12. Jaded -Aerosmith.
-¡Fujisaki-sensei! ¡Qué sorpresa! ¿Se le ofrece algo? -Preguntó Hiyori, tratando de superar el susto inicial y recuperar la compostura.
-¡De nuevo con el "sensei"! – repuso él, luego de un dramático suspiro - ¿Dime, cuándo vas a comenzar a ser un poco más confiada conmigo? ¡Ya te lo dije antes, sólo tengo un par de años más que tú!
- Pero es mi profesor -dijo Hiyori, con un poco de duda. – El que le hablase así sería completamente inapropiado.
- Ya nos volveremos más cercanos, Hiyori-chan, te lo puedo asegurar. -Algo en su voz hacía que a Hiyori le molestara particularmente que la llamara así, pero no era capaz de explicar qué. – Por cierto, tu amiga Yamashita es muy atenta, me dio tu número telefónico sin rechistar.
- Ah, ya veo. -Hiyori hizo una nota mental acerca de hablar con Yama al día siguiente. -¿Pasó algo? ¿En qué puedo ayudar?
-Nada de qué preocuparse, linda. – Hiyori resistió el impulso de colgarle en ese mismo instante -Sólo quería informarte que fuiste elegida para ser la solista principal del coro. –"¿Elegida por quién?", se preguntó ella, preocupada, pero optó por no proferir ninguna opinión al respecto. Ante el silencio, Fujisaki insistió de nuevo. - ¿Te comió la lengua el gato? ¿No estás feliz?
-Sólo me preguntaba si no podía esperar hasta mañana para decírmelo, ¿de verdad es de tanta urgencia para pedirle a mis amigas mi número telefónico? – Hiyori se dio cuenta demasiado tarde de que el tono que había utilizado definitivamente no era el apropiado para un profesor. Lo peor fue que la reacción de Fujisaki ni siquiera le extrañó. El chico simplemente rio con muchas ganas.
-Tienes toda la razón, Hiyori-chan, ¡eres muy despierta! -y añadió, con un tono de voz completamente distinto – En realidad quería desearte buenas noches.
-Ah… ¿ah sí? -titubeó ella. ¿Qué era todo esto? - ¿Bu-buenas noches? -Sugirió, finalmente. Fujisaki volvió a romper en risas.
-¡Buenas noches, linda! Espero que esta llamada te haya dado algún pensamiento bonito para quedarte dormida hoy.
Fujisaki colgó. ¿Qué había sido aquello? Tratando de seguir su camino, a Hiyori le recorrió un escalofrío con la espalda de tan solo atreverse a dudar que tal vez un profesor (la idea era aterradora) estuviese coqueteando con ella por teléfono. Claro, Fujisaki no era precisamente poco apuesto, de hecho Hiyori podía visualizar perfectamente la cara de Yama cuando el profesor de música se acercó a preguntarle por su número y la razón por la que se lo había dado sin chistar, pero algo en él simplemente le parecía… demasiado extraño. Había algo en sus facciones…
Hiyori se sobresaltó al pasar junto a una farola de la calle. Justo en el centro del círculo proyectado por la luz, estaba una niña en kimono parada inmóvil a esa hora de la noche, sin señales de nadie a los alrededores ni ningún signo de que estuviese esperando a alguien. Simplemente estaba ahí, mirando al frente. Hiyori pasó junto a ella, y volvió a sobresaltarse cuando sus intensos ojos negros se fijaron en los suyos. No había expresión, ni siquiera había escrutinio. Hiyori apresuró el paso y trató de quitarse de la mente la imagen fantasmagórica de esa niña pálida, de cabello corto y negro, simplemente mirándola a los ojos con los suyos, negros como pozos, carentes de expresión.
Nunca en su vida podría olvidar esa cara.
-¿En qué momento de la vida se te ocurrió que sería buena idea darle mi teléfono a Fujisaki-sensei, Yama-chan? – Preguntó Hiyori a su amiga al día siguiente, sin preámbulos ni miramientos.
Yama abrió su mochila de deportes y enterró la cabeza dentro de ella.
-¡Lo siento tanto, Hiyori! No estaba pensando en ese momento – Incluso en su voz era apreciable lo apenada que estaba. Hiyori no pudo evitar sentir un gran cariño por su amiga, y sonrió.
-Está bien, Yama, no te mortifiques. Solo es extraño recibir llamadas de un profesor.
-¿Te llamó? – preguntó Ami, interesada. Hiyori asintió.
-Ése mismo día.
-¿Para qué tanta urgencia? -volvió a preguntar Ami.
-Bueno… - Hiyori divagó. Apretando los puños sobre su falda, les comunicó la decisión del profesor. -Aparentemente me eligieron como solista principal del coro.
-Wow, Hiyori. -Dijo Yama, sacando la cabeza de su mochila. -¿Desde cuándo eres tan buena en música?
-Sí, desde que te conocemos eres poco más que un desastre en todo lo que no involucre estudiar hasta quedarte sin pestañas. -Apuntó Ami, divertida.
Hiyori se sentía un tanto decepcionada, si era completamente honesta.
-Estoy igual de sorprendida que ustedes. No puedo dejar de cuestionarme quién me eligió para el puesto.
Aparentemente, a juzgar por las miradas de las demás compañeras del coro que habían estado esperando ser elegidas, nadie más que Fujisaki la había elegido para el puesto. En el afán de obtener una opinión de alguien que conocía medianamente sobre el tema, Hiyori invitó a Ami y a Yama a quedarse cerca a la hora del ensayo después de clases.
El ambiente era tensión pura.
Lo era aún más cuando sus compañeras se dieron cuenta del trato especial que Hiyori recibía de parte del profesor. Cada que ella descubría un avance obvio de parte del chico, de nuevo esa sensación desagradable le recorría la espalda. Fujisaki la miraba profundamente a los ojos, con una media sonrisa en el rostro, al dirigir el coro. Con ambas manos al aire, los ordenaba en su totalidad, con un control de mano de hierro, pero no le sacaba los ojos de encima. Casi parecía estar dirigiéndola solo a ella. La tensión acumulada durante toda esa hora y media de práctica le pasó factura cuando, aliviada, salió del salón de clase. Sus amigas la recibieron, pero la reacción fue muy distinta a la que esperaba.
-Definitivamente, Hiyori, quisiera saber en qué momento te volviste tan buena cantando -preguntó Yama, completamente extrañada.
-¿En qué momento hallaste tiempo para practicar? -Intentó Ami, por su cuenta.
-Soy cantante de bañera, no exageren – dijo Hiyori, un tanto alarmada. – En realidad creo que no soy ni la mitad de buena que necesitaría ser para poder considerarme buena cantante…
Una alarma la interrumpió. Su Smartphone se había activado indicándole que debía correr a la estación si quería llegar a tiempo al ensayo con SHRINE. Estos horarios eran muy demandantes.
Hiyori se excusó con sus amigas y salió corriendo. Ignoró completamente la mirada pesada que sentía sobre su espalda al correr a toda prisa a través del patio.
-Corre todo lo que quieras, conejo. -Musitó Fujisaki, desde la ventana del aula de música. -Ya te tengo en la mira.
Le apuntó con los dedos dispuestos como una pistola, y con una sonrisa siniestra, se dio la vuelta.
En casa de Kofuku el volumen normal de conversación estaba siendo rebasado. Hiyori entró tratando de ser discreta y de tratar de entender qué se decía por encima del vozarrón de Daikoku. Al parecer estaba regañando a Yato. Al abrir la puerta, Hiyori supo por qué.
Nunca había visto a Yato en tal estado. No sólo se veía ebrio, lucía terriblemente cansado. Hiyori se preguntó si ése era el efecto normal de haber bebido o en realidad se había quedado despierto toda la noche.
-Tú fuiste la última que lo vio -dijo una voz tras ella. Sobresaltada, Hiyori se dio la vuelta en el umbral. Yukine estaba ahí, observando la escena. Luego le dedicó una mirada preocupada. -¿Les ocurrió algo?
-¿Algo? -Hiyori estaba completamente perdida -¿Algo como qué?
Yukine suspiró.
-A veces se pone así. Exactamente no sé qué es lo que lo desencadena, pero está más paranoico de lo usual, no duerme y trata de evadirse bebiendo. Él dice que bebe para tratar de conciliar el sueño y que son periodos de insomnio bastante duros. -Hiyori miró a Yato. -Yo creo que se trata de algo más.
-Anoche no vi que le pasara nada inusual, al menos no hasta que nos despedimos. El resto del camino lo recorrió solo.
-¡YA DEJA ESO! -Vociferó Yukine al ver que Yato trataba de abrir otra lata de cerveza.
-Noooo -lloró el muchacho cuando Yukine se llevó las cervezas restantes hacia la cocina. -¡Tú no entiendes nada! -Cual si tuviese un sexto sentido, Yato miró hacia la puerta y sonrió profusamente, levantándose tambaleante. -¡Hiyori llegó! -para su sorpresa, Yato recargó un laxo brazo alrededor de su cuello -¡Hora de empezar el ensayo! -El olor a alcohol y la lengua pastosa de Yato no hicieron las cosas más sencillas para la chica, que en realidad lo único que podía apreciar era lo cerca que se encontraban, el calor que emitía el cuerpo de Yato, y su aroma… estaba realmente muy cerca.
-¡Qu-quítate de encima! – Hiyori se escabulló por debajo del brazo de Yato y se encaminó sola hacia el sótano. Yato la siguió con la vista, perplejo, hasta que desapareció por una puerta. Daikoku se le acercó.
-Eso fue muy sutil.
Yato abrió la boca para quejarse, horrorizado, pero ningún sonido salió de él.
Hiyori se dio cuenta, sola en el sótano silencioso, en medio de las consolas y el equipo, que sus rodillas temblaban, sentía los hombros pesados y su corazón batía con violencia entre sus costillas. ¿Era el hecho de que nunca había estado tan cerca de alguien tan pasado de copas, o simplemente…?
Los demás entraron al cuarto de ensayo con el barullo usual. Cuando Hiyori se volvió a mirarlo, Yato desvió rápidamente la mirada hacia el suelo, sonrojado.
"Qué…" atinó a pasar por el cerebro de Hiyori, pero prefirió reemplazar sus pensamientos con los ejercicios de calentamiento que había aprendido en el coro.
Una vez estuvieron listos, Yato tiró un sonoro acorde distorsionado y lo dejó vibrar. Su mano estaba arriba, en el aire, y luego de que el sonido se disipara un poco, el intenso sonido de la guitarra se retroalimentó con el amplificador y dio paso a un chillido ronco. Hiyori normalmente se limitaba a concentrarse y a cubrir su parte. Algo esta noche hacía que todos sus sentidos estuviesen exaltados, y esperó atentamente a que Yato comenzara a tocar. Cuando bajó el brazo hizo un ademán con la cabeza y de repente, incómoda, pensó en Fujisaki.
Su mente comenzó a trabajar como loca. El profesor suplente, envuelto en un traje marrón, bien fajado, con corbata; Yato usaba una remera que le quedaba una talla más grande debajo de su abrigo. Fujisaki se le notaba un contorno más bien delgado, y las pocas veces que trabajó remangado no había en su piel una sola mancha, ni un solo lunar; Yato tenía una musculatura que no resultaba evidente bajo la ropa, pero una simple mirada al hombre que tomaba la guitarra y dirigía la banda era suficiente para convencerte de que bajo ese aspecto simplón se encontraba el cerebro de SHRINE, cada músculo del brazo adornado por una tinta, por alguna figura, por alguna marca. Hiyori entró justo en el lugar correcto dando las notas indicadas, dejándose llevar, embelesada. No tenía idea de por qué los estaba comparando, pero el escalofrío que le recorría la espalda al recordar al profesor dirigiendo el coro era perfectamente identificable: Fujisaki le desagradaba. Yato, sin embargo… ¿En dónde poner a Yato?
Tonto Yato. Molesto Yato. Oloroso, irresponsable y descuidado Yato. Talentoso, misterioso e irresistible Yato. Amable Yato. Impredecible Yato. Apuesto Yato.
Hiyori miró las puntas de sus pies al terminar su parte de la canción que casi tocaban la pesada base del micrófono, con los ojos muy abiertos. ¿En qué diablos estaba pensando?
-Hiyorin, ¿está todo bien? -Preguntó Kofuku al final del ensayo. -Pareces preocupada.
La chica sólo atinó a soltar un "ahm…" mientras dirigió una mirada fugaz con el rabillo del ojo al muchacho que recogía todo cable que se encontrara fuera de lugar. La remera dejaba apreciar el movimiento de los músculos de su espalda. Hiyori desvió la mirada de inmediato y trató de suprimir el súbito calor en sus mejillas y esa molesta sensación de tener una tenaza en el estómago. Kofuku sonrió dulcemente.
-Ah, entiendo. -Musitó la chica de cabello rosa, alegremente. -Me enteré de lo del teléfono -Comentó, socarronamente.
-Eso… sólo…
-Buena suerte, torpes. – Dando saltitos, Kofuku se retiró de la habitación.
No era justo. Ya tenía suficiente con su cerebro haciendo desajustes incoherentes en las circunstancias actuales como para que también sus amigos comenzaran a burlarse de ella.
-¿De qué hablaban Kofuku y tú?
Ése azul.
No era cualquier tono, era ése en particular, justamente el que no podía soportar mirar en esos momentos.
-Ah, sólo… -dudó Hiyori. Parecía que Yato había perdido el efecto del alcohol para este punto, aunque aún mantenía los ojos soñolientos. -Kofuku-san sólo quería saber si podíamos intercambiar números.
Sonrió nerviosamente ante el escrutinio de Yato. Su sonrisa se desvaneció en cuanto una nueva idea se comenzó a formar en su mente, y el chico se percató de su cambio de expresión, retrocediendo varios pasos cuando ella se llevó las manos a la boca con horror.
-¿Hiyori…? -comenzó él.
-¡Lo olvidé por completo! -la sorpresa la hacía tartamudear. Había olvidado llamar a los organizadores de eventos y a los hoteles capaces de rentarle algún espacio. - ¿Y ahora qué demonios se supone que haré?
-Oye, tranquila -intentó Yato. – ¿Qué te pasa?
Hiyori se iba preocupando a cada instante que pasaba, ¿cómo había podido olvidarse de ello? Apresuradamente arrojó una disculpa y una despedida al aire y corrió hacia la puerta, recogiendo sus cosas por el camino. Antes de que saliera como un huracán, Yato la tomó por el brazo con firmeza.
-Somos un equipo, Hiyori. -dijo, y agregó con una voz un tanto afligida: -¿No confías en nosotros?
Hiyori detuvo un momento el caudal de ideas que en medio del pánico le inundaban la mente. Giró lentamente al rostro a mirar a Yato. No tenía idea de que fuese posible que sus acciones le afectaran tanto. Miraba al suelo, consternado, sin atreverse a levantar la mirada, con el ceño fruncido. Hiyori suspiró.
-Olvidé por completo que tenía que organizar la fiesta de aniversario de bodas de mis padres. Tengo unas pocas semanas para que sea la fecha y no he ni siquiera llamado para preguntar.
Yato la soltó y se dio la vuelta para rebuscar en los bolsillos de su abrigo. Sacó su celular y se arrojó sobre una de las sillas. Hiyori sonrió, un tanto dolida, al ver que había perdido el interés por completo. Iba a continuar con la puerta cuando escuchó a Yato hablando en voz alta.
-¿Señor Ishida? ¡Buenas noches, disculpe que lo moleste! Soy Yato… ¿me recuerda? -Comenzó a caminar por la habitación. Kofuku volvió con bocadillos y los puso encima de una bocina mientras Daikoku y los demás lo seguían con la vista. -¡Gracias! También me encuentro bien… de hecho llamaba para pedirle un favor. ¿Aún tiene aquél salón que acondicionamos en verano?
Poco a poco la cara de Hiyori se tornó de desconcierto, a sorpresa, a una total alegría. Luego de un par de llamadas Yato tenía citas concertadas en distintos puntos de la ciudad, y todos estaban dispuestos a mostrarle lugares de inmediato.
-Eso… ¡eso es increíble, Yato! -tartamudeó la chica, perpleja -¿Cómo lo lograste?
Yato no sabía si sentirse orgulloso o simplemente apenado de las circunstancias.
-He tenido muchísimos trabajos. -Señaló, llevándose una mano a la nuca.
-No es mentira -apuntó Yukine – Ha tenido más trabajos que cumpleaños.
Hiyori no salía de su asombro.
-¡Te lo agradezco mucho, Yato! -observó cómo el chico se frotaba la nariz, apenado, antes de volver a sumergirse en su teléfono. Luego de un par de segundos, observó a sus otros tres amigos.
-Todavía no terminamos. ¿Aún conservas el contacto con ése restaurantero de Odaiba, Daikoku? ¿El sujeto que hace comida fusión?
-Ah, -dijo Daikoku, pensativo -no he hablado con él en un buen rato, pero lo contactaré de inmediato.
-¡Genial! Yuki -El chico sacó la nariz de su bajo y lo miró con desgana. -Kofuku tiene una bodega familiar llena de muebles, haz un tiempo para mañana, tenemos qué seleccionar qué vamos a utilizar.
-¿Voy a ser el cargador? -Protestó el chico -¡Aún quiero crecer, idiota!
-¡Esto suena muy divertido! -Soltó Kofuku. No tenía idea de dónde había puesto la llave, pero seguro la encontraría.
-Muchas gracias, muchachos. -Musitó Hiyori, abrumada. -En realidad cuando tienen tantas cosas bajo control, creo que no necesito hacer nada. -Rio suavemente, con un poco de vergüenza. Yato la señaló con el teléfono.
-¡Tu trabajo es el más difícil! -Colocó una mano en la cintura, mientras la otra estaba extendida, señalándola. -Tendrás que coordinar todo y no dejarnos holgazanear.
Hiyori rio de nuevo, esta vez con más ganas.
-¡Déjamelo a mí!
Yukine se tronó el cuello caminando al atardecer por uno de los parques cercanos a casa de Yato. El mobiliario estaba listo, Hiyori era mejor de lo que ella misma creía para coordinar, sobre todo con una idea un poco más precisa de lo que estaba tratando de lograr. Yato caminaba a su lado, en la ruta usual que seguían hacia su sótano, en donde iban a revisar con cuidado la parte que Yukine debía tocar para una nueva canción.
Yato miraba al frente, sin chistar, con el paso firme, y una ligera sonrisa curvando las comisuras de sus labios. Intrigado por su silencio, Yukine lo contempló con cuidado.
-Realmente te encuentras raro. -Comentó -¿Estás seguro que…?
-¿Está todo bien? -Le interrumpió el mayor -Claro, ahora está todo bien.
Tras otro breve escrutinio, Yukine alzó los brazos por detrás de la cabeza y entrelazó sus dedos, suspirando.
-¿Tiene que ver con Hiyori?
Yato por poco se tropieza.
-¿DE QUÉ DIABLOS HABLAS, MOCOSO? -Tratando de propinar un coscorrón a Yukine, por poco choca contra un bote de basura.
-"Vamos a ayudarte a organizar esto"; "somos un equipo" -Lo arremedó el chico. -¿Desde cuándo eres tan participativo? Creo que si realmente te esfuerzas puedes ser todavía un poco más obvio, Yato.
Yato se sobó la rodilla, pero miró al cielo, pensativo.
-¿Insinúas que Hiyori… -hizo una pausa y trató de evitar sonrojarse ante la idea -me gusta?
-No. -Dijo Yukine, y echó a andar de nuevo. Yato, extrañado, corrió tras él. -Creo que estás profunda, estúpida y completamente enamorado de ella.
-Seguro. -Dijo Yato, pretendiendo que la frase de su joven amigo no había hecho que su corazón se acelerara.
-Puedes tratar de engañarte, si quieres. -Sugirió Yukine.
-¿Y tú qué vas a saber de esas cosas, enano?
Yukine sólo desvió la mirada hacia un lado y se sonrojó.
-Cállate.
Yato se detuvo en seco de nuevo. Yukine lo imitó, aunque no estaba completamente seguro de qué ocurría.
-Adelántate. -Dijo con seriedad el muchacho mayor, entregándole la llave de su departamento al chico rubio.
-¿EH? -soltó Yukine, tratando de leer la expresión de Yato. Sus ojos brillaban en un azul frío y duro y su mandíbula se cuadraba ante la fuerza con la que estaba apretando los dientes. Trató de seguir el curso de su mirada, pero no fue capaz de ver a nadie. Una niña con uniforme de secundaria bebía agua de un bebedero más allá.
-Vaya que eres raro, ¿ahora qué rayos…?
-¡Dije que te fueras! Te alcanzo después.
Ante la aspereza, Yukine simplemente continuó con su camino, no sin dejar de dirigirle miradas extrañadas de vez en cuando.
Yato se quedó solo en el parque. Extrañamente solo. Una brisa fría se coló por entre su jersey y el suéter de lana que llevaba encima, pero estaba seguro que no tenía nada que ver con la temperatura.
Parecía que todo el frío provenía de los ojos de la chica de cabello corto que se acercaba a él, después de haber cerrado el grifo del bebedero.
-Me da mucho gusto verte, -comenzó a hablar la niña, con voz dulce -Yato.
El aludido apretó más los dientes. Algo en la manera en la que decía su nombre le ponía los nervios de punta.
-¿Qué haces aquí, Nora?
-¿Acaso no es obvio? -dijo la chica, y tomó a Yato dulcemente de un brazo. -Vengo a llevarte.
-Esta vez no.
-Te has vuelto cortante, Yato.
-No voy a estar a su disposición cada que quiera. Tengo una vida.
-¿Con ellos? -preguntó Nora suavemente, ladeando la cabeza, y luego volteó a mirar el camino por el que Yukine se había ido. -Es imposible. Sabes de sobra que los únicos que te amamos en verdad somos nosotros, Yato.
De nuevo con eso, pensó Yato, y arrancó su brazo de las manos de Nora con un tirón.
-Puedes decirle a ése anciano que no voy a regresar nunca más.
El silencio prolongado hizo que volteara a mirar a la chica. Su uniforme de secundaria negro le daba un aire de inocencia que Yato sabía de sobra que no podía quedarle mejor. Nora sonreía, con el maletín en ambas manos. Era la imagen estereotípica de la chica de ensueño japonesa.
-Padre se enojará si regreso sin ti.
-Lo siento tanto.
-No lo sientes lo suficiente, Yato. -Nora emprendió la marcha. -No todavía.
Algo en sus palabras encendió todas las alarmas en la mente de Yato.
-Nos vemos pronto, hermano.
