¡Muchas gracias a todos sus follows y favorites! Por supuesto sus reviews son lo que me hacen el día, ¡en verdad mil gracias por leer!


2. The boys in the band - The Libertines

-Ami-chan, Yama-chan, ¿quién es él?
Sus amigas voltearon al punto que Hiyori señalaba. El joven del póster en la pared les respondió con la misma mirada helada.
- Es el guitarrista de SHRINE. Debutaron hace unos seis meses -dijo Yama, y añadió con una risita entre dientes -¿Qué pasó, Hiyori-chan? ¿Te alcanzó el instinto femenino?
Ami no pudo evitar reír ante la cara que puso Hiyori cuando comprendió lo que Yama insinuaba.
-¿De qué estás hablando, Yama-chan? -su cara se coloreó de un rojo muy marcado.
-A decir verdad, tienes muy buen gusto, Hiyori-chan -apuntó Ami en tono juguetón.
-N-n-no sé a qué te refieres, yo sólo vine a comprar éste disco.
Ami y Yama la miraban sin dejar de sonreír.
-Pero veníamos a comprar el sencillo de Hyde...
-Sí, pero me gusta este grupo y lo vine a buscar...
-¿"Grupo"? -ambas amigas se extrañaron ante la elección de la palabra.
-¡Disculpe! ¿me puede decir el precio de éste disco?
-¡Hiyori! ¡Regresa! ¡Sólo te estábamos molestando!

- SHRINE debutó con esa disquera hace unos meses, aunque dicen que en realidad la banda como tal tiene cerca de cuatro años con los mismos integrantes -explicó Yama por encima de la crema batida de su bebida. Hiyori la escuchaba atentamente mientras observaba con detenimiento el disco que acababa de comprar. -Es por eso que la última noticia sobre ellos fue un escándalo.
-¿Qué ocurrió? -preguntó Hiyori, removiendo el booklet del interior del estuche plástico y tratando de no perderse entre los términos nuevos nuevos para ella, que Yama manejaba como experta.
-La vocalista renunció a la banda, se habló incluso de su retiro, pero poco después la vieron salir de las oficinas de una disquera distinta.
-Y con otro hombre -dijo Ami, que hasta el momento parecía absorta en su helado. Yama bufó.
-Esos son sólo rumores, Ami-chan.
Su amiga la miró con ojos chispeantes por encima de sus anteojos. Esos temas eran su especialidad. -¿De verdad crees que simplemente despertó un día y dijo "quiero cambiar de banda", Yama-chan?
-¿A qué se refieren? -dijo Hiyori, haciendo su mejor esfuerzo por seguir la conversación.
-Ami-chan cree que la vocalista dejó la banda por irse con su amante...
- ¡No solo es que yo lo crea, Yama-chan! ¡Hay mucha gente que también lo cree! -Tratando de superar la vergüenza que le provocó la palabra "amante", Hiyori volvió a cuestionar.
-Disculpen que pregunte todo esto, pero realmente me cuesta trabajo distinguir de quiénes hablan...
Yama tomó el booklet de las manos de Hiyori y recorrió las hojas velozmente hasta mostrarle la foto de una rubia imponente de mirada feroz. Su voz era exactamente lo que reflejaba la foto: sensual, madura y un tanto agresiva. Era una persona sumamente hermosa.
-Según el rumor, ella y tu novio...
-¿¡QUÉ NOVIO, YAMA-CHAN!?
-... el guitarrista tenían una relación desde antes de que la banda se formara.
-Hiyori-chan, el guitarrista es guapísimo pero la vocalista voló a los brazos de otro. -Añadió Ami, con picardía -Supuestamente su disco solista está a punto de salir.
Hiyori recibió el booklet de nuevo y recorrió las fotografías. Su corazón dio un vuelco cuando miró la fotografía del muchacho de ojos azules que había estado a punto de morir atropellado.

En su habitación, más tarde, Hiyori se demoraba para bañarse antes de bajar a cenar. El disco terminó por tercera vez y Hiyori volvió a dar play en el gastado botón de un antiguo CD Walkman; Ami-chan se lo había prestado dado que en la habitación de Hiyori no había ninguna manera de reproducir música y en su casa "esa música escandalosa" hubiese sido muy mal vista.
La música era potente, fuerte, la voz de la vocalista adornaba las capas superiores y le daba cohesión a todo. Y entramado con ella, la guitarra gruñía y cantaba gracias a la gran habilidad de su dueño. Hiyori lo vio de nuevo claramente. Sus cejas delgadas, nariz altiva y sus ojos, reflexivos, intensos, que parecían querer tragarla entera y desmenuzar hasta su más viejo recuerdo.
"¿QUÉ RAYOS ME PASA?" pensó Hiyori, con la cara ardiendo, y arrojó la almohada que había estado apretando entre sus brazos. La almohada rebotó en el borde de su cama, donde el booklet había estado, haciéndolo caer consigo al piso, en donde se abrió justo por la mitad. Hiyori se levantó de la cama y se puso en cuclillas al lado del booklet abierto. Girándolo, leyó lo que contenía.
"SHRINE está integrada por:"
Sus ojos volaron por encima de todos los nombres hasta que encontró el que le interesaba.
"GUITAR – 夜ト".
-"Yato"... -murmuró, dejándose caer de nuevo en su cama con el booklet abierto en su fotografía. Dejó caer los brazos después de unos minutos, agotada.
Con los audífonos puestos y las melodías llenando sus oídos, reflexionó mirando al techo. Ella, Iki Hiyori, había saltado a la calle por salvarle la vida a una prometedora estrella de rock.
Sonrió para sí misma. Finalmente sentía que estaba disfrutando su juventud.

Un dardo dio justo en el centro de la diana, ocupando el mismo lugar que otros dos. El movimiento de la muñeca se detuvo antes de tomar impulso para arrojar el siguiente, la mano envolvió al dardo y cayó encima de la frente.
"Soy un estúpido", dijo el joven de cabello negro, tumbado en el sillón. Miró a su alrededor desde su sitio buscando alguna distracción para su mente. Por alguna razón desde hacía una semana no podía estar tranquilo. El olor a llanta quemada aún podía ser evocado por su cerebro intranquilo, desbocado; estaba seguro de que algún día cuando menos lo esperara simplemente iba a terminar por freírse dejando su cuerpo completamente inerte y saliendo por sus ojos de una manera en verdad asquerosa...
Como si tuviese un resorte en la espalda se puso de pie y cruzó el lugar, que aunque estuviera poco iluminado conocía tan bien como la palma de su mano. Abrió la puerta del fondo y se precipitó sobre su cama, tomando su guitarra en el mismo movimiento. Escalas. Acordes. Esbozos de melodías que podían ser o no útiles. Buscó una hoja de papel y entre emborrones escribió a toda prisa una idea musical. Siguió tocando, la cambió, la tachoneó y escribió otra. Su cerebro no se detenía y las ideas luchaban por fluir, por ser tocadas.

Magenta.

Arrojó su guitarra a los pies de la cama y se dejó caer sobre la almohada con un gruñido. Sintió de nuevo el empujón en la espalda, el ardor de las rodillas y las palmas de sus manos.
"En verdad soy un idiota..."
Respingó al escuchar el agresivo sonido del timbre (¿no lo había desconectado la semana pasada?). El odioso sonido se repitió, y de nuevo se puso de pie como impulsado por un resorte, atravesando la habitación casi corriendo antes de que ese infernal sonido se repitiera. Al abrir la puerta se produjo un chirrido y recordó que desde hacía tiempo debería haberla aceitado. Afuera, iluminado por la luz del atardecer, apareció un muchacho rubio que sonrió desagradablemente al notar la cara de fastidio del muchacho de ojos azules, y volvió a sonar el timbre, mirándolo directo a los ojos.
-¡Acabo de abrir la puerta, Yukine!
El chico se abrió paso al interior por debajo del brazo del anfitrión.
-También me da gusto verte, imbécil.
Yukine encendió la luz de la pieza, ignorando el rezongo del guitarrista. Una luz blanca de tungsteno zumbó al encenderse, titilando un par de veces antes de tomar suficiente potencia para iluminar a medias el sótano en el cual se encontraban.
Justo frente a la puerta había una salita con dos sillones de cuero falso, rajados por el uso. En medio una mesa de centro podría ser completamente ignorada de no ser porque sobre ella se acumulaban pilas de vasos vacíos de ramen instantáneo, latas de cerveza, hojas usadas, notas, partituras, distintos tipos de papel formando un collage poco prolijo, el cual al parecer lograba mantenerse en su lugar gracias al pesado cenicero lleno de colillas que coronaba el conjunto. Detrás de la sala, contra la pared del fondo, una cocineta brillaba por los evidentes signos de olvido. La cafetera era lo que parecía que se encontraba medianamente en buenas condiciones dado su uso constante. Todo lo demás mostraba ese aspecto empañado de cuando las cosas no han sido usadas en bastante tiempo. Un poco más adelante se abría una puerta que conducía a un baño diminuto. Frente a él, al centro de la pieza, lo cuidadosamente acomodada y limpia que se encontraba una mesa de billar destacaba por el contraste con el resto, y más atrás, encima de una plataforma un poco más elevada que el resto, bajo una sábana, se alcanzaba a apreciar la silueta de una batería y una consola que esperaban el momento de ser usadas. Justo al fondo de la pieza se encontraba la última parte, la habitación de su habitante, un cuarto pequeño en el que solo cabía la cama, una mesa de luz y el soporte de la guitarra. La luz de la calle se supondría que debía atravesar unos diminutos tragaluces un poco más arriba del nivel de la calle, pero en estos momentos dada la luz del atardecer y lo poco limpios que estaban, no ejecutaban del todo su labor. Yukine suspiró mientras trataba de encontrar un lugar donde sentarse. El joven de pelo negro había vuelto a arrojarse encima del sillón donde estaba postrado originalmente.
-¿Hace cuánto que no limpias?
-No sé.
-¡Maldita sea, Yato! ¿Ni siquiera puedes mover ese gordo trasero tuyo para poner el lugar un poco presentable para cuando alguien venga?
Yato respingó. -¡Mi trasero no es gordo!
Yukine sonrió cuando su plan comenzaba a funcionar. -Es tan gordo que te impide moverte para limpiar un poco, ¡por eso todo el tiempo apestas!
-¡QUE NO APESTO! -Replicó Yato y comenzó a juntar un par de latas de cerveza y restos de comida chatarra del sillón. Yukine tomó asiento cuando hubo suficiente lugar. Era demasiado fácil hacerlo actuar.
-Tienes una alimentación tan mala que me sorprende que no hayas muerto aún.
Yato bufó, atareado.

Su sótano se encontraba en un lugar de la ciudad al cual el adjetivo "agradable" no le sentaba del todo bien. La entrada prácticamente daba a un callejón que se abría a una calle ruidosa llena de tiendas de conveniencia atendidas por gente extranjera (hindús, en su mayoría), intercaladas entre barecillos roñosos y casas de empeño. La pared del frente estaba cubierta de viejos anuncios pegados capa tras capa con engrudo. La escalera que bajaba en curva hacia la puertecilla estaba blanqueada a la fuerza con pintura blanca de muy baja calidad, y con el tiempo y las lluvias mostraba escurrimientos oscuros en todo el barandal. Seguramente el lugar había sido una zona residencial de cierta categoría, ya que el dintel de la puerta era inusualmente garigoleado y mostraba un 203 de latón, pintado de negro con muy poco cuidado. La puerta también mostraba excesivas señales de descuido, una de las cuales era el chirrido desagradable al abrirse y el golpe seco producido por la hinchazón de la puerta tras muchos años de lluvia y sol directo. A Yukine el lugar le parecía peligroso y de muy poca monta, pero Yato insistía en que no necesitaba nada más. Era un tipo raro, y él y los demás simplemente le dejaban ser; incluso el hecho de que se negara a compartir la casa que la disquera les había conseguido para mantenerlos juntos ("Vigilados", insistía Yato, "confinados") era algo que él y los otros simplemente habían aceptado. Finalmente, luego de que Viina se hubiese ido, ni siquiera tenían algo que pudiese llamarse "banda" como tal…

-Eh, Yuki. ¿Viniste por tu cuenta o te mandó ese desagradable anciano como paloma mensajera?
-Me impresiona la fe que tienes en tus amigos. -Soltó Yukine, fingiendo estar bastante herido. Yato se quedó sin habla, y el muchacho continuó. -No me has molestado por teléfono últimamente, así que decidí venir a revisar si aún estás vivo.
-Hey, fue un simple raspón en la rodilla, y a mi guitarra sólo se le rompió una cuerda, tampoco es para estar tan alarmados. -Dijo Yato, mostrando ambas palmas en gesto tranquilizador. Yukine notó que traía guantes de látex y estaba dándole un buen tallón a la cocina.
-Pudiste haber muerto. Te salvaste de una buena. -Yato solo respondió con un "hmmm" pensativo y continuó fregando la cubierta -¿O debería decir que te salvaron de una buena?
Sus manos detuvieron el movimiento cíclico que estaban haciendo y sus ojos se quedaron fijos en el color amarillo chillón de los guantes. "De no haber estado ella ahí" había dicho Yukine, más tarde el día del accidente, "no podrías estar bebiéndote ese galón de cerveza". Tenía razón.
-Al parecer tengo una suerte increíblemente buena.
Yukine soltó una risa fastidiada.
-Imagino que ya le fuiste a agradecer a la causante de tu "buena suerte" el haberte salvado tu asqueroso pellejo.
Yato se dio media vuelta y lo señaló con el cepillo de limpiar que estaba utilizando. -¡Escúchame bien, mocoso! ¡Quisiera que trataras de localizar a una persona en específico en esta endemoniada ciudad cuando solamente tienes un nombre!
-¡No es tan difícil como parece, genio! Si estaba en esa calle a esa hora seguramente no tenía mucho que saldría de su colegio así que muy seguramente estudia por el área. Simplemente investiga en las escuelas que estén cerca, y si puedes recordar el uniforme, tienes la mitad del trabajo hecho.
Yato lo miró, estupefacto. Este chico no solo era un increíble bajista, sino que también era mucho más inteligente de lo que se veía.
-¿¡NI SIQUIERA HABÍAS PENSADO EN ESO, PEDAZO DE IMBÉCIL?!