"Detenido para siempre, ¿podrán los engranajes del reloj volver a girar?"

El tiempo era como el caldo de pollo que Liz intentó hacer en la mañana.

Estresante. Desastroso. Aterrador.

Pero no desaparecerá.

Porque Liz seguirá intentando cocinar, al igual que el tiempo no se detendrá.

De pensarlo, una extraña mueca de asco deformaba su rostro. Sacó la lengua, queriendo olvidar el mal sabor de boca que le dejó. Ahora temía por la cocina, y las ollas, y los platos, y todo.

A pesar de tratar de concentrar sus sentidos en el espacio impecable de la Death Room, el pánico lo envolvía con tan solo imaginar su mansión incendiándose.

Todo menos eso, por Shinigami...

Ah.

Cierto.

Él era el nuevo Shinigami.

Increíble, ¿verdad?

¿Cuanto exactamente había pasado desde aquello? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tal vez tres meses? Un año, estaba seguro que no era un año. Pero se sentía igual que una década, pesándole en la espalda, llevándolo hacia abajo entre tanta presión que él mismo se imponía.

Bueno, no solo él.

Esa Luna negra, permanente e impasible, que al igual que el tiempo, nunca cambia. Podía definirla como perfecta; incluso diría —arriesgándose a un buen golpe departe de Maka— de que estaría mejor si la Luna se quedara así. Sin embargo, recordar las razones de porqué es tan redonda y simétrica, solo le revolvía el estómago. Además, podía jurar que se sentía observado y juzgado por la gigante esfera de sangre, como si le reprochara el que hasta ese momento, no haya hecho nada.

Nada...

¿En serio no ha hecho nada?

¿O es qué desde que Chrona encerró al Kinshin, el mundo se ha vuelto más... pacífico?

Nada.

Esa palabra, esa simple y llana palabra, le provoca escalofríos. La conversación que tuvo esa vez en el libro invade su mente, y se siente de nuevo rodeado de esa oscuridad.

¿Hubiese acabado cómo Chrona? ¿Habria sacrificado todo por un ideal equivocado?

Death the Kid se siente pequeño. Aun más pequeño. Y sus dedos se aferran a la vieja capa de su padre, la que no necesita realmente usar, pero le trae ese confort, aquel calor paternal que ahora añora y le destroza. Que diría su padre si supiera lo que pensó y lo que estuvo a punto de hacer si no fuera por Black Star.

Le dio tanta vergüenza decírselo, mas se arrepentía de no hacerlo. Estaba seguro que le entendería, como siempre era con sus dudas. Probablemente le daría una respuesta a medias, igual que siempre.

Ahora comprendía que eso era para que descubra la verdad por si mismo.

Todos esos años, junto a su padre, se le hacían tan cortos, efímeros. Al igual que un castillo de arena construido donde la olas deciden romper. Y desea regresar, que el tiempo retroceda. No deseaba ir al ritmo que los demás. Si bien era consciente que debía avanzar, no se sentía capaz.

Hace meses que deseaba eso.

¿Podrían los engranajes girar en sentido contrario?

¿No hubiese sido mejor que ambos pudieran existir como Shinigami?¿Hubiese sido mejor que el tiempo corra para él, pero para su padre no?

¿Los engranajes del reloj no podrían descarriarse solo un poco?

Tal vez a eso se refería Chrona con toda esa extraña palabrería.

Observa su reflejo en el espejo, y no se ve como un Shinigami, a pesar de ser uno y tener la responsabilidad de uno. Se ve como Kid, un adolescente de quince años que aun lidia con un Trastorno Obsesivo Compulsivo, lleno de ansiedad y bastante depresivo. Aun hay momentos en que se siente al igual que una escoria, llamándose a si mismo inútil. Mas trata de mantener la compostura, en especial frente a las otras Death Scyhte, quienes esperan de él lo mejor, así no lo hayan dicho.

Se cree caprichoso, con tan solo pensar en destrozar el orden del tiempo. Era consciente que es arrepentimiento lo que le provoca dichas ideas, sin mencionar la locura que emana la Luna, la cual afectó en él.

Y era tentadoras dichas ideas.

"Detente."

— ¿Qué? —se sobresalta, girándose en su sitio, y por poco tropezando con la capa.

— ¿Qué de qué? —unos ojos rojos le devuelven la mirada, curiosos ante la extraña reacción. — ¿Estas bien?

¿En que momento Soul entró?

— Ah, sí...—murmuró, mientras relaja su expresión, quitando aquel ceño fruncido. — Solo me sorprendiste — Y no mentía, pero estaba seguro que la voz que escucho era muy distinta.

— Llevo aquí un buen rato —dice la guadaña, formando una sonrisa. — ¿Qué tanto miras al espejo?

Cierto calor invadió su rostro, y se arrepintió de no llevar puesta la mascara.

— N-nada. Bueno, solo revisaba que, pues, ya sabes, revisaba. —Encoge los hombros, moviendo las manos queriendo restarle importancia al asusto. Hablar de sus desbordes mentales estaba restringido.

— Aaah, revisabas... — Soul asintió, lentamente, contradictorio al tono sarcástico e incrédulo que empleó. — Entonces supongo que ya sabes...

— ¿Eh? —Kid mostró genuina ignorancia, para diversión del albino.

— Y supongo que mi presencia ya no es necesaria, porque el chico Shinigami, que todo lo sabe, tomó una descicion. —Y continuaba, forzando cada vez más su sonrisa de tiburón.

— O-oye...

— Y supongo, ¡tan solo supongo!—dijo haciendo aun mas énfasis, comenzando a golpear el suelo con su zapato.— Que todo el camino que me tomó cargando el peso de Maka fue innecesario, ¿verdad? ¿Verdad?

— ...Soul, para. Si me rompes el piso, no te lo perdono. — Y la voz serena de Kid fue lo que terminó por hacer estallar al arma.

— ¡Debiste responder el puto espejo! — Exclama frustrado, alzando los brazos.

— No he recibido ninguna señal...

— ¿No será que no sabes usarlo?—dijo ya más calmado, luego de tomar una bocanada de aire.

— ¿Por quién me tomas? —responde un poco ofendido, cruzando los brazos.

— Ah no, no me pongas esa cara. Agh, como sea. Solo venía a hacer el reporte de la misión ¿Y sabes qué? Se fue al diablo, el alma desapareció.

La sorpresa se hizo presente en Kid, quien no se esforzó por ocultarlo.

— ¿A que te refieres? —preguntó preocupado.

— Cuando acabamos con el Loco de Wysteria, su alma desapareció —rearfirmó, para luego chasquear la lengua. — Se esfumó, como si fuera humo. Maka intentó localizarlo con su percepción de almas, pero no encontró nada. Buscamos a los alrededores, y eso, nada. Nada de nada.

Y ahí volvía esa maldita palabra...

Nada.

— ¿Cómo un alma puede desvanecerse sin más? —Reflexionó Kid, formulando una maraña de preguntas en su interior.

— No tengo idea, pero Maka tiene una teoría... —La guadaña movió la cabeza, inseguro de seguir. — Sigue buscando el alma, por eso vine solo.

Cierta pesadez se le formó en el pecho a Kid, ¿en serio como no pudo darse cuenta de la presencia de ambos?

— Y...¿cual es esa teoría? —Hablaba despacio, con temor camuflado en curiosidad. Por alguna razón, estaba seguro que tenia que ver con aquella voz de hace un momento.

Su corazón y alma se lo gritaban.

— Puede que sea un... un llamado. — Nervios, tenia nervios de hablar. Como si la confianza se le drenada con tan solo tocar ese tema. Maka y Soul habían sido quienes cargaban con un mayor peso luego de lo sucedido. En especial porque fueron las ultimas personas...

— ¿Un llamado? —Incluso temía seguir el tema, conociendo lo que ocurrió cuando ellos decidieron adentrarse en esa locura.

— Sí. —Corto, seco. Soul solo quería dar por acabada esa conversación y proceder a lo que era importante.

— ¿Pero de quién?

La respuesta parecía no ser necesaria. En especial cuando ambos sabían,así no quisieran decirlo en voz alta.

Chrona.

Los engranajes estaban desencajandose poco a poco.