¿Se había sentido siempre tan vacía?, se pregunta Yona, mientras sus acompañantes hablan y beben. ¿Había su pareja siempre descartado lo que ella tenía para decir, concediéndole ninguna importancia a lo que ella tenía que decir? ¿Había ella estado siempre en la esquina que da y da y nunca recibe? ¿Se había sentido siempre como un florero?
Una mano le acaricia el cuello.
—Hice un gran trabajo aquí —dice su novio señalando la ya casi difusa marca en su cuello, la única que quedaba de aquella noche, una marca que no le pertenece a él.
Esa noche, Hak.
Hak que desde esa noche plaga sus pensamientos, su mejor amigo… Ese que la hizo sentir adorada, amada, como una diosa, ese que siempre ha estado ahí para recoger las piezas rotas, el que siempre la apoyó, la escuchó, la acompañó, el que la hace reír, el que siempre le ha hablado con la verdad…
Y es en ese momento cuando se revela ante Yona algo que debió haber visto, algo que debió haber sabido desde siempre: que aquello que tan desesperadamente buscaba en otros, siempre lo tuvo a su lado, dando, entregando.
Toma el bolso y se levanta. Una mano le sujeta la muñeca.
—¿A dónde vas?
—Lejos de aquí.
Su interlocutor rueda los ojos.
—¿Cuándo regresas?
—Nunca.
—¿Nunca? ¿Qué quieres decir?
—Exactamente lo que oyes, hasta nunca.
El hombre suelta una risotada.
—Estarás de regreso antes de que acabe la noche.
Yona sonríe y sus ojos brillan.
—No, no lo estaré, no esta vez.
… …
La valentía y el impulso del descubrimiento ciertamente hacían un gran contraste con el pánico que sentía Yona al rechazo de Hak o peor aún, a perder la relación que tenían o la que podían tener (la que ella esperaba que con tiempo pudiesen tener), y Yona necesitaba hacer algo con toda esa energía nerviosa que le seguía la estela estos días, así que se había sumergido de cabeza en su trabajo, a su no tan pequeño proyecto, porque para su sorpresa había logrado convencer a Soo-Won para financiarlo y para que ella lo dirigiera.
Pero incluso cuando sus días y noches se llenaron de trabajo, de planes, de ideas, Hak siempre estaba ahí, en su mente, y Yona sabía que no podía darle más largas al asunto. Aprovechando que el resto del equipo ha salido a almorzar, alcanzó su teléfono móvil y buscó su nombre en la aplicación del chat.
—¿Almuerzo? —escribe.
—Seguro —responde él al instante y el corazón de Yona se brinca un latido—. ¿Abigail's? —vuelve a escribir.
—Te veo allá.
Yona guarda el teléfono en su bolso y se acomoda el cabello frente a la pantalla del ordenador. ¿Qué pensaría Hak de su nuevo corte de cabello? Yona niega con la cabeza, un paso a la vez, solo era un almuerzo entre amigos, nada más.
… …
El corazón de Yona parece detenerse en su pecho cuando lo ve, y no se trata de esa apariencia cautivadora que siempre tiene cuando lleva lentes y trabaja concentrado en su tableta, es algo más, es volverlo a mirar con otros ojos, sin la venda.
Él levanta la mirada y se encuentra con la suya, siente las mejillas enrojecer al sentirse pillada observándolo, pero él solo agita la mano, señalándole la mesa donde se encuentra.
—Espero que no te importe, pero pedí algo de té mientras esperaba —dice ayudándola con la silla.
—En lo absoluto —responde y siente el corazón querer salirse de su pecho.
Hak se quita los lentes y los deja al lado de la tableta.
—Me gusta tu nuevo corte de cabello, es la primera vez que lo llevas corto, ¿cierto?
—Sí, sentí que necesitaba un cambio y Yoon hizo lo demás —contesta con las mejillas rosadas—. ¿Qué hay de ti? ¿Mucho trabajo?
—Un poco —confiesa—, hemos tenido un par de inconvenientes con la optimización de la aplicación en ciertos equipos, nada grave, pero requiere nuestra atención. ¿Y tú? —pregunta curioso.
Para Hak no pasa desapercibido cómo los ojos de Yona brillan y cómo la sonrisa en sus labios ilumina todo su rostro.
—Tenemos muchísimo trabajo, pero lo logré, Hak, es mi proyecto, mi bebé, tengo todo el control y los fondos y un equipo maravilloso.
—Sabía que lo lograrías.
—Gracias por siempre creer en mí —dice colocando su mano sobre la él, para retirarla a los pocos segundos como si quemara.
—Uno de los dos tenía que hacerlo.
Yona ríe de buena gana, y el corazón de Hak se brinca un latido.
… …
Hak mira el teléfono una, dos, tres veces, considerando si dar ese salto al vacío, ese salto de fe.
Habían pasado semanas entre almuerzos juntos, salidas a cine, tomando cafés, o simplemente trabajando al lado de la silente compañía del otro. Pero a Hak no le pasaban desapercibidos los roces que cada vez eran menos roces y más caricias silenciosas, las despedidas alargadas, las sonrisas tímidas y los sonrojos, y Hak se atreve a creer, a soñar, aunque nunca hablen de aquella noche.
Hak marca el número de Yona.
—¡Hak! —exclama Yona del otro lado de la línea cuando responde.
—¿Interrumpo?
—En lo absoluto, me estaba despidiendo de Kija y Jae-Ha. ¿Cómo va tu día?
—Bien, pero llamaba para… —y luego calla.
—¿Hak?
—Cena conmigo esta noche.
—…
—¿Yona?
—¿Como una cena entre amigos? —pregunta Yona del otro lado de la línea y Hak cree percibir duda y esperanza a partes iguales en su voz.
Es ahora o nunca.
—Estaba pensando más en la línea de una cita y luego vemos qué sucede..., si quieres.
—Me encantaría.
—¿Segura?
—Nunca tanto en mi vida —contesta ella del otro lado de la línea.
—Bien, paso por ti a las 7:30 y voy listo para impresionar.
Yona ríe del otro lado de la línea.
—Esperemos que no resultes tú siendo el impresionado.
FIN
N.A.
El maltrato físico y psicológico son temas tremendamente serios y delicados. Bajo ninguna circunstancia es tolerable.
Los chupetones pueden ser peligrosos para la salud (no es broma).
