Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.


Capítulo 19

Rose

Retrasé lo inevitable tanto como pude. Me di una larga ducha, me sequé el pelo y me ricé las puntas, incluso me maquillé un poco. Cualquier cosa que me mantuviera en mi habitación el mayor tiempo posible. Sin embargo, al final me quedé sin excusas y la necesidad de comer algo superó mi miedo total de enfrentar a Dimitri y a los demás.

Bajé lentamente las escaleras, olvidando por completo que el último escalón rechinaba y anuncié mi presencia con un fuerte chillido de madera. Hice una mueca cuando tres pares de ojos se posaron en mí.

—Veo que te tomaste tu tiempo esta mañana, —sonrió Lissa. No había acusación en su voz, ninguna pregunta, y me tomó un momento darme cuenta de que ella no tenía idea de lo que había sucedido.

Christian también parecía ajeno a todo lo sucedido mientras volteaba los panqueques y colocaba una pila enfrente de uno de los asientos vacíos—. Te guardé unos. Hay un poco de mantequilla y miel de maple en la mesa.

Me pregunté, luego dejé de preguntarme rápidamente, sobre la afirmación de Dimitri de que sus panqueques eran mejores que los de Christian cuando me senté frente a mi plato—. ¿Hay mantequilla de maní?

—Tú y Dimitri son una pareja extraña…

Salté ante la afirmación y miré a Christian.

Éste estaba sacudiendo la cabeza y riendo mientras sacaba un frasco con tapa roja de la despensa—. A él le gustan sus panqueques con mermelada, y a ti te gustan con mantequilla de maní. En serio, ¿no pueden los dos simplemente comerlos como la gente normal?

Estaba empezando a relajarme, dándome cuenta de que era sólo un comentario al azar en lugar de una observación real cuando otra voz me sobresaltó de nuevo. Una voz profunda y con acento Ruso que podría cortarme el alma.

—Te lo he dicho muchas veces Christian...

Evité mirarlo mientras entraba desde el pasillo. No podía soportar ver como me miraba. En lugar de eso, me concentré en untar mis panqueques con total cuidado como si fuera la cosa más laboriosa del mundo y exigiera mi enfoque total.

—Así es como los comemos en Rusia. —Christian lo interrumpió, burlándose de su acento y bajando la voz una octava más o menos antes de volver a su tono normal—. Lo sé, lo sé. Aquí está tu mermelada, Belikov. Aún no sé cuál es la excusa de Rose.

—Gracias. Y Rose no necesita dar explicaciones. Es libre de hacer lo que quiera. —Las palabras fueron lo suficientemente inocentes, pero una rápida mirada me confirmó el mensaje oculto. Volví a evitar los ojos de Dimitri tan pronto como se sentó frente a mí.

Dimitri y yo comimos en silencio, escuchando la conversación de los demás que nos rodeaban. Quizás el acto silencioso no era tan inusual para Dimitri, pero sabía que alguien comenzaría a cuestionar mi repentina falta de conversación en poco tiempo.

Efectivamente, mientras Lissa estaba repasando los planes finales para la despedida de soltera de esta tarde, Eddie se inclinó y me susurró algo.

—¿Estás bien? Parecías... alterada... esta mañana.

—Sí, estoy bien ahora. Lo siento por haber huido así de ti.

—No te preocupes, Dimitri me dijo que tuvieron una noche interesante. Tiene sentido que tuvieras muchas cosas en que pensar esta mañana. Recuerda que estoy aquí si me necesitas. —Sentí su mano tocar suavemente la mía debajo de la mesa. No fue en absoluto un gesto romántico, sólo uno de consuelo y simpatía.

No estaba segura de lo que Dimitri le había dicho. Era igual de probable que él le hubiera dicho la verdad o que le hubiera inventado una historia plausible para ayudarnos a los dos a salvar la cara. Sin embargo, si tuviera que adivinar, Eddie sabía la verdad. Había estado casi desnuda esta mañana, y no le habría costado mucho llegar a la conclusión obvia.

—Gracias Eddie.

—Entonces, ¿qué van a hacer ustedes mientras Rose y yo estamos en el spa con las otras chicas?

—Bueno, no sé que vaya a hacer Belikov, pero Eddie se ha ofrecido amablemente a ayudarme a preparar una sorpresa especial para la novia. —Envidiaba el completo y verdadero amor que inundaba la mirada Christian cuando miraba a Liss.

Ella arrugó la nariz en respuesta—. Aún no me vas a dar ninguna pista, ¿verdad?

—No, —dijo Christian con aire de suficiencia—. Tendrás que esperar hasta que lleguemos a la suite nupcial mañana por la noche.

—Será mejor que valga la pena, lord Ozera.

—Ya lo sabrás, princesa Dragomir.

Miré a Eddie e hice un gesto de náuseas mientras él giraba dramáticamente sus ojos hacia mí. La forma en que esos dos enamorados usaban sus títulos reales como sobre nombres de cariño era casi asquerosamente dulce.

—También tengo que recoger a mi tía en la pista aérea esta noche.

—Yo puedo recoger a Tasha si quieres.

Mis ojos se giraron involuntariamente hacia Dimitri cuando se ofreció a recoger a la mujer sobre la que había leído la noche anterior. La mujer que le había ofrecido tanto y a la que él había rechazado. Me pregunté si reconsideraría su oferta ahora.

—Eso sería genial. Puedes llevarla al spa si ella quiere ir. —Sugirió Lissa—. No llegará a tiempo para pasar toda la noche con nosotras, pero probablemente podría llegar a tiempo para hacerse una manicura.

Genial. Parecía que el día en el spa se estaba volviendo cada vez menos relajante a medida que avanzaba la mañana. Aún no terminaba con mi desayuno tardío, pero estaba lista para ir a la pista—. Si me disculpan, creo que me gustaría correr antes de que comience la fiesta.

Dimitri automáticamente se puso de pie también—. Iré contigo.

—¡No! —Lissa y Christian me miraron con una expresión extraña ante mi abrupto rechazo. Dimitri había estado entrenando conmigo todos los días durante casi una semana, y de repente ponerle fin a esto debía parecer fuera de lugar. Me calmé y traté de arreglar la situación—. Quiero decir, no, pero gracias. Parece que tú ya has corrido y creo que sería bueno para mí estar un tiempo a solas esta mañana. Entiendes, ¿verdad?

Un breve destello de decepción brilló en los ojos de Dimitri, pero su rostro se mantuvo neutral por lo demás—. Sí, por supuesto. Disfruta tu carrera.

Ya estaba caminando hacia las escaleras antes de que Dimitri se sentara de nuevo. Pude escuchar la voz de Christian cuando estaba a mitad de camino—. ¿Está bien? Ha estado actuando de forma extraña toda la mañana.

—Sí. Ella estará bien, —aseguró Eddie—. Probablemente todavía está conmocionada por todo lo que pasó anoche.

—Todavía no puedo creer que ese tipo haya tenido el descaro de intentar aprovecharse de ella. —Lissa habló con una pasión feroz—. Tiene que haber una manera de poner fin a casos como estos. Sé que no sucederá de la noche a la mañana, pero seguramente se puede hacer algo para cambiar la visión general de los dhampirs, especialmente de los dhampirs femeninos. No había ninguna excusa para lo que sucedió…

Estaba fuera del alcance del oído antes de escuchar la respuesta de alguien más.

Dimitri

Tenía demasiado tiempo para pensar hoy. Por lo general, no me importaba estar perdido en mi propia mente, pero hoy era pura tortura. Cuando no me sentía culpable por la situación actual entre Rose y yo, intentaba, y fallaba, encontrar una forma de reparar lo que quedaba de nuestra relación. A este punto, me conformaría con casi cualquier cosa que fuera mejor que ser dos extraños intentando no hacer contacto visual.

Para rematar todo, ocasionalmente me encontraba recordando momentos de la noche anterior. La forma en que decía mi nombre, la sensación de su piel en mis labios, la forma en que me había hecho sentir como si finalmente fuera el hombre que debía ser. Sabía que era deplorable saborear esos momentos robados cuando era obvio que a ella la molestaban, pero no creo que pudiera soportar borrarlos de mi mente, especialmente cuando dudaba sinceramente que alguna vez tuviera la oportunidad de crear un nuevo recuerdo con ella.

Finalmente, me encontré en la pista de aterrizaje de la corte. El vuelo de Tasha llegaba unos minutos tarde, pero ya podía verlo dando vueltas para aterrizar. Mi mano fue automáticamente a la parte posterior de mi cuello para trabajar algo de la creciente tensión allí. Sería incómodo ver a Tasha de nuevo. Nuestra amistad se había estrellado contra las rocas cuando discutimos la desaparición de Rose, pero ella merecía estar aquí para la boda de su sobrino y yo estaba dispuesto a poner de lado nuestras diferencias para que ella pudiera disfrutar del evento.

Cuando salió del avión, obviamente se sorprendió al verme esperándola—. ¿Dimitri? No te esperaba.

—Bueno, Christian está trabajando en algo para Lissa, y ella está en su despedida de soltera, así que pensé en ayudar un poco. Se supone que debo llevarte al spa para que te reunas con el resto de las mujeres. Si te sientes capaz de hacerlo, eso es.

Ella pareció relajarse un poco, tal vez notando mi intento de ser cívico—. Un día en el spa suena maravilloso, para ser honesta. Sólo dejemos mis maletas y podremos dirigirnos hacia allá.

—Yo llevaré tus maletas, no te preocupes. Estás aquí para disfrutar el fin de semana.

Tasha me dirigió una sonrisa tensa, una que mostraba lo mucho que nuestra tranquila amistad había dado un giro para peor, y arrojó su bolso sobre su hombro. Yo ya había agarrado su equipaje y ella no intentó protestar. A los pocos minutos de nuestro camino increíblemente tranquilo, pensé que debería decir algo.

—Mmm, —comencé torpemente—, quería contarte que encontramos a Rose.

Tasha se detuvo, quedándose detrás de mí unos pasos—. ¿Encontraron a Rose? ¿Dónde estaba? ¿Está bien? —No estaba seguro de lo que esperaba de ella, pero ciertamente no esperaba verla tan interesada. Sin embargo, parecía estar tan emocionada como el resto de nosotros cuando trajimos a Rose a casa.

—Sí, la encontramos hace unas semanas en Las Vegas. Está bien en su mayor parte, pero sufrió una lesión psicológica poco después de su fuga y perdió casi todos los recuerdos que tenía. Ni siquiera sabía su nombre, y esa es una de las razones por las que fue tan difícil localizarla. Se hacía llamar Ivy.

—¿Así que no recordaba nada? ¿Ni siquiera a Vasilisa? —Sus ojos estaban bien abiertos, casi incrédulos pero con una gran dosis de lástima por Rose también.

—No. Ella pensaba que las visiones que tenía a través del vínculo eran sueños vívidos; un efecto secundario de su lesión. Ni siquiera sabía que era una dhampir. Fue un shock para ella enterarse de todo. Se ha estado adaptando bien, pero... —Ni siquiera pude terminar la frase.

—Pero... —por supuesto que Tasha me presionaría.

—Pero no se va a quedar. Regresará a Las Vegas después de la boda.

De repente, la pena que Tasha había estado reservando para Rose fue dirigida hacia mí—. Oh, Dimka. Lo siento.

—No, está bien, de verdad. Probablemente sea lo mejor para ella de todos modos. —Me estaba esforzando por mantener mi voz tranquila, pero por dentro quería gritar, llorar y posiblemente golpear algo también.

—¿Le contaste...? —Tasha se aventuró, dudando un momento antes de continuar—, ¿Le contaste sobre su pasado juntos?

Asentí.

—¿Y...?

—Y no importó. Honestamente, lo arruiné todo. Pero, como dije antes, es mejor así. Ella merece algo mejor que esta vida. —Estaba repitiendo las mismas palabras que Tasha me había dicho años atrás—. Ella merece una vida de libertad. Eso estaba limitado para ella como guardiana, pero como una mujer dhampir sin la marca de la promesa... sería casi imposible.

Sentí que la mano de Tasha me rozaba el brazo. Automáticamente me estremecí, esperando un poco el coqueteo incesante que había terminado con nuestra amistad, pero sólo me encontré con una sonrisa reconfortante y comprensiva.

—Lo siento, Dimitri, en serio, —susurró—. Sé que te preocupaste mucho por ella. Puedo ver que todavía la amas. Confía en mí, sé cuánto puede doler algo como esto. Pero Rose ha cambiado, para bien o para mal, y no es la misma chica. Eso no significa que ella no siga siendo una persona maravillosa que merezca tu amor, pero ¿estás enamorado de tu Roza, a quien perdiste... o te has enamorado de esta nueva mujer?

La miré desconcertado cuando sus palabras me inundaron. No entendía. Rose era Rose. Aún tenía el mismo humor sarcástico, la misma dedicación apasionada, e incluso luchaba con los mismos movimientos que yo mismo le había enseñado. Pero las palabras de Roza de esa mañana volvieron a mí. Ella seguía diciendo que no era mi Roza; que no era la chica que yo recordaba porque ella no podía recordar a esa chica.

Cuando dejé a Tasha y llevé sus maletas a la vivienda de invitados, me quedé pensando aún más en lo que Tasha me había dicho. Había sido muy cauteloso al no presionar a Rose para que retomara lo que habíamos dejado en nuestra relación en la Academia, pero nunca se me había ocurrido que ella simplemente no podría hacerlo porque ya no era esa persona. Una persona se compone de sus experiencias de vida. ¿Seguirá siendo la misma persona si ya no tiene las mismas experiencias? Si no...

Me froté la sien, tratando de aliviar el dolor de cabeza que se estaba formando detrás de mis ojos. Ni siquiera podía empezar a entender a dónde ir a partir de aquí. Mi relación con Roza nunca había sido convencional, pero esto estaba más allá de lo que podría haber imaginado.

Rose

Había pasado mucho tiempo desde que me había consentido con una manicura o pedicura. Siempre terminaba dañándome el esmalte de las uñas en un día o dos, así que dejé de molestarme con eso. Lissa había insistido en que todas nos hiciéramos uñas de gel, una simple manicura francesa antes de la boda, pero como llevábamos zapatos cerrados, era libre de pintarme los dedos de los pie del color que quisiera. Mi elección: naranja brillante. El hecho de que éste color pareciera chocar con todo lo demás a su alrededor se sentía algo poético.

Estaban poniendo la última capa de esmalte en mis pies cuando alguien entró al spa. Miré a la mujer, casi escupiendo mi champán. Supe quién era en un instante. Mi diario la había descrito bastante bien, pero incluso eso no podía prepararme para la repentina visión de Natasha Ozera. La gran cicatriz púrpura corría en una línea irregular por su mejilla, y aunque por lo demás era impresionantemente hermosa con su cabello negro y ojos azul hielo que parecían ser un rasgo de la familia Ozera, su cicatriz era un rasgo bastante definitorio que era difícil de pasar por alto. Afortunadamente, parecía ser que había podido ocultar mi repentina conmoción mientras Lissa la saludaba calurosamente.

Las dos parecían tener una buena relación, lo cual estaba muy bien ya que ella era prácticamente la única familia entre Lissa y Christian. Sabía lo difícil que era no tener una familia y no le deseaba eso a nadie. A pesar de que recientemente me había enterado de que mi madre casi nunca había estado ahí para mí y que mi padre había estado ausente toda mi vida, y aunque incluso podía decir que estaba intentando, y honestamente fallando, construir una pequeña relación con ellos, sabía que no cambiaría esto por el sentimiento vacío de estar verdaderamente sola. Una familia rota es mejor que ninguna familia en absoluto.

Finalmente, Tasha me vio.

—¡Rose! Dimka mencionó que habías vuelto. Me alegro de que estés bien. —Su sincera alegría me conmocionó. A pesar de que mi diario dejaba en claro que había admirado a Tasha por muchas razones, también la veía como mi principal competencia en lo que se refería a Dimitri y me molestaba por eso. Al ver cómo él la había rechazado incluso después de que yo había estado fuera del juego, asumí que ella también estaría un poco molesta conmigo.

—Gracias. Es bueno estar de vuelta. —Traté de igualar su entusiasmo, pero entre mi confusión y la vaga exageración, creo que éste se desvaneció. Si ella se dió cuenta, lo ignoró. Le permití que me abrazara rápidamente antes de que Lissa la alentara a que también se hiciera las uñas.

Los dos comenzaron a hablar de política inmediatamente y yo puse los ojos en blanco. Dimitri había mencionado que Tasha había sido parte integral de la proposición y aprobación de la moción que le permitía a los Moroi aprender a defenderse con su magia. Christian ahora daba clases de defensa mágica en la Corte, y Tasha estaba trabajando en el siguiente paso lógico de usar la magia de manera ofensiva para luchar junto a sus guardianes. Según Dimitri, se necesitaría mucho más esfuerzo para que el Consejo aprobara esa idea.

Cuando las uñas de los dedos de mis pies finalmente se secaron, me senté en la mesa al otro lado de Lissa y le ofrecí las uñas de mi mano al hombre que estaba sentado frente a mí. Me tomó un momento darme cuenta de lo atractivo que era. Su piel era prácticamente dorada y sus rizos casi negros le daban un aspecto que era a la vez juvenil y que, sin embargo, inspiraba pensamientos que ciertamente no eran adecuados para los niños. Tampoco ayudaba el hecho de que estuviera perfectamente afeitado para sacar lo mejor de sus rasgos cincelados. También estaba bastante en forma, al menos por lo que podía ver a través del apretado polo blanco con el logo del spa. Si bien no se parecía a Dimitri de ninguna manera, ciertamente no era una mala segunda opción en lo que respecta a la apariencia.

—Buenas tardes, hermosa. —Su sonrisa podría acabar con una guerra, lo juro—. Uñas de gel como las otras chicas de la fiesta nupcial, ¿correcto?

—Sí. Y, por favor llámame Rose. —Si bien aprecié su coqueteo ocioso, ambos veníamos de profesiones en las que esto era muy alentador, estaba siendo demasiado cursi incluso para mí.

—Lo que quieras, Rose. Soy Ambrose. —Me guiñó un ojo y me estrechó la mano antes de inspeccionar ambas.

Me encogí un poco, sabiendo que probablemente las vería muy maltratadas, aunque tuvo la gracia de no decir nada al respecto. Se puso a trabajar con mis manos cuando la conversación a mi lado volvió a interesarme.

—La forma en que se trata a los Dhampirs es deplorable. Hace años que sabemos esto, pero no hemos hecho nada para rectificar la situación. —Podía escuchar la pasión en la voz de Tasha y al instante supe porqué ella era el mejor vehículo para el cambio por aquí.

—Estoy de acuerdo contigo, Tasha, y te aseguro que he presentado tus inquietudes al Consejo más de una vez, pero necesito una idea concreta sobre lo que se puede hacer al respecto. Mi voz significa poco para ellos en este momento, así que cualquier cosa demasiado grande que les proponga la hacen a un lado de inmediato. Sin embargo, si pudiéramos encontrar algo pequeño que pueda hacer rodar la pelota, bueno, estoy segura de que podría lograr que Tatiana me respaldara. El resto del Consejo no irá contra ella.

—¿Qué tal si empezamos simplemente dándoles voz y voto en las decisiones que se tomen? —Tasha resopló.

—¿No está para eso el Consejo de Guardianes?

Ambrose se aclaró la garganta y llamó la atención de las tres—. Si me permite, princesa. El Consejo de Guardianes hace todo lo que puede, pero sólo pueden interceder en nombre de los guardianes. No pueden hablar por la comunidad Dhampir en general.

Había escuchado a Dimitri mencionar al Consejo de Guardianes una o dos veces, pero no tenía mucho conocimiento de los detalles más precisos de cómo funcionaba. Por la boca abierta de ambas, Liss y Tasha, tampoco lo sabían.

—Entonces, ¿me estás diciendo que no tienes a nadie que te represente?

Ambrose negó con la cabeza en silencio, mirando fijamente mientras limaba el borde de la uña de mi dedo índice.

—Bueno... mierda.

No pude evitar asentir de acuerdo con el resumen de la situación de Tasha. De repente, supe que Ambrose era un dhampir y, lo que era más importante, al menos por lo que podía suponer por el comentario de Lissa, era un dhampir sin la marca de la promesa como yo. Mientras Lissa y Tasha continuaban su conversación, de repente me interesé mucho más en el hombre que tenía delante.

No estaba muy segura de cómo empezar, viendo lo delicado que parecía ser este tema—. Perdóname, pero... no eres un guardián, ¿verdad?

Nunca se detuvo en su trabajo, aunque me miró a través de sus pestañas que eran injustamente largas para ser desperdiciadas en un hombre. Habría matado por que las mías fueran así—. Parece que ninguno de nosotros dos lo es. —Lo dijo con una sonrisa, bromeando más que ofendiéndose y sentí que me relajaba un poco.

—Eres el primer dhampir sin la marca de la promesa que he conocido en la Corte. Estaba empezando a pensar que no existían, y realmente no esperaba encontrarme con un chico.

—Oh, existen muchos, hombres también. Por supuesto, no hay muchos dentro de los muros de la Corte, pero están ahí afuera en alguna parte.

—Si no te importa que pregunte... ¿por qué?

—¿Por qué qué?

Bueno, ¿por qué todo? —¿Por qué no eres un guardián? ¿Por qué no te escapaste como la mayoría? ¿Por qué te quedaste aquí cuando sé que seguramente se burlan de ti, si no es que abusan directamente de ti?

—Pensé que tendrías tus propias respuestas a esas preguntas.

Miré a Lissa, quien seguía completamente cautivada en su conversación con Tasha. Aún tenía que contarle acerca de mis planes de regresar a Las Vegas. Dado el hecho de que la boda era mañana, no me parecía correcto reducir su estado de ánimo. Le dejaría una nota o algo así... —Bueno, apenas me estoy dando cuenta de las cosas.

Levantó una ceja, una maniobra que lo hacía parecer tan atractivo como lo hacía con Dimitri, y me estudió un momento—. Bueno, elegí no ser un guardián porque tenía poco interés en el combate. Digamos que soy un amante, no un luchador. No me fui porque no estaba entrenado para escapar del peligro o para luchar. Y me quedé... bueno, me quedé por mis propias razones. Sí, me llaman por nombres y cosas así, pero he encontrado algo aquí que hace que valga la pena quedarse.

Mientras me miraba, inclinando su cabeza hacia un lado, su cabello cayó y reveló una herida en el costado de su cuello. Una marca de mordedura, y fresca por el aspecto de esta. Me quedé mirándola fijamente, y tosí un poco cuando aparté la vista. No pude mirarlo cuando hice la siguiente pregunta.

—¿Es esa la única opción entonces? —Asentí levemente hacia su cuello, al que sin duda notó que miraba fijamente hace unos momentos.

—Lo creas o no, esto es algo que yo elegí. Obtiene un mal nombre en público, pero compartir sangre puede ser muy liberador e íntimo cuando se hace con la persona correcta. Tengo una relación exclusiva y esto es parte de ella. No permito que cualquiera me muerda. No lo hago por la fiebre de las endorfinas, —su sonrisa creció—, aunque el subidón es un buen beneficio, lo admito. Me tomó un tiempo, pero ya no siento la necesidad de ocultarlo. La gente va a decir lo que quiera decir sobre mí. No puedo elegir cómo me perciben, sólo puedo controlar mi reacción a sus percepciones. Así que decidí ser feliz.

No estaba segura de qué decir ante su discurso filosófico. Era un marginado aquí, en más de un sentido, pero no dejaba que eso le afectara. Supongo que podría entender eso hasta cierto punto. No es como si no me hubieran llamado por muchos nombres repugnantes en Las Vegas, pero era casi como si lo hubiera olvidado cuando llegué aquí. Tenía una piel dura, pero estaba tan concentrada en descubrir quién era yo, que creo perdí un poco de lo que realmente soy.

Discutimos varios temas mientras pintaba capa tras capa de gel en las uñas de mis dedos, manteniéndolas debajo de la lámpara UV entre cada capa. Habló sobre su propia educación y sobre lo difíciles que fueron los primeros años después de graduarse y decidir no hacer su promesa y recibir su marca. Me contó sobre cómo su tía Rhonda, quien era psíquica, lo había ayudado a consolidar su decisión. Yo por mi parte le conté sobre mi trabajo en Las Vegas y me sorprendió lo intrigado que estaba por esto hasta que me confesó que una vez había considerado trabajar como stripper. Le aseguré que habría sido todo un éxito y ambos rompimos en carcajadas. Me encantaba el hecho de que no tuviera vergüenza de nada y poco a poco comencé a abrirme a esa parte de mí también.

Finalmente, nuestro grupo terminó y comenzamos a prepararnos para partir. Justo antes de irme, Ambrose me deslizó su tarjeta de presentación.

—Por si acaso necesitas a alguien con quien hablar. —Escuché la sinceridad en su voz, y me sentí agradecida de haber conocido a alguien que finalmente podía entenderme.

Una parte de mí quería decir que Ambrose me había hecho sentir menos sola, pero no podía. Si era perfectamente honesta conmigo misma, nunca me había sentido sola aquí. Era fácil ver que había personas que se preocupaban por mí y que querían lo mejor para mí. Fue sólo cuando comencé a alejarme de ellos que comencé a sentirme sola. No estaba segura de qué hacer con esa revelación. Aún no sentía que pertenecía por completo a éste lugar, pero sabía que estas personas también eran parte de mí.


Chicas espero que les haya gustado este capítulo. Parece ser que Dimitri por fin se está planteando el echo de que Rose ya no es la misma. Ya veremos a que conclusión llega nuestro Ruso. Por su parte parece ser que Rose sigue confundida. ¿Qué creen que suceda?

Por otra parte, ¿qué opinan de la llegada de Tasha, de su incómoda relación con Dimitri, y de su preocupación por Rose?

Sigan apoyando la historia con sus reviews, saben que me encanta saber su opinión. Cuídense mucho y nos leemos en el próximo capítulo.