Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.


Capítulo 16

Dimitri

Oí la conmoción al otro lado de la habitación. La tensión estaba aumentando en la Corte en estos días y no era poco común que los Moroi de la realeza con puntos de vista opuestos comenzaran una pelea a gritos en un evento por lo demás civilizado. Pude ver a Eddie con Lissa y Christian en un área diferente y sabía que estaban bien. Aunque no podía ver a Rose, Adrián tendía a mantenerse al margen de los aspectos más vocales de la política de la Corte y estaba seguro de que no estaban en medio de eso. Por supuesto, momentos después, comprobé que estaba equivocado cuando un destello de cabello oscuro salió disparado de la escena.

Pedí un descanso tan pronto como vi a Rose pasar corriendo a mi lado y salir de la habitación. Rose me llevaba algo de ventaja ya que mi reemplazo tardó unos minutos en llegar, pero estaba bastante seguro de que sabía dónde la encontraría. Aún no había muchos lugares con los que Rose estuviera familiarizada, así que tenía sentido que encontrara privacidad en la casa de Lissa. Si no estaba allí, no tenía ni idea de dónde buscarla.

Afortunadamente, mi intuición era acertada. La puerta principal aún estaba abierta, tal vez pasada por alto en su prisa. Me deslicé en silencio, tratando de escuchar dónde podría estar Rose. La vi antes de escucharla.

Estaba sentada en el sofá de la sala de estar, con la cara oculta en sus manos. No estaba llorando pero era obvio que estaba emocionalmente agotada y a punto de hacerlo. La observé por un momento antes de hacer notar mi presencia.

—¿Estás bien?

Su cabeza se alzó, y una breve mirada de alivio cruzó su rostro cuando me vio.

—Sí... bueno, no... pero lo estaré. Solo necesitaba salir de allí.

—¿Qué pasó? Vi a los guardianes intervenir en una pelea, pero estaba demasiado lejos para ver o escuchar mucho.

—Un tipo, ni siquiera sé su nombre, se me propuso. —Podía darme cuenta que había más en la historia. La forma en que había dicho "propuso" me hizo preguntarme si estaba quitándole importancia a algo más insidioso, pero parecía que ya estaba pasándola suficientemente mal tratando de mantenerse bajo control sin que yo la presionara por los detalles. No debería obligarla a hablar sobre su probable asalto a menos que estuviera dispuesta a compartirlo conmigo.

Sentí que el pelo en la parte posterior de mi cuello se erizaba y reprimí la necesidad de cazar la lamentable excusa de hombre y enseñarle cierta decencia y respeto. Honestamente, no debería haberme sorprendido tanto. Era sólo cuestión de tiempo. Había visto de primera mano la frecuencia con la que las mujeres sin la marca de la promesa de su edad eran presionadas para entrar a ese estilo de vida, tanto en mi ciudad natal como aquí en la Corte. Incluso las guardianas tendían a recibir una oferta ocasionalmente, y dudaba que Rose hubiera escapado a la atención de los ojos más lujuriosos de nuestra sociedad. Aún así, escuchar que Rose había sido acosada de esa manera me mató.

—Una cosa es que te llamen puta. Ya estoy bastante acostumbrada a eso. No bailas en Las Vegas sin consecuencias. Pero ser tratada como tal… fue peor que nunca. En el club, por lo general, esos tipos están borrachos y simplemente tratan de conseguir algo conmigo, pero les pongo un alto y se van. Este hombre... actuó como si fuera su derecho. Actuó como si me estuviera haciendo un favor ofreciéndome una noche con él. Cuando me negué, no aceptó un no por respuesta. Me agarró... me besó. No sé qué habría pasado si Adrián no hubiera intervenido. Al menos en el club tenía el derecho de defenderme si alguien empezaba a ponerse mano larga conmigo.

Cuanto más me decía, más podía sentir mi temperamento arder. Al final, sin embargo, estaba tan impotente para protegerla contra la escoria de la sociedad como ella.

—Lo siento mucho, Rose. Sé que esto no lo hace mejor, pero lo siento mucho. —No era suficiente, pero tenía que decir algo—. Nunca debí haberte dejado sola.

—No puedes protegerme siempre, Dimitri. No me mal entiendas, aprecio tu preocupación, pero no es tu responsabilidad cuidarme. Ya no soy tu estudiante. Necesito poder hacer esto por mí misma si lo voy a hacer en absoluto.

Literalmente me mordí la lengua para no decirle que siempre me sentiría responsable de protegerla, no porque fuera mi alumna, sino porque seguía siendo una de las personas más importantes de mi vida, incluso después de todos estos años. También estaba luchando contra la necesidad de tomarla en mis brazos, sabiendo primero que el que un hombre la tocara era probablemente lo último que quería en este momento, y segundo, que todavía no estaba al tanto de nuestro pasado y que tenía que decirle la verdad antes de que yo buscara alguna relación entre nosotros.

—Entonces, si las mujeres no prometidas son consideradas prostitutas inmediatamente, ¿qué sucede con los hombres no prometidos?

—Ellos simplemente... desaparecen. La mayoría trata de mezclarse en el mundo humano, pero existen desafíos cuando uno viene de un mundo que no existe en sus mentes. Muchos se enfrentan a algunos de los mismos problemas que tú te enfrentaste al obtener documentos educativos y demás. Hay algunos que se quedan en la comunidad Moroi, pero también enfrentan críticas y acusaciones bastante duras. Si bien los dhampirs en general sirven como guardianes, los hombres tienen pocas opciones de trabajo fuera de eso.

—¿Qué habrías hecho tú...? Si hubieras tenido más opciones, quiero decir.

Casi me reí por su pregunta, no porque fuera divertida en sí misma, sino porque enseguida me di cuenta de que, sinceramente, nunca había pensado en hacer otra cosa que no fuera ser guardián. Era ridículo que nunca hubiera considerado lo que hubiera preferido hacer si hubiera tenido una opción diferente.

—No estoy seguro. Me gusta leer, así que tal vez haría algo en el campo de la publicación. No importa, sin embargo. Convertirme en un guardián es todo lo que había planeado. Esto es lo que se esperaba de mí. Soy bueno en lo que hago, y otros se benefician de ello. Eso es todo lo que realmente me importaba. Casi se podría decir que nací para ser un guardián. —Di un resoplido sardónico, sabiendo que la declaración no estaba del todo equivocada—. Pero realmente disfruto mi trabajo. Sé que proteger a los que no pueden protegerse a sí mismos es importante y no es una mala profesión. Me preocupo por Christian y Lissa, y si fuera necesario, con gusto daría mi vida por la de ellos. Creo que las cosas serían muy diferentes si no quisiera a mi cargo y sólo los protegiera por deber y no por afecto.

—No estoy segura de si siento lástima por ti o si envidio el hecho de que estás completamente dedicado a lo que haces.

—¿Y tú? ¿El baile siempre ha sido una pasión para ti? —Rose y yo nunca habíamos discutido algo como esto antes, y me avergonzaba admitir que realmente no sabía mucho sobre sus pasatiempos fuera del entrenamiento.

—"Siempre" es un término un poco relativo. Sólo he estado en el mundo un par de años, —se inclinó y golpeó mi brazo con su hombro, agregando un poco de ligereza a su inusual comentario antes de continuar—. Supongo que simplemente caí en el baile por accidente. Como tú, soy buena en eso, así que lo hago. Lo disfruto, especialmente el desafío físico, pero no sé si lo llamaría pasión. En mi opinión, era mejor que ser camarera y no era muy hábil para atender las barras, especialmente si me comparo con Marie. Realmente no lo sé, al final, bailar es sólo un trabajo para mí.

Parecía preocupada por la admisión y quería encontrar una manera de subirle el ánimo otra vez—. Si ayuda, una vez estuviste tan dedicada a convertirte en una guardiana como yo. También eras muy hábil en el combate y parece que eso no ha cambiado mucho, a pesar de todo. No te preocupabas por Vasilisa como tu cargo, la amabas como a una hermana. Estabas decidida a hacer todo lo necesario para mantenerla a salvo. No creo que halla sido sólo un trabajo para ti, siempre lo trataste como si fuera tu destino.

Ella no levantó la vista del lugar en el piso que aparentemente había captado su atención, pero sí vi una débil sonrisa creciendo en sus labios—. Gracias. Sigue siendo tan extraño que otros sepan más sobre mi pasado que yo. Es raro que alguien te diga quién eras... o eres... o lo que sea. Sólo desearía tener un relato de primera mano de mis recuerdos.

La idea me golpeó tan repentinamente, que en realidad me senté más recto. ¿Por qué no había pensado en esto antes? Sabía exactamente cómo darle a Rose lo que quería, lo que necesitaba.

—Ven conmigo. —Me puse de pie, tomando su mano y tirándola detrás de mí antes de que pudiera objetar. La conduje por el pasillo hacia mi habitación cerca de la parte posterior de la casa. Podía escucharla riendo mientras me seguía, quizás sabiendo que mi emoción estaba completamente fuera de lugar para mí.

La solté tan pronto como cruzamos el umbral dándome la vuelta para buscar en mi pequeño librero a lo largo de la pared. La mayoría de los estantes estaban llenos de novelas del oeste en inglés y en mi ruso nativo. Había unos pocos DVD que estaban al final de uno de los estantes y las puntas de mis dedos rozaron el regalo que casi le había dado a Rose la Navidad antes de que desapareciera. Aún así, estaba buscando algo en particular.

Finalmente encontré el pequeño cuaderno apoyado sobre un costado con una pequeña caja de fotos de mi familia encima. La cubierta negra poco descriptiva no lo hacía destacar como algo especial, pero sabía que el regalo no tendría precio para Rose. Lo saqué del estante, dudando un momento sabiendo lo que pronto encontraría dentro. Si bien no había leído nada más allá de la primera página, sabía que eventualmente revelaría más sobre mí, sobre nosotros, y no había forma de adivinar cómo tomaría esa información. Aunque valdría la pena. Incluso aunque ella se enojara tanto como para negarse a verme otra vez, valdría la pena darle una cuenta personal de su pasado.

Cuando me volví para mirarla de nuevo, estaba sentada cómodamente en el borde de mi cama, luciendo igualmente divertida como confundida.

—Toma, —le ofrecí—. Es tu diario.

Sus ojos se agrandaron al darse cuenta de la magnitud de lo que acababa de darle. Ella lo tomó con avidez de mis manos, renunciando a toda cortesía en su entusiasmo. Su pulgar corrió a lo largo del borde de las páginas mientras las pasaba rápidamente, sin leer ninguna de las palabras, sino simplemente mirando su historia escrita por sí misma. Ahora podía ver que el diario no estaba completamente lleno. La última quinta parte de las páginas estaba en blanco.

—¿Como lo conseguiste? —Preguntó, su voz suave con un toque de asombro.

—Lo encontré antes de que limpiaran tu habitación. Empieza el día en que te encontré a ti y a Lissa en Portland, y supongo que termina alrededor del tiempo en que salimos para el resort de esquí esa Navidad. No estoy seguro. Nunca lo leí, pero quería asegurarme de que se mantuviera a salvo para cuando te encontráramos. Lo siento por no habértelo dado antes. Honestamente, olvidé que aún lo tenía.

Ella se quedó en silencio por un momento, levantando suavemente la portada del simple cuaderno. Cuando me miró, pude ver las lágrimas bordeando sus pestañas.

—Gracias.

Sonreí, sabiendo que había tomado la decisión correcta al quedarme con su diario hace tantos años, y que había tomado la decisión correcta al devolvérselo en este momento.

—Quédatelo. Es tuyo, obviamente. —Sabía que necesitaría horas para absorber el contenido, y un rápido vistazo al reloj me recordó que aún no había terminado mi turno de la noche, y que sólo estaba en un pequeño descanso—. Tengo que volver al banquete. Volveré en unas pocas horas una vez que termine mi turno. ¿Estarás bien?

Rose asintió sin decir nada, comenzando a leer la primera página del diario. Dudo que incluso notara cuando cerré lentamente la puerta de mi habitación, dejándola en paz para recordar su pasado.

Rose

No podía creer lo que Dimitri me había dado. Volteé el cuaderno de un lado a otro, dejando que las páginas pasaran por mis dedos una y otra vez. Estaba asustada. No estaba tan orgullosa de admitirlo... al menos en silencio. Había pasado años, desde que podía recordar, queriendo saber algo sobre mi pasado. Si había sido un shock escucharlo de los demás, ¿cómo sería escucharlo de mí misma?

Abrí la primera página, reconociendo mi letra incluso si la historia era completamente nueva para mí. Leí la historia de mi captura por Dimitri. Pude sentir lo enojada que había estado porque nos había encontrado y nos había llevado de regreso a la Academia, y como no entendía por qué nos habíamos ido en primer lugar. Pero en la misma página, también hablaba de lo sorprendida y conmovida que había estado por la forma en que me había defendido y por como había impedido que me expulsaran.

Las páginas estaban llenas de historias. Las carreras con Dimitri por la mañana y nuestras sesiones diarias de entrenamiento. Como hacia mi mejor esfuerzo para proteger a Lissa de las horribles bromas mientras peleaba mis propias batallas contra los rumores crueles. Todo eso además de las cosas normales que se esperaban de un estudiante, como la tarea, los amigos y más. Era dolorosamente claro que mi infancia estaba lejos de ser la típica, como había soñado durante años.

Debajo de todo eso, sin embargo, había un romance emergente que no esperaba. Pude verlo comenzando lentamente. Una mirada allí, un anhelo aquí. Inicialmente, parecía que acababa de enamorarme de mi mentor y me reí de ver que aparentemente algunas cosas nunca cambiaban. Incluso entonces estaba enamorada de Dimitri, a pesar del hecho de que ocasionalmente me molestaba su actitud.

Pero entonces todo cambió en una noche. La noche del baile de equinoccio. La noche en que Lissa fue secuestrada. La noche que Dimitri y yo habíamos sucumbido ante el encanto de lujuria. Mi diario relataba la noche en vivo detalle. Era casi vívidamente desgarrador. Describía la forma en que me había tocado, la mirada en sus ojos mientras observaba mi cuerpo casi desnudo, cada palabra que había pronunciado esa noche. Al leerlo ahora, podía sentir lo que había sentido esa noche, pero también pude sentir la culpa que me consumió una vez que se rompió el hechizo.

Leí las razones por las que Dimitri dijo que nunca podríamos estar juntos. Mi edad, su posición en la academia y nuestro futuro como guardianes de Lissa. Todas las razones por las que no podía permitirse apegarse a mí y cómo eso me había hecho amarlo aún más. Incluso ahora, podía entenderlas y estar de acuerdo con él. Bailábamos uno alrededor del otro, ambos sabíamos como se sentía el otro, pero nos esforzábamos por ignorar nuestras propias emociones. Incluso había llegado tan lejos como para intentar distraerme con Mason, uno de mis amigos más cercanos desde la infancia, y Dimitri había encontrado una amiga propia.

Las últimas páginas estaban llenas con mi angustia de ver a Dimitri superándome con otra persona. Tasha Ozera. No podía culparlo por enamorarse de ella. Ella era valiente y hermosa de acuerdo a mi descripción. Era segura de sí misma y Dimitri parecía abrirse con ella de una manera que no lo hacía conmigo. No pude evitar notar cuánto más abierto era conmigo ahora de lo que parecía serlo en ese entonces. Tampoco pude evitar notar que Dimitri no había mencionado a Tasha ni una sola vez desde que regresé.

Mi mente regresó a nuestra conversación de hace unos días, sobre la mujer que dijo que había amado y perdido. ¿Podría Tasha ser esa mujer? Era obvio que le gustaba. Ella le había ofrecido una nueva vida, una familia y niños que aparentemente yo no podía darle porque ambos éramos dhampirs. Por supuesto que se iría con ella.

Sin embargo, el diario no decía nada acerca de su decisión. Terminaba abruptamente el día de Navidad con la revelación de lo que Tasha le había ofrecido a Dimitri, el día antes de que nos fuéramos al resort, solo unos días antes del incidente en Spokane.

Hojeé el diario de nuevo, releyendo mi propio registro. Sólo abarcaba unos pocos meses de mi vida, pero parecía que habían sucedido tantas cosas en ese momento que era casi agotador tratar de comprenderlo todo. Finalmente, dejé de leer y puse el cuaderno a mi lado mientras imaginaba todas las historias en mi mente, y pasaba de imaginar a soñar.

Dimitri

Mis pies estaban cansados después de mi turno. La resistencia física era una parte importante del entrenamiento de cualquier novicio, pero seguía insistiendo de todo corazón que prestar atención de pie durante horas y horas era más agotador que las rondas patrullaje, el entrenamiento o incluso el combate.

La casa estaba en silencio, así que me deslicé tan silenciosamente como pude. Eddie tenía servicio de patrullaje después del banquete, así que sabía que su habitación estaba vacía esta noche. Aún así, incluso con los otros durmiendo en el lado opuesto de la casa, no quería arriesgarme a despertar a nadie tan tarde en la noche. Se habían ido hacía un par de horas antes de que el banquete terminara oficialmente, pero yo tuve que quedarme hasta que todos se fueran.

Abrí la puerta de mi habitación, listo para finalmente relajarme y acostarme, cuando mi corazón se detuvo. Rose estaba dormida donde la había dejado horas atrás, con la cabeza sobre mi almohada y su diario apretado en sus brazos. Todavía estaba vestida con su vestido formal, y su cabello caía del elaborado peinado que había llevado antes.

Parecía tan tranquila que ni siquiera podía soportar la idea de despertarla. Estaba seguro de que estaría más cómoda en su propia cama, o en pijamas por lo menos, pero era un gran riesgo moverla.

En lugar de eso, me quité la chaqueta y la corbata, y las coloqué sobre el respaldo de la silla del escritorio antes de desdoblar la colcha que tenía al final de mi cama. La coloqué sobre ella, asegurándome de sacar suavemente la libreta de sus brazos antes de cubrir sus hombros.

Debería haberme detenido allí, yéndome como había planeado para pasar la noche en el sofá de la sala para que ella pudiera dormir tranquila en mi cama, pero simplemente no pude evitarlo. Acaricié un mechón de cabello que había caído sobre su mejilla, y lo puse detrás de su oreja. Las comisuras de sus labios se curvaron en respuesta y la vista sólo alentó mi comportamiento atrevido. Me arrodillé en el suelo a su lado y le di un suave beso en la sien.

—Sladkikh snov, moy Roza.


Lo último que dice Dimitri es una frase de buenas noches en Ruso que sólo se usa con las personas amadas.

Chicas, espero que les haya gustado el capítulo. Lamentablemente sabemos que nuestro Dios está tan limitado como Rose para defenderla de los acosadores de esa sociedad tan injusta. Sin embargo parece ser que le ha dado el regalo más importante, un vistazo a su pasado contado por ella misma.

Ahora ya sabe que hubi algo entre ellos dos, aunque no sabe si es a ella o a Tasha a la que quiere. ¿Qué creen que suceda? y ¿cómo creen que se tome Rose ese descubrimiento sobre Dimitri y sus sentimientos?

Ahora si ya vienen mis capítulos favoritos chicas, espero que a ustedes también les gusten, especialmente el siguiente.

No olviden dejar sus reviews, esta historia es de las que menos reviews tiene y me gustaría que me ayudaran a subirlos. Muchas gracias por su apoyo, cuídense y nos leemos en el próximo capítulo.