Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.
Capítulo 11
Dimitri
Regresé a la tienda de ropa casi tres horas después, con la esperanza de que las chicas hubieran terminado sus compras y las modificaciones de sus vestidos. Lissa tendía a descontrolarse cada vez que había una tienda de ropa involucrada, y la verdad disfruté la oportunidad de poder evitar esta visita a la modista. Si bien no era un pasatiempo de vida o muerte para la princesa, podía decir que Rose estaría sorprendida de lo devota que Lissa podía ser con el oficio. La mirada que me había dirigido justo antes de que me fuera me había dejado en claro que ella habría preferido irse conmigo, y yo hubiera estado encantado.
No me sorprendió que Lissa le hubiera pedido a Rose que fuera su dama de honor. La había escuchado lamentarse más de una vez en los últimos meses de que Rose no estaría allí en su boda y de que nunca podría ser completamente feliz debido a ese hecho. Nadie podría culparla por ese pensamiento, especialmente porque todos habíamos estado de acuerdo con ella. No era solo el hecho de que la boda fuera a estar incompleta, sino que nuestras vidas enteras estaban incompletas. Rose tenía un impacto significativo en cada una de nuestras vidas, en algunas más que otras, pero su ausencia nos dolía a todos.
No, no me sorprendió que Lissa le hubiera pedido a Rose que fuera su dama de honor, pero estaba un poco sorprendido de que ella hubiera aceptado tan fácilmente. Quizás no debería haberlo estado. Rose siempre había sido desinteresada; poniendo las necesidades, comodidades y deseos de los demás antes que los suyos. Este hecho era especialmente cierto cuando se trataba de Vasilisa. Rose haría cualquier cosa por su amiga y compañera de vínculo, sin importar la angustia que esto le causara.
Cuando entré en la tienda, Mia acababa de bajarse de la plataforma del centro con su vestido rosa aún puesto. Me preguntaba cómo estaba manejando eso Rose. Claro, Rose habría ido a los confines de la tierra en busca de Lissa, pero podría haber pintado muy bien la línea que no cruzaría al usar un vestido rosa.
—¡Oh, Dimitri! Estaba a punto de enviarte un mensaje de texto. Estamos terminando y ya podemos ir a casa. —Lissa parecía tan enérgica como cuando me había ido, pero Rose parecía un poco cansada detrás de ella. Estaba sentada en un banco, apartada de todas las demás, con los ojos en el teléfono y los dedos moviéndose rápidamente sobre la pantalla.
Fui y me senté a su lado—. ¿Como estas?
Rose saltó un poco, deslizando su teléfono en su bolsillo y volviendo su atención hacia mí—. Estoy bien. Sin embargo, nunca pensé que algo como esto podría ser tan agotador. He tenido sesiones de ensayo durante todo el día que requerían menos energía.
—Sé a lo que te refieres, —le confié en voz baja—. Puedo correr un maratón más fácil de lo que puedo soportar un viaje de compras con Lissa. ¿A quién estabas enviando mensajes de texto? —No estaba tratando de ser grosero ni entrometido, pero su nueva vida era tan desconocida para mí que sentía curiosidad por saber cómo había vivido en los dos años que había estado desaparecida.
—A Marie. Está de vacaciones en el trabajo y quería ver cómo estaba. Le estaba contando sobre la próxima boda y mi participación como dama de honor. Me exigió pruebas.
Me encantaba el tono alegre en su voz cuando hablaba de su amiga. Era tan similar a cómo había hablado una vez sobre Lissa, incluso sobre Mason. Sabía que, aunque no se conocían desde hacía mucho tiempo, Marie estaba arraigada en la vida de Rose y probablemente siempre lo estaría. Estaba agradecido de que hubiera encontrado una amiga y una confidente, pero una pequeña parte de mí estaba preocupada de si ese vínculo podría sobrevivir a la dificultad de ocultar una parte tan grande de este mundo a Marie. Yo le había dejado bastante claro a Rose que no podía hablar sobre el mundo Moroi, y por qué, y ella había estado de acuerdo diciendo que de todos modos dudaba que alguien la creyese, pero había razones por las que la mayoría de personas de nuestro mundo no tenían una relación cercana con quienes estaban fuera de él. Solo podía esperar que ella y Marie fueran la excepción a la regla.
Después de unos minutos más, nuestro grupo estaba listo para regresar a casa. Mia se unió a nosotros, alegando que tenía unas horas más antes de su turno en el restaurante donde trabajaba. Lissa nos aseguró que Christian ya tenía preparado el almuerzo y fue difícil pasar por alto la repentina aceleración en los pasos de Rose ante la promesa de Lissa.
Estábamos caminando a través de uno de los patios más grandes que separaban el área comercial principal de la Corte del área de viviendas residenciales dónde vivíamos. Al mediodía, éste estaba bastante ocupado. Era el momento en que gran parte de la población que trabajaba se encontraba en sus recesos para el almuerzo, y aquellos que no trabajaban estaban haciendo sus propios mandados.
Pude ver a algunas personas observándonos, y no era del todo inusual. Vasilisa tendía a atraer la atención adonde quiera que fuera. La gente estaba ansiosa por señalar a la última Dragomir. Si Christian y Adrián hubieran estado con nosotros, prácticamente podría garantizar que recibiríamos más miradas ocultas. Después de un momento o dos, comencé a ver que no era a Lissa a quien miraban, sino a Rose.
La desaparición de Rose había sido noticia en la cultura Moroi, especialmente porque rodeaba los eventos de la muerte de Mason y los ataques Strigoi. Tan horrible como había sido, la búsqueda de Rose y los otros que habían desaparecido, nos había llevado a descubrir una red de Strigoi con planes de realizar más ataques, incluido uno que había sido planeado contra la Academia San Vladimir menos de tres meses después. Pudimos capturar a muchos de los que lideraban el grupo y desmantelar sus planes con éxito.
Todo lo que rodeaba la desaparición de Rose había puesto su rostro en las noticias más de una vez, y no era del todo extraño que algunos la reconocieran. Mirándola, pude ver que ella también había notado las miradas, pero estaba tratando de ignorar la atención que se le prestaba. Sus ojos estaban firmemente en el suelo frente a ella, y ni siquiera vio el pequeño grupo de chicas que se dirigía hacia ella.
La líder del trío, una joven mujer Moroi de cabello oscuro y vagamente familiar que no pude ubicar, chocó contra el hombro de Rose. Pude escuchar una pequeña disculpa por parte de Rose, pero no tenía duda alguna de que no había sido un accidente. Sus siguientes palabras lo confirmaron.
—Prostituta de sangre.
Mis ojos se abrieron con sorpresa. No tenía idea de por qué esta chica estaba aparentemente ofendida por la mera presencia de Rose, pero me quedé congelado por el insulto de ésta extraña.
Sin embargo Rose no estaba tan paralizada—. ¿Disculpa?
El resto de nuestro grupo se quedó mirando el drama que se desarrollaba frente a nuestros ojos en silencio y sin aliento. La vulgar mujer cambió su peso de modo que su mano descansaba sobre su cadera, y miró a Rose como si no fuera nada más que una pila de tierra que se había atrevido a cruzarse en su camino.
—¿No puedes ver por dónde vas y tampoco puedes oír?
La voz de Lissa estalló en un grito de indignación—. ¡Camille!
De repente recordé dónde había visto a esta joven antes. Ella había sido una antigua compañera de clase de Rose, y la que había propiciado una gran parte de la difusión de los rumores de prostituta de sangre que habían circulado poco después de que comencé a entrenar a Rose. Mia había sido quien había comenzado los rumores, mucho tiempo atrás, cuando era poco más que una adolescente inmadura e insegura, pero fue la influencia de Camille la que realmente permitió que esos rumores se apoderaran de la población estudiantil.
Rose había sido fuerte entonces, y parecía que se mantendría fuerte ahora. Se mordió el labio, probablemente conteniendo una serie de insultos que estaban en la punta de su lengua. En lugar de gritar, colocó su cabello detrás de su oreja y habló con voz inquietantemente calmada—. No, te escuché bien. Solo te estaba dando la oportunidad de reconsiderar lo que dijiste.
Camille soltó un pequeño bufido.
—Vamos Rose, ignórala. Vámonos. —Mia trató de alentar a Rose a dar un paso atrás, pero pude ver que Camille no iba a dejar que Rose se fuera tan fácilmente.
—Sí, huye pequeña prostituta de sangre, como la última vez.
Pude ver a Rose tensarse, momentos antes de dar media vuelta y atacar a su acosadora, así que rápidamente puse mi mano sobre su hombro. No la agarré con fuerza, pero estaba lo suficientemente cerca como para agarrarla si fuera necesario.
—Rose, olvídalo. No puedes…
Cuando Rose no se relajó de inmediato, comencé a alejarla antes de que pudiera hacer una escena. Lissa nos siguió, tratando de apresurarse para seguir nuestro paso mientras regresábamos a su casa.
—¡Qué diablos, Dimitri! —Rose comenzó a gritarme tan pronto como escuché la puerta cerrarse detrás de nosotros—. Me llamó prostituta de sangre, o lo que sea que eso signifique, dos veces y ¿quieres que me quede como si nada?
—Sí. Desafortunadamente, tienes que hacerlo. —Me sentí mal al decirlo, pero ella tenía que saberlo. No estaba seguro de que la pérdida de memoria fuera una defensa lo suficientemente decente para justificar el que Rose golpeara a una Moroi de la realeza—. Camille Conta no es solo una Moroi, es una Moroi de sangre real. Atacarla físicamente no hará más que meterte en problemas. Incluso podrías ser encarcelada por ponerla en peligro.
Rose
—Me estás tomando el pelo... —No podía creer que esta gente, mis supuestos amigos de mi vida pasada, estuvieran obligados a ponerse de su lado, no porque ella tuviera razón, sino porque era Moroi. Era de una "raza y clase superior" que yo.
—Me temo que no, Rose. —La voz suave de Lissa traicionó lo molesta que estaba por la situación, a pesar de que ella estaba en la misma posición que la chica Conta. De hecho era probable que sus privilegios fueran mayores debido a su título de princesa.
—Es un sistema enfermo, —coincidió Christian, que venía de la cocina y reconstruía el problema en base a mi desahogo verbal—, pero en este momento... así son las cosas. Vivimos en una época donde el racismo y el elitismo predominan en nuestra sociedad.
—No siempre fue así, —insistió Lissa otra vez, como si eso pudiera disminuir el aguijonazo de mi ataque verbal—. Me dijeron que en un momento dado, hace mucho tiempo, nuestras razas se consideraban iguales. Simbióticas, por decirlo de alguna manera. Teníamos diferentes roles en la sociedad, pero ambas eran respetadas. Los Dhampir manejaban un papel activo en el gobierno y tenían los mismos derechos y privilegios que los Moroi. Ya existía la realeza, pero la política no se limitaba a aquellos que tenían ciertos apellidos.
—Espera, ¿estás diciendo que ni siquiera puedo votar? ¿Qué quieres decir con "los mismos derechos y privilegios"?
—No, en este momento, los dhampir tienen poco o nada de poder sobre cómo se maneja nuestro gobierno. Incluso el Consejo de Guardianes está bajo la jurisdicción del gobierno Moroi y solo actúa bajo la aprobación de éste.
Estaba agradecida de que no me estuvieran ocultando nada acerca de ésta desordenada sociedad, pero su franqueza no estaba haciendo nada para hacerme querer vivir en este mundo.
—¿Hay algo más que deba saber que pueda hacer que me encarcelen?
Adrián, que debía haber estado esperando que llegáramos para almorzar, dijo—: Eso es lo único de lo que creo que debes tener cuidado para evitar ir a la cárcel, pero otras reglas generales a seguir incluyen dirigirte a la realeza por su título: Lord, Lady, Príncipe, Princesa, y esas cosas por el estilo.
—Pero no tienes que hacerlo con nosotros. —Interrumpió Christian—. Por favor, creo que me volvería loco si me llamas Lord Ozera.
—Los guardianes también suelen ser llamados por su título a menos que los conozcas personalmente, —agregó Dimitri.
—Esto es un desastre. —Adrián, Christian y Lissa estuvieron de acuerdo, pero Dimitri solo asintió con la cabeza, como si estuviera preocupado por aceptar esto abiertamente, incluso si estábamos en privado. Su sumisión ante la forma en que los Moroi dirigían las cosas debía ser más profunda de lo que jamás podría haber imaginado.
—Christian, ¿por qué no servimos el almuerzo? —Sabía que Lissa estaba tratando de distraerme, pero él aceptó de todos modos.
Cuando los Moroi salieron de la habitación, me volví hacia Dimitri, de repente a solas con él en la habitación—. Esa mujer me llamó prostituta de sangre. ¿Qué significa eso?
Él evitó mis ojos. El término no sonaba agradable, pero si Dimitri, siempre estoico e inquebrantable, no podía oír el término sin reaccionar ante él, debía ser peor de lo que había pensado. Después de un momento, finalmente habló.
—Es un término peyorativo para un dhampir, típicamente una mujer dhampir, que permite que un Moroi se alimente de ella durante el coito. Es un tabú en nuestra sociedad, pero sucede lo suficientemente a menudo como para ser usado como un insulto contra otros.
—Pensé que habías dicho que los Moroi solo bebían de los alimentadores... —La idea hizo que mi corazón se acelerara, y recordando el extraño anhelo que había sentido en el centro de alimentación, no estaba del todo segura de que fuera por miedo.
—Sí, en su mayor parte es así. Pero en algunas relaciones sucede. Por lo que he oído, tiende a ser consensual. Parece que hay un... —buscó el término correcto—, subidón extra de endorfinas para ambas partes cuando están excitados.
—Oh. —No pude ignorar lo incómodo que parecía Dimitri mientras me decía esto, y eso me puso más nerviosa que cualquier cosa que dijera en realidad—. ¿Alguna vez…?
Dejé la pregunta colgando en el aire porque me preocupaba saber la respuesta. La forma en que Dimitri evitó mirarme solo pareció confirmarlo. Realmente quería taparme las orejas como una niña pequeña, pero me obligué a permanecer estoica.
—No, no en el sentido tradicional de la palabra. Corrieron ciertos rumores en la Academia, pero eso es todo lo que fueron. Sólo mentiras mezquinas de otros estudiantes. Sin embargo, si has permitido que un Moroi bebiera de ti.
Me eché hacia atrás instintivamente e inmediatamente extendió sus manos para tranquilizarme.
—Fue voluntario. ¿Recuerdas cuando te dijimos que tú y Lissa habían estado huyendo durante varios años? Estaban tratando de mantenerse escondidas y no podían visitar un alimentador. Alimentabas a Lissa varias veces a la semana para mantenerla viva. Era poco ortodoxo, pero honestamente, fue admirable.
Pareció distante por un momento antes de que la comisura de sus labios se levantara tan levemente que apenas me di cuenta, excepto que repentinamente se veía más cálido, abierto e invitador—. Esa fue en realidad mi primera impresión de ti.
—¿Qué? —No podía imaginar que él recordaría con felicidad algo que aparentemente era tan tabú en este mundo.
—Estuvimos buscándolas por meses. Yo lideraba al equipo en esta misión en particular, y teníamos una pista aleatoria de que ustedes estaban en Portland. Habíamos estado vigilando el edificio durante unas cuantas horas cuando la luz de la habitación que compartías con Lissa se encendió. En realidad eso me tomó por sorpresa porque era media noche, y nuestra información decía que estaban viviendo en un horario humano para mezclarse con los demás. Pude verte desde la ventana. Estabas consolándola por algo. Entonces, antes de que tuviéramos la oportunidad de ir por ustedes, le ofreciste el cuello.
Arrugué la nariz, todavía insegura sobre la idea de darle mi sangre a otro, pero él siguió adelante.
—Todos los guardianes que estaban vigilándolas se quedaron en estado de shock, incluyéndome a mí. Creo que varios de ellos simplemente se alejaron, pero yo no pude. Solo observé cómo permitías que Lissa te debilitara para que ella pudiera fortalecerse. Nunca había visto o escuchado de un guardián haciendo algo como eso como un medio de protección, y aun así, supe que eso te hacía diferente.
Dimitri parecía... casi orgulloso. A pesar de que aún creía que eso era desagradable, estaba empezando a ver lo que él había visto esa noche y, por una vez, no me pareció tan horrible. De hecho, si hoy me enfrentara a la misma situación, creo que podría hacerlo de nuevo.
—Por supuesto, justo después de eso, pasaste por la ventana y me pillaste mirando. No es mi mejor momento en mi carrera de guardián. De todos modos, tomaste a Lissa y trataste de huir con ella. Si no hubieras perdido sangre solo unos momentos antes, podrían haber escapado de nuevo, pero como dije, estabas debilitada y Lissa tuvo que llevarte prácticamente arrastrando. Supuse que una vez que estuvieras cara a cara con un guardián, verías que la batalla había terminado y te rendirías, pero me sorprendiste de nuevo.
—¿Qué pasó? —Pregunté ansiosamente. De hecho, me estaba metiendo en la historia, casi olvidándome de que yo era uno de los personajes principales en mi emoción por saber lo que había sucedido a continuación. Casi podía verme tratando de correr junto a Lissa a través de las oscuras calles de Portland y ver a Dimitri en mi camino. No había duda de que era fuerte y estaba bien entrenado. Podía darme cuenta de eso incluso con una simple mirada superficial. Debo haber estado aterrorizada.
—Me atacaste.
—¡¿Yo que?! —Quizás si me hubiera conocido mejor, podría haber previsto eso. Sin embargo, Dimitri parecía un oponente imposible y cuando eras superado y te quedabas sin opciones, corrías. Era una de esas lecciones que tenía tan profundamente arraigadas, que no podía imaginarme haciendo otra cosa. La única razón por la que había tratado de enfrentar a Dimitri en el callejón fuera del trabajo era porque correr no había sido una opción y no había tenido más remedio que tratar de luchar contra él.
Él sonrió ante mi reacción, tal vez complacido de ver que ya no estaba preocupada por el acontecimiento anterior—. Rechazaste por completo mi acercamiento pacífico y pasaste a la ofensiva.
—Por favor dime que al menos te asesté un buen golpe antes de que me derribaras. —Tenía que reconocerlo, cuando llegara el momento decisivo, Dimitri probablemente siempre me derrotaría eventualmente.
—De ninguna manera.
El bastardo engreído tuvo el descaro de sonreírme. Bueno, dos podían jugar a este juego—. ¡Oye!, te asesté unos buenos golpes en Las Vegas.
—Sí, lo hiciste. Pero yo estaba tratando de hablar contigo, no de detenerte. Además, había estado bebiendo.
—Si… claro. —Asentí dramáticamente con la cabeza ante sus excusas—. Así que tus primeras impresiones de mí fueron hacer algo universalmente menospreciado en la comunidad de vampiros y luego atacarte. ¿Puedes decirme otra vez por qué te ofreciste para ser mi mentor?
—Más o menos por esas mismas razones, aunque prefiero expresarlas de manera diferente. Mi primera impresión de ti fue que pusieras la salud y el bienestar de tu cargo antes que tu reputación y tu orgullo, y luego pusiste a tu cargo antes que tu propia seguridad física en condiciones difíciles. Esos son rasgos admirables y muestran una dedicación que no puede ser enseñada. Solo necesitaba ayudarte un poco a mejorar tu autocontrol y tu técnica.
—Creo que fuiste un poco más exitoso con uno que con lo otro. —Golpeé su hombro con el mío, dejándolo ligeramente fuera de balance por apenas un momento.
—Para ser honesto, tu autocontrol podría haber sido una causa perdida desde el principio. —El tono de Dimitri era juguetón y provocador, tan diferente de todo lo que había visto antes de él y eso me gustó. Me gustaba la forma en que sus ojos se veían más brillantes cuando me sonreía. Me gustaba la forma en que mi alma se sentía más ligera cuando lo escuchaba reír. La realización me golpeó como una tonelada de ladrillos: no solo me gustaba hacer reír a Dimitri... era Dimitri quien me gustaba.
La claridad me dejó tan atónita como debió haber estado él la primera vez que me vio a través de esa ventana. Sabía que lo había encontrado atractivo desde el primer momento en que lo vi. Incluso podía reconocer que me había sentido atraída por su tranquila estabilidad como una fuente de fortaleza y consuelo a medida que avanzaba en esta locura actual. Pero en algún momento, se había convertido en algo... más.
Tan pronto como llegó el júbilo, sentí una sensación de hundimiento. No había forma de que Dimitri se sintiera de la misma manera que yo. Él había sido un mentor para mí, un maestro. Probablemente me veía como nada más que una niña, y una bastante débil e incompetente por cierto. Él me había visto colapsar y enloquecer más de una vez desde que me encontró, y no podía imaginar que alguien tan fuerte y poderoso como Dimitri estuviera contento con una chica siete años más joven que él y que apenas se mantenía cuerda ahora mismo.
—Oye, ¿estás bien?
Su alegría de un momento antes había desaparecido, y en cambio parecía preocupado. Estaba triste por ver esa sonrisa desaparecer, pero sabía que aferrarme a ella tampoco era saludable para mí. No podía estar demasiado apegada a Dimitri, y definitivamente no necesitaba pensar en cómo me hacía sentir su sonrisa ligeramente torcida.
—Sí, estoy bien. —Cuando forcé una sonrisa, pude ver a Dimitri relajarse un poco—. Vamos, veamos qué es lo que el Chef Christian tiene para nosotros hoy.
Chicas y chicos, espero que el capítulo de hoy les haya gustado. Sé que no es mucho por el momento, pero tuvimos una pequeña escena Romitri para el deleite de todas y todos.
¿Ustedes que opinan de las leyes Moroi y el como manejan su sociedad? Yo la verdad siempre resentí el hecho de que los Dhampir fueran considerados como una clase inferior. Espero que algún día Richelle Mead pueda hacer que ésta situación cambie.
Bueno, espero que me dejen sus comentarios, de verdad que son los que me animan a seguir traduciendo. Les prometo que la tensión entre estos dos está a punto de llegar a un nivel bastante alto. Cuídense y nos leemos en el próximo capitulo.
