Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.


Capítulo 10

Rose

A la mañana siguiente, me di cuenta de que mi plan de quedarme en la casa durante todo este viaje era simplemente imposible. Por un lado, no me llevaría demasiado lejos en mi búsqueda para saber quién era antes de mi accidente, pero lo más importante es que Lissa simplemente no lo permitiría.

Apenas había empezado a desayunar cuando comenzó a repasar el plan del día. Había algunas cosas que no me concernían, pero una en particular me llamó la atención.

—…y luego tenemos que llevarte a la modista para que te tome las medidas para tu vestido de dama de honor...

Casi escupo mi bocado de Cheerios por toda la mesa—. ¿Qué?

—Tu vestido de dama de honor. No queda mucho tiempo antes de la boda y tenemos que hacer algunas modificaciones rápidas.

—Espera un segundo. ¿Quieres que yo sea tu dama de honor? —Apenas la conocía, ¿y ahora quería que estuviera a su lado en el altar?

—Por supuesto que sí Rose. Siempre quise que estuvieras ahí conmigo. Simplemente íbamos a dejar el lugar abierto antes de que llegaras, porque honestamente... nadie más podría haberte reemplazado. Mia es la segunda dama de honor, Dimitri y Eddie estarán con Christian como sus padrinos, y yo le pedí a Adrián que me entregara en el altar.

—Oh. —Podía ver cuánto significaba para ella, y a pesar de lo incómoda que me hacía sentir, sabía que no podía decirle que no. No importaba que sintiera que acababa de conocerla, había sido su mejor amiga por más de 15 años. Parecía un cachorro esperando mi aprobación, y no la decepcionaría—. Suena genial, Lissa. —Traté de sonreír con entusiasmo, y aunque nunca fui una gran actriz, debo haberlo hecho lo suficientemente bien como para convencerla.

Su sonrisa se extendió por su rostro, y pude ver sus colmillos. Esto causó un ligero estremecimiento en mí. No importaba la frecuencia con que me aseguraban que los Moroi no eran como los vampiros de mis pesadillas, no sabía si alguna vez sería capaz de aceptarlo por completo.

—Déjame terminar de prepararme y luego podemos ir a los alimentadores antes de ir a la boutique.

—¿Alimentadores? —No había escuchado el término antes, pero no se necesitaba ser un genio para entender de qué estaba hablando.

—Sí. Tenía pensado ir ayer, pero con todo lo que sucedió… —Pareció disculparse.

—No tienes que entrar en la sala de alimentación. —El sonido de una tercera voz, profunda y con un acento pronunciado, entró desde el pasillo. Me volví para ver a Dimitri, con el pelo ligeramente húmedo por una ducha reciente, que venía del pasillo donde estaba su habitación y la de Eddie. No podía decir que era una mala vista de ninguna manera.

Estaba agradecida de que él pudiera entender mi miedo sin que yo tuviera que decírselo. Solo asentí con la cabeza, y Lissa se fue para preparar sus últimos retoques.

—¿Está todo bien?

¡Dang!, éste hombre era muy silencioso. Ni siquiera me había dado cuenta de que Dimitri se había parado justo detrás de mí hasta que me preguntó eso—. Sí, estoy bien. Realmente no me gustaría mirarla mientras se… alimenta.

—Hoy no será necesario.

Fingí no escuchar la implicación de que, eventualmente, sucedería.

—No te preocupes demasiado por eso, Rose. Sé que debe parecerte extraño, pero créeme cuando digo que eventualmente, te parecerá normal. Bueno, quizás no sea normal, pero al menos no te parecerá inusual.

Sin embargo, inusual ni siquiera se acercaba. La verdad es que seguía pareciéndome monstruoso. No es que pensara en Christian, Adrián y Vasilisa como monstruos, en realidad eran muy amables, pero la idea de beber sangre, sangre humana, era algo sacado de una película de terror.

Oí los pasos ligeros de Lissa bajando las escaleras, así que terminé rápidamente las últimas dos cucharadas de cereal y llevé el borde del tazón a mis labios para tomar la leche antes de depositar el plato vacío en el fregadero.

Después fui con Dimitri y Lissa hacia el centro de la Corte, y me sorprendió lo grande que era este lugar. Había una ciudad vampírica en el medio de la nada, justo debajo de las narices del mundo humano. Aún me parecía totalmente irreal.

El edificio en el que entramos parecía viejo y gastado por fuera, pero en el momento en que atravesamos las puertas de cristal, nos encontramos rodeados por algo que parecía encajar en un hotel de lujo. Parecía ser que aquí se ofrecían muchos servicios diferentes, había desde una cafetería hasta un pequeño mercado. Sin embargo el lugar al que nos dirigíamos parecía casi un spa, al menos a primera vista. Había una mujer joven sentada detrás de un escritorio grande, música suave de fondo, y muchas decoraciones azules y verdes. Las personas entraban y salían de una gran puerta cuando se les llamaba, similar al consultorio de un médico. Lissa se registró en el mostrador antes de sentarse a nuestro lado. Menos de un minuto más tarde, la llamaron.

Dimitri y yo nos quedamos en el vestíbulo, y no tardé en darme cuenta de que la mayoría de las personas que esperaban eran guardianes. Tenían más color en su complexión y más definición muscular que los Moroi, quienes poseían una complexión más frágil. Después de unos cinco minutos de espera, la impaciencia se apoderó de mí y comencé a pasear por la habitación. Dimitri me observaba caminar hacia adelante y hacia atrás, mirando entre mí y su novela gastada, hasta que noté que podía ver el área de atrás desde un lugar en particular.

Había varias sillas con personas en ellas, seres humanos, me di cuenta, y cortinas que los separaban de los demás para ofrecer una pequeña cantidad de privacidad. Las personas vestidas como enfermeras caminaban entre los diferentes cubículos, atendiendo a la gente de allí. Si ésta hubiera sido la extensión de la imagen, hubiera adivinado que esto era más como un centro de donación de sangre que otra cosa.

Supongo que de cierta manera era cierto. Los que necesitaban la sangre donada eran simplemente un poco más directos en la forma en que la tomaban. Hombres y mujeres, Moroi esta vez, tomarían su lugar cerca de uno de los alimentadores y beberían de ellos.

Observé fascinada cómo el hombre mordía el hombro de una joven pelirroja y su cabeza caía hacia atrás como si estuviera en éxtasis. Sentí que debía alejarme, como si me estuviera entrometiendo en un momento privado. Pero no pude. Solo lo miré. Tal vez aún más perturbador fue el hecho de que despertó... sentimientos en mí. Anhelos.

El anhelo no era sexual, pero aún así era profundo y penetrante. Mi mano fue a mi cuello, acariciando el mismo lugar en el que sabía que esa chica estaba siendo drenada. Mi ritmo cardíaco aumentó y mi aliento se sintió corto y pesado. De repente, deseé desesperadamente sentir exactamente lo que esa chica estaba sintiendo. Era más que solo deseo... era casi una necesidad.

Salté cuando una mano rozó la mía.

—¿Rose?

Dimitri estaba a mi lado, con una mirada de preocupación. Me aclaré la garganta e intenté componerme.

—¿Estás bien?

—Si estoy bien.

Parecía listo para decir algo más, pero afortunadamente Lissa salió de la habitación trasera en ese momento.

—Gracias chicos, perdón por haberme tardado tanto tiempo. —Cogió una menta de un pequeño plato de cristal en el escritorio de la recepcionista, la desenvolvió rápidamente y se la metió en la boca.

—Tonterías. —Dimitri desestimó su disculpa, casi automáticamente, pero mantuvo su concentración en mí como si todavía estuviera tratando de leer mi estado mental.

—¿A dónde vamos ahora... —Sonreí, recordando algo que Adrián había dicho antes para molestarla—, …su Alteza? —Terminé mi broma juguetona con una reverencia dramática y la combinación de burlas infantiles y sonrisa falsa pareció tranquilizar a Dimitri diciéndole que todo estaba bien.

La princesa Vasilisa, sin embargo, tuvo una reacción más física a mi burla. Me dio una palmada en el hombro, apenas lo suficientemente fuerte como para ser considerada un "golpe" y se rió conmigo—. Si vuelves a llamarme así, pediré tu cabeza. Puedo hacerlo también... reglas reales y todo eso.

No tenía ni idea de si podía o no, pero sabía que su amenaza no era más maliciosa de lo que había sido su golpe.

—La tienda de vestidos ya debería estar abierta. Llegaremos un poco temprano para nuestra cita, pero no creo que pueda hacer ningún otro mandado antes de ir allí.

La tienda de vestidos no estaba muy lejos. Era una pequeña boutique a menos de tres cuadras de distancia, llena de varios vestidos de color marfil, crema y melocotón. Oh, y encajes... muchos encajes. Entrar en la tienda, en cierto modo, me dio la sensación de entrar en una torta de boda exageradamente adornada. Su dulzura evidente me hacía sentir ligeramente enferma.

Dimitri se detuvo antes de cruzar el umbral, como si el aire femenino en el lugar fuera una barrera física que le era imposible traspasar.

—Princesa, tengo algunos asuntos que hacer hoy, así que si planea estar aquí las próximas horas, ¿estaría bien si me retiro por un tiempo?

Era extraño ver a Dimitri y Vasilisa caer en sus roles formales alrededor de extraños. Espera... ¿las próximas horas?

—Claro que sí, Guardián Belikov. Le enviaré un mensaje de texto cuando hayamos terminado aquí. —Ella ya se encontraba distraída con las mercancías en la boutique, por lo que Dimitri me ofreció una pequeña inclinación de cabeza y una sonrisa comprensiva antes de darse la vuelta para irse.

Cuando me uní a Lissa nuevamente, ella ya estaba hablando con la vendedora sobre los vestidos, y entró en la habitación de atrás un momento después.

—Mia se unirá a nosotras más tarde, pero pensé que como tu vestido necesitaría la mayor cantidad de modificaciones para estar listo para la próxima semana, comenzaríamos contigo.

Asentí distraídamente mientras Lissa me guiaba a un pequeño vestidor donde un vestido rosa oscuro colgaba de un gancho. No estaba emocionada por el hecho de que fuera rosa. No tenía nada en contra de las chicas que lo usaban, pero ese color simplemente no iba conmigo. Yo prefería algo un poco más atrevido. Aún así, el corte era simple y clásico con un corpiño ajustado y una falda larga y suelta. No tenía muchos adornos, pero el material se entrecruzaba en el torso, y me di cuenta de que resaltaría cualquier figura que lo llevara, sin ser demasiado revelador.

Pude ponerme el vestido con facilidad y me sorprendió que el color, a pesar de ser algo que yo personalmente no elegiría, fuera bastante halagador. Me hacía lucir... inocente. Ese era un adjetivo que nunca hubiera asociado conmigo, pero me gustó. Di un pequeño chasquido frente al pequeño espejo antes de salir hacia donde Lissa y la costurera estaban esperando.

Lissa se veía increíblemente complacida consigo misma cuando subí a la plataforma y me miré en el espejo triple. La costurera comenzó a ajustar el vestido, ajustando un poco la cintura y el dobladillo para que la tela rozara el suelo en lugar de amontonarse a mis pies.

—Sé que no tuviste la oportunidad de opinar acerca de los vestidos de las damas de honor, pero te ves genial, Rose.

—Gracias. —Sabía que probablemente debería haber dicho más, pero no podía pensar en nada en este momento. Esto era tan inusual en mí que era casi risible, y sin embargo, comencé a preguntarme si tal vez esto era parte de la persona que era antes. Tal vez estaba acostumbrada a vestirme con vestidos caros del color del glaseado de los pasteles—. Entonces, ¿hacíamos este tipo de cosas a menudo?

—¿Tomar nuestras medidas para vestidos de damas de honor? —Ella sonrió, obviamente bromeando conmigo. Puse los ojos en blanco, gruñendo un poco a la extraña que estaba mirándome en el espejo—. No. Usábamos vestidos elegantes para fiestas y bailes de vez en cuando, pero no solían ser así de formales y siempre me dejabas los colores pastel a mí. Tú siempre preferías usar rojo o negro.

Sí, esa era yo. Era bueno saber que algunas cosas nunca cambiaban. Sin embargo, mientras me miraba en el espejo, alisando la gaza de color rosa en mis caderas, no pude evitar sonreír ante mi imagen. Dulce y pura no eran del todo mi estilo, pero no me importaría parecer más refinada o sofisticada. Madura. Hermosa. Sí, hermosa. Me habían llamado "sexy" y "caliente" más veces de las que podía contar, pero no creo que nadie me haya llamado hermosa.

—Listo. —La costurera se levantó del piso dónde estaba ajustando el dobladillo con alfileres—. Afortunadamente, no será necesario hacerle muchas modificaciones. Debería tenerlo listo en tres días. ¿Está bien, princesa?

Por un momento, me pregunté por qué se dirigía a mí como si fuera de la realeza. Ponerme un bonito vestido no me convertía en una princesa.

—Sí, Leona. Tres días está bien. —Respondió Lissa.

"Ah, claro," pensé. "Princesa Vasilisa," Lissa casi no actuaba como una princesa cuando estaba en la privacidad de su casa y en compañía de sus amigos, por lo que era fácil olvidar que ella si era de la realeza.

—Todavía hay tiempo antes de la boda, así que eso no debería ser un problema. Mientras esté listo unos días antes para que podamos volver a verificar que le quede bien, no veo ningún problema. De hecho, esperaba que pudieras arreglar otro vestido para ella antes del viernes.

La costurera, aparentemente llamada Leona, pensó por un momento antes de asentir—. Si todavía no necesita este, entonces creo que puedo hacerlo. ¿Ya tiene el vestido?

—No. Esa es la otra parte. Necesitamos encontrar un vestido para Rose que sea adecuado para el baile de caridad de los Lazar.

Los ojos de Leona se abrieron como platos cuando me miró rápidamente. No podía entender por qué parecía sorprendida, pero ocultó la expresión antes de que nadie pudiera comentar sobre ello.

Si alguien tenía el derecho de estar sorprendida, era yo. No tenía idea de qué estaba hablando Lissa—. ¿Qué baile de caridad?

—Oh, los Lazar tienen un baile benéfico anual para celebrar su trabajo de recuperación y restauración de artefactos culturales y sitios históricos Moroi. He asistido durante los últimos años, pero este año se supone que es particularmente especial. Creo que incluso habrá un reconocimiento especial para Adrián por la ayuda que prestó a la recreación del arte de Igor Durov que se exhibirá junto a las obras originales en el museo de aquí. Muchas fueron dañadas durante la Revolución de Octubre, y de esta manera, la gente puede entender su esplendor original.

—Todos nosotros asistiremos, y Dimitri y Eddie fungirán como guardianes. Pensé que querrías ir con nosotros.

Una vez más, estaba un poco perturbada por el hecho de que Lissa simplemente asumiera lo que yo querría e hiciera planes para mí en consecuencia, pero rápidamente me di cuenta de que esto no era algo fuera de lo normal en nuestra relación. Una parte de mí quería protestar, pero ¿cuál era el punto? ¿Preferiría estar sentada sola en la casa de Lissa mientras todos los demás estaban disfrutando esa noche? Además, había oído sobre el talento de Adrián con el arte, pero aún no lo había visto. Él era sorprendentemente modesto sobre ese hecho, un completo contraste con su actitud menos que humilde en aparentemente todos los demás aspectos de su vida.

—Suena divertido, Lissa. Me encantaría ir.

Leona caminó a mi alrededor, mirando mi cuerpo arriba y abajo con mi vestido rosa de dama de honor. Me miró en silencio, con los dedos en la barbilla, excepto por las pocas veces que sacó su cinta métrica y comprobó dos veces mis medidas. Después de cinco minutos, finalmente habló.

—No tengo muchas prendas hechas para alguien con sus... curvas. —La forma en que lo dijo fue casi como si tuviera la intención de decir algo más. Aunque mi complexión era bastante parecida a una figura de reloj de arena, no era increíblemente curvilínea, al menos no hasta el punto de que encontrar un vestido fuera difícil. Me tomó un momento darme cuenta de que una de las grandes diferencias entre personas como Lissa y yo, era que yo tenía la bendición de tener un tamaño de copas mucho más grande y unas caderas a juego. No era que a Leona le faltaran vestidos para las mujeres con curvas, le faltaban vestidos para las mujeres dhampir. Supongo que las mujeres de mi raza no solían comprar vestidos de alta gama en estos lugares.

—¿Tienes algo? ¿Tal vez algo que puedas modificar para ella?

—Es posible que tenga algunas opciones. Por favor, deme un momento. —La costurera salió de la habitación y, en lugar de dirigirse a los expositores de ropa, entró en la habitación de atrás. Salió unos minutos más tarde con dos vestidos, uno de seda negra y el otro de encaje dorado.

—Estos son los únicos dos que creo que funcionarían para tu tipo de cuerpo en particular. Si tuviéramos más tiempo, trataría de hacer algo personalizado para ti, pero ambos deberían resaltar tus mejores características sin necesidad de demasiadas modificaciones.

Antes de que pudiera echar un buen vistazo a ambos vestidos, Lissa tomó el vestido negro y me lo tendió—. ¿Crees que necesitarás ayuda?

Sentí la tela fresca y suave contra mi piel—. No, debería estar bien. ¿Dónde tengo que dejar el otro vestido?

—Simplemente ponlo de nuevo en la percha y déjalo en el vestidor. Lo guardaré más tarde. Haz tu mejor esfuerzo para tener cuidado con los alfileres.

Asentí con la cabeza, bajé la plataforma y regresé al pequeño vestidor. El vestido de dama de honor rosa era mucho más difícil de quitar sin aflojar ninguna de sus alteraciones, pero lo hice lo mejor que pude y solo terminé pinchándome dos veces. Una vez que terminé, me puse el vestido negro.

Era maravilloso. Me sentía cómoda con él, a pesar de que el material era más fino que cualquier cosa que hubiera usado alguna vez. Era un corte increíblemente básico: sin tirantes, largo hasta el piso, con una abertura en el lado izquierdo que terminaba a unas dos pulgadas sobre mi rodilla. Todo lo que necesitaría serían joyas simples y estaría lista. Claro, no me haría destacar demasiado, pero eso no era algo malo.

Cuando salí por segunda vez, Lissa sonrió—. Ese es el vestido para ti, ni siquiera es gracioso. Sabía que sería el indicado.

Me vi en el espejo. Ella tenía razón, si seguía mi instinto, este es el vestido que habría elegido entre los dos. Como dijo Lissa, era más "yo." Pero mientras me estudiaba, me di cuenta de que estaba cansada de que la gente me dijera quién era. Apenas sabía yo quién era, ¿cómo podría saberlo alguien más?

Hablé antes de pensar—. Me gustaría probarme el otro, si está bien.

Leona asintió, pero Lissa frunció el ceño—. ¿Estás segura? Este te luce bastante bien.

Cuando le quité el vestido dorado de las manos a Leona, sonreí—. Estoy segura.

No me atreví a mirar la reacción de Lissa cuando salí del vestidor por tercera y última vez. La oí jadear. En el momento en que me vi en el espejo, entendí por qué.

El tono dorado del encaje era unas pocas tonalidades más oscuro que mi tono natural de piel, pero me hacía brillar. El vestido abrazaba mi cuerpo a la perfección, luciendo como si estuviera hecho específicamente para mí y no necesitaría muchas modificaciones. Realzaba cada curva, formando un pequeño tren detrás de mí. El vestido parecía bastante modesto, con mangas cortas y sin abertura en la falda como el otro, pero en las partes que mostraba mis atributos femeninos, lo hacía con cierta clase. El escote corazón enmarcaba mi rostro y mostraba la cantidad exacta de escote. Me volteé un poco para poder ver mi espalda, y ésta era bastante visible sin ser llamativa. El escote era en forma de un gran óvalo que se extendía desde la parte baja de mi espalda hasta mis omoplatos. El borde del encaje lo hacía parecer casi un marco adornado. Una cinta de satén sutilmente adornada con pedrería se ataba en mi cintura, el moño quedaba justo por encima de mis glúteos.

Todo el tiempo que había estado admirando el vestido en el espejo, Lissa había estado en silencio. La persona que lo rompió fue una voz nueva que no reconocí.

—¡Rose!

Me volví hacia la entrada de la tienda, viendo a una pequeña rubia con rizos de tirabuzón. Esta tenía que ser Mia, la otra dama de honor de Lissa.

—Tú... ¡estás viva! ¡Y te ves asombrosa! ¡Pero, Dios mío, estás viva! —La chica corrió hacia mí, brincando sobre la plataforma para envolverme en un abrazo feroz—. Nunca pensé que volvería a verte. Lo siento mucho. Nunca debería haberte dejado. Lo siento tanto, Rose.

La abracé suavemente, mirando hacia Lissa buscando un respaldo contra esta extraña mujer que se aferraba a mí.

—Mia, ¿recuerdas de lo que te conté por teléfono?

Mia se apartó de mí, mirando a Lissa con un poco de confusión antes de brincar hacia atrás—. ¡Oh! ¡Cierto! No me recuerdas. Soy Mia.

Me reí por su presentación educada después de su asalto cercano—. Encantada de conocerte Mia.

Ella sonrió antes de mirarme de arriba abajo en mi vestido—. Te ves... increíble. En serio, ese vestido te sienta increíble.

—Gracias, —respondí—. Voy a usarlo para el evento de este fin de semana.

—¿Seguro, Rose? ¿El negro no? —Lissa parecía sorprendida por mi elección, pero me sentía segura.

—No, —le aseguré, mirando mi reflejo y a la chica que parecía algo irreconocible pero muy atractiva—. El negro no.


Chicas, ¿qué les pareció éste capítulo? Sé que se ve algo lenta, pero les prometo que ese baile será muy interesante, y aún más lo que pasará después.

Gigi256 compartió en su tumblr la foto del vestido dorado de Rose, si lo quieren ver, estén al pendiente de mi página de facebook porque voy a buscar la foto y ahí la voy a publicar.

No olviden dejar su review, y muchas gracias por su apoyo. Nos leemos en el próximo capítulo.