¡Puff puff! ¡Sí terminé! Estoy tratando de recuperar los días que me atrasé para la actualización, y creo que sí he podido recortar mis tiempos lo suficiente, ¡aunque esta semana se me fue como agua! Espero que les guste este episodio, a decir verdad fue más pensar que escribir, jaja. Espero que el resultado final les agrade. ¡Mil gracias por seguir leyendo!


10. Thunderstruck – AC/DC

-¡No, definitivamente no soy capaz de aprobar esto!

-¡P-pero Tenjin-san! ¡Hiyorin es perfecta! ¡Mírala! -Lloriqueó Kofuku, cuyo traje sastre color rosa vivo destacaba a fuerza de contraste con el despacho de su productor, minimalista, elegante, con sillas de cuero negro.

-¡Yo veo a una jovencita en plena edad escolar que no tiene idea de qué quiere hacer con su vida! -Hiyori, sentada justo frente a su escritorio, bajó la cara, destrozada. -¡Iki-san, yo pensaba que era usted más sensata como para juntarse con esta parvada de payasos!

-¡Tenjin-san! ¿Cómo puede decir eso? ¡Hemos llevado la compañía a figurar en el top 10 de ventas de pop-rock! -Rogó Kofuku, pero de inmediato su voz tomó un tinte severo, de negocios -¡Creía que había dicho que estaba agradecido con nosotros por haber vendido en un mercado que había sido tan difícil para la disquera! ¡Puede revisar sus números una vez más, si quiere refrescarse la memoria!

-Pero querida, -replicó Tenjin, tratando de recobrar un poco la compostura -eso fue durante el tiempo en el que Viina aún gustaba de cantar con ustedes. -Yukine percibió un movimiento con el rabillo del ojo, y volteó a ver a Yato, que tenía la mirada clavada en sus zapatos, con el ceño fruncido, cambiando el peso de un lado al otro, incómodo -¡No es posible, Kofuku-san, que pienses que esta jovencita pueda ocupar un lugar como el de Viina y cantar como ella! Viina le imponía una energía y una imagen a su banda que solamente una persona escogida con cuidado será capaz de regresarles, ¡no una dulce niña de preparatoria que a todas luces evita meterse en problemas y tomar sus propias decisiones!

-¿Acaso no escuchaste la grabación? -Replicó Daikoku, quien posó las manos en los hombros de su chica, demostrando apoyo -¡Kofuku y todos nosotros creemos en esto porque la escuchamos y creemos que funcionará!

-¡Puf! -soltó Tenjin, y en esto Hiyori no podía estar más de acuerdo: había escuchado la grabación ella misma y no podía creer cómo era que los demás consideraban que era apta para esto -Su voz es como merengue. Es demasiado dulce para ustedes. No pienso invertir un yen más en un proyecto que no tiene ningún sentido apoyar.

Tocaron a la puerta y la cabeza de una guapa joven de cabello corto se asomó a la habitación.

-¿Señor? ¿Está listo para su cita de las cinco?

-¡Ah, Mayu! De inmediato voy.

Antes de retirarse, la joven y Yato cruzaron miradas y ambos se dirigieron una mirada hostil. Mayu jaló uno de sus párpados inferiores hacia abajo con el dedo y sacó la lengua.

-¡Bleeeeh! ¡Idiota! -Le susurró, antes de salir.

Yato hizo el intento de salir corriendo tras ella, pero fue detenido de inmediato por Yukine.

-¿Exnovia? -preguntó Hiyori, desconcertada. Daikoku soltó una risa burlona entre dientes.

-Es una enemistad natural. Yato olvidó su nombre un día, la llamó "Tomone" y desde entonces no se soportan. Yato aún la llama así, por molestar.

-Oh… -Musitó Hiyori, preguntándose por qué había estado tan a la defensiva al verla.

Tenjin terminó de juntar sus pertenencias, disponiéndose a salir. Kofuku no le quitó la mirada de encima.

-Espero que lo reconsidere -dijo la chica, impasible. Tenjin solo la miró y se limitó a acomodarse de nuevo la corbata, con el maletín debajo del brazo.

-Escúchame bien, -habló Yato, por primera vez desde que habían llegado al lugar, -claramente Viina quedó en el pasado, y creo que consideras que nuestra música es suficientemente buena como para darnos un poco de crédito y dejar que escojamos a la vocalista que creamos correcta. -Tenjin se colocó frente a Yato. La diferencia de estaturas era mínima. -¿Por qué nos pusiste un ultimátum entonces?

-Creí que serías lo suficientemente maduro para ir y resolver con Viina todas las tonterías que hiciste. No que buscarías a alguien más a quién arruinarle la vida.

Yato estaba en su límite, sintió cómo corría la sangre por sus puños, y hubiese estado a punto de lanzarle un derechazo a la mejilla a ese anciano petulante, de no ser porque escuchó la voz de Hiyori alzarse, dubitativa.

-¡Y-yo escogí esto!

Se había levantado de pronto. Tenjin la miró, intrigado. Kofuku suspiró, sonriente.

-¡En realidad ellos… me escucharon y… ellos creen que yo puedo hacerlo!

-¿No preferirías continuar con tu vida común y corriente? ¿Salir con tus amigas, disfrutar de tu juventud y hacer cosas de adolescente normal? -insistió el productor, mirándola fijamente. -Aún tienes muchas cosas por vivir, y si te dedicas a esto probablemente jamás podrás regresar a tu vida anterior.

-…puedo hacerlo.

-Tendrás que enfrentarte a muchas cosas a las que no tendrías qué si vivieras como hasta ahora.

- …yo…

-Estarás bajo el reflector de miles, tal vez de millones, y no podrás reaccionar de la manera que te plazca.

Hiyori volvió a bajar la mirada.

-Ya la escuchaste, Tenjin. No seas desagradable. -Le soslayó Yato. Tenjin se volvió hacia él.

-Espero que sepas comportarte. La fecha límite sigue, quiero que me entregues algo que pueda vender.

Yato volvió a acercársele, retándolo. Ambas narices casi se tocaban.

-Te voy a entregar a la mejor banda de Japón.

-Ojalá pudiera creerte, Yato.

Tenjin salió de su despacho, dejándolos a todos con la tensión a flor de piel. Kofuku se dejó caer en un sillón junto a la ventana, y Daikoku se sentó en el reposa brazos, tomando su pequeña mano entre las suyas.

-Esta noche voy a necesitar algo más fuerte que una cerveza -musitó, lánguida.

-Chicos, yo… -comenzó a decir Hiyori. Yato se dio la vuelta, dejando de mirar con furia la puerta que acababa de cerrarse.

-Te debemos una, Hiyori. -Dejó salir Yato.

-¿Eh?

-A decir verdad no creí que fueras a hablar, y menos a ponerte en contra de Tenjin.

Uno tras otro, le dieron las gracias y la hicieron sentir parte del grupo. Yukine metió las manos en los bolsillos y desvió el rostro cuando habló.

-Estuvo bien, supongo…

Hiyori sonrió, apenada.

-¿Y bien? ¿Listos para otro ensayo? Podemos ir a mi casa, queda mucho más cerca… -comenzó Yato. Hacía unos días que había regresado a vivir a su sótano.

-Nah, debo ir a casa de Suzuha.

-¿Oh? ¿Qué se traen entre manos ustedes, pequeños críos? -molestó Kofuku, y Yukine se coloreó de rojo.

-¡S-s-sóloestamosensayando!

-¡Ah es verdad! -dijo Daikoku -Dentro de poco es el festival de talentos de tu escuela. ¡No olvides que queremos boletos!

-En realidad no es muy importante… -dijo el chico, y se dirigió a la puerta. -Nos vemos más tarde.

-Vamos, Hiyori, te acompaño a casa entonces. -Dijo Yato.


La chica no era capaz de entender por qué Yato no la dejaba en la estación y se iba. No estaba incómoda con el silencio que se imponía cuando se les terminaban los temas de conversación sobre tonterías, pero no le gustaba comenzar a hacerse preguntas para las que no tenía respuesta; el pasado de Yato, la actitud de Yukine, cosas por el estilo. Miró a Yato, sentado a su izquierda en el largo asiento pegado a la pared del vagón. Hoy volvía a usar su chándal azul, pero encima el frío le había obligado a colocarse un gorro gris y una chamarra larga. Reposaba la cabeza en el vidrio y parecía dormir. ¿Quién era en realidad?

-Sé que tienes preguntas. Dispara de una vez.

Hiyori se asustó y al mismo tiempo se sonrojó. Yato parecía saber todo lo que pasaba por su cabeza y lo demostraba en los momentos más extraños. No podía quedarse callada, así que preguntó lo que le había molestado más últimamente.

-¿Crees que Yukine en realidad me deteste tanto? -Yato abrió los ojos, pero no se movió.

-La gente cambia con los años, -comenzó. Hiyori se preguntó si no la había escuchado bien -yo pensaba que Yukine sería uno más que demostraría un cambio radical al atravesar por la adolescencia, pero curiosamente ha sido alguien al que el tiempo no parece afectar. -Finalmente la miró. -Yuki de por sí tiene un carácter muy difícil, y es peor cuando no conoce a las personas. Pero no te preocupes -continuó, cuando ella rompió el contacto visual para mirar al suelo -una vez que te ganes su confianza te darás cuenta de que es todo un blandengue.

¿Cómo ganarse la confianza de alguien tan difícil de tratar?

-En verdad te importa, ¿verdad? -sonrió Hiyori al ver la sonrisa amable que Yato tenía en ese momento.

-Bueno… -musitó él -Sé que no debería contarte esto porque probablemente sería mejor que él lo hiciera, pero en realidad Yukine es algo así como mi pupilo.

-¿De verdad? -Dijo ella, con los ojos muy abiertos.

-¿Por qué te sorprendes tanto?

-Bueno, es difícil creer que puedes incluso cuidar de ti mismo.

-¡El hecho de que me fueran a atropellar es totalmente fortuito!

-¿Y tu alimentación, tu ropa y tu horario de sueño no te dicen nada?

-¡Yo pago mi renta y me las arreglo solo!

-¡Hasta cierto punto!

-¿Qué insinúas, niñita?

-¿¡Por qué me llamas niñita!?

-¡Vives con tus padres y aún estás en la preparatoria! No andes por la vida creyendo que puedes juzgar a un adulto responsable.

-"Responsable".

La discusión, por supuesto, terminó con un manotazo de Hiyori en el brazo de Yato, quien trató de ocultar que en realidad le había dolido con risas.

-¿A qué te refieres con "pupilo"? -preguntó la chica cuando finalmente bajaron del tren y caminaban rumbo a su casa. Yato se tomó su tiempo para responder. Luego de unos instantes de silencio, en los que pensó cuidadosamente sus palabras, habló.

-Hace algunos años, por diversas razones, estábamos refugiados en el negocio que la familia de Daikoku se ha pasado durante generaciones. Es una tiendita de souvenirs en las afueras de un parque no muy lejos de aquí, y la tienda está anexa a una casa en la que en ese entonces solíamos pasar el rato, Viina, Kofuku y yo. Éramos apenas un poco más grandes que tú. -Yato se detuvo a encender un cigarrillo y soltó una gran bocanada de humo. -Un día de invierno yo iba llegando a ese sitio, despacio, como el vago que era, y descubrí un niñato tratando de abrir por fuerza la caja registradora. -Sonrió ante el recuerdo. -Nadie estaba afuera, así que le pareció muy fácil trepar al mostrador y tratar de forzar la caja. No contó con que lo iba a pescar más rápido de lo que dices "rata".

-¿Era ese niño Yukine? -preguntó Hiyori, preocupada.

-Así es. Lo llevé adentro con el brazo torcido tras su espalda y lo delaté ante Daikoku.

-¿Qué hicieron? -Yato se adelantó unos pasos, se detuvo frente a ella y la miró directamente a los ojos, con seriedad. Hiyori sintió un impulso eléctrico bajando por su espina dorsal.

-Debes entender en este punto -dijo él, con voz profunda y serena -que todos nosotros tenemos nuestras propias historias y nuestras propias razones para hacer las cosas. Por lo tanto todos hemos tenido problemas de ésa clase, en mayor o menor medida. -La fuerza de sus palabras la dejó completamente helada. ¿Insinuaba que todos ellos habían tenido antecedentes? -Yukine obviamente no estaba en sus cinco sentidos.

-Robaba para pagar. -Lloriqueó Hiyori.

-Exacto. Se encontraba ido, y me pregunté durante muchos años cómo era posible que hubiese mostrado ese grado de adicción siendo tan pequeño; pero no lo supe hasta que él me lo contó, y quiero respetar eso. -Dijo él, continuando por el camino. Hiyori no insistió en conocer el trasfondo, pero esperó a que Yato siguiera hablando. -Nunca llamamos a la policía. Al principio se comportaba como un mocoso malagradecido y varias veces volvió a tratar de robar, y de escaparse, pero jamás pensamos en entregarlo. Lo llevé a vivir a mi departamento de aquél entonces, y comencé a enseñarle música, hasta que los demás me hicieron notar que tener un niño de su edad resguardado en mi casa sin consentimiento de los padres podría ocasionarme problemas, así que dejé que Kofuku y Daikoku llevasen un procedimiento para solicitar su custodia. Ahora son sus tutores legales, y Yukine vive con ellos.

-¿Qué hay de sus padres?

-Ésa es otra parte de la historia que tendrás que escuchar de él -rió Yato. -Es muy rara la ocasión en la que Yukine habla de ellos.

Hiyori se recostó en su cama con un hoyo en el estómago. De repente se daba cuenta de cuánto contrastaba su vida con la que habían llevado los demás. Incluso Yukine parecía haber vivido mucho más que ella en cortos años. Muy a su pesar, se dio cuenta de que también estaba preguntándose si estaría bien continuar en compañía de gente que claramente había estado involucrada en situaciones sumamente mal vistas. A pesar de eso, también era capaz de darse cuenta, quizá un poco tarde, lo que ella simbolizaba ante los ojos de Yukine: una niña mimada, que apenas y había conseguido sacar su nariz al mundo, fuera de los algodones color rosa que su madre había puesto a su alrededor, meticulosa y amorosamente. De algún modo, sentía que le debía a Yukine una disculpa.


-Hiyori-chan, ¿qué ocurrió con lo de tus clubes?

-¿No se te pasó el plazo ya?

-La próxima semana es la fecha límite -comentó Hiyori, derrotada, mientras guardaba sus cosas al final del día escolar, durante el cual constantemente recordó lo que Yato había confesado sobre Yukine hace poco. Realmente sus problemas en ése momento eran lo último que la preocupaban.

-¿Y ya sabes qué vas a hacer? -preguntó Ami, cerrando su maletín.

-A decir verdad, Ami-chan, no tengo la más remota idea. -Yama soltó una carcajada.

-¡Ésa es una respuesta digna de mí! ¿Quién eres y qué hiciste con Hiyori?

Apenada, Hiyori se llevó una mano a la frente. -Últimamente he estado muy distraída.

-Tal vez necesitas relajarte -comentó Yama, quien no había hecho ademán de guardar sus cosas, y cuyos pies se encontraban en alto, posados encima del pupitre de enfrente.

-En realidad, creo que relajarme es lo último que necesito -comentó ella, con una ligera risa, y se disculpó con ellas en cuanto sonó el timbre de salida, echando a correr por los pasillos hasta la entrada principal.

Luego de un par de estaciones y recorrer algunas calles, encontró el colegio de Yukine.

Sonrió profusamente con su entrada en la mano, recordando la cara del chico rubio al decirle que quería comprar su entrada al festival escolar. Había sido una colorida mezcla de vergüenza, horror, y no poder decir que no.

-Adelante, Onee-chan. -le indicó una niña en la entrada, después de haber cortado la mitad de su boleto.

-¿Ya comenzó el concurso de bandas? -Preguntó Hiyori, sonriente y un tanto apurada.

-Comenzará en unos minutos, el auditorio está por allá -le indicó la chica de la entrada.

-¡Gracias!

-¡Ah, Onee-chan! -gritó la chica de nuevo -¡Recuerda que al final del festival habrá una rifa!

Hiyori agradeció con la mano y trotó en busca del auditorio. En la dirección en que la chica le había indicado, se extendían a ambos lados del andador varios puestos de comida. Calamar asado, takoyaki, crepas, toda ésa deliciosa comida callejera le asaltaba la mirada y robaba la atención de su nariz. Haciendo un esfuerzo descomunal Hiyori siguió de largo, y hubiese llegado rápidamente al auditorio de no ser porque un atuendo peculiar llamó su atención justamente frente al puesto de taiyaki.

-¡Hey, Hiyori! ¿Ya probaste la comida? ¡Está estupenda! Me encanta toda la chatarra que venden en los festivales… -al decir esto, Yato colocó en su mano un pececito de pan calientito que despedía un olor increíble. Hiyori lo miró directo a los ojos. Yato llevaba una selección enorme de comida entre los brazos.

-Asumo que ni siquiera has mirado el reloj.

-¿De qué hablas? -dijo él, sacando su celular de uno de los bolsillos del suéter de lana gris. Se fijó en la hora. -¡Maldición!

Ambos corrieron en dirección al auditorio, Yato sorprendido de que el brazo de ella fuese tan delgado que podía apresarlo completamente con la mano, y Hiyori tratando de no tirar el taiyaki que él le había comprado.

Un nutrido grupo esperaba fuera del auditorio, en una entrada lateral. Hiyori, aún de lejos, alcanzó a distinguir el chispazo de alegría que iluminó el rostro del chico en cuanto los vio aproximándose corriendo; pero rápidamente mutó en exasperación cuando vio a Yato con la comida que había comprado.

-¿No podían esperar a que terminara el show?

-¿Esperas que me quede quieto y camine hacia acá en semejante pasillo sin comprarme nada? ¡Cómete un konnyaku! -Yato prácticamente empujó una brocheta de grandes trozos gelatinosos y grises de konnyaku a la cara de Yukine, quien se alejó un paso.

-¡Y-ya basta, idiota! ¿Dónde están Daikoku y Kofuku? -Yato se sorprendió.

-¿No están aquí? Creí que serían los primeros en llegar…

El celular de Yukine comenzó a sonar. El muchacho respondió y luego de un par de minutos lucía tan alicaído como al principio.

-Daikoku dice que Kofuku tuvo que ocuparse de unas cosas de emergencia en el despacho y no podrán venir… Sería bueno que vinieran alguna vez, para variar…

-¡EL PUESTO DE ODEN ESTÁ A PUNTO DE ABRIR! -vociferó un profesor en un megáfono, y Yato salió disparado tras él.

-¿¡Siquiera puedes tratar de escucharme, maldito idiota!? -Yukine suspiró y se dio la vuelta, pateando piedritas.

-¿Yukine-kun? -llamó Hiyori, con timidez. El chico se volteó a mirarla. -¡Esfuérzate! -dijo ella, sonriente. Yukine se sonrojó, y miró a sus pies. Asintió diciendo "un", y continuó con su camino.

Entrando al auditorio, en lugar de sentarse, se quedó junto a la puerta. Sería más conveniente interceptar a Yato ahí y decirle dos o tres cosas que estar en medio de una concurrencia. Las luces se apagaron, y el escenario de la secundaria de Yukine se encendió con diversas luces de formas y colores muy vivos. Dado que había muchísimas bandas en la escuela, se les dio tiempo de solamente tocar una. Luego de un par de números, Hiyori escuchó la tensión de las muchachas cercanas a ella. En las bocinas del auditorio se escuchó el anuncio de la siguiente banda.

-A continuación, ¡el ensamble oficial de los miembros del club de música: Snowbell*!

El rugido de las chicas a su alrededor tomó a Hiyori completamente por sorpresa, hasta que recordó que Yukine ya de por sí en su vida normal era toda una celebridad. El éxtasis de las chicas de la escuela al tenerlo en una banda distinta ejecutando una canción enérgica ante ellas era completamente entendible. Hiyori solo se había topado con Suzuha un par de veces, y había pensado que era un muchacho amable y respetuoso. En ese momento, se dio cuenta de que Yukine y él en realidad tenían un tipo de amistad única. Su química inundaba el escenario, incluso sobrepasaba la cohesión que tenían con los demás miembros de la banda. Yukine sustentaba de pies a cabeza todo lo que Suzuha ejecutaba en la guitarra. El vocalista daba saltos impresionantes en todo el escenario y el baterista no se quedaba atrás en su ejecución del vivaracho ritmo punk-rock. Hiyori estaba boquiabierta.

-¿Son buenos, verdad? -Dijo Yato, parado junto a ella. -No te has comido tu taiyaki.

Saliendo de su ensoñación con un saltito, la chica le dio una mordida al pececito relleno de frijol dulce, pensativa.

-Así que ése es en realidad Suzuha-kun. -Musitó ella. -Son impresionantes.

-Su esfuerzo ha rendido frutos -comentó Yato, orgulloso. -Casi no puedo creer que éste muchacho y el niño que conocí hace años sean el mismo.

-Te entiendo -dijo Hiyori, dejándose llevar un poco por el ritmo de la música, moviendo su cuerpo de lado a lado. -En verdad son geniales.

Dentro de la mente de la chica, lentamente se estaba formando una resolución que aún era muy vaga para poner en palabras, pero en el fondo sabía muy bien de qué se trataba. Si esto se podía hacer en el club de música… ellos eran tan buenos… ¿podría ella mejorar?

-¡Hey, vamos al frente! -Dijo Yato, y tomó su mano.

-¡Pero aún no me termino mi taiyaki! -replicó Hiyori, tratando de ignorar la repentina corriente eléctrica que la recorrió comenzando desde el punto en el que sus manos se tocaban.

-¡Deja eso! -Yato lo arrojó a un cesto cercano, y la arrastró al frente, justo debajo del escenario. El sonido de los amplificadores le golpeaba las costillas, los instrumentos arremetían contra sus orejas y no era capaz de escuchar sus propios pensamientos. Miró a Yato, quien sonrió diciéndole algo que no alcanzó a escuchar, y luego levantó ambas manos al aire, moviendo la cabeza. Entre la euforia del resto de los estudiantes, ella también se dejó llevar y lo imitó. Durante unos segundos simplemente bailó, olvidándose de todo, incluso de ella misma, y sólo regresó a la tierra cuando el chispazo de alegría en los ojos color ámbar del chico tocando el bajo sobre el escenario parecían sonreírle. La canción terminó, y Hiyori se unió al rugido de los demás estudiantes, aplaudiendo. No sólo aplaudía al chico que acababa de ganarse al público. Aplaudía para sí misma, ya que finalmente había encontrado la solución que estaba buscando.

Yukine se les unió cuando la tómbola se estaba llevando a cabo. La noche ya había caído y todos se reunían en el patio central a la luz del escenario principal.

-Es una lástima que Daikoku y Kofuku se perdieran el festival, Yukine-kun -comentó Hiyori al verlo llegar trotando -estuviste fantástico.

-G-gracias. -Dijo él, sinceramente, pasando su dedo debajo de su nariz.

-Hey, no seas engreído -dijo Yato. -Cómete un calamar.

-¡Deja de ofrecerme comida!

-¡El boleto ganador de uno de los premios es el 90839! -Anunció el director de la escuela, quien hacía el honor de dirigir el sorteo, el evento que oficialmente clausuraba el festival.

Hiyori se quedó lívida.

Nunca, en toda su vida, había ganado nada. Y sin embargo, estaba claro como el agua. En su boleto, en números rojos, estaba el número 90839. Yukine y Yato la empujaron hacia el escenario, en donde tímidamente saludó y recibió de las manos del director el premio correspondiente. El grito de Yato se escuchó por toda la escuela.

-¡UN CAPYPA!

-No puedo creer que hayas optado por regalarle tu premio a ése imbécil. -Comentó Yukine más tarde, despidiéndose de ella en la estación.

-Velo de este modo: ya no tengo qué cargar con él hasta mi casa.

-¡CA-PY-PAAAA!

-En eso tienes razón. -dijo Yukine, sin ocultar la cara de decepción que dirigía a Yato en ese momento.

-¡GRACIAS, HIYORIIII!

-Bueno, nos vemos después. -respondió ella, tratando de ignorar al chico de cabello negro, abrazando un enorme peluche de Capypa por el cuello, estrujándolo como si quisiera sacarle todo el oxígeno de los pulmones.

Volvió a reír cuando Yukine tuvo que arrastrar a Yato por la estación del cuello de su suéter.


-¿Música? -exclamó el director. Bajó el formato de solicitud y se encontró a una Hiyori impaciente, sonriente, desafiante.

-Sí, señor.

-Es inusual, Iki-san. Pensaría que escogería un club bastante más… académico, si he de decirlo de algún modo.

-¿Señor?

-En cualquier caso, lleva entonces esta nota al aula 18 del tercer piso. El profesor titular debe estar ahí en este momento. Yamada-sensei está enfermo de momento, pero el profesor suplente es un joven muy talentoso.

La luz del atardecer se filtraba por las ventanas del instituto. Hiyori volvió a pasar frente al pizarrón que había mirado, semanas antes, buscando una respuesta a su dilema de qué club escoger. El letrero de "club de música" estaba escrito en letra madura, profesional, elegante. Estaba completamente segura de que el club de música aquí no iba a ser ni remotamente parecido al del colegio de Yukine, pero igual le daba. Práctica era práctica, y si podía llevar su voz a un nivel en el que no se sintiese completamente avergonzada de escucharse en una grabación, entonces ocuparía cualquier ayuda que pudiese obtener.

Recorrió los pasillos casi desiertos hasta dar con el aula 18, en el tercer piso. El club estaba extrañamente silencioso.

-Con permiso -musitó Hiyori, asomando la cabeza con timidez.

-¡Ah, tú debes ser la chica de la que me hablaban hace un rato, la nueva! -dijo una voz jovial proveniente del fondo de la habitación. Hiyori entró y encendió una luz de tungsteno. Había un joven sentado detrás de un violoncello. Hábilmente, comenzó a tocarlo con suaves movimientos del arco.

-Me llamo Iki…

-Iki Hiyori, ¿cierto? -la miró con interés, sin moverse de su lugar. Sus ojos marrones se posaron encima de los de ella, manteniendo el contacto visual como con un candado. -Soy el profesor suplente de música, Fujisaki Kouto.

*Así como el nombre de SHRINE es un chiste que disfruté mucho de hacer, Snowbell es otro chiste que se me ocurrió mezclando el kanji de ambos nombres, Suzuha y Yukine.