Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.
Capítulo 22
Dimitri
Pasaron horas antes de que pudiera hablar con Rose a solas. Me di cuenta de que no le había contado a Lissa ni a nadie más sobre su memoria, y por más difícil que fuera, mantuve la boca cerrada. Cuando todos regresaron a la casa, Lissa y Christian habían decidido sabiamente posponer su luna de miel a la luz del ataque, y yo prácticamente sentía que estallaba por la necesidad de decir algo. La pareja de recién casados se retiró a su habitación y Eddie se ofreció como voluntario para acompañar a Adrián a su apartamento después de que Lissa curara sus heridas menores. Tasha ya estaba a salvo en la vivienda de invitados. Una vez que todos fueron atendidos ya era extremadamente tarde, pero no podía esperar más.
Rose estaba en la cocina, girando una taza vacía entre sus palmas mientras miraba por la ventana hacia el cielo soleado. Prácticamente podía ver su mente trabajando a través de la tensa postura de sus hombros y la forma en que arrugaba la nariz. Su labio inferior estaba hinchado por lo mucho que lo había estado mordiendo.
Apenas y me miró cuando me acerqué a ella, pero vi que sus ojos parpadeaban por un momento. Incluso con este reconocimiento, ella saltó cuando agarré su mano y comencé a guiarla por el pasillo. Sabía que Lissa y Christian probablemente todavía estarían despiertos después de todo lo sucedido, y Eddie volvería en cualquier momento. Necesitaba encontrar un lugar seguro para discutir esto con ella.
La llevé a mi habitación, cerrando suavemente la puerta detrás de mí antes de girarme hacia ella otra vez. Sus ojos rápidamente se dirigieron hacia la cama antes de mirarme fijamente.
—¿Recuperaste la memoria?
—Si.
—¿Recuerdas todo?
Sus ojos miraron hacia la cama una vez más—. Todo, —suspiró—. Mi infancia, la academia, el entrenamiento, Spokane, tú, yo... todo.
Por la expresión de su cara, uno pensaría que le habían dado malas noticias—. ¿Entonces por qué no le dijiste a nadie?
—No estoy segura de querer decírselo a nadie, Dimitri. Esto cambia todo, pero... quizás no debería cambiar nada.
Negué con la cabeza, sin entender del todo. Era demasiado tarde para la lógica de Rose—. ¿Qué quieres decir?
—¡Lo que quiero decir es que tengo la oportunidad de vivir mi propia vida! ¿No es eso lo que siempre hemos querido? ¿Libertad? No sé si estoy lista para renunciar a una vida donde yo tengo el control de ella. Ahora veo con nuevos ojos lo mal que están las cosas aquí, y estaría entrando en una vida de casi opresión si me quedo.
—¿Así que simplemente nos vas a abandonar a todos? ¿A mí? ¿A Lissa?
—¡No!... Tal vez. ¡Dios, no lo sé, Dimitri! —Cayó pesadamente sobre mi cama, con la cara entre las manos—. No soy una santa como tú. No... no puedo hacer algo sólo porque es lo correcto. No cuando mi propia vida está en juego.
—Estoy muy lejos de ser un santo. —No pude evitar pensar en cada pecado que había cometido, varios de ellos, incluida ella—. Además, te he visto arriesgar tu vida varias veces por la princesa. Lo hiciste de nuevo hoy.
—Eso es diferente. Estaría dispuesta a morir por ella. Estaría dispuesta a morir por ti. Pero vivir para ella... vivir aquí... es algo completamente diferente. No sé si podría hacer eso.
—Pero...
—Lo que dije antes lo dije en serio, lo de que no soy la misma persona. Eso sigue siendo cierto, Dimitri. Nunca seré la Rose que iba a ser antes de que muriera Mason. He vivido fuera de estos muros, fuera de este mundo y las normas retorcidas que me enseñaron a aceptar cuando era niña.
Se frotó los ojos y me senté a su lado, vacilando incómodamente antes de intentar frotar la tensión entre sus omóplatos. Ella ni siquiera reaccionó ante mi toque. Después de unos minutos, finalmente me miró.
—¿Qué harías tú Dimitri?
—¿Hmm?
—¿Qué harías? ¿Te quedarías?
Su pregunta me detuvo en seco. ¿Qué haría yo en su lugar? Mi instinto era decirle que se quedara. Parte de eso era mi propio deseo egoísta de mantenerla cerca de mí. Acababa de recuperarla, en más de un sentido, y no estaba dispuesto a dejar que volviera a salir de mi vida. Pero, honestamente, si tuviera la oportunidad de vivir mi vida en mis propios términos...
—Vete.
A pesar de su pregunta, pareció un poco sorprendida por mi respuesta—. ¿Qué dijiste?
—Dije, "vete." Tienes razón. No perteneces aquí. No estás obligada por la marca de la promesa. Deberías irte.
El silencio era ensordecedor, el aire espeso. Estábamos de frente, pero ninguno de los dos parecía poder mirar al otro a los ojos.
—Bien. Mi vuelo ya está programado para mañana por la mañana. —Su voz era significativamente más suave ahora, casi inaudible—. Voy a... voy a mantenerme en contacto ¿de acuerdo?
Mientras que su voz era suave, la mía se había ido por completo. Todo lo que pude hacer fue asentir y marcharme antes de hacer el ridículo.
Ella merece algo mejor, me recordé. Ella siempre había merecido algo mejor que esta vida. Ahora tenía una oportunidad de hacerlo.
Rose
—Gracias por recogerme. —Coloqué mi maleta en el maletero del viejo Camry de Marie con un gruñido. Era mucho más pesada de lo que había sido cuando me había ido y eso sin tener en cuenta la segunda maleta que había sacado del armario. Una vez más me encontré pensando en la moralidad de tomar la bolsa y todo lo que había en ella, preguntándome si este molesto juego de Tetris en el desordenado automóvil era un karma cósmico por haberlo hecho. No había pedido exactamente el permiso de Lissa, pero técnicamente todo lo que tomé era mío. Ella sólo había estado guardando mis cosas. Eso hacía que estuviera bien, ¿cierto?
—No hay problema. Acabo de salir de trabajar, así que el momento fue perfecto. —Marie actuaba con indiferencia, pero podía ver la avalancha de preguntas en sus ojos. Afortunadamente, ella podía leerme como un libro abierto y no dijo nada más allá de algunas bromas básicas.
El sol comenzaba a elevarse sobre el horizonte de Las Vegas. A estas alturas, todos los que se preocupaban por mí en la Corte sabrían que me había ido. Le había dejado una nota a Lissa, explicando que no podía quedarme allí. Casi se me había roto el corazón al escribirla, especialmente con la gran cantidad de recuerdos que ahora me inundaban de todas las veces que le había prometido estar a su lado, protegerla, y estar siempre ahí para ella. Aunque ahora ella ya no me necesitaba. Ninguno de ellos lo hacía. Realmente no. Todos se habían llevado lo suficientemente bien cuando desaparecí y estarían bien ahora. Al menos, eso es lo que seguía diciéndome a mí misma. Había prometido llamar y seguir en contacto, pero una parte de mí esperaba que me olvidaran lentamente. Sabía que no lo harían. Si habían mantenido una habitación para alguien que el sentido común les decía que estaba muerta, entonces no había manera de que me dejaran desvanecerme silenciosamente en la noche. Bueno, además de hacerlo literalmente, claro.
Me había ido muy temprano antes de que alguien despertara. Por supuesto, Dimitri lo había estado. Llevaba su atuendo de entrenamiento habitual, la camiseta negra se extendía contra su pecho y me recordaba lo que había escondido debajo. Nos miramos el uno al otro por un momento, pero no había nada más que decir. Salió para su carrera matutina y yo encendí la cafetera. Seguía odiando lo amargo del café, pero sabía que necesitaría la cafeína para sobrevivir el día.
Por supuesto, la incómoda salida de Dimitri me dio la oportunidad de tomar una última cosa. Dimitri nunca me había devuelto mi vestido desde... esa noche. Probablemente lo estaba manteniendo cautivo hasta que accediera a hablar con él. Todavía no estaba segura de querer conservar los recuerdos asociados con él, pero seguía siendo un vestido increíble y no podía dejarlo atrás. Me escabullí silenciosamente por su puerta, y sólo observé la habitación vacía por un rato. Se sentía tan frío aquí.
No había casi nada personal, nada que marcara esta habitación como suya. Recordé que en su departamento en la Academia había sucedido lo mismo, aunque en aquel momento había supuesto que era más debido a la falta de espacio disponible que a cualquier otra cosa. Su colección de libros estaba en una estantería a lo largo de una pared, con un puñado de imágenes encima. Había una con un par de chicas que lo rodeaban, aunque con una inspección rápida me di cuenta de que no había nada de que estar celosa. Todas compartían sus mismos ojos. Estas debían ser sus hermanas. Aunque él no llevaba una toga y birrete, la cinta que se asomaba por detrás de su cuello me hizo pensar que esta debía haber sido su ceremonia de graduación. Mi propia mano acarició la parte posterior de mi cuello donde faltaba una marca de la promesa, al igual que varias molnija. Honestamente podría prescindir de estas últimas.
En la siguiente imagen estaba con dos mujeres mayores, ambas mirándolo con orgullo. Su madre y... ¿su abuela? Creo que Dimitri había mencionado que ella vivía con ellos. Él rara vez hablaba de su familia, pero cada vez que lo hacía, prácticamente brillaba con excitación y orgullo. Lo hacían tan feliz y sabía que las extrañaba como loco. Una parte de mí deseaba poder tener una onza de los recuerdos familiares que él tenía, pero mi propia infancia sólo estaba llena de anhelo, decepción y amargura hacia mis padres... o la falta de ellos. Probablemente se merecían que me despidiera de ellos también, pero me pregunté si tan siquiera se darían cuenta de que me había ido.
En la última foto, Dimitri estaba con un chico rubio, alto, de la misma edad que él, y apostaría mi escasa fortuna a que era Ivan. Parecían casi tan cercanos como Mason y Eddie lo habían sido. Odié la idea tan pronto como apareció en mi mente, pero estaba silenciosamente agradecida de que Dimitri y Eddie se tuvieran el uno al otro. Eddie necesitaba a alguien que lo ayudara a superar la pérdida de nuestro amigo, y tal vez él había logrado finalmente que Dimitri aceptara la muerte de Ivan.
Sí, estarían bien. Todos ellos estarían bien.
Uno pensaría que con una habitación tan escasa de objetos personales como la de Dimitri, encontraría el vestido en un instante. Pero no fue así. No estaba en el respaldo de la silla donde lo había colocado esa noche, ni estaba colgado en su armario. No tenía sentido, pero revisé todos los rincones ocultos que se me ocurrían, tratando de ocultar cualquier evidencia de mi escrutinio en su habitación a medida que avanzaba. Finalmente revisé su mesita de noche. Sabía que no estaba allí, pero me había quedado sin opciones.
Cuando abrí el cajón, me di cuenta que había tenido razón. El vestido no estaba ahí. Sin embargo, había algo más que llamó mi atención. Una fotografía.
Me había olvidado de ella. Fue tomada hace años, cuando Victor nos había llevado a Missoula para un viaje de compras antes de mostrar sus verdaderas intenciones. Lissa había tomado una foto de "mi primer día," pero estaba más interesada en la imagen que había captado detrás de mí. Dimitri me estaba mirando con algo peligrosamente cercano a la adoración. Cuando la vi por primera vez, estaba segura de que mi mente me estaba jugando trucos, pero durante las siguientes semanas comencé a creerlo. Dimitri había admitido que tenía sentimientos por mí, sentimientos sobre los que nunca podríamos hablar, pero aún así... estaban allí. Me había aferrado a ese pequeño pedazo de verdad, y a esta foto, desde entonces. Dimitri debía haberla encontrado después de mi desaparición, el hecho de que mi antiguo diario donde había guardado la foto, estuviera ahora debajo de ella era una prueba, y me rompió el corazón pensar en él aferrándose a ella cuando pensaba que me había ido. Mi pulgar rozó una de las esquinas gastadas donde estaba segura de que sus dedos la habían trazado una y otra vez a lo largo de los años.
Sacando mi teléfono, me concentré en su imagen, casi recortando la mía por completo, y tomé una foto. No podía quitarle esto a él, no cuando él la había cuidado tanto. Aunque sí tomé el diario. Con una vacilación final, agarré un artículo más antes de cerrar el cajón y abandonar mi búsqueda.
Por supuesto, el vestido estaba en el último lugar donde se me hubiera ocurrido buscar. Justo antes de abrir la puerta, esperando no haber pasado demasiado tiempo aquí como para que Dimitri regresara o el resto de la casa estuviera despierto, vi un pequeño trozo de encaje dorado que sobresalía detrás de un guardapolvos de cuero en el perchero detrás de su puerta. Esa gabardina era tan grande que prácticamente podía ocultar cualquier cosa. Tomé mi vestido de la percha, robando una bocanada de olor de Dimitri de su chaqueta antes de salir corriendo de la habitación y meter el último de mis artículos robados en mi maleta.
Y eso fue todo. No había nada más que hacer... así que me fui.
—Entonces... ¿ahora qué, Ivy? Espera, vas a seguir usando Ivy, ¿verdad? —La curiosidad de Marie debía haber sacado lo mejor de ella. Había estado tan perdida en mis pensamientos que había perdido la noción del tiempo.
—Ivy está bien. —Mi voz parecía carecer de emoción, incluso para mis propios oídos. Seguía sin asimilar mis sentimientos, mucho menos mi nombre. Por un lado, sabía que Marie, Las Vegas, y el mundo real significaban un cambio en la vida que podía controlar. No hablaba necesariamente del matrimonio, una familia y una pequeña casa con cerca blanca. Realmente nunca había soñado con eso, no como Ivy y ciertamente no como Rose. Tal vez algún día, pero estaba hablando de algo mucho más inmediato. Universidad, viajes, tal vez un novio que no causaría un alboroto en mi comunidad...
Por otro lado, ser Ivy significaba dejar a mi familia, o lo más cercano a una familia real que jamás había tenido, atrás. Claro, podría llamarlos e incluso visitarlos ocasionalmente, pero algo me decía que sería mucho más difícil de lo que realmente debería ser. La hierba es más verde en el otro lado. Rose tenía todo lo que había sentido que me faltaba: una familia y una historia. Sin embargo, Ivy tenía la única cosa que Rose había ansiado: la libertad. ¿Realmente podría elegir uno sobre el otro?
Había sido una decisión fácil cuando pensé que lo otro no existía. Pero cuando no tienes otras opciones, es increíble lo que puedes hacer para seguir adelante y sobrevivir. Ahora, todo parecía desmoronarse a mi alrededor.
—Entonces, ¿te vas a quedar? ¿Qué hay de esa chica? ¿Lissa? ¿Qué hay de Dimitri?
Vete. Eso fue lo que dijo y eso fue lo que hice. Era lo que había estado planeando todo el tiempo, pero por alguna razón, me había dolido oírlo realmente de sus labios. Pero si había algo que sabía sobre Dimitri, era que él siempre haría lo mejor para los demás. Él sabía tan bien como yo que esta era mi mejor opción. Tal vez eso debería haber hecho la elección más fácil, pero no era así.
—No importa. Yo pertenezco aquí.
¡Chicas espero que hayan pasado una excelente Navidad y Año Nuevo! Muchas gracias por todos sus comentarios en Facebook, yo también extrañé traerles los capítulos y leer sus maravillosos reviews.
Ahora sí, después de estás largas vacaciones vamos a empezar el año con todas las ganas del mundo, así que aquí les dejo el primer capítulo del 2019. Sé que es un poquito desalentador el hecho de que Rose se fuera, pero no se desesperen porque nuestra pareja favorita no durará mucho tiempo separada.
Vamos, díganme que les pareció éste capítulo. Y estén al pendiente de Blood Promise porque mañana habrá capítulo nuevo.
Cuídense mucho y nos leemos en el siguiente capítulo.
