Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.
Capítulo 6
Rose
Estábamos en una suite bastante lujosa en el hotel Luxor. Yo estaba sentada en uno de los sillones con Adrián y Christian sentados en el sofá frente a mí. Christian se mordió la uña del pulgar, un tic nervioso que acompañaba su mirada distante. Adrián parecía concentrado pero seguía buscando en su bolsillo, era como si buscara una licorera a pesar de la bebida frente a él en la mesa de café. Eddie se paseaba de un lado a otro detrás del sofá y Dimitri se puso de pie a mi lado. Mientras todos los demás parecían nerviosos e inseguros, él parecía completamente impasible. Estaba casi demasiado calmado. Me preocupaba todo lo que estaba burbujeando bajo la superficie.
—Entonces... —Rompí el incómodo silencio—. Moroi. ¿Qué es un Moroi?
Todos se miraron el uno al otro, pero fue Adrián quien finalmente comenzó a explicar.
—Hay mucho más allí de lo que puedes imaginar Rose. Nuestra sociedad se mantiene en secreto y apartada de la población en general, aunque no siempre fue así. En la actualidad, la mayoría de los humanos no tienen ninguna idea más allá de lo que oyen en leyendas o mitos pero hemos existido desde hace muchísimo tiempo. Los Moroi son... vampiros.
Me reí. Era tan ridículo que tenía que ser una especie de broma—. ¿Así que soy una especie de guardaespaldas de una princesa vampiro?
Mi risa murió cuando noté que nadie más se reía como yo.
—No. —Todo mi humor anterior desapareció repentinamente y fue reemplazado por la desesperación cuando protesté ante la idea—. Los vampiros no son reales. Son demonios pálidos y de ojos rojos que viven en las pesadillas, nada más.
Miré hacia Dimitri para confirmarlo. No entendía por qué, pero sentía que confiaba en él lo suficiente cómo para que me apoyara en esta locura. Sin embargo, él no me estaba mirando a mí, sino que miraba a Eddie un poco sorprendido.
—Esos son los Strigoi, —respondió Eddie—. ¿Los has visto antes?
—Como dije... pesadillas. —Me mordí el labio, avergonzada por lo que acababa de admitir.
—Hay dos tipos de vampiros, —continuó Adrián—. Lo que estás describiendo es un Strigoi. Son muertos vivientes, inmortales y sin alma. Se parecen mucho más a los vampiros del tipo de Drácula que la mayoría de la gente tiende a imaginar. Matan a la mayoría de sus víctimas y convierten a otros en criaturas desalmadas como ellos. También están los Moroi como Christian y yo. Crecemos, envejecemos y morimos igual que tú. No matamos a aquellos de los que nos alimentamos, y poseemos cierto poder sobre uno de los cinco elementos.
—Espera, —lo interrumpí—. ¿Eres un vampiro?
Adrián asintió.
—¿Bebes sangre?
Nuevamente asintió, aunque agregó—. Pero nunca matamos a los humanos.
—Entonces... ¿tienes... colmillos?
Adrián y Christian se rieron ante la loca pregunta antes de que cada uno me ofreciera una sonrisa más amplia de la que les había visto esbozar hasta el momento. Tardé un segundo en darme cuenta, pero tan pronto como vi los dientes puntiagudos, salté y presioné mi espalda lo más que pude en la silla en un intento frenético de crear cierta distancia entre nosotros.
Mi miedo obviamente no era la reacción deseada, ni anticipada. Dimitri se agachó inmediatamente frente a mí, escondiendo a los otros de mi vista mientras tomaba mis manos e intentaba calmar mi respiración acelerada.
—Ellos son... son... —No pude terminar de ordenar mis pensamientos cuando comencé a hiperventilar.
—Rose, Roza. Mírame. —Sentí su mano rozar mi mejilla mientras obligaba a mis ojos a centrarse en su mirada—. Respira Roza. No te lastimarán. Ninguno de nosotros te haremos daño.
Mirándolo, vi que estaba siendo completamente sincero, y aunque no sabía por qué, sabía que podía confiar en él. Aún así, abrumada y confundida por todo lo que me habían dicho, sentí la necesidad de estabilidad. Necesitaba una roca a la que aferrarme en esta tormenta. Antes de que pudiera pensar en lo que estaba haciendo, me lancé hacia adelante y me arrojé a sus brazos. Presioné mi rostro contra su cuello, e inhalé el aroma extrañamente reconfortante de su loción para después del afeitado.
Se puso rígido por un momento, sorprendido por mi repentino afecto. Sin embargo, pronto sentí sus brazos envolverme y abrazarme mientras temblaba. Vagamente, podía sentir sus dedos enredarse en mi cabello mientras susurraba en un idioma desconocido. Tenía un extraño efecto calmante sobre mí que no entendí ni cuestioné.
Cuando mis nervios deshilachados comenzaron a tranquilizarse, escuché a Dimitri hablar en español de nuevo—. Está bien mi Roza. Estoy aquí. Siempre estaré aquí. Nunca dejaré que nada te hiera. Lo prometo. Nunca más.
Cerré los ojos y me acerqué más a él, permitiendo que sus palabras me envolvieran. Le creí completamente.
Después de unos minutos, nos separamos para darnos cuenta de que los demás nos habían dado algo de privacidad y la posibilidad de calmarnos. Bueno, yo era la única que necesitaba calmarse, pero ellos lo entendieron. Media hora más tarde, varias pizzas llegaron a la habitación y volvimos a reunirnos en la sala de estar. Era la primera vez que volvía a ver a Adrián y a Christian después de mi ataque de pánico, y esta vez, se sentaron en los dos sillones mientras yo me sentaba en el sofá en medio de Dimitri y Eddie.
Aunque Adrián y Christian, los vampiros Moroi, trataban respetuosamente de mantener una distancia saludable, era el espacio entre Dimitri y yo el que parecía abarcar varios kilómetros. Podía extender la mano y tocarlo si lo deseaba, pero la repentina falta de contacto me hizo sentir sola.
Todos comimos en silencio por un tiempo antes de que alguien se animara a hablar de nuevo.
—Entonces, ustedes son vampiros…
—Sí. —Christian habló despacio, con cuidado, como si estuviera manejando algo hecho de un frágil cristal.
—¿Y que hay de ti? —Miré hacia Eddie, demasiado asustada para preguntarle esto a Dimitri—. ¿Eres un vampiro también?
—No. —Su sonrisa era amistosa, y me relajó un poco—. Al menos no del todo. Somos una especie mestiza, por decirlo de alguna manera, mitad humano y mitad Moroi. Tenemos algunos de los beneficios de ambas razas. Poseemos una resistencia física fuerte cómo la de los humanos, pero una mejor inmunidad como los Moroi. También heredamos sus agudos sentidos, pero no tenemos que beber sangre.
Me estremecí por la forma tan casual en que mencionó algo así, pero traté de seguir adelante.
—Entonces... si no eres humano, y no eres Moroi, ¿qué eres?
—Nos llaman dhampirs. —Lo dijo de una forma tan casual, como si este hecho no fuera completamente de otro mundo. Era solo un hecho para él.
—Tú y Dimitri son dhampirs.
Eddie miró a Dimitri por encima de mi hombro, y pude ver que estaba debatiendo sobre si decir algo más o no. En cambio, fue Dimitri quien habló.
—No solo nosotros, Rose. Tú también eres una dhampir.
Podía sentir la tensión que se acumulaba en mí, la parte de mí que quería gritar y salir corriendo de la habitación diciéndoles que estaban locos y que tenían a la chica equivocada. En cambio, luché contra el impulso de volver a quebrarme.
—Oh, —respondí estúpidamente, mirando al suelo mientras trataba de asimilarlo. Nadie habló durante un rato, pero pude sentir sus miradas en mí mientras esperaban a que reaccionara—. ¿Controlo un elemento?
—¿Qué?
Miré hacia arriba, observando sus caras una a una. Todos parecían confundidos con lo que quise decir, pero me enfoqué en Christian quien había hablado—. Adrián dijo que los Moroi controlan un elemento. ¿Yo también lo hago?
—No, —respondió—. Solo los Moroi lo hacen. Los Strigoi son no-muertos y ya no tienen acceso a la magia. Los Dhampirs simplemente nunca han tenido acceso a ella.
—Entonces, ¿tú qué controlas?
Christian vaciló y miró a los demás antes de chasquear los dedos. Una pequeña llama apareció sobre sus dedos, parpadeando suavemente antes de morir mientras agitaba su mano.
Me quedé maravillada, más intrigada que asustada esta vez—. Wow. Que... loco. —Miré hacia Adrián—. ¿Tú también puedes hacer eso?
—No. Me temo que mi magia es un poco más sutil. Controlo el Espíritu. No es tan popular como los otros cuatro elementos: fuego, agua, tierra y aire. Solo hay un puñado de usuarios del Espíritu que conocemos. Lissa es una de ellas.
—Entonces, ¿qué implica el Espíritu? —Tenía una vaga idea de lo que los otros elementos podían hacer, pero el Espíritu era un poco más difícil de entender.
—Personalmente, veo auras y puedo visitar a las personas en sueños si lo deseo. Sin embargo, cada usuario parece tener una especialidad única. Lissa puede sanar a las personas. Incluso ha traído de vuelta a alguien del mundo de los muertos.
Me senté, completamente cautivada por lo que estaba escuchando—. ¿En serio? ¿Le devolvió la vida a alguien?
—En realidad, ella te revivió a ti.
No tuve tiempo de reaccionar antes de que Adrián continuara.
—Cuando tenías catorce años, estabas con ella en un accidente automovilístico. Toda su familia falleció, pero de alguna manera ella te salvó. Ustedes no lo sabían en ese momento, pero ese hecho creó un vínculo entre las dos. Ahora ambas están unidas de una manera que es completamente única. Incluso puedes leer sus pensamientos o quedar atrapada completamente en su mente si siente una emoción particularmente fuerte. Estoy dispuesto a apostar que esas extrañas ensoñaciones que has tenido durante estos dos años fueron ocurrencias de ese fenómeno.
Pensé en las ensoñaciones que recordaba y pude ver cómo cada una estaba atada a emociones fuertes. Algunas eran tristes, como el funeral. Otras eran felices, como la proposición de matrimonio de Christian. Había visto ira, culpa, frustración, preocupación, y euforia. ¿Realmente podría ser que estuviera experimentando momentos de su vida a través de su mente? Siempre se habían sentido tan reales, como si realmente estuviera allí.
—Creo que tienes razón, —admití.
Dimitri
Rose parecía tomar las cosas muy bien teniendo en cuenta el hecho de que habíamos cambiado su mundo en más de un sentido. Aún así, nuestra conversación cambió de ella hacia temas más generales. Adrián le contó sobre la vida en la Corte. Christian le contó sobre San Vladimir. Eddie le habló sobre el entrenamiento de los guardianes. Me quedé en silencio la mayor parte del tiempo. Lo único de lo que me sentía capacitado para hablarle era demasiado personal para discutirlo frente a los demás.
Adrián le preguntó sobre su nueva vida y cómo había llegado a Las Vegas. Escuchamos cómo pasó las primeras semanas trabajando con médicos, consejeros y trabajadores sociales mientras trataban de armar su situación. Bromeó sobre lo extraño que había sido elegir cosas como su nombre y cumpleaños. Rose nos contó sobre cómo conoció a Marie y lo esencial que había sido para mantenerse a flote esos primeros meses. No solo la había acogido, sino que también la había ayudado a encontrar su primer empleo como camarera. Era Marie quien se había mudado a Las Vegas, y Rose la había seguido. También nos habló sobre cómo descubrió sus habilidades de lucha cuando varios hombres comenzaron a acosarla. Nos contó sobre el descubrimiento de su amor por la danza en Spokane y cómo accidentalmente había terminado bailando en Wonderland.
Después de varias horas de discusión, la noche comenzó a avanzar. Lo último que quería hacer era volver a dejar a Rose fuera de mi vista, pero ella insistió en que tenía que asistir a su trabajo en el club. La idea de que volviera a bailar esa noche despertó ese impulso de celos en mí, pero lo reprimí sabiendo que había pasado los últimos años cuidándose a sí misma y que no tenía derecho a interferir en eso. Al menos no en lo que concernía a su nueva vida.
Mientras los demás juntaban sus cosas, llevé a Rose a un lado. Había una cosa, a pesar de lo incómodo que podía ser, que necesitábamos discutir y el tiempo se nos estaba acabando porque nosotros regresaríamos a la Corte el día siguiente.
—Rose.
Ella giró reconociendo el nombre como propio.
—Gracias por hablar con nosotros. Sé que esto tiene que ser abrumador.
Ella asintió—. Las últimas 24 horas parecen... irreales. —Parecía agotada por la sobrecarga de información.
Puse una mano sobre su hombro, en un vano intento de prestarle algo de mi propia fuerza.
—Sé que ha sido difícil Rose, pero quiero que sepas que estoy aquí para ti. Todos lo estamos, —rápidamente modifiqué mis palabras—. Hay todo un grupo de personas que están preocupadas por ti. Te han echado de menos todos los días desde que te perdimos. Sé que estarán encantados de saber que estás bien.
Ella no me estaba mirando, pero el pensamiento le trajo una sonrisa a la cara.
—Yo... —¿Cómo le preguntaría esto? ¿Que haría si decía que no? —Me gustaría pedirte que regreses con nosotros.
Creo que le tomó un momento registrar lo que acababa de decirle. Un segundo después, levantó la cabeza para mirarme a los ojos, las preguntas llenando los suyos.
—Sé que es muy apresurado, pero nuestro vuelo sale mañana al mediodía. Volaremos a Pensilvania, a la Corte. Estaré encantado de ayudarte a empacar, podemos recogerte temprano, nosotros nos encargaremos del vuelo, la vivienda, todo. Solo por favor, considera la opción de venir a vivir con nosotros. Al menos por un tiempo. —Estaba prometiéndole mucho, pero sabía que nuestro pequeño grupo movería cielo y tierra para recuperarla. Yo la amaba, pero no era el único que lo hacía.
El silencio pareció durar para siempre.
—Déjame hablar con algunas personas, y te llamaré mañana por la mañana. —Después de esas palabras, simplemente se alejó.
Bueno, al menos no fue un no.
Chicas, ¿qué les pareció éste capítulo? ¿Creen que Rose vaya a regresar con ellos? ¿Qué creen que pase? Y yo no sé ustedes, pero yo amo cada vez más a nuestro Dios Ruso.
Bueno chicas, sólo me queda agradecerles el apoyo que le han dado a la historia, les prometo que se pondrá mejor. Cuídense mucho y nos seguimos leyendo en el próximo capítulo.
