Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.


Capítulo 18

Dimitri

La noche anterior fue mejor de lo que jamás hubiera imaginado, y lo había intentado con bastante frecuencia. Millones de escenarios y arrepentimientos donde imaginaba qué hubiera pasado si hubiera hecho las cosas diferentes, habían aparecido en mi mente a lo largo de los años, pero todos se disiparon en un instante después de lo que sucedió anoche.

Miré a la mujer dormida a mi lado. Seguía completamente desnuda, y eso sólo la hizo acercarse más a mí en busca de calor debajo de las sábanas. No me importó en absoluto. Mis dedos rozaron su piel desnuda, saboreando algo que nunca pensé que tendría oportunidad de hacer, incluso después de que la encontráramos en Las Vegas. Cuando me estiré para quitarle el pelo de la cara, ella comenzó a moverse.

—Buenos días, hermosa, —susurré, viendo como sus ojos empezaban a abrirse.

Rose se sobresaltó un poco cuando vio que estaba despierto—. Oh, hmm, buenos días. —Su voz aún estaba llena de sueño mientras se alejaba, estirando los músculos cansados de su cuello y hombros.

Mis ojos pasaron de observar su cara a su cuerpo. No tenía la intención de mirarla, pero la vista de su perfección aún me dejaba asombrado. Era hermosa, y anoche... había sido mía. Todavía no podía creerlo. Cuando me encontré con su mirada de nuevo, estaba claro que ella había captado mi distracción. Esperaba un comentario sarcástico sobre mi comportamiento poco sutil, pero éste nunca llegó.

En cambio, envolvió una de las mantas sueltas a su alrededor, protegiendo efectivamente su cuerpo de mi vista. Permití su repentina sensación de modestia sin cuestionarlo. Recordé que esta era una nueva experiencia para ella, y aunque no lo fuera, tenía derecho a cierta timidez y privacidad.

No podía soportarlo más. Era deslumbrante, su cabello ligeramente desordenado y una pequeña marca de mordedura en su cuello, donde me había mostrado un poco demasiado entusiasmado con mi afecto. Tomé su mejilla en mi mano, jalándola suavemente para besarla.

En lugar de sus labios, me encontré con su resistencia.

—Mal aliento por la mañana, —declaró, como si pudiera ofenderme.

Hice un sonido bajo para hacerle saber que entendía pero contrarresté su argumento—. No me importa. —Si ella no venía a mí, yo iría a ella. Me incliné, sólo para ser detenido por un dedo en mis labios.

—Pero a mí sí.

Me encogí de hombros, aceptando esto como una de sus peculiaridades antes de salir de la cama para lavarme los dientes. Estaba ansioso por besarla y si esto era lo que ella necesitaba antes de que eso pudiera suceder, entonces no iba a perder el tiempo.

La miré mientras pasaba enfrente de ella, curioso por ver si me observaba mientras estaba prácticamente desnudo. La había sorprendido mirándome prolongadamente varias veces, tanto en la Academia como recientemente, pero nunca se lo había mencionado. Curiosamente, estaba haciendo exactamente lo contrario en este momento; estaba mirando a propósito en cualquier dirección, excepto a mí. Nunca tomé a Roza por alguien tímida, especialmente porque ella era típicamente muy sociable, pero estaba agradecido porque estaba llegando a ver un lado de ella que nadie había visto antes.

Unos minutos más tarde, volví a abrir la puerta del baño para ver a Rose poniéndose una de mis camisetas. Era la misma que había sacado para ella la noche anterior y que había rechazado.

—Entonces, ¿qué dices si preparo el desayuno? Todavía es temprano, y los otros probablemente siguen dormidos, pero yo hago unos panqueques que incluso llegan a la altura de los de Christian...

—No...

—¿No? Bien. ¿Qué tal una carrera? Usualmente lo hacíamos antes de comer de todos modos. Hay una pista genial que aún no te he mostrado y...

—Dimitri...

—...sólo debería tomarnos unos 45 minutos completar el circuito completo. Luego te haré todo lo que quieras comer. No tengo turno hasta esta tarde.

—¡Dimitri!

Fue su tono el que finalmente me atravesó. Una mirada a su cara y pude ver que algo estaba mal. Ni siquiera tuve tiempo de prepararme para el impacto antes de que sus siguientes palabras llegaran como un puñetazo en mis entrañas.

—Lo que sucedió anoche fue un error.

—¿Qué? —Estaba allí parado como un idiota, casi sin aliento y tratando de entender lo que me estaba diciendo.

—Lo qué pasó anoche... no debería haber ocurrido.

—Lo de anoche fue lo mejor que me ha pasado en mi vida, Roza. Pensé... pensé que tú también lo querías.

Ella sacudió la cabeza hacia mí. No fue una respuesta, pero la frustración se acumuló en ella cuando trató de contener sus emociones—. Lo quería Dimitri... lo de anoche fue maravilloso. Tú fuiste maravilloso. Pero...

—¿Pero qué?

—Pero no fue justo para ti.

¿Justo para mi? ¿De qué estaba hablando? —No entiendo. Roza, yo...

—No soy tu Roza, —su voz fue repentinamente firme, comandante incluso. Fue suficiente para detenerme donde estaba parado. Sus rasgos se suavizaron un poco ante mi reacción, pero no perdió su determinación—. No soy tu Roza, Dimitri. Puede que me parezca a ella. Puedo sonar como ella. Demonios, incluso puedo actuar como ella en ocasiones. Pero ella se ha ido, Dimitri. Se ha ido. Es como si hubiera muerto esa noche porque por más que lo intente, nunca seré ella. Ya no puedo seguir pretendiendo ser alguien que no soy.

Estaba aturdido y en silencio, tratando de procesar lo que me estaba diciendo pero estaba quedándome corto.

Cuando las lágrimas comenzaron a brillar en sus ojos, todo lo que pude pensar fue en abrazarla, pero antes de que pudiera moverme, ella comenzó a alejarse más de mí.

—Lo siento. Me iré después de la boda. Lo siento mucho.

Cogí su mano con desesperación, sin estar listo para renunciar a ella—. Rose. Por favor. Te amo.

Miró hacia atrás, con fuego en los ojos y lágrimas en las mejillas—. No, Dimitri. Estás enamorado de un recuerdo, un recuerdo que no soy yo.

Y así, salió de mi habitación y cerró la puerta detrás de ella.

Rose

La mirada en su rostro. Esa mirada quedaría grabada a fuego en mi memoria. En realidad, ambas miradas. Aquella con la que me di cuenta que me amaba, y aquella que puso cuando le dije que había sido un error hacerlo.

Las lágrimas ya estaban quemando su camino salado por mis mejillas, haciendo que mi visión fuera borrosa mientras intentaba llegar a mi habitación. No llevaba nada más que la camiseta de Dimitri. Era lo suficientemente larga para cubrirme, pero quería quitármela lo antes posible. Olía a él.

Me di cuenta de que había dejado mi vestido en el dormitorio de Dimitri, doblado sobre la silla del escritorio. Encontraría alguna forma de recuperarlo más tarde. Yo le devolvería su camiseta. O tal vez me quedara con ella. Me pregunté si le importaría que robara una pequeña muestra de lo que había sido la mejor noche que podía recordar.

Estaba tratando de subir las escaleras lo más silenciosamente posible para no despertar a nadie más en la casa, pero me salté el último escalón y caí, apenas sosteniéndome en mis manos y rodillas.

—¿Rose? —Escuché unos ruidos de algo mientras Eddie susurraba desde el pasillo. Intenté meterme en mi habitación antes de que me viera, pero justo antes de llegar a mi refugio, sus ojos se clavaron en los míos. No dijo nada, pero sabía que sus instintos guardianes estaban asimilando todo, desde mi ropa hasta mi expresión. Probablemente sabía todo lo que había sucedido en las últimas 12 horas con sólo una mirada. Busqué a tientas el pomo, finalmente abrí la puerta y la cerré de un golpe detrás de mí.

Una vez sola, me recargué en la puerta y caí al suelo. Pude escuchar que Eddie se detenía en silencio junto a mi puerta antes de seguir su camino y estaba agradecida de que no hubiera investigado más.

¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Qué demonios había hecho? Dios mío, me había acostado con Dimitri y fue... todo lo que podría haber esperado. Era más de lo que había esperado. Mi cabeza cayó en mis manos, mi palma presionando mis ojos en un intento desesperado de no pensar en las palabras que ya estaban girando en mi mente.

Estaba enamorada de él... y él estaba enamorado de ella.

Sería mucho más fácil si él estuviera suspirando por otra mujer, pero no, Dimitri ansiaba otra versión de mí. Anhelaba a una mujer que ya no existía. Él mismo lo dijo. La extrañaba. Echaba de menos a su Roza. Y la estaba confundiendo conmigo.

Yo había sido un pobre sustituto de la muchacha a la que él había amado y extrañado durante años. De la que él tenía buenos recuerdos y a la que esperaba desesperadamente recuperar. ¿Realmente podría culparlo por aferrarse a lo más cercano que había de ella?

No. No podría culparlo por eso. Era yo la que no debería haberse apegado tanto a él. Vine aquí para aprender sobre mi pasado, no para enamorarme de alguien. Había sido estúpido encariñarme con Dimitri o con cualquiera de ellos. Estaban buscando a una chica que se había ido. Yo no tenía un lugar aquí.

Miré el reloj, eran las 9 de la noche. El comienzo del día vampírico, pero aún era temprano en la noche en Las Vegas. Había dejado mi teléfono en mi habitación en lugar de llevarlo a la recepción el día de ayer y seguía cargándose en mi mesa de noche. Tiré del cable y llamé al primer número en mi lista de favoritos.

Marie debería estar lista ahora mismo. Probablemente tendría trabajo en unas pocas horas, pero en éste momento debería estar haciendo mandados y su vida normal. Por un momento la envidié. Por mucho que odiara no recordar casi dos décadas de mi vida, al menos mi tiempo en Las Vegas se consideraba una rutina en comparación con todo lo de ahora.

Contestó el teléfono al tercer timbre—. ¡Hola! ¿Cómo va todo?

Forcé una sonrisa y traté de sonar como si no hubiera estado en plena crisis sollozando hace unos minutos—. Estoy... bien. Aunque voy a regresar a casa.

—¿De verdad? —Marie sonaba realmente sorprendida—. Quiero decir, me encantaría tenerte de vuelta y todo, te extraño como una loca, pero parecía que estabas disfrutando las cosas allá. ¿Pasó algo?

Si... algo. Esa era una forma de decirlo. Otra forma podría haber sido decir que voluntariamente había expuesto mis sentimientos y que había terminado destrozada por un tipo que era completamente increíble pero que no podía superar a su ex. Una ex que era idéntica a mí. No es que me hubiera hecho daño a propósito. Realmente me había hecho sentir completamente amada y me dio un sentido de pertenencia por una vez en mi vida. Eso sólo hacía que la situación fuera más dolorosa. Podría haber tenido sexo con él la noche anterior, pero aún no estaba segura de con quién creía Dimitri que había estado. Así que sí... algo sucedió.

—Fue una noche larga, eso es todo. —Incluso la versión resumida hubiera sido demasiado para contársela.

Al entrar en el modo de protección de Mamá Oso, escuché un borde duro en sus palabras—. ¿Qué pasó, Ivy? ¿Está todo bien?

—Sí… no. Estoy bien ahora. Lo prometo. Es sólo que no estoy hecha para vivir aquí. Me di cuenta de quién soy y ahora estoy lista para volver a casa.

—¿Estás segura? ¿Cómo están las cosas con Dimitri?

Ahogué una risa aguda.

—Woah. Un tema equivocado al parecer.

—Bueno, no es lo mejor en este momento, —bromeé—. Te contaré todo después de procesarlo, lo prometo. Sólo tengo que pasar por la despedida de soltera esta noche y la boda de mañana, luego estaré en el próximo vuelo de regreso a Las Vegas. ¿Crees que puedo tener mi antiguo trabajo de vuelta?

—¿Estás bromeando? Ni siquiera has usado todo tu tiempo de vacaciones e incluso si lo hubieras hecho, todo lo que tendrías que hacer es hacerle ojitos a Jason y te regresaría tu puesto inmediatamente.

Puse los ojos en blanco, aunque ella no podía verme. Marie no estaba equivocada. Puede que no haya tenido la mejor vida antes de toda esta locura, pero al menos en Las Vegas sabía qué esperar de la gente que me rodeaba. Me encantaría dejar todo este asunto de vampiros atrás.

Dimitri

Abrí mi puerta pero ella ya se había ido. Estaba a punto de perseguirla cuando apareció Eddie. Por la forma en que miraba detrás de él con una expresión preocupada en su rostro, debió haberse encontrado con Rose mientras escapaba desesperadamente de mí. Cuando se dio la vuelta y me vio de pie en medio del pasillo, enarcó una ceja.

—Bueno, eso explica algunas cosas... —comentó.

Le dirigí una mirada breve antes de esforzarme por ver a su alrededor—. ¿Qué?

—Por qué Rose no llevaba nada más que una camisa de gran tamaño con escritura cirílica. Comparada contigo, estaba prácticamente vestida.

Miré hacia abajo y vi que no llevaba nada más que mi ropa interior. Dejé salir una maldición y me metí a mi habitación para agarrar un poco más de ropa mientras contemplaba qué hacer a continuación. Por supuesto, Eddie me siguió.

—Lo que no entiendo, Belikov, es por qué parecía que estaba apunto de romper a llorar.

Mi cabeza se volvió hacia él cuestionando sus palabras cuando terminé de abotonarme mis jeans.

Puede que Rose no tuviera hermanos biológicos, pero Eddie era tan protector con ella como yo con mis propias hermanas—. Lo juro, si la lastimas…

—¡No lo hice! Quiero decir... no era mi intención. No sé qué pasó, Eddie. La noche pasada fue fantástica.

Eddie levantó su mano, claramente pidiéndome que le ahorrara los detalles, no que haya tenido la intención de compartir ninguna de esas intimidades privadas con nadie más de todas maneras.

—Obviamente sabes lo que pasó. Fue mutuo, lo juro. Todo fue perfecto la noche anterior, pero esta mañana... esta mañana, todo dio un giro de ciento ochenta grados. No entiendo lo que pasó. ¿Qué cambió? Ella dijo... —¿Qué dijo Rose? Había ocurrido tan rápido—, dijo algo acerca de no ser la misma chica que recordaba. Que no era justo para mí. ¿Qué quiso decir? —La última pregunta no había sido directamente para él, pero respondió de todos modos.

—No estoy seguro, hombre. No sé qué decirte. Necesitas hablar con ella para entenderlo. —Se acercó, cruzó el umbral de mi habitación y colocó una mano en mi hombro—. Puedo decirte que hay algo entre ustedes dos, a pesar de todo lo que ha sucedido. No dejes que eso se desvanezca sin luchar.

Lo miré sin comprender. Su consejo era muy bueno, pero sin un plan era inútil.

—Ella dice que se va a ir, Eddie. Justo después de la boda. Va a regresar a las Vegas y creo que es mi culpa. Simplemente no entiendo qué fue lo que hice para alejarla.

Eddie suspiró y miró hacia el cielo por la noticia de que Rose no se quedaría con nosotros mucho más tiempo. Sabía que él también la necesitaba en su vida y sentí una pequeña oleada de culpa de que todo lo que había hecho también le causaría dolor a él. Eddie, Lissa, Christian, Adrián... todos. Todos se preocupaban por ella y todos estábamos mucho más felices de tenerla de vuelta en nuestras vidas y ahora, debido a mi estupidez, se iría de nuevo.

Después de un momento, Eddie me miró—. Dale un poco de espacio, Dimitri. No importa lo que haya pasado entre ustedes la noche anterior, Rose tiene un millón y medio de razones para irse. Estoy seguro de que no es tu culpa. Para ser sincero, tal vez sería mejor que regresara a Las Vegas. No, escúchame… —dijo, cortando mis protestas—, la vida de un guardián es una mierda. Nunca lo decimos, pero ambos sabemos que es verdad. Tal vez sería mejor para ella vivir su vida bajo sus propios términos. Seamos realistas, ni a ti ni a mí nos dieron esa opción.

Conocía a Eddie desde hacía años, y él nunca había expresado ningún disgusto por el estilo de vida de guardián. Sabía que tenía que haber algunas cosas con las que no estaba emocionado, pero al ver la amargura en su rostro cuando sugirió que Rose estaría mejor en el mundo exterior, supe que había mucho más bajo la superficie. Yo también estaba de acuerdo con él. Por mucho que odiara admitirlo, tal vez Rose estaría mejor sin estar atrapada en este mundo y sujeta a su cultura tóxica.

—Sólo... piénsalo, Dimitri. ¿Qué le ofrece esta vida de todos modos? Ni siquiera puede ser una guardiana sin su entrenamiento. Aquí la tratarán horriblemente, y lo que sucedió en el banquete fue sólo un ejemplo de ello. Ambos sabemos que Rose merece algo mejor. Puedo dejarla ir por su propio bien... ¿Tú puedes hacerlo? ¿La amas lo suficiente como para dejarla ir?

Eddie me dio una larga y dura mirada, una que me desafió a mirar hacia otro lado o darle la respuesta que ambos sabíamos que era la correcta. Yo era el guardián líder entre nosotros dos, y nueve de cada diez veces, Eddie se adaptaba a mí y a mi criterio. Sin embargo, las veces que protestaba, las veces que me desafiaba, yo sabía escucharlo. Como Rose, Eddie tenía buenos instintos y yo había aprendido a confiar en él tanto como él confiaba en mí.

Sin embargo, no podía decirlo. Aunque sabía que era lo correcto, no podía decir que ella necesitaba irse. Sentía que necesitaba que ella se quedara, tan egoísta como eso fuera. Pero no dije nada de eso. En cambio, asentí silenciosamente, y lo empujé pasando a su lado. Necesitaba dejar de pensar en todo y sólo había una cosa en la que podía pensar en este momento. Incluso el gimnasio sería una mala distracción, pero era mejor que pensar en este momento.


¡Hola chicas! Ya estoy de vuelta. Ya sé que me tardé dos semanas, y ya se acercan los finales de la escuela, así que probablemente me vuelva a atrasar un poco en los próximos días.

Ya sé que en éste momento quieren matar a la autora, y a la traductora de paso, por lo sucedido en éste capítulo. Pero como la misma Gigu256 dijo en su publicación, estos dos no estarán mucho tiempo separados. Además en el fondo entiendo la reacción de Rose. Debe ser difícil sentir que estás compitiendo contigo misma. Tal vez habría reaccionado igual que ella.

¿Ustedes que opinan? No olviden dejar sus reviews. Cuídense mucho y nos leemos en el próximo capítulo.