Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.


Capítulo 7

Dimitri

Rose se removió nerviosamente en su asiento cuando los motores del avión rugieron con vida. La vi sacar un pequeño recipiente de plástico, verter unas pastillas blancas en la palma de su mano y beberlas en el momento en que empezamos a rodar por la pista. Tragó saliva y se relajó visiblemente al hacerlo, cerrando los ojos y acomodándose mejor en su asiento.

—¿Qué eran esas pastillas? —Sabía que no era asunto mío, pero la curiosidad sacó lo mejor de mí.

Miró a través de uno de sus párpados cerrados, aparentemente sin preocuparse por mi entrometida pregunta—. Medicamento para la migraña.

—No sabía que sufrías de dolores de cabeza. –No podía recordar que alguna vez le hubiera dolido la cabeza en la Academia, especialmente dolores tan fuertes que requirieran medicamento.

—Bueno, no podíamos estar seguros si era algo de mi pasado, pero los médicos piensan que podría haber sido un efecto secundario del altercado en el que estuve antes de despertar. Al principio eran muy constantes y a menudo lo suficientemente fuertes que veía formas como sombras volando alrededor, pero ahora puedo bloquearlas en su mayor parte. Los paseos en avión son un asunto completamente diferente. En cuanto estamos en el aire, el dolor se vuelve insoportable y comienzo a ver sombras frente a mis ojos otra vez.

Lo pensé por un momento. Yo había estado en dos viajes en avión con ella. Una vez después de encontrarlas a ella y a Vasilisa en Portland. La segunda fue una semana antes de que desapareciera, cuando viajamos a la estación de esquí. No recordaba que hubiera sufrido dolor o visiones en ninguna de las dos ocasiones, y ciertamente no recordaba que necesitara medicamento para controlarlos.

—Si esto te ayuda, creo que esto es un problema nuevo. No recuerdo que hayas tenido problemas con dolores de cabeza antes…

—Gracias. —Me dirigió una pequeña sonrisa—. Sigue siendo extraño que alguien más sepa más cosas sobre mí que yo misma. O al menos una parte de mí... —Se interrumpió, perdida en sus pensamientos por un momento antes de volver a mirarme con renovada emoción y curiosidad—. Pero bueno, Christian ya me contó cómo me conoció, al igual que Eddie. Incluso Adrián me contó cómo fue que nos conocimos...

Podía sentir la tensión creciendo en mi cuerpo y esperé lo inevitable.

—¿Cuál es nuestra historia?

Fue una pregunta cargada. Dudé mientras pensaba en lo que debería decir. Ella no me recordaba, no nos recordaba a ninguno de nosotros. Por una parte eso me mataba, pero por otra sabía que tal vez era lo mejor. Si bien su edad y mi posición como su mentor ya no eran barreras en nuestra relación, seguía siendo insólito que los guardianes compartieran una vida juntos.

—Fui tu entrenador en la Academia.

—¿Un profesor? ¿Cómo terminaste con este loco grupo entonces?

—No era tanto un maestro, era más como un mentor para ti. —Pude oír a Adrián reírse un poco antes de que Eddie le diera un golpe en el hombro. Continué como si nada hubiera pasado—. Tú y Lissa habían perdido una gran parte del último año escolar y necesitabas a alguien para que te ayudara a ponerte al corriente en tus clases de combate. Yo me ofrecí como voluntario. Trabajábamos juntos un par de horas extras cada día.

—Entonces, es a ti a quien tengo que agradecerle por mis increíbles habilidades de lucha. Debes ser increíble si tú fuiste quien me enseñó todo lo que sé. —Había un poco de burla en su comentario, era ese tipo de comentarios sarcásticos que recordaba con tanto cariño, pero también supe que debajo de eso su cumplido había sido genuino.

Aparté la vista, sin querer jactarme de mis habilidades.

—Lo es, —intervino Eddie desde el otro lado del pasillo—. Él nunca lo admitirá, pero es uno de los mejores guardianes que hay. Aunque tampoco es cómo que tú no fueras muy talentosa por tu cuenta. Dos años sin asistir a la escuela y aún así me hiciste ver mi suerte cuando regresaste. Eras genial antes de irte, pero una vez que Dimitri comenzó a ser tu mentor, te volviste imparable. Fuiste capaz de hacer cosas que otros novicios no pudieron. Tú sobreviviste cuando otros fallaron. —La voz de Eddie se volvió casi imperceptible ya que sabía que su mente se había desviado hacia Mason. Después de una breve pausa, sus labios formaron una apretada sonrisa—. Él también me entrenó a mí después de que te fuiste. Ahora soy mejor por eso.

Rose pensó por un momento, como si tratara de ver su pasado. Finalmente, sus ojos volvieron hacia mí—. Gracias, de verdad. Sé que no recuerdo todo el empeño que pusiste de tu parte para enseñarme, pero las cosas que me enseñaste de alguna manera se aferraron a mi memoria cuando la mayoría de las otras cosas no, y me eso me sacó de más de una situación difícil.

Habló con total sinceridad y en un tono que no reconocía. Bueno, al menos no de ella. Cuando ella y yo nos conocimos, se había visto obligada a valerse por sí misma en casi todos los aspectos. Incluso con Lissa a su lado, no había sido capaz de apoyarse emocionalmente en ella. Rose había ocultado muchas de sus necesidades y preocupaciones como una forma de proteger a la Princesa. Sin embargo, Rose había comenzado a confiar y apoyarse en mí antes que en todos los demás. Se me ocurrió que aunque había estado prácticamente sola en los últimos años, había tenido que sobrevivir y eso significaba apoyarse en los demás. Así hubieran sido los médicos, los trabajadores sociales o su amiga Marie, Rose no lo habría logrado sola y ella lo sabía.

Ahora ella estaba mostrando la misma gratitud hacia mí.

Quería decirle que no tenía que agradecerme nada. Puede ser que hubiera empezado a entrenarla porque era muy hábil en eso. Puede que lo haya hecho inicialmente con la protección de Lissa en mente, pero cuando comencé a enamorarme de ella, la empecé a entrenar para enseñarle a mantenerse segura tanto ella como su cargo. Quería decirle cuan fracasado me había sentido cuando desapareció. Y no solo me sentía un fracaso como su mentor y entrenador, sino como todo lo demás que debería haber sido para ella también.

Quería contarle todo esto, pero no lo hice. No pude. Así que solamente permanecí en silencio.

Afortunadamente, ella volvió rápidamente a la Rose feliz, sarcástica y social que era mucho más reconocible.

—Bueno, parece ser que ese entrenamiento extra tomó bastante tiempo y energía. Seguramente no tenía mucho tiempo para nada más. —Asentí con la cabeza, sabiendo que su vida social se había reducido drásticamente, especialmente cuando comenzamos a entrenar con toda su fuerza. Sin embargo, su siguiente pregunta me dejó sin aliento.

—¿Tenía novio?

Todos estaban lo suficientemente callados como para escuchar caer un alfiler. La pregunta había sido dirigida a Christian y a Eddie, pero de inmediato ambos miraron hacia mí y notando el cambio, ella también me miró. Después de lo que pareció una eternidad, aunque probablemente solo fueron diez segundos, le respondí.

—No.

Me levanté del asiento y me dirigí a la parte posterior del avión, buscando un poco de privacidad. Mientras me alejaba, escuché que Adrián bromeaba sarcásticamente.

—No por falta de intentos.

Solo había estado en la cocina del avión unos cuantos minutos antes de que Eddie me encontrara—. Así que... ¿no tenía novio? Sé que esa era la versión oficial, pero no pensé que le dirías eso.

—¿Qué se suponía que le iba a decir? "Oh sí, no solo era tu mentor, también estábamos peleando contra una relación completamente inapropiada que podría haber hecho que te expulsaran, que a mi me despidieran y posiblemente me encarcelaran, y que podría haber puesto a nuestro cargo: tu mejor amiga, en peligro de muerte." Eso hubiera resultado más que bien.

—Dimitri, eso fue hace dos años. La mitad de esas excusas, y eso es exactamente lo que son: excusas, ni siquiera son relevantes ahora. En cuanto a lo último, Lissa lo entenderá. Demonios, Lissa simplemente estará encantada de tener a Rose de regreso, dudo que a ella le importe.

—Entonces dime esto: ¿qué puedo esperar de ella? ¿Qué le puedo pedir? Ella ni siquiera me recuerda, no recuerda nada de mí, nada de nosotros. No puedo esperar que retomemos las cosas donde las dejamos. — Tomé una respiración profunda, luchando contra la frustración que se estaba formando dentro de mí—. Rose ya tiene demasiados problemas ahora mismo tratando de averiguar quién es. No puedo poner esto sobre sus hombros también. No lo haré.

Eddie me miró desafiante, pero su mirada se suavizó antes de hablar—. Creo que puedo entender tus motivos, pero aún así pienso que estás cometiendo un error al no hablar con ella sobre esto. Tienes razón, es demasiado esperar que ella simplemente retome las cosas donde las dejaron. Eso no es realista. Sin embargo, el no contárselo, significa que estás manteniendo oculta una parte bastante significativa de quién era ella.

—Conviví con ella por menos de seis meses. Lissa es importante, tú eres importante, Mason era importante...

—Pero nadie, salvo Lissa, había tenido un impacto tan grande en ella como tú. Conozco a Rose desde que a ambos nos dejaron en la puerta de la Academia. He estado allí durante algunos de los momentos más importantes de su vida. El mayor cambio que he visto en ella se produjo cuando comenzó a trabajar contigo, y no estoy hablando del entrenamiento Dimitri, estoy hablando de su temperamento y personalidad. Tú la cambiaste.

—Sin embargo todo eso es tiempo pasado. ¿Qué hay de ahora, del presente?

—Eso es algo que ambos deben decidir... juntos. Sin embargo, si quieres mi consejo, Rose ya se está apoyando en ti, como solía hacerlo. Tú mismo lo viste. Estaba aterrorizada y se refugió en ti. Podía haber buscado mi apoyo, podría haberse alejado por completo, pero se refugió en ti. Su mente podrá haberte olvidado, pero creo que su corazón todavía te recuerda.

La miré desde la parte posterior del avión. Se estaba riendo de algo que dijo Adrián y le dio a Christian un ligero golpe en el hombro por lo que fuera que haya sido su respuesta. Una parte de mí todavía no podía creer que estuviera aquí. Estaba emocionado de saber que estaba viva. Claro, una parte de mí se había sentido decepcionada y tal vez incluso robada cuando supe que no recordaba nada, pero después del regaño de Eddie vi algo más: una oportunidad.

¿Cuántas veces me había lamentado y arrepentido por no haberle contado mis verdaderos sentimientos ni haber aprovechado la oportunidad para mostrarle cuánto significaba para mí? ¿Cuántas veces había deseado otra oportunidad de ver a mi Roza, de abrazarla? Una oportunidad de demostrarle lo que significaba para mí, para enamorarme de ella otra vez, para dejarla enamorarse de mí. Una oportunidad para construir esta relación de la manera que desearía haber sido capaz antes. ¿Realmente podría dejar pasar esta oportunidad?

Rose

—¿Y ya le dijiste a Lissa? —Adrián le preguntó a Christian.

—¿Estás bromeando? He estado tratando de encontrar un regalo de bodas decente desde hace semanas. ¡Devolverle a Rose va a ser el mejor regalo que cualquier otra cosa en el planeta!

El comentario no hizo nada para tranquilizar mis nervios. Tenía una extraña presión dado a que todos estaban esperando que yo desempeñara un papel. El problema era que no tenía ni idea de cuál era ese papel. Era como si me estuvieran empujado al escenario y estuviera escuchando la música sin conocer la rutina de baile. Todos a mi alrededor sabían quién se suponía que tenía que ser yo, pero yo aún tenía que descubrirlo.

—Bueno, trajiste la mayor parte de Rose, —Adrián lo corrigió graciosamente mientras el resto de nosotros esperaba una aclaración—. Su cuerpo está aquí, pero parece que hemos perdido su mente en el camino.

Christian y yo rompimos en carcajadas.

—Sí, es cierto, —bromeó Christian—, pero al menos tenemos la parte importante.

Extendí la mano para golpear el hombro de Christian, sonriendo juguetonamente todo el tiempo. Aún así él hizo una mueca.

Apreciaba la forma en que Adrián y Christian, al igual que Marie, podían hacer que mi situación fuera más liviana. No se estaban burlando de mí. Estaban sacando lo mejor de una situación insana. Muchas personas me trataban con guantes de seda, como si me fuese a romper si me recordaban lo que me había sucedido. Con ellos al menos podía tener una idea de quién había sido yo, porque me trataban como si todavía fuera esa chica.

Dimitri debía haber entrado desde la parte posterior del avión de nuevo. Pude sentirlo antes de verlo. Había algo prácticamente abrumador en su presencia, al menos para mí. Cuando miré hacia atrás, él estaba a solo un pie de distancia de mí.

—Estamos a punto de aterrizar.

Se sentó en la fila detrás de mí y pude escuchar el chasquido de la hebilla de su cinturón de seguridad. Me cambié al asiento de la ventana antes de que todos siguiéramos su ejemplo mientras el avión comenzaba a descender.

Al mirar por la ventana no vi nada más que árboles por lo que parecían millas de distancia. Cuando el jet privado se asomó sobre una colina, vi algo a lo lejos. No había manera de que eso fuera una ciudad, ni siquiera una ciudad pequeña, parecía más una universidad. Cuanto más nos acercábamos, más podía distinguir las cosas que habían ahí. Había varios edificios grandes, la mayoría parecían bastante viejos y majestuosos; cómo salidos de un campus de la Ivy League. Uno o dos edificios destacaban en un estilo más moderno, pero era seguro que este lugar había estado aquí durante siglos.

Dimos la vuelta al área varias veces, bajando gradualmente cada vez antes de sentir que hacíamos nuestro acercamiento final. Las ruedas golpearon el suelo con un rebote fuerte, y después del impacto inicial, noté algo extraño. Por primera vez desde que podía recordar, sentí que mi dolor de cabeza habitual desaparecía por completo. Aún seguiría nerviosa cuando todos salieran del avión, pero al menos no tendría una migraña con la que lidiar.

Nos llevó varios minutos recorrer la pista de aterrizaje hacia un área donde estaban ubicadas las rampas y las escaleras. Podía sentir que mi ritmo cardíaco aumentaba con cada momento, sabiendo que tan pronto como me bajara de este avión, estaría en otro mundo. Traté de consolarme con el hecho de que aparentemente había pasado toda mi infancia inmersa en esta cultura vampírica, pero no me ofrecía mucho consuelo ya que no recordaba ni un solo día de esa vida. Mi estómago se sacudió con náuseas cuando el avión se detuvo por completo.

Aunque Eddie y Dimitri se habían visto más relajados en cuanto pusimos un pie en el avión, la tensión se desvaneció completamente de sus hombros una vez que aterrizamos. Supuse que debía de haber algunas medidas de seguridad adicionales en esta Corte que les permitían relajarse un poco. Aún así, Eddie condujo al grupo por las puertas abiertas del avión.

Christian y Adrián lo siguieron y pude escucharlos hablar con algunas personas afuera, pero yo seguía pegada a mi asiento. Sabía que eventualmente conocería a otras personas, pero no esperaba hacerlo en este momento. Cerré los ojos y lentamente comencé a contar hasta diez.

Cuándo iba en el número ocho, sentí una mano en mi hombro y levanté la vista para ver a Dimitri parado en el pasillo central con mi bolso colgado al hombro.

—¿Estás bien? —Pude ver genuina preocupación reflejada en su rostro mientras me lo preguntaba.

—Sí, sólo estoy un poco abrumada, —respondí, forzando una sonrisa para tranquilizarlo—. Ese parece ser el tema de toda esta experiencia, ¿verdad?

Me dirigió una mirada comprensiva—. No sé si esto te ayude de algún modo, pero estaré aquí cuando me necesites, lo prometo.

Tomé la mano que me ofrecía y la usé para levantarme. Sentí una especie de sacudida cuando nos tocamos, casi como un choque estático pero mucho más agradable—. Gracias. Ayuda más de lo que crees. —No quería soltar su mano, pero tomé la señal para soltarlo cuando se movió incómodo.

—Vamos, —insistió, casi ahogándose con las palabras—, creo que hay al menos una persona afuera que ha estado esperando verte por bastante tiempo.

Podía escuchar los sonidos de voces afuera en el asfalto. Reconocí algunas pero otras no. Una era totalmente femenina. La oí gritar tan pronto como Christian salió de la puerta y después de un momento de silencio, donde supuse que estaban reencontrándose con los labios del otro, escuché algunas bromas juguetonas.

—Entonces... ¿qué me trajiste? —la voz femenina sonaba casi musical, incluso mientras flirteaba.

—¿Quién dijo que te iba a traer algo? —Christian se burló de nuevo.

—Oh, sabes que lo hiciste, ¡y más le vale que sea muy bueno señor! Estoy completamente segura de que rompiste al menos una regla.

Pude escuchar a Adrián reírse mientras le aseguraba—: Esto lo compensará, lo prometemos.

—Echa un vistazo. —Sabía que Christian me estaba dando una pista tan buena como cualquier otra, pero yo seguía pegada al piso justo al lado de la puerta. Por el rabillo del ojo, pude ver a Dimitri asintiendo con la cabeza, como si supiera que lo estaba mirando. Con esa última fuerza prestada, salí a la luz del día.

La chica rubia, Lissa, jadeó cuando reconoció mi rostro. Los tres hombres que la rodeaban parecían orgullosos de sí mismos. Me paré en el último escalón como una idiota sin saber qué hacer a continuación.

Bajé lentamente las escaleras y casi llegué al final antes de que Lissa pudiera encontrar su voz otra vez.

—¡Rose! —gritó, las lágrimas comenzaron a derramarse por sus mejillas—, ¡Dios mío, Rose! —Corrió rápidamente hacia mí, chocando conmigo en un fuerte abrazo que le devolví torpemente. Yo seguía parada sobre el último escalón, pero con la diferencia de estaturas, estábamos frente a frente.

Tropecé un poco por la fuerza de su abrazo y sentí a Dimitri inmediatamente detrás de mí estabilizándome para evitar que nos cayéramos.

Cuando Lissa se alejó de mí, sus preguntas salieron más rápido de lo que podía entender—. ¿Eres realmente tú? ¿Dónde has estado? ¿Por qué no llamaste? ¿Por qué no volviste a casa?

La ansiedad que había sentido en el avión estaba reapareciendo y retrocedí un paso para obtener algo de espacio para respirar.

Eddie debía haber notado mi incomodidad porque pronto alejó a Lissa suavemente de mí—. Lissa, hay mucho más en esto de lo que crees. Dale un poco de espacio a Rose y todos trataremos de explicarte las cosas. ¿Por qué no vamos a casa para poder sentarnos y hablar en paz?

Ella lo miró con confusión, pero la alegría y la excitación que irradiaba eran tan tangibles, que parecía que se podían tocar. Avergonzada por no tener la misma reacción al ver a mi supuesta "mejor amiga," me di la vuelta para tomar mi bolso de mano de Dimitri. Sabía que él estaba más que dispuesto a cargarlo por mí, parecía un tipo caballeroso, pero el pequeño bolso parecía ofrecerme una vaga ilusión de protección ante la locura que era actualmente mi vida.

Lissa tenía su brazo enganchado con el de Christian mientras la seguíamos a través de lo que parecía ser un gran campus universitario, o tal vez una ciudad universitaria completa con tiendas, hogares y familias.

No pasó mucho tiempo antes de que comenzara a notar que la gente me miraba, y algunos llegaron tan lejos como para señalarme y susurrar unos a otros mientras caminábamos. No reconocí ni una sola cara, pero era obvio que había al menos algunas personas que habían adivinado quién era yo.

Apreté más fuerte el bolso contra mi cuerpo, tratando de mantener la cabeza bien alta mientras caminaba, pero no quería nada más que arrastrarme y meterme en un agujero. Había estado en situaciones incómodas antes, pero nada comparado con lo que estaba sintiendo en este momento.

Afortunadamente, alguien pareció notar mi angustia. Adrián miró hacia atrás por un momento antes de golpear a Dimitri en el hombro. Dimitri lo miró con el ceño fruncido, algo me decía que tenían una relación muy especial que involucraba tanto discusiones como entenderse entre sí, y vio como Adrián asentía en mi dirección. Adrián se movió para pararse a mi lado, creando un pequeño escudo humano a un lado de mí. Siguiendo su ejemplo, Dimitri se colocó a mi otro lado, ocultándome entre los dos de la mayoría de los espectadores.

Nuestra caminata duró unos veinte minutos, llevándonos a través de algunas áreas más concurridas pero alrededor de los edificios más antiguos que supuse que marcaban el centro de esta extraña ciudad. Una larga hilera de casas adosadas apareció a la vista, y Christian se dirigió hacia una que se encontraba en la esquina y tenía un patio más grande y algunas ventanas más que el resto.

La casa era mucho más grande de lo que esperaría para dos personas. No era llamativa, pero era grande. A pesar de que Christian tenía la llave, la decoración hacía obvio que había una chica viviendo aquí. Flores frescas decoraban una mesa cerca de la entrada. Dimitri se quitó su abrigo de cuero antes de tomar los de nosotros y colgarlos en el armario. Al ver lo cómodos que Dimitri y Eddie se veían aquí me hizo pensar que eran visitantes frecuentes.

—Voy a guardar mis cosas. Dimitri, ¿quieres que deje tus cosas en tu habitación?

—Claro, gracias Eddie. —Dimitri le entregó su bolso y me di cuenta de que me había equivocado una vez más. Esta casa tenía cuatro ocupantes, no dos.

Adrián se dejó caer en el sofá poniendo sus pies sobre la mesa de café solo por un segundo antes de que Lissa se los bajara de un golpe.

—Basta, ya sabes que eso no me gusta.

—Claro, prima. —La sonrisa en su rostro dejó en claro que lo había hecho solo para molestarla.

—¿Primos? —pregunté.

—En realidad no significa una relación de sangre. Simplemente significa que ambos somos de la realeza. Podría dirigirme a Christian de la misma manera, pero es como ese extraño hijastro que todos tratamos de olvidar que existe.

Todos se rieron, excepto Lissa, que estaba demasiado ocupada mirándome con curiosidad.

Una vez que Eddie regresó, noté que Dimitri también había desaparecido. Entró en la habitación momentos después con una jarra de limonada y una pila de vasos.

—Despedí a los otros guardianes, —dijo—. ¿Hubo algún problema mientras estuvimos fuera? —Sirvió el primer vaso, se lo ofreció a Lissa y luego hizo lo mismo por mí antes de servir el suyo. Los otros chicos llenaron sus propios vasos.

—Por supuesto que no. Ustedes dos se preocupan demasiado. Todo estuvo bastante aburrido por aquí. Tuve una reunión con Tatiana y luego pasé el resto del fin de semana mirando Netflix y terminando las tarjetas de agradecimiento para después de la boda.

—Oh Dios, el pobre Guardián Andrews probablemente vio más episodios de Gossip Girl de lo que nunca había hecho. —Adrián bromeó como si el programa fuera pura tortura para la psique masculina.

—Sí, pero Abigail pareció divertirse. —La princesa Vasilisa se volvió hacia mí y dijo—: Será tan agradable volver a tener una mujer más en esta casa. Es agotador estar tan superada en número.

Un silencio incómodo cayó pesadamente sobre nosotros. Christian fue lo suficientemente valiente como para romperlo.

—Mmm si, sobre eso Liss, Rose sólo está de visita.

Sus ojos se abrieron inmensurablemente—. ¿De visita? ¿Qué quieres decir con visita? Rose, ¿no te vas a quedar?

—Ummm... —Realmente no sabía cómo manejar esto.

Afortunadamente, Dimitri me rescató—. Rose ha lidiado con bastantes problemas en los últimos años. Creo que debes escuchar la historia completa antes que cualquier otra cosa.


Chicas aquí está el capítulo nuevo, espero que les haya gustado. ¿Cuál creen que vaya a ser la reacción de Lissa al enterarse que Rose no la recuerda?

Bueno chicas, no se olviden de dejar su comentario, eso me anima a seguir traduciendo las historias para ustedes. Cuídense mucho y nos leemos en el siguiente capítulo.