¡Hola a todos! Me muero de sueño.
Esta semana ha sido definitivamente terrible, primero lo de Noragami (los que van al día me entenderán) y luego lo de esta noche con Trump… Ugh. Alguien termine con el 2016 por favor. Pero después de terminar mi fanfic.


8. Psycho - Muse

-Ami-chan... Yama-chan... esperen... -Hiyori alcanzó a sus amigas cruzando el patio central. Yama soltó un bufido exasperado e hizo el amago de irse pero Ami la retuvo por el brazo, forzándola a encarar a su amiga.
-Yo... especialmente contigo, Yama-chan... yo... -Dudó Hiyori, retorciendo los nudillos alrededor del asa de su maletín.
El prolongado silencio hizo que la chica mirara directamente hacia sus amigas, agradeciendo el hecho de que no presionaran su disculpa, ya de por sí difícil para ella. La mirada de Ami era aprensiva, mientras Yama trataba de mantener su expresión de fastidio, pero no se movió en absoluto ante la duda de su amiga.
"¿Qué harías tú?"
"Yo dejaría que se pudriera en el infierno..."
Partes de su conversación con él de días antes le vinieron a la memoria, y para su horror, estuvieron lejos de hacerla sentir mejor. El recuerdo de ésa tarde, los intensos ojos azules, tan expresivos, comunicándole desde comodidad hasta confusión y desconfianza, lo único que hizo fue que las lágrimas asomaran a sus ojos y dejaran caminitos húmedos por sus mejillas. Una oleada de enojo y vergüenza la hizo sollozar, regañándose a sí misma por no tener control de sus emociones. Trató de seguir hablando pero en realidad estaba haciendo un trabajo sumamente penoso. Sus amigas se tensaron.
-¡Hey! -Dijo Yama, azorada -¡N-no llores! ¡No es para tanto! ¡Disculpa aceptada!
-¡Ay Hiyori! -Suspiró Ami y la estrujó en un abrazo -¡Nosotras también lo sentimos mucho!
Yama posó su mano en uno de los hombros de Hiyori, -Yo también en verdad lo siento, Hiyori-chan.
Las tres se dirigieron al salón de clases mientras Hiyori se enjugaba las lágrimas. De alguna manera ellas habían creído que eran lágrimas de disculpa, y no iba a sacarlas de su error. En realidad estaba aliviada por no tener que dar explicaciones.
Durante el almuerzo, Hiyori se las arregló para llenar los huecos acerca de SHRINE, pero terminó poniéndolas al tanto del desliz con "Yuuto", la crueldad con la que Yukine había revelado una mentira blanca en la que no hizo hincapié (y que por fortuna Ami y Yama no indagaron por detalles) y el "castigo" impuesto por el director.
-Wow. -Soltó Yama, abrumada. -Bueno, si de algo te sirve, en el club de judo aún tenemos lugares disponibles.
-Si llego con mi madre diciéndole que me inscribí al club de judo seguramente la enviaría al hospital. -Masculló Hiyori, cabizbaja.
-Es verdad, tienes que pensar mejor en tus posibilidades -comentó Ami, con el dedo en la barbilla. -Y en tanto al chico, ¿Yuuto-san, dijiste? Estoy segura de que si en verdad le importas, escuchará lo que le tengas qué decir. -Agregó, con una sonrisa.
-¡Tiene qué elegir! -Levantó la voz Yama, apasionada -¡O su amigo o tú!
-...Y es por eso que no tienes novio, Yama-chan -Suspiró Ami -Eso no es adecuado en lo más remoto.
-¡Oye!
-En realidad no creo que sea tan sencillo como decirle que elija a uno de los dos -dijo Hiyori. En ese momento sonó la campana que marcaba el final del almuerzo y las chicas se levantaron, dirigiéndose de vuelta al salón de clases. Hiyori sonrió. Finalmente tenía de vuelta a sus amigas, pero no podía dejar de sentirse mal; de cualquier modo seguía diciendo mentiras para cubrir cosas que no era tan fácil decir. Pero ¿qué otro remedio le quedaba? ¿Contar todo tal cual era?
-Oigan, chicas -Llamó Hiyori, y las tres se detuvieron en el pasillo. -¿Me creerían si les digo que conozco a los integrantes de SHRINE y pasé una tarde con el guitarrista?
Ami y Yama la miraron con los ojos como platos. Luego se echaron a reír.
-¡Seguro, Hiyori-chan! -dijo Yama, sarcástica, y siguieron caminando con Hiyori detrás, que hundió la cabeza entre los hombros.
-Eso creí...

-¡Sería bueno que levantaras tu trasero de vez en cuando y ayudases en la cocina! -Había dicho Daikoku en algún punto de la semana. Él sabía que en realidad lo que quería era ver alguna especie de ánimo en él. En la casa había 5 habitaciones, pero últimamente sólo se ocupaban dos. Yato había estado encerrado en la habitación que ocupaba cuando vivía ahí en un principio, la cual era aproximadamente del tamaño de su sótano entero en la ciudad. Había hecho amago de irse durante los primeros días, pero Daikoku se lo había impedido. No había dejado el cuarto desde entonces. Kofuku había venido a hablar con él regularmente a través de la puerta, cuando se dio cuenta que tampoco estaba comiendo apropiadamente.
-Yatty-chan... otra vez no comiste nada, -decía Kofuku hoy -lamentamos que las cosas tengan que ser así, pero hay que mantenernos seguros. Esta vez no ocurrió nada, pero no habría necesidad de haberte expuesto así si estuvieses aquí, con nosotros...
Yato la escuchaba desde su puesto habitual, sentado a la mesita junto a la ventana que mostraba directamente el plástico azul que cubría la piscina, fumando. Su cabello era una maraña y un cobertor sobre los hombros lo hacía parecer un búho en su percha. Podía escucharla perfectamente, sabía lo que quería responder, pero se quedó ahí, inmóvil. Un océano de pensamientos simultáneos lo inundaba: la fecha límite, cuánto tiempo llevaba en ésa casa, el rostro de Hiyori embargado de vergüenza, Yukine, ese estúpido mocoso, Hiyori, la nueva canción que había dejado en el sótano, el hecho de que no le apetecía comer nada, Hiyori, aún tenía su correo, ¿le habría escrito? probablemente no, qué fácil sería destrozarse el cráneo en la ventana...
Yato enterró la colilla del cigarro con más violencia de la necesaria, quemándose las yemas y ensuciándolas con la pila de cenizas de varios días. En realidad odiaba fumar, pero la nicotina era capaz de suprimir sus constantes impulsos de ansiedad y disminuir un poco la velocidad de su mente. Estaba seguro que destruía neuronas, y eso estaba bien. Lo único que le ocasionaban eran pensamientos idiotas que lo paralizaban y lo volvían incapaz de terminar cualquier cosa.
El fulgor magenta de los ojos de la chica regresó a su cabeza con la fuerza y precisión de un bat, y Yato recogió sus rodillas con los brazos, y enterró su cara en las huesudas protuberancias.
"Si me vieras así, seguro pensarías que soy todo un perdedor", pensó, al mismo tiempo regañándose por pensar de esa manera, y al mismo tiempo recordando esa tarde en el sótano, donde las ideas fluían, ordenadas, donde miró sus ojos y todo fue silencio, donde las piezas embonaban a la perfección.
Se levantó rápidamente de su silla, casi tumbando la mesa en el camino, despojándose del cobertor, su mente castigándolo de nuevo por depender de una niña de preparatoria que tenía pocas semanas de conocer, y por dejar que las cosas llegaran hasta este punto. Abrió la puerta del cuarto, botando el seguro, y alcanzó a ver a Kofuku caminando cabizbaja por el pasillo, rendida. El sonido la hizo voltear tras ella, y ver a Yato le iluminó la cara.
Tras recibir al remolino rosa chicle en sus brazos, la miró sonriendo.
-¿Cómo es que no hemos ensayado si estamos todos aquí?
-¡Llamaré a todos de inmediato! -canturreó Kofuku, y se fue corriendo por el pasillo, semejando una mariposa.

Yato dejó caer su cara sobre el kotatsu, horas después, con el cabello aún húmedo de la ducha que tomó luego del ensayo... o lo que eso hubiese sido. Daikoku soltó un gruñido exasperado, exigiéndole que dejara de ensuciar la mesa y Kofuku le pasó el brazo sobre los hombros, abrazándolo, mientras hablaba con la más suave de las voces.
-Yatty-chan, relájate, ¿vale? no siempre los ensayos son exitosos, menos después de tanto tiempo. -El intento de su amiga de consolarlo sólo hizo que aumentara su frustración, y giró la cabeza al lado contrario de Kofuku. Yukine y Daikoku habían conectado la consola de videojuegos y se divertían disparándole al bando contrario en una partida online. En la situación actual, Yato era incapaz de entender cómo un juego de esa clase les sirviese para relajarse después de un ensayo tan malo. Había sido completamente incapaz de concentrarse, perdía sus entradas, erraba notas, y vociferaba frustrado por no poder hilar ideas coherentes. Decidieron que continuarían al día siguiente, aunque en realidad ninguno se sintió más tranquilo. Cobijado por el brazo de Kofuku, Yato lloriqueó -Ojalá fuese capaz de concentrarme como antes.
-Eh, tómate tu tiempo, hombre -soltó Daikoku, sonriente. Ver a Yato fuera de su cuarto lo había aliviado sobremanera -ya habrá algo que traiga al Yato de los veinte millones de regreso.
-Trae a una fulana vestida de colegiala; al parecer eso les gusta -se mofó Yukine.
-Yuki... -trató de reprimirlo Kofuku. Yato ni siquiera se inmutó ante las palabras de Yukine. La pareja tenía plena conciencia de que estaba determinado a ignorarlo por tanto tiempo como fuese posible; pero también estaban seguros de que Yukine decía cosas a propósito al sentirse resentido por estar recibiendo la ley del hielo y no creían que esto fuese a durar calmado mucho más tiempo. Para su mala fortuna, el adolescente siguió hablando.
-¡Míralo, Kofuku! está siendo patético a propósito para que nos de lástima por haberle abierto los ojos a la realidad de su noviecita. -Yato enrojeció hasta las orejas, pero no respondió. Daikoku apretó los puños alrededor del control, contando los segundos. Yukine no sacó los ojos de la pantalla. -De cualquier modo, envié su trasero directamente a casa y lo que sea que planeara no sucederá, ¡mira que decir que no tenía idea de quién éramos!
-¿Y qué? -cortó una voz áspera desde el kotatsu. Yato se enderezó y perforó a Yukine con una mirada glacial -¿Acaso ya ni siquiera soy libre de escoger mis amistades?
-Bah, acéptalo, ni siquiera tienes idea de en quién confiar y como crees que ya no puedes contar con nosotros desde lo de Viina, vas y buscas a la primera persona que pasa frente a tí. -Daikoku y Kofuku cerraron los ojos, derrotados. Algo estaba a punto de estallar.
-Viina, ¡Viina! ¡Maldita sea, me gustaría que dejaran de mencionarla a cada oportunidad! ¡Estoy harto de todo esto, Yukine! ¿¡Qué carajo piensas lograr con recalcarme una y otra vez que fue culpa mía que se fuera!? -Ante los gritos, Yukine apagó la consola, con furia.
-¡QUE REFLEXIONES UN MOMENTO, TAL VEZ!
-¿REFELXIONAR QUÉ?
-¡EN LO PATÉTICO QUE RESULTA QUE ARRASTRES TU CULO DETRÁS DE UNA MOCOSA BUENA PARA NADA PARA OBTENER UN POCO DE VALIDACIÓN AUNQUE NO SEPAS NADA DE ELLA!
Yato tomó a Yukine por el brazo con violencia y lo guió al jardín. Daikoku hizo ademán de levantarse a toda prisa, pero Kofuku lo tranquilizó poniendo una mano en su rodilla. Sonriendo dulcemente, hizo un gesto negativo con la cabeza.
-Yatty-chan nunca le haría daño a Yuki. -Y añadió, con chispazo en los ojos -Ya no es el mismo de antes.
Daikoku volvió a sentarse y miró hacia la puerta principal, preocupado.

Afuera, Yato prácticamente arrojó a Yukine contra el deportivo azul y lo miró con furia, antes de comenzar a remover la lona de encima. Sacó la llave de su bolsillo y removió los seguros. Abrió la puerta del conductor.
-Sube -Yukine permaneció parado junto al auto, con los brazos cruzados. -¡QUE TE SUBAS! -Insistió con un gruñido, y Yukine le dio la vuelta al auto de mala gana, cerrando tras de sí con un portazo.
-¿A dónde vamos? -Trataba de apaciguar el nerviosismo que de repente le había invadido. Normalmente, cuando alguna riña alcanzaba ese nivel, Yato era el primero en evadirla, dejando el lugar. Algo había cambiado.
Yato colocó la llave en la ranura junto al volante y giró el switch. Miró a Yukine directamente a los ojos y lo vio titubear en el asiento. Esa clase de energía era algo que Yukine nunca había visto en él. Sin responder, Yato encendió el estéreo y buscó una estación inexistente. La estática llenó la cabina del auto y Yukine lo miró confundido. Yato no rompió el contacto visual mientras subía el volumen de la estática a un nivel casi insoportable. Yukine tornó su rostro en una mueca de dolor mientras cubría sus orejas.
-¿Duele? -Gritó Yato.
Yukine lo miró incrédulo mientras subía más el volumen. Incluso el rostro del joven mostraba incomodidad.
-¿¡QUÉ DIABLOS PASA CONTIGO?! -Gritó Yukine, apartando del estéreo las manos de Yato con un golpe, bajando el volumen y pulsando el botón de OFF.
-Eso que oíste fue mi cerebro -dijo Yato. El fulgor en sus ojos hacía que fuera difícil no creerle. Encendió el estéreo de nuevo y buscó una estación de música suave. Un cuarteto de violines acarició las notas con dulzura.
-Ese es mi cerebro cuando estoy con ella.
Yukine se dejó caer contra el tablero del auto, con un gruñido.
-¡Diablos Yato! Es obvio que sientes algo por la chica, pero no hay necesidad de que seas tan cursi, ¡me das asco!
Yato enrojeció hasta las orejas.
-¡NO ES POR ESO! -Ante la mirada escéptica de Yukine, continuó parloteando -¿No lo entiendes, Yuki? TODO EL TIEMPO está pasando algo por mi estúpida cabeza y soy incapaz de filtrar todo... al menos así era hasta que la conocí... por primera vez en mucho tiempo hay silencio... puedo concentrarme. Sé que tal vez debí ser más cuidadoso pero...
Yukine abrió la puerta del auto.
-Creía que eras bastante idiota -masculló Yukine con amargura - no que eras un maldito maniático.
Yato rió por lo bajo.
-Supongo que sí estoy un poco loco.
Yukine bajó del auto y dio media vuelta, hablando con la mano posada en el borde de la puerta.
-Haz lo que te venga en gana. -pasó la otra mano por su cabello, despeinándose. -Toma en cuenta que lo que sea que pase de hoy en adelante será completamente su culpa, y por tanto tuya, por involucrarla donde no debiste.
Yukine cerró la puerta, y Yato bajó el cristal antes de que el chico pudiera alejarse.
-Eh, Yukine. ¿Qué pensarías si yo estuviera en tu lugar y Suzuha fuese Hiyori? -Yukine se detuvo en seco. -¿Qué hubiera pasado si cuando lo invitases a pasar la tarde aquí me hubiera puesto en la misma actitud que tomaste con ella... pasándole por encima... haciéndolo sentir humillado?
-No es lo mismo...
-¿Ah, en serio? Me parece que la circunstancia es parecida, Suzuha viene todo el tiempo y sólo tú sabes quién es...
-¡Pero confío en él! -se exaltó Yukine, dando media vuelta y lanzando una mirada feroz.
-Y yo confío en tu criterio. También confío en Hiyori. -Yukine bufó y siguió caminando.
-Te hubiera partido la cara en ese momento. -Continuó, caminando hacia la casa.
-Al parecer el que está enamorado es otro -añadió Yato en su característica y molesta voz. Inmediatamente subió las ventanas del auto, encendió el motor y pulsó play en el disco de su estéreo. Mientras daba la vuelta a la fuente para salir de la casa, observó la cara de Yukine enrojecida como un tomate, pero no alcanzó a escuchar el grito de "NO ME JODAS", ni a verlo arrojarle un puñado de gravilla que no logró golpear su auto.

-¿Estás segura de que no quieres que te ayudemos, Hiyori-chan? -Preguntó Yama. Ami y ella estaban despidiéndose de Hiyori en la puerta de la escuela.
-Son muy amables, chicas, pero el trato con mi hermano fue encargarme sola. -Dijo ella, sonriendo a modo de disculpa, preparándose para una tarde de cacería de salones para eventos, servicio de banquetes, floristas, imprentas de invitaciones…
La sola idea la abrumaba, pero por algún lado tenía que comenzar. Realmente Hiyori sabía de sobra que era la excusa perfecta para no pensar en todo lo que había ocurrido y distraerse del constante asalto a su mente de ese par de ojos azules que aparecían de la nada, en situaciones completamente aleatorias, atravesando cualquier pensamiento. Mientras recolectaba números telefónicos en el distrito comercial, trataba de no poner atención al entorno, que hablaba de él, que trataba de que lo recordara tan dolorosamente con cada detalle. Era completamente inexplicable, incluso absurdo. ¿Cómo conviviendo tan poco con alguien, tener que dejar de verlo así, sin más, pudiera hacerte tanto mal?
Una oleada de enojo la recorrió desde el estómago hasta la última fibra de sus dedos, enfriándolos hasta que le ardieron y tuvo que detener el movimiento de la pluma que seguía recogiendo números telefónicos, aunque su mente se encontraba muy lejos de ahí. La chica siguió caminando, tratando con todas sus fuerzas de parpadear hasta hacer desvanecer el ardor que se estaba volviendo molesto en las orillas de sus ojos. Un tallón con los puños, una sacudida de cabeza, y estaba lista para volver a cazar con ojos de halcón algún otro lugar donde pudiese recabar información. Buscó en la periferia, en la otra acera, aguzando la vista. Tal vez si cruzara la calle…
Apenas había tomado la decisión, y estaba ajustando sus pies para dirigirse hacia allá cuando un fuerte bocinazo hizo que saltara como nunca en su vida, y con el corazón desbocado miró al maldito loco que se había colgado de la bocina del auto azul que estaba muy cerca de ella… era un deportivo azul eléctrico… había visto ese auto en algún lado…
El cristal ahumado del lado del copiloto bajó despacio, y aún no había descendido ni a medio camino cuando de aquél Subaru WRX salió una voz sumamente conocida.
-¿Qué pasó, Hiyori? ¿Viste un fantasma?
Reconocería esa voz en donde fuera.
-¡Yato! -Hiyori se aproximó al agujero dejado por el cristal, casi metiendo su cabeza en el interior del auto. -¿Qué haces aquí?
-¿Acaso no es obvio? -dijo, y le arrojó una sonrisa deslumbrante -estoy buscando gente que no tenga teléfono móvil para montar una exposición en un museo.
-Ja, ja, muy gracioso -dijo Hiyori, con voz estóica. -¿Daikoku-san sabe que le robaste el auto?
La cara de Yato no pudo ser mas cómica, y Hiyori casi no escuchó su respuesta por el acceso de risa que la atacó al verla.
-Para su información, señorita -dijo, apretándose el corazón con una mano, indignado -este es MI auto. -Hiyori soltó una expresión de incredulidad, y Yato bufó, exasperado -¿Vas a subirte, o no?
La chica sonrió, y abrió la portezuela del copiloto. Se sentó, colocó su maletín en el piso del auto entre sus pies y se abrochó el cinturón.
-¿A dónde vamos, Toretto? -le dijo, aún sonriendo. Yato la miró de pies a cabeza, casi sin poder creerlo. Dentro de su mente, en ése momento no había más que silencio. Sin responder, su rostro se tornó en una mueca traviesa, y mirando al frente, hundió su pie en el acelerador.

-¿Ellos quiénes son? -Preguntó Hiyori, sumergiendo una de sus papas fritas en un pocillo de plástico con aderezo.
-Los Red Hot Chilli Peppers, ¿en serio no conocías este lugar? -preguntó Yato, incrédulo, tomando una patata frita de la bolsa de las manos de ella.
El prístino tapete bajo los pies de Hiyori chilló mientras le dirigía una sonrisita a sus pies. Había estado preguntándole nombres de las bandas que tocaban las canciones que salían en la selección aleatoria del estéreo de su auto y Yato respondía cada nombre de cada banda con la disposición de un buen profesor; prefería preguntarle si era verdad que nunca había estado en ése parque en particular. Era un lugar encantador enclavado en la bahía, en la que a lo largo de los años se habían colocado artificialmente porciones de tierra sobre la cual construir. Frente a ellos, recortada contra la luz del atardecer, estaba la silueta de la enorme rueda de la fortuna Diamond and Flower, y Yato insistió en quedarse hasta que encendieran las luces. Mientras tanto, se sentaron a escuchar música dentro del auto.
Yato se relajó contra la portezuela que tenía el cristal bajado para dejar salir el humo de su cigarrillo. Hiyori lo miró. No habían tocado el tema.
-Lo siento -Soltó ella, simplemente. Yato se quedó inmóvil unos instantes, pero no hizo ningún comentario por un rato. Esbozó una sonrisa triste, miró frente a sí, y ella no podía ver a través de su flequillo la expresión de sus ojos.
-¿Cuánto tiempo lo has sabido? -dudó antes de continuar -¿Me salvaste del accidente por ser parte de SHRINE?
Hiyori titubeó, en realidad no estaba segura de que Yato fuera a creerle.
-De ser honesta, nunca había oído nada de ti hasta después del accidente.
-No sé si eso me ayuda, o de hecho me hace sentir peor -le dijo él, riendo un poco amargamente. Se había relajado por completo de nuevo. -En realidad… el que debe disculparse soy yo… Yukine… él…
-Tranquilo, -lo cortó Hiyori, sacudiendo un poco su cabeza -Yukine-kun simplemente estaba a la defensiva.
-Y realmente no sé por qué contigo, pero estuvo mal… ¡Ah, por cierto! -dijo, y se inclinó hacia la parte de atrás del auto, sacando una bufanda rosa y el disco de Hiyori. -No tuve oportunidad de regresártelos.
Después de un "gracias" sumamente apenado de la chica, Yato retomó la conversación.
-Hey, sé que no es gran cosa, pero en caso de que quieras, podemos invitarte a un ensayo…
-¡¿Cómo dices?!