¡Hola a todos! Lo realmente triste es que pude terminar este capítulo porque estoy tan enferma que no pude ir a trabajar. Es muy largo porque pasan muchas cosas. Espero no me odien al final. Trataré de actualizar pronto para no tenerlos sufriendo... tanto tiempo. ¡Mil gracias por leer!


13. Pictures of you - The Cure.

El anuncio metalizado de la entrada rezaba "Lion's nest". Hiyori atravesó nerviosa el umbral de la puerta automática y se preguntó si en verdad ése lugar era el mejor estudio de Tokio, como los chicos le habían dicho. A ella le recordaba más al consultorio de su padre.

Tras un pasillo de alfombra gris con plantas a los costados se abría una sala de espera, acentuando más la incongruencia con el rubro. De hecho, Hiyori hubiese regresado por el pasillo a asegurarse de que fuera el lugar correcto de no ser porque cuatro rostros familiares ya se encontraban ocupando varios lugares de la sala de espera, Kofuku movía los pies, los cuales no llegaban al suelo, inquieta. Yukine miraba las fotografías en una de las paredes. Daikoku leía un periódico viejo del revistero y Yato estaba sentado con la espalda muy recta, aguzando el oído, dispuesto a salir corriendo cuanto antes. Hiyori saludó débilmente, oprimida por la sensación ominosa que la invadió al ver el entusiasmo previo de sus compañeros por estar a punto de hacer maqueta de su nuevo material tornada en este nerviosismo implícito. De repente una puerta junto a las fotografías que Yukine admiraba se abrió y una guapa mujer de cabello castaño oscuro les indicó que podían pasar.

-Kuraha los verá ahora.

Yato se levantó de pronto y miró tras del hombro de la mujer que los recibió, ante el desconcierto de ella y de Hiyori y de un profundo suspiro de los demás. Yukine lo empujó para que entrara. Hiyori esperaba encontrarse con una oficina, pero el hombre llamado Kuraha estaba parado con la espalda recargada en la pared de un pasillo que sólo tenía puertas y paneles de cristal.

-Gracias, Kinuha. -Le dijo el hombre canoso a la guapa secretaria, quien se retiró en el acto. Luego se enderezó y saludó con un apretón de mano a la banda, en un gesto muy occidental. Hiyori se preguntó cómo habría perdido el ojo, mirando con discreción el parche que le adornaba el ojo izquierdo. Kuraha se dirigió a Yato. -No sé si eres valiente al venir, o simplemente eres muy tonto.

-¿Crees que Viina me da miedo? -bufó el joven -Por favor.

Kuraha le dirigió una mirada perspicaz.

-Eso dices, pero no recuerdo que tu mano temblara tanto antes.

Yato respingó sorprendido y Kuraha soltó una buena carcajada. -Sólo bromeo. Pasen por aquí -siguió hablando mientras los guiaba por el largo pasillo lleno de puertas y paneles que resultaron ser ventanas que se abrían a pequeñas salas de ensayo. -Es cierto que Viina-sama prefiere nuestro trabajo, pero no quiere decir que ustedes tengan prohibido trabajar aquí, Yato-kun.

-Lo cual quiere decir que mientras Viina no sepa que estoy aquí todo está bien, ¿cierto? -disparó el chico, dirigiendo una fría mirada por los pequeños cuartos que hasta ese punto estaban vacíos. Hiyori observó que Kuraha descuadraba la espalda y soltaba un pequeño suspiro derrotado.

-Ojalá tratar con ustedes por separado fuese tan fácil como lidiar con ustedes juntos.

Nadie habló y el silencio comenzaba a ser opresivo. Sin embargo, el hecho de que hubiese de repente sonido saliendo de los cubículos más lejanos los distrajo lo suficiente. Hiyori se detuvo en seco ante la visión de una banda que estaba practicando, y lo poco que alcanzaba a escucharse hacia el pasillo sonaba realmente bien.
La chica admiró a los músicos. El guitarrista tenía un rango de voz impresionante, y Hiyori admiró lo bien que lucía con el cabello largo recogido en media coleta hacia atrás. Parecía que él y el bajista compartían un lazo igual de importante que Yato y Yukine... con ciertas diferencias. El rubio platino del cabello del bajista lograba moverse dado el movimiento natural de las manos del bajista, pero por todo lo demás lucía serio y profesional. Cachando el ritmo de la baterista, Hiyori movió su cuerpo de un lado a otro. El vocalista la miró con un par de perforantes ojos rojos y hizo una mueca cuando miró hacia la derecha de la chica.

-¿Qué diablos haces, Hiyori?

-¿Eh? -preguntó ella, desconcertada al ver que Yato se veía sumamente molesto. -¡Nada, me detuve a escucharlos!

-Nada de eso, ¡camina!

-¡Pero me gusta esta banda! -Yato la miró como si le hubiese dicho algo sumamente grosero acerca de su madre. La tomó por los hombros y la sacudió.

-¡No te puede gustar esta banda, Hiyori! ¡Eso está completamente fuera de cuestión!

-Per... -Hiyori se interrumpió cuando vio a Yato y al muchacho de cabello negro intercambiar unas señas realmente obscenas y caras bastante infantiles. Después la giró por los hombros y la guió por el pasillo, empujando.

-¡No nos gusta Raijin! ¡No hablamos de Raijin! ¡No intercambiamos palabras con ellos ni miraditas con Take o con Kiun o con cualquiera de los otros!

-¿Qué? ¿Por qué?

-El guitarrista es un completo imbécil. -Susurró Yato, empujándola más.

-¡Vaya! -Exclamó Hiyori, perpleja.

Rápidamente llegaron al fondo del pasillo y tornaron a la derecha. Kuraha abrió una puerta que soltó un ligero siseo, dada la diferencia de presión, y los dejó entrar. Cerrando la puerta tras ellos, Kuraha después se adelantó a encender las luces.

Hiyori se dejó enceguecer y desconcertar por la extraña sensación que sentía en la cámara. Era un espacio completamente aislado del mundo exterior y Hiyori dudaba haber estado en un lugar tan silencioso antes. Las bibliotecas son muy silenciosas, igual que el metro, pero en ellas al menos había ruido ambiental. En este lugar podría caerse un lápiz al suelo y no escucharías nada. Frente a ellos estaba un panel de control enorme, con miles de botones, pernos, perillas y switches, cada uno con una pequeña lucecita, conectado a tres pantallas que una vez encendidas mostraron el logotipo de la entrada. A la derecha de ésos objetos, la pared estaba ahuecada dando lugar a un vidrio que lucía sumamente espeso. Dentro se encontraba una batería cubierta con un biombo de plexiglass; numerosos tubos de cromo se elevaban por encima de todo sujetando una multitud de micrófonos. A la chica el salón de ensayo de SHRINE le había parecido impresionante, pero nada se comparaba con el lugar en el que estaba en ése momento. Nunca había visto un lugar tan ordenado, tan callado y tan profesional. A Hiyori le pareció casi un santuario, y no pudo evitar que su corazón se acelerara con nerviosismo. Un chico pecoso y muy alto entró por la puerta por la que ellos habían entrado momentos antes.

-Él es Saiki. -Presentó Kuraha. -Es un buen chico, trátenlo bien. Yato-kun, ¿trajiste el boceto?

Yato buscó en el bolsillo de sus jeans y extrajo una USB que entregó a Saiki de inmediato.

-Los dejaré con Saiki coordinando, muchachos. Debo regresar. -Se excusó el hombre de cabello canoso. -Volveré en un rato.

-Salude a Viina-chan de mi parte, Kura-pon -dijo Kofuku con tono juguetón. Kuraha se sonrojó y acomodó su corbata.

-Trataré de mencionárselo después, Kofuku-dono. En estos momentos no creo que sea muy aconsejable. Gracias por su visita.

El hombre dejó a Kofuku haciendo un puchero, y Yato miró directamente a Saiki, quien retrocedió un paso y medio, nervioso.

-¿Y bueno, qué esperamos? ¡Esa loca está cerca y quiero terminar antes de que haga explotar algo!

-¡Sí, señor Yato! -Dijo Saiki y se apresuró a encender y conectar en la consola todo lo que necesitaba. -V-voy a necesitar que el señor Daikoku se coloque en posición. Voy a darle el click y pondré la pista como una guía para que grabe la base de las canciones.

-¡Oi! -Exclamó Daikoku y se arremangó la camisa, entrando al cuarto anexo con seguridad, mientras Kofuku lo miraba embelesada.

-El señor Yukine es el siguiente, si hace favor de prepararse. -Indicó Saiki, respetuoso.

-¡Como digas, viejo! -Dijo Yukine, y comenzó a afinar el bajo.

Hiyori sintió de pronto el mordisco del aire acondicionado que Saiki había activado a razón de que el calor no fuese insoportable y modificara la calidad del sonido de los instrumentos. Retorció las manos, nerviosa, tratando de desentumir sus dedos en el interior de las mangas de su blazer escolar. Yato había terminado de afinar su guitarra y de colocarla en un atril. Hiyori sabía que había que dejar que los instrumentos se aclimataran antes de rectificar la afinación, pero cuando Yato terminó, estaba aterida de frío. Yato la miró, curioso, y luego se acercó por detrás a Saiki, que en cuanto percibió que Yato buscaba hablarle se removió un auricular de un oído. Luego de unos cuchicheos apresurados, Saiki señaló una puerta un poco más alejada de todo y volvió a su trabajo. Yato le indicó a Hiyori que lo siguiera con una seña de la cabeza, y abrió la puerta del cuarto que el chico pecoso había indicado.

Gris.

Silencio.

Nunca había estado en un cuarto que se viera tan extraño. Era muy reducido, sólo contenía una silla y una salida de micrófono con unos audífonos, y estaba toda recubierta de una extraña espuma cortada en un patrón piramidal que resultaba chocante a la vista. El silencio ahí dentro era aún más intenso que en el cuarto de grabación. Yato cerró la puerta tras de sí.

-¿Yato, qué...? -Yato puso un dedo sobre sus propios labios para interrumpirla.

-Verás, Hiyori. -Comenzó a explicar, y la chica notó un leve rubor formarse en las puntas de sus orejas. -Kuraha no es barato, y aunque confío en ti, necesitamos terminar esto pronto por varias razones. Una de ellas, obviamente, es el dinero.

Hiyori lo miró con una expresión completamente helada.

-¿Y la otra?

-Todos aquí son mandaderos de Viina. -Algo adentró de Hiyori terminó por romperle el poco freno que tenía, pero Yato la interrumpió antes de que pudiese hablar: -Vamos a practicar tus partes.

-¿¡Ahora!?

-¡Para eso es esta burbuja! ¿Qué mejor momento para practicar que ahora que tenemos un poco de tiempo?

Hiyori comenzó a balbucear, testaruda e insegura, pero Yato se colocó justo frente a ella y la tomó firmemente por los hombros, pegándole los brazos al cuerpo.

-Necesitas estar firme, pero relajada, con postura, pero no tiesa. -Comenzó. -Vamos a respirar primero por la nariz...

-¿Qué haces? -le soltó Hiyori, extrañada.

-Te estoy enseñando lo que tienes qué hacer, vamos a tratar de hacer esto en una sola toma.

-¡¿QUÉ?!

-¿Acaso creías que íbamos a tener el estudio para siempre? ¡El hecho de que sea el mejor también quiere decir que es uno de los más costosos!

A Hiyori le tembló un nervio del párpado.


Sintió que la práctica duró horas. Se dio cuenta, sin embargo, que no importara cuántas veces arruinara una nota alta o algo importante de la canción, Yato le pedía que lo repitiera una y otra vez, hasta que finalmente lo tuvo bien dominado. Se había tomado la molestia de corregir pequeños errores en su interpretación que eran cruciales para las canciones de la nueva maqueta. Constantemente Yato, escuchándola parado a escaso medio metro de ella, le corregía tonos en las canciones, indicándole que los bajase o subiese con una indicación de su mano. Hiyori trató de memorizar cómo debía aterrizar cada nota, y luego de un rato a solas mientras Yato grababa las guitarras de base, finalmente entró al cuarto de grabación.

Lo habían acondicionado rápidamente para que nada interfiriera con la calidad del sonido de su voz, y Saiki le proporcionó unos audífonos enormes, iguales a los que les había dado a los demás. Kofuku se sentó justo frente al cristal, expectante y sonriendo, mientras Hiyori ajustaba los enormes cascos sobre sus orejas. De nuevo hubo un silencio aplastante y se sobresaltó cuando escuchó la voz de Saiki tan clara como si estuviese de pie junto a ella.

-Vamos a comenzar, Iki-san. La mezcla no está lista todavía, así que nos vamos a guiar con el click del metrónomo y la guitarra.

-E...entendido -dijo Hiyori, por mera costumbre. Saiki rió del otro lado del panel.

-No he abierto el micrófono así que no puedo escuchar nada de lo que diga, pero asienta dos veces si está lista...

-Y levanta los dedos medios si no. -Escuchó la voz de Yato igual que la de Saiki, claramente, justo en sus oídos, y su corazón dio un vuelco. Yato había movido de lugar el micrófono larguirucho y flexible que Saiki tenía en la parte superior de la consola y hablaba con ella por él. Tratando de normalizar su pulso, Hiyori asintió dos veces y se repitió internamente lo molesto que era Yato.

-¡Ah! Yato-san -replicó Saiki, inseguro -Ya vamos a empezar, por favor no toque nada. -Se dirigió a Hiyori, acomodando su micrófono. -Muy bien, voy a abrir el micrófono, por favor no emita ningún sonido de momento.

Hiyori tomó aire y lo soltó lentamente, dejándolo golpear en la superficie circular del filtro que estaba a medio camino entre ella y el micrófono. El click comenzó en sus audífonos. Uno, dos , tres, cuatro; la guitarra comenzó a tocar el intro. Las cosas se escuchaban muy distintas en un estudio de grabación, incluso la guitarra de Yato tomó un tinte diferente. Aún así, Hiyori siempre se impresionaba por su habilidad para tocar. Tonto, molesto Yato.

El click marcó su entrada, y cantó.

Afuera, el único que la escuchaba en realidad era Saiki, pero Hiyori no lo sabía. Pasaban los minutos y Yato paseaba de un lado a otro del corto espacio de la sala de consolas. Yukine estaba entretenido en su celular, y Daikoku y Kofuku intercambiaban cuchicheos. El joven observó de repente a Saiki pasándose las manos por la frente. No estaba tocando nada en la consola, y parecía que había perdido un poco de color detrás de sus pecas.

-¿Qué pasa? -Preguntó Yato, no muy seguro de que si quiera pudiese escuchar. Saiki le entregó sus audífonos sin quitar los ojos de encima de Hiyori.

Las cosas se escuchan muy distintas en un estudio de grabación.

Yato por poco cae de sentón. Observó con los ojos muy abiertos a la persona que estaba cantando. No creía que fuera la misma chica tímida que había conocido. Pero era ella. Le devolvió a Saiki los audífonos con gesto triunfante.

La chica adentro de la caja de cristal era un diamante en bruto que Yato veía como si ya estuviese pulido. Por mucho que le lastimara la vista, no se atrevió a quitarle los ojos de encima.


-T...toma -Musitó un enrojecido y completamente avergonzado Yukine, extendiéndole un jugo de la maquinita expendedora que estaba en la sala de espera. Hiyori lo recibió, completamente ofuscada y conmovida.

-¡G-gracias, Yukine-kun! -Rápidamente lo abrió y le dio un gran trago. Yukine respingó.

-¡Ah, espera! No bebas tan rápido, está frío y acabas de cantar un buen rato... ¡bébelo con calma!

Hiyori trató de beber con lentitud un trago demasiado grande, a Yukine le pareció graciosísima su cara y ambos comenzaron a reír, Hiyori tratando de contener el líquido con la manga de su antebrazo. Hiyori se dirigió al chico cuando finalmente se pudieron calmar un poco.

-Gracias por preocuparte por mí, Yukine-kun. A decir verdad pensé que nunca confiarías en mí.

Yukine se giró a mirar las fotos de la pared, del mismo modo que cuando la chica había llegado.

-Soy bastante sobreprotector con la gente que me rodea. No podrás culparme, llegaste de una manera demasiado sospechosa y me resultó extraño que saltases a salvar a Yato sin siquiera saber quién era.

Era la primera vez que alguien la confrontaba al respecto de esa forma. Se quedó helada. Aproximándose al rubio, se colocó justo a su lado y también comenzó a mirar las fotos.

-Supongo que obedecí alguna especie de instinto. -En realidad, ¿por qué había corrido a empujar a Yato? a la fecha se lo preguntaba. -Simplemente captó mi interés y tampoco hubiese podido estar tranquila si no hubiese hecho nada al respecto.

-¿Aún cuando fuese un accidente?

-Bueno, fue un accidente perfectamente evitable.

-Lo que tú digas. -Suspiró Yukine.

Un atisbo de algo en las fotografías saltó de repente a su vista, y Hiyori se acercó más para poder apreciar las caras mejor. La pared estaba tapizada de fotografías en blanco y negro de bandas y artistas posando con premios o tocando sobre un escenario.

La escena en particular era bastante común en el contexto, de no ser porque se trataba de Yato. Y Viina. La rubia, ostentando un maquillaje fuerte y brillo en la piel causado por el sudor, tenía el brazo alrededor del cuello de Yato, ambos mostrando la cara al público. Viina alzaba el micrófono entre ambos, y Yato también cantaba en él. Era un gesto tan íntimo... tan cercano... tan...

-En éste estudio siempre han seguido de cerca las carreras de todos los que han llegado a ser sus clientes. -Yukine se encogió de hombros -El Señor Kuraha es de ésa clase de personas.

-Parece que eran muy cercanos -Hiyori no supo por qué tuvo que evitar que se le quebrara la voz.

-¿Hm? ¡Ah!... Bueno... -Dudó Yukine. -En realidad nunca me quedó muy claro qué clase de relación tenían ella y Yato, pero parece que ocurrió muchos años antes de que yo llegara... a conocerlos mejor.

Estaba claro que era un tema que él no conocía del todo, y que tocaba puntos que prefería evitar. Hiyori dejó que se excusara para ir al baño, y se quedó sola enfrente de recuerdos de un tiempo que, al parecer, todos recordaban de algún modo con cierto cariño. Observó el perfil de Viina. Era, a ojos de cualquiera, una mujer hermosísima. Era de esperarse que en cuanto comenzara su carrera como solista adornaría la portada de revistas y sería la imagen de muchísimas marcas de productos de belleza. Simplemente era ésa clase de chica. Yato se veía sonriente. El chispazo inconfundible que cobraban sus ojos se podía apreciar incluso en esa fotografía, incluso tras el sudor.

Azotó tras de sí la puerta del baño y sin mirar al espejo abrió la llave del agua y se mojó la cara. Suspiró profundamente y alzó el rostro para mirarse. En verdad nunca había prestado atención a esa clase de cosas. Sin embargo en este momento, observándose, se dio cuenta de que era, de cierto modo, menos de lo que esperaba. Todo en su cara gritaba "normal". Ojos estándar, si acaso de un color un poco fuera de lo usual. Cabello común. Boca regular. Nariz pequeña. En realidad no consideraba que fuese fea, pero después de ver a alguien que podía llevar el maquillaje corrido y aún así parecer angelical, las preguntas comenzaban a saltar a su mente. No solo sobre su aspecto. También sobre su talento; habiendo escuchado y visto a Viina, en verdad le daba la sensación de que el mundo era un lugar tremendamente injusto. Había gente que nacía con todo, ¿y quién era ella en comparación?


No tenía pensado decirle a Yato nada sobre lo que pensaba, pero a veces era sorprendente lo perceptivo que podía ser, contrastando con lo despistado que aparentaba con regularidad. Era otro viaje en tren común, de rutina, y sin embargo la chica sentía como si la gente la mirara con displicencia. "Contra Viina no eres nada", leía en su cara, "ni para SHRINE, ni para..."

-Esperaba que estuvieras más animada, acabamos de grabar la maqueta. -Espetó Yato, haciendo una mueca. Hiyori lo miró, y al momento de encontrarse con sus ojos, bajó la mirada.

-¿En verdad piensas que debería ser optimista? -preguntó ella, con un hilo de voz.

-¡Por supuesto! No sé qué opines, pero no todos tienen ésa oportunidad en la vida. -Yato fruncía el ceño cada vez más, ¿qué se le había metido?

-Tal vez sea porque no todos tenemos lo suficiente. -disparó Hiyori, sin dejar de mirar al suelo. Yato estaba completamente perdido.

-¿Cómo?

-He escuchado a Viina, Yato.

La reacción simplemente no era lo que ella esperaba. Yato gruñó y enterró su cara en las manos, recargando los codos en las rodillas, y restregó con fuerza.

-Estoy harto de éso. -exclamó por debajo de sus dedos. -Y simplemente no puedo creer que tú también tengas esa clase de manía de mencionarme a Viina cuando claramente nada de lo que estamos hablando tiene que ver con ella.

Estaba usando un tono bastante duro, y a Hiyori se le encogió el corazón. Yato jamás le había hablado así, ni siquiera cuando apenas comenzaba a tratar de cantar. Se preguntó si con Viina hubiese utilizado ése tono. "Seguramente no", se respondió a sí misma.

-¿Cómo es que no tiene qué ver con ella? ¡Tiene todo que ver con ella, era la vocalista! -Se dio cuenta de que tal vez había alzado el tono un poco más de la cuenta cuando Yato se enderezó y la miró con los ojos muy abiertos y las cejas muy juntas.

-¡Me queda bastante claro, Hiyori!

-¿¡Entonces cómo es posible que me sigas dando falsas esperanzas!?

-¡En verdad no entiendo de qué hablas!

-¿¡Estás consciente de que no puedo cantar como ella, ni podría en un millón de años!?

-¡Ciertamente no te estoy pidiendo que lo hagas, y evidentemente no te has escuchado cantar!

-¡Me he escuchado lo suficiente para saber lo que puedo hacer y lo que no! -La gente del vagón los observaba con reprobación, pero nadie decía una palabra.

-¡No es culpa mía que no te tengas suficiente fe!

El vagón se detuvo y Hiyori bajó corriendo. Yato la siguió.

-¡Voy a darle al mundo a la mejor banda de Japón, aunque sea el único que cree en ella! -le gritó, dejando que se adelantara. Hiyori no dejó de correr hasta que se encontró en su habitación.


En realidad no sabía por qué nunca había picado su interés hasta el momento buscar viejas grabaciones de SHRINE en vivo, pero se arrepintió tremendamente cuando lo hizo. Cada que miraba la dinámica entre Yato y Viina no podía evitar comparar los momentos que habían compartido en los ensayos. La rubia y Yato siempre estaban teniendo algún tipo de interacción, alguna especie de apoyo o algún intercambio, ya sea cantando juntos, o hablándose al oído para escucharse con claridad, intercambiando miradas, cosas por el estilo. Yato y ella simplemente se dedicaban a hacer lo suyo escuchándose mutuamente, pero Yato mantenía su distancia. La mayor parte del tiempo el chico no miraba a nada en particular, o miraba a su guitarra, o miraba al suelo. Recibía instrucciones de él gritadas entre silencios, cortas, concisas, al grano. No le molestaba, aunque los demás le decían que era admirable de su parte soportar tantas instrucciones. Hiyori siempre respondía que era natural, él estaba instruyéndola en algo en lo que ella era una novata, y de cierta forma desde siempre había estado recibiendo instrucciones de alguien para algo. No era nuevo. No era particularmente molesto. Lo que no podía dejar de dar vueltas en su cabeza es que fuera tan distinto.

Había pasado la mayor parte de su mañana del domingo con la cara enterrada en la almohada después de haber visto vídeos de SHRINE toda la noche. Desde hacía dos días Yato no la había contactado para nada, ningún mensaje a su teléfono, nada. Había logrado terminar buena parte de sus tareas, con las cuales últimamente se había rezagado, pero éso no la hacía sentir más tranquila. El sentimiento de pesadumbre seguía manteniéndola pegada a su cama, y las imágenes de Viina con Yato seguían dando vueltas en su mente, ocasionándole una sensación ardorosa en el pecho y el estómago. Estaba agotada de no entender qué le pasaba últimamente.

Su celular vibró y Hiyori casi salta fuera de la cama de la sorpresa. Desconectándolo del cargador, observó el nombre en la pantalla de notificación y su corazón dio un vuelco.

Era de Yato.

Abrió el archivo de audio que venía adjunto en el mensaje y escuchó. Era su voz. SHRINE tocaba a la par, sin opacarla y sin quedarse en segundo plano. La mezcla era magistral. No era una producción de la calidad del disco que ella tenía, pero era bastante bueno para ser tan solo una maqueta. Su voz, su propia voz, a la que había estado acostumbrada durante tantos años, de la que no pensaba que podría esperar nada fuera de lo común, brillaba en los lugares adecuados, no erraba una sola nota y se escuchaba clara como el cristal. Le faltaba la rudeza y carácter de la de Viina y no era en lo más mínimo similar, pero no era mala en absoluto. De hecho le gustaba más de lo que podía haber creído. De inmediato sintió que su teléfono vibraba de nuevo, y abrió el segundo mensaje.

"¿Aún te sientes común y corriente?". Estaba segura de que Yato había tratado de decirlo lo más seriamente posible, pero el hecho de que estaba usando un kaomoji molesto al final le quitaba bastante impacto. Hiyori suspiró y respondió.

"Se escucha bastante bien, ¿es la mezcla final?". Luego de unos minutos, en los que Hiyori aprovechó para cambiarse, una nueva respuesta hizo vibrar el móvil de nueva cuenta.

"Suena bien, ¿no? Cité a Tenjin mañana en casa de Kofuku. Asegúrate de llegar ahí antes."

Así que eso era. Finalmente Yato estaba por entregar el material que Tenjin les estaba pidiendo para continuar con su contrato en la disquera. Era un momento importante. Hiyori sonrió y abrió la cortina. Mirando afuera, le pareció que a pesar de ser un día de invierno, el sol alumbraba más de lo normal. Otro mensaje cayó en su celular.

"Eres más de lo que te imaginas, Hiyori."


Yato cerró la puerta de su sótano y se dirigió a su auto a prisa, tratando de evitar enfriarse demasiado en la ventisca con nieve que se había soltado de pronto. Sacó el auto de casa de Kofuku para poder pasar por el máster del disco al estudio y de ahí regresar a casa por las partituras. Consideró que haría menos tiempo y que así podría hacer todo en un solo viaje, sin arriesgarse a que ni el máster ni las partituras del nuevo material se estropearan en el camino.

Aún no había echado a andar el motor, cuando una llamada activó el ringtone de su celular. El identificador rezaba "Sera Kaii".

-¡Sera Kaii! qué momento tan extraño de marcarme. -Respondió Yato.

-Ah, ¿es mal momento? -Se disculpó el joven del otro lado de la línea.

-En absoluto, dime. -Yato metió la llave al switch.

-Bien, me provoca interés esto del nuevo material, ¿crees que lo pueda escuchar ahora? -Dijo entusiasmado el otro.

-Ah... verás... -comenzó Yato. -En realidad en este momento no creo que sea posible, Sera-kun. Disculpa.

-¿Oh? -soltó su amigo, un tanto extrañado -No es por indagar donde no me importa, ¿pero puedo saber por qué?

-¿Siempre tienes qué ser tan cortés? -Rió Yato.

-Si quieres que sea menos cortés, el día que quieras te daré un buen puñetazo. -Rió por su cuenta Sera.

-¿Qué clase de broma es esa? -Esta vez Yato rió con ganas. -En realidad, tengo que ir a entregar el máster a mi jefe en menos de una hora.

-¿Ah, el viejo Tenjin? Dale un caluroso saludo de mi parte.

-No creo que aprecie tus saludos, Sera, para él simplemente eres un vago que... -Yato se interrumpió ante el atisbo de algo inusual afuera, destacando en el callejón frente a su puerta. -¿Puedo llamarte después?

-Ah, claro -respondió el muchacho, desconcertado por el cambio de tono de la conversación. Sin despedirse, Yato desconectó la línea y arrojó su celular en el asiento del copiloto, encima del paquete de partituras y la caja de plástico transparente con el disco ostentando "SHRINE:MASTER" en letras con marcador negro. Dejó la llave en el switch.

Bajó lentamente del auto, tiritando.

El kimono blanco de la chica frente a él brillaba fantasmagóricamente en el ocaso gris. Yato odiaba admitir el miedo que le daba verla usando ese kimono blanco en medio de la nieve que caía.

-Nora.

La chica sonrió.


Lo primero que notó Hiyori al llegar a casa de Kofuku fue la ausencia del auto azul de Yato. La joven de cabello rosa la recibió con entusiasmo como siempre y la invitó a pasar al calor de la casa. Sentada en el Kotatsu, notó que los minutos transcurrían y no había señal de Yato. Entre una conversación de tono ligero, notó que Yukine se llevaba el celular a la oreja con regularidad, discretamente.

La hora acordada llegó, y no había señal de Yato. Hiyori trató de marcarle por cuenta propia, saliendo al pasillo para tener un poco más de privacidad.

"Soy Yato. De momento estoy ocupado, pero si es algo realmente urgente, deja tu mensaje. REALMENTE URGENTE. DE VITAL IMPORTANCIA." El tono de la contestadora se activó, y Hiyori colgó. ¿Dónde estaba?

La luz de un auto se coló por una de las ventanas, y Hiyori corrió para ver si finalmente ese tonto había llegado.

Al ver bajar al hombre de cabello cano del mercedes negro, Hiyori miró la hora en su teléfono.

Un escalofrío recorrió su espalda.