¡Hola a todos! Mil gracias por seguir leyendo. De aquí en adelante se pone cada vez más interesante todo así que si tienen algo qué decir me encantaría escucharlo. Este episodio me costó muchísimo trabajo, realmente no soy capaz de entender por qué, pero bueno, solo como comentario, si encuentran algo raro avísenme. ¡En verdad mil gracias por leer! Me hacen la semana.


7. Liar – The Sex Pistols

La zona comercial cerca de la escuela de Hiyori constaba de dos avenidas paralelas interconectadas por callejuelitas y callejones peatonales. Agazapado en las sombras detrás de una maquinita expendedora (POR TERCERA VEZ, la gente que atendía en los negocios de ahí era un dolor en el trasero), Yato esperaba atento el momento justo para salir de su escondite.
Hiyori casi muere de un paro cardíaco cuando encontró a Yato caminando casual a su lado después de haber recibido un ligero golpecito en el hombro.
-¡QUÉ…! -Yato se colocó un dedo sobre los labios para indicarle que fuera discreta. De nuevo llevaba el pañuelo, la gorra y los anteojos. Hiyori continuó en voz más baja -¿Qué rayos haces aquí?
-Bueno, pregunté en muchas veterinarias si alguien había atendido a un burro roto, pero nadie supo decirme nada, así que pensé que sería más rápido venir a buscarte a la calle y evitar que saltases enfrente de otro automóvil. -Soltó Yato con picardía. La chica lo miró, entre fastidiada y divertida.
-¿No te contacto en unos días y lo primero que se te ocurre es venir a esconderte a la calle a esperar que saliera de la escuela?
-¡No puede ser que olvidases escribirme a mí! -Dijo él, poniendo una mueca de dolor -Soy tan encantador que cualquiera querría escribirme al día siguiente.
Hiyori caminó más deprisa.
-¡Adiós, Yato!
-¡Oye, oye, espera! -dijo él, dándole alcance. -S…sólo… -El rubor en el rostro de él hizo que las mejillas de Hiyori también se encendieran un poco -quería saber si no había terminado por meterte en más problemas luego de lo que pasó. Si fue por eso que no has podido contactarme…
Hiyori lo interrumpió con un suspiro.
-En realidad pensaba contarte todo en un correo una vez que las cosas se calmasen un poco, por eso no te había escrito.
-Así que sí tuviste problemas -añadió Yato, un poco desanimado.
-Unos cuantos… -Hiyori se interrumpió -Realmente no es momento para contártelo, y estamos a media calle de cualquier forma, es un poco largo de contar.
-¡Tengo todo el tiempo del mundo!
¿Qué le sucedía?
-¿Por qué estás siendo tan insistente? Son simples dramas de una niña de preparatoria, y tú eres -se refrenó al hablar, dándose cuenta de que podía hacer que toda su fachada se viniese abajo -aparentemente una persona muy importante…
Yato dudó por un momento, antes de responder.
-Si hay algo que ocasioné simplemente quiero saber si hay alguna manera de ayudarte a resolverlo.
A Hiyori le resultaba muy difícil creer que esta persona que rozaba en lo desesperante fuese capaz de escribir ésa clase de música. Era una idea absurda.
-Escucha, prometo que te contaré todo lo que ha sucedido pero en este preciso momento tengo que llegar a una clase y ya se me está haciendo tarde.
-¡Vaya, tomas clases en la tarde también! ¡Te mantienes ocupada!
-Bueno… en realidad no es que sea muy buena en eso… -Añadió ella, en voz muy baja.
-¿Qué es?
-Pintura…
Yato la miró incrédulo.
-No te veo con muchas ganas de ir -dijo, en tono sugestivo. Hiyori frenó en seco. Yato tenía razón. Miró directamente a sus pies, y pensó. De cualquier modo era algo en lo que ella no tenía talento. De cualquier modo el director le había exigido hacer tiempo para algún club escolar. ¿Por qué no simplemente olvidarse de ella?

Yato la miró en la distancia haciendo reverencias, disculpándose una y otra vez con una profesora de cabello muy largo y suelto, afuera de un diminuto despacho enterrado en un rincón de una plaza comercial. Cuando regresó, de algún modo se notaba más tranquila.
-Va a sonarte muy loco -le explicó Hiyori mientras bajaban las escaleras -pero en realidad siento como si me acabaran de levantar un gran peso de los hombros. -Yato no pudo contenerse.
-¿Por qué lo haces?
-¿Eh?
-Correr de un lado a otro con un horario endemoniado tomando lecciones de cosas que no te gustan, ni te interesan en absoluto. -Hiyori intentó responder, pero de sus labios salió solo un leve y corto "hm" -Dios, siendo tan joven lo último que deberías hacer es desperdiciar tu tiempo en esas cosas.
Hiyori no pudo emitir palabra hasta que dejaron la plaza comercial y continuaron por la avenida, caminando al parecer sin rumbo fijo. El sol se estaba poniendo, dentro de poco encenderían las luces, y Hiyori tenía tiempo libre.
-G-gracias. -Soltó.
Yato se detuvo, intrigado. -¿No eres educada por simple reflejo?
-¿Lo dice quien limpia sus gafas de sol cada que está nervioso?
Touché. Yato rió y se sorprendió el mismo del sonido de su propia carcajada, de la tensión en su qujiada y la posición de su cabeza, inclinándose hacia atrás. -No sé de qué me estás agradeciendo, Hiyori, pero si en realidad quieres hacer algo por mí, tengo un favor qué pedirte.

La chica comenzó a dudar que esto hubiera sido una movida inteligente justo cuando se bajaron del metro en una estación un poco alejada de su zona habitual. Del área no se decían muchas cosas bonitas, y ella ni siquiera estaba segura de qué pasaría una vez que llegasen a su casa. Sin embargo no podía hacer otra cosa que no fuera confiar. Por alguna razón creer que Yato fuera capaz de hacerle algo malo era algo que en su mente se sentía antinatural. Conversar con él era fácil, si acaso un poco exasperante por sus actitudes soberbias de tanto en tanto y su terrible propensión a hacer chistes espantosos; caminar a su lado hacía que cruzar las calles de un barrio que se veía tan dudoso como aquél, se sintiera tan seguro como subir y bajar los escalones de su casa. Entre silencios, Hiyori trataba de desenredar la situación en su cabeza, ¿por qué estar con él fluía tan bien? ¿en dónde estaba el esfuerzo extra que le costaba interactuar siempre con otras personas? Estaba acostumbrada a observar con detenimiento cada acentuación y cada pausa de los demás para saber exactamente qué comentario hacer. Yato cambiaba y fluía como el agua y ella simplemente lo dejaba pasar. Respondía si él hablaba, comentaba algo si se le ocurría, y callaba si la conversación se agotaba. ¿Qué era esto?
Se detuvieron ante la entrada de un callejón y Hiyori pudo ver las escaleras bajando a su sótano. Yato buscó las llaves en su bolsillo, parloteando algo acerca de un anuncio de gatitos que lo tenía intrigado. Al momento de girar la perilla, su rostro palideció y, dando media vuelta, se pegó con los brazos abiertos al marco de la puerta, como lagartija.
-Yato, ¿qué haces?
Notoriamente nervioso, Yato comenzó a tartamudear.
-¡N-n-no tengo nada de beber!
-¿Ah?
-¿Puedes ir a comprar… bebidas? -Sonrió, pero Hiyori no podía ignorar el hecho de que todo esto era muy extraño.
-…O-keeey… -la chica miró a su alrededor -¡Ah! Ahí hay una máquina. -Comenzó a subir los escalones, buscando cambio en su abrigo, cuando el grito de Yato la sorprendió.
-¡NOOO, EN ESA NO!
-¿Eh? ¿Por qué?
-¡No me gustan esas bebidas!
-¿De qué demonios estás hablando?
-¡Quiero de las de allá!
-¡Pero tengo que cruzar toda la calle!
-¡Sólo ve!
-No te entiendo ¿qué bebida quieres?
-¡Da igual! ¡Sólo ve!
Minutos después, Hiyori volvía fastidiada con dos bebidas enlatadas de la maquinita expendedora más alejada de la casa de Yato. Vaya que era un sujeto raro.

Cuando regresó al callejón lo primero que vio fue la montaña de bolsas negras apiladas frente a la escalera. Se abrió camino a través del espacio que quedaba para no tocar nada y bajando con cuidado tocó en la puerta desconchada con los nudillos. Yato abrió inmediatamente.
-¡Ah, Hiyori!, estaba a punto de ir a buscarte.
-Yato… ¿y estas bolsas?
-¡Nad…! Es decir, sí, me pregunto quién las habrá dejado ahí -rió nerviosamente y de inmediato la tomó del brazo y cerró la puerta tras ellos.
Hiyori se acomodó en el sillón y miró sospechosamente a su alrededor. Conocía el entorno de los muchachos de su edad. En los días en los que tenía cuidado, Masaomi dejaba por lo menos alguna gaveta abierta, y su habitación siempre mostraba señales de su paso por ahí. Este departamento estaba extrañamente pulcro. De reojo vio a Yato afanándose en la cocina.
-¿Está bien si te traje un té helado? -preguntó, dudosa.
-Ah, no te preocupes, Hiyori. No tengo sed.
Increíble.

HIyori se sentía muy avergonzada ante las carcajadas de Yato, algunas horas después.
-¡N-no te rías! En verdad es sumamente incómodo cuando encuentro a Yama-chan prácticamente donde sea y lo único que hace es levantarme la nariz e irse -dijo, haciendo una mueca triste, ante lo cual Yato dejó de reír poco a poco, pero siguió mirándola con una sonrisa.
-Vaya, ahora entiendo por qué no escribiste en varios días.
Hiyori accedió a contarle todo lo que había sucedido, y después de disuadir a Yato de comenzar a hacer una lista de todas las mentiras que se habían acumulado sobre de ella en los días anteriores, procedió también a contarle acerca de Yama y la molesta actitud que había tomado, haciendo comentarios por lo bajo cuando estaba segura de que Hiyori podía escucharla, y el hecho de que Ami aún trataba de hacerla como mediadora.
-No sólo eso, al parecer a pesar de lo que he estado tratando de hacerles creer en la escuela están inventándome otra vida que ni yo sabía que tenía.
Yato finalmente estiró brazos y piernas, y miró al techo, pensativo, colocando ambos brazos tras su cabeza.
-La gente es agotadora, ¿no?
-¿A qué te refieres?
-Como tu amiga, la tal Yama. Entiendo que esté enojada porque le mintieras, pero ir por ahí exigiendo que la gente te cuente prácticamente todo con lujo de detalle es bastante molesto. ¿Siempre es así?
Hiyori pensó por un momento. En realidad Yama siempre había sido el tipo de amiga impertinente a la que había que sacarla de los problemas a menudo, pero fuera de eso en realidad era leal y era capaz de correr a donde fuera con tal de ayudarte, si lo necesitabas. De repente Hiyori se sintió sumamente equivocada.
-Yama-chan siempre está al pendiente de lo que Ami-chan y yo necesitamos. -Murmuró -Supongo que por eso es muy aprensiva cuando se entera de que sucede algo de lo que no estaba enterada.
Ante la interjección burlona de Yato, Hiyori lo miró con el ceño fruncido. En ése preciso momento parecía una persona distante, fría, completamente distinta a la que ella había conocido en el transcurso de esos días.
-¿Y qué espera obtener a cambio?
-¿Eh?
-La gente no es buena simplemente porque sí. La prueba está en que se molestó porque la realidad que ella quería ver en ti no es la que le estás mostrando.
Yato estaba solo. Hiyori miró a su alrededor. Deliberadamente se había alejado de la gente. ¿Era por la discusión que había tenido con Viina? La chica lo miró sentado ahí, con los ojos fijos al frente, buscando la soledad para poder armar de nuevo las piezas de sí mismo después de esa separación. Hiyori suspiró ¿Por qué le dolía de pronto tanto el pecho? Yato de repente pareció salir de un trance, y la miró directo a los ojos. Su rostro era distinto de nuevo. Esta vez era la cara alegre y amable que le había mostrado en el parque después de escapar de su escuela. Le sonrió dulcemente.
-Yo no soy nadie para decir nada sobre tus amigas, Hiyori. Seguramente lo que tú piensas es más acertado. Es tu decisión si vas con ella y arreglas las cosas o te las apañas sola.
Hiyori pensó por unos momentos.
-¿Qué harías tú?
-Yo dejaría que se pudriera en el infierno hasta el final de sus días. -Dijo Yato con voz completamente seria y profunda, y a sus ojos asomó un destello desconocido para la chica. Ante su mirada extrañada el muchacho sonrió de nuevo y se levantó del sillón, dirigiéndose al fondo del sótano. De pronto a Hiyori le asestó una duda.
-¿Qué era lo que querías pedirme?
Yato volvió con su guitarra en una mano y un par de partituras arrugadas en la otra.
-Quiero que escuches esto.
El sillón se hundió de nuevo ante el renovado peso y Yato tocó. Le mostró una melodía y luego el acompañamiento. Hiyori escuchaba atentamente y lanzaba preguntas aquí y allá. Conforme pasaba el tiempo, Yato se enfrascaba más y más en lo que estaba tocando y hablaba cada vez menos. Intrigada, Hiyori notó que su rostro cambió de nuevo, esta vez brillaba internamente con alguna especie de energía extraña que resultaba hechizante. "¿Qué tal esto?" preguntaba él de pronto, y ella notaba los sutiles cambios que hacía entre una idea y otra, y simplemente comentaba cuál le había parecido mejor. Yato se descubrió a sí mismo haciendo taches ligeros sobre las notas en lugar de tachaduras brutales, haciendo el reacomodo de la melodía sobre la misma idea. Terminó con una idea de canción coherente, fluida, fresca y completamente nueva. El chico tomó el papel entre sus manos, mirándolo como si valiera dos millones de dólares. Después la miró a ella como si hubiese descubierto el fuego.

Hiyori trataba de disipar la sonrisa tonta que llevaba en el rostro y respiraba profundo para deshacerse de la extraña taquicardia que la invadió durante todo el camino de regreso después de que Yato se hubiese despedido de ella en la estación del metro. Por alguna razón había sido increíblemente difícil sacudírselo de encima; ella no alcanzaba a comprender qué era lo que hacía que Yato no pudiera dejar de ofrecerle cosas. Trató de comprarle un pastel de un expendio cerca de la estación simplemente porque se le quedó mirando, y le resultó dos veces más difícil convencerlo de que no necesitaba llevarla a cenar a ningún lado. Accedió a acompañarla hasta la estación solamente cuando Hiyori lo amenazó con no escribirle nunca, y ella se excusó después con el hecho de que sus padres aún no sabían que había renunciado a la clase de pintura esa misma tarde y que sus padres no iban a tolerar una demora injustificada más. La visión del muchacho mirándola tras las barras del metro, despidiéndose de ella con la mano era precisamente lo que mantenía su estúpida sonrisa, y por alguna razón cuando reparaba en el hecho de que su cara parecía hecha de goma por no poder quitarla y el área alrededor de sus pómulos comenzaba a dolerle la hacía sonreír todavía más. ¿Se había vuelto loca?
-¿Pasó algo bueno? -Preguntó a su lado una voz familiar. La luz del atardecer iluminó el cabello rubio y los ojos ambarinos del chico que le había dado alcance en la arboleda frente a la estación.
-¡Tendou-kun! -Dijo Hiyori, sintiéndose afortunada -¡Qué gusto verte!
-¡Llámame Yukine, por favor! -contestó el, con una voz demasiado aterciopelada. Algo en el interior de la chica hizo clic, y reaccionó con cautela.
-¿Qué haces por esta zona, Yukine-kun? -Ahí estaba de nuevo. La atención extrema. Los nervios de punta. El pensamiento rápido antes de responder cualquier cosa. Con sorpresa deseó hallarse al lado de Yato.
-Un amigo vive cerca, pero ya me iba. -Tras una expresión de sorpresa de Hiyori por el hecho de que Yukine tuviese amigos cerca de su casa, el chico preguntó -¿Tú de dónde vienes, Iki-san?
Ah, ahí estaba de nuevo. No había detectado ese tono la última vez que habló con él, ¿qué pretendía? ¿Por qué su voz sonaba tan… peligrosa?
-Por favor, llámame Hiyori -dudó en continuar, ¿por qué tenía la sensación de que no estaba bien decirle que había visto a Yato? Tras una breve pausa, continuó, -De hecho es muy curioso, justamente vi a Yato hace un rato.
Hiyori se arrepintió de inmediato de haberlo dicho cuando vio la sonrisa de Yukine. No era una sonrisa real. Todo en su rostro era una fachada, y le llenó de nerviosismo no poder distinguir qué había debajo.
-¿A Yato? En realidad es muy curioso, Hiyori. -Soltó una risa ("Falsa" pensó ella de inmediato) y prosiguió -¿Dónde lo encontraste? Espero que no haya decidido de hecho convertirse en tu sombra, como planeaba.
-¿Como planeaba?
Yukine se acercó a ella, venenosamente.
-No ha dejado de hablar de ti desde que te dio su correo electrónico. De hecho fue un tormento estar oyéndolo quejarse todo el tiempo de que no le habías escrito. Ayer tomó la decisión de ir a buscarte de nuevo. Traté de hacerle ver que era una idea estúpida, pero puedo ver que te encontró tal como quería.
¿Por qué estaba hablando así? Hiyori decidió saltar al vacío y enfrentarlo. ¿Qué estaba tramando este crío?
-De hecho, Yukine-kun -Hiyori se aseguró de puntualizar muy bien la frase y de que su pronunciación fuese impecable -me abordó saliendo de mi escuela y pasé la tarde en su departamento.
Yukine se detuvo en seco.
-Ah, ya veo. -La miró directamente a los ojos, con un chispazo ígneo. Del mismo modo que ella, Yukine preguntó: -¿Y te divertiste?
-Mucho, Yato está trabajando en material nuevo y me mostró algunas ideas para las nuevas canciones.
Hiyori pudo ver claramente, aunque la luz disminuía conforme pasaban los minutos, que en los ojos del muchacho se encendía la ira y la alarma. Tras un vistazo fugaz un poco más abajo, descubrió que los nudillos de Yukine estaban blancos.
-Escucha. -Dijo él, con un tono de voz completamente distinto, sin almíbar, sin disfraces. -No sé realmente qué es lo que pretendas, pero puedes irte olvidando de tu pequeño acto conmigo.
-No sé de qué hablas. -Se defendió ella, con la voz llana. Yukine se acercó un poco más a ella, intimidatoriamente. Hiyori no se movió ni un milímetro.
-Sabes bien que yo no me trago nada de lo que dices. Los demás también dudan seriamente de ti, pero Yato es demasiado inocente para verlo.
Por primera vez, Hiyori sintió nervios.
-Exactamente no sé cuál sea tu objetivo, pero si ya fuiste a su casa gustosa quiere decir que esto ya llegó demasiado lejos.
-No sé de qué hablas. -Repitió. Yukine sacudió la cabeza, furioso.
-¡Deja de hacerte la inocente!
Una tercera voz sacó a ambos de su concentración en el otro, y Hiyori miró hacia la estación, sintiendo un apretón en el pecho cuando vio al joven de cabello negro correr hacia ellos, con su bufanda en la mano.
-¡Hey, chicos! -Saludó Yato, desde lejos. Hiyori le iba a responder, aliviada de que estuviera ahí, cuando de repente sintió un fuerte tirón en el asa del maletín de su escuela.
Para su horror, Yukine lo abrió y volcó todo su contenido en el suelo, ante ellos, a pesar de que Hiyori trató de quitárselo como pudo.
-¡¿Qué carajo estás haciendo, mocoso?! -Espetó Yato, llegando al sitio a toda velocidad, encontrando a Hiyori tratando de recoger sus cosas rápidamente.
No podía dejar que lo viera.
Yukine dejó caer el maletín de Hiyori a su lado, y Yato lo miró, enfurecido, mientras se arrodillaba frente a Hiyori para ayudarla a juntar sus cosas. -¡¿Qué se te metió, animal?!
La respuesta de Yukine fue una mirada endemoniada a Hiyori y un pie encima de una libreta de composición… y un estuche de disco compacto. Los dedos de la chica habían estado a centímetros de ser prensados contra el suelo bajo el pie del muchacho.
-¡YUKI-¡
-¡PRESTA ATENCIÓN POR UNA MALDITA VEZ EN TU VIDA, YATO! -Explotó Yukine, y señaló a su pie, removiéndolo de las cosas de Hiyori, que estaba congelada por el horror.
La mano temblorosa de Yato levantó el compacto del suelo. La miró con ojos desorbitados. Esos ojos que minutos antes la habían mirado como si fuese la novena maravilla del mundo ahora la cuestionaban, la escudriñaban tratando de entender.
-¿Hiyori? -aventuró a preguntar Yato. La punzada en los ojos de Hiyori finalmente se tradujo en lágrimas de ira, de vergüenza. Rápidamente metió sus cosas en el maletín, sollozando.
-En verdad lo siento. -Musitó con un hilo de voz, y salió corriendo del lugar. Las luces de la calle se encendieron.
Yato la siguió con la mirada, con el disco de SHRINE en una mano, y su bufanda rosa en la otra. Apenas alcanzó a escuchar a Yukine hablar.
-Hey, viejo, déjala. Así estamos mucho mejor. Pudo haber sido una fan demente, o algo mucho peor. Es mejor que te quedes en nuestra casa por unos días…

Yato se negó a hablar con Yukine durante toda la semana siguiente que pasó en casa con todos.