pura adoración asombrada, supe que el bebé había salido.

—¡Es un niño! —anunció la doctora McCarty, y luego inmediatamente colocó al bebé sobre mi pecho mientras las enfermeras lo frotaban y limpiaban... pero no lloró. Todo lo que había leído sobre los recién nacidos era que se suponía que lloraban después de nacer para limpiar sus pulmones y fortalecer su respiración, pero cuando miré la carita perfecta devolviéndome la mirada, no estaba preocupada. Estábamos teniendo un momento, y el llanto tendría que esperar.

Todo en mi vida me había estado guiando a eso. Cuando el mundo no tenía sentido, cuando me sentía fuera de onda y de lugar, era solo el camino que necesitaba tomar para llegar a ese momento. Este era mi lugar. Para esto había sido puesta en la tierra. El bebé acostado pacíficamente sobre mí era mi mayor logro, mi obra maestra.

No pude soportarlo más; me abrumó el gran nivel de amor que ni siquiera sabía que existía, y comencé a llorar... al igual que el bebé... al igual que Edward. Todos llorábamos, los tres, nuestra pequeña familia lloraba, lo que solo pareció acercarnos más.

Era tan surreal, y sin embargo lo más real que jamás había sentido, y no había palabras para describirlo correctamente.

La increíble sensación no flaqueó cuando las enfermeras me sacaron al bebé y Edward fue a cortar el cordón, porque no importaba dónde estuviéramos todos físicamente, yo sabía que nuestro vínculo era inquebrantable.

Observé con adoración mientras la enfermera le mostraba a Edward dónde cortar el cordón, y luego lo envolvían y lo colocaban en los brazos protectores de Edward por primera vez.

—Es hermoso —dijo la enfermera, pero Edward no le estaba prestando atención, él estaba perdido en lo asombroso que era nuestro hijo.

Después de un minuto de arrullos y lágrimas continuas, Edward me miró y regresó a mi lado, y volvió a poner suavemente al bebé en mis brazos.

—Lo hiciste, nena —susurró en mi oído.

Negué con la cabeza.

—Lo hicimos —le dije, porque era la verdad absoluta. No había forma de que lo hubiera logrado sin él—. No puedo creer que sea un niño —comenté con una sonrisa mientras acariciaba su pequeño dedo meñique que había escapado de la manta.

Edward se rio bajito.

—¿Estabas esperando una niña?

Negué con la cabeza.

—No... pero quería tanto un niño que no pensé que sucedería.

—¿Por qué querías un niño? —preguntó sorprendido por mi comentario.

—Porque quería un mini tú.

Me sonrió de nuevo, y luego se inclinó para darme un tierno beso en los labios.

—Te amo mucho.

—Yo también te amo.

Varios minutos después, la doctora McCarty vino a hablar con nosotros.

—Todo está perfecto. Tu sangrado es mínimo, el bebé está saludable y la sangre del cordón umbilical ha sido extraída y está saliendo.

—Muchas gracias —le dije con sinceridad.

—Fue un placer —dijo con una cálida sonrisa—. A la enfermera Maggie le gustaría llevar al bebé para pesarlo y limpiarlo, ¿si eso está bien?

—¿Por cuánto tiempo se lo llevará? —pregunté, sin querer perderme un momento con él.

—Como diez minutos más o menos. Te trasladarán a una sala de recuperación y tu hijo será llevado allí.

Miré a Edward y él me dio un asentimiento alentador, así que le dije:

—Está bien.

La enfermera tomó al bebé y no pude evitar observarla atentamente mientras ella lo colocaba en la pequeña cuna de plástico y lo sacaba de la habitación.

—No hay nada de qué preocuparse, él está etiquetado y en buenas manos —me aseguró la doctora.

—¿Etiquetado?

—Él tiene una pulsera en el tobillo que coincide con la tuya para asegurarnos que no haya confusión en cuando a quién pertenece.

—Oh —dije con un asentimiento.

—Regresaré a revisarte dentro de un rato.

—Gracias —le dijo Edward con gratitud, y luego se dieron la mano antes de que ella saliera de la habitación.

—¿Ella te llamó? —pregunté, sin tener idea de qué otra forma él habría sabido que yo estaba allí.

—No... lo hizo Charlie —dijo, sorprendiéndome por completo.

—¿Charlie?

—Sí... fui a su trabajo la semana pasada y le supliqué que me llamara cuando entraras en trabajo de parto. Él básicamente refunfuñó al respecto y me dijo que me largara, pero aceptó mi nuevo número. No pensé que en realidad me llamaría, pero... gracias a Dios lo hizo.

Realmente no tenía idea de qué pensar al respecto, así que decidí que no importaba en ese momento. Una enfermera entró y nos llevó a una habitación diferente, y afortunadamente no vimos a mi papá en el camino; todavía no estaba lista para esa conversación.

Una vez que estuve en mi nueva cama, estiré un brazo hacia Edward y él vino con entusiasmo a besarme. Sus labios se sentían tan bien mientras bailaban con los míos, que honestamente lo comparé con la sensación de poder respirar de nuevo después de contener la respiración durante tanto tiempo sin él.

—Te extrañé mucho —le dije.

—Oh, Bella, nunca entenderás realmente lo difícil que ha sido permanecer alejado de ti.

—Pensé que te habías ido. Rose dijo que alguien te escuchó mencionar Chicago.

—Le dije eso a Waylon porque sé que es amigo de tu papá y probablemente se pondría en contacto con él. Solo quería que Emmett y Charlie se relajaran un poco así podía hacer lo que tenía que hacer.

—¿Y qué tenías que hacer?

—Comprar un taller —dijo inesperadamente—. Mira, sé que debería haberte hablado de esto primero, pero no era algo que pudiera escribir en un pósit. De hecho, escribí esta carta larga para ti, pero simplemente... no sé, nada sonaba correcto.

—Está bien, las notitas fueron perfectas. Y muchas gracias por la pulsera, es hermosa.

—Bueno, ojalá hubiera sido más, pero... —dejó su oración incompleta.

—Entonces... ¿tienes suficiente dinero para comprar un taller? —le pregunté, tratando de entender todo lo que había estado haciendo desde que nos habíamos separado.

—No, no exactamente. En realidad tengo un socio... un socio silencioso, pero no podría haberlo hecho sin ella.

—¿Ella? —le pregunté con una repentina sensación de ansiedad. Confiaba en él por completo, pero no estaría bien si trabajaba con Tanya.

—Sí... la señora Kebi —dijo, sorprendiéndome por completo.

—¿En serio? —pregunté con una sonrisa incontrolable extendiéndose por mi cara. Realmente no entendía como alguna vez pude dudar de él.

—En realidad fue su idea —explicó—. No sé, ella nunca tuvo hijos y creo que me adoptó —dijo con una risa—. De hecho, me he quedado en su casa un par de veces. El señor Kebi pensó que era extraño al principio, pero me lo gané.

—Apuesto que sí —dije con mi sonrisa cada vez más amplia—. Entonces... ¿dónde está el taller?

—Aquí… se lo compré a Waylon… Bueno, técnicamente la señora Kebi se lo compró a Waylon, pero ya sabes lo que quiero decir.

—Pero el taller quebró, entonces, ¿cómo podrás mantenerlo abierto?

—Quebró porque Waylon es horrible con sus finanzas. La señora Kebi dirigió el negocio de su esposo con éxito por treinta años antes de que se jubilaran. La necesidad de un buen mecánico todavía está ahí, así que deberíamos estar bien.

Asentí distraídamente.

—Entonces... ¿planeas quedarte en Forks?

—Por supuesto. Ustedes están aquí, ¿a dónde más iría?

—Estaba pensando que deberíamos huir juntos… solo nosotros tres.

Apretó los labios y luego se sentó junto a mí en la cama.

—También pensé en eso por un tiempo... pero luego me di cuenta de que no sería bueno para nadie. No quiero estar constantemente huyendo. ¿Qué tipo de vida es esa para el bebé? Además, no tendría forma de mantenerlos.

—Entonces... ¿qué vamos a hacer?

Se inclinó y me besó la frente de nuevo.

—Todo va a estar bien.

—¿Cómo? —pregunté sintiendo que era una situación imposible—. Mi papá va a perder la casa y no tendré otro lugar donde vivir, así que se supone que debo mudarme a Phoenix. —Sentí que me escocían los ojos con la amenaza de más lágrimas, pero Edward no iba a dejarme llorar, al menos no por estar molesta.

—No vas a ir a ninguna parte... bueno, a ninguna parte excepto al otro lado del pueblo. Tú y el bebé se van a mudar al departamento conmigo.

—¿Cómo? —le pregunté dudosamente.

—He estado hablando por teléfono con Renée casi todos los días durante el último mes.

—Tú has... Ella no me dijo nada.

—Bueno, ayer finalmente logré que ella aceptara que tú y el bebé pertenecen conmigo. Dijo que hablaría con Charlie, pero como ella sigue siendo tu tutora legal, puede darte permiso para vivir conmigo.

—¿Pero no puede Charlie todavía presentar cargos?

—Puedo —dijo Charlie, de repente interviniendo en la conversación mientras entraba en la habitación—. Pero no lo haré.

—¿No presentarás cargos? —le pregunté. Mi corazón saltó por el inesperado giro de los acontecimientos.

—No —dijo en voz baja mientras se sentaba al otro lado de la habitación—. Acabo de hablar por teléfono con tu madre... y estoy de acuerdo con ella.

Estaba en shock, pero definitivamente era un tipo de shock maravilloso.

—Lo he estado pensando durante mucho tiempo, y por más que lo odie... creo que deberías mudarte con él —continuó Charlie.

—¿De verdad? —pregunté con más lágrimas, del tipo feliz.

—Sí... Bella, tienes que entender, esta no es la vida que quería para ti... al menos no por otra década más o menos, y eso me asustó muchísimo. Pero sé que lo amas, y lo más importante, sé que él te ama. Va a ser más difícil de ahora en adelante, pero ya no eres una niña... y ahora me doy cuenta de que no has sido una niña desde hace mucho tiempo, y eso es mi culpa. No debería haberte dejado... no sé qué debería haber hecho, pero dejarte no fue lo correcto. Puse demasiada responsabilidad en Edward, y eso también estuvo mal... Pero supongo que ya no tiene sentido afligirse, porque no podemos retroceder. Lo que está hecho, está hecho, y aquí es donde está tu vida ahora. Y lo siento por haberlos mantenido separados. El bebé necesita a sus dos padres.

Asentí.

—Gracias, papá —dije en voz baja. Me llevaría mucho tiempo superar todo, pero iba a ser muy difícil guardar rencor cuando estaba tan feliz.

Como si fuera una señal, una enfermera eligió ese momento para entrar a la habitación.

—Toc, toc, alguien extraña a su mami.

Me entregó a mi pequeño bebé perfectamente limpio, todo envuelto en una manta celeste y un gorro a juego, y eso solo reafirmó mi pensamiento anterior: ser infeliz por cualquier cosa era imposible.

—Hola, cariño —lo arrullé. Edward se inclinó y besó su cabeza, y luego besó la mía, y tan perfecto como era el momento, podía sentir los ojos de Charlie observándonos, así que lo miré—. ¿Quieres verlo?

Sonrió con pesar, luego se levantó y se acercó para mirarlo de cerca. Observé su cara mientras veía a su nieto por primera vez, y su expresión dura inmediatamente se suavizó en la sonrisa más grande que había visto en su cara en años.

—Aw, Bella, es hermoso.

—Lo es, ¿verdad? —acordé.

Después de unos minutos, Charlie pidió hablar con Edward fuera de la habitación, así que nerviosamente los observé a los dos en el pasillo mientras parecían estar en algún tipo de discusión profunda. Charlie seguía caminando mientras hablaba, así que él entraba y salía de mi línea de visión, pero de vez en cuando Edward me miraba y me daba una sonrisa tranquilizadora, así que me obligué a relajarme.

Una enfermera entró para ayudarme a que el bebé se prendiera para que lo pudiera amamantar, así que cerró la puerta y ya no pude ver a Charlie y Edward... solo esperaba que se mantuvieran civilizados.

Veinte minutos después, el bebé se había quedado dormido y Edward regresó a la habitación solo.

—Oye, ¿cómo fue la cuestión de amamantar? —me preguntó en voz baja. Se acercó y nos besó a los dos de nuevo, y luego se sentó a mi lado.

—Bueno, creo que le gusta más que yo —dije honestamente.

Edward se rio.

—Bueno, tienes unas tetas maravillosas... especialmente ahora —bromeó mientras retiraba el camisón de mi cuello así podía mirar mis pechos.

—Detente —me reí—. Pertenecen a él en este momento.

Frunció el ceño.

—Eso no es justo, he estado lejos de ti por meses.

Me encogí de hombros.

—Vas a tener que ser paciente y esperar tu turno.

—Meses —repitió.

Me reí de nuevo.

—Entonces supongo que puedes esperar un poco más.

Él sonrió sinceramente.

—Te esperaría por siempre.

—Lo sé.

Y lo sabía. Edward me amaba, y él haría lo que fuera necesario para mantenernos juntos, incluso si eso significaba soportar la ira de mi padre.

—Entonces, ¿qué tenía que decir Charlie?

—Él básicamente me gritó durante un rato y me dijo lo traicionado que se sentía... Y luego, sin que yo dijera una palabra, su sermón de alguna forma se transformó en apoyo y aprobación.

—Guau.

—Sí... quiero decir, no espero que las cosas estén realmente bien entre nosotros, pero él te ama, y realmente solo quiere lo mejor.

—¿Qué pasa con Emmett?

Edward resopló.

—Realmente no lo sé. Charlie dijo que lo llamó para decirle que tuviste al bebé y que él iba a venir a verte, pero cuando mencionó que yo estaba aquí, se enojó. No lo veo superando esto pronto... bueno, nunca en realidad.

—¿Pero qué pasa con las células madre?

—Charlie dijo que seguiría trabajando en él, pero no hay mucho que pueda hacer. Emmett es adulto, no pueden obligarlo a hacerse el trasplante si él no quiere.

—Bueno —suspiré—. Supongo que no hay nada más que hacer... Pero tenemos que darle un nombre —dije con una sonrisa mientras miraba al precioso bebito en mis brazos. Le saqué el gorro y me incliné para oler su cabeza llena de cabello color bronce, y supe fácilmente qué nombre quería para él, convencer a Edward iba a ser mucho más difícil.

Al día siguiente, después de firmar un montón de papeles, Edward y yo trajimos a nuestro hombrecito a casa. Me quedé completamente asombrada y muda cuando vi la habitación de invitados en el departamento totalmente transformada de la forma en que Emmett la tenía cuando él vivía allí, en un hermoso cuarto para bebé. Tenía todo, desde una cuna y cambiador, hasta una gran silla afelpada para mecer al bebé para dormir.

—Me decidí por las ovejas, porque, bueno, ya sabes —explicó Edward—. Además no sabíamos si era un niño o una niña, así que la señora Kebi me dijo que las ovejas serían seguras para cualquiera de los dos.

—Es perfecta —dije mientras miraba alrededor de la habitación. Estaba pintada de celeste con nubes blancas y esponjosas por todas partes, y había imágenes de ovejas en las cortinas y las sábanas de la cuna.

—No —dijo Edward antes de salir corriendo de la habitación y volver rápidamente con una pequeña adición especial—. Ahora es perfecta. —Colocó un león de peluche nuevo dentro de la cuna, y no pude evitar sonreír.

—Eso es un poco morboso considerando que la habitación está llena de ovejas, ¿no crees?

Negó con la cabeza.

—De ninguna manera. Él no puede estar constantemente rodeado por animales de granja débiles y suaves, necesita algo que muestre fuerza y masculinidad.

Me reí.

—Está bien.

—Confía en mí, para cuando tenga un año, todos estos animales esponjosos serán reemplazados por carnívoros. Estoy pensando en dinosaurios... O podemos olvidar por completo el tema de los animales y pasar a los autos de carrera.

—Ya veremos —le dije, y para ser honesta, no podía esperar. El futuro era tan amplio con posibilidades, que sabía que cada pequeño paso del camino iba a ser un viaje increíble.

Dos semanas después, nos enteramos de que Emmett no solo tenía la opción de las células madre, sino que nuestro bebé también era un donante de tejido perfecto. Había tenido razón todo el tiempo, e independientemente de si Emmett alguna vez sacaba la cabeza de su trasero para usar ese milagro, nosotros definitivamente fuimos contra las probabilidades y salimos del otro lado para mejor. Había una razón para todo, y el mejor regalo que podíamos tener era vivir nuestras vidas y no preocuparnos por tratar de resolverlo todo.

Un día a la vez —me había dicho Edward una vez, y continuaríamos viviendo de esa forma por el resto de nuestras vidas. Planear para el futuro era necesario, pero no era realmente de lo que se trataba el dicho; era apreciar el día y no desperdiciar el precioso tiempo que teníamos juntos. Si la enfermedad de Emmett me había enseñado algo, era a seguir tu instinto y nunca dar la vida por sentada.


¡Hola! ❤🖐

Gracias por leer. ¡Nació el bebé y por fin están juntos!😍🎉 ¿Me cuentan qué les pareció este capítulo? El próximo es el epílogo.😥

Gracias por sus reviews en el capítulo anterior😍: tulgarita, cavendano13, Techu, piligm, Tata XOXO, debynoe12, Lily, Vanina Iliana, Liz Vidal, Kriss21, Ele, BCullen, Cinti, Alexandra Nash, Lady Grigori, Elizabeth Marie Cullen, Lizdayanna, somas, lauritacullenswan, miop, Jade HSos, Paola Lightwood, kaja0507, Maryluna, saraipineda44, Adriana Molina, Tecupi, Fallen Dark Angel 07, Yoliki, jupy, bbluelilas, cary, marme, Esal, crysty Katy, alejandra1987, Adriu, MariePrewettMellark, Adriana Molina, Itzel clem, freedom2604, patymdn, y los Guest.

¡Hasta el próximo capítulo!😘