Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.
Capítulo 13
Rose
—Entonces, ¿qué te gustaría que hiciera? —Después de todo lo que sucedió ayer, decidí que sería mejor que no me estuviera paseando en público con los Moroi de clase alta. Tal vez era mejor quedarme entre los míos, por así decirlo. Eso, y Dimitri había mencionado querer ver cuánto de mi entrenamiento se había quedado en mi cabeza a pesar de la pérdida de memoria, y yo estaba ansiosa por verlo en acción. Así que aquí estábamos, en uno de los gimnasios para los guardianes. El lugar estaba bastante vacío, ya que era tarde en la mañana y la mayoría de los guardianes estaban en turno o disfrutando de su tiempo libre. Tenía una extraña sensación de seguridad estando aquí, aunque tenía un poco de nervios por el hecho de que estaba bastante sola con Dimitri y mis pensamientos más que amistosos sobre él.
—Hay que calentar primero. ¿Por qué no comenzamos con algunas vueltas?
—De hecho, vengo de la pista, —señalé las puertas abiertas que conducían a la pista y que permitían que una ligera brisa refrescara el gimnasio.
Parecía aturdido y no podía entender por qué.
—¿Corriste... voluntariamente? ¿Por tu propia cuenta?
Aparentemente eso era algo que no hacia antes. Por la expresión de asombro en su rostro, supongo que había tenido que obligarme a correr cuando era su alumna.
—Sí. He estado corriendo casi todos los días desde que puedo recordar. Parecía... importante.
Recordé cuando comencé a correr, poco después de salir del hospital y mudarme con Marie. No tenía otras responsabilidades en ese momento, así que estaba planeando un día completo de Netflix, dividido por llamadas telefónicas entre mi trabajador social, varios médicos y algunas investigaciones personales de lo que se suponía que debía hacer para seguir adelante con mi vida.
No tardé mucho en sentirme abrumada. Como si estuviera atrapada y completamente sin opciones. Incluso sin esperanza. No recuerdo haber hecho la elección, pero cinco minutos después tenía los tenis puestos y corrí por todo el vecindario. Aunque esto no hizo desaparecer mis problemas, me dio una extraña sensación de claridad y me sentí más confiada para enfrentar cualquier desafío que se presentara a continuación. Hice lo mismo día tras día hasta que se convirtió en un hábito. Los días que no corría siempre me parecían más difíciles.
—Encontré la pista hace unos días —admití—. He estado usándola todas las noches, quiero decir todas las mañana, desde entonces. Espero que esté bien.
Él no sonrió exactamente, pero sus labios se torcieron ligeramente mientras me miraba—. Bueno, había planeado correr contigo para calentar, así que necesitaré algunas vueltas en la pista antes de comenzar. Si quieres…
—No, está bien. Correré contigo. Puedo dar algunas vueltas más.
—No te esfuerces demasiado, —advirtió innecesariamente—. Demos tres vueltas y la próxima vez podemos calentar juntos... si tú quieres.
Me reí suavemente de lo cuidadoso que estaba tratando de ser conmigo. Este hombre aparentemente me había entrenado, peleó conmigo en ese callejón, y aún así, parecía que estaba tratando de manejarme con guantes de seda como si me fuera a romper.
Dimitri acortó su paso para igualar mi ritmo en la pista. En la tercera vuelta, o en su tercera vuelta, era mi décima, estaba empezando a sentir ese desagradable ardor en los músculos de mis piernas. Mi ritmo debe haber fallado ligeramente porque noté que Dimitri retrocedía para quedarse a mi lado. Finalmente, harta de su exceso de precaución, dejé que mi naturaleza competitiva tomara el control.
Mis músculos me ardían horriblemente, pero puse todo lo que tenía en ese último cuarto de vuelta. No le gané, pero quedé bastante cerca de hacerlo. Supongo que es lo mejor que podía pedir cuando ya estaba un poco agotada y mi competencia tenía un pie de altura extra sobre mí.
Escuché su risa otra vez cuando ambos intentábamos recuperar el aliento, uno más exitosamente que el otro, y mi corazón dio un vuelco.
—Sigues siendo competitiva, ya veo. Esa siempre fue la mejor manera de motivarte.
Intenté darle una respuesta ingeniosa, pero no salió nada, excepto mi respiración pesada y una pequeña tos, así que solo asentí.
—Toma, —dijo, ofreciéndome la botella de agua de la que había estado bebiendo antes—. Bebe. Lo siento, no tengo una extra. He perdido el hábito de llevar agua extra para ti. Recordaré traer otra botella mañana.
Dudé solo un momento antes de beber, saboreando el hecho de que él había tenido la costumbre de cuidarme, aunque fuera de esta pequeña manera. Cuando limpié el exceso de agua de mis labios, traté de recordarme a mí misma que su atención probablemente había sido más fraternal que romántica. No debería malinterpretar sus actos.
—Gracias. Pensarías que ya debería de recordar traer mi propia botella. Sin embargo, siempre tenían que tener unas cuantas extras en el club para mí, y casi siempre las olvidaba cuando iba al gimnasio.
—No hay problema, —respondió encogiéndose de hombros, sonriendo más con sus ojos que con sus labios—. Ambos podemos compartir esta hoy... o si lo prefieres, hay una fuente de agua dentro. —Dimitri dijo la última parte a toda prisa, como si apenas lo hubiera recordado.
Hice una mueca y saqué la lengua—. No, gracias. Creo que preferiría compartir la botella contigo que la fuente con todos los demás guardianes en la Corte.
Se dio la vuelta y regresó al gimnasio, sacudiendo la cabeza y suspirando, como si ya estuviera superando los límites de su paciencia, pero el breve atisbo que obtuve de su rostro antes de que desapareciera de mi vista me aseguró que estaba conteniendo la risa. Parecía que hacerlo sonreír era mi nuevo objetivo en la vida, y viniendo de alguien que estaba buscando pistas sobre los primeros 18 años de su existencia, dejar todo a un lado para ver la sonrisa de un chico, eso decía algo.
Dimitri
Cuando estuvimos de vuelta entre las cuatro paredes del gimnasio, alcancé mi bolso y saqué un poco de cinta de manos para Rose, dejando a un lado mis propias vendas.
—Esperaba que pudiéramos trabajar un poco con la almohadilla primero. ¿Necesitas ayuda para vendar tus manos?
Me lanzó una sonrisa y buscó dentro de su propio bolso, sacando dos pequeños bultos negros—. Mejor aún, tengo mis propias vendas. También tengo unos guantes de box si quieres combatir hoy.
Sabía que solo hablaba sarcásticamente, pero pelear con ella en el callejón había sido sorprendentemente difícil considerando todas las cosas. Rose había estado bastante cerca de ganarme regularmente antes de su accidente, y si de alguna manera retenía todo lo que le había enseñado y continuaba entrenando, sería interesante ver exactamente cómo encajaríamos.
—Vendas por ahora, —dije y recogí las almohadillas de la estantería de suministros—. Tal vez te desafíe más tarde.
Trabajamos en movimientos básicos y combos durante casi una hora. Su técnica era casi perfecta. Era un poco diferente de lo que habíamos practicado en la Academia, pero era más una elección de estilo que un error. Estaba inmensamente agradecido de que ella hubiera seguido su intuición para seguir practicando sus habilidades de combate, a pesar de que no entendía cómo las había obtenido o por qué era importante hacerlo.
Después de trabajar en combos, saqué las colchonetas para practicar un enfrentamiento real. Terminé inmovilizando a Rose la mayoría de las veces, pero me dio una buena pelea. Después de hacerse una idea de mi propio estilo de lucha, pudo ajustarse para defenderse más fácilmente. Era el décimo partido, el tercer "último" que Rose había pedido, cuando finalmente pudo obtener la ventaja.
Apenas había bajado la guardia por un segundo. Todo comenzó conmigo pateando accidentalmente a Rose un poco más fuerte de lo que había querido y tirándola hacia atrás. Por el pequeño jadeo que había escuchado, asumí que la había dejado sin aire. No importaba si así había sido o no, porque ella usó ese momento para aprovecharse de mi distracción y saltó.
Mientras avanzaba, anticipándome a atraparla, ella tiró mis brazos a un lado, me dio un rodillazo y me empujó al suelo. Apenas tuve la oportunidad de darme cuenta de lo que estaba sucediendo antes de que ella se pusiera a horcajadas sobre mí con las manos colocadas sobre mi corazón.
—¡Muerto! —Ella me miró con entusiasmo, buscando mi aprobación. Su frente estaba llena de mechones de cabello que se habían caído de su cola de caballo y sus mejillas estaban enrojecidas por la excursión. Estaba jadeando en busca de aire, pero sus ojos estaban brillantes y vivos, como siempre lo habían estado cuando entrenábamos. Era hermosa, y yo estaba completamente consciente de cada centímetro de su cuerpo, especialmente donde tocaba el mío.
Tal vez en otra vida, una en la que no hubiéramos sido separados por el destino y las circunstancias, la hubiera volcado y alentado una forma totalmente nueva de ejercicio entre nosotros. Tal como estaba, simplemente asentí con la cabeza y dejé que mi cabeza cayera contra el piso en un esfuerzo por recuperarme.
Rose se levantó de su posición sobre mí, soltando un grito de alegría ante mi derrota y lanzando sus puños en el aire triunfante—. ¡¿No están entretenidos?! —Se inclinó y se deleitó con el aplauso de una multitud inexistente, antes de volverse hacia mí.
—Tuviste suerte —insistí, dándole una pequeña sonrisa para asegurarle que solo estaba bromeando.
—Y aparentemente tú eres un mal perdedor. —Extendió su mano hacia mí, contrarrestando mi peso mientras me ayudaba a levantarme del suelo.
Cuando ambos estuvimos de pie, estábamos mucho más cerca de lo previsto. Me estabilicé sujetando sus caderas, pero no hice ningún esfuerzo para poner distancia entre nosotros. Sus manos descansaban contra mis abdominales. Cualquiera de los esfuerzos que había hecho momentos antes para controlar la necesidad de besarla desaparecieron repentinamente cuando me di cuenta de que su pecho estaba lo suficientemente cerca como para rozarme.
—Eres increíble, Roza. Lo hiciste muy bien. —Coloqué un mechón de su cabello detrás de su oreja y me permití memorizar cada faceta de la forma en que me miraba, sin más prisa que yo para alejarnos el uno del otro.
Ella estaba tan cerca. Todo lo que necesitaba era agacharme un poco y mis labios estarían contra los de ella. Había extrañado sus besos durante tanto tiempo, y estar tan cerca ahora sin hacerlo era una tortura.
—Gracias —respondió ella, un poco sin aliento. Sus ojos se agitaron por un momento antes de encontrarse con los míos otra vez—. Entonces... um... ¿algo más que quieras probar?
—Sí. —Oh, dios, sí. Cerré los ojos, controlándome un momento antes de que empezara a inclinarme hacia ella. Concéntrate, Dimitri.
Me aparté, sintiendo un ligero escalofrío cuando la corriente del ventilador del techo pudo finalmente pasar de nuevo entre nuestros cuerpos. Tomé unos segundos más de lo necesario mientras buscaba en mi bolso lo que necesitaba. Mi mano había encontrado la estaca de inmediato, pero necesitaba calmar mi corazón acelerado antes de enfrentar a Rose de nuevo.
Cuando finalmente sentí que podía respirar de nuevo, me di la vuelta, estaca en mano. Rose estaba mirando a otro lado, probablemente confundida y tal vez incluso molesta porque hubiera estado tan cerca de ella. Fue totalmente inapropiado de mi parte y tuve la suerte de que no me hubiera reprochado sobre mi comportamiento. Honestamente, tenía suerte de que ella siguiera dispuesta a estar sola en el gimnasio conmigo.
A propósito, sin mirarme a los ojos, se quedó mirando la estaca que tenía en la mano. La miró con curiosidad, como si no la reconociera del todo, aunque le parecía familiar.
—¿Eso es...?
—Una estaca —terminé—. Una estaca de plata encantada para ser precisos. Esta es el arma elegida por los guardianes. Acabábamos de comenzar a entrenar con ella antes de que desaparecieras.
Sabía que ésta sería la mejor prueba de si había retenido o no alguna de nuestras sesiones de entrenamiento. El boxeo y el combate los podía aprender en cualquier parte y aunque luchaba con un estilo que sin duda se parecía a mío, no era imposible que ella hubiera aprendido a pelear después de su accidente con otra persona. Sin embargo, trabajar con una estaca, eso era algo que solo podría haber aprendido de mí.
Se la entregué con cuidado, observándola a cada momento y buscando señales de su entrenamiento. La aferró una vez, incorrectamente al principio y luego reajustó inmediatamente su agarre al que yo le había mostrado años atrás. Retorció su muñeca, mirando la luz rebotar en la punta y volviendo a familiarizarse con el peso de la misma en su mano. Finalmente, levantó la vista y sonrió.
—Se siente bien, como si esto fuera... correcto.
Aún temeroso de que esto fuera demasiado bueno para ser verdad, la guié hacia uno de los muñecos de práctica al borde del gimnasio. La coloqué a unos tres pies delante del maniquí y luego retrocedí. Respiré hondo, tratando de calmar mis nervios antes de volver a hablar.
—Rose, ¿dónde está el corazón?
Ella me miró interrogativamente antes de enfocarse en el maniquí y fruncir el ceño en concentración, tratando de resolver mi extraña pregunta en su mente.
Sentí que no podía respirar. El tiempo se había detenido mientras la esperaba. Debió haberse quedado allí por un minuto completo, aunque se sintió como una hora, y justo cuando estaba perdiendo la esperanza y a punto de decirle que no se preocupara por eso... saltó hacia adelante.
En un instante, su estaca perforó el maniquí, justo a la izquierda del centro del pecho. Fue difícil verlo en un movimiento tan rápido, pero Rose inclinó su ataque hacia arriba, cayendo debajo de las costillas antes de girarse en el último momento para que la plata encontrara su marca.
La acción terminó en segundos, y cuando dio un paso atrás, Rose parecía sorprendida por lo que había hecho. La incertidumbre era evidente en su rostro—. ¿Acerté? ¿Encontré el corazón?
Asentí, medio de acuerdo y medio de asombro. Ella recordaba. Cualquier cosa después de esto solo sería una confirmación más para mí de que ella recordaba su entrenamiento. En algún lugar, escondido en lo profundo de su mente, donde ni siquiera ella podía encontrarlo conscientemente, recordaba todo lo que le había enseñado. Más importante aún, en algún lugar de su mente... ella debía recordarme.
Por fin tuvimos el tan ansiado entrenamiento de éstos dos, parece ser que ambos están como al principio. Amándose en silencio y sufriendo por la falta de comunicación. Ya veremos como se desarrolla ésta nueva historia entre ellos.
¿Qué les pareció éste capítulo? Espero que les haya gustado porque es uno de mis favoritos. Dimitri está muy entusiasmado esperando que Rose muy en lo profundo de su mente y su corazón lo recuerde. ¿Qué creen que vaya a pasar después?
Bueno, cuídense mucho y nos leemos en el siguiente capítulo.
