Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.
Capítulo 17
Rose
Sentí tanto como escuché las palabras susurradas contra mi mejilla, sacándome del sueño, aunque no las entendí. No reconocí dónde estaba cuando abrí los ojos por primera vez, pero el aroma fresco de la loción para después de afeitar era lo suficientemente familiar para recordármelo.
—¿Dimitri?
Los pasos apenas audibles se detuvieron, y miré hacia donde habían sonado. Dimitri lucía agotado, con la mano en el pomo de la puerta y completamente vestido con su uniforme, o casi completamente vestido, le faltaban la chaqueta y la corbata.
Pareció sorprendido de verme despierta, y por la rigidez de mi cuerpo cuando me incorporé, me di cuenta de que era tarde y que probablemente había estado dormida por bastante tiempo. Seguramente acababa de regresar del banquete.
—Lo siento, Rose. No era mi intención despertarte.
—Oh, no te preocupes. No era mi intención quedarme dormida. —La última parte de mi oración se perdió en un bostezo, haciéndolo sonreír.
—Vuelve a dormir, es tarde. —Se dio la vuelta como para irse de nuevo y me di cuenta de que tenía la intención de dejarme seguir durmiendo en su cama.
—Puedo volver a mi habitación, —insistí—, esta es tu cama. No tengo por que quitártela cuando tengo una cerca.
Él no protestó, y apostaría a que si bien no quería echarme, preferiría dormir en su propia cama que en el sofá donde supongo que se dirigía antes de que me despertara—. Al menos déjame llevarte a tu habitación entonces.
Levanté el edredón con el que no recordaba haberme cubierto y me di cuenta de que todavía llevaba el vestido que había estado usando antes. Debo haber estado más cansada de lo que pensaba si había logrado conciliar el sueño con esto.
Dimitri estaba de pie junto a mí, extendiendo su mano para ayudarme a levantarme, pero la vista de mi diario en la mesita de noche me hizo detenerme.
—¿Por qué no me lo dijiste? —Le pregunté.
—¿Decirte qué?
Lo miré fijamente. Él sabía de lo que estaba hablando—. No me salgas con eso. ¿Por qué no me contaste lo que pasó entre nosotros en la academia?
Se sentó en la cama a mi lado con un suspiro—. ¿Honestamente? No sabía cómo hacerlo. Cuando descubrí que no podías recordar nada, me pareció un error contarte algo así. Entre saber quién eras, qué eras, todos y todo lo que dejaste atrás, contarte lo que había sucedido en ese entonces entre tú y yo me parecía... inapropiado. No quería poner más peso sobre tus hombros. Ya tenías bastantes cosas con las que lidiar.
—Ya veo. —Él parecía entenderme y saber lo que necesitaba mejor de lo que yo misma lo hacía. Solté una carcajada a medias mientras continuaba—: Supongo que debería agradecerte por pensar así en mí. Todos han estado esperando tanto de mí, incluso sin querer. Es bueno saber que estabas más preocupado por hacerme sentir cómoda en vez de forzarme a ser alguien que no recuerdo.
Pareció relajarse un poco ante mi comentario, como si hubiera estado preocupado de que yo estuviera molesta con él. Supongo que podría entender el por qué. Al principio me había molestado un poco que me hubiera ocultado algo así, sobre todo porque parecía ser una parte bastante significativa de mi pasado antes de que me hubiera olvidado de todo. Pero a medida que seguí leyendo, especialmente hacia el final, me di cuenta de que tal vez parte de la razón por la que no me había dicho nada era porque, por mucho que mis sentimientos por él fueran tan fuertes, ninguno de nosotros pensaba que algo pudiera surgir de eso. Ambos estábamos dedicados a una causa que nos separaría, o lo habíamos estado. Rápidamente recordé lo último que había leído antes de que mi diario terminara de repente, la noche antes de que nos fuéramos al resort de esquí.
—¿Qué pasó con Tasha?
Pareció confundido por mi pregunta, o tal vez sólo sorprendido por lo que le había preguntado.
—Lo siento. El diario termina repentinamente y sólo sentí curiosidad. ¿Aceptaste su oferta? En realidad, ¿sabes qué? No es de mi incumbencia. Olvida que dije algo. Lo siento. —Estaba divagando, un desafortunado hábito mío cuando estaba avergonzada o cansada, y este momento, estaba ambas cosas.
—No.
La sola palabra interrumpió mis pensamientos, pero no tanto como su cálida mano cubriendo la mía—. ¿Eh?
—No. Nunca pasó nada entre Tasha y yo.
—¿Pero por qué? Aquí sonaba como si fuera una gran oportunidad para ti. Al menos por como lo escribí, parecía que ella podría darte todo lo que quisieras, incluso una familia.
—Tasha tenía mucho para ofrecerme, pero no podía darme todo. Específicamente, no podía darme la única cosa que realmente quería.
Me mordí el labio, tratando de averiguar qué era lo que ella no tenía y que él quería más que nada. Debe haber sido algo grande para que renunciara a todo lo demás.
—Tú, Roza. Ella nunca sería tú. Me tomó un poco de tiempo aceptarlo, pero nada de lo que Tasha me ofreció importaba si no eras tú con quien lo estaba compartiendo. —Tomó mi mano en la suya y la volteó para que ahora estuviera boca arriba con su pulgar acariciando mi palma—. Sé que esto va en contra de todo lo que dije antes de no presionarte, y no quiero que pienses que espero algo de ti, pero debes saber la verdad. Te amaba, Roza. Todavía lo hago. Nunca dejé de amarte.
Incluso después de leer toda mi historia con él, menos unos días antes de que desapareciera, podría decir honestamente que esto era lo último que esperaba. Ni una sola vez en mi diario mencionaba que Dimitri me había amado. Sabía que se preocupaba por mí, que me encontraba hermosa, incluso que quería protegerme. Pero nunca escribí que me amaba ni una sola vez. Supongo que es porque él no me lo había dicho nunca. Aparentemente, Dimitri nunca había sido capaz de expresar sus sentimientos, y las pocas veces que lo hacía eran a menudo cosas dichas en un momento de desesperación, y eran seguidas rápidamente por un sermón sobre cómo eso no importaba y que no podíamos estar juntos. Incluso ahora, estaba esperando que comenzara a explicar lo equivocada que sería una relación entre nosotros.
No lo hizo, sólo esperó pacientemente a que yo dijera algo.
Sabía cómo me había sentido entonces. Aunque nunca había usado el término, estaba bastante segura de que me estaba enamorando de él. Nunca lo había dicho directamente, pero había escrito lo suficiente sobre el gran impacto que había tenido en mi vida que era fácil adivinar que era cierto.
Pensé en lo extraña que me había sentido después de verlo en uno de mis sueños. No, no era un sueño, sino cuando me introduje en la mente de Lissa. Siempre había pensado en él después, e incluso había algunas veces en las que sentía una especie de deseo de saber más sobre él, de volver a verlo. Ahora podía entender por qué nunca había reaccionado ante él durante las visiones, pero tenía sentido que su presencia siempre permaneciera conmigo después de que terminaran.
Pensé en cómo me sentía con él ahora. Estaba a salvo con él. Me sentía cuidada, protegida, me sentía respetada y querida. Me sentía deseada. Me sentía… amada.
—Creo que... tal vez... —comencé a tartamudear en busca de las palabras de las que aún no estaba segura—. Creo que yo nunca dejé de amarte tampoco.
No tuve la oportunidad de explicarme más antes de que una expresión de puro alivio se reflejara en sus rasgos. Era como si le hubieran quitado un peso de encima. Mis palabras también parecieron encender algo en él. Su mano libre se movió de la colcha a mi mejilla, inclinando mi barbilla para que pudiera verme mejor, como si estuviera verificando la verdad de lo que dije en mis ojos. Aparentemente satisfecho de que no le estaba mintiendo, se inclinó hacia delante y su intención fue clara. Dudó, sólo el tiempo suficiente para que lo detuviera si quería.
No lo hice
Sus labios se sentían cálidos y cómodos, casi familiares. Tuve que recordarme que probablemente me eran familiares en algún lugar de mi mente. Este no era el primer beso entre nosotros, pero si el primero que recordaba. Él fue amable, no me empujó más allá como algunos tipos habían intentado hacerlo antes. Sin embargo, por primera vez, sentí el deseo de ver a qué otra cosa podría llevar esto.
En mi cabeza, no tenía sentido. Había salido con algunos hombres antes, y aunque esas relaciones cortas nunca habían llegado a ningún lado, ciertamente los había conocido por más de unas pocas semanas. Supongo que técnicamente también conocía a Dimitri más que eso, pero no lo recordaba. ¿Aún así contaba? En este momento, realmente no podría importarme menos.
Mis manos de alguna manera encontraron su camino hacia él, corriendo a lo largo de su antebrazo y bíceps antes de descansar sobre sus hombros. Podía sentir las puntas de su pelo haciéndome cosquillas contra mi piel, pero era sólo una en una cantidad alarmante de sensaciones que empezaban a abrumarme.
Profundicé el beso, tratando de establecerme y decidiendo que él era tan sólido y constante como cualquier otra cosa en mi vida. Él no pareció objetar, y pronto lo sentí acercarse más a mí y alzarme en sus brazos. Su mano en mi cadera me conmocionó, y solté un pequeño jadeo.
Se apartó un poco, pero incluso la breve separación fue demasiado para mí y lo insté a regresar. No tenía ninguna duda de que podía alejarse si realmente lo deseaba, pero el gemido que soltó cuando nuestras lenguas se encontraron me hizo pensar que lo estaba disfrutando al menos tanto como yo.
Probando mi teoría, comencé a recostarme, casi esperando que él se separara de nuevo. En lugar de eso, me siguió, usando sus brazos para acunar mi caída contra la almohada antes de colocarse encima de mí.
Lo había visto sonreírme varias veces hasta este momento, pero la mirada que me dirigió ahora hizo que todo lo demás palideciera. Era como si siempre hubiera estado conteniéndose, porque ahora su sonrisa llegó a sus ojos y me miró con algo que sólo podía describir como reverencia. De la misma manera en que alguien podría contemplar maravillado un milagro.
Me hizo sentir especial, como si le perteneciera.
—Rose, —susurró—. Mi Roza.
Sus labios se posaron sobre mi mandíbula, avanzando lentamente hacia arriba antes de morder suavemente el lóbulo de mi oreja, provocando un empujón rápido y completamente involuntario de mis caderas contra las suyas. Se rió entre dientes. Sí, se rió entre dientes ante mi reacción y lo hizo una vez más antes de pasar sus besos por mi cuello hasta mi clavícula que quedaba al descubierto por el escote del vestido. De repente me sentí confinada por el vestido que llevaba, lista para deshacerme de él y permitirle la libertad total para vagar por todo mi cuerpo a su voluntad.
También sentí el repentino deseo de explorarlo de la misma manera. Mis dedos comenzaron a hurgar en sus botones, tomándolo por sorpresa. Sin embargo, no me detuvo, sino todo lo contrario. Me ayudó, desabrochando con agilidad los ofensivos botones, arrancando el último completamente cuando su impaciencia ganó sobre su autocontrol.
Me pregunté por un momento si mi vestido también sería sacrificado en nuestra frenética meta, pero él me sorprendió al levantarse y ofrecerme su mano. Me levanté y la tomé, más por curiosidad que por cualquier otra cosa, y él me sorprendió dándome una pequeña vuelta, como si estuviera bailando con él. Terminé de espaldas a él, su brazo sosteniendo el mío sobre mi pecho. Su otra mano sosteniendo mi cadera, presionándome a ras de él. Estaba presionada a su cuerpo lo suficientemente fuerte para que lo sintiera todo.
—Puedo bailar cuando estoy en el estado de ánimo correcto, —susurró, su voz con un acento denso lo suficientemente bajo como para vibrar en mi oído—, y si tengo la pareja adecuada.
Mi cabeza cayó hacia atrás contra su hombro y juro que él era la única cosa que me mantenía de pie en ese segundo. Sin embargo, terminó rápidamente cuando su mano soltó la mía, pasando suavemente por la parte superior de mis senos antes de apartar el cabello suelto hacia un lado. Sentí sus labios presionar contra el hueco entre mi cuello y mi hombro y sus dedos rozaron el botón que cerraba la parte superior de mi vestido.
Cuando volvió a detenerse, volví la cabeza lo suficiente como para verlo detrás de mí. Parecía casi… nervioso. Siempre había lucido tan confiado desde el día en que lo conocí, o mejor dicho, desde el día en que lo reencontré, que fue casi lindo verlo un poco alterado por mí.
Sus ojos se apartaron del broche de mi vestido, encontrándose con los míos en una pregunta silenciosa. Sonreí, y un momento después el botón se soltó y él me quitó el material de los hombros, besando la piel que descubrió. Sus manos se movieron a la parte inferior de la espalda expuesta, desabrochando los últimos centímetros que me permitirían desvestirme por completo, e intenté, y fracasé, contener una risita cuando trató de rozar su mano tímidamente contra mi trasero.
Cuando se alejó de mí, me preocupé de que mi risa involuntaria pudiera haberle hecho cambiar de opinión. Miré por encima de mi hombro otra vez, sólo para verlo mirándome, esperando algo. Podía sentir el calor de su mirada en mi piel y eso dejó claros sus deseos.
Saqué los brazos de las mangas, dejando caer el vestido en un charco de tela a mis pies. Sabía que el fino encaje blanco de mis braguitas no dejaría nada a la imaginación, pero mi vestido no había permitido que llevara un sostén adecuado y ahora estaba topless. Sostuve mis brazos frente a mi pecho protegiendo la última parte de mi modestia mientras me giraba para enfrentarlo.
La mirada en su rostro era mi nueva definición de shock y asombro. Ni siquiera estaba segura de si él estaba respirando. Me mordí el labio inferior, esperando que fuera suficiente para contener otra risa. No había esperanza de mantener alejada mi sonrisa.
Sus ojos lentamente bebieron cada pulgada de mi cuerpo. A diferencia de la mirada espeluznante, casi posesiva, a la que estaba acostumbrada de algunos clientes del club, su mirada me hacía sentir poderosa. Como una diosa, casi. Parecía listo para arrodillarse ante mí en señal de adoración.
Apenas había dejado que el pensamiento pasara por mi mente cuando se posó de rodillas. Automáticamente retrocedí por la sorpresa, y él recogió mi vestido y lo puso con cuidado sobre su chaqueta en la silla detrás de él. Fue un gesto tan extrañamente considerado en un momento como este, que no me di cuenta de que había dejado caer mis manos.
Él lo notó. En el momento en que se dio la vuelta, dejó escapar un susurro sin aliento. Fue tan suave que apenas pude oírlo. Ni siquiera estaba segura de si había sido en inglés. No importaba. Lo que importaba era que sus labios se posaron en los míos otra vez antes de que pudiera respirar de nuevo.
En lugar del beso suave, casi tímido de antes, este estaba lleno de una desesperada necesidad. Era como si temiera que de repente fuera a desaparecer. Por lo que sabía, él tenía miedo exactamente de eso. Quizás lo más extraño aún era que yo sentía la misma clase de necesidad hacia él. Él había pasado años amándome, pero yo no lo había conocido hasta hace unas semanas. No debería desearlo tanto, necesitarlo tanto. Pero supongo que siempre lo había hecho de una manera extraña, desde la primera vez que aparentemente lo había encontrado en las calles de Portland, sólo que no lo recordaba.
Tuve la sensación de girar y caer, y me di cuenta de que Dimitri nos había posado de nuevo en la cama conmigo encima de su pecho. Podía sentir el calor de su piel en la mía y la suave flexión de sus músculos debajo de mí. Había una contradicción tan extraña sobre él. Era increíblemente fuerte, un asesino entrenado y probado, pero nunca lo sabrías por la forma en que me abrazaba ahora. De la misma manera que nunca esperaría que alguien tan alto e imponente tuviera la gracia de un bailarín cuando se movía.
Supongo que alguien pensaría lo mismo de mí. Al parecer, yo también era una asesina entrenada y probada, entrenada por el semidiós debajo de mí. Pero mi fuerza estaba disfrazada bajo el pelo largo y una bonita sonrisa. A menudo me subestimaban porque la mayoría de las personas pensaban que lo más peligroso de mí eran mis curvas. Nadie subestimaría a Dimitri. Parecía tan letal como realmente lo era. Me di cuenta de que verlo así, cariñoso y completamente abierto, era probablemente algo que pocos realmente habían visto.
Nunca he sido de las que dejan la deudas sin pagar, y quería compartir con él algo tan personal y especial. Me incorporé a horcajadas sobre sus piernas, obteniendo una vista increíble del hombre semidesnudo. Sonreí, pensando que todavía había más ropa de la necesaria. Pasé mis manos por sus abdominales, causándole una respiración estrangulada antes de desabrocharle los pantalones. Podía verlo en silencio luchando por mantener su control mientras lo provocaba, así que continué jugando con él bajándole lentamente la cremallera. Parecía estar aguantando hasta que presioné mi palma contra el obvio bulto debajo de la tela.
Dejó escapar un gemido bajo, tal vez más un gruñido que cualquier otra cosa, y me dio la vuelta para inmovilizarme debajo de él tan fácilmente como lo hacía en las colchonetas de práctica. Aunque tampoco es que yo hubiera puesto mucha resistencia. Su pantalón y lo que había debajo desaparecieron rápidamente y no perdió el tiempo en vengarse de mi por mi atormentador juego anterior.
Acunó uno de mis pechos, apretando suavemente cuando su pulgar rozó mi pezón desnudo. Me causó una reacción instantánea. Mi espalda se arqueó ante su toque, sin palabras, pidiendo más. Él no me decepcionó. Su boca mostraba la misma atención en el otro pecho, usando su lengua para girar alrededor de la punta o mordiéndome suavemente con sus dientes.
Se sentía increíble. Estoy segura de que tenía que haber una palabra más inspiradora, pero en este momento, mi mente era incapaz de pensarlo. Mis dedos se enredaron en su cabello y lo mantuvieron en el lugar donde lo deseaba, pero no duró mucho cuando sus labios comenzaron a trazar un camino de besos desde mi corazón, hasta mi cuello y mi boca.
—Roza. —Su acento era mucho más pronunciado ahora—. Esto se siente increíble, pero… —besó mi ojo izquierdo—, ...no tenemos que hacerlo... —sus labios se movieron hacia mi ojo derecho y se detuvieron de nuevo—, ...no quiero presionarte... —su nariz rozó la mía mientras me daba un suave beso en los labios— ...tal vez deberíamos…
Me aparté de él lo suficiente como para ver sus ojos, mucho más oscuros ahora que unas horas atrás, demonios, que hace unos minutos—. Dimitri, shhh. Quiero hacerlo. Te quiero a ti.
Esto pareció ser suficiente para satisfacerlo. Sus labios se abalanzaron sobre mi garganta una vez más mientras su mano serpenteaba entre nosotros. Las yemas de sus dedos suavemente rozaron mis muslos y mi cabeza cayó hacia atrás en éxtasis. Fue un toque momentáneo, pero supe que lo necesitaba de nuevo allí inmediatamente. Quizás entendió mi necesidad porque sus dedos se encontraban explorando mis pliegues un segundo después. La fricción inicial de sus dedos se desvaneció en una suave felicidad cuando extendió mi propia humedad a través de cada pliegue.
Cuando lo sentí rozar mi ápice, la sensación me abrumó y lo mordí para no gritar. No fue lo suficiente duro para extraer sangre, pero probablemente habría una marca en el hombro de Dimitri durante el resto de la noche. Aunque no hizo nada para disuadirme. En todo caso, se volvió más ansioso en sus servicios, llevándome casi al borde del precipicio con nada más que su mano derecha.
—Por favor, Dimitri. —El hombre me hizo rogar por un dulce alivio.
Se apartó de mi abrazo, disminuyendo su rápido curso acelerado hacia el final y causando que esbozara un pequeño puchero por ello. Él sonrió.
—Cualquier cosa... todo... para ti.
Mi corazón se derritió con su promesa. Fiel a su palabra, se recostó, ampliando el espacio entre mis piernas y se acomodó entre ellas. Podía sentirlo presionado contra mi centro, y mi corazón se aceleró por la anticipación. También tenía un poco de nervios, pero no podían eclipsar mi necesidad de él. Esa necesidad se reflejaba en sus ojos.
A pesar de la pasión que corría entre nosotros, Dimitri se detuvo para mirarme. Tenía una mirada de amor puro y este se reflejó en su sonrisa mientras rozaba su mano contra mi mejilla. Me di la vuelta para besarle la palma de la mano, sin querer perder la oportunidad de presionar mis labios contra su piel. Satisfizo mi necesidad bajando sus labios a los míos, y en medio de su beso lo sentí penetrarme.
Hubo una pequeña pizca de dolor y aunque no fue mucho, debió haber algún tipo de reacción que pudo captar porque apartó su boca de la mía bruscamente, haciéndome extrañarla de inmediato.
—Roza, —su voz era ronca, pero aún así sonaba preocupada—, tú... ¿por qué no me lo dijiste?
Me reí, no era mi intención, pero mi mente no era completamente mía en este momento—. Honestamente, yo misma no estaba totalmente segura de eso. No hasta que leí el diario. ¿Importa?
—No... sí... quiero decir... —Fue un poco entrañable míralo tan nervioso—. Sabía que lo eras... antes... pero asumí que... no sé...
—¿Que no tendría 20 años y aún sería virgen?
Pareció sorprendido por mi franqueza, pero se rindió ante la verdad—. ¿Eso es horrible? Mencionaste novios en tu pasado, supongo que pensé que habrías tenido algo más con ellos.
—No tenías ninguna razón para suponer que era virgen, Dimitri. No te preocupes por eso. Ya había tenido novios antes, pero ninguna de esas relaciones era muy profunda. No valían nada más que un beso ocasional.
Estaba tratando de tranquilizarlo, pero mis palabras parecieron ponerlo más nervioso—. ¿Por qué yo?
—No estoy del todo segura, para ser honesta. —Sabía que no era la respuesta que esperaba, pero no quería mentirle—. Todo lo que sé es que ahora mismo, quiero estar contigo. —Para enfatizar mi punto, levanté mis caderas y lo hice que se hundiera suavemente en mí. Cualquier pasión perdida en nuestra breve conversación se encendió de nuevo en segundos.
Dimitri dejó escapar un gruñido bajo y posó su cabeza en mi clavícula, llenando de besos mi garganta y ocasionalmente dándome pequeños mordiscos que me hacían retorcerme debajo de él. Su balanceo rítmico creó un fondo de crujidos de los resortes de la cama acompañando mis suaves gemidos y los suyos más profundos.
Mis manos recorrieron su cabello, apretándolo con un puño para mantenerlo cerca cuando sus labios encontraron un punto particularmente sensible detrás de mi oreja. Podía sentir la sonrisa en sus labios mientras exploraba mi cuerpo con sus manos, boca y más.
Estaba completamente perdida en el momento, rogando por el clímax pero deseando que la experiencia pudiera durar para siempre. No tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado. El tiempo ya no se media en segundos, minutos u horas, sino en besos, toques y suspiros. Había un montón de los tres, sin duda.
Finalmente, cuando estuve segura de que el sol se había puesto en la eternidad, sentí que nuestro ritmo constante cambiaba. Mi corazón comenzó a latir más rápido cuando el empuje de Dimitri se volvió ligeramente frenético. Sus respiraciones previamente controladas comenzaron a convertirse en jadeos cálidos contra mi piel. Mis propios gemidos, una vez bajos y sensuales, ahora estaban aumentando en tono e intensidad cuando sucumbí ante él.
Todo lo que tomó fue una sola frase suya para que me derrumbara por completo. Tres palabras, dichas no como una orden, sino como una súplica.
—Roza, termina conmigo.
Mi cuerpo de repente se volvió una bola de energía, pulsando al mismo tiempo que nuestros latidos del corazón. Las luces parecían bailar frente a mis ojos y mi grito final incontrolado fue acallado por su boca sobre la mía. Su propia liberación pareció calmar mi fuego, bajándome suavemente de mi poderosa altura.
Nos aferramos el uno al otro, permitiendo que nuestra respiración volviera lentamente a la normalidad a medida que nuestros cuerpos se recuperaban. Mi cara estaba enterrada en su fuerte pecho mientras sus labios plantaban pequeños besos en mi cabello. Finalmente, miró hacia abajo y se encontró con mis ojos. Había algo allí, algo que no podía reconocer, pero la intensidad era suficiente para hacer que las mariposas revolotearan en mi estómago. Era suave y dulce, pero también me asustaba de una manera que nunca había experimentado.
Sin una palabra, se apartó de mí y se levantó de la cama por completo. Estaba demasiado cansada para protestar siquiera por su repentina ausencia. Lo vi caminar por la puerta de su cuarto de baño y cerré los ojos. Podía escuchar el sonido del agua corriendo. Podía oler el olor a almizcle de lo que acababa de pasar entre nosotros. Incluso pude sentir el aire fresco soplando contra la fina capa de sudor que parecía cubrir todo mi cuerpo. En general, sentí una sensación de calma y paz. Por un segundo, en una vida de eventos que podía y no podía recordar, sentí que todo estaba perfectamente bien en mi mundo.
—Toma. —Su voz aún era rica y baja y me asomé a través de mis pestañas para verlo de pie junto a mí con un pequeño paño blanco.
Asentí levemente, esperando que él me lo diera, pero en cambio él me sorprendió y gentilmente se agachó para limpiarme él mismo. La tela caliente se sentía un poco áspera contra mi tierna carne. Cuando lo retiró, vi un ligero tinte rosado.
—Hay un poco de sangre, —declaró, la preocupación tiñendo sus palabras—. ¿Duele?
—Sólo estoy un poco adolorida, —le confié—, pero no más que con cualquier otro trabajo que me hayas puesto en el gimnasio recientemente.
Me miró, alzando una ceja y yo le guiñé un ojo, ganándome una pequeña pero preciosa risa. Aprendí bastante rápido que no lo hacía tan a menudo, así que atesoraba el sonido cada vez que lo escuchaba.
Dimitri arrojó la tela usada en una pequeña cesta y sacó un par de boxers limpios de su cómoda. Lo observé descaradamente mientras se los ponía antes de sacar una camiseta. La levantó en mi dirección ofreciéndomela—. ¿Quieres ponértela?
Sacudí mi cabeza de lado a lado—. No, estoy demasiado cansada.
Otra sonrisa completa agració sus rasgos, para mi deleite. La camisa permaneció en la parte superior de su cómoda mientras se acomodaba en el otro lado de la cama, acercándome a él antes de cubrirnos con la misma colcha con la que había estado durmiendo antes. Lo sentí trazando patrones al azar contra mi piel, arrullándome en lo que prometían ser dulces sueños, cuando me susurró al oído.
—Te extrañé, Roza.
Y con eso, todo se vino abajo.
Chicas, quiero pedirles una enorme disculpa por el retraso, pero más vale tarde que nunca ¿no?
¿Qué opinan de este capítulo? Es mi favorito de todo el fanfic, me tuvo fangirleando todo el tiempo mientras lo leía. No podía creer que por fin estos dos estuvieran juntos después de todo lo que habían pasado. Mi frase favorita sin duda es cuando Dimitri le dice: "Tú Roza, ella nunca sería tú." Me volvió a enamorar con esa frase y hasta le perdoné su breve intento de romance con Tasha.
¿Cuál fue su parte favorita? Y ¿Qué opinan de ese final? ¿Qué creen que vaya a suceder?
Bueno chicas, espero que les haya gustado. Cuídense mucho y nos leemos en el próximo capítulo.
