De nuevo les agradezco mucho todo el apoyo que me han mostrado últimamente. Esta vez me atrasé porque fue Golden Week (¡Así es, la vengo arrastrando desde entonces!) y me dediqué a vagar… con el resultado kármico de enfermarme de la garganta. Por suerte ya estoy saliendo de eso (regresé a clases tosiendo miserablemente) y finalmente me puse a escribir. Éste fue uno de esos capítulos en los que sudé sangre tratando de escribirlo. Me doy cuenta de que las confrontaciones serias me cuestan mucho trabajo porque soy una persona horrible que prefiere evadir cualquier situación de conflicto jajaja. Espero ser capaz de aprender las lecciones que mis propias historias dan jajaja. Hay varias notas al pie que marqué con asterisquitos en caso de que no estén muy seguros de qué estoy hablando. También quiero señalar el importante hecho de que TRIGGER WARNING: en este episodio se tratan asuntos de abuso infantil y violencia intrafamiliar. Si estos temas te generan incomodidad o angustia, te recomiendo que dejes de leer. De aquí en adelante las cosas puede que se pongan más gráficas. Sin más que agregar, los dejo leer. Mil gracias de nuevo, ¡que lo disfruten!


20. Living on a Prayer – Bon Jovi.

Un cuervo solitario graznó y aterrizó en mitad de un camino de adoquín flanqueado por altos pinos. Luego de examinar con cuidado un bote de basura cercano, echó a volar, protestando por el chico rubio que se había acercado con zancadas firmes, dirigiéndose a un pequeño estanque, donde las tortugas nadaban perezosas. Encontró a la chica acuclillada cerca de unas grandes piedras de la orilla, enfundada en un abrigo gris y su característica bufanda rosa.

-Las tortugas estarán bien, Hiyori. -Le espetó, metiendo las manos hasta el fondo de los bolsillos de su parka color verde. – Tú vas a pescar un resfriado si te quedas aquí afuera. – Volteó a mirar al cielo. -Dijeron en el reporte del clima que va a nevar.

-Gracias, Yukine-kun. Estoy bien. – Contestó la chica con un tono de ensoñación que convenció a Yukine de todo lo contrario.

-¿Todavía sigues pensando en eso? – Hiyori no respondió. Yukine suspiró y con pasos cortos se colocó junto a ella. – Estoy seguro de que entenderá si no vienes a verlo durante un tiempo. Creo que piensa que si no regresas nunca será justificable también.

-¡No es nada de eso! – Respingó ella, mirándolo desde el suelo con los ojos muy abiertos. – Es solo… - Volvió a mirar a las tortugas, y siguió hablando pensativa. – Todo esto sigue siendo mucho para procesar.

-¿Aún no estás lista para verlo?

-Me pregunto si, hablando de Yato, estaré alguna vez lista para cualquier cosa.

Yukine soltó un bufido sarcástico, y murmuró.

-Si tan sólo supieras…

-¿Cómo dijiste? – Preguntó Hiyori.

-No importa. – Respondió el chico, y dio media vuelta. – No te quedes mucho tiempo afuera, por lo menos entra al vestíbulo.

Acto seguido, dejó a la joven sola con sus pensamientos.

Una tortuga le devolvió la mirada inquisitiva desde la superficie del estanque.

Hiyori sabía que su comportamiento estaba siendo absurdo, y aún así... lo peor era que estaba segura que en realidad nadie le iba a reprochar nada. Ni siquiera Yato. Sin embargo, no podía evitar odiar un poco no poder ser un poco más estoica y quedarse ahí, justo en el lugar en donde Yato la necesitaba más, y la necesitaba fuerte.

No pudo refrenar el impulso de llevarse las manos a las orejas cuando recordó sus palabras, tan vivas como las había dicho días antes, como si la ensordecieran.

"Mi nombre… es… Fujisaki Yaboku."


Yato dirigió una mirada rápida a todos los presentes en su habitación, sentado en la cama del hospital, y agachó la cabeza.

-Quisiera pedirles una disculpa a todos. En realidad son dos disculpas, pero la primera es que quisiera que me perdonaran por haber desaparecido tanto tiempo y tan de pronto sin tener oportunidad de avisarles.

El cuarto quedó en silencio. Todos escucharon a Yato tomar aire antes de continuar.

-Para explicarles lo que me sucedió ése día, realmente tengo que remontarme muchos años al pasado. Y es donde quiero pedirles a todos otra disculpa.

-¿Y eso a qué se debe? – Preguntó Daikoku.

-Les he estado mintiendo. – respondió Yato, concisamente.

-¿Sobre qué, Yatty-chan? – Preguntó Kofuku por su cuenta, consternada. - ¡Te conozco desde hace años!

-Sobre todo. Lo lamento mucho. – Yato hizo una profunda reverencia ante todos. Hiyori tuvo que retirar los ojos dado el dolor intenso que sintió en el pecho ante ésta declaración, y al verlo humillándose de ése modo.

-¿De qué hablas, hombre? – Rió Yukine, tratando de aligerar el tono. Yato se incorporó en la cama de nuevo.

-Mi padre… no, mi abuelo comenzó siendo un modesto prestamista de Osaka. Tras duro trabajo y mucha confianza de sus clientes, finalmente se convirtió en un banquero poderoso. Cuando murió, mi padre se encargó del negocio y de llevarlo a todo lo que mi abuelo no hubiese querido. Por supuesto, padre amasó una gran fortuna porque creció aprendiendo de mi abuelo, pero no tenía su mismo espíritu ni su mismo corazón.

Padre tenía hambre de más, y eso lo llevó a poner el negocio en riesgo involucrándose con la mafia. No perdió un centavo, pero la gente comenzó a escuchar cosas, y eventualmente perdió la buena reputación. Cuando la Era de la Burbuja* terminó, el banco comenzó a dejar de generar ganancias, y padre decidió venderlo todo. Finalmente aquello era un cascarón vacío que servía de cubierta para actividades menos… legales.

Por aquél entonces yo era muy pequeño. Mi padre proveía y nunca nos faltó nada, pero mi madre no pudo soportar ser conocida como la esposa de un mafioso que además tenía numerosos romances y decidió… dejar de estar. – La risa amarga de Yato tomó a todos en la habitación por sorpresa. – Ni siquiera pudo esperar a un día en el que yo no estuviera para verla… simplemente decidió no bajar a cenar. Si no hubiese pasado antes que alguno de sus cuadros de depresión la hiciera encerrarse en su cuarto por varios días, algo hubiésemos sospechado. La servidumbre mandó llamar a la policía cuando la casa comenzó a oler.

-Yatty-chan. – Gimió Kofuku, sollozando en silencio. Hiyori recargó su peso en el sillón de las visitas y Suzuha dejó libre el lugar para que se sentara. De pronto sus rodillas se negaban a sostenerla.

-La casa principal era en la que mi padre recibía a sus colaboradores y a sus mujeres. Yo pasé a vivir en una casa diferente. En ocasiones llegaba de visita, y en cierto punto, trajo a un niño un par de años menor que yo, producto de alguno de sus romances. Luego trajo a otra niña. Los tres crecimos en una gran casa para nosotros solos. La única regla era no hacer enojar a padre. El viejo daba mucho miedo cuando estaba molesto, y si estaba realmente enojado, las tundas dolían de verdad.

Padre podía tener todo lo que quisiera. Era, sin temor a equivocarme, el dueño de la ciudad. Tenía a la policía comprada. A los jueces. Todo aquél que resultara de utilidad para él, de algún modo u otro terminaba siendo contactado, pesado y comprado como si se tratara de peces en el mercado.

Hiyori podía ver a Yukine con los puños apretados y temblorosos. Seguramente quería decir algo, pero se refrenaba. Contaba con que la historia de Yato terminase pronto. Kazuma, Viina y todos los demás escuchaban, pero miraban a cualquier otro sitio que no fuera a Yato, incómodos.

-Mis hermanos adoraban a padre. Puedo entenderlos – de nuevo rio amargamente. – Jamás les puso un dedo encima. – Yato bajó uno de los hombros de la bata de baño y reveló un tatuaje en específico: un ojo en tinta negra, rodeado de tres cuervos.

-Recibí mi primer tatuaje a los trece años. Con el tiempo decidí cubrirlo con otra cosa. – señaló el centro del ojo. – Padre me apagó un cigarrillo en el brazo por haberme caído de uno de los árboles del patio y terminar en el hospital con el brazo roto. Mis hermanos no vieron ninguna de ésas cosas. Yo era el hijo legítimo, el primero, y quien, a final de cuentas, padre planeaba dejar a cargo de todo, una vez que muriera.

Ése maldito viejo me llevó a mi primer "cacería" cuando tenía catorce años. Fue una escaramuza entre una facción de un soplón que prometía la cabeza de varios líderes, contra la facción principal. Desafortunadamente salí vivo de ésa, y padre decidió convertirme en uno de sus soldados.

Aquello funcionó un tiempo. Y tengo que admitir que por aquél entonces pensaba del mismo modo que mis hermanos. Después… -Yato miró las palmas de sus manos sobre su regazo, y luego se frotó muy fuerte la cara. Resopló y siguió hablando. – Después abrí los ojos. Escapé a los dieciséis años. Cambié de nombre y viví en paz relativa mientras creía que nadie sabía dónde estaba.

-Te encontraron… - sugirió Kazuma.

-No, Kazu. – Yato movió la cabeza de un lado al otro. – Todo lo que ha pasado hasta ahora es porque me lo han permitido. Si yo fuese una persona normal, ¿hubiese sido tan fácil cambiar de escuela y ocultar mi nombre? ¿Hubiese sido tan sencillo vivir solo en una ciudad que apenas conocía? Cualquier cosa de lo que hice después me hubiese llevado directo a un reformatorio de adolescentes, y finalmente a la cárcel. Sin embargo, eso jamás sucedió. Padre siempre supo todo sobre mi.

- Pero… - Hiyori no supo dónde había encontrado su voz. – Eso ya no… es decir, te trajimos con nosotros.

-En verdad aprecio mucho lo que hicieron por mí. -Dijo Yato terminantemente. -Sin embargo, lo siento, Hiyori. Ustedes no me rescataron. Los dejaron llevarme con ustedes.

Yukine respingó.

-¡Esa chica…!

-Es mi hermana menor. Se llama Nora.

Hiyori se levantó del sillón como si le hubiese picado algo.

-Entonces… tu hermano…

Yato no se atrevió a mirarla a los ojos y bajó aún más la cabeza.

-Mi hermano es dos años menor que yo, y se graduó de la Universidad de Música de Osaka recientemente. – Hiyori tomó aire y retuvo la respiración. Tampoco lo miraba. – Se llama Kouto.

-Yato… -su nombre salió en forma de sollozo. Finalmente se miraron. Yato mordió sus labios antes de continuar.

-Mi nombre… es Fujisaki Yaboku.

El tiempo se detuvo justo ahí. Una lágrima fugitiva corrió por la mejilla de Hiyori cuando miró los ojos azules de Yato llenos de vergüenza. Lo entendió de inmediato. Yato se odiaba al decir su otro nombre. Odiaba todo su trasfondo y quería salir huyendo a lavarse al arroyo más puro para desprenderse de todo aquello. Pero no era posible. Yato era Yato por todo lo que había ocurrido con él al momento. Incluso si lo odiaba. Incluso si no lo entendía. Incluso si a Hiyori le horrorizaba. Yato era Yato por todo aquello.

Quería decírselo, pero sus labios nunca se movieron.

La voz de Daikoku los trajo de vuelta a la realidad.

-¿Entonces intentas decir que el día que no apareciste en realidad te secuestraron o algo por el estilo?

-Nora y Kouto me encontraron saliendo de mi departamento. – Miró directamente al hermano de Hiyori. – Estaba hablando contigo, Sera.

-¿Ése día? – Masaomi estaba visiblemente sorprendido. Hiyori levantó la cara. Su ánimo no le permitió hacer mucho más. Mirándola, Masaomi supo que estaba esperando a que él hablara también. La mirada de su hermana le rompió el corazón. – Lo siento tanto, Hiyori. En realidad conozco a Yato hace un tiempo ya considerable.

-¿Y escoges contarme hasta ahora? – La chica sentía que estaba contestando en automático. Estaba embotada.

-¿Qué esperabas que te dijera? ¿"Soy bróker de bandas por hobbie y conozco personalmente a los mejores músicos de la generación"? ¿"Fui a un bar con el rockero de moda la semana pasada"? ¡Por favor!

Hiyori se quedó muda. Su hermano sonaba justo como a ella.

-No sabía que tú también estabas metida en esto. Imaginarás que papá y mamá no saben nada. Supongo que tu caso es igual. – Ella no respondió, y Masaomi siguió hablando. – Comencé en la universidad, justamente después de volver de Estados Unidos. Estar lejos me permitió hacer cosas que no me hubiera atrevido a hacer estando en la misma ciudad que mis padres. Una vez volviendo fue demasiado fácil contactar con gente del medio. He de decir que no todos me tienen en la mejor estima. – Ahogó una risita. – Tenjin es una persona muy cuadrada.

-Seguramente te dijo que no desperdiciaras tus estudios – rió Kofuku.

-¿Les mencionó algo? – resopló Masaomi.

-Tenjin es así. -Concluyó la chica. – De hecho, tu hermana tuvo algo de eso mismo.

Ambos hermanos se analizaron por un segundo.

-¿Qué tan metida estás realmente en esta situación, Hiyori?

La chica resistió el impulso de mirar a Yato para que respondiese por ella.

-Soy la nueva vocalista de SHRINE.

Masaomi fue quien miró a Yato, con la boca abierta.

-¿Es…?

-La persona de la que te hablé.

-¡No puedo creer que hayas envuelto a mi hermana en todo esto! ¡Tiene dieciséis años!

Hiyori estaba por estallar.

-¡Ya te dij…!

-De hecho estoy de acuerdo contigo, Sera, y te pido una disculpa. También a ti, Hiyori, discúlpame. Yukine, todos. En verdad creo que no tenía idea de qué estaba haciendo.

-¿D-de qué hablas, basura? – reprochó Yukine.

-Kouto y Nora vinieron por mí ese día. Ni siquiera supe de dónde salieron los demás. Lo único que sé es que de pronto estaba en el suelo y todo me dolía. Se aprovecharon de mi historial como dependiente y me hicieron deshacerme de todo. Perdí el departamento, el auto, el máster y todo lo que poseía. Mi cuenta está vacía. No tenemos disquera y para éste punto nadie querrá trabajar con una banda que no cumple fechas límite. En verdad lo lamento. Destruí a SHRINE.

-Vámonos, Kazu. – Dijo Viina, levantándose de su silla de repente. Kazuma la siguió veloz y simplemente hizo una reverencia general antes de salir. Yato se limitó a mirarlos de reojo.

-Yato. – resopló Daikoku. – La mayor parte del tiempo me has escuchado decir que pienso que eres un bueno para nada. En este momento estás a punto de probarlo.

-Lo siento. -respondió el joven, sin levantar la cabeza. -No sé qué más hacer. Por lo que a ustedes respecta, me podrían dejar aquí a pudrirme. Y yo estaría dispuesto a que lo hicieran.

-¿Eso es todo? – Dijo Yukine, avanzando hacia él. - ¿Simplemente vas a dejar que todo se te escape entre los dedos?

-Yuki… yo…

No terminó de hablar. Hiyori se plantó justo a un lado suyo. Yato no tuvo más opción que levantar la mirada. La cara de la chica estaba surcada por las lágrimas.

-¿Te estás dando por vencido? – Le preguntó con los pocos rastros de voz que le quedaban. Yato la miró con los ojos muy abiertos y las cejas arqueadas. - ¿Que te dejemos aquí? ¿Hablas en serio?

-¿Y qué demonios sugieres que haga, Hiyori?

-¡Lo que sea, excepto ésto! ¡Aún podemos solucionarlo, de alguna forma!

-¡Deja de insistir, niña! – Soltó Yato, inyectándole veneno a sus palabras. -¡Esto no es como tus clases después de la escuela! ¡Es el mundo real! ¡No se soluciona hablando con los profesores! ¡No entiendo cómo es posible que no comprendas que sería mejor que no hubieses llegado a mi vida nunca!

El sonido de piel contra piel se escuchó cortando a través de la habitación. La marca de la palma de la mano de Hiyori en su mejilla comenzó a enrojecer y a arder de inmediato. Le volvió a doler al verla cruzar el patio del hospital a toda prisa.


Mirando a las tortugas en el estanque, Hiyori se estremeció por el frío, y en parte también por haber salido de aquél modo del hospital ése día.

Yukine había sido el único que había mantenido la comunicación con ella en los últimos días. Le llenaba de ternura que el muchacho que al principio había estado reticente a dejarla entrar en sus vidas ahora se desvivía por mantenerla informada de todo lo que sucedía. Hiyori se mostraba interesada y disponible para él, y le remordía el orgullo estar esperando mientras tanto algún mensaje de Yato.

Tampoco, y sus mejillas se inflaron al recordarlo, había sido contactada por su hermano de ninguna forma. Se sacudió la falda del uniforme y lentamente entró al edificio. Lo encontró cerca de la habitación de Yato, en una sala de espera, sin atuendo de doctor. Se sentaron en silencio, uno junto al otro. Masaomi habló primero.

-No te molestes conmigo por querer lo mejor para tu futuro.

-Vaya forma de iniciar una conversación. – Suspiró la chica. – He estado bien, hermano, gracias, ¿tú cómo has estado?

-No creí que quisieras entrar en charlas absurdas. – Rió el mayor, y se ajustó los anteojos.

-No en realidad. Pero tu manera de hacer plática es brutal.

Se hizo un silencio incómodo. Hiyori miró sus zapatos negros, bruñidos.

-Suenas justo como a Tenjin. – dijo, con un hilo de voz. Masaomi la miró con los ojos muy abiertos antes de contestar.

-¡Ah, no puedes hablar en serio! – al recibir una mirada glacial de parte de su hermana, replicó. – No sé cómo puedes elegir seguir siendo parte de esto después de todo lo que escuchaste. ¡Incluso yo estoy pensando en alejarme, y no tengo nada que ver!

-Es una banda, Masaomi, no una pelea de pandilleros.

-No sé qué opines, hermana, pero Yato ocultó su historia por alguna razón.

-¿Y tú? – espetó Hiyori, agudamente. - ¿Por qué razón ocultaste tu historia?

El mayor recargó la espalda en el sillón, dirigiéndole una mirada derrotada.

-¿Tú crees que… papá y mamá… alguna vez -comenzó, dubitativo – se cuestionaron lo que estaban haciendo de su vida?

-Pues no se tienen dos hijos por accidente.

-¡No me refiero a eso! Es decir… -Su hermano enterró la cabeza entre las manos y enredó los dedos en los mechones cortos de su cabello castaño. - ¿Papá habrá querido ser doctor por decisión propia o porque el abuelo también lo era?

Hiyori dejó de mirarlo y también se recargó en el sillón, derrotada.

-De serte honesta, no lo sé. Ni siquiera yo tengo muy claro qué es lo que se supone que haré de mi vida.

-Deberías irlo considerando, la preparatoria no dura para siempre.

-No voy a tomar ningún consejo vocacional de alguien que hace lo que le apasiona a escondidas.

-¿Y qué opción se supone que tenía? – Espetó, incorporándose de nuevo y cruzando los brazos frente al pecho. – Es fácil para ti decir qué quieres y qué no…

-¿Con mamá en la retaguardia? ¿Estás bromeando? – Replicó ella, interrumpiéndolo. – Puede ser que no me metan la carrera en medicina por el cogote, pero sin duda necesitan que mantenga las apariencias de una "damita de sociedad".

-¿Crees que a mí me hubiesen permitido vivir con la abuela?

-¿Y qué se supone que quiso decir que te fueses a estudiar al extranjero? ¿Crees que a mí me hubiesen dado esa opción?

-Aún la tienes. – Respondió su hermano, tajante. – Si escoges la carrera adecuada puedes irte a Tombuctú y jamás volver.

Hiyori guardó silencio de nuevo por unos segundos.

-¿De eso se trata todo esto? – murmuró, alicaída - ¿No tenemos otra aspiración que no sea alejarnos de nuestros padres?

-Estamos haciendo un espléndido trabajo, ¿no?

-Somos basura.

Hiyori se perdió unos minutos entre las vetas color crema del piso de la clínica. Su hermano se removió, incómodo, y finalmente se levantó, provocando una mirada inquisitiva por parte de la joven.

-Mi turno comenzará en un rato, así que iré a cambiarme. – Se alejó unos cuantos pasos, dándole la espalda, pero se detuvo y le habló por sobre su hombro. – Preguntó por ti varias veces.

-No sé si eres su amigo o en verdad lo detestas.

-Podría decir exactamente lo mismo de ti. – Replicó Masaomi, y la dejó sola.

Hiyori pasó saliva antes de levantarse. Caminó de puntitas en silencio hasta la habitación de Yato, y colocó la mano en la perilla. Se detuvo ahí, sin atreverse a abrirla.

Hiyori había abierto muchas puertas dentro de sí misma. Le gustaba cantar con SHRINE, tomar té al mirar la lluvia goteando lentamente sobre la ventana y las películas de artes marciales. Detestaba la sensación del cabello húmedo sobre la cara, tocar el piso con los pies descalzos por la mañana y a Fujisaki Kouto. Sin embargo, en cuanto a Yato, aún no se atrevía a abrir la puerta, justo como ahora, congelada con la mano en la perilla y el estómago hecho nudos. La soltó al recordar la mirada humillada de Yato al contar su historia. Giró sobre sus talones y se metió al baño a encerrarse a uno de los cubículos. El fuerte olor a desinfectante asaltó su nariz y pareció recordarle lo estúpido de su conducta.

"Detrás de ésa puerta, sólo está Yato", pensó. "Es el mismo Yato molesto y temperamental que conozco. El mismo de siempre". Justo como Masaomi, plantó su cabeza entre las manos y enredó sus dedos en el cabello. "El mismo".


Con las mejillas enrojecidas por frotarse la cara con demasiada fuerza con el papel de secarse las manos, Hiyori salió resoluta al pasillo, caminando con el paso más seguro que pudo. De nuevo colocó la mano en la perilla y se permitió un instante de duda antes de entrar a la habitación como si fuese suya.

Estaba vacía.

Hiyori se recargó en el marco de la puerta, soltando un profundo suspiro de alivio. Pensó que sería mejor esperarlo de espaldas a la puerta, mirando por la ventana. Hizo el movimiento para dar el primer paso.

-¿Hiyori?

Con el aire retrayéndose hacia sus pulmones, dio la vuelta precipitadamente y encontró la mirada azul de Yato justo detrás de ella, tan cerca que tuvo que alejarse varios pasos hacia adentro de la habitación, tropezando con la mesa al pie de la cama. Detuvo su propia caída sujetándose entre las dos. Yato se apresuró a ayudarla a incorporarse, mientras la chica buscaba las palabras adecuadas detrás del tamborileo ensordecedor de su corazón.

-¡M… un día… me vas a da… casi me matas!

-¡Lo siento! – ofreció él, mientras la sujetaba del antebrazo para hacer contrapeso y ayudar a estabilizarla. Hiyori se dio cuenta de la fuerza que había regresado a su cuerpo para ser capaz de andar solo por la clínica y tener suficiente confianza para levantarla, cuando al final de su disculpa su voz tembló ligeramente al tratar de suprimir una risita. – No pensé que estuvieses tan distraída.

Hiyori olvidó por unos segundos lo que quería decir al ponerse de pie y alisarse la ropa, transcurso en el cual un silencio casi espectral cayó entre los dos. Hiyori levantó la vista y se encontró de nuevo con su mirada cristalina, que Yato no mantuvo e hizo a un lado, levantando una mano temblorosa a frotarse la nuca.

"El mismo de siempre", pensó, y sus pulmones se inflaron casi por cuenta propia.

-Nos diste un susto de muerte.

-Mira, no creo que alcance a disculparme las suficientes veces, pero lo seguiré haciendo sólo por si acaso; en verdad lo siento.

Ella lo caviló por unos segundos.

-En realidad eso ya no importa. – Entrelazó los dedos por detrás y caminó hacia la ventana. - ¿Cómo te sientes? – Le preguntó sin mirarlo.

-De serte sincero, me siento como mierda. Pero voy recuperando la salud.

Su aroma próximo le indicó que se le había acercado. Percibió su cuerpo recargándose de espaldas al vidrio con el rabillo del ojo izquierdo. Ambas manos reposaban en el alféizar de la ventana. Ella miraba afuera, pero en realidad no estaba viendo absolutamente nada. Su repentina cercanía le embotaba los sentidos por completo. Por alguna razón, su cuerpo se sentía ligeramente adormecido, pero algo en él gritaba ante el magnetismo que sentía proveniente del muchacho recargado descuidadamente a su lado. Gritaba porque necesitaba, de alguna forma, cerciorarse de que él estaba ahí. Cabizbaja, sólo alcanzó a murmurar en voz muy baja.

-Me alegro mucho de que estés bien.

Sin pensarlo, sin asimilar qué ocurría, cerró la corta distancia que los separaba y recargó su cabeza suavemente en el hombro de él, sin dejar de mirar hacia afuera. Yato se tensó un poco por la sorpresa, pero no se movió ni un centímetro. Su aroma invadió la nariz de Hiyori de manera casi agresiva, y al sentir el calor corporal de Yato fluyendo a través de su cabeza, la atacó un sonrojo espontáneo e igual de agresivo que su olor.

Sin pensarlo, ni saber por qué, parecía que de repente todo el stress generado durante el tiempo separados urgía por salir a raudales del lugar donde, inadvertidamente, Hiyori lo había almacenado, carcomiéndola por dentro. La frustración y el enojo, la tristeza y la preocupación, todo la golpeó en ése instante, y sin quererlo, la sacudió un sollozo.

De inmediato Yato reaccionó, quitando su brazo del contacto cálido de ella, moviendo esa mano a la cabeza de la chica (qué pequeña se sentía de repente, así de cercana a él), estrechándola contra su pecho, sin dejar de mirar hacia el interior del cuarto.

-Perdón.

Sólo sabía decir eso. Perdón, discúlpame, no quise preocuparte, y otra serie de palabras cruzaban por su mente, sabiendo bien que era en vano tratar de hacerlas llegar a sus oídos. Tras otro sollozo, los brazos de Hiyori envolvieron el torso de Yato, quien se permitió un leve suspiro después de aspirar profundo cerca de su cabello.

-Eres un idiota.

La voz tan pequeña de Hiyori le arrancó una pequeña risa, que retumbó en su pecho, grave, haciendo que ella sintiese la vibración en su rostro, en su garganta, en su estómago.

Por un breve instante se separaron. Un brevísimo instante que duró una eternidad cuando ambos se buscaron con la mirada. Fueron capaces de acercarse un milímetro más antes de que llamaran suavemente en el marco de la puerta, dos veces.

Ambos arrancaron sus brazos del otro tan rápido que parecía haberles dolido. Una enfermera estaba en la puerta.

-Disculpe, señor Fujis…

-Dígame Yato, por favor.

-Señor Yato, tiene usted visita.

Se retiró, presta, revelando tres figuras en el pasillo.

-¿Q-qué rayos está haciendo ése sujeto aquí? -Señaló Yato. Take estaba parado con cara de estar comiendo algo extremadamente amargo, al lado de Viina, quien giró los ojos y se adentró en el cuarto, ignorando el escándalo de sus reclamos. -¿Quieres arruinarme el día verdad, maldita loca?

-¡Cállate de una vez y escucha por primera vez en tu vida algo que puede salvarte el pellejo, idiota!

-¿De qué hablas? ¿Por qué sigues aquí? – le espetó Yato a Take. -¿Quién te dejó pasar?

-De hecho no sabes cuánto gusto me daría proceder de manera normal contigo, tremendo mierda.

-¿A quién le dices mierda, mojón?

-¡Ya cállate y escucha lo que tiene que decirte! – gruñó Viina, perdiendo dos minutos más de paciencia.

-¡Yato! – lo llamó Hiyori, con firmeza, luego de enjugarse los ojos con los dedos. Yato se congeló en el acto. – Por favor, escúchalo.

Miró en otra dirección y se cruzó de brazos.

-De acuerdo, pero que sea rápido.

-Estoy de acuerdo. – Contestó Take, acomodándose el corbatín de oficial de policía. – Le debo a Viina un favor, pero de hecho esto podría costarme mi carrera si no lo manejamos con cuidado, así que escucha con mucho cuidado. – Yato continuó silencioso, y Take tomó esto como una invitación a continuar. – Esta clínica tiene una estricta política de privacidad, pero alguien les hizo llegar todos tus documentos. Todo tu historial en éste momento está en manos de los directivos. Iki-san nos llamó precisamente a éste respecto, quería asesoría en cuanto al manejo de un paciente delicado, más allá de lo médico.

-Tu historial policíaco, Yato. – Aseveró Viina. -¿Te das cuenta de la gravedad del asunto? Si alguien sabe quién eres, en qué estás metido y por qué estás en esta clínica, puedes ir a la cárcel en cuanto te den de alta**.

-Lo sé. – Contestó Yato, quedamente. – Estoy al tanto de lo que pueda pasar. Esto pasa por rebelarme ante mi familia.

-Bueno, no necesariamente tiene que ser así, de hecho tengo un plan. – Comentó Viina.

-¿Y a ti en qué te benef…?

-¡Cállate! Quiero que conozcas a alguien.

La tercera persona se le acercó a Yato, ofreciéndole una mano enfundada en un guante de cuero negro. El cabello corto sobre la barbilla cuadrada y la complexión musculosa le daba la curiosa apariencia de un gorila con traje. Un traje muy fino. Yato recibió el saludo, sorprendido.

-Me llamo Kunimi. Vengo de parte de mi jefe. – Luego de estrecharle la mano, le ofreció una tarjeta blanca con un nombre pulcramente laminado. – Espero que el apellido Ebisu le sea familiar.


Y bien así termina otro episodio más. ¡Éste tuvo de todo! Fue una vuelta divertida ¿no? Un par de puntos clave:

*La Era de la Burbuja es un tema que de hecho se ha mencionado brevemente en el manga. Es un período de prosperidad económica que vivió Japón a lo largo de los años 80's hasta casi mediados de los 90's. Luego del crecimiento económico como espuma (de lo que viene el nombre) la inflación fue tanta que, a mediados de los 90's, el crecimiento comenzó a ralentizarse. Hoy en día Japón aún está tomando medidas económicas para evitarse la inflación y ofrecer un precio competitivo de su moneda ante el dólar en el mercado actual.

** Problemas con drogas: Curiosamente yo no tenía idea de esto cuando planee la historia al principio. Vivir acá me ha dado varias referencias legales mucho más concisas en cuanto a regulación de drogas. Básicamente, está extremadamente penado en Japón poseer o consumir cualquier tipo de droga. No, la marihuana no es legal. Ni siquiera en cantidades de "consumo personal". No existe una "droga recreacional". No, en realidad la policía no es tan vaga ni tan cooperativa como lo aparenta esta historia, pero es un fanfic y vamos a mantener todo esto al margen de la ficción y las "libertades creativas", principalmente porque para Yato sería prácticamente imposible salir de una situación así, y también porque no puedo indagar más a fondo ya que toda la gente a la que le pregunto me empieza a mirar muy raro jajajaja. No consuman ni produzcan ni vendan drogas en Japón o se meterán en problemas. Serios. La carta "soy extranjero y no sabía" no es excusa. No lo hagan.