Historia adaptada, autora original, Kim Lawrence.
Epílogo
Un año y seis meses después estaban arreglándose para una gala organizada en el palazzo veneciano de un amigo de Oliver, y Felicity salía de puntillas de la habitación donde dormía su hija de un año, Natalia, cuando él apareció en el pasillo exigiendo saber dónde había puesto sus gemelos favoritos.
—Baja la voz —lo regañó ella—. La niña se acaba de dormir. He tenido que contarle la historia del osito tres veces y, si tengo que volver a contársela, me va a dar algo.
—Pues vas a tener que escribir otro libro, cara —rió Oliver.
—¿Por qué me sobra mucho tiempo? —replicó Felicity , irónica.
Desde que dio a luz el año anterior apenas había tenido un minuto para sí misma. Oliver, sin que ella lo supiera, había llevado el cuento que había escrito mientras estaba embarazada a un editor amigo suyo y éste se mostró encantado de publicarlo. Además había tenido que pasar varias semanas promocionándolo cuando aún estaba dándole el pecho al bebé y eso requería cierta logística y mucha energía.
El problema, si el éxito podía llamarse un problema, era que el cuento no sólo había gustado a su hija, sino a miles de niños y su editor insistía en que escribiera más.
Ser la esposa de Oliver también era un trabajo a tiempo completo y, además, pertenecía a varias asociaciones benéficas que intentaban reducir el analfabetismo entre los adultos. Pero sabía que durante los próximos meses podría estar particularmente cansada y era un tema que debía hablar con su marido lo antes posible.
—¡Estás increíble, cara mia! —exclamó Oliver, observando la túnica estilo griego que dejaba un hombro al descubierto.
—Tú tampoco estás mal —sonrió Felicity .
Oliver llevaba la camisa desabrochada y, como siempre que veía aquel ancho torso, sintió una ola de calor por todo el cuerpo… pero dio un paso atrás, riendo, cuando su marido intentó abrazarla.
—¿Tienes idea del tiempo que he tardado en hacerme este moño?
—Pero estoy seguro de que no tardaría nada en deshacerlo —observó él.
—Eso es lo que me preocupa.
Sonriendo, Oliver asomó la cabeza en la habitación de Natalia.
—No voy a despertarla, te lo prometo —murmuró, tomándola por la cintura—. Es maravillosa, ¿verdad? La segunda mujer más bella del mundo después de mi esposa. Y el hecho de haber estado a punto de perderte durante el parto…
—No estuviste a punto de perderme, exagerado. Miles de mujeres se hacen cesáreas.
—Una cesárea de emergencia —le recordó él—. Tú sabes que esa noche me robó diez años de vida.
—Esta vez la cesárea será programada… bueno, eso si el próximo niño es tan grande como nuestra pequeña elefanta.
—¿Has dicho «esta vez»?
—Estoy embarazada de diez semanas —sonrió Felicity —. ¿Te alegras? Sé que no lo habíamos planeado, pero…
—¿Qué si me alegro? —Oliver tomó su cara entre las manos—. Antes de tenerte a ti y a Natalia me creía un hombre feliz. Dormía bien y no tenía preocupaciones. Nunca tuve miedo por la sencilla razón de que no tenía nada que no pudiera ser reemplazado —luego sacudió la cabeza, asombrado de haber sobrevivido tanto tiempo sin ellas—. Mis chicas son absolutamente irremplazables, dos joyas.
La sincera declaración llevó lágrimas a los ojos de Felicity .
—Mira, me has hecho llorar… tonto. He tardado horas en maquillarme.
—¡Ahora soy feliz! —rió Oliver, tomando su mano para ponerla sobre su pecho—. Me moriré de miedo hasta que nazca el niño —admitió—, pero esta vez estaré mejor preparado. Aunque vas a hacer que me salgan canas.
Felicity rió, acariciando su pelo negro.
—No tienes una sola cana.
—¿Y cuando las tenga me seguirás queriendo?
—Te voy a querer siempre, amor mío. Aunque si te quedaras calvo… en fin, una chica tiene que poner el límite en algún sitio.
—Y un hombre también. Y mi límite es compartirte con nadie esta noche — decidió Oliver—. Además, con ese vestido romperías demasiados corazones. ¿Nos quedamos en casa?
La oferta era muy tentadora.
—¿Y Draco no se enfadará?
—Olvídate de Draco y piensa en mí —dijo él, tomándola por la cintura para apoderarse de su boca.
Cuando se apartó, Felicity tenía una sonrisa soñadora en los labios.
—Nunca dejo de pensar en ti, cariño. Además, un hombre no puede ir a una fiesta sin sus gemelos favoritos… estoy segura de que Draco lo entenderá.
—Sí, lo entenderá perfectamente —asintió Oliver, inclinando la cabeza una vez más para besarla—. Creo que está medio enamorado de ti, pero sabe que eres mi chica.
Felicity sonrió. Había encontrado una rara joya y pensaba recordarse continuamente que era la chica más afortunada del mundo; era la chica de Oliver.
Fin
Esta adaptación llego a su fin , gracias por leer esta linda historia, espero que fuera de su agrado
.
.
.
nos leemos en la próxima.
