4. Monkey business - Skid Row

El golpe del bat en la pelota y los gritos entusiasmados de los jugadores disfrazaron la manera estrepitosa en la que el par se dejó caer contra el alambrado del campo de baseball de un parque una vez que Yato consideró que ya estaban lo suficientemente lejos del instituto. Hiyori entrelazó los dedos en los cuadrados de metal de la cerca, tratando de recuperar el aliento y de terminar de asimilar lo que estaba sucediendo.
Nunca, en toda su vida, había corrido tanto. Nunca había escapado de la escuela con el director pisándole los talones. Nunca había subido un árbol y definitivamente jamás se había quedado dormida en clase. Por supuesto, tampoco había descubierto una banda de rock que la obsesionaba ni había permanecido despierta tantas horas en la madrugada escuchando canción tras canción. "Estoy frita…". Una risita silenciosa la sacó de sus pensamientos. Yato estaba sentado de espaldas al alambrado. Su mano cubría sus ojos y poco a poco su risa se volvía más fuerte.
-¿Qué es tan divertido? -Preguntó Hiyori, aún con el pecho adolorido y la respiración pesada por la carrera.
-¡Debiste ver tu cara! -Soltó Yato -¡Parecía que el mundo iba a terminar en ese instante! -El muchacho continuó riendo, y Hiyori sintió cómo se encendían sus mejillas. Se incorporó e hizo lo primero que le pasó por la cabeza: le arrojó su maletín al estómago. Yato se dobló con un doloroso bufido.
-¡Discúlpame pero yo no le veo lo gracioso! -con las manos en la cadera, Hiyori se agachó a mirarlo directamente con rostro severo -¡Prácticamente me estoy escapando de la escuela! Dudo mucho que esta situación se vea bien en mi reporte de buena conducta.
Yato tomó su maletín con ambas manos, la miró directamente a los ojos y levantó una ceja.
-Hace unos minutos creí que apenas y sabías hablar, y ahora usas palabras demasiado grandes para ti. -Sonrió y se levantó. -De cualquier modo, creo que deberías estar agradecida conmigo. -Le entregó a Hiyori su maletín con un gesto grácil y le sonrió. Esto era demasiado para ella, ¿este sujeto hablaba en serio?
-¿¡De qué rayos hablas!? Prácticamente acabas de hacer que escapara de mis profesores -Hiyori se horrorizó conforme continuaba hablando -y del director… ¡de hecho probablemente toda la escuela me vio escapar con un completo extraño!
-Bueno… -Dijo Yato, y echó a andar con las manos en los bolsillos de su pantalón deportivo -En realidad muy poca gente salta la barda de su colegio para hablar con un completo desconocido -Se dejó caer en una de las bancas al pie de un árbol, a la orilla del sendero. -Y es todavía más extraño que el completo desconocido le siga la corriente a una lunática que se escapa de su escuela para salvarla de la ira de sus maestros.
-¿En serio crees que me acabas de salvar? ¡Lo único que acabas de hacer es posponer la situación! ¡Eso puede que empeore aún más las cosas!
-Como sea, no tienes qué preocuparte por eso hasta más adelante -dijo él, moviendo una mano en el aire, como ahuyentando la idea.
-No puedo estar escapando de mis problemas para siempre -dijo ella, con la expresión más vacía que pudo poner.
-¿Ah, no? Yo llevo haciéndolo 19 años de mi vida…
Yato se interrumpió de golpe. Acababa de decir algo sumamente estúpido y sus mejillas comenzaban a resentirlo. Hiyori lo miró perpleja antes de tratar de refrenar una risita. Al ver que Yato se encontraba avergonzado al punto de desviar la mirada completamente, Hiyori se sentó junto a él en la banca.
-Lo siento, pero no puedo agradecerte. -Yato la miró, completamente desconcertado.
-¿Ah, no consideras que mi galante acción merezca un agradecimiento? ¡Qué malos modales tienes! -Yato se fingió ofendido, cruzando los brazos. A Hiyori le intrigó el modo tan rápido en el que era capaz de cambiar de actitud. Cerró los ojos y volteó el rostro hacia el frente.
-No puedo agradecerle nada a alguien de quien ni siquiera conozco el nombre. -Ante el silencio, Hiyori miró a Yato de reojo. Le resultaba muy difícil creer que el mismo muchacho de las fotografías, el habilidoso guitarrista de una popular banda de rock, era el mismo tipo simplón que la miraba desconfiado sentado en una banca en el parque, con la gorra puesta del revés y un atuendo de lo más extraño, con botas y ropa deportiva.
-¿Quieres decir que en realidad no sabes quién soy? -preguntó Yato, más para sí mismo. Ella decidió que debía seguir con la fachada.
-¿Acaso debería saberlo?
-¿Qué no tienes instinto de auto-preservación? Podría ser un criminal con precio en su cabeza o un shapeshifter.
-En ninguno de los dos casos te andarías paseando a plena luz del día…
-Vaya, señorita-bien-articulada, sabes lo que es un shapeshifter, creí que no tenías televisión.
-¿Qué, piensas que soy amish o algo por el estilo?
-Ciertamente hablas bastante extraño.
-¿Así que crees que hablar correctamente y con educación es vivir alejada de la sociedad y sin tecnología?
-Eh… -Yato se encontró de repente sin argumentos.
-De cualquier modo el que parece estar incomunicado con el mundo es la persona que no tiene la decencia de presentarse y anda por la calle sin sentido del estilo personal.
-¿¡Qué hay de malo con mi ropa, abuela?!
-¿¡A QUIÉN LLAMAS ABUELA!? -Hiyori propinó un fuerte pisotón a Yato, quien se disculpó de inmediato. Ambos suspiraron. Yato se levantó y se colocó frente a ella. Hiyori también se levantó.
-Mi-mi nombre es Fuji… ¡Me llamo Yato!
-Yato -repitió Hiyori con tono soñador. De verdad era él. -Un gusto conocerte, Yato-san, mi nombre es Iki Hiyori -hizo una pequeña reverencia -Que nuestra relación sea fructífera.*
-¡Pero qué anticua…! -Yato se interrumpió al ver la mirada fulminante de Hiyori y también hizo una reverencia. De inmediato se llevó la mano a la nuca. -I-igualmente.**
Luego de un breve silencio en el que se sonrieron de manera incómoda, Yato habló de nuevo.
-Me dijiste "Yato-san".
-Bueno, apenas y te conozco. -Agregó ella, con algo de confusión. -Pero si gustas puedo decirte "Yato".
-¿Qué te parece "Yato-sama"? -preguntó el, con una sonrisa altanera. Hiyori lo miró, de nuevo completamente seria.
-¡No te voy a tratar como una deidad, Yato!
-… le quitaste el "San" muy rápido -lloriqueó el muchacho.
-¿De qué otro modo debería llamarte?
-A veces responde al nombre de "idiota" -añadió una tercera voz -, "maldito imbécil" también funciona, o "inútil", depende de la ocasión.
El chico rubio con uniforme de secundaria parado frente a las máquinas expendedoras junto al alambrado abrió su lata de jugo y le dio un sonoro trago, mientras Yato se acercaba con gesto amenazador y levantaba un dedo acusatorio a su cara.
-¡T-tú! ¡Mocoso! ¡Silencio!
Ignorándolo completamente, el chico apartó el brazo de Yato con la mano y se acercó a Hiyori, quien se encontraba bastante intrigada (y nerviosa) por encontrarse ante el bajista de SHRINE.
-¡Me llamo Tendou Yukine***! -Dijo el chico, y le sonrió -¿Qué tal? -Era lindo. Hiyori lo miró sentarse donde antes estaba Yato, quien se acercó dando un bufido exasperado.
-¡Me llamo Iki Hiyori!
-¡Qué amistosa! -reclamó Yato.
-Supongo que ya te agradeció el hecho de que le salvaras la vida -preguntó Yukine, dando otro trago a su jugo de manzana.
-Lo intentó.
-¿¡ME ESTÁN IGNORANDO!?
-Maldita sea, eres demasiado escandaloso, ¡siéntate! -Le espetó Yukine, frotándose la sien con dos dedos.
-¿¡Ves algún collar en mi cuello!?
-Veo ropa excesivamente ridícula, hasta para ti.
-¿Tú también?
-Seguramente te despertaste tardísimo y tomaste lo primero que salió de tu secadora, ¿verdad?
Yato soltó un "¡Tché!" y terminó por sentarse al otro lado de Hiyori, que no sabía si excusarse y comprar un jugo para que discutieran en paz, o echarse a reír. Su cara parecía querer optar por lo segundo.
-Bien, si ya se disculpó contigo, me lo tengo que llevar. -Sonrió Yukine. A Hiyori se le desvaneció la sonrisa, y Yato replicó.
-¿Llevarme a dónde?
-Kofuku te extraña mucho.
-¡No me digas! -Yato se cruzó de brazos y piernas -Pudo habérmelo dicho ella misma. No me voy a mover.
Yukine había tenido suficiente.
-¿¡Acaso siempre tienes que actuar como un niño malcriado!? -Yato volteó con la nariz al aire al otro lado, sin dar la cara a Yukine. El chico frotó su cara con las palmas, exasperado. -Bien. Tenjin llamó. Quiere vernos en casa. ¿Contento? Ahora vamos.
Hiyori se preguntaba quiénes eran Kofuku y Tenjin cuando Yato se levantó y caminó unos pasos.
-Dime, Hiyori. -ella respingó. La había tomado por sorpresa -¿Aún quieres saber quién soy?

Tardaron una hora y cuarenta minutos en llegar a un agradable barrio residencial a las afueras de la ciudad. Hiyori casi monta en cólera cuando supo en realidad en dónde estaban y que les hubiese tomado la mitad del tiempo en llegar… si Yato no insistiera en tomar caminos alternos y confusos. Yukine simplemente lo dejaba ser, arguyendo que trataba de cubrir sus huellas. Yato era un sujeto demasiado extraño. Tanto que su sola existencia era ya de por sí extraña. Yukine no se molestó en explicarle más acerca de por qué Yato siempre andaba tan a la defensiva, así que ella tampoco hizo más por preguntar. De cierto modo sentía que Yukine no había estado del todo de acuerdo con llevarla, y lo entendía perfectamente. Caminando por callejuelas serpenteantes, al atardecer, comenzó a preguntarse realmente cuánto tiempo duraría su montaje. A decir verdad ni siquiera sabía por qué había decidido actuar como si no supiera nada. Mirando la espalda de Yato, cubierta por su jersey negro, llegó a la conclusión de que necesitaba saber más acerca de ése sujeto. Era demasiado cambiante, demasiado misterioso, demasiado… Yato interrumpió su andar y en un movimiento gatuno se volvió a verla. Sus ojos azules perforaron los suyos y se imaginó que así debía sentirse una presa. Se sorprendió de nuevo cuando la expresión del joven se suavizó y le sonrió ligeramente.
-Ya no estamos muy lejos. -Y continuó andando. Hiyori trató de regularizar la repentina taquicardia que la había invadido mientras trataba de poner atención al camino. Una vez a la derecha, otras dos a la izquierda y se encontraron frente a una barda de ladrillo adornada con un matorral dormido por el frío del inminente invierno. En primavera debía verse bastante encantador, pero de momento Hiyori sentía que no hacía ningún favor a la ominosa sensación que de pronto la invadía. ¿Quién era esa tal Kofuku? ¿Quién era Tenjin?
Poco después de la barda de ladrillo se abría un portón de herrería blanca, cerrando el paso a un camino empedrado flanqueado por cipreses iluminados por focos empotrados en las baldosas de la orilla. El camino serpenteaba y finalmente daba una vuelta abrupta hacia la izquierda, ocultando el resto del panorama. Fijo sobre la barda se encontraba un interruptor con intercomunicador, y Yukine lo presionó con entusiasmo.
-Te gusta mucho hacer eso, ¿verdad? -Soltó Yato al muchacho.
-Es tu turno saludar, por imbécil.
Yato iba a responderle cuando una vocecita infantil y soñadora respondió al timbrazo de Yukine.
-¿Digaaaaaa? -canturreó. A Hiyori le pareció muy gracioso que un niño tan pequeño respondiera al intercom, pero en cierto modo agradeció la ocurrencia. El ambiente era como cinco veces menos tenso gracias a ello.
-¡E-eh! ¡Kofuku! …eh… ha pasado un buen tiempo, ¿no? -Habló Yato, dubitativo.
-¡YATTY-CHAN! -Después de su grito rompe-tímpanos, se escuchó su voz algo distante, como si se hubiera dado la vuelta -¡Daikoku, Yatty-chan vino a vernos! -De nuevo se escuchó claramente su vocecita -¡Entren, los estábamos esperando!
Un sonoro "clack" metálico resonó luego de un zumbido, y Yukine empujó una de las hojas de la reja hacia adentro, sosteniéndola para que Yato y Hiyori lo siguieran.
Lo que desde el exterior parecía un simple jardín, por dentro revelaba un lugar lleno de comodidades. A la izquierda había una piscina cubierta con plástico negro, a la derecha una terraza con un gazebo de madera adornada con lucecitas blancas. La gravilla crujía agradablemente bajo los pies de Hiyori, que por poco no nota que ya estaban desviándose hacia la izquierda. El giro del camino proporcionaba una vista espectacular de una fuente que era flanqueada por una especie de estacionamiento. Hiyori vio varios autos aparcados ahí, y su atención se concentró en la enorme Hummer negra, y lo que evidentemente parecía un Subaru color azul intenso, mal cubierto bajo una lona. Más atrás se encontraba la residencia, una construcción estilo californiano color vainilla con techo azul. La iluminación le daba la impresión de haber entrado a un lugar de ensueño. Sus ojos no paraban de ir de un sitio a otro, la fuente cristalina, la marquesina blanca con un ventanal que dejaba ver el candelabro de la escalera dentro de la casa, los cipreses de los lados, Yato, la entrada de madera con vidrio viselado, el piso de mármol, la figura amenazante que se alzaba frente a ellos de brazos cruzados…
Hiyori se detuvo ante él. A todas luces, el tipo parecía golpeador de la yakuza, con una camisa rosa remangada de los brazos, desabotonada hasta el pecho, barba de tres días y un cigarrillo encendido en la boca. ¿Así que de eso se trataba la casa, la ubicación, los lujos y el constante nerviosismo de Yato? Hiyori comenzó a sentir pánico por haber seguido a dos desconocidos hasta la casa de alguien con esa pinta, cuando Yato trató de saludar al hombre de buen talante, evidentemente fallando en la seguridad de su voz.
-¡Eh… Daikoku! ¡Q-qué gusto verte, viejo!
Daikoku frunció el seño.


*Hiyori utilizó aquí el japonés estándar formal para su presentación, en contraste con Yato que usó un tono mucho más informal. "Douzo yoroshiku onegai shimasu", que es con lo que normalmente uno debe terminar de presentarse, significa literalmente "que nuestra relación sea fructífera".
**Muy a su pesar (y porque Hiyori le hubiera soltado una guantada si no lo hacía) Yato también usó una formalidad respondiendo "Kochira kozo", que significa "Igualmente".
*** Tendou (天童/天堂) puede significar "Paraíso" o "Querubín", dependiendo cómo use uno los kanji. Me tomé la libertad de escoger este apellido por el takamagahara, por su condición de shinki en la historia original, y porque el término para querubín en japonés se refiere a los dioses disfrazados de niños, así que creo que le queda bastante.

¡Muchas gracias por leerme hasta el momento! Recuerden que sus comentarios y sus opiniones hacen que mejore la historia y mi redacción! Nos vemos la próxima.