¡Hola a todos! Después de tanto preámbulo en este episodio finalmente comienza lo interesante. ¡Recuerden que sus reviews me hacen siempre ser mejor y con sus sugerencias me dan muchas más ideas para añadirle sabor al fanfic! Gracias por todo hasta ahora.
5. Go with the flow – Queens of the Stone Age
Hiyori apenas y tuvo tiempo de reaccionar antes de que Yato echara a correr por el enorme jardín, seguido muy de cerca por el tipo llamado Daikoku. Con algo de timidez, la chica se acercó a Yukine, que observaba la escena muy tranquilo, como si fuese cosa de todos los días.
-¿Es… hay algún problema? ¿Yato le debe algo?
Yukine la miró, un tanto confundido. Luego sonrió, cruzando los brazos detrás de la cabeza y entrando con paso lento a la casa. La puerta doble estaba abierta.
-Probablemente la vida. Tratándose de Yato, nunca se sabe.
Yato entró a la casa corriendo con Daikoku pisándole los talones. Hiyori se aventuró a seguirlos. Una vez en el vestíbulo, Hiyori aventuró un "con permiso" bastante inaudible, y permaneció dudando si debía quitarse o no los zapatos, escuchando el alboroto que causaba la persecución. Justo a tiempo escuchó a su lado una vocecita juvenil; la misma que habían escuchado en el intercom al llegar a la casa.
-¡Hola, hola! A ti no te conozco.
Hiyori se dio la vuelta y se sorprendió muchísimo de encontrarse con una chica cuya edad era difícil adivinar a simple vista. Llevaba en ese momento una blusa con el impreso de un panda y unos vaqueros que debían ser del grandullón que los había recibido. Su cabello rosa chicle seguramente la volvía el centro de atención a donde quiera que fuera y era increíblemente linda. Enrojeciendo por su falta de educación, Hiyori comenzó a presentarse haciendo una reverencia, y cuando miró arriba de nuevo, la chica estaba sonriéndole con dulzura. Tras un chispazo en los ojos la tomó del brazo y prácticamente la arrastró a uno de los cuartos contiguos, una sala estilo tradicional japonés, con un kotatsu en medio, mientras parloteaba alegremente.
-¡Yo soy Kofuku, Hiyorin~! Es un placer conocerte. ¡Ven, siéntate! ¡Comamos dulces!
Hiyori no sabía si agradecer que la invitasen, quitarse los zapatos, o decirle que en verdad no era muy apropiado que ya le hubiese puesto un mote al tener, literalmente, segundos de conocerse. Cuando asimiló qué pasaba, ya estaba sentada ante el agradable calor del kotatsu y Kofuku servía varias tazas de te. Yukine estaba en el kotatsu también, tumbado con el control remoto del televisor en la mano, cambiando de canales.
-¡Kokki, cariño, deja de pelear con Yatty-chan y vengan a tomar una taza de te!
"Cariño". Hiyori se sentía muy avergonzada, acababa de notar que no solo Kofuku acababa de confirmar que el hombre de la entrada era su pareja, sino que además no era ningún Yakuza. La barba sin mantener, el peinado distinto y la ropa le impidieron darse cuenta de que el llamado Daikoku era nada menos que Kokki, el baterista de SHRINE. Hiyori sintió una mirada sobre ella y miró a Yukine, quien de inmediato miró de vuelta al televisor. ¿Qué era todo esto?
Yato entró a la habitación corriendo y se escondió detrás de Hiyori. Daikoku entró detrás de él.
-¿Eres tan patético que tienes que esconderte detrás de una niña para evitar que te rompa el cuello en dos?
Yato le sonrió a Hiyori, que lo miraba con curiosidad.
-No te preocupes, Hiyori, se ve temible, pero en realidad de lo que te tienes qué cuidar es que tiene algo con los niños.
Lo dijo apresuradamente y en un susurro, pero aún así fue suficientemente audible para que Daikoku cerrara sus grandes manos en dos puños.
-¡Eres un bastardo!
-¡No digo más que la verdad! Tu felicidad no conoce límites cada que ves a Yukine…
-A mí no me líes en tus tonterías, viejo -Dijo Yukine, sacudiendo una mano, sin dejar de mirar el televisor.
Daikoku se arrojó al cuello de Yato y lo arrastró un poco más allá, para poder sacudirlo a su antojo sin perturbar a Hiyori.
-Me alegra ver que el ambiente por aquí no ha cambiado. -Dijo una voz varonil y educada. Hiyori miró hacia la entrada de la sala y descubrió un elegante caballero de traje muy fino y un sombrero puesto coquetamente encima de su peinado engominado; su cabello gris recogido en una coleta y un fino bigote le daban apariencia de sibarita. Kofuku lo recibió con el desparpajo de su voz, pero aún así le mostró respeto, levantándose a recibir su abrigo y su sombrero.
-¡Tenjin-san! ¡Bienvenido! Lo esperábamos.
Daikoku soltó a Yato y corrió a buscar una taza extra de te. Yukine apagó la televisión y Yato, taimado, simplemente se acomodó la ropa y se quedó en el rincón mirando por el ventanal hacia el patio.
-¡Ha pasado tiempo, Yato!
El muchacho se limitó a mirar a Tenjin, quien solo soltó una risita entre dientes. Al parecer Yato hacía eso a menudo. Agradeció el te a Daikoku y miró a Hiyori, con curiosidad.
-Jovencita, es un placer conocerla. -Hiyori se sonrojó e inclinó tanto la cabeza que pudo ver el fondo de su taza de te con toda claridad.
-¡U-un placer! Mi nombre es Iki Hiyori.
-¿Iki Hiyori? Me llamo Tenjin Michio. -Con un gesto galante, el hombre le entregó una tarjeta con su nombre. Bajo los kanji de la lectura de "Tenjin Michio" se leía "productor ejecutivo" -¿Contaremos con tu presencia en la reunión?
Hiyori no supo qué contestar de repente. Yato habló desde su rincón. -Ella no sabe nada, viejo. No hará daño que se quede por aquí.
Tenjin la miró aún más interesado. -Ah, ya veo, ya veo. ¡Curioso que alguien de tu edad no conozca a los grandes SHRINE!
Hiyori miró a su te con vergüenza. Yukine tenía la mirada fija en ella. Esta pose se le estaba saliendo de las manos.
-…estoy enfocada en mis estudios, señor.
-¿Oh, de verdad? ¿Qué grado estudias?
-Primero de preparatoria, señor.
-¿Qué carrera estudiarás? ¿Ya decidiste?
Hiyori abrió la boca para hablar, pero nada salió de ella. Volvió a cerrarla con desconsuelo.
-Bueno, ¡suficiente de interrogatorio! -Soltó Yato -¿Qué es lo que quieres? -Tenjin rió, en lugar de ofenderse.
-¡Impaciente como siempre, Yato-kun! -continuó, tras otra breve mirada a Hiyori -Muy bien, iré al grano. En este momento no considero que sea ninguna ventaja tenerlos arropados bajo el techo de mi empresa si no están produciendo nada además de la venta de sus discos.
Yato volvió a mirar al exterior. Dinero, ¿cómo no lo supuso antes?
-Tras esto, me veo en la penosa necesidad de ponerles una fecha límite.
Yukine se sentó muy derecho. -¿Fecha límite?
-Así es, Yukine-kun. Gracias a alguien, Viina terminó por hartarse y no tienen vocalista. Una banda sin voz es un astronauta sin oxígeno. Tarde o temprano terminará por morir.
Yato soltó un bufido exasperado. -¡Ella se fue porque quiso! ¿No dejarás de pensar que soy el culpable nunca, verdad?
-No voy a negar que tienes un muy mal carácter y una propensión bastante peculiar a soltar rabietas por absolutamente ninguna razón.
-¡Esto es ridículo! -Se levantó de su lugar -¡Pon tus condiciones y vete! Los demás me pasarán el memorándum.
-Yatty-chan, ¿a dónde vas? -preguntó Kofuku, haciendo un puchero.
-Estaré afuera, donde no pueda ver a este anciano.
Tenjin no perdió la calma. Hiyori pensó que eso era admirable, dada la terrible actitud que Yato estaba mostrando.
-¡Siempre huyendo, Yato-kun! ¿Por qué no dejas ese acto? ¡Es obvio que aunque piensas que tienes control total sobre tu vida, en realidad observo cada movimiento que haces!
-¿De qué rayos hablas? -Dijo el joven, apenas girándose a verlo, parado en el umbral de la puerta.
-No quisiste vivir con tus compañeros bajo el mismo techo, por miedo a que te quitásemos tu preciada libertad. En realidad sé perfectamente dónde te encuentras, Yato-kun, ¿creías que te dejaríamos por ahí a tu suerte?
Yato frunció el ceño, y salió de la habitación con fuertes pisadas. La puerta de la entrada se abrió, y salió dando un portazo. Tenjin suspiró cuando Kofuku trató de disculparse.
-Querida, no te preocupes. De hecho quería hablar con él, por lo menos ya está sobre aviso de lo importante. -Lentamente se puso de pie y tomó su saco y su sombrero de la percha. -No lo tomen a mal, en los negocios los ultimátums son algo dinámico. Trabajen duro, en tres meses quiero nueva vocalista y material para revisión y estudio. -Se volvió a mirar a Daikoku. -Asegúrate de que lleve su trasero a los ensayos. -Daikoku asintió y se dispuso a acompañarlo a la salida.
-Es más fácil decirlo, pero lo haré. -Tenjin sonrió. Con una inclinación del sombrero se despidió de Hiyori también. -Nos vemos después. Chicos. Iki-san.
La puerta de entrada se volvió a cerrar con un tintineo, y esta vez se escuchó el crujir de las llantas del auto del productor en la gravilla de la entrada. Hiyori se encontró con los ojos de Kofuku, que la miraba como si supiera las preguntas que quería hacer.
-Tenjin es nuestro productor. -Le informó, en tono soñador. -Hace muchos años Kokki y los otros tocaron en un bar en el que él se encontraba, y al ver que la música le había gustado me acerqué a presentarme y a conversar un poco. -Al ver que Hiyori seguía algo perdida, apuntó: -Yo soy la mánager. -Y le dirigió una brillante sonrisa. Hiyori los miró.
-¿Así que… es una banda? -Preguntó, a pesar de saber la respuesta.
-Y una de las mejores -espetó Yukine, orgulloso.
Hiyori sonrió.
El sol ya se había ocultado cuando Tenjin se fue. Daikoku no volvió a entrar. Caminó hacia la izquierda hasta llegar a un tejabán desde el que se extendía un pequeño jardín con estanque. Extrajo una cajetilla de cigarros de su pantalón y encendió uno con habilidad. Luego de la primera bocanada de humo, se recargó en un pilar, relajándose.
-¿Qué tanto me miras, idiota? -espetó al aire.
-Me… n-no traje encendedor.
Daikoku miró a Yato. La luz del jardincito alcanzaba a iluminar el perfil del muchacho, quien sujetaba un cigarrillo entre los labios, sentado encorvado en una de las bancas bajo el tejabán. Daikoku le arrojó un zippo, que Yato alcanzó en el aire.
-Gracias, viejo. -Encendió el cigarrillo y le arrojó de regreso el encendedor a Daikoku. Luego de un breve silencio, Yato habló: -Supongo que es hora de poner manos a la obra.
El hombre pasó una mano por su cabello, exasperado. -A menos que hagas volver a Viina, no veo cómo vamos a solucionar todo esto. -Yato soltó una carcajada amarga.
-Viina no volvería ni aunque le ofreciéramos todo el oro del mundo. -Apagó el cigarro a pisotones violentos -Y yo no se lo pediría ni aunque mi vida dependiera de ello.
-¡Maldito orgullo el que tienen los dos! -Escupió Daikoku.
Yato emprendió la vuelta al interior de la casa. Miró al hombre de reojo.
-A veces siento que es lo único que conservo.
Hiyori apenas y se había percatado de la hora. No fue hasta que Daikoku le ofreció una segunda taza de te, que ella volteó al reloj de la sala y prácticamente salió corriendo del lugar, con Yato pisándole los talones. No fue capaz de alcanzarla hasta el final de la calle. Yukine los seguía de cerca.
-¡Hey hey hey hey espera! ¿A dónde vas tú sola? -Espetó Yato, cuando finalmente se detuvo. Hiyori estaba al borde del pánico.
-¡Ni siquiera noté que era tan tarde! En mi casa deben estar preocupadísimos. -Con paso rápido Hiyori se encaminó a la estación.
-Oye, relájate, ¡ni siquiera te han marcado! -rió Yato, siguiéndole el paso con facilidad.
-¡¿Marcarme a dónde?!
-…¿A tu móvil? -de pronto se dio cuenta de la situación, y Hiyori creyó que se le iban a salir los ojos por la sorpresa. -¡¿NO TIENES UN MÓVIL?!
Molesta, Hiyori apresuró el paso. La estación estaba cerca.
-Repite lo que dijiste antes sobre que no eres amish, me encantaría escucharlo de nuevo.
-¿Siempre eres así de insoportable? No veo la necesidad de que lo seas.
-Es difícil encontrar la necesidad de las cosas cuando no has pensado que necesitas un teléfono móvil.
Hiyori soltó una exclamación exasperada, mientras pasaba su tarjeta de prepago por el mecanismo de la entrada a la estación. Con sorpresa, Yato hizo lo mismo, seguido por Yukine.
-¿A dónde van?
-¿Crees que te vamos a dejar andar por ahí sola a esta hora SIN UN TELÉFONO MOVIL?
-DIOS. -Hiyori giró sobre sus talones.
A pesar de los molestos comentarios constantes de Yato, el viaje de vuelta fue mucho más rápido de lo que ella hubiese esperado. En cuanto se dio cuenta, se encontraba en la estación cercana a su casa. Los chicos se apearon del tren con ella.
-Gracias por la compañía, fue muy amable de su parte.
-¡Descansa, Hiyori! -Dijo Yukine -Fue un placer conocerte. -Ella sonrió.
-¡Igualmente! -y continuó con su camino. Un par de segundos después escuchó a alguien correr tras ella.
-¡Oye, espera! ¿A dónde envío la paloma mensajera? En caso de que, ya sabes, quieras verme de nuevo -Hiyori miró a Yato directamente. Una desagradable sonrisa se esparcía por su rostro.
-Si sigues molestándome, a ningún lado.
-¡¿No estás impresionada?!
-¿De qué, exactamente?
Yato se sonrojó.
-Bu… ¡tengo una banda!
Tras unos minutos de silencio, Hiyori se echó a reír. Yato miró a otra dirección, completamente avergonzado.
-¿Qué fue eso? ¡Sonaste a muchacho de secundaria!
-¡Psht! ¡Como sea! -Yato removió dentro de sus bolsillos y encontró un pedazo de papel minúsculo. -¡Pluma! -Hiyori parpadeó unos segundos antes de remover el interior de su maletín. La pluma le fue devuelta, junto con el papel garabateado. -¿Sí sabes usar el correo electrónico, no?
Hiyori le dirigió una mirada venenosa.
-¡Por supuesto! ¡Tendré que hacer que mi burro corra más rápido para generar más electricidad para el módem, pero creo que lo tengo bajo control!
Yato sonrió.
-Es mejor que una paloma mensajera. -Se dio la vuelta para volver con Yukine a paso lento. -¡Dale una zanahoria a tu burro por mí!
Hiyori los miró alejarse, con la mirada fija en los hombros de Yato. Luego de unos segundos respingó y a toda prisa se dirigió hacia su casa.
-¿Qué rayos fue todo eso? -Espetó Yukine, mientras esperaban el tren de regreso.
-¿De qué hablas? -preguntó Yato.
-¡Hombre, pareces un cachorro perdido! -Le soltó el rubio, arrugando la nariz. -Aunque está bien que finalmente hayas terminado con este asunto. ¡Le diste las gracias, la hiciste pasar la tarde, la regresaste a su casa y se acabó! Todos podemos continuar con nuestra vida como si nada hubiese pasado.
Entraron al vagón del tren que iba llegando. Yato miró con atención el nombre de la estación.
-Seguro.
Hiyori asimiló el pedacito de papel que llevaba en su palma hasta varios minutos después. Abriéndolo con cuidado, descubrió que. en efecto, Yato había escrito su correo electrónico en él. "¿Qué significa todo esto?". Hiyori cavilaba si podría utilizar una computadora de su escuela al día siguiente para enviarle un correo electrónico, cuando, con pesar, se recordó a sí misma que al día siguiente podría ser que ni siquiera tuviese escuela. Descorazonada, dobló con cuidado el pedacito de papel (¿era una envoltura de dulce?) y lo guardó en su cartera mientras pensaba qué cara pondría al enfrentar a sus padres. "Sólo una esquina más", pensó, y al dar la vuelta a dicha esquina se detuvo en seco.
Las paredes de su casa estaban iluminadas con azules y rojos de las torretas de la policía. Hiyori echó a correr calle abajo, a toda prisa.
